Año: 2026
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Para este trimestre, recomiendo leer el libro Disfrutando la Palabra de Nina Atcheson, Cómo Conocer a Dios – Un Plan de Cinco Días (1983) -Morris Venden, Lecciones Prácticas de Enoc – Compilación Elena G. White, Conocer a Jesús es Todo – Alejandro Bullón, La Práctica de la Presencia de Dios – Hermano Lorenzo.
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por Nico Bertoa
¿Para qué necesitamos autoevaluarnos espiritualmente?
«La evaluación espiritual es como un chequeo médico preventivo: sin un diagnóstico en el Hospital del Gran Médico, no podemos saber qué tenemos espiritualmente hablando.»
El Dios de las Preguntas
Dios utiliza el mecanismo de las preguntas, no porque no sepa lo que nos pasa, sino para que aprendamos a contarle y sincerarnos con Él. Esto indica e implica confianza.
Adán y Eva: «¿Dónde estás tú?» (Génesis 3:9)
Dios sabía perfectamente dónde estaban, pero la pregunta obligaba a Adán a reconocer que se había escondido y que su relación con su Creador se había roto. Fue la primera «evaluación de daños» de la historia.Agar: «¿De dónde vienes y a dónde vas?» (Génesis 16:8)
Agar huía de un conflicto. Dios la detiene para que evalúe su pasado (el dolor del que huía) y su futuro (la falta de planificación). La obliga a recalibrar su dirección.Elías: «¿Qué haces aquí, Elías?» (1 Reyes 19:9)
Elías estaba en una cueva, deprimido y huyendo tras una gran victoria. Dios le hace esta pregunta dos veces para que evalúe si su lugar actual (el aislamiento y el miedo) correspondía con su llamado como profeta.Jonás: «¿Haces tú bien en enojarte tanto?» (Jonás 4:4)
Dios evalúa la justicia de las emociones de Jonás. Lo confronta para que vea que su falta de compasión no tenía fundamento divino.Los discípulos: «¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?» (Marcos 9:33)
Jesús sabía que venían discutiendo sobre quién sería el más grande. Al preguntarles, los obliga a confrontar su propio orgullo y la hipocresía de sus ambiciones frente al Maestro.Caín: «¿Por qué se ha demudado tu semblante?» (Génesis 4:6)
Antes de que Caín cometiera el pecado, Dios le ofreció una evaluación preventiva. Le pregunta por su actitud interna para darle la oportunidad de corregir su camino antes de actuar.Pedro: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?» (Juan 21:15)
Después de la negación de Pedro, Jesús no lo regaña; le hace una evaluación de lealtad. Tres veces le pregunta lo mismo para sanar la herida y reafirmar su prioridad: el amor a Cristo sobre cualquier miedo o culpa.El paralítico de Betesda: «¿Quieres ser sano?» (Juan 5:6)
Parece una pregunta obvia, pero era una evaluación de la voluntad. Jesús quería saber si el hombre estaba listo para dejar su condición de «víctima» y asumir la responsabilidad de una vida nueva.A los discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mateo 16:15)
Esta es la evaluación final. No importa lo que diga la multitud o lo que digan los libros; lo que define nuestra vida espiritual es nuestra convicción personal sobre quién es Jesús para nosotros.
Detectar el punto ciego (Percepción vs Realidad)
Laodicea tiene un problema de falsa percepción: ellos dicen «soy rico… no tengo necesidad de nada», pero la realidad de Dios es que están «miserables, pobres, ciegos y desnudos».
La evaluación personal sirve para romper la ilusión de que «todo está bien». Nos obliga a confrontar el abismo que hay entre lo que proyectamos y lo que realmente somos en la intimidad con Dios.
El laodicense tiene tendencia a tener conocimiento acerca de Jesús, pero no tiene relación con Jesús.
El laodicense tiene tendencia al orgullo de querer enseñarle a los demás, pero no la humildad de estar dispuesto a aprender o incluso reaprender cosas que pensaba que ya sabía.
Pregunta central para reflexionar
- Si hoy tuvieras que describir tu relación con Dios con una sola palabra (ej.: distante, tibia, apasionada, rutinaria, creciente), ¿cuál sería?
Tiempo
¿Cuánto tiempo pasas al día con Jesús?
Cuando decimos «no tengo tiempo para algo», en realidad estamos diciendo que «hay una lista de cosas que considero más prioritarias, urgentes e importantes» que aquella para la cual «no tengo tiempo».
¿Qué es lo que más ha estado «robando» tu tiempo de comunión personal en las últimas semanas?
Práctica: Puedes poner un temporizador de X cantidad de minutos para conversar con Jesús. Esto no es para ponerle un límite a la relación, sino un mínimo de compromiso. Solemos caer en la ley del menor esfuerzo.
Abrir el corazón
«¡He aquí estoy en pie junto a la puerta dando aldabonazos! Si alguno oyera mi voz y abriera la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.» (BTX4 Ap 3:20)
Jesús golpea la puerta del corazón para que le seamos 100% sinceros acerca de absolutamente todo.
La apertura de la puerta del corazón es en el momento presente, en el aquí y ahora.
Si le abrimos cada sótano del alma en profundidad, contándole con lujo de detalle lo que nos pasa, Él puede obrar. En caso contrario, no puede, porque Jesús es un caballero que respeta nuestra libertad y no se mete donde no lo llaman.
Práctica: Cuéntale a Jesús acerca de tus anhelos, sueños, alegrías, recuerdos, tristezas, angustias, cosas que te dan asco o vergüenza de ti mismo, frustraciones, etc. Poner un temporizador también es útil aquí. Recordá que Él ya sabe todo, pero necesita que tú le cuentes para empezar a sanarte.
El Gran Médico de Urgencia
¿Estás buscando a Jesús cuando surge una urgencia o asunto fuera de tu control, o conversás con Él habitualmente, cuando todo está bien y no sentís la necesidad de pedir nada específico?
«El que tiene al Hijo, tiene la Vida; el que no tiene al Hijo de DIOS, no tiene la Vida.» (BTX4 1Jn 5:12)
Jesús quiere una relación íntima 24/7 con cada uno de nosotros.
Obstáculos en la relación con Jesús
¿Qué cosas que están obstaculizando tu relación con Dios debes superar para evitar que eso siga sucediendo?
Práctica personal: En mi caso, el celular era mi mayor distracción. Borré las redes completamente, y para evitar usarlas en el celular, instalé una aplicación llamada AppBlock para que bloquee toda distracción, como página de noticias, youtube, estados de whatsapp, etc. De esa forma, utilizo el celular únicamente para comunicarme con personas, leer la Biblia, la escuela sabática, libros y usar Gemini AI para mis estudios personales.
La Promesa de la Permanencia
«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. El que permanece en Mí y Yo en él, este produce mucho fruto, porque separados de Mí nada podéis hacer. … En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos.» (BTX4 Jn 15:5,8)
Esta parábola fue dada al final del ministerio de Jesús para explicarle a los discípulos la relación espiritual que debían tener con Él cuando ya no estuviera físicamente con ellos.
Para dar gloria al Padre hay que dar frutos. Para dar frutos, Jesús debe permanecer en nosotros. Para que Jesús permanezca en nosotros, viene la parte más importante de todas: nosotros debemos permanecer en Él primero.
Permanecer en Jesús significa mantener en tiempo presente la conexión con Él. ¿Cómo? A través de la oración, la meditación bíblica, el estudio de la Palabra y sobre todo la conciencia de la presencia de Dios con nosotros. Así vivía Enoc en comunión con Jesús. Así vivía Jesús en comunión con su Padre. Así debemos vivir nosotros en conexión con Jesús.
¿Sos consciente de su presencia y/o conversás con Él durante tu trabajo, cuando te trasladas de un punto a otro, durante la ejecución de los deberes hogareños, cuando te bañas, etc.?
¿Por qué permanecer en Jesús da frutos?
Por la ley de la contemplación o adoración: Es el principio psicológico y espiritual que establece que el carácter de un ser humano se transforma inevitablemente a la semejanza de aquello que admira, en lo que enfoca su atención.
Si usas tu fuerza de voluntad para tener buena conducta, entonces serás como un sepulcro blanqueado: tu conducta (por fuera) puede verse correcta, pero el corazón (por dentro) no ha cambiado. Es cuestión de tiempo hasta que se manifieste lo que eres por dentro.
Si usas tu fuerza de voluntad para mantener en tiempo presente la conexión con Jesús, entonces Él, a través del Espíritu Santo, transforma tu corazón (por dentro), y eso se manifiesta en tu conducta de forma natural (por fuera).
Recuerda: Las crisis o pruebas no nos cambian, sino que revelan nuestro estado espiritual.
¿Qué aspecto de tu carácter querrías que Jesús transforme en ti?
Diferentes recepciones del Espíritu
¿Para qué tomar tiempo en pedir el Espíritu Santo, o hacer reuniones de oración pidiendo el Espíritu Santo, si simplemente al permanecer en Jesús ya lo estoy recibiendo?
Estar en comunicación constante es como respirar. Lo haces para mantenerte vivo. Pero pedir el Espíritu Santo en momentos dedicados es como tomar una inhalación profunda antes de un esfuerzo físico o una carrera.
- El Abasto Diario: Te mantiene estable, te da paz y transforma tu carácter (fruto).
- El Pedir Específico: Abre «alvéolos» de tu alma que normalmente están cerrados. Dios no te da más porque Él quiera retenerlo, sino porque pedir expande tu capacidad de recibir. El acto de pedir es un ejercicio de humildad consciente. El que deja de pedir pronto deja de sentir necesidad, y el que no siente necesidad se vuelve tibio.
- El Propósito Colectivo: El Espíritu Santo no solo viene para tu transformación personal (fruto), sino para la misión (poder).
- Unidad de flujo: Cuando dos o más se reúnen a pedirlo, ocurre algo que Elena White llama «el cumplimiento de la promesa». No es que Dios sea «tacaño» a solas, sino que la bendición colectiva prepara a la iglesia como un solo cuerpo. Las reuniones de oración son como estaciones de bombeo que aumentan la presión de la savia en todo el campo, no solo en una rama.
En resumen:
- Permanecer es el estado de la conexión.
- Pedir es el ejercicio que ensancha el conducto.
- Reunirse es lo que une los conductos para que el flujo tenga fuerza de «torrente» y no solo de «goteo».
Preguntas de Reflexión
Identificación: ¿Qué eventos en tu vida te han llevado a la «tibieza» y cuáles te han acercado más a Dios?
Hábito: ¿Con qué frecuencia pides la presencia del Espíritu Santo?
Comunidad: ¿Qué cambiaría si oráramos como iglesia por el Espíritu con más fervor?
Sinceridad: ¿Qué obstáculos estás poniendo tú mismo para que esa relación con Dios no florezca?
Conclusión
Hacerse un chequeo espiritual puede dar miedo. A nadie le gusta descubrir que está «tibio», «ciego» o que sus redes sociales han ocupado el lugar de su Salvador.
La evaluación de esta semana nos deja una verdad innegable: no podemos fabricar el fruto por nuestra cuenta. No se trata de «esforzarnos más» por ser buenos, sino de esforzarnos por permanecer conectados. Si la savia fluye, el fruto aparece. Si contemplamos a Jesús, el carácter se transforma.
La meta de este trimestre no es saber más sobre la Biblia, sino conocer más a su Autor.
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Reseña
Jesús espera pacientemente que nos reunamos con él, que lo busquemos en su Palabra. ¡La Biblia es viva, poderosa y eficaz! Puede hablar hoy a nuestro corazón y a nuestra alma, y responder a nuestras necesidades. Como el diablo usa todos los medios posibles para mantenernos alejados de la lectura de la Biblia, ya sea mediante la apatía, la actividad, la duda o el cansancio, mantener nuestra Biblia cerrada es su estrategia principal para debilitar la vida de los cristianos de hoy. No importa si eres un adolescente o un profesional, si estás saliendo con alguien o estás casado, o si ya estás cansado de ser padre. En este libro encontrarás aliento, consejos y estrategias prácticas para disfrutar de la Palabra de Dios. Este libro te despertará el deseo de permanecer más cerca de Dios, porque el tiempo compartido con él es el más dulce.
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1. ¿Cuál es tu comida favorita?
2. Si pudieras viajar en el tiempo a una historia de la Biblia, ¿cuál sería y por qué?
3. ¿A qué miembro de la familia le contarías un secreto y estarías seguro de que no lo contaría?
4. Si pudieras hacerle una sola pregunta a Jesús cuando lo veas, ¿qué le preguntarías?
5. ¿Cuál es tu canción o artista favorito/a?
6. Si pudieras cenar con un personaje bíblico hoy, ¿a quién elegirías y qué cocinarías?
7. ¿Quién es tu mejor amigo o amiga?
8. ¿Quién de la familia es el más probable que se pierda en el templo como Jesús a los 12 años?
9. ¿Qué objeto de la casa salvarías primero en una mudanza apurada (que no sea un ser vivo)?
10. ¿A quién elegirías de la familia como compañero para sobrevivir en una isla desierta?
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Foco: Trabajo en equipo
1. Tíquico: El Mensajero de Confianza
- Texto (Colosenses 4:7-8): «Tíquico, nuestro devoto hermano y fiel ayudante y consiervo en la obra del Señor, les contará todo sobre mis circunstancias. Se lo envío con este mismo propósito: para que sepan cómo estoy y para que les anime el corazón.»
- Características: Amado hermano, fiel ministro y consiervo. Era quien llevaba las noticias y animaba los corazones. No se mencionan faltas.
- Lección Práctica: Sé «el puente». No todos tienen que ser el centro de atención; algunos son llamados a ser el canal de ánimo. En un mundo de críticas, sé quien consuela los corazones hablando bien de los demás y transmitiendo esperanza.
2. Onésimo: El Pasado Transformado
- Texto (Colosenses 4:9): «Y con él [Tíquico] envío a nuestro fiel y devoto hermano Onésimo, quien es uno de los de su propio grupo. Ellos les contarán todo lo que sucede aquí.»
- Características: Fiel y amado hermano. Sombra: Tenía un pasado como esclavo fugitivo que había fallado a su amo Filemón.
- Lección Práctica: Tu pasado no es tu destino. El evangelio convierte a un «fugitivo» en un «hermano amado». No dejes que tus errores de ayer dicten tu valor hoy. Trata a los nuevos en la fe por lo que son en Cristo ahora.
- Dato de color: Fue líder en la iglesia de Éfeso.
3. Aristarco: Lealtad en las Malas
- Texto (Colosenses 4:10): «Aristarco, mi compañero de prisión, les envía sus saludos…»
- Características: «Compañero de prisiones». Leal hasta el punto de sufrir el cautiverio voluntariamente junto a Pablo.
- Lección Práctica: La lealtad se prueba en la crisis. Identifica a alguien que esté pasando por un «desierto» (enfermedad, luto, soledad) y quédate a su lado. A veces, el ministerio más grande es simplemente estar ahí cuando otros se van.
- Dato de color: Se encarceló a propósito para acompañar a Pablo. Fue martirizado en Roma por Nerón.
4. Marcos: El Derecho a la Restauración
- Texto (Colosenses 4:10): «…y también Marcos, el primo de Bernabé, acerca de quien ya han recibido instrucciones; si él llega a verlos, denle la bienvenida.»
- Características: Primo de Bernabé y útil para el ministerio. Sombra: Anteriormente fue un «desertor» que abandonó la misión por miedo o inmadurez.
- Lección Práctica: El fracaso no es el fin. Si fallaste en tu fe, vuelve a intentarlo. Y si eres líder, sé como Pablo: dale una segunda oportunidad al que se equivocó. El que hoy parece inestable, mañana puede escribir un Evangelio.
- Dato de color: Apodado «dedos cortos» por un defecto físico o amputación.
5. Jesús, llamado Justo: El Consuelo Silencioso
- Texto (Colosenses 4:11): «Y Jesús, a quien llaman Justo. Estos son los únicos de fe judía que han trabajado conmigo por el Reino de Dios, y ellos han sido un consuelo para mí.»
