Paso 1: Traducción Crítica y Filológica (Eje Paulien/BDAG)
Para este análisis, partimos del texto del Novum Testamentum Graece (NA28). La estructura sintáctica de este primer verso es fundamental, ya que actúa como el «genoma» teológico de toda la obra.
1.1. Traducción Crítica Directa
«La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y él la significó [comunicó mediante símbolos] enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.»
1.2. Análisis Lexicográfico y Filológico (Filtro BDAG/EDNT)
Ἀποκάλυψις (Apokalypsis): En el NT, este sustantivo a menudo denota la manifestación de un conocimiento antes oculto. Según BDAG, aquí funciona como un título descriptivo. Es vital notar que no lleva artículo definido, lo que en griego helenístico puede enfatizar la naturaleza del escrito: es, por definición, un «desvelamiento».
Ἰησοῦ Χριστοῦ (Iēsou Christou): Genitivo de relación. Existe un debate exegético entre el genitivo objetivo (la revelación sobre Cristo) y el subjetivo (la revelación que pertenece a Cristo). Siguiendo a Paulien, se favorece el genitivo subjetivo: Cristo es el agente de la revelación, aunque el sentido plenario sugiere que Él es también su contenido central.
δεῖξαι (deixai): Aoristo activo infinitivo de deiknumi. BDAG resalta su uso no solo como «mostrar visualmente», sino como «exponer» o «dar a conocer». Es el término técnico para la función del angelus interpres.
ἐσήμανεν (esēmanen): Aoristo activo de sēmainō. Este es el término crítico del verso. Deriva de sēma (señal/signo). BDAG lo define como «dar una señal» o «comunicar mediante símbolos». Esta elección verbal de Juan previene contra una interpretación literalista cruda; el mensaje es, por naturaleza, simbólico-profético.
ἐν τάχει (en tachei): Locución adverbial. No denota necesariamente inmediatez cronológica desde una perspectiva humana, sino la certidumbre y la calidad de los eventos desde la perspectiva del tiempo divino (kairos), sugiriendo que, una vez iniciados, los eventos se precipitan hacia su fin.
1.3. Variantes y Helenismos
Intertextualidad Lingüística: La frase ha dei genesthai (lo que debe suceder) es un calco semántico de Daniel 2:28 (LXX: ha dei genesthai). Juan está «hebraizando» el griego, utilizando una sintaxis que evoca directamente la autoridad profética del Antiguo Testamento.
Hapax Legomena: Aunque el verso no contiene hapax (palabras que aparecen una sola vez en el NT), el uso de sēmainō en este contexto es altamente específico, vinculándose con la tradición de los profetas que «señalizan» el futuro.
1.4. La Cadena de Transmisión
El verso establece una jerarquía de mediación que Stefanović identifica como la «Cadena de la Revelación»:
Dios (El Padre): La Fuente.
Jesucristo: El Mediador/Dador.
El Ángel: El Mensajero (intermediario celestial).
Juan: El Profeta (intermediario humano).
Sus siervos: Los destinatarios (la Iglesia).
Esta estructura garantiza la autoridad divina del mensaje mientras establece el método de interpretación: la simbolización (esēmanen).
Paso 2: Intertextualidad y Análisis de Alusiones (Eje Paulien)
En este nivel, aplicamos el rigor de Jon Paulien para distinguir entre una alusión verbal (donde hay una correspondencia léxica precisa) y un eco (donde la influencia es temática o estructural). El verso 1:1 es un tejido de hilos veterotestamentarios.
2.1. El Nexo con Daniel: La Regla del 80-85%
La frase fundamental «las cosas que deben suceder» (ha dei genesthai) constituye una alusión directa (Nivel 1 de probabilidad) a Daniel 2:28, 29 y 45 (LXX).
Evidencia Léxica: La construcción en Daniel 2:28 (edeixe… ha dei genesthai) es virtualmente idéntica a la de Apocalipsis 1:1 (deixai… ha dei genesthai).
Contexto Extendido: En Daniel 2, el contexto es la revelación de los «misterios» concernientes al tiempo del fin y la sucesión de imperios que culminan en el Reino de Dios. Juan no solo cita palabras; está importando el escenario teológico de Daniel.
2.2. Re-reading: De lo Político a lo Cristocéntrico
Juan realiza una reinterpretación (re-reading) del texto de Daniel bajo el filtro de la victoria de la cruz:
Daniel: Se enfoca en el «misterio» de la estatua y los reinos terrenales. La revelación es dada a un rey pagano y descifrada por un profeta.
Juan: El «misterio» ahora es Jesucristo mismo. La revelación ya no es solo sobre el cuándo del fin, sino sobre el Quién del fin. Lo que en Daniel era «en los días postreros» (ep’ eschatōn tōn hēmerōn), para Juan ha comenzado a cumplirse en el ministerio de Cristo.
2.3. Identificación de Alusiones y Ecos
Elemento en Apoc 1:1
Fuente del AT
Tipo de Vínculo
Función Exegética
«Revelación» (Apokalypsis)
Dan 2:28, 47
Alusión
Establece que el libro es la resolución de los misterios de Daniel.
«Debe suceder» (Dei genesthai)
Dan 2:28 / Is 48:6
Alusión Verbal
Indica la soberanía divina sobre la historia (Dei = Necesidad divina).
«Mediante su ángel»
Dan 8:16; 9:21; Zac 1:9
Eco Estructural
Sitúa a Juan en la tradición de los profetas post-exílicos que reciben mediación angelical.
«Sus siervos»
Amós 3:7; Is 49:3
Eco
Identifica a la Iglesia como el nuevo Israel, los depositarios de los secretos de Dios.
2.4. La Tensión del «Must» (Dei)
El uso de la partícula $\delta\epsilon\hat{\iota}$ (dei) es crucial. En la hermenéutica de Andrews, siguiendo a Paulien, esto no es determinismo fatalista. Es una «necesidad profética»: las cosas deben suceder porque Dios es el Señor de la historia, y Su propósito de salvación no puede ser frustrado por el dragón (que aparecerá más tarde en la macroestructura).
Observación de Interlocking: Note que el «ángel» que aparece aquí en 1:1 es el mismo que cerrará el libro en 22:6 («…envió su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto»). Esto crea un inclusio que envuelve toda la obra, asegurando que el contenido entre el inicio y el fin es una unidad técnica indivisible.
Paso 3: Escenas del Santuario y Arquitectura Literaria (Eje Stefanović)
Siguiendo la metodología de Ranko Stefanović, el análisis de la arquitectura literaria es vital para entender no solo qué se dice, sino desde dónde se dice. Apocalipsis no es una cronología lineal, sino una serie de visiones estructuradas en torno al Santuario Celestial.
3.1. Ubicación en la Macroestructura
Apocalipsis 1:1 forma parte del Prólogo (1:1-8). En la macroestructura de Stefanović, el libro se divide en dos grandes mitades:
La Mitad Histórica (1-11): Enfocada en la experiencia de la Iglesia en la tierra a través de la historia.
La Mitad Escatológica (12-22): Enfocada en los eventos finales y la consumación.
El verso 1:1 actúa como el pórtico de entrada a la mitad histórica. Establece la legalidad y el origen de todo lo que sigue.
3.2. Relación con las EISS (Escenas Introductorias del Santuario)
Stefanović identifica que cada serie de siete (iglesias, sellos, trompetas) es precedida por una EISS. Aunque 1:1-8 es el prólogo general, prepara el camino para la primera EISS (1:12-20).
El Servicio: En esta sección del libro, el servicio del Santuario que se evoca es el Servicio Diario (Tamid).
