Reseña
Este libro parte de un dato que sorprende: en los evangelios, Jesús hace muchísimas más preguntas de las que responde de forma directa. A partir de ahí, El Arte Perdido de Preguntar recorre ese patrón desde varios ángulos — las preguntas de Dios ya desde el Génesis, las preguntas de Jesús cuando elige no responder, y lo que la humanidad, con toda la crudeza que el propio canon conserva, se anima a preguntarle a Dios en los salmos de lamento y en libros como Job.
También hay espacio para el reverso de todo esto: la pregunta que ya decidió de antemano y solo usa esa forma para disfrazarse.
El recorrido no se queda en la teología: se apoya en evidencia real de psicología cognitiva y neurociencia para mostrar qué hace una pregunta que una respuesta no hace, explora por qué este hábito se fue perdiendo, y baja todo a la vida cotidiana — estudio, trabajo, pareja, oración. Cierra con una caja de herramientas concreta para llevar a la propia oración y al estudio de la Escritura, sin forzar respuestas donde el texto bíblico mismo no las ofrece.
