Reseña
Enoc, el caminante enamorado, es la historia de un hombre que decidió que no bastaba con saber que Dios existía. Que quería conocerlo. Que quería caminar con Él como sus antepasados más remotos habían caminado, antes de que todo se rompiera.
En doce capítulos más prólogo y epílogo, este libro narrativo reconstruye la vida interior de Enoc — el séptimo desde Adán — no como una sucesión de hazañas sobrenaturales sino como algo más difícil de narrar y más extraordinario: una vida ordinaria vivida en comunión extraordinaria. Aprende a orar no como ritual sino como respiración. Aprende a meditar en el carácter de Cristo hasta que lo contemplado comience a transformar al contemplador. Aprende a hablar con Dios como a un amigo: sin la versión presentable de su vida, sin las palabras ensayadas, con todo lo que era real ese día. Y todo eso, en medio de un mundo antediluviano ruidoso, corrupto y profundamente ajeno a lo eterno — un mundo que, en sus rasgos esenciales, no es tan diferente del nuestro.
Lo que hace que este libro duela de la manera correcta es que no presenta a Enoc como un caso excepcional. Lo presenta como lo que la humanidad podría ser, mediante la fe en Jesucristo, si eligiera serlo. Trescientos años de pasos dados en la misma dirección. Trescientos años de oraciones silenciosas elevadas mientras las manos estaban ocupadas. Trescientos años de decisiones pequeñas que nadie veía, pero que Dios sí veía.
Y al final de esos trescientos años, un hombre que el cielo pudo recibir sin ceremonia de muerte.
La pregunta que este libro le hace al lector es simple, y es la misma que estuvo detrás de cada decisión de Enoc durante tres siglos: ¿Agradará esto al Señor?