Filtro Sacerdotal: Al presentar la revelación como algo que Dios «dio» a Cristo para «mostrar», se sugiere el papel de Cristo como el Sumo Sacerdote que ya ha sido entronizado y ahora comunica la voluntad del Padre desde el Lugar Santo.
3.3. Estructura Quiástica (El Inclusio Mayor)
Existe un paralelismo sintético masivo entre el Prólogo y el Epílogo, lo que Paulien y Stefanović llaman «interlocking estructural». Observe la simetría:
Prólogo (Cap. 1)
Epílogo (Cap. 22)
«Revelación de Jesucristo» (1:1)
«Yo Jesús he enviado mi ángel» (22:16)
«Para mostrar a sus siervos» (1:1)
«Para mostrar a sus siervos» (22:6)
«Las cosas que deben suceder pronto» (1:1)
«Las cosas que deben suceder pronto» (22:6)
«Bienaventurado el que lee/guarda» (1:3)
«Bienaventurado el que guarda» (22:7)
3.4. El Concepto de Interlocking (Eslabón)
El verso 1:1 utiliza un interlocking gramatical. El uso del verbo deixai (mostrar) conecta la fuente divina (el Padre) con la audiencia (los siervos). Este verso no solo inicia el libro, sino que «encadena» la autoridad del Antiguo Testamento (Daniel) con la nueva visión que Juan está a punto de recibir en el verso 9.
Nota Técnica: La mención de «su ángel» en 1:1 es el eslabón que garantiza que el lector entienda que lo que verá en las visiones de los sellos y las trompetas tiene el mismo sello de autenticidad que la revelación directa del trono.
Paso 4: Tipología y Universalización (Eje LaRondelle)
Bajo el marco de Hans LaRondelle, el análisis de Apocalipsis 1:1 exige identificar cómo los conceptos del Antiguo Testamento (tipos) son «cristologizados» y «universalizados» (antitipos) para la Iglesia. LaRondelle insistía en que el Apocalipsis no es una re-judaización del mensaje, sino la expansión del Israel geográfico a la Iglesia global.
4.1. Del Israel Etnocéntrico a los «Siervos» Universales
El término $\delta o\acute{\upsilon}\lambda o\iota\varsigma$ (doulois, siervos) en 1:1 es el primer indicador de universalización.
El Tipo: En el Antiguo Testamento, los «siervos de Dios» eran predominantemente los profetas o el pueblo de Israel como entidad nacional (Amós 3:7, Isaías 41:8).
El Antitipo: En el prólogo juanino, los «siervos» son todos aquellos que pertenecen a las siete iglesias de Asia (y por extensión, a la Iglesia de todos los siglos). La identidad de «pueblo de Dios» ya no está ligada a la genealogía, sino a la relación con el Cordero.
4.2. La Reinterpretación de la Profecía Clásica
LaRondelle argumenta que Juan aplica el modelo de «Doble Cumplimiento» pero con una dirección centrípeta hacia Cristo.
La Fuente: La «revelación que Dios le dio» a Jesús (1:1) evoca el patrón de Moisés en el Sinaí o Daniel en Babilonia.
La Universalización: Mientras que las revelaciones a Daniel tenían un fuerte componente de la soberanía de Dios sobre naciones específicas que rodeaban a Israel, la Apokalypsis de Jesucristo es una soberanía que se ejerce desde el Santuario Celestial sobre toda tribu, lengua y nación. Lo que era local y tipológico en el AT se vuelve global y eclesiológico en el NT.
4.3. El Eje Cristocéntrico: El «Trono» se desplaza
En la tipología de LaRondelle, el Trono de Dios ya no está confinado a un edificio terrenal en Jerusalén.
El verso 1:1 establece que la autoridad fluye de Dios a través de Jesucristo. Esta mediación es el cumplimiento antitípico de todo el sistema levítico.
La «revelación» (apokalypsis) no es solo un mensaje sobre el futuro; es la manifestación de que el Cristo resucitado es ahora el legítimo intérprete de la voluntad del Padre para Su pueblo universal.
4.4. Resumen del Modelo Tipo/Antitipo en 1:1
Elemento (Tipo AT)
Realidad en Cristo (Antitipo)
Proceso de Universalización
Revelación (Sod)
Apokalypsis de Jesús
El «secreto» de los profetas ahora es accesible a todo el cuerpo de Cristo.
Profeta (Moisés/Daniel)
Juan (como siervo)
El oficio profético sirve para edificar a la ekklesia universal, no solo a una nación.
Israel (Siervo de YHWH)
La Iglesia (Sus siervos)
La lealtad al Mesías define la pertenencia al remanente, no la etnia.
Conclusión de LaRondelle: Apocalipsis 1:1 declara que el tiempo de las sombras ha pasado. La «revelación de Jesucristo» es el cumplimiento pleno de la promesa de que Dios no hace nada sin revelarlo a sus siervos, pero ahora esa revelación tiene un alcance cósmico.
Paso 5: Morfosintaxis e Interlocking (Eje Paulien/Stefanović)
Este módulo se enfoca en la «ingeniería» del lenguaje griego y cómo la disposición de los verbos y las cláusulas conecta los bloques narrativos del libro.
5.1. Análisis Morfosintáctico: El predominio del Aoristo
En solo un verso, encontramos una densidad de verbos en Aoristo, lo que en la exégesis de Andrews (Paulien/Stefanović) indica una serie de acciones decisivas y completadas en la economía de la salvación:
ἔδωκεν (edōken – Aoristo Activo Indicativo): «Dio». No es un proceso continuo; es un acto soberano y puntual. Dios el Padre entregó la revelación a Cristo como parte de Su entronización y ministerio mediador.
δεῖξαι (deixai – Aoristo Activo Infinitivo): «Para mostrar». Funciona como un infinitivo de propósito. El objetivo de la revelación no es el misterio por el misterio, sino la instrucción clara a la Iglesia.
γενέσθαι (genesthai – Aoristo Medio Infinitivo): «Suceder». En combinación con el presente indicativo dei (debe), crea una necesidad lógica y profética. Lo que Dios ha decretado tiene una cualidad de cumplimiento «ya realizado» en el consejo divino.
ἐσήμανεν (esēmanen – Aoristo Activo Indicativo): «Significó». Este es el verbo que define el género literario. Indica que la comunicación se realizó a través de un sistema de signos.
ἀποστείλας (aposteilas – Aoristo Activo Participio): «Enviando». Este participio de medios explica cómo se realizó la comunicación: mediante una delegación celestial (el ángel).
5.2. El Interlocking (Eslabones de Cadena)
El concepto de interlocking de Stefanović se refiere a cómo el final de una sección introduce elementos de la siguiente para crear un tejido literario sin costuras.
Vínculo Trono-Tierra: El verso 1:1 conecta el «Trono» (Dios/Jesucristo) con el «Lugar del Profeta» (Juan).
Encadenamiento de Audiencia: El verso menciona a los «siervos» (plural), pero la entrega es al «siervo Juan» (singular). Esto prepara el interlocking con el verso 4, donde Juan se dirige específicamente a las Siete Iglesias.
Eslabón Temático: El concepto de «lo que debe suceder pronto» (en tachei) es el eslabón que mantiene la tensión durante todo el libro, reapareciendo en los sellos y las trompetas, y cerrándose finalmente en el capítulo 22.
5.3. El Cambio de Escena y Agencia
Morfosintácticamente, el verso 1:1 establece un movimiento descendente:
PLANO CELESTIAL (Dios/Cristo) $\rightarrow$ PLANO MEDIADOR (Ángel) $\rightarrow$ PLANO TERRENAL (Juan/Siervos).
Este orden es fundamental para la hermenéutica de Stefanović: nada de lo que Juan ve es producto de su imaginación; la sintaxis misma del verso 1:1 subraya que él es el receptor final de una cadena que se originó en la soberanía absoluta de Dios (edōken).
Paso 6: Sitz im Leben y Tensión Escatológica
En este nivel, analizamos el entorno vital (Sitz im Leben) de la audiencia original en la provincia de Asia y la dinámica temporal que define la esperanza cristiana.
6.1. El Conflicto de Lealtades: El Culto Imperial
El uso de la palabra $\alpha\pi o\kappa\alpha\lambda\upsilon\psi\iota\varsigma$ (Apokalypsis) en el siglo I tenía una resonancia política subversiva. Mientras que el Imperio Romano celebraba las «parusías» o «epifanías» del César como portador de paz y orden, Juan reclama que la verdadera manifestación de soberanía pertenece a Jesucristo.
Contraste con Roma: En el culto imperial, los decretos del César se «mostraban» para que sus súbditos los obedecieran. En Apocalipsis 1:1, Dios «muestra» a sus $\delta o\acute{\upsilon}\lambda o\iota\varsigma$ (siervos/esclavos).
Identidad Social: Para un cristiano perseguido o marginado en Éfeso o Esmirna, llamarse «siervo de Jesucristo» (en lugar de súbdito de Domitiano) era un acto de resistencia teológica. El texto ofrece una validación de autoridad: la cadena de mando no termina en Roma, sino en el Trono Celestial.
6.2. La Tensión del «Ya» y el «Todavía No»
Siguiendo a Jon Paulien, el verso 1:1 establece la tensión fundamental de la escatología del Nuevo Testamento.
El «Ya»: La revelación ya ha sido dada (edōken) y significada (esēmanen). La victoria de Cristo es un hecho consumado en la esfera del Santuario Celestial. El Reino de Dios ha irrumpido en la historia.
El «Todavía No»: Se expresa en la frase $\epsilon\nu$ $\tau\alpha\acute{\chi}\epsilon\iota$ (en tachei, pronto). Como sostiene Stefanović, esto no es un cronómetro humano, sino una perspectiva de urgencia divina. La consumación es inminente desde el punto de vista de la fe, aunque el tiempo cronológico se extienda.
Función Pastoral: El texto no busca satisfacer la curiosidad cronológica, sino proporcionar consuelo (paraklesis). La «necesidad» (dei) de que estas cosas sucedan asegura a los lectores que el caos que experimentan bajo el dominio romano no es accidental, sino que está bajo el control del soberano del universo.
6.3. La Cultura de la Sinagoga y el Profetismo
Juan escribe en un estilo que evoca profundamente el ambiente de la sinagoga (uso de la LXX, estructura de bendición en el v. 3). Al identificarse como «su siervo Juan», se sitúa no como un innovador, sino como el continuador legítimo de la línea profética de Israel, validando su mensaje ante una audiencia que valoraba la continuidad con el Antiguo Testamento.
Paso 7: Escala de Probabilidad y Conclusión Cristocéntrica
Llegamos a la síntesis final de nuestro protocolo. En este punto, clasificamos los hallazgos según el rigor de la exégesis de Andrews y destilamos la esencia del mensaje bajo el «Modelo de Emaús»: reconocer a Cristo como el corazón de toda la Escritura.
7.1. Clasificación en la Escala de Probabilidad
Siguiendo el criterio de Jon Paulien, evaluamos la solidez de nuestras conclusiones para evitar la especulación y cimentar la fe en datos textuales.
Hallazgo Exegético
Clasificación
Evidencia Clave
Dependencia de Daniel 2
Cierto
Identidad léxica en la frase ha dei genesthai y contexto de «misterio».
Naturaleza Simbólica (Esēmanen)
Cierto
Definición léxica de sēmainō en BDAG y género apocalíptico.
Genitivo Subjetivo (Revelación de Cristo)
Probable
La sintaxis de la «cadena de transmisión» pone a Cristo como dador.
Universalización de «Siervos»
Probable
La transición eclesiológica de LaRondelle y el destino a las 7 Iglesias.
Identidad del Ángel (¿Gabriel?)
Posible
El eco con Daniel 8 y 9 sugiere a Gabriel, pero el texto no lo nombra.
7.2. Conclusión Cristocéntrica: El Modelo de Emaús
Como los discípulos en el camino a Emaús, descubrimos que el verso 1:1 no es un acertijo cronológico, sino una declaración de la suficiencia de Jesucristo.
Suficiencia en la Mediación: El texto establece que no hay revelación fuera de Cristo. Él es el único digno de recibir el rollo (como veremos en el cap. 5) y el único capaz de comunicarlo. La «cadena» asegura que el creyente tiene acceso directo a la mente de Dios a través de su Sumo Sacerdote.
Seguridad en el Trono: El uso de dei (debe suceder) garantiza que la historia no está a la deriva. Para el remanente que enfrenta la persecución (entonces bajo Domiciano, hoy en la tensión del fin), la soberanía de Cristo es el ancla. Lo que para el mundo es caos, para el siervo es «lo que debe suceder» bajo el permiso divino.
Victoria Anticipada: La Apokalypsis no es sobre el anticristo, sino sobre la victoria del Cordero. El verso 1:1 abre el telón de un Santuario donde el sacrificio ya ha sido aceptado y la comunicación entre el cielo y la tierra ha sido restaurada.
7.3. Síntesis Final
Apocalipsis 1:1 es la Constitución del Remanente. Nos dice de dónde venimos (la soberanía de Dios), quién nos sostiene (el ministerio mediador de Cristo) y hacia dónde vamos (la consumación de Su victoria). El libro no se escribió para que calculáramos fechas, sino para que reconociéramos al Soberano de los reyes de la tierra en medio de la crisis.
Protocolo de Exégesis Modular: «El Trono y el Cordero»
Instrucciones para el experto: Actúa como un erudito en exégesis bíblica de la Escuela de Andrews. Tu marco teórico debe integrar con rigor:
Hans LaRondelle: Tipología eclesiológica, el escenario del Gran Conflicto y la vindicación del carácter de Dios.
Jon Paulien: Intertextualidad, análisis de alusiones y hermenéutica de los «ecos» del Antiguo Testamento.
Ranko Stefanović: Escenas del Santuario (EISS), macroestructura quiástica y exégesis técnica orientada al ministerio de Cristo.
PASAJE A ANALIZAR: Apocalipsis 1:
DINÁMICA DE TRABAJO
Analizaremos el pasaje de forma modular. No generes el análisis todavía.
Paso 0: Responde únicamente con un resumen de 3 frases confirmando cómo aplicarás estas tres metodologías (LaRondelle, Paulien, Stefanović) para extraer tanto el rigor técnico como la esperanza práctica del pasaje.
Pasos 1 al 7: Espera a que te pida cada número de punto antes de proceder.
CRITERIOS DE ALTA PRECISIÓN (POR PASO):
1. Traducción Crítica y Filológica (Eje Paulien/BDAG)
Tarea: Traducción directa desde el NA28. Identifica Hapax Legomena y variantes textuales.
Filtro: Usa BDAG y EDNT. Detecta «helenismos» y conceptos del AT filtrados por la LXX. Explica si el tiempo verbal (aoristo vs. presente) sugiere una acción única o continua.
2. Intertextualidad y Análisis de Alusiones (Eje Paulien)
Tarea: Aplicar la Regla del 80-85% para identificar alusiones verbales vs. ecos.
Filtro: Analiza el «Contexto Extendido» de la fuente del AT. ¿Cómo reinterpreta Juan ese texto para centrarlo en la victoria de Cristo?
3. Arquitectura del Santuario y Estructura (Eje Stefanović)
Tarea: Ubicación en la macroestructura y relación con el Santuario.
Filtro: Identifica si es una EISS (Escena Introductoria del Santuario). Determina el servicio (Diario/Tamid vs. Anual/Yom Kippur). ¿Qué nos dice el mobiliario presente sobre la fase del ministerio de Cristo?
4. El Gran Conflicto y Vindicación (Eje LaRondelle)
Tarea: Analizar la transición del símbolo y la respuesta al conflicto cósmico.
Filtro: ¿Cómo revela este pasaje la justicia de Dios frente a las acusaciones del enemigo? Aplica el modelo de Tipo/Antitipo para ver cómo la promesa se universaliza en la Iglesia.
5. Morfosintaxis e Interlocking (Eje Paulien/Stefanović)
Tarea: Análisis de «Eslabones» (Interlocking).
Filtro: ¿Cómo encadena este verso la visión anterior con la siguiente? Analiza participios y conjunciones que marcan cambios de audiencia o de escenario celestial/terrenal.
6. Sitz im Leben y Tensión de Resistencia
Tarea: Contexto del Imperio Romano y cultura de la sinagoga.
Filtro: Analiza la tensión entre el «Ya» (victoria lograda) y el «Todavía No». ¿Cómo servía este texto para que la audiencia original resistiera el culto al César?
7. Síntesis Cristocéntrica y Factor «Hupomone»
Tarea: Escala de Probabilidad (Cierto, Probable, Posible) y aplicación final.
Filtro (Modelo de Emaús + Resistencia):
Cristo: ¿Cómo se manifiesta Su suficiencia y ministerio mediador aquí?
Hupomone: ¿Qué instrucción específica da este pasaje para la perseverancia del remanente hoy?
Vindicación: Una breve reflexión sobre por qué este texto nos permite confiar plenamente en el carácter amoroso de Dios.
Mientras escribo, mi esposa conduce por la Interestatal 57 en el centro de Illinois. El paisaje es extremadamente plano, principalmente campos de cultivo y pasto, con algún que otro bosquecillo. Es uno de esos días grises de mediados de marzo. El paisaje es poco variado. Así que me sobresalté un poco hace una hora al ver lo que parecía ser una gigantesca cruz gris apenas visible contra el cielo gris a lo lejos. Mi primera impresión fue que debía ser algún tipo de artilugio industrial con forma de cruz. Pero a medida que nos acercábamos, se hizo evidente que en realidad era una representación de la cruz de Jesucristo, con vigas de metal en forma de diamante, de unos 24 metros de altura. No vimos ninguna señal ni explicación de por qué estaba allí junto a la carretera; simplemente estaba.
Me preguntaba si ese monumento era la respuesta de alguien a una intervención especial de Dios. Quizás se estaba ahogando en un lago y dijo: «Señor, si me salvas la vida ahora mismo, ¡te construiré el monumento más grande del estado!». O quizás se suponía que sería el campanario de una iglesia, ¡pero se quedaron sin dinero antes de poder construirla! Sea como fuere, esa cruz es sin duda la pieza central de esa parte del paisaje de Illinois.
Lo mismo ocurre con el libro de Apocalipsis. Si no tenemos cuidado, podríamos pensar que las bestias, los buitres, la oscuridad, los terremotos y el granizo son el tema central del libro. Pero se asemejan más al paisaje general de la pradera de Illinois. El verdadero centro del libro de Apocalipsis no es la guerra ni la catástrofe, el petróleo ni el Medio Oriente; es Jesucristo, y él crucificado. Su presencia impregna el libro incluso cuando no lo nombra. Para leer este libro sin obtener una imagen más clara de Jesús es perder el punto clave.
En el libro de Apocalipsis, los símbolos del Antiguo Testamento se transforman gracias a la obra de Cristo. Hemos visto que Juan construyó Apocalipsis sobre el trasfondo del Antiguo Testamento y sus temas principales. Pero gracias a la vida terrenal de Jesús, su muerte y resurrección, y su ministerio en el santuario celestial, esos temas del Antiguo Testamento adquieren un significado nuevo y creativo. Dado que Apocalipsis es un libro del Nuevo Testamento, retoma la comprensión que este tiene de los temas del Antiguo Testamento a la luz del acontecimiento de Cristo.
El libro de Apocalipsis es “la Revelación de Jesucristo”, no la de Moisés, Pedro ni Daniel. Al leer el libro de Apocalipsis, encontrará a Cristo en todas partes. Casi cada capítulo hace referencia a Él de una u otra manera. Además del uso directo de su nombre, lo observamos en símbolos como el Hijo del Hombre, el Cordero y el hijo de la mujer. Además de Cristo, también encontramos referencias a las iglesias y a la cruz (por ejemplo, Apocalipsis 1:5, 6, 11; 5:6; 12:11). Toda esta evidencia deja claro que Apocalipsis es un libro cristiano diseñado para enseñarnos algo sobre Jesús, la vida en la iglesia y el significado de la cruz.
Una declaración introductoria en lenguaje sencillo cerca del comienzo (Apocalipsis 1:5, 6) confirma nuestra observación general del libro. Allí, Juan se dirige al lector con un mínimo de simbolismo, en un lenguaje inequívoco, como si quisiera establecer sin lugar a dudas, desde el principio, de qué trata su libro. Se trata de Jesucristo, el «mártir fiel» (cruz), «el primogénito de entre los muertos» (resurrección) y el «gobernante de los reyes de la tierra» (su ministerio en el cielo). Jesús es «el que nos ama» (presente), quien «nos libró de nuestros pecados con su sangre» (pasado) y quien «nos hizo un reino y sacerdotes» (pasado; las frases entre comillas en las dos últimas oraciones son mi propia traducción). Gracias a lo que Jesús ha hecho, somos amados, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y hemos sido elevados al estatus más alto posible en Él.
Así que, por extraño que parezca el lenguaje del libro, su mensaje fundamental está en armonía con los temas, las palabras y las ideas del Nuevo Testamento. Nunca debemos limitar el Apocalipsis a mensajes sobre la historia mundial, la política o el futuro. Tampoco debemos conformarnos con una simple predicción de realidades seculares. Un libro profundamente espiritual, el Apocalipsis revela a Jesucristo e invoca poderosos cánticos de adoración y alabanza. Si no hemos captado un mensaje sobre Cristo en algún punto de este libro, probablemente no hayamos comprendido ese pasaje. Por lo tanto, un cuarto paso de interpretación es vital. No podemos limitarnos a una exégesis básica del libro, a un examen de su estructura ni a una referencia al Antiguo Testamento. También debemos leer el Apocalipsis en el contexto del Nuevo Testamento. Para ser estudiantes honestos del libro, debemos descubrir cómo Jesucristo es el centro y la esencia de cada una de sus partes, incluso los sellos y las trompetas. Y debemos descubrir cómo Él transforma los símbolos e ideas extraídos del Antiguo Testamento. Ciertamente, en el libro del Apocalipsis «todos los libros de la Biblia se encuentran y concluyen» ( Los Hechos de los Apóstoles, p. 585).
Aquí debemos tener siempre presente una idea básica. El Nuevo Testamento presenta constantemente a Cristo como Aquel que cumplió la experiencia completa de su pueblo del Antiguo Testamento. La vida, muerte y resurrección de Jesucristo se basan en la experiencia de Israel. El autor del Apocalipsis señala constantemente al Cristo del Nuevo Testamento, pero lo hace en el lenguaje del Antiguo Testamento. Según lo que hemos aprendido hasta ahora, eso es exactamente lo que esperaríamos: Dios se encuentra con las personas donde se encuentran. Juan, al escribir el Apocalipsis, ve al Cristo del Nuevo Testamento en el Antiguo. Esto nos lleva a una profundidad asombrosa al profundizar en las referencias. Permítanme darles un ejemplo.
El Gobernante de la Creación de Dios
“Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el Príncipe de la creación de Dios” (Ap. 3:14, NVI).
Analicemos con más atención la frase “el gobernante de la creación de Dios”, que en algunas traducciones significa “el principio” de la creación de Dios. ¿Por qué la gran diferencia? ¿Por qué los traductores no están de acuerdo? Porque la palabra griega subyacente es la ambigua “arche” (pronunciada aproximadamente como arkay ). Jesús es el “arche” de la creación de Dios. Arche puede significar “antiguo” o “principio” (primero), como en “arqueología ”. ¿Qué es la arqueología? Una palabra derivada del griego que significa el estudio (“logos”) de las cosas antiguas (“archae”), es decir, el estudio de los comienzos. Así que la palabra “arche” puede significar “comienzos”. Pero también puede significar gobernante, el primero en el reino y la fuente de poder y autoridad. Nuestra palabra en español, “patri arch”, significa “gobierno del padre” y “mon archy” significa “gobierno de uno”. Por lo tanto, la palabra “arche” tiene un doble significado, lo que da lugar a dos formas diferentes de traducirla.
Si tuvieras un Antiguo Testamento griego y regresaras a Génesis 1, encontrarías algo muy interesante. «Arche» es la primera palabra importante en la Biblia: «en el principio creó Dios» («en arche»). Así que Apocalipsis 3:14 contiene una alusión a Génesis 1:1, que nos lleva a ese versículo. ¿Por qué Juan llama a Jesús el principio, o el gobernante, de la creación de Dios? Aparentemente Jesús y la Creación son una combinación muy importante de conceptos para el autor de Apocalipsis. Pero la asociación no es exclusiva de Apocalipsis; es común en todo el Nuevo Testamento. Por ejemplo, no solo Génesis 1:1 (en griego) comienza con «en arche», sino que Juan 1:1 comienza exactamente con lo mismo: «en arche». «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1, NVI).
La nueva creación
Aquí Juan, el evangelista, plantea un punto muy interesante: Génesis 1:1 dice «en el principio Dios», pero Juan 1:1 declara que «en el principio era el Verbo» (en el principio era Jesús). Ese Verbo, el Dios de la creación, se hizo carne y habitó entre nosotros. Y aquí encontramos la fuerza impulsora del Evangelio de Juan: es el increíble reconocimiento de que un ser humano que vivió en la tierra 33 años y medio, que ministró a otros, realizó milagros, murió y resucitó, fue el mismo que formó la tierra, dijo «Sea la luz», creó la vida y creó a Adán del polvo de la tierra.
Encontramos una referencia aún más fascinante que muestra que el tema de “Jesús y la creación” aparece ampliamente en el Nuevo Testamento: “El ángel respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35). El lenguaje aquí recuerda a Génesis 1:2: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas” (NVI). Así como el Espíritu se movía sobre las aguas de la creación, ahora (Lucas 1:35) el Espíritu cubre con su sombra a María. El Espíritu fue el agente activo en la creación original. Cuando el Espíritu cubrió con su sombra a María, produjo una nueva creación: la concepción de Jesús. Fue concebido en el vientre de María por la acción del Espíritu Santo. La tierra es la vieja creación del Espíritu, pero Jesús es la nueva creación.
No debería sorprendernos, por lo tanto, que el Nuevo Testamento también llame a Jesús el nuevo o “segundo” Adán (Rom. 5, 1 Cor. 15). Él es la contraparte del viejo Adán, así como la contraparte de la creación original. Por ello, la Escritura puede referirse a Jesús como “la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4, Col. 1:15, Heb. 1:3). Adán era la imagen de Dios en la creación original. Pero en la nueva creación, Jesús toma el lugar de Adán. Se convierte en Adán como Adán estaba destinado a ser.
Adán como Adán estaba destinado a ser
En el pensamiento del Nuevo Testamento, este concepto es muy profundo. Analicemos el pasaje sobre la «imagen de Dios» en el relato de la creación:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Dios los bendijo y les dijo: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla. Dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra» (Génesis 1:26-28).
En la historia de Génesis 1, “la imagen de Dios” se manifestó en tres relaciones básicas, destacadas en el texto anterior. 1. En primer lugar, Adán tenía una relación con Dios. Como “imagen de Dios”, tenía gran dignidad, pero estaba claramente en una posición inferior a Dios. Dependía del Señor como su mentor o maestro. Dios era el Creador y Adán era la criatura. Su relación con Dios era la de un subordinado a un superior.
2. La imagen de Dios incluía tanto al hombre como a la mujer. El Creador diseñó a Adán y a Eva para que se relacionaran entre sí. Dios no creó a Adán para que estuviera solo. Creó a la raza humana para que se relacionara entre iguales, sin importar su género ni su origen étnico (todos los grupos étnicos comparten la imagen de Dios y la ascendencia de Adán). Elena de White aborda el tema en Patriarcas y Profetas:
Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán, lo que significa que no debía controlarlo como cabeza, ni ser pisoteada bajo sus pies como inferior, sino estar a su lado como igual, para ser amada y protegida por él. Parte del hombre, hueso de su hueso y carne de su carne, ella era su segundo yo, mostrando la estrecha unión y el apego afectuoso que debe existir en esta relación” (p. 46).
3. La imagen de Dios también incluía el dominio sobre la tierra. Adán gobernaba sobre los peces del mar, las aves del cielo y las criaturas que se desplazan por la tierra. Adán y Eva debían ser como mentores de los animales, las plantas y todo el medio ambiente. Podemos ilustrar las tres relaciones de la siguiente manera.
El Nuevo Testamento describe a Jesús como el Segundo Adán. Él era Adán, tal como Adán debía ser. Las Escrituras describen la vida de Jesús en la tierra según la experiencia de Adán. ¿Recuerdan el principio básico: «Dios encuentra a las personas donde están»? Esto aplica al concepto del Segundo Adán en el Nuevo Testamento. Al describir la vida de Jesús, los Evangelios lo hacen con el lenguaje del Adán original y su experiencia.
1. Relación con Dios. Después de la Caída, todas las relaciones de Adán se rompieron. La primera en romperse fue su conexión con Dios (Génesis 3:1-12). Pero Jesús vino a restaurar las relaciones rotas de Adán. Jesús llegó para ser Adán como Adán estaba destinado a ser. Así que Jesús tenía una relación perfecta con Dios. Por ejemplo, dijo: «El Padre es mayor que yo» (Juan 14:28). Algunos creen que el texto indica que Jesús era inferior a Dios por naturaleza. Pero eso es un malentendido. Él no es inferior a Dios en su naturaleza divina, sino que, como el segundo Adán, asumió una posición de subordinación al Padre. Jesús se subordinó a los deseos y mandatos de su Padre durante su vida terrenal. Estaba demostrando la relación que el Creador quiso que Adán tuviera. Fue como el Segundo Adán que Jesús dijo cosas como: «No hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado» (Juan 8:28, NVI), y «He obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (Juan 15:10, NVI).
2. Relación con los demás. Adán no tardó en culpar a su esposa en cuanto entró el pecado (Génesis 3:12). En cambio, Jesús tenía una relación perfecta con los demás. Su actitud hacia ellos era de servicio. Con su servicio amoroso, ilustra una relación perfecta entre los seres humanos. Llevó su disposición a servir hasta la muerte. Dos versículos lo expresan con claridad:
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45, NVI).
“El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:6, 7).
Al servir a los demás, Jesús demostró cómo sería una relación perfecta entre los seres humanos. Si todos exhibieran el mismo deseo de servir y beneficiar a los demás, no tendríamos conflictos, guerras ni la mayoría de los demás problemas actuales. Durante su vida en la tierra, tuvo la clase de relación con los demás que Dios deseaba que Adán tuviera en la creación original.
El servicio del lavatorio de pies ilustra hermosamente la relación ideal con los demás. Jesús sabía quién era. Reconocía que había descendido del cielo, donde había sido miembro de la Deidad desde la eternidad (Juan 13:3). Sin embargo, voluntariamente desempeñó el papel de esclavo (Fil. 2:6-8). Se inclinó para lavar los pies de sus discípulos. Es ese tipo de actitud la que trae paz y armonía a la relación con los demás. No es de extrañar que Pablo dijera: «Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús» (Fil. 2:5, NVI).
3. Relación con la tierra. Además de una relación perfecta con Dios y con los demás, Jesús también tenía una relación perfecta con el medio ambiente. De nuevo, era Adán, tal como Dios lo había dispuesto. Al igual que Adán, tenía dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo, el viento y las olas, un hecho maravillosamente ilustrado en varias historias del Nuevo Testamento.
Por ejemplo, un día Jesús estaba en un velero de madera con sus discípulos, pero una tormenta azotó el Mar de Galilea. Jesús dormía en la parte trasera mientras las olas azotaban la embarcación y llovía a cántaros. Los discípulos temieron que la barca se hundiera, así que despertaron a Jesús y le pidieron que intercediera por ellos. Él se levantó en la barca, levantó las manos y dijo: «Calla, enmudece». El viento y las olas obedecieron de inmediato a Jesús (Mateo 8:26, 27). Él tenía «dominio sobre la tierra»: era Adán, tal como Adán estaba destinado a ser.
El dominio del Adán original incluía el dominio sobre los peces del mar (Génesis 1:26, 28). Una de mis historias favoritas de los evangelios cuenta cómo los discípulos salieron a pescar una noche sin Jesús (Juan 21:2-11). ¿Por qué salieron de noche en lugar de durante el día, cuando sería más agradable? La pesca se practica principalmente de dos maneras: con red y con señuelo. La pesca con señuelo requiere luz para atraer a los peces hacia algún objeto que parezca apetitoso o interesante. Cuando el pez muerde el objeto, queda atrapado en el anzuelo. Por lo tanto, la pesca con señuelo funciona mejor durante el día.
En cambio, con la pesca con red, la tarea es sorprender a los peces y atraparlos desprevenidos, si es posible. Por eso, la pesca con red funciona mejor de noche. En la oscuridad, los peces no siempre ven venir la red. La criatura simplemente nada alegremente y, de repente, se encuentra atrapada. Antes de que el pez se dé cuenta, ya está en la red. Los discípulos pescaban con red; por lo tanto, pescaron de noche. Toda la noche habían echado las redes en el lago, pero no pescaron nada. Amaneció y el sol comenzaba a salir sobre las colinas de Galilea. Tenían una última oportunidad de sorprender a algunos peces. Si echaban la red a la sombra de la barca, los peces que nadaban bajo el brillante sol podrían meterse en la sombra y quedar atrapados antes de darse cuenta de que había una red allí.
De repente, un hombre apareció en la playa, no muy lejos. Este hombre sabía mucho de predicación, pero parecía saber muy poco de pesca. Gritó a los discípulos: «Echen la red al otro lado de la barca». Ese habría sido el lado soleado.
Los discípulos debieron pensar que estaba loco, pero lo hicieron de todos modos. ¿Qué pasó? Peces de todo el lago entraban en la red. Grandes. Montones. Jesús no necesitaba saber el arte de pescar, al menos en términos humanos. Tenía dominio sobre los peces y podía decirles lo que quería que hicieran. Me lo imagino comunicándose con los peces galileos: «¡Eh, tú, tú y tú! ¡Sí, tú también! ¡Vamos! ¡Todos! ¡A esa red!»
¡Red! Y 153 peces enormes llenaron las redes de los discípulos. ¿Por qué? Porque Jesús era Adán, tal como Adán estaba destinado a ser.
En otra ocasión, Pedro hablaba de la necesidad de pagar impuestos (poco ha cambiado en los últimos 2000 años). Jesús no solo dirigió a un pez para que atrapara las monedas correspondientes, sino que también lo envió a engancharse en el anzuelo de Pedro para que pudiera recuperarlas (Mateo 17:24-27). Cristo tenía dominio sobre los peces del mar (Génesis 1:26, 28). Más aún, tenía dominio sobre todo ser viviente. Jesús era Adán, tal como Adán estaba destinado a ser.
¿Recuerdas la última vez que Jesús entró en Jerusalén? ¿Cuando cruzó el Monte de los Olivos montado en un pollino no domado (Marcos 11:1-7)? ¿Lo has intentado alguna vez? Te aseguro una cosa: si intentas montar un pollino no domado, ¡será una experiencia muy corta y probablemente más emocionante que cualquiera de las atracciones de Disneylandia! Da miedo montar un pollino no domado a menos que te llames Jesús. Sin embargo, cuando Jesús montó ese pollino, este le obedeció como un animal domesticado. Reconoció a su Amo aunque nunca antes lo había conocido. El siguiente recuadro ilustra las tres relaciones del segundo Adán, junto con ejemplos de textos.
Como segundo Adán, la experiencia de Jesús se basó en la del primer Adán. Al igual que este, Jesús fue puesto a dormir y se le hizo una abertura en el costado (Génesis 2:21-22; Juan 19:31-37). De esa abertura surgieron las sustancias con las que Dios creó la iglesia: sangre y agua (1 Juan 5:6). 1 Corintios 11:2, 3 y Efesios 5 lo describen como un segundo Adán, y la iglesia es una segunda Eva: la novia de Jesucristo.
Así como Adán y Eva estaban juntos en el Jardín del Edén, Jesús se convierte en el «esposo» de su iglesia. Así, los escritores del Nuevo Testamento ven a Adán en toda la vida y experiencia de Jesús: Adán como Dios lo creó y Adán como estaba destinado a ser.
Pero Jesús no solo cumplió la comisión del Adán no caído, sino que también triunfó donde el primer hombre fracasó. Fue tentado de la misma manera que Adán, comenzando con el apetito. Pero no cedió a ninguna de las tentaciones de Satanás. Jesús caminó por donde Adán había estado y venció a Satanás exactamente en los mismos puntos donde el primer ser humano falló. Jesús revivió la experiencia de Adán y redimió su fracaso.
Una nueva historia
Este es uno de los mensajes de salvación más poderosos del Nuevo Testamento. Como el Segundo Adán, Jesús caminó sobre la tierra que todos experimentamos. Al igual que Adán, tenemos una historia de fracasos, disfunción y desgracia. Pero la historia del Segundo Adán me dice que Jesús ha recorrido el camino que yo no he podido completar. Él ha redimido mi historia y me ha permitido triunfar donde mi antepasado Adán fracasó. Su historia perfecta reemplaza mi historia personal defectuosa. Eso me da la esperanza de que puedo ser más como el Segundo Adán y menos como el primero.
Pero hay más. Jesús no solo redimió el fracaso de Adán, sino que también cosechó las consecuencias de ese fracaso. Cuando Adán pecó, sufrió sus consecuencias: en su caso, espinas, sudor, desnudez y muerte. Jesús, el segundo Adán, también las experimentó todas. Llevó una corona de espinas (Gén. 3:18; Mt. 27:29), sudó grandes gotas de sangre en Getsemaní (Gén. 3:19; Lc. 22:44) y colgó desnudo en la cruz (Gén. 3:10, 11; Jn. 19:23, 24). Y el resultado final de la cruz, por supuesto, fue la muerte (Gén. 2:17; 5:5; Jn. 19:30-34).
Así que el segundo Adán no solo redimió la historia de Adán (y, por lo tanto, la nuestra), sino que aceptó sus consecuencias para que, en Cristo, podamos vivir una vida nueva (Rom. 6:3-6). El Nuevo Testamento en su conjunto vincula la plenitud de la experiencia de Jesús con Adán. El Apocalipsis no necesita repetir todo lo anterior. Cuando el libro del Apocalipsis habla de Jesús como el principio de la creación de Dios, alude a toda una secuencia de ideas que los cristianos del primer siglo habrían reconocido fácilmente. Por lo tanto, cuando Jesús se ofrece como el «gobernante de la creación de Dios» a la iglesia de Laodicea (Ap. 3:14),
Pone en juego todo el trasfondo del Segundo Adán. Como Segundo Adán, es perfectamente capaz de redimir a su iglesia de la tibieza de Laodicea.
Si no entendiéramos cómo el libro de Apocalipsis enfoca toda la Biblia, nos perderíamos mucho. En Apocalipsis, todo cobra sentido a la luz de Cristo y de cómo Él cumple la experiencia completa del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Siempre que los escritores del Nuevo Testamento presentan el Evangelio, lo describen con el lenguaje, la experiencia y la historia del Antiguo Testamento. A medida que comprendemos mejor este principio, Apocalipsis se convierte en un nuevo libro. Podemos comenzar a experimentar la revelación de Jesucristo a un nivel más profundo del que jamás imaginamos. En el libro de Apocalipsis, «todos los libros de la Biblia se encuentran y concluyen» ( Los Hechos de los Apóstoles, p. 585).
El nuevo Israel
En el Nuevo Testamento, Jesús es mucho más que el segundo Adán. Los escritores del Nuevo Testamento lo describieron como un nuevo Isaac, un nuevo Moisés, un nuevo Josué, un nuevo David, un nuevo Israel, un nuevo Salomón, un nuevo Eliseo e incluso un nuevo Ciro. Vieron en él el cumplimiento completo de todo el Antiguo Testamento. Si bien no tenemos espacio para detallarlo todo aquí (puede encontrarlo en mi libro » Encontrando a Dios de Nuevo «), debemos considerar un aspecto más crucial para comprender el Apocalipsis. Jesús es el cumplimiento de Israel en los últimos tiempos, y a través de él, las cosas del Israel del Antiguo Testamento también pueden aplicarse a la iglesia. Esto se aborda en uno de los pasajes más importantes del Apocalipsis:
“Y cantaron un cántico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos compraste para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.
“‘Los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra’” (Apocalipsis 5:9, 10, NVI).
Gran parte del lenguaje de este texto proviene del Antiguo Testamento. Sin duda, reconocerán en «reinarán sobre la tierra» otra alusión al dominio de Adán sobre la tierra. Pero esa no es la razón por la que cito este pasaje. La frase «has hecho de ellos un reino y sacerdotes» recuerda el mandato original de Dios a Israel en el Monte Sinaí, en Éxodo 19:
“Ahora bien, si me obedecéis plenamente y cumplís mi pacto, entonces de entre todas las naciones serán mi tesoro más preciado. Aunque toda la tierra es mía, ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que les dirás a los israelitas (Éxodo 19:5, 6).
En Éxodo 19, Dios fundó a Israel como nación para ser un reino de sacerdotes. Su intención era que Israel, como pueblo, lo representara ante el mundo entero. Como sacerdotes, serían mediadores entre Dios y las naciones, ayudando a las demás a comprender y conocer a Dios. Apocalipsis 5 retoma el lenguaje de la comisión de Israel como nación, pero esta vez lo aplica a la experiencia del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento, aquellos que el Cordero inmolado compró con su sangre de cada tribu, lengua, pueblo y nación.
Así, en el Nuevo Testamento, Jesús no es solo el Segundo Adán, sino también el Nuevo Israel. Los escritores del Nuevo Testamento relatan a Jesús las experiencias de Israel como nación, desde el Éxodo hasta el Exilio. Jesús pasa por lo que Israel pasó y, en el proceso, triunfa donde este fracasó, pero sufre las consecuencias del fracaso de Israel. El concepto no es difícil de ilustrar, ya que aparece a lo largo del Nuevo Testamento.
Dos hombres, Moisés y Elías, aparecieron en glorioso esplendor, hablando con Jesús. Hablaron de su partida, la cual estaba a punto de cumplir en Jerusalén (Lucas 9:30, 31).
Lucas describe aquí la escena de la transfiguración de Jesús. Moisés y Elías le hablan de su partida. La palabra griega original es éxodo. Así que le hablaban a Jesús de su «éxodo» en Jerusalén. Ese «éxodo» es una clara referencia a la cruz. Así como Israel descendió a la «muerte» en el fondo del Mar Rojo y resucitó en la orilla oriental, la muerte de Jesús se convirtió en un nuevo éxodo para un nuevo Israel (Mt. 2:13-15). También se convierte en un nuevo Moisés para el nuevo Israel (Hch. 3:22-24; cf. Dt. 18:15).
Los escritores del Nuevo Testamento aplican las imágenes de Moisés, el Éxodo e Israel a la experiencia de Jesús de muchas maneras interesantes. Permítanme compartir algunas. Al nacer Jesús, un rey hostil quiso quitarle la vida. En su intento de matar a Jesús, asesinó a todos los bebés de Belén (Mateo 2:13-18). ¿Recuerdan que cuando Moisés nació, un rey hostil también intentó destruir a todos los niños de Israel? Logró matar a todos los bebés excepto a Moisés, quien escapó a la casa del faraón (Éxodo 1:15-22; 2:1-10). Por lo tanto, las experiencias de Jesús y Moisés son paralelas.
En Éxodo 33:20-23, Moisés es la única persona del Antiguo Testamento que vio a Dios. El Cuarto Evangelio recuerda este hecho al comparar a Moisés y Jesús en Juan 1:17, 18. Moisés ayunó durante 40 días en la cima de una montaña y luego entregó la ley (Éxodo 24:18; 34:28). Jesús ayunó durante 40 días en el desierto (Mateo 4:1-11; la tradición incluso lo sitúa en una montaña en el desierto de Judea) y luego subió a una montaña para entregar su ley: el Sermón del Monte (Mateo 5-7). Además, Moisés nombró a 70 ancianos (Números 11:16-30) y Jesús tuvo 70 discípulos (Lucas 10:1). Dios glorificó a Moisés en una montaña (Éxodo 34:29-35) y, en el momento de su transfiguración, hizo lo mismo con Jesús (Mateo 17:1-8). Podríamos citar muchos otros paralelismos entre Moisés y Jesús, pero los mencionados aquí bastan para dar una idea. Los escritores del Nuevo Testamento entendieron que Jesús era un nuevo Moisés: un nuevo legislador y un nuevo maestro de un nuevo Israel.
El libro de Mateo también ve a Jesús como un nuevo Israel, por ejemplo. Mateo nos dice que Jesús tuvo que descender a Egipto y regresar porque Israel fue llamado a su destino desde Egipto (Mt. 2:13-15; Oseas 11:1-9). Después de ser sacado de Egipto, pasa por las aguas del bautismo (Mt. 3; Lc. 3), tal como Israel pasó por las aguas del Mar Rojo (Éx. 14, 15). Luego, Jesús pasa 40 días en el desierto (Mt. 4:1-11; Lc. 4:1-13), tal como Israel, después de atravesar el Mar Rojo, vivió 40 años en el desierto (Nm. 14:33, 34). Si bien no tenemos tiempo para anotar cada paralelo, los ejemplos que he citado ilustran cómo los escritores del Nuevo Testamento vieron la vida, muerte y resurrección de Jesús como una repetición de las experiencias de Moisés e Israel.
¿Recuerdas un principio que discutimos anteriormente en este libro? Dado que Dios se encuentra con las personas donde se encuentran, usa el lenguaje del pasado para describir sus acciones en el presente y el futuro. Si quieres entender lo que Dios busca lograr mediante su Palabra, primero debes reconocer cómo ese lenguaje se relacionó con ese tiempo y lugar: es el vocabulario del pasado de ese profeta. Por eso el lenguaje del Nuevo Testamento se parece tanto al del Antiguo Testamento: Dios se encontraba con ellas donde se encontraban.
Jesús es el nuevo Israel en el Nuevo Testamento. No solo revive la experiencia del antiguo Israel, sino que obedece a Dios en las mismas circunstancias en las que Israel fracasó. También sufrió las consecuencias del fracaso de Israel, al igual que las del pecado de Adán. Así, Jesús experimentó las maldiciones de la ruptura del pacto por parte de Israel. Una lectura rápida de Deuteronomio 28 es suficiente para mostrar las muchas maneras en que la experiencia de Jesús fue paralela a los resultados de la desobediencia de Israel.
Deuteronomio 28 predijo que un Israel rebelde sería despojado de su riqueza y fuerza para vivir en la pobreza (Deut. 28:15-20). Mateo 8:20 nos dice que Jesús no tenía dónde reclinar la cabeza. Los malditos de Deuteronomio 28 debían ser «heridos delante de sus enemigos» (versículo 25), y esto ciertamente tuvo lugar en la cruz. Entre las otras maldiciones de Deuteronomio 28 estaban la oscuridad (Mt. 27:45), ser burlado (Mc. 15:20, 31), el hambre (Mt. 4:2), la sed (Jn. 19:28) y la desnudez (Mt. 27:35). Con la posible excepción del hambre, todas estas tuvieron un cumplimiento en la prueba de Jesús en la cruz.
El clímax de las maldiciones en Deuteronomio 28 aparece en los versículos 65-67. Israel sería maldecido con una mente ansiosa y un corazón desesperado. Jesús experimentó lo mismo en un lugar llamado Getsemaní (Marcos 14:32-42). Así, vemos también fuertes conexiones entre las maldiciones del pacto y lo que Jesús experimentó. Él no solo revive la historia de Israel y la redime, sino que también asume las maldiciones de Israel y las experimenta. Jesús es la contraparte histórica completa de Israel, redimiendo sus fracasos y agotando las maldiciones del pacto contra la nación.
Todo esto es importante para comprender Apocalipsis 5:9, 10. Cuando el pasaje aplica el lenguaje del Israel del Antiguo Testamento a la iglesia, es comprensible porque Jesucristo es el nuevo Israel. ¿Quién era el antiguo Israel? El primer Israel fue Jacob, quien recibió el nombre espiritual de Israel al hacer un pacto con Dios (Génesis 32:24-30). Jacob tuvo doce hijos. Sus descendientes se convirtieron en las doce tribus de Israel. Así pues, el Israel original comenzó como una familia. Jesús, como el nuevo Israel, también formó una familia: los doce discípulos. Sin duda, seleccionó a doce discípulos porque sabía que su experiencia debía inspirarse en el Israel del Antiguo Testamento.
Israel, Jesús y la Iglesia
Así como Cristo cumplió la historia de Israel en su propia vida, la experiencia de la iglesia también se basa en esa historia. Por eso, cuando el Nuevo Testamento habla de la iglesia, a menudo lo hace en el lenguaje de Israel. Esto significa, por ejemplo, que cuando el Apocalipsis presenta a los 144.000, 12.000 de cada una de las 12 tribus de Israel, probablemente esté hablando acerca de la iglesia como 12 tribus espirituales descendientes del testimonio de los 12 apóstoles (Mateo 19:27, 28). La iglesia, en el libro de Apocalipsis y a lo largo del Nuevo Testamento, sigue el modelo de la experiencia del Israel del Antiguo Testamento.
Así que la iglesia realmente tiene dos modelos de comportamiento. Por un lado, se asemeja al Israel del Antiguo Testamento. En el libro de Apocalipsis, la iglesia lucha contra Sodoma, Egipto y Babilonia, tal como lo hizo el Israel del Antiguo Testamento. Juan describe la historia de la iglesia con el vocabulario del pasado, el lenguaje del Antiguo Testamento. Pero ya hemos visto que Jesús vivió todas las experiencias del Israel del Antiguo Testamento. Así que la iglesia también sigue el ejemplo de Jesucristo. «Donde yo estoy, allí también estará mi siervo» (Juan 12:26).
Así, la vida, muerte y resurrección de Jesús se convierten en modelos para la vida, la experiencia y el comportamiento de la iglesia. El libro de Apocalipsis lo ilustra de maneras fascinantes: la iglesia es perseguida hasta el desierto (Apocalipsis 12:6, 14), es condenada a muerte (Apocalipsis 6:9, 10), soporta el sufrimiento (Apocalipsis 13:9, 10; 12:14), está compuesta por reyes y sacerdotes (Apocalipsis 1:5, 6; 5:9, 10), sirve 1260 días vestida de cilicio (Apocalipsis 11:3; el ministerio de Jesús duró tres años y medio ) , es asesinada y escarneada (Apocalipsis 11:7-10), pero también resucita y asciende al cielo (Apocalipsis 11:11, 12). Así pues, el libro de Apocalipsis describe a la iglesia en términos tanto de Jesús como de Israel. Pero ¿en qué sentido podemos llamar a la iglesia Israel? ¿Es étnico, geográfico o relacional?
La opción étnica. En términos étnicos, Israel comenzó como una familia biológica con doce hijos descendientes de Jacob. Se convirtieron en una raza y luego en una nación. ¿Podemos referirnos a la iglesia como Israel en un sentido étnico? No. Apocalipsis 5:9, 10 nos dice que en la cruz Jesús compró a sus seguidores de toda tribu, pueblo, lengua y nación, y los convirtió en un reino de sacerdotes. Por lo tanto, Apocalipsis aplica el término Israel a todos los pueblos de la tierra que acepta a Jesucristo. Quien tiene una relación con Él pertenece a Israel, porque Jesús es el nuevo Israel. El lenguaje de Apocalipsis 7 da la impresión de que los 144.000 pertenecen exclusivamente a las tribus étnicas de Israel, pero las cosas de Israel se han expandido por medio de Cristo.
Jesús, el nuevo Israel, ha revivido la historia del antiguo Israel. Por lo tanto, quien tiene una relación con Jesús es adoptado en la familia del nuevo Jacob. No importa si eres alemán, africano, australiano, indio o chino, ni de dónde vienes ni cuál es tu origen étnico; si tienes una relación con Jesucristo, eres parte de la familia de Israel. Por lo tanto, cuando el Apocalipsis habla de los atributos de Israel, no debemos pensar en términos étnicos. Ya no importa de quién desciendes, sino con quién estás emparentado.
La opción geográfica. El Israel del Antiguo Testamento tenía una orientación geográfica. La familia/nación se apegó a un lugar específico. Tenían fronteras —que cambiaban con el tiempo—, pero eran razonablemente identificables. Cada vez que los israelitas se alejaban de ese territorio nacional, aprovechaban cualquier oportunidad para regresar a casa, especialmente a Jerusalén. ¿Deberíamos pensar en la iglesia como Israel en términos geográficos? La respuesta también es no. Jesús, el nuevo Israel, se encuentra en lugares celestiales (Apocalipsis 5:6-14; 7:15-17). Ningