Capítulo 13: ¿Por qué murió el pajarito?

En la casa donde vivíamos antes, encontramos un pajarito en el suelo. Al parecer, el árbol había tenido algún problema, y el pajarito se había caído. Era bebé. No podía volar.

Lo trajimos a casa. Lo pusimos en una caja. Le dimos pan con leche y agua.

Mientras tanto, yo le decía a Jesús que Él cuidaba a los pajaritos y los alimentaba, como dice la Biblia. Que Él se encargaba de su cuidado. Que seguramente lo iba a cuidar.

Le seguíamos dando agua y pan, pero el pajarito no comía. Había estado al sol. Y cada vez que nos acercábamos a la caja, tenía miedo. Así que lo dejamos solo y tranquilo.

Pero el pajarito terminó muriendo.

Me fui a caminar. Y le hablé a Jesús. Estaba molesto.

Le dije que Él lo podría haber cuidado. Que nosotros habíamos hecho lo que pudimos. Aunque, la verdad, no sabíamos bien cómo ayudarlo. Hoy sé que el pan con leche no es alimento para un pichón, y que a veces los pichones están en el suelo y sus padres los siguen cuidando. No sé si algo de eso cambió lo que pasó. Que por qué lo había dejado morir, si en su Palabra habla de los pajaritos, y dice que los cuida y que los alimenta.

Mientras le hablaba de esto, empecé a darme cuenta de que había pajaritos cerca de mí. Y que cuando yo caminaba, volaban hacia el lado en que yo iba.

Ahí sentí la presencia de Jesús, conmigo.

No hubo respuesta. Pero al menos entendí que me estaba escuchando.

Jesús dijo: «Miren las aves del cielo, que no siembran ni cosechan ni guardan en graneros, y el Padre de ustedes, el que está en los cielos, las alimenta».

Y en otro momento dijo: «¿No se venden dos gorriones por una moneda? Y ni uno de ellos cae a tierra sin el Padre de ustedes».

Durante mucho tiempo leí esa frase como una promesa de que los pájaros no caen. Pero no dice eso. Dice que no caen sin el Padre. Los gorriones caen, y Jesús lo sabía. Yo lo leo así: no caen solos.

No quiero usar esa frase para cerrar lo que me pasó, como si lo explicara. No lo explica. Me molestó que el pajarito muriera. Pero ese día, en vez de una respuesta, recibí compañía. Y la compañía llegó con alas.

¿Qué hago cuando Jesús, en vez de explicarme, simplemente se queda conmigo?

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