Capítulo 11: ¿De dónde vino ese viento cálido?

Estábamos en otra reunión de oración de Momentos a Solas con Cristo. Éramos pocos: siete personas.

Yo estaba orando solo, y veía que hacía frío. A mí el frío nunca me complicó demasiado. Pero veía que probablemente los demás la estaban pasando mal.

Así que se lo comenté a Jesús. No era un pedido formal. Le comenté, como a un amigo, que la gente podía tener frío, que hiciera algo.

Terminó ese bloque de oración. Fuimos y nos sentamos para recibir la próxima instrucción.

El cielo estaba totalmente despejado. Y de la nada vino un viento súper cálido. Como si fuera el aire de un secador de pelo al máximo.

Todos lo empezamos a sentir. Nos empezamos a mirar unos a otros, porque nos dimos cuenta de que estaba pasando algo. De repente estaba súper frío, y ahora cálido. No vino ninguna tormenta. No llovió. No hubo nubes. Nos pareció súper raro. Y lo vivimos como Dios respondiendo a la oración.

Después hablé con uno de mis amigos que también estaba en ese retiro. Y me contó algo.

En el mismo bloque en que yo le estaba comentando a Dios lo del frío, él le estaba pidiendo que por favor lo ayudara. Le estaba costando orar con ese frío.

Dos personas. Una comentando, otra pidiendo. Y lo que todos sentimos como una sola respuesta, para los siete.

Fue el cariño de Dios, usando la naturaleza para que la reunión de oración se pudiera hacer bien.

Sé que existen vientos cálidos que llegan de golpe, con cielo despejado. En Córdoba conocemos el viento norte. Puede que tenga una explicación así. Pero lo que me sigue asombrando no es el viento. Es el momento.

Lo que más me llama la atención de este testimonio es la forma en que le hablé. No fue una oración solemne. Fue un comentario, de esos que uno le hace al que tiene al lado. Me parece que eso es lo que el hermano Lorenzo llamaba la práctica de la presencia de Dios: conversar con Él durante el día.

Me recuerda a las bodas de Caná. La madre de Jesús le comentó: «No tienen vino». Jesús le respondió que todavía no había llegado su hora. Y aun así, hizo algo.

¿Cuántas cosas le comento a Jesús sin darme cuenta de que me está escuchando?

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