- Características: Uno de los pocos judíos fieles trabajando por el Reino. Fue un gran consuelo (analgésico) para Pablo.
- Lección Práctica: Sé un bálsamo. A veces no necesitamos grandes discursos, sino personas que sean un «consuelo» constante. Tu fidelidad silenciosa en un entorno difícil es un testimonio poderoso.
6. Epafras: El Guerrero de la Oración
- Texto (Colosenses 4:12-13): «Epafras… un esclavo de Cristo Jesús, les envía saludos. Él siempre está luchando en sus oraciones por ustedes, para que se mantengan firmes, con una convicción madura y plena sobre toda la voluntad de Dios. Pues yo mismo puedo dar testimonio de sus extenuantes esfuerzos…»
- Características: Fundador de la iglesia de Colosas, siervo de Cristo y lleno de celo. Se destaca por su «agonía» o lucha intensa en la oración.
- Lección Práctica: La oración es trabajo duro. No digas «oraré por ti» por compromiso. Haz de la oración un ejercicio de intensidad por la madurez de otros. Podemos influir en los demás incluso a la distancia, simplemente de rodillas.
7. Lucas: Tu Profesión al Servicio de Dios
- Texto (Colosenses 4:14): «Nuestro querido amigo Lucas, el médico, y Demas les envían saludos.»
- Características: «El médico amado». Fiel compañero de Pablo en sus momentos físicos más difíciles.
- Lección Práctica: Sirve desde lo que sabes hacer. Dios no solo quiere tu corazón, quiere tus habilidades. Tu trabajo secular es tu mejor plataforma misionera.
8. Demas: La Alerta de la Distracción
- Texto (Colosenses 4:14): «Nuestro querido amigo Lucas, el médico, y Demas les envían saludos.»
- Características: Compañero presente en ese momento. Sombra: Unos años después, abandonó a Pablo por «amar este mundo» (2 Tim. 4:10).
- Lección Práctica: Cuida tu amor por las cosas del mundo. La apostasía suele ser un enfriamiento lento por preferir la comodidad sobre el sacrificio. Evalúa: ¿Qué es lo que realmente amo hoy? ¿Qué distracciones nos alejan de la misión?
- Dato de color: Terminó como sacerdote de un templo de ídolos paganos.
9. Ninfa: El Ministerio de la Hospitalidad
- Texto (Colosenses 4:15): «Saluden de mi parte a los hermanos en Laodicea, y a Ninfa y a la iglesia que se reúne en su casa.»
- Características: Mujer líder y generosa. Abrió su casa para que la iglesia se reuniera.
- Lección Práctica: Haz de tu casa una embajada. No esperes a tener una mansión; abre tu sala para un estudio bíblico. El Reino crece donde hay puertas abiertas.
- Dato de color: Algunos copistas medievales intentaron cambiar su nombre por uno masculino porque les costaba aceptar su liderazgo femenino.
10. Arquipo: Termina lo que Empezaste
- Texto (Colosenses 4:17): «Y díganle a Arquipo: ‘Asegúrate de cumplir con el ministerio que recibiste en el servicio del Señor’.»
- Características: Recibió un ministerio específico. Sombra: Aparentemente necesitaba un «empujón» para no desanimarse.
- Lección Práctica: Cumple tu tarea. El entusiasmo inicial no cuenta sin constancia. Si dejaste un cargo o promesa a medias, el mensaje es: «Mira que cumplas el ministerio que recibiste».
Resumen de Grupos:
- Los Restaurados: Marcos y Onésimo (el pasado no te define).
- Los Incondicionales: Aristarco y Lucas (lealtad en la crisis).
- Los Silenciosos: Jesús Justo y Ninfa (servicio sin reflectores).
Preguntas para Reflexionar:
- ¿Con quién te sientes más identificado?
- ¿Quién te gustaría ser?
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Lou Venden – Agosto de 2013
I remember my dear friend, Graham Maxwell, and his family. These memories cover many years and include a host of times, places and events. They are a treasured part of Marjorie’s and my pilgrim journey.
But the publication of this very significant volume takes me back especially to 1984 – to twenty Friday evenings from January to June of that year. I had the privilege of being part of the series titled Conversations About God.
Graham sat on the platform in a comfortable chair by a table with a lamp and simply “talked to us.” He shared out of a lifetime of commitment to “speak well and truly of our heavenly Father.” He drew upon all sixty-six books in the biblical library and called us to keep our eyes on the One who said, “If you have seen Me, you have seen the Father” (John 14:9).
After his presentation of the evening’s topic he invited me to come up and take the other chair by the table. We’d dialogue some, and then I’d introduce questions from the congregation. At our first session we drew upon queries he’d encountered earlier, but after that our audience really got into it with their written questions and comments.
During this series, as you can understand, we got together often to pray, then reflect on what had happened in the earlier meetings and consider the congregation’s vigorous participation. It was a setting in which we also got to know each other well and became very good friends. We were each involved in many other things, but oh how I appreciated this special fellowship and planning time. I really enjoyed being with him!
I’m sure Graham would want to join me in paying a hearty tribute to a beloved band of sisters and brothers who gave themselves unsparingly to help make this series possible. I am awed by what I personally know of all they did to make it happen. The memory of their spirit, their unflagging zeal and sense of mission still warms my heart.
He would also want to say a big “thank you” to every person who attended these Friday evening gatherings. Their presence, interest and active involvement was so vital and encouraging.
Graham devoted his life to helping us know the “truth about God.” Beginning with the conflict in God’s family he helps us understand what went wrong and what God is doing to make things right. He challenges us to be sure about who is telling the truth – about who we believe and trust, and why. My hope is that his message through this volume will be Spirit blessed in spreading the everlasting Good News and leading us all into an ever deepening friendship with God.
Someone has said, “The Gospel we preach must be the Gospel by which our own souls are saved.” I’d like to bear witness to the truth that Graham spoke well about our heavenly Father. But just as important, whether in sunshine and shadows, on the mountain-top or in dark valleys, he lived a life anchored in God’s trustworthiness.
Dear Graham, in that glad morning of the resurrection I believe you’ll hear His commendation, “You have said of Me what is right” (Job 42:7).
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El autor
Graham Maxwell served as emeritus professor of New Testament at Loma Linda University for nearly three decades. He was born in England, attended college in California, and earned his Ph.D. in Biblical studies, New Testament, from the University of Chicago Divinity School.
His dissertation dealt with the elements of interpretation that have entered into the translation of the New Testament, especially the book of Romans. Romans continued to be a subject of his research and writing for many years. Other publications include I Want to Be Free, You Can Trust the Bible: Why, After Many Translations, It Is Still the Word of God, Can God Be Trusted?, Be Careful Who You Trust!, and Servants or Friends? Another Look at God.
For nineteen years he taught Bible and biblical languages to college and ministerial students at Pacific Union College. In 1961 he moved to Loma Linda to serve as director of the division of religion and teach Bible to medical, dental, and other professional students.
His favorite course was a year-long trip through the whole Bible to discover the picture of God in each of the sixty-six books. He taught this course over 135 times, not only in the classroom, but in churches and homes, to groups ranging in size from a dozen to 700.
People in 118 different countries have shared in this book by book study of the Bible with the help of recordings. But as one man wrote from the Falkland Islands, “I want you to know that I always read the book in the Bible before I listen to those recordings.”
Maxwell watched the effect of such Bible study on over 10,000 people. “Something seems to happen,” he said, “when people of all cultures discover in the Bible a consistent picture of God — an infinitely powerful but equally gracious Person, who values nothing higher than their freedom and friendship.” That’s what led to the writing of his books.
Maxwell taught a weekly Bible class of 250 members for nearly 50 years that was recorded and sent to over 1,000 addresses around the world.
Graham and Rosalyn, the girl he met in college, were married for 67 years. They had three daughters, seven grandchildren, and ten great-grandchildren.
El editor
Jon Paulien is Professor of Religion and Director of the Center for Understanding World Religions at Loma Linda University. Formerly (2007–2019) he was Dean of the School of Religion. He is the author of over 30 books and more than two hundred articles, scholarly papers (Society of Biblical Literature, Chicago Society for Biblical Research, and others) and other publications. Jon is a specialist in the study of the Johannine literature in the New Testament (Gospel of John and Book of Revelation) and the intersection of faith with contemporary culture. He also takes special delight in seminars and presentations to non-specialists who can make practical use of the material in the real world. When not at work, Jon enjoys being with his wife Pamella and their three children and two grandchildren. He also enjoys travel, golf and photography when time permits.
El Moderador
Louis Venden graduated from La Sierra College in 1951, married Marjorie Lewis of Glendale, California two days later, and they began their ministry in Northern California right after the honeymoon. They have served in pastoral, evangelistic and teaching ministries: teaching at Japan Missionary College, the SDA Theological Seminary, La Sierra University, Pacific Union College and Loma Linda University’s School of Religion. They pastored churches in Northern California, the Mountain View Church in Central California, the University Church in Loma Linda and the Pacific Union College Church.
While at the University Church in 1984, Lou had the opportunity to participate with Graham Maxwell in the extended series of video-taped presentations (Conversations About God) that formed the basis for this book.
His graduate studies have included an MA at Potomac University, an MDiv from the SDA Theological Seminary and a Ph.D. from Princeton Theological Seminary.
Lou and Marjorie returned to Southern California in August of 1996 where Lou served as Professor of Theology & Ministry with Loma Linda University’s School of Religion and was appointed Emeritus Professor of Religion in July, 2003.
The Vendens have three daughters: Elizabeth Sutherland of Loma Linda, California; Susan Barrow of Woodinville, Washington; and Barbara Venden of Montrose, California. They are also the immensely pleased grandparents of Amy and Michael Sutherland and Jacob Charles and Henry Thomas Barrow.
Following are Lou’s remembrances of Graham and the filming of Conversations About God in 1984.
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Comenzamos este libro recordando que una vez hubo paz en todo el universo. Había paz porque todos los miembros de la vasta familia de Dios confiaban unos en otros. Confiaban en su Padre celestial, y él, a su vez, podía confiar con seguridad en ellos. Pero entonces comenzó una guerra en el cielo, un conflicto de desconfianza. Un adversario lanzó acusaciones falsas contra Dios, y Dios comenzó su larga y paciente demostración de la verdad. Este conflicto no se debía a la mera obediencia a las reglas, sino al carácter y gobierno de Dios mismo. En este último capítulo exploramos el resultado de ese gran conflicto, lo que significa estar verdaderamente en paz con Dios. La resolución de ese conflicto fue y es costosa, pero el resultado final valdrá la pena.
La paz no puede establecerse por la fuerza
La victoria de Dios es más que la destrucción de sus enemigos. Él podría haber obtenido esa clase de victoria con mucha facilidad, mediante la demostración de su poder absoluto. Pero tal victoria sería triste, ya que los enemigos de Dios han sido sus propios hijos amados y malcriados. ¿Qué victoria sería para Dios destruirlos? No habrá victoria para Dios a menos que se corrija lo que salió mal y la paz en su familia esté asegurada eternamente. Dios no se conforma con una falsa paz basada en la fuerza o el miedo; desea una paz verdadera basada en el amor y la confianza libremente entregados. ¿Cómo podría conformarse con menos de sus hijos?
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No habrá victoria para Dios a menos que lo que salió mal se corrija y la paz en Su familia esté asegurada eternamente.
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Ciertamente no habría paz si Dios fuera la clase de persona que Satanás ha pintado: arbitrario, exigente, vengativo, implacable y severo. Y, sin embargo, hay explicaciones de la salvación que parecen basarse en la suposición de que la falsa imagen que Satanás tiene de Dios es la verdadera. Por ejemplo, «Dios es arbitrario», dirán algunos, «pero como Soberano tiene derecho a serlo». «Dios se venga», dirán otros, «pero para Él deberíamos llamarlo justicia».
Pocos se atreverían a decir que Dios es implacable y severo, pero insinúan lo mismo al insistir en la necesidad de un amigo allá arriba que le suplique perdón y sane. Si Dios es así, el mero ajuste de nuestra situación legal sería como un indulto presidencial. Difícilmente traería paz entre Dios y sus hijos malcriados. Si bien Él podría optar por perdonar en ciertas circunstancias, la paz con un Dios arbitrario, vengativo y severo sería poco más que un alto al fuego, una tregua temporal.
La base para una paz genuina
Pablo explicó a los primeros cristianos que los pecadores pueden ser restaurados a una paz genuina con Dios: «Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz [énfasis añadido] con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo». Romanos 5:1. Según esta traducción, la paz es una realidad presente y continua para quienes han sido justificados por Dios. Pero otras versiones traducen la frase clave «Tengamos paz» o algo similar. Según esta lectura, primero recibimos la justificación y luego buscamos la paz como una bendición adicional. ¿Es así como funcionan las cosas, o la justificación en sí misma trae paz?
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Dios no se conforma con una falsa paz basada en la fuerza o el miedo; Él desea una paz real basada en el amor y la confianza dados libremente.
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Me gusta cuando los traductores combinan lo mejor de ambas opciones, como en «sigamos teniendo paz». La justificación nos trae paz. Así que sigamos teniéndola. Esta interpretación es apoyada por Moffatt: «Disfrutemos de la paz que tenemos». Y Montgomery la traduce: «Sigamos disfrutando de la paz que tenemos». Y Phillips la traduce: «Comprendamos el hecho de que tenemos paz». Eso realmente combina las dos, ¿no es así? La justificación ciertamente trae paz, lo que indica que debe ser más que un simple perdón o la modificación de nuestra situación legal.
¿Alguna vez has ofendido a alguien, has sido perdonado generosamente y luego te has avergonzado de volver a encontrarte con esa persona? ¿Querría Dios que lo evitemos en el más allá por su misericordia? ¿Nos sentiríamos incómodos en su presencia, temiendo que pudiera sacar a relucir nuestro pasado pecaminoso? El simple perdón no garantiza que no lo haga. Pero Dios no solo perdona, sino que nos trata como si nunca hubiéramos pecado. Nos trata como si siempre hubiéramos sido sus hijos leales.
¿Cómo sabemos que eso es verdad? ¿Por la promesa de Dios (Jeremías 31:34)? Pero una promesa es solo una afirmación. ¿Hay evidencia directa en las Escrituras de que Dios no solo nos perdona, sino que nos trata como si siempre hubiéramos sido sus hijos leales? Vea cómo Dios le habló a Salomón sobre su padre David: “… anda delante de mí con integridad de corazón y rectitud, como lo hizo David tu padre”. 1 Reyes 9:3-4, NVI. ¿Integridad de corazón? ¿Rectitud? ¡Piense en todo lo que hizo David! Y, sin embargo, porque David había sido reconciliado con Dios, había recuperado la confianza y había recibido un nuevo corazón y un espíritu recto, ¡Dios describe al pecador David como si siempre hubiera sido su hijo leal! Lo hizo por David, y está dispuesto a hacerlo por cada uno de nosotros. ¡Esa sí que es la experiencia de la justificación!
Dado que el término latino «justificación» ha adquirido una connotación tan limitada y legal en los círculos teológicos, sugiero que usemos otros términos en inglés como «arreglar» o «poner en paz» con Dios. Jesús vino a traer paz con Dios. No pagando una pena legal para que Dios no tuviera que matarnos. Jesús trajo paz con Dios al mostrarnos la verdad sobre Él; que no hay por qué temer. Dios ciertamente abandonará a quienes se niegan a confiar en Él, a quienes rechazan la verdad, a quienes no están dispuestos a escuchar ni a dejar que Él los sane. Y morirán, no como castigo, sino como consecuencia. Dios no torturará a sus hijos moribundos hasta la muerte.
¿Cuánto cuesta la paz genuina?
Jesús también trajo paz, no asegurándonos que sería nuestro amigo en los tribunales, sino mostrándonos que no es necesario que interceda por nosotros ante el Padre, pues el Padre es igualmente nuestro amigo. La única manera de enmendarnos, mantenernos en la justicia y restaurarnos la paz con Dios fue que Jesús demostrara, a un alto precio, la verdad sobre su Padre. Como expresó uno de los mejores amigos de Dios: «… todo el propósito de la misión de Cristo en la tierra fue enmendar a los hombres mediante la revelación de Dios» (Ellen G. White, «Dios manifestado en Cristo», Signs of the Times, 20 de enero de 1890). Esta es la gran verdad que nos libera. Esta es la verdad que trae paz eterna a todo el universo.
Sabemos lo que costó demostrar esta verdad. Quizás recuerden el capítulo ocho, «La evidencia más costosa y convincente», el capítulo sobre el significado del sufrimiento y la muerte de Cristo. Allí vimos Colosenses: «Por medio de él, Dios quiso reconciliar consigo todo el universo, haciendo la paz mediante el derramamiento de su sangre en la cruz». Colosenses 1:20, NVI. Cristo murió por todo el universo, incluso por los ángeles leales, para responder a sus preguntas.
El alcance de la paz hoy
¿Qué tan exitoso ha sido Dios en restaurar la paz en su universo? ¿Prevalece la paz en el cielo? Lea todo el libro de Apocalipsis. Los seres celestiales nunca dejan de celebrar la victoria de Dios en el Gran Conflicto y cuán confiable y justo es Él. ¿Qué hay de la paz en el más allá? Lea las maravillosas descripciones de la paz venidera en Isaías, muchos otros libros proféticos y los dos últimos capítulos de Apocalipsis. En contraste, ¿qué tan exitoso ha sido Dios en restaurar la paz en esta tierra? Evidentemente, no tanto. Debido a que muchos han optado por tergiversar o incluso rechazar la verdad, esto no ha producido paz en la tierra. En cambio, la verdad ha generado discusión y debate, incluso hasta el punto de la violencia y la persecución. Pero Jesús nos advirtió que esto sucedería. Él previó lo que su demostración de la verdad causaría:
No vine a traer paz, sino espada. Vine a poner a los hijos contra sus padres, a las hijas contra sus madres, a las nueras contra sus suegras; los peores enemigos del hombre serán los miembros de su propia familia. Mateo 10:34-36 (NTV).
Vean lo que le hicieron los familiares de Jesús: «Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron». Juan 1:11, Goodspeed . De hecho, le dijeron que debía tener un demonio para describir así a su Padre (Juan 8:48). Y lo mataron para silenciarlo. Debemos recordar que quienes rechazaron a Cristo y prefirieron la imagen satánica de Dios fueron el grupo más piadoso de «adventistas» que guardaban el sábado, pagaban el diezmo, abogaban por la reforma pro salud y estudiaban la Biblia que el mundo haya conocido. Pedro advierte que quienes aceptan la verdadera imagen de Dios pueden esperar un trato similar al que experimentó Cristo:
…no se sorprendan de la dolorosa prueba que están padeciendo… Alégrense más bien de compartir los sufrimientos de Cristo… Dichosos ustedes si son insultados por ser seguidores de Cristo; esto significa que el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes. 1 Pedro 4:12-14, NVI
¿Quién traería hoy tantos problemas a quienes tienen la verdadera imagen de Dios? ¿Podrían volver a surgir problemas similares de la misma clase de “adventistas” piadosos, observadores del sábado, diezmadores, defensores de la salud y citadores de la Biblia que antes? Sin duda.
Dondequiera que se recibe al Espíritu Santo, Él trae paz: «El Espíritu, en cambio, produce amor, alegría y paz…» (Gálatas 5:22, Weymouth ). Estos son los frutos del Espíritu. Pero ¿cómo trae paz el Espíritu Santo? ¿Trae paz obrando sobre nuestros sentimientos, como un tranquilizante divino? ¿O trae paz recordándonos la verdad? Jesús lo explica así:
…el Consolador, el Espíritu Santo… les recordará todo lo que les he dicho. La paz les dejo; mi paz les doy… No se turben ni tengan miedo. Juan 14:26-27, NVI.
Luego, en Juan 15 y 16 dio las razones del porqué, llegando a su clímax al final de Juan 16 y al principio de Juan 17:
Les he dicho todo esto para que encuentren paz en mí. En el mundo tendrán dificultades, pero sean valientes; yo he vencido al mundo. … La vida eterna es esta: conocerte a ti [ el Padre ] , el único Dios verdadero. … Yo te he glorificado en la tierra y he terminado la obra que me encomendaste. Juan 16:33; 17:3-4, Jerusalén .
Cuando Jesús habló de conquistar el mundo, se refería a ganar el caso de Dios en el Gran Conflicto. La obra de Jesús en la tierra fue revelar la verdad sobre el carácter de su Padre. Su misión fue demostrar que Dios no es la clase de persona que sus enemigos han hecho parecer. Jesús proporcionó verdades y evidencias valiosas que fundamentan nuestra libertad para decidir sobre Dios.
Paz en medio de la lucha
¿Es posible, sin embargo, aceptar esta verdad y estar dispuestos a renunciar a todo para tener esta paz, y aun así experimentar una lucha intranquila en nuestro interior? Esto preocupa a muchos. Preocupaba a Pablo, quien confiesa esa lucha en Romanos 7, en todo el capítulo, pero especialmente hacia el final:
Veo una ley diferente operando en mi cuerpo, una ley que lucha contra la ley que mi mente aprueba … me hace prisionero … ¡ Qué hombre tan infeliz soy! ¿ Quién me librará? Romanos 7:23-24, NVI .
De hecho, todo Romanos 8 describe ese rescate. El capítulo comienza con Pablo diciendo que Dios no condena a sus hijos que luchan (Romanos 8:1). Él no solo es nuestro Padre, sino nuestro Médico Divino, y sabe que los malos hábitos de toda una vida no se curan de la noche a la mañana. Por eso, mientras luchamos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están de nuestro lado para ayudarnos y sanarnos. Observen lo que Pablo dice al final de este capítulo:
Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? […] Estoy seguro de que […] ni los ángeles ni los poderes celestiales […] podrán separarnos del amor de Dios. Romanos 8:31, 38-39 (NTV).
Si, de hecho, necesitamos disciplina para superar los malos hábitos y aprender nuevos, Dios nos la dará. Pero cuando la disciplina llega, debemos entender que Dios no está enojado con nosotros. Él nos está disciplinando porque nos ama. No permitiremos que la disciplina perturbe nuestra paz con Dios. Hebreos 12:9-11 nos dice que Dios disciplina a los que ama como un padre disciplina a sus hijos. El autor continúa diciendo: “Ninguna disciplina parece agradable al momento… Sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz…” (Hebreos 12:11, NVI). De hecho, si hemos sido arreglados con Dios y hemos sido ganados de nuevo al amor y la confianza, Dios puede incluso convertir nuestras pruebas y problemas en una ventaja para nosotros: “Podemos estar llenos de gozo aquí y ahora, incluso en nuestras pruebas y problemas. Estas mismas cosas nos darán paciencia; esto a su vez desarrollará un carácter maduro.” Romanos 5:3-4, Phillips . El pasaje continúa diciendo que un carácter maduro produce una esperanza que nunca nos defraudará (Romanos 5:4). Y eso contribuye a una gran paz entre nosotros y nuestro Dios.
Palabras finales
La imagen de Dios de la que hemos estado conversando en este libro es una muy buena noticia para algunos de nosotros. Pero está lejos de ser una noticia nueva. Fue presentada hace siglos a lo largo de los sesenta y seis libros de las Escrituras, incluso en los tiempos del Antiguo Testamento: “Tú, Señor, das perfecta paz a los que mantienen firme su propósito y ponen su confianza en ti.” Isaías 26:3, GNT. Ya en los días de Isaías, se nos asegura que si tan solo confiáramos en nuestro Dios, tendríamos esta perfecta paz. Según Hebreos, esta buena noticia se ha presentado desde el Éxodo: “Porque hemos oído la Buena Noticia, tal como ellos la oyeron. Oyeron el mensaje, pero no les sirvió de nada, porque cuando lo oyeron, no lo aceptaron con fe.” Hebreos 4:2, GNT.
Así que la buena noticia puede ser rechazada. El pueblo escogido de Dios en la Tierra Prometida, al que profeta tras profeta suplicaron, no fue, en su conjunto, recapturado en la confianza por la evidencia que Dios presentó. No encontraron esta paz, este «descanso sabático», que está disponible para nosotros cuando recapturamos la confianza (Hebreos 4:9). Esta imagen de Dios tampoco nos servirá de nada si no nos recaptura en la confianza y la disposición a escuchar a nuestro Dios.
Así que, al final de nuestras veinte conversaciones, ¿qué postura han adoptado en el gran conflicto sobre el carácter y el gobierno de Dios? ¿Están de acuerdo en que Dios no es la clase de persona que sus enemigos han hecho parecer? Que Él es, en efecto, una persona infinitamente poderosa, pero igualmente misericordiosa, que valora nada más que nuestra libertad y nuestra paz, paz con Dios y entre nosotros. Esta paz no se produce por la fuerza ni el miedo. Por eso Dios nos ruega con suavidad, pero también con urgencia, en las palabras de Pablo: «Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente» (Romanos 14:5).
Preguntas y respuestas
Louis Venden: Creo oírte enfatizar que la paz viene al conocer la verdad sobre Dios y saber que las acusaciones de Satanás contra Él son falsas. Estas acusaciones se han resumido en cinco palabras que has usado una y otra vez: Dios es acusado de ser arbitrario, exigente, vengativo, implacable y severo. Me gustaría abordar estos cinco términos uno por uno.
¿Por qué Dios no puede ser arbitrario? ¿No decimos que Dios es soberano? ¿No creó Dios el mundo? ¿No puede gobernarlo como quiera?
Graham Maxwell: Absolutamente, Dios es soberano. Me recuerda nuestra conversación anterior sobre Romanos 9, el alfarero y el barro. Desde la perspectiva más amplia, la del Gran Conflicto, Dios es definitivamente soberano. Creó este universo exactamente como lo quiso, y lo gobierna exactamente como quiere, y siempre lo hará. Pero la pregunta que surge de esto es: ¿ cómo gobierna Dios el mundo? ¿Es arbitrario en su gobierno? No, nada valora más que nuestra libertad. Si queremos decir que Dios es arbitrario en algo, lo es con la libertad. Preferiría renunciar a todo antes que renunciar a la libertad. Así de arbitrario es en ese aspecto.
Lou: Supongo que te sientes cómodo con la palabra «soberano», siempre y cuando su soberanía nos permita ser libres. Si Dios fuera arbitrario, significaría que no somos libres.
Graham: Así es. Dios ejerce su soberanía respetando nuestra libertad.
Lou: ¿Y qué hay del sábado, el séptimo día? ¿No es cierto que «Dios eligió un día en particular y eso es todo»?
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Dios ejerce su soberanía de una manera que respeta nuestra libertad.
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Graham: Podría parecer arbitrario por parte de Dios si solo tuviéramos del cuarto mandamiento: «Acuérdate del día de reposo para santificarlo» (Éxodo 20:8). Pero tenemos mucho más que eso. El cuarto mandamiento también nos remite a la creación (Éxodo 20:11). Eso significa que el sábado, el séptimo día, nos recuerda toda la evidencia sobre Dios que encontramos allí. El sábado es un recordatorio de que Dios nos respeta y no valora nada más que nuestra libertad. Nos recuerda el Éxodo de Egipto y también las respuestas dadas durante la semana de la crucifixión. Hay tantas razones para el sábado, que difícilmente puede considerarse una prueba de su arbitrariedad. Nos dio el sábado para recordarnos toda la evidencia de que él no es arbitrario. Por lo tanto, me parece casi perverso sugerir que el sábado es una prueba arbitraria de nuestra obediencia. ¡Todo lo contrario! Es un monumento a su no arbitrariedad.
Lou: Muy bien. Veamos la acusación de que Dios es exigente. Recuerdo esa referencia en el libro de Santiago donde dice: «Si quebrantas uno de los mandamientos, eres culpable de todos » [énfasis añadido] (Santiago 2:10). Suena bastante exigente, ¿verdad?
Graham: Sí, hasta que nos detenemos a analizar más detenidamente los Diez Mandamientos. Hasta que vemos el resumen que Moisés hizo de los Diez (Deuteronomio 6:4-5; Levítico 19:18), repetido por Jesús (Mateo 22:36-40) y luego por Pablo (Romanos 13:10). Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo es el cumplimiento de la ley. No importa cuál de los Diez se quebrante. Quebrantar cualquiera de los Diez es demostrar que no se es una persona amorosa. Así que no se trata de que Dios sea exigente. No importa qué mandamiento se quebrante. Los Diez Mandamientos, tal como los conocemos, son en realidad una expansión de uno solo, que es el amor (a Dios y a los demás). De todos modos, el amor no se puede ordenar.
Lou: Muy bien. ¿Qué hay de la venganza de Dios? Pienso en el libro de Hebreos: «Mía es la venganza; yo pagaré» (Hebreos 10:30). ¿Y qué hay de la destrucción que ocurrirá al final, por ejemplo? Creo que hemos tenido más preguntas sobre esto que sobre cualquier otro tema.
Graham: Bueno, ya que Dios dice eso, y está claramente involucrado en la destrucción final y en muchos incidentes a lo largo de las Escrituras, debemos analizar todas esas historias con mucho cuidado. Debemos preguntarnos: «Cuando Dios ejerce la venganza, ¿cómo lo hace?». Como ya hemos visto, puede ser en forma de disciplina, o incluso puede resultar en que Él conquiste a la gente en lugar de destruirla. Y en cuanto a los eventos finales que has mencionado, la cruz demuestra cómo los malvados perecen al final.
Lou: ¿Y qué hay de la acusación de que Dios no perdona? Piensen en Adán y Eva. Es su primera ofensa y tienen que abandonar su jardín. ¿Por qué Dios no pudo ser como Jesús dijo que deberíamos ser, perdonando «setenta veces siete»? Mateo 18:21-22. ¿Por qué no pudo simplemente decir: «Bueno, cometiste un error, es el primero, lo pasaremos por alto»?
Graham: Si el pecado fuera simplemente romper las reglas, si el pecado fuera simplemente un asunto legal, Él podría haber perdonado y dejado ir. De hecho, creo que perdonó a Adán y Eva. Los trató como el padre del hijo pródigo trató a su hijo. El padre lo perdonó incluso cuando se fue de casa. Lo miró con perdón incluso mientras se revolcaba en la pocilga. El problema de centrarse solo en el perdón es que el pecado cambia a las personas. El perdón no sirve de nada a largo plazo a menos que uno responda. El perdón por sí solo no sana el daño causado por el pecado. No es que Dios no perdone, sino que, habiendo pecado, somos transformados. Y lo que se necesita no es tanto el perdón como sanar el daño causado. Así que diría que, por supuesto, Dios perdonó a Adán y Eva. Pero eso no era todo lo que necesitaban.
Lou: Volvemos a ese punto crucial que usted mencionó al principio: lo que importa es cómo entendemos qué salió mal, el problema del pecado.
Graham: El pecado no es tanto un problema legal como un problema real. Requiere sanación y no solo algún tipo de ajuste legal.
Lou: Volviendo a la acusación de Satanás de que Dios es severo, me imagino a alguien diciendo: «¿No es la muerte un castigo demasiado severo por no amar ni obedecer?»
Graham: Si la muerte fuera una pena, sería increíblemente severa. Pero si es una consecuencia, es algo completamente distinto. La muerte nos dice que el pecado es un asunto muy serio. Nos cambia. Pero, por desgracia, a menudo hablamos de la muerte como una sentencia o un castigo impuesto. Eso coloca a Dios bajo una luz muy severa. La muerte es, en última instancia, una consecuencia del pecado y no un castigo que Dios nos impone.
Lou: En el libro de Apocalipsis, se describe a Dios resucitando a los malvados al final del Milenio (Apocalipsis 20:5-6). ¿Por qué hace esto? Son malvados y rebeldes. De todos modos, están perdidos. ¿Por qué no dejarlos dormidos? ¿No es cruel resucitarlos solo para quemarlos?
Graham: Me imagino a los habitantes de Sodoma y Gomorra levantándose al final del Milenio (Apocalipsis 20:5), mirando a su alrededor y diciendo: «¡Aquí vamos de nuevo!». Parece cruel e inhumano resucitarlos, ¿verdad? Tiene que haber un propósito.
La palabra «milenio» significa mil años. El Milenio del Apocalipsis comienza con la segunda venida de Jesús y la resurrección de los justos (Apocalipsis 20:4-6). En ese momento, Jesús lleva a los justos al cielo (Juan 14:1-3), mientras que los malvados mueren o permanecen en sus tumbas. Al final de los mil años se produce la tercera venida de Jesús y la resurrección de los malvados.
¿Por qué resucitaría Dios a los malvados después de todo eso? ¡Cuánto sufrimiento causaría! Qué terrible estar en la Nueva Jerusalén y ver a los seres queridos afuera (Apocalipsis 20:7-10). Dios solo haría esto si dijera algo de gran importancia que contribuyera a nuestra comprensión y a la seguridad del universo. Por ejemplo, podríamos preguntarnos por qué el tío Bill no está en el Reino. El tío Bill fue quien dijo: «Si tan solo me lo probaras, entraría». Y vemos al tío Bill allá afuera. Está mirando la Nueva Jerusalén. Ve a Cristo en su forma humana en la cima de la ciudad. Aquí está toda la evidencia, a la vista, y el tío Bill no se conmueve en absoluto. De hecho, Apocalipsis continúa diciendo que Satanás se mueve entre estos rebeldes que han sido resucitados y los engaña para que marchen contra la Nueva Jerusalén como si quisiera destruir a Cristo de nuevo (Apocalipsis 20:8-9). Y podrás decir: «Dios, tu diagnóstico fue correcto. Más tiempo y más pruebas no le habrían servido de nada al tío Bill». La causa de su muerte es mucho más importante que simplemente imponerle un castigo por negarse a creer. Simplemente no es seguro salvar al tío Bill. Dios le muestra todas las pruebas al final del Milenio, y sigue sin reaccionar. Llorarás al verlas, pero el tío Bill no reaccionará. Así que estos eventos serán una demostración final del carácter de Dios y, en contraste, del carácter de Satanás y de todos sus seguidores.
Lou: ¿Qué hacen los redimidos, los que son salvos, durante este período de mil años? Es un período muy largo.
Graham: Me gusta recordar lo que dijo Pedro: «Para el Señor, mil años son como un día» (2 Pedro 3:8). Podría traducirse como «un milenio es como un día, y un día es como un milenio». No creo que debamos preocuparnos por el tiempo. Creo que mil años con el Señor parecerán un día. Pero hay cosas importantes que deben suceder durante ese tiempo. Los ángeles leales habrán tenido la oportunidad, antes de la Segunda Venida, de reunirse como familia celestial y considerar candidatos para el Reino. De esa manera, nuestros futuros vecinos y amigos podrán estar seguros de que es seguro admitir en la eternidad a antiguos rebeldes como nosotros. Pero ¿y nosotros? No hemos visto la evidencia que ellos examinaron. Creo que durante el Milenio, quienes hayan sido declarados seguros para ser salvos tendrán la oportunidad de hacer preguntas, de ver la evidencia, de averiguar por qué su madre no está. A todos nos entristecería mucho la ausencia de un ser querido. Pero Dios será justo al respecto; nos mostrará la evidencia para que podamos entender.
Hay algo más que quizás deba suceder durante el Milenio. Nos prepararemos para enfrentar esa terrible escena cuando los malvados mueran en un momento de destrucción ardiente. Tendremos que verlo algún día. ¿Estamos listos para verlo y no temerle a Dios? Quienes vivamos para ver la venida de Cristo, nos habremos arraigado tanto en la verdad que podremos ver las siete últimas plagas sin temerle a Dios. Pero pensemos en todos los niños en la verdad que han sido salvados desde el pie del Monte Sinaí a lo largo de los siglos. Pensemos en el ladrón en la cruz. Pensemos en todos los demás que no han tenido tiempo ni evidencia para ser confirmados en esto.
Todos deben estar listos para ese día asombroso cuando Dios les diga a los que están dentro de la Nueva Jerusalén: “Hijos, ya saben lo que viene después. ¿Quieren salir al muro y mirar? ¿O prefieren esconderse en el sótano en algún lugar? Estoy a punto de entregar a mis hijos rebeldes, y un número incalculable de ellos morirán. Y saben por qué he esperado tanto tiempo”. Y así nos quedamos, tal vez, y observamos a nuestro Dios, mientras fuego desciende del cielo y la gloria de Aquel que es amor consume todo lo que está fuera de armonía. Y sabremos que, cuando los malvados mueran, Dios estará clamando: “¿Por qué morirán? ¿Cómo puedo entregarlos? ¿Cómo puedo dejarlos ir?” Oseas 11:8. Él no está más enojado con ellos de lo que estuvo con su Hijo cuando lo entregó en Getsemaní y en el Calvario.
Cuando todo termine, puedo ver a Dios dirigiéndose a nosotros y diciendo: «Qué terrible fue eso. Pero hijos, tengo una última pregunta que hacerles. ¿Los he asustado? Porque si así fuera, lo habría dejado pasar demasiado pronto y habría esperado más». Pero ojalá todos estemos tan arraigados en la verdad que podamos acercarnos y decirle a Dios: «Está bien, no había otra manera». Y de ahí en adelante habrá paz para siempre, a pesar de ese terrible final. ¿Estamos listos para ver eso y no dejarnos atemorizar? Porque si nos asusta, entonces le serviremos por temor, y la obediencia del temor produce el carácter de un rebelde. Si alguno de nosotros sirve a Dios por temor después de eso, Dios aún tendrá las semillas del pecado en su universo, y no habrá ganado la guerra. Estaríamos de vuelta donde todo comenzó.
Lou: Al final del libro de Apocalipsis hay una hermosa declaración: «Dios enjugará toda lágrima de sus ojos» (Apocalipsis 21:4). Justo mientras hablabas, me di cuenta de que tal vez necesitemos enjugar las lágrimas incluso de los ojos de Dios.
Graham: Me gusta mucho esa idea. Como hijos suyos, ¿no sería apropiado acercarnos un poco más y decir: «Está bien, Dios. Está bien».
Lou: Tenemos más preguntas sobre este tema: «Si Dios no castiga, ¿quién envía fuego del cielo sobre los malvados?» Apocalipsis 20:9. Ya lo mencionaste. También: «¿Quién causó la muerte de Ananías y Safira?» Hechos 5:1-11.
Graham: Quisiera diferenciar entre dos tipos de muerte. Lo que les ocurrió a Ananías y Safira es lo que la Biblia llama la primera muerte, y resucitarán. Su futuro, en cuya resurrección se levantarán, es entre ellos y Dios. Pero lo que les ocurrió a Ananías y Safira es diferente de esta terrible muerte final. Ahora bien, cuando el fuego desciende de Dios y consume a los malvados resucitados (Apocalipsis 20:9), Dios está allí, sin duda. Pero como ya hemos comentado, este «fuego» es su gloria vivificante, que se describe en la Biblia con la apariencia de fuego (Ezequiel 1:26-27; Daniel 7:9-10; Apocalipsis 4:5). De hecho, si estuviéramos entre los salvos, habríamos vivido en esta gloria vivificante durante mil años, y no habría hecho daño a nadie. Solo si nos rebelamos voluntariamente contra Dios, esta gloria es perjudicial. Dios, en su misericordia, ha velado esta gloria vivificante por nuestro bien. Su llamado «acto extraño» (Isaías 28:21) es cuando deja de velar su gloria vivificante. Cuando esta tierra ya no sea un lugar oscuro, y su gloria la llene, todo lo que está en desacuerdo será consumido. Él no le da la espalda a esto. Él está ahí. Él vela por sus hijos. Es su gloria. Pero no está torturando a sus hijos moribundos hasta la muerte. Esa es la diferencia.
Lou: Una vez me dijiste que disfrutaríamos de esa gloria por toda la eternidad. No querríamos que se apagara jamás.
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Dios, en su misericordia, ha velado su gloria vivificante por nosotros. Su «acto extraño» (Isaías 28:21) es cuando deja de velar su gloria vivificante. Todo lo que está en desacuerdo será entonces consumido. Pero él no está torturando a sus hijos moribundos hasta la muerte.
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Graham: Oh, me gusta que este sea fuego eterno. Si el fuego es la gloria de Dios, más vale que no se apague. Viviremos en este fuego eterno por la eternidad, pero es su gloria vivificante.
Lou: Alguien planteó la misma pregunta básica sobre el Diluvio. «¿Estás diciendo que Dios no mata? ¿Y qué hay del Diluvio?»
Graham: Esta es una pregunta similar a la de Ananías y Safira. Las muertes en el Diluvio pertenecen a la primera muerte. Veo a Dios trayendo el Diluvio como una medida de emergencia, y una muy seria, además. El Diluvio fue algo muy arriesgado para Él, para que no le sirviéramos por miedo. Y ciertamente el Diluvio no los conquistó. Los sobrevivientes construyeron una torre para escapar de Él poco después (Génesis 11:1-9). Pero Él lo hizo para preservar el contacto con la raza humana. Quienes murieron en el Diluvio sufrieron la primera muerte. Y todos los que murieron en el Diluvio resucitarán.
Lou: Una pregunta relacionada: «¿Cómo explicamos que Dios, en el Antiguo Testamento, le dijera a su pueblo una y otra vez que eliminara al enemigo? Aquí, Dios instruye a sus hijos a hacerlo. ¿Cómo se concilia eso con un Dios amoroso?»
Graham: Esa fue realmente una medida de emergencia. Pero antes de hacerlo, les dijo a los hijos de Israel: «Cuando los saque de Egipto, enviaré a mi ángel delante de ustedes. Enviaré avispas delante de ustedes. Usaré las fuerzas de la naturaleza para eliminar a sus enemigos de una manera u otra. Déjenme hacerlo» (Éxodo 23:23-30). Pero no confiaron en Él en esto, como en tantas otras cosas que Él buscaba hacer por ellos. Así que se inclinó y los encontró donde estaban y los ayudó a luchar. Pero aunque los ayudó, todavía odiaba la lucha. ¿Cómo lo sabemos? Cuando David quiso construir el templo, Dios le dijo: «Eres un gran hombre como guerrero, pero has sido un hombre de sangre (1 Crónicas 28:3). Ese no es mi ideal», y dejó constancia de que no quería la lucha. Nunca diseñó a su pueblo para que luchara para entrar en Canaán. Pero en su falta de fe, los ayudó a luchar.
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Sabemos quién es el acusador de los hermanos, el que los acusa día y noche ante Dios (Apocalipsis 12:10). Pero a veces hemos hecho que Dios sea el que está contra nosotros.
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Lou: Aquí hay otra pregunta. «Dios tiene el poder de quitarnos la vida eterna. ¿Pero tiene derecho a quitarnos la vida en esta tierra?». Creo que esta pregunta se refiere a la primera muerte a la que te referiste. ¿Por qué querría Dios interrumpir nuestra búsqueda de la felicidad?
Graham: Hay dos cosas que considerar. ¿Quién determina los derechos de Dios? Como Soberano, Él hará exactamente lo que desee. No le otorgamos sus derechos. Sin embargo, como soberano que es, quiere que sus hijos lo vean haciendo lo correcto. Eso le preocupa mucho. ¿Tiene derecho a intervenir? Diría que, si Dios no hubiera intervenido, nos habríamos destruido mutuamente hace mucho tiempo. No se trata de si tiene derecho a interferir en mi búsqueda de la felicidad; si no hubiera intervenido, no quedaríamos ninguno para buscarla. Las consecuencias de nuestras propias decisiones nos habrían destruido hace mucho tiempo. Así que me alegra que haya intervenido. No lo hizo para privarnos de nuestra libertad; lo hizo para preservarla . Pero ha tenido que tomar medidas de emergencia para hacerlo.
Lou: Esta pregunta toca algo que mencionaste en la primera parte del capítulo. Hay textos (Romanos 8:34; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 7:25, etc.) que indican que Cristo intercede ante el Padre. Entonces, quien pregunta dice: «Aquí están los textos. Cristo intercede por nosotros. Ahora bien, ¿en qué sentido es eso cierto?»
Graham: Bueno, debemos referirnos a las preguntas de Romanos: «Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31). «¿Quién nos acusará?» (Romanos 8:33-34). Pero a veces le hemos dado la vuelta a esto y hemos convertido a Dios en el que está contra nosotros. Debemos recordar quién es el acusador de los hermanos, el que los acusa día y noche ante Dios (Apocalipsis 12:10). Satanás es quien está contra nosotros. Y Cristo responde a sus acusaciones mediante la intercesión, porque el enemigo de Dios también es nuestro enemigo.
Sin embargo, hay momentos en que creo que Dios ha dicho: «Les he dado intercesión sacerdotal, incluso a mi Hijo, porque sé cuánto me temen». Y así, como medida de emergencia, a veces ha hablado de Jesús interviniendo. Pero necesitamos leer Juan 16:26-27. En realidad, no es necesario que nadie interceda ante el Padre, ni siquiera el Hijo, porque el Padre mismo nos ama. Así que necesitamos unir todos esos pasajes.
Lou: Nuestro problema es distinguir entre Padre e Hijo, ¿no? Es fácil pensar que Jesús es más bondadoso y amoroso que el Padre.
Graham: Qué triste cuando la gente llega a esa conclusión. Y, sin embargo, si el Padre nos ve pensando que el Hijo es más bondadoso que Él, no tiene celos de Su Hijo. Solo quiere que entendamos el mensaje. Muchos llegaremos al Reino más cómodos con el Hijo que con el Padre. Y sigo imaginando cómo sería llegar al Reino y decirle al Hijo: «Gracias por rogarle al Padre que no nos matara». Y cosas así. Y poco a poco Él dirá: «Mira, es hora de que conozcas a Mi Padre». Así que nos llevará a la presencia del Padre y nos quedaremos allí, quizás mirando al suelo con miedo. Y el Hijo dirá: «Mira un poco más arriba. Míralo a la cara. ¿Qué ves?». Y veremos un rostro tan bondadoso como el del Hijo. Cuando llegue ese momento, no digas: «Padre, gracias por dejar que el Hijo te convenciera de no matarme». Él no se enojaría, pero sabría que aún necesitas un poco de trabajo. Él querrá que crezcamos, pero será paciente incluso entonces.
Lou: Cambiemos de tema con esta pregunta: “Si Dios sabe lo que necesitamos, ¿por qué tenemos que orar para que Él nos provea?”. Esto nos lleva a un capítulo anterior de este libro (Capítulo Quince: “Hablar con Dios como amigo”).
Graham: Sí. Dios nos provee lo que necesitamos, oremos o no (Mateo 5:45). Eso es lo que lo hace tan generoso. ¿Significa eso que no debemos orar? Claro que no. La oración es «conversar con Dios como con un amigo», y él es nuestro amigo, así que hablaremos con él de estas cosas de todos modos. Después de todo, la oración es más que simplemente rogarle por la compra de hoy.
Lou: Así es, no es así como tratamos a nuestras esposas ni a nuestros amigos: ¡hablamos con ellos solo cuando necesitamos algo! Otra pregunta interesante: «¿Debemos orar al Espíritu Santo?»
Graham: Creo que eso sería lo más apropiado. Padre, Hijo y Espíritu Santo: los tres son co-igual y co-eterno Dios. Sin embargo, creo que orar al Padre en el nombre del Hijo tiene un significado histórico especial. Es el Hijo quien reveló la verdad sobre el Padre con la ayuda e inspiración del Espíritu Santo. El Espíritu Santo también nos ayuda, porque no sabemos orar como deberíamos. Nos recuerda cómo Dios nos lleva de vuelta a la verdad. Así que lo que me gusta hacer es orar al Padre en el nombre del Hijo, en reconocimiento agradecido por lo que ha hecho, pero con la ayuda del Espíritu Santo.
Lou: Supongo que no tenemos que preocuparnos de que el Espíritu Santo se sienta herido.
Graham: Los miembros de la Deidad hacen todo lo posible para honrarse unos a otros.
Lou: Te referiste a la lucha que describe Romanos 7. ¿Qué es esta lucha? ¿Cuándo ocurre? ¿Es antes o después de la conversión?
Graham: Permítanme resumir lo que Pablo dice: “El bien que quisiera hacer, no lo hago; y todo el mal que no quiero hacer, eso hago. Me deleito en la ley de Dios en mi hombre interior, pero en mi cuerpo me siento prisionero de la ley del pecado” (basado en Romanos 7:19-23). La gente dice: “Esa no podría ser una persona convertida”. Y, sin embargo, si se deleita en la ley de Dios, parece una persona convertida. Si estás luchando antes de la conversión, si estás luchando durante la conversión, si estás luchando después de la conversión, si alguna vez estás luchando, entonces mira a Jesucristo. En realidad no importa. No es necesario discutir sobre cuándo surge la lucha. La lucha también se menciona en Romanos 8, que todos los intérpretes reconocen como aplicable después de la conversión (Romanos 8:18-25). Siempre que estés luchando, antes, durante o después de la conversión, da gracias a Dios por Jesucristo nuestro Señor.
Lou: Ya que hablamos de paz, me parece que los seres humanos a menudo vivimos con un sentimiento de culpa. Las personas culpables seguramente no están en paz con Dios. ¿Cuál es el remedio de Dios para la culpa?
Graham: Lo que preocupa a tanta gente sobre la culpa es el miedo que la acompaña. «Me acaban de pillar con las manos en la masa, ¿qué me va a hacer?». Hay mucho miedo mezclado. También hay una pérdida de dignidad y autoestima. La mujer sorprendida en adulterio se sentía muy culpable y avergonzada. Y lo primero que hizo Jesús fue restaurarle su dignidad y autoestima. Lo hizo una y otra vez. ¿Cómo podemos actuar con dignidad, como personas creadas a imagen de Dios, si hemos visto destruido nuestro respeto por nosotros mismos? A menudo, la tortura crónica de una culpa innecesaria es una de las consecuencias negativas del modelo legal.
En el modelo del gran conflicto, el énfasis está en la verdad sobre Dios. ¿Cómo ve Dios a su hijo que está en problemas? Observen al hijo pródigo. El padre le dice: «Ni siquiera termines tu discurso de arrepentimiento. Ven a casa, dúchate y ponte la mejor ropa que pueda darte. Incluso te devolveré tu anillo de autoridad» [el acceso a las cuentas bancarias de su padre]. Al hacerlo, el padre se esforzó por devolverle el respeto propio. Y el hijo dijo: «¡Pero soy culpable! ¡Mira lo que he hecho!». Y el padre respondió: «Mira, estoy dispuesto a olvidarlo si quieres (Lucas 15:17-22)».
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El verdadero remedio para la angustia de la culpa es la verdad sobre Dios. El remedio para la culpa es saber cómo es Dios.
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¿Quién era el que quería restregarle las malas acciones a su hijo de vez en cuando? El piadoso hermano mayor, por supuesto. Pero en lo que respecta a Dios, Él es nuestro médico; no quiere hablar de culpa. Ni siquiera quiere detenerse mucho en el perdón. Dice: «Hijo, eres mi paciente; has vuelto a casa; confía en Mí. No perdamos tiempo en el pasado. Trabajemos de ahora en adelante. Quiero que te mejores. Y si estás deprimido por lo que has hecho, eso retrasará tu sanación. Así que, por favor, olvídalo como yo lo he hecho». El verdadero remedio para la angustia de la culpa es la verdad sobre Dios. El remedio para la culpa es saber cómo es Dios.
Lou: Muy bien. Sabemos a qué renunció Dios para tener paz en su universo, pero creo que me gustaría cerrar con esta pregunta: ¿A qué tenemos que renunciar para tener paz de verdad?
Graham: En cierto sentido, no tenemos que renunciar a nada. El evangelio se trata de Dios, no de nosotros. Sin embargo, en otro nivel, hay cosas a las que debemos renunciar o se interpondrán en el camino de lo que Dios quiere hacer por nosotros. Necesitamos cooperar con el Gran Médico. Así que sí tenemos que renunciar a los prejuicios, las parcialidades y las opiniones fijas. Sí tenemos que renunciar a nuestra renuencia a escuchar, a esa terquedad autocomplaciente de que no pueden surgir nuevas ideas. Sí tenemos que estar dispuestos a investigar la evidencia. Pero al final, no renunciamos a nada. La gran buena noticia de Dios es su regalo para nosotros. Y a veces me pregunto cómo alguien podría rechazarla.
Piensen en cómo el Hijo de Dios fue el maestro más hábil y persuasivo de la verdad que jamás habrá, Dios mismo en forma humana. Y vino a un pueblo muy piadoso que había aceptado la imagen de Dios que tenía el diablo. Impulsados por esa comprensión de Dios, hacían muchas cosas correctas, pero por las razones equivocadas. Se dejaban llevar por la ley y el miedo. Y en la mayoría de los casos, Jesús no pudo hacerles cambiar de opinión. Pero sí cambió algunas mentes, las mismas que nos dieron la maravillosa imagen de Dios que encontramos en el Nuevo Testamento.
Quizás incluso hoy tengamos «queridos idiotas» esparcidos por todo el planeta, como los «queridos idiotas» de Galacia, que parecían estar hechizados. Gálatas 3:1, Phillips . Debemos reconocer que el Diablo es nuestro enemigo. No quiere que veamos la verdad. No quiere que el Gran Médico nos sane. No quiere que nos hagamos amigos de Dios. Pero la buena noticia de Dios es demasiado buena para rechazarla. Es todo lo que implica la antigua palabra inglesa «evangelio». ¡Qué buena noticia!
Lou: Alguien dijo una vez: «El Evangelio que predicamos debe ser el Evangelio por el cual nuestras almas se salvan». Al concluir este libro, ¿podría resumir su comprensión de ese evangelio una última vez?
Graham: Para mí, la esencia del evangelio es esta. Dios no es la clase de persona que sus enemigos han pintado: arbitrario, implacable y severo. Jesús dijo: «Si me han visto a mí, han visto al Padre» (Juan 14:9). Dios es tan amoroso y confiable como su Hijo, tan dispuesto a perdonar y sanar. Aunque infinito en majestad y poder, nuestro Creador es una persona igualmente bondadosa que valora nada más que la libertad, la dignidad y la individualidad de sus criaturas inteligentes. Desea que su amor, su fe, su disposición a escuchar y obedecer, sean otorgados libremente. Incluso prefiere considerarnos no como siervos, sino como amigos. Esta es la verdad revelada en todos los libros de las Escrituras. Esta es la buena nueva eterna que se gana la confianza y la admiración de los hijos leales de Dios en todo el universo.
Otra mirada a la exitosa pero muy costosa resolución que Dios dio a la crisis en Su familia.
Comenzamos estas conversaciones recordando que una vez hubo paz en todo el universo. Y había paz porque todos los miembros de la vasta familia de Dios confiaban unos en otros, todos confiaban en su Padre celestial, y él, a su vez, podía confiar con seguridad en ellos. Pero también hemos hablado de la guerra que comenzó en el cielo, el conflicto de la desconfianza, las falsas acusaciones del adversario y la paciente demostración de la verdad por parte de Dios. El conflicto no se debía a la mera obediencia a las reglas, sino al carácter y gobierno de Dios mismo. Para Dios, la victoria no consiste en la destrucción de sus enemigos. Esto podría haberlo logrado con la más mínima orden o manifestación de su poder omnipotente. Pero los enemigos de Dios son sus propios hijos amados, pero que se portan mal. No hay victoria para Dios hasta que se corrija lo que salió mal, hasta que se asegure la paz eternamente; no una paz falsa basada en la fuerza o el miedo, sino una paz verdadera basada en el amor y la confianza libremente otorgados.
No habría paz si Dios fuera como Satanás lo ha pintado: arbitrario, vengativo, implacable y severo. El mero perdón y la modificación de la situación legal no producirían paz entre los pecadores y este tipo de Dios. Sin embargo, hay explicaciones de la salvación que parecen basarse en la suposición de que las acusaciones de Satanás son ciertas. «Dios es arbitrario», dirán algunos, «pero como Soberano tiene derecho a serlo». «Dios se venga, pero para Él deberíamos llamarlo justicia». Pocos sugerirían que Dios es implacable y severo, pero muchos insinúan lo mismo al insistir en la necesidad de un Amigo allá arriba que le suplique perdón y sane.
Pablo les dijo a los primeros cristianos que, ya que hemos sido ganados de nuevo a la confianza y, por lo tanto, estamos en paz con Dios, debemos seguir disfrutando de la paz que tenemos con Él por medio de Jesucristo (Romanos 5:1). Jesús vino a traer paz con Dios, no a pagar una pena legal para que Dios no tuviera que matarnos después de todo. Trajo paz al mostrarnos la verdad sobre nuestro Dios: que no hay necesidad de temer. Dios ciertamente abandonará a quienes se niegan a confiar y escuchar, y le permitirán sanar. Pero Dios no torturará hasta la muerte a sus hijos moribundos. Jesús trajo paz, no tanto al asegurarnos que sería nuestro Amigo en los tribunales, sino al mostrarnos que no hay necesidad de que interceda por nosotros ante Dios, porque el Padre es igualmente nuestro Amigo.
En verdad, la única manera de corregirnos y mantenernos en la verdad era que Jesús viniera y demostrara la verdad sobre el Padre. Y así, como dijo uno de los mejores amigos de Dios: «El propósito de la misión de Cristo en esta tierra fue corregir a la humanidad revelando la verdad sobre el carácter de Dios». Esta es la verdad que nos libera. Esta es la verdad que trae paz eterna. Pero ¿nos gusta? ¿La deseamos? Como Dios, ¿renunciaríamos a cualquier cosa por tener esa paz?
Pasajes bíblicos incluidos:
Romanos 5:1. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” RVR.
“Tengamos paz.” Douay-Rheims, Challoner.
“Disfrutemos de la paz que tenemos”. Moffatt.
“Sigamos disfrutando de la paz que tenemos”. Montgomery.
1 Reyes 9:3–4. “El Señor le dijo a [Salomón]: ‘Si andas delante de mí con integridad de corazón y rectitud, como lo hizo David tu padre…’” NVI.
Colosenses 1:20. “Por medio de él, Dios quiso reconciliar consigo todo el universo, haciendo la paz mediante el derramamiento de su sangre en la cruz.”
Mateo 10:34-36. “No piensen que he venido a traer paz al mundo. No, no he venido a traer paz, sino espada. He venido a poner a los hijos contra sus padres, a las hijas contra sus madres, a las nueras contra sus suegras; los peores enemigos del hombre son los miembros de su propia familia.”
Juan 1:11 . “Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.” Goodspeed.
1 Pedro 4:12-14. “…no se sorprendan del dolor que están padeciendo… Alégrense más bien de que comparten los sufrimientos de Cristo… Dichosos ustedes si son insultados por ser seguidores de Cristo; esto significa que el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes.”
Gálatas 5:22. “El Espíritu, en cambio, produce amor, alegría y paz”. Weymouth .
Juan 14:26-27. “…el Consolador, el Espíritu Santo… les recordará todo lo que les he dicho. La paz les dejo; mi paz les doy… No se turben ni tengan miedo.” NVI
Juan 16:33; 17:1, 3-4. “Les he dicho todo esto para que encuentren paz en mí. En el mundo tendrán dificultades, pero sean valientes; yo he vencido al mundo”. “Padre… esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero… Yo te he glorificado en la tierra y he terminado la obra que me diste que hiciera”. Jerusalén.
Romanos 7:23-24. «Veo una ley diferente en mi cuerpo, una ley que lucha contra la ley que mi mente aprueba… Me hace prisionero… ¡Qué hombre tan infeliz soy! ¿Quién me librará?» (NTV).
Romanos 8:31, 38–39. “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? […] Estoy seguro de que […] ni los ángeles ni los poderes celestiales […] podrán jamás separarnos del amor de Dios”.
Hebreos 12:11. “Ninguna disciplina parece agradable al momento. . . . Sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz. . . .” NVI.
Romanos 5:3-4. Podemos estar llenos de gozo aquí y ahora, incluso en medio de nuestras pruebas y dificultades. Estas mismas cosas nos darán paciencia, lo cual, a su vez, desarrollará un carácter maduro. Phillips.
Isaías 26:3. “Señor, tú das perfecta paz a los que mantienen firme su propósito y ponen su confianza en ti.”
Hebreos 4:2. «Porque hemos oído la Buena Noticia, tal como ellos la oyeron. Ellos oyeron el mensaje, pero no les sirvió de nada, porque al oírlo, no lo aceptaron con fe».
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En los últimos tres capítulos, hemos presentado el tema de cuándo terminará el conflicto de la historia de la tierra y el regreso de Cristo. Ese momento llega cuando los hijos de Dios en este planeta hayan respondido plenamente («sí» o «no») a su súplica final. El conflicto terminará cuando sus hijos leales en este planeta se hayan arraigado tanto en la verdad que estén listos para resistir los intentos finales de Satanás por engañarlos. El conflicto terminará cuando, como creyentes adultos, no solo conozcan la verdad lo suficiente como para sobrevivir, sino que, como Job, la conozcan lo suficiente como para hablar bien y con sinceridad de su Padre celestial. Este capítulo explora el momento del fin de la historia humana y su relevancia para nuestra visión del carácter de Dios. Nuestra pregunta en este capítulo no es tanto cuándo terminará el conflicto, sino qué tan pronto terminará.
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Si confiamos lo suficiente en Él como para estar listos para su venida, no necesitamos saber la hora exacta. Si confiamos en Él, todo estará bien.
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Muchos nos preguntamos si el conflicto terminará y si Cristo regresará durante nuestra vida. Los discípulos también se preguntaron esto y le preguntaron a Jesús: «Dinos, ¿cuándo será esto y cómo podemos saber cuándo volverás y el mundo llegará a su fin?» (Mateo 24:3, Beck). Y Jesús respondió que ni siquiera los ángeles lo saben. De hecho, en su forma humana, ni siquiera él lo sabía: «Pero acerca del día y la hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni siquiera el Hijo; solo el Padre». (Mateo 24:36, NVI).
Más importante que saber la hora
Jesús continuó indicando que había algo mucho más importante que saber la hora exacta. Era mucho más importante que sus seguidores confiaran en él lo suficiente como para estar dispuestos a esperar. ¿Recuerdan el capítulo tres, «Todo lo que Dios pide es confianza»? Si confiamos en él lo suficiente como para estar listos para su venida, realmente no necesitamos saber la hora exacta. Si confiamos en él, todo estará bien. Jesús lo indicó en Juan 14:
Tranquilicen sus corazones atribulados. Confíen siempre en Dios; confíen también en mí. […] Vendré otra vez y los tomaré conmigo, para que donde yo estoy, ustedes también estén. Juan 14:1, 3, NVI.
Jesús no les dijo a sus discípulos cuándo, pero sí les dio algunos detalles que les permitieron determinar el tiempo aproximado. Un día, sentados juntos en el Monte de los Olivos, Jesús habló de muchas señales que les permitirían saber cuándo se acercaba el Fin. Estos pasajes son muy familiares para quienes creen en la Segunda Venida. Habló de alarmantes perturbaciones en la tierra y el cielo. Habló de la creciente desconfianza entre las naciones. Habló del surgimiento de falsos líderes religiosos. En particular, advirtió sobre aquellos que se levantarían y enseñarían que su regreso sería en secreto. «No lo crean», dijo Jesús.
Porque el Hijo del Hombre vendrá como un relámpago que destella por todo el cielo, de oriente a occidente… y todos los pueblos de la tierra llorarán al ver al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Sonará la gran trompeta, y él enviará a sus ángeles a los cuatro puntos cardinales de la tierra, y reunirán a su pueblo escogido de un extremo a otro del mundo. Mateo 24:27, 30-31, NVI.
Ahora bien, esa no es precisamente la descripción de un acontecimiento invisible. Al contrario, Juan afirmó muy claramente en el último libro de la Biblia que «todo ojo lo verá» venir. Apocalipsis 1:7.
Reaccionando a su regreso
Ahora bien, en el pasaje de Mateo que leímos arriba, Jesús habla de toda la gente de la tierra que llorará al ver el regreso del Hijo del Hombre. Pero otros pasajes nos dicen que no todos llorarán. Quienes han aprendido a confiar en él se alegrarán mucho de verlo venir. Esto fue claramente predicho en los días de Isaías: «En aquel día dirán: “Ciertamente este es nuestro Dios; en él confiamos, y nos salvó. Este es el Señor; en él confiamos; regocijémonos y alegrémonos en su salvación”». Isaías 25:9, NVI.
Aunque muchos se regocijarán cuando Jesús regrese, la mayor parte del mundo se habrá vuelto contra Dios (Apocalipsis 13:8). Y como no han aprendido a confiar en Jesús, huirán de él aterrorizados, aunque regrese en forma humana: «Gritaban a los montes y a las peñas: “¡Caigan sobre nosotros y escóndannos del rostro de aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero!”» (Apocalipsis 6:16, NVI). ¿Cómo podrían huir de Jesús, manso y apacible? Aunque regresa con majestad y poder, no hay por qué temer. Pero Satanás ha convencido tanto a sus aliados de que Dios es arbitrario, vengativo y severo, que huirán de él mientras él les grita: «¿Por qué morirán? ¿Cómo puedo abandonarlos? ¿Cómo puedo dejarlos ir?» (Ezequiel 18:31; Oseas 11:8). ¡Cuán completamente convencidos habrá Satanás de que sus mentiras sobre Dios son la verdad!
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Satanás ha convencido tanto a sus aliados de que Dios es arbitrario, vengativo y severo, que huirán de él mientras él les grita: «¿Por qué morirán? ¿Cómo puedo abandonarlos? ¿Cómo puedo dejarlos ir?».
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¿Qué marca la diferencia entre la reacción de los justos y la del resto? Pedro y Judas contemplaron el mismo rostro apacible pero majestuoso de Jesús durante su juicio. Uno de ellos se sintió impulsado al arrepentimiento (Mateo 26:75; Marcos 14:72; Lucas 22:61-62). El otro se sintió impulsado a suicidarse (Mateo 26:47-50; 27:3-5; Hechos 1:15-20). Nuestro Señor no tiene doble cara. ¡La diferencia está en nosotros! Quienes han aprendido a acoger la buena noticia, la verdad sobre nuestro Dios, han aprendido a confiar y admirar la sabiduría y la gracia de Dios. Estarán listos para verlo venir, incluso para verlo en su gloria, y no temerán. Estarán asombrados, sin duda, pero no temerosos de nuestro Dios. Por otro lado, aquellos que han despreciado y rechazado esta buena noticia en realidad mirarán a Aquel que murió por ellos y, como Judas, serán impulsados por esa visión a la acción suicida (Apocalipsis 6:15-17).
El Evangelio y el Fin
De todas las cosas que deben suceder antes de que termine el conflicto, Jesús enfatizó especialmente una. Dijo que el evangelio, la verdadera imagen de Dios, debe llegar a todo el mundo antes de que llegue el fin (Mateo 24:14; Marcos 13:10). Podemos confiar en que Dios esperará hasta que sus hijos de todo el planeta hayan tenido la oportunidad de tomar una decisión informada. En vista de la confusión y el engaño que se avecinan, Dios no le pediría a nadie que pasara por ese período sin la información suficiente para tomar una decisión inteligente.
Esto concuerda con la manera en que Dios ha tratado a los ángeles y a los hombres desde que comenzó el Gran Conflicto. Siempre ha esperado pacientemente a que sus hijos decidieran por sí mismos. Piensen en cuántos siglos esperó a que Israel respondiera a la información traída por los mensajeros proféticos que envió uno tras otro. No fue hasta que los hijos de Israel se resistieron a la verdad tanto tiempo que estaban más allá del poder incluso del Creador para restaurarlos, que finalmente, y a regañadientes, los abandonó. Pero después de que los israelitas fueran llevados al cautiverio babilónico, Dios inspiró al escritor de 2 Crónicas a explicar por qué ya no podía protegerlos, por qué tuvo que dejarlos ir:
El Señor, el Dios de sus padres, les envió mensajeros con insistencia, porque tenía compasión de su pueblo… pero ellos siguieron burlando a los mensajeros de Dios, menospreciando sus palabras y mofándose de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo, y ya no hubo remedio. 2 Crónicas 36:15-16, RVR.
No fue una decisión arbitraria. Se estaban portando tan mal (como sabemos por Reyes y Crónicas), que Él simplemente no podía hacer nada más por ellos. Tuvo que dejarlos ir a la disciplina del cautiverio. Y eso es lo que significa la «ira de Dios»: Dios abandonando tristemente a Israel. Afortunadamente, no fue la terrible destrucción final del fin del mundo. Pero fue disciplina . Y aunque Dios parecía haberlos abandonado, sabemos que Él estuvo con ellos, ¿no es así? Bendijo a Daniel, Sadrac, Mesac, Abed-nego, Ester, Mardoqueo y Ezequiel mientras estaban en cautiverio. Pero en general, Dios no pudo obrar a través de su pueblo como nación en ese momento. Tuvo que entregarlos a la disciplina del cautiverio.
La paciencia incomprendida de Dios
A veces se ha malinterpretado esta paciencia de Dios. Algunos creen que podemos seguir pecando con impunidad porque Dios es simplemente demasiado bondadoso y paciente como para disciplinarnos o dejarnos expuestos a consecuencias destructivas. Pablo advirtió que presumir de la bondad de Dios es un grave error: «¿Acaso malinterpretan la generosidad y la misericordia de Dios hacia ustedes como debilidad de su parte? ¿No se dan cuenta de que la bondad de Dios tiene como propósito guiarlos al arrepentimiento?» (Romanos 2:4, Phillips) .
La paciencia de Dios ha desconcertado incluso a sus confiados hijos. En los días de Habacuc, clamaron a Dios: «¿Por qué no haces algo? ¿Por qué no nos rescatas y nos ayudas en nuestro aprieto?». Estaban desesperados porque Dios parecía no hacer nada (todo basado en Habacuc 1:1-4, 13). Por eso, el profeta Habacuc fue enviado para instarlos a no renunciar a su fe, sino a confiar en que Dios llevaría a cabo sus planes a su debido tiempo (Habacuc 2:1-4). El problema, según Miqueas, es que a menudo no entendemos el plan de Dios (Miqueas 4:12). Confiemos en Él mientras buscamos comprender su plan, y dejémosle hacerlo a su debido tiempo y a su manera.
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Podemos confiar en que Dios esperará hasta que sus hijos de todo el planeta hayan tenido la oportunidad de tomar una decisión informada. En vista de la confusión y el engaño venideros, Dios no le pediría a nadie que pasara por ese período sin la información suficiente para tomar una decisión inteligente.
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El profeta Habacuc resume su mensaje diciendo: “(Lo que Dios ha planeado) puede parecer que tarda en llegar, pero espéralo; sin duda se cumplirá”. Habacuc 2:3, GNT. De hecho, el primer mensaje de Dios a Habacuc fue: “Estoy haciendo algo, pero no lo creerías si te lo dijera” (basado en Habacuc 1:5). Habacuc dijo: “Pruébame, Señor. Dime” (basado en Habacuc 2:1). Y el Señor lo hizo (Habacuc 2:2-4). Habacuc entonces indicó que estaba dispuesto a esperar. Esa es la fuente de ese gran versículo: “Los justos, los amigos de Dios, vivirán en la fe, en la confianza” (basado en Habacuc 2:4). Ese versículo no trataba sobre el perdón. Fue escrito sobre confiar en Dios lo suficiente como para estar dispuesto a esperar. Ese gran versículo que Pablo citó en Romanos (1:16-17) es muy apropiado para aquellos que se preguntan por qué el Señor todavía espera.
En estos últimos días, la paciencia de Dios incluso da a sus enemigos la oportunidad de malinterpretarla como debilidad. Se burlan de la aparente incapacidad de Dios para resolver el conflicto con éxito. Este tema se aborda en todo 2 Pedro 3. Pedro advierte que:
En los últimos días, vendrán hombres que se burlarán de la religión y vivirán vidas egoístas, y dirán: «¿Dónde está ahora la promesa de su venida? Nuestros padres han sido sepultados, pero todo sigue igual que siempre ha sido desde el principio del mundo». 2 Pedro 3:3-4.
¿No suena eso a doctrina uniformista? Nada ha cambiado jamás y nada cambiará jamás. Pero esa no es la verdadera razón del retraso:
No es que el Señor tarde en cumplir su promesa, como algunos suponen, sino que es muy paciente para con vosotros, porque no quiere que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento. 2 Pedro 3:9, NVI.
Luego, Pedro se refiere al consejo anterior de Pablo en Romanos 2:4: «Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como también les escribió nuestro querido hermano Pablo». 2 Pedro 3:15 (NVI). La paciencia de Dios a menudo se malinterpreta.
La embarazosa paciencia de Dios
La increíble gracia de Dios incluso ha sido una vergüenza para algunos de su pueblo. ¿Recuerdan cuando Dios le pidió al profeta Jonás que fuera a dar un mensaje serio de advertencia a Nínive? Al principio, huyó. Más tarde, bajo considerable presión, fue y entregó su mensaje. No era precisamente un «voluntario misionero». Piensen en la presión que el Señor tuvo que ejercer sobre Jonás para que fuera a Nínive y entregara un mensaje muy serio a un pueblo muy peligroso. Jonás caminó por las calles y dijo: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida» (basado en Jonás 3:4).
Luego salió y se sentó en una ladera cercana para ver cómo la ciudad llegaba a su fin (Jonás 4:5). Pero no fue así. Los habitantes de Nínive se arrepintieron, y la ciudad no fue destruida (Jonás 3:10). Y Jonás se quejó airadamente a Dios. Dijo:
Señor, ¿no te dije antes de irme de casa que esto es justo lo que harías? ¡Por eso hice todo lo posible por huir a España! Sabía que eres un Dios amoroso y misericordioso, siempre paciente, siempre bondadoso y siempre dispuesto a cambiar de opinión y no castigar. Ahora pues, Señor, déjame morir. Prefiero morir que vivir. Jonás 4:2-3, NVI.
¡Imagínense lo bien que este hombre conocía a Dios en tiempos del Antiguo Testamento! Isaías, Jeremías, Moisés o Abraham se habrían sentido orgullosos de pronunciar esas palabras. De hecho, ninguno de ellos usó mejores palabras que esas para referirse a nuestro Dios. Pero Jonás estaba avergonzado. La bondad de Dios lo había avergonzado. Estaba tan humillado, su reputación de profeta confiable estaba tan destruida, que estaba dispuesto a morir.
Dios razonó con el frustrado Jonás. «¿No tienes compasión de esta gente? ¿No te alegra que hayan decidido arrepentirse?» (Jonás 4:4, 11). Dios incluso mencionó el ganado de la ciudad al final del libro (4:11). «¿No te importan?». Pero Jonás estaba mucho más preocupado por su propia reputación. Moisés, Abraham, Jeremías y Pablo se declararon orgullosos de conocer a Dios como lo conocían. Estaban orgullosos de Él y orgullosos de la buena noticia. Jonás también conocía a Dios, pero estaba avergonzado.
El Gran Movimiento Adventista
Hace aproximadamente un siglo y medio surgió, en diversas partes del mundo, la creciente convicción de que la venida de Cristo estaba muy cerca. Los estudiantes de la Biblia en diversas iglesias comenzaron a ver en ciertos acontecimientos extraordinarios el cumplimiento de algunas de las señales que Jesús había dado a sus discípulos en Mateo, señales como: «El sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor; las estrellas caerán del cielo…» (Mateo 24:29, NVI).
Ellos vieron el cumplimiento de este versículo en el oscurecimiento del sol y la luna el 19 de mayo de 1780, y la notable caída de las estrellas el 13 de noviembre de 1833. Combinaron estas observaciones con su estudio de las profecías en Daniel y Apocalipsis que señalaban eventos importantes que ocurrirían en 1798 y 1844. Vieron en todas estas cosas una acumulación de evidencia de que el advenimiento tan esperado estaba muy cerca. Aunque algunos ahora están confundidos acerca de estas señales y fechas, fue entonces cuando comenzó el gran movimiento del segundo advenimiento. Se precipitó cuando todas esas señales notables y períodos proféticos parecieron coincidir. No fue solo una fecha, un evento o una pieza de evidencia. Fue toda esa evidencia combinada. Esa es la forma en que Dios siempre ha buscado convencernos a lo largo de la historia del conflicto. No solo un poco aquí y un poco allá, sino una acumulación de evidencia.
Algunos de esos entusiastas «adventistas» fueron guiados por su estudio de los tiempos proféticos y las evidencias celestiales a comenzar a prestar especial atención a los mensajes de los tres ángeles en Apocalipsis 14. Llegaron a la conclusión de que había llegado el momento de que estos tres mensajes de advertencia e invitación fueran dados a todo el mundo. Emprendieron una aventura muy audaz. La emoción y la decepción de aquellos días son parte de la historia religiosa. Hay millones de cristianos en el mundo hoy que todavía están de acuerdo en que aquellos primeros adventistas efectivamente habían visto la señal de Dios de que la Segunda Venida estaba cerca. Al principio no la interpretaron correctamente. No era una señal para empacar para el viaje al Cielo. Más bien, era un llamado de Dios para preparar a todo el mundo para su venida. Es por eso que todavía estamos aquí, porque no hemos completado la tarea.
El tiempo ha transcurrido mucho más de lo que los primeros adventistas esperaban. Las señales que tanto los conmovieron ocurrieron hace cientos de años. Pero ¿nos sorprende o incluso nos avergüenza que nuestro Dios esté dispuesto a esperar tanto? ¿Nos preocupa más nuestra reputación o la suya? La buena noticia, el evangelio, no se trata de nosotros.
A veces creo que cometemos ese error. Actuamos como si las buenas noticias fueran sobre nosotros, pero no es así. Las buenas noticias son sobre nuestro Dios. Ahora bien, si nuestro fracaso en completar la tarea ha contribuido a la larga demora, entonces merecemos avergonzarnos. Pero cuanto más espera Dios, más misericordioso se muestra. Su demora solo confirma las buenas noticias. La demora debería llevarnos a hablar con orgullo de nuestro Dios y a no cometer el terrible error que cometió Jonás.
Verán, Dios necesita mejores testigos que Jonás. Los maestros renuentes de la verdad, movidos solo por el miedo o la obligación, son en sí mismos una triste negación de la buena noticia. Dios espera a personas que, en palabras de Pedro: «Esperen con ansia la venida del Día de Dios y trabajen para apresurarlo». 2 Pedro 3:12, NVI.
¿Cuánto tiempo tendrá que esperar Dios?
Esto nos lleva a la pregunta: ¿cuánto tiempo más crees que Dios tendrá que esperar? Bueno, podemos confiar en que Dios esperará tanto como haya esperanza para cualquiera. También podemos confiar en que Dios no esperará ni un segundo más de lo razonable. Después de todo, ¿quién anhela más que Dios poner fin a todo, recrear este mundo y dárselo a sus santos que confían en él? ¿Cuándo, entonces, terminará? Solo Dios, quien lee cada pensamiento, sabrá cuándo se han tomado las decisiones finales. Por eso Jesús dio este consejo en Mateo: «Así que, también ustedes deben estar siempre preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan». Mateo 24:44 (NTV).
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Dios nunca nos pide que creamos sin pruebas. No ofrece afirmaciones, sino demostraciones, y esto lleva tiempo.
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Sin embargo, no estamos completamente a oscuras sobre esto. Pablo nos aconseja en 1 Tesalonicenses: “Pero ustedes, hermanos, no viven en tinieblas, por lo que el día no los tomará por sorpresa como un ladrón”. 1 Tesalonicenses 5:4, Kleist y Lilly . Verán, como los ángeles, no sabemos el día ni la hora exactos. Pero sí sabemos lo que sucederá antes de que llegue el Fin. Podemos contar con ello. Después de todos estos años y después de pagar un precio tan alto, Dios no está dispuesto a cambiar su manera de guiar a la familia. Tampoco está dispuesto a fallar. Consistente con la forma en que Dios siempre ha manejado este conflicto en la familia, Él nunca nos pide que creamos sin evidencia. Él no ofrece afirmaciones, sino más bien demostraciones, y esto lleva tiempo. Sabemos que Dios no vendrá hasta que el mundo haya sido advertido. Y no vendrá hasta que Sus hijos estén listos. Pero cuando estén listos, Él no perderá tiempo. Él vendrá.
¿Y cuándo cree usted que terminará el conflicto?
Preguntas y respuestas
Louis Venden: Nuestra pregunta en este capítulo ha sido: «¿Cuándo terminará el conflicto?». Por lo que ha dicho, el fin del conflicto parece estar estrechamente ligado a la Segunda Venida de Cristo. Pero ¿es ese realmente el fin del conflicto? ¿No hay otros eventos muy importantes, como el Milenio y la destrucción de los malvados, que forman parte de lo que podríamos llamar «el conflicto»?
Graham Maxwell: Es cierto. Hay acontecimientos importantes que ocurren después de la Segunda Venida. Pero en cierto sentido, la Segunda Venida realmente marca el fin del conflicto, porque la clave del conflicto no es una guerra física en la que los poderes del cielo se enfrentan a los poderes de la tierra. Más bien, el conflicto esencial reside en la mente de los hijos de Dios en todo el universo. Y la Segunda Venida significa que todo ha terminado en ese sentido. Los leales están comprometidos para siempre con la lealtad, y los desleales están comprometidos para siempre con su rechazo rebelde a Dios. El conflicto importante es el que se desarrolla en nuestras mentes.
Hemos hablado de cómo el aspecto más esencial del conflicto es que Dios demuestre la verdad sobre sí mismo. Algunos objetarán: «Eso no nos hace muy importantes». Pero si su demostración no nos lleva a la convicción interior, ha fracasado. Así que no somos solo peones. Él intenta ganarnos. Estamos muy involucrados en este conflicto. No es solo celestial; esta guerra se libra en la mente de los propios hijos de Dios.
Lou: Esto nos lleva de vuelta al primer capítulo, el que trata sobre la naturaleza del conflicto. Si se tratara de una lucha de poder o de ejércitos, Dios podría haberlo resuelto en un minuto. En cambio, es una lucha por decisiones relacionadas con la confianza.
Graham: Así que no somos meros espectadores del conflicto. Estamos muy involucrados y estamos llegando a comprender algunas de las preguntas más importantes sobre Él.
Lou: Ya que hablamos del Fin, me recuerda la primera carta de Juan: «Hijos, es la última hora. Sabemos que es la última hora» (basado en 1 Juan 2:18). ¿Se equivocó Juan?
Graham: Todos los escritores bíblicos que tratan el tema describen el Fin como muy cercano. Pienso en Joel y en el propio Jesús, quienes dijeron que el Fin estaba muy cerca. También se podría mencionar la declaración de Pedro: «Para el Señor, mil años son como un día, y un día como mil años» (basado en 2 Pedro 3:8). Luego, Juan vio señales del anticristo en la apostasía de algunas personas clave de la Iglesia, lo que le llevó a creer que el Fin estaba cerca (1 Juan 2:18-19). Y la muerte inminente de Juan (tenía más de noventa años) también sugería que podría haber estado cerca (Juan 21:20-23).
Una noche, quizás poco después de escribir sus cartas, Juan se durmió en la muerte. Cuando despierte, tras el sueño más reparador de su vida, ¡será la Segunda Venida! Ahora bien, podría tener algunas preguntas sobre el momento del Fin en ese momento, pero dudo que tenga alguna queja. Y aunque no vio los grandes acontecimientos finales antes de la Segunda Venida, podrá presenciar todo a partir de entonces: el Milenio, la Tercera Venida, la recreación del mundo (Apocalipsis 20 y 21). Juan no se perderá nada de eso. Lo único que realmente extrañará serán los problemas del Fin de los Tiempos (Daniel 12:1; Apocalipsis 7:14). Como ya hemos comentado, los santos que se duerman antes de la venida del Señor se levantarán a tiempo para todo lo que realmente importa. Incluso se levantarán primero (1 Tesalonicenses 4:16-17).
Lou: Juan habla del Anticristo en sus cartas (1 Juan 2:18, 22; 4:3; 2 Juan 1:7). ¿Qué es el Anticristo? ¿Qué entendemos por ese término?
Graham: «Anti» sugiere oposición, y esa oposición se expresa de muchas maneras. La más destructiva no es la oposición abierta, sino la tergiversación sutil. Si alguien tergiversa a Cristo, es un «anticristo».
Lou: Así que no es sólo una persona en toda la historia del mundo.
Graham: Hay muchísimos anticristos. Ya en los días de Juan habían surgido muchos anticristos (1 Juan 2:18). El espíritu del anticristo ha estado obrando durante cientos y miles de años. Creo que el fin siempre ha estado muy, muy cerca. Si se hubieran dado las condiciones, todo habría terminado mucho antes.
Lou: Mientras Jesús hablaba con sus discípulos en el Monte de los Olivos, dijo que no sabía el tiempo, el día ni la hora (Mateo 24:36) de su venida. Esa afirmación era cierta entonces. ¿Sigue siendo cierta? ¿Acaso Jesús no lo sabe ahora?
Graham: Entiendo que Él ha recuperado todo su poder real, y por eso ahora lo sabe. Según Filipenses 2:6, cuando estuvo aquí, realmente se despojó a sí mismo. Vivió como ser humano para demostrar que los seres humanos, por el poder de Dios, pueden llevar una vida buena. No usó ningún poder que nosotros no podamos usar. Así que acepto lo que dijo entonces. En realidad, no lo sabía en ese momento, pero sí lo sabe ahora.
Sin embargo, me impresiona que diga que el Padre sabe. Algunos se preguntan cuánto puede saber el Padre sobre el futuro. Después de todo, si el conflicto está en nuestras mentes, si el conflicto es sobre la confianza, entonces el conflicto se trata de decisiones morales. Así que Jesús estaría diciendo: «El Padre sabe cuándo el mundo habrá tomado una decisión y estas decisiones morales». Esta es mi base para creer que Dios puede prever nuestras decisiones morales. Si no las conociera, ¿cómo podría saber el día ni la hora en que el conflicto terminará?
Lou: Hablaste de las señales en el sol, la luna (1780 d. C.) y las estrellas (1833 d. C.), y estos eventos parecen haber ocurrido hace mucho tiempo. ¿No habló Jesús también de «esta generación»? Mateo 24:34. ¿No sería la generación que vio algunas de estas señales la que no pasaría? Si tienes razón sobre las fechas de estas señales, ¿se equivocó Jesús sobre «esta generación»?
Graham: Creo que conozco unas doce explicaciones diferentes de «esta generación». Y todas intentan extenderla cada vez más. Recuerdo cuando algunos pensaron que era una buena noticia leer en el periódico que alguien que vivía en Mongolia Exterior había cumplido 167 años. Y la gente decía: «¡Qué bien, esa generación sigue viva!». Creo que esa generación desapareció hace mucho. Tendría que relacionarlo con expresiones similares en la Biblia. Significa que podríamos haber completado la obra en aquellos días. Dios siempre nos ha ofrecido este tipo de posibilidades. Podríamos haberlo hecho, pero no lo hicimos. Creo que la generación que vio esas señales debería haber visto el Fin.
Lou: ¿Es posible que haya más señales que debamos buscar? Por ejemplo, no mencionaste Daniel 12:4: «El conocimiento aumentará, y hombres y mujeres correrán de un lado a otro».
Graham: Sí, lo bueno de eso es que se puede actualizar constantemente a medida que el conocimiento y los viajes siguen aumentando. Es muy interesante ver las imágenes de la antigua revista Signs of the Times , que papá editó durante tanto tiempo. En las primeras portadas se ven hombres corriendo de un lado a otro en anticuados automóviles Modelo T, e incluso antes en locomotoras anticuadas. Pero periódicamente tenían que avisar al Departamento de Arte: «Actualicen esto, porque ahora la gente corre un poco más rápido de un lado a otro, y el conocimiento sigue aumentando». Y se puede ver la evolución del avión, así como del automóvil. Y luego, por supuesto, cuando despegó el primer cohete y el Sputnik ya estaba en órbita, tuvieron que avisar al Departamento de Arte: «Actualicen Daniel 12:4 de nuevo». Cualquier cosa que se pueda actualizar durante cientos de años no sirve de mucho como señal, incluso si se supone que un aumento del conocimiento y el transporte nos indica que el Fin está cerca.
Así que tengo que volver a leer Daniel 12:4. El texto dice que el conocimiento de las profecías del libro de Daniel aumentará como resultado de la búsqueda urgente de la gente. Las palabras usadas en Daniel son las mismas que las de Amós 8:11-12: «Habrá hambre de la Palabra. La gente correrá de un lado a otro buscándola, pero no la encontrarán». Así que, en el contexto de Daniel 12 en hebreo, creo que esto significa que las profecías de Daniel, que quedaron selladas hasta el Tiempo del Fin, serían entonces estudiadas de nuevo. Y como resultado de ese estudio, la gente llegaría a comprender las predicciones de Daniel, y comenzaría un gran movimiento de segunda venida. Y esto es exactamente lo que sucedió. Así que fecharía el cumplimiento de Daniel 12:4 alrededor de 1798, cuando las profecías de Daniel y Apocalipsis estaban recibiendo nueva atención. Esta profecía coincide con las señales celestiales de las que hablábamos.
Lou: Hablar de profecías cumplidas me recuerda una pregunta que uno de nuestros oyentes nos escribió muy bien. Dice: «¿Qué respuesta le daría a mi vecino que cree que Israel volverá a ser una gran nación? Hay muchas promesas incumplidas para Israel. Él cree que estas promesas aún no se han cumplido y basa sus creencias en Jeremías 31:35-36; Isaías 2:2-5; Romanos 11 e Isaías 31. Y este vecino no acepta estas promesas del Antiguo Testamento como condicionales, que terminan con la muerte de Cristo. Dice: ‘Dios cumplirá sus promesas a Abraham’». Aquí hay alguien que piensa que lo que está sucediendo en el país de Israel debe estar relacionado con los eventos que estamos comentando.
Graham: Bueno, lo que me gusta es su selección de versículos. Todos son excelentes. Y si los comparamos, todos expresan ciertas cualidades. Por ejemplo, en Romanos, Pablo dice: «No todos los descendientes físicos de Abraham son verdaderos israelitas; solo los hijos de la promesa» (Romanos 9:6-8). E Isaías dice que, aunque los hijos sean «como la arena del mar en multitud, solo un remanente se salvará» (Isaías 10:22), porque solo un remanente responderá. Y Jeremías dice: «Solo aquellos que tienen mi ley escrita en el corazón serán mis hijos leales» (Jeremías 31:33).
Cada uno de esos escritores bíblicos sugiere que muchos de los hijos físicos de Abraham no estarán entre el pueblo leal de Dios. Pablo, por ejemplo, dice que solo aquellos cuyo corazón esté circuncidado serán considerados verdaderos israelitas (Romanos 2:26-29). Así que creo que si uno analizara con atención los pasajes que allí se mencionan, tendría la respuesta. Yo no consideraría lo que sucede en Israel hoy como el cumplimiento de una profecía. Dios observa el estado de Israel hoy como observa a todos los demás pueblos del mundo; si confían en Él, todo estará bien.
Lou: Mencionaste que la venida de Cristo, en cierto sentido, ha estado cerca durante siglos. ¿Crees que este retraso en su venida ha tomado a Dios por sorpresa?
Graham: Tu comentario me recuerda la afirmación: «Mi Señor tarda en venir» (Mateo 24:48; Lucas 12:45). Se cree que es malo decirlo. Pero en la historia, el Señor sí tardó en venir. Lo malo no fue el retraso en sí, sino que el sirviente del relato comenzó a portarse mal mientras el Señor retrasaba su venida. El Señor, en su misericordia, ha retrasado su venida. La Biblia prevé esto muchísimas veces. Una de ellas es la historia de Jesús sobre las diez jóvenes que esperaban la boda (Mateo 25:1-13). El novio se retrasó, y todas durmieron, incluso las cinco santas. Otro ejemplo es el texto sobre los cuatro vientos que fueron retenidos (Apocalipsis 7:1-3). Son retenidos hasta que un ángel se presenta y dice: «No habrá más demora» (Apocalipsis 10:6). 2 Pedro 3 no solo predice un retraso, sino que lo explica. La Biblia nos prepara muy claramente para la demora, pero no debemos malinterpretarla. Dios no ha sido tomado por sorpresa.
Lou: Como mencioné antes, he notado que a veces hablas de los «primeros creyentes adventistas» con «a» minúscula. Supongo que estoy tan acostumbrado a verlo con «A» mayúscula que me preguntaba a qué te referías.
Graham: Uso deliberadamente «a» minúscula porque hay muchos otros «adventistas» además de los Adventistas del Séptimo Día. Hemos sido bastante posesivos con ese nombre. Pero hay muchos «adventistas» en otras denominaciones, adventistas en el sentido de que anticipan el Adviento. Así que «adventista» con «a» minúscula no se refiere a una denominación.
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La Biblia nos prepara muy claramente para la demora, Dios no ha sido tomado por sorpresa.
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Lou: Tú y yo somos adventistas con mayúscula. Es decir, pertenecemos a una iglesia que quiere enfatizar el regreso de Cristo incluyendo esa verdad en su nombre. Creciste, como yo, con nuestros padres hablando de que el Fin estaba cerca. Recuerdo de pequeño leer esa revista que tu padre editó con tanta habilidad durante muchos años, Señales de los Tiempos. Y no puedo evitar hacerte esta pregunta: Con todos esos antecedentes, ¿sigues creyendo que el Fin está cerca? ¿De verdad crees que Jesús vendrá pronto?
Graham: Le pregunté eso a mi padre. Lo oí predicar sobre la cercanía del fin durante cincuenta y cinco años. De niño, solía recorrer Inglaterra con mi padre, cantando y leyendo las Escrituras. Él predicaba sobre la cercanía del fin. Siempre predicaba sobre la cercanía del fin. Así que, justo antes de morir, le pregunté: «¿Todavía lo crees después de todos estos años?». Él respondió: «Si hubiera visto y sabido todo lo que hemos visto y aprendido estos últimos años, lo habría predicado con mucho más vigor». Así que papá quedó completamente convencido. Pero también es cierto que Dios está esperando, y podemos contar con Él. La espera de Dios es incluso evidencia de la buena noticia; Él está dispuesto a esperar aunque esté tan ansioso por terminar con todo.
Lou: Tuve el privilegio de ser pastor de tu padre durante un par de años allá en Mountain View, y siempre fui bendecido por su firme convicción y confianza en la pronta venida de Cristo. Y llegué a la conclusión de que tu padre y el mío anhelaban el regreso de Alguien a quien amaban profundamente y en quien confiaban profundamente.
Graham: Incluso mi abuelo era igual. Murió a los noventa y cinco años, aún confiando en el pronto regreso de Jesús. Así que he crecido escuchando sobre la cercanía del Fin toda mi vida.
Lou: No estaban simplemente buscando que sucediera algo; estaban buscando a Alguien que quisiera que viniera.
Graham: Se puede decir que al tío Arthur que escribió Bedtime Stories obviamente le gustaba Dios.
Lou: Así es. Pero déjame preguntarte esto: ¿Esperabas que las cosas tardaran tanto?
Graham: Bueno, pensamos que era casi una falta de fe sugerir que las cosas podrían llevar más de cinco o diez años.
Lou: Cuando éramos jóvenes, parecía imposible que aún estuviéramos aquí. ¿Qué te lleva ahora a pensar que el Fin está cerca y que la venida del Señor podría ocurrir pronto?
Graham: Una forma sería revisar la descripción bíblica de los eventos que ocurrirán y buscar evidencia de ellos. Otra forma sería pensar en la perspectiva más amplia del Gran Conflicto. Dios es coherente consigo mismo, con su gobierno y con su forma de manejar las cosas. Es coherente en cómo trata a su familia, cómo trata a la oposición y cómo quiere dejar las cosas completamente claras. Él terminará las cosas de cierta manera. Así que busco que las cosas terminen de esa manera. Por ejemplo, el evangelio llegará a todo el mundo (Mateo 24:14). Pero es difícil medir eso en algunos aspectos.
Aquí hay una evidencia más medible de su pronto regreso. La buena noticia se basa en la Biblia. La gente debe poder acceder a las Escrituras. Y nunca antes la Biblia había estado tan fácilmente disponible ni tan legible como ahora. Una condición clave para el Fin es que la Biblia se difunda al mundo. La oportunidad de conocer la verdad sobre Dios está aumentando.
Otra evidencia sería que Dios no soltará los cuatro vientos de calamidad hasta que su pueblo se haya asentado en la verdad (Apocalipsis 7:1-3). Si lo viera aparentemente liberándolos, sugeriría que sus amigos se están asentando en la verdad. Algunas de las cosas que suceden en el mundo hoy en día hacen que uno se pregunte si los cuatro ángeles están soltando su control.
Hay otro indicador importante. Las personas en el mundo necesitan reconocer su libertad para hacer preguntas y tomar sus propias decisiones. No pueden aceptar la verdad impuesta sobre Dios. Necesitan pensar por sí mismas. Y percibo un gran anhelo de libertad en todo el mundo. A menudo, al principio, la gente no sabe cómo manejarlo, pero el deseo de libertad en todo el mundo es un indicador importante. También hay cada vez más intentos de reprimir la libertad en ciertas partes del mundo. La libertad es la esencia de esto. Las personas deben reconocer su derecho a sopesar la evidencia por sí mismas.
Pero quizás, sobre todo, buscaría la falsificación. El último intento de Satanás por engañarnos será una falsificación brillante. Creo que ver cómo se desarrolla la falsificación sería lo más preocupante.
Lou: En términos de falsificaciones hoy en día, ¿cuál considera usted que es la amenaza más grave?
Graham: No veo la falsificación como una oposición abierta ni como un asunto de blanco o negro. La falsificación será algo muy cercano a la verdad. La Biblia habla de un evangelio falso que llegará a todo el mundo, del derramamiento del Espíritu Santo y de la presencia de maravillas (Apocalipsis 13:13-14; 16:13-14). Y creo que, sin acusar a nadie en particular, hay un vasto avivamiento espiritual falso que se extiende por todo el mundo. Hay muchas personas inocentes atrapadas en él y que buscan la verdad.
Sin embargo, el énfasis en este falso avivamiento no está en la verdad. No se trata de sopesar la evidencia de las Escrituras. Ni siquiera se trata de Dios. Se trata de nosotros mismos. Se trata de nuestros sentimientos. Y en este tipo de religión se hace mucho hincapié en «conectar con los sentimientos». Pensamos demasiado en nosotros mismos. En este tipo de religión, se hace mucho hincapié en los sentimientos, en sentir el poder que sube a través de ti, desde los pies hasta la cabeza.
El evangelio, por el contrario, se comprende mejor al revés. Debe venir primero por la cabeza. La verdad se comprende con la mente, una mente santificada por el Espíritu de Verdad. La fe verdadera produce un gran sentimiento, pero empezar centrado en el sentimiento es muy arriesgado. La buena noticia es «conectarse con Dios», no con los sentimientos. Una religión de sentimientos es encantadora, hay mucho amor y se derraman lágrimas, con milagros de sanidad y aparentes conversiones. El engaño estará muy cerca de la verdad. Pero como dijo una vez una amiga nuestra: «Temo cualquier cosa que tienda a desviar la mente de las sólidas evidencias de la verdad revelada en la Palabra de Dios. Me da miedo. Me da miedo. Debemos ajustar nuestra mente a los límites de la razón, no sea que el enemigo entre y lo desordene todo». Elena G. de White, Mensajes Selectos, vol. 2, pág. 43.
Lou: Para aclarar, al principio de tu comentario anterior dijiste que el conflicto no era una cuestión de blancos y negros. No te referías a una diferencia racial, ¿verdad?
Graham: No. Hablaba de falsificaciones que llegan con matices de comprensión y engaño. Satanás vendrá como si fuera Cristo, así que la falsificación parecerá cristiana.
Lou: ¿Cuál crees que es la principal causa del retraso? ¿Estamos contribuyendo a esto? Has hablado de la paciencia de Dios y de cómo el retraso realmente lo hace quedar bien. ¿Dónde encajamos en esto?
Graham: Quizás seamos candidatos para el Reino, pero no estamos dando el mensaje que debe ser escuchado. Creo que la principal causa del retraso es que siempre damos un mensaje inicial y no uno final. Ofrecemos una perspectiva más estrecha, algo egocéntrica. Guiamos a la gente a preocuparse con gratitud por su propia salvación. Estamos agradecidos por lo que Dios ha hecho por nosotros, pero nos preocupamos por nosotros mismos a otro nivel. El mensaje final, el gran anuncio al mundo que preparará al mundo para el engaño, trata sobre Dios. Tenemos que hablar del panorama general, los temas del Gran Conflicto. Tenemos que ayudar a la gente a comprender el panorama completo en las Escrituras. Ese es el mensaje final. Pero mientras tanto, seguimos usando medidas de emergencia para que la gente sea reverente y se comporte bien. Mientras tengamos que depender de reglas, regulaciones, autoridad y pompa para mantener a la gente reverente, los mantendremos en una condición infantil. Hasta que no podamos liberar verdaderamente a la gente, no estaremos dando un mensaje definitivo.
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La falsificación no será una oposición abierta ni una cuestión de blanco o negro, será algo muy, muy cercano a la verdad.
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Lou: ¿Qué circunstancias impulsarán a la gente a aceptar una visión más amplia de Dios? ¿Crees que se necesitará algún evento aterrador, una catástrofe mundial o algo similar?
Graham: Eso se sugiere a menudo como catalizador, pero el miedo es más la experiencia al pie del Sinaí. El miedo es el inicio. El miedo no es la manera de terminar. Cómo el Señor lo hará posible, no lo sé. Las pólizas de seguro a veces mencionan «actos de Dios». Pero cuando se presente la oportunidad, ¿estaremos listos para aprovecharla? Cuando la gente quiera escuchar la verdad sobre Dios, ¿estaremos listos para ayudarles a encontrarla?
Lou: ¿Cuál es la mejor manera de prepararse para esto, de aprovechar estas oportunidades?
Graham: Creo que se trata de comprender la importancia de esta perspectiva más amplia, la del Gran Conflicto: la verdad sobre nuestro Dios. Dado que esta se encuentra en los sesenta y seis libros de la Biblia, no hay nada más práctico y esencial que aprender a leer la Biblia en su conjunto. Necesitamos un gran avivamiento del estudio de toda la Biblia, de cada historia. Necesitamos tomar la Biblia y leerla de principio a fin para obtener esta perspectiva más amplia y decidir si nos gusta o no. Y si estamos orgullosos de ella, se reflejará en nuestra forma de hablar. No hablaremos tanto de nosotros mismos, sino de nuestro Dios. Entonces, cuando llegue la oportunidad, estaremos listos.
Lou: En un funeral reciente, compartiste tu convicción sobre la cercanía del regreso de Jesús. Viene pronto. ¿Podrías repasar eso aquí? ¿A qué te refieres con eso? Predicabas lo mismo hace años, así que, «¿Qué tan cerca está cerca?»
Graham: De hecho, usé ese título hace unos cuarenta años en Pacific Union College: «¿Qué tan cerca está cerca?». Creo que, históricamente, el gran acontecimiento que se avecina está a la vuelta de la esquina, porque lo que se necesita hacer se puede hacer. Y creo que el aumento del conocimiento, que predijo Daniel 12:4, está ocurriendo. Observen la tecnología actual para comunicarse con todo el mundo: una tecnología increíble.
Quizás sea posible comunicarse con todo el mundo y darles esta imagen. Por otro lado, la Segunda Venida está tan cerca como nuestro último aliento. Y por eso pienso en ella en los funerales. Cuando un ser querido muere, el siguiente instante de consciencia lo pondrá cara a cara con el Señor en la Segunda Venida. Y me encanta el pasaje de Tesalonicenses que dice que si alguien muere antes de que el Señor venga, no se habrá perdido nada; resucitará primero. Luego, nosotros los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos para recibir al Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:15-17).
Más importante que saber cuándo llegará el fin es confiar en Dios. Si muero esta noche, quiero morir como su hijo que confía en Él, porque entonces resucitaré como su hijo que confía en Él. No tendré quejas, muchas preguntas, pero ninguna queja. Incluso podríamos decir: «En cierto modo, quería vivir los eventos finales». Creo que Pablo sí. Se sentía dividido entre quedarse para ayudar a los corintios y su deseo de estar con el Señor (2 Corintios 5:8-9). No creía en la inmortalidad del alma. Sabía que, como ciudadano romano, cuando le cortaran la cabeza con esa espada afilada, en el siguiente instante de consciencia estaría cara a cara con Aquel de quien había estado predicando con tanto orgullo. No tenía quejas.
De una forma u otra, el fin está muy cerca. Especialmente en un centro médico, mientras muchas personas se enfrentan al final de sus vidas, tenemos buenas noticias para ellas: «Si te duermes esta noche, despertarás al siguiente momento de un sueño profundo, cara a cara con el Señor». Así de cerca está para nosotros personalmente. Pero creo que el gran evento global también está cerca.
Lou: Estamos casi al final del libro, el último capítulo explora el resultado final del conflicto.
La pregunta esta vez no es cuándo, sino ¿ cuándo? El conflicto terminará cuando los hijos de Dios en este planeta hayan respondido plenamente a su última súplica (Capítulo Dieciocho), estén tan arraigados en la verdad que puedan resistir el último intento de Satanás por engañarlos (Capítulo Diecisiete) y, como creyentes adultos, no solo puedan sobrevivir al tiempo de angustia, sino que, como Job, hablen con sinceridad de nuestro Padre celestial (Capítulo Dieciocho).
“¿Qué tan pronto?”, le preguntaron los discípulos a Jesús. “Dinos, ¿cuándo sucederá esto? ¿Cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?” (Mateo 24:3). Jesús habló de perturbaciones alarmantes en la tierra y el cielo, de la creciente desconfianza entre las naciones, del surgimiento de falsos líderes religiosos y de la Buena Nueva que llegaría a todo el mundo. Dijo que el fin estaba cerca, ¡hace más de 1900 años! Pero, ¿cuán cerca es “cerca”? Poco antes de morir, Juan escribió: “Hijos, es la última hora… sabemos que es la última hora” (1 Juan 2:18). ¿Estaba equivocado? Cuando Juan se levante en la Segunda Venida, se sorprenderá al descubrir cuánto tiempo ha estado dormido. Puede que tenga algunas preguntas, ¡pero seguramente no quejas! Y habrá eventos trascendentales que aún no ha presenciado.
Hace aproximadamente un siglo y medio, surgió en diversas partes del mundo la creciente convicción de que había llegado el momento del regreso de Jesús. Miles de cristianos en todo el mundo aún coinciden en que aquellos primeros creyentes adventistas sí vieron la señal de Dios de la pronta venida de Cristo. Pero esta no era una señal para retirarse del mundo y preparar el viaje al cielo. Era un llamado de Dios para terminar la obra de preparar al mundo para su venida.
Es cierto que el tiempo ha durado mucho más de lo que los primeros adventistas esperaban. Las señales que tanto los conmovieron tienen más de cien años. Pero ¿nos sorprende, incluso nos avergüenza, que nuestro Dios haya estado dispuesto a esperar? ¿Nos preocupa nuestra reputación o la suya? Si al no completar nuestra tarea contribuimos a la demora, entonces merecemos avergonzarnos. Pero cuanto más espera Dios, más misericordioso se muestra. ¡Su demora solo confirma la Buena Nueva!
¿Cuánto tiempo más crees que Dios tendrá que esperar? Podemos confiar en que esperará mientras haya esperanza para todos. Pero Aquel que lee cada pensamiento nuestro sabrá cuándo se toman las decisiones finales. «Así que —aconsejó Jesús—, estén siempre preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan» (Mateo 24:44). A lo que Pablo añadió: «Pero ustedes, hermanos, no están en tinieblas, y el día no debe sorprenderlos» (1 Tesalonicenses 5:4). ¿Qué debemos estar esperando?
Pasajes bíblicos incluidos:
Mateo 24:3. “Dinos, ¿cuándo será esto y cómo podremos saber cuándo volverás y el mundo llegará a su fin?” Beck.
Mateo 24:36. “Pero en cuanto al día y la hora, nadie sabe, ni siquiera los ángeles de los cielos, ni siquiera el Hijo, sino solo el Padre.”
Juan 14:1, 3. «Tranquilicen sus corazones atribulados. Confíen siempre en Dios; confíen también en mí. […] Vendré otra vez y los tomaré conmigo, para que donde yo estoy, ustedes también estén».
Mateo 24:26-27, 30-31. «No lo crean. Porque el Hijo del Hombre vendrá como un relámpago que destella por todo el cielo, de oriente a occidente. […] Y todos los pueblos de la tierra llorarán al ver al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Sonará la gran trompeta, y él enviará a sus ángeles a los cuatro puntos cardinales de la tierra, y reunirán a su pueblo escogido de un extremo a otro del mundo».
Apocalipsis 1:7. “Todo ojo le verá.” RVR.
Isaías 25:9. “En aquel día dirán: “Ciertamente este es nuestro Dios; en él confiamos, y nos salvó. Este es el Señor; en él confiamos; regocijémonos y alegrémonos en su salvación.” NVI.
Apocalipsis 6:16. “Y gritaron a los montes y a las peñas: ‘¡Caigan sobre nosotros y escóndannos del rostro de aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero!’” NVI.
2 Crónicas 36:15-16. “El Señor, el Dios de sus padres, les envió mensajes con insistencia, porque tenía compasión de su pueblo […]. Pero ellos siguieron burlándose de los mensajeros de Dios, menospreciando sus palabras y mofándose de sus profetas, hasta que la ira del Señor se encendió contra su pueblo, y ya no hubo remedio.”
Romanos 2:4. “¿Acaso malinterpretas la generosidad y la misericordia paciente de Dios hacia ti como una debilidad de su parte? ¿No te das cuenta de que la bondad de Dios tiene como propósito llevarte al arrepentimiento?” Phillips.
Habacuc 2:3. “Parece que tarda en llegar, pero espéralo; sin duda sucederá.”
2 Pedro 3:3-4. “En los últimos días vendrán hombres que se burlarán de la religión y vivirán vidas egoístas, y dirán: ‘¿Dónde está ahora la promesa de su venida? Nuestros padres han sido sepultados, pero todo sigue exactamente como siempre ha sido desde el principio del mundo’”.
2 Pedro 3:9. “No es que el Señor tarde en cumplir su promesa, como algunos suponen, sino que es muy paciente para con vosotros, porque no es su voluntad que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
Jonás 4:2-3. «Señor, ¿no te dije antes de irme de casa que esto es precisamente lo que harías? ¡Por eso hice todo lo posible por huir a España! Sabía que eres un Dios amoroso y misericordioso, siempre paciente, siempre bondadoso y siempre dispuesto a cambiar de opinión y no castigar. Ahora pues, Señor, déjame morir. Prefiero morir que vivir».
Mateo 24:29. “El sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor; las estrellas caerán del cielo…” NVI.
2 Pedro 3:12. “Esperad con ansia la venida del día de Dios y trabajad por apresurarlo.” NEB.
Mateo 24:44. “Así que también ustedes deben estar siempre preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan.”
1 Tesalonicenses 5:4. “Pero ustedes, hermanos, no viven en tinieblas; por eso el día no los tomará por sorpresa como un ladrón.” Kleist y Lilly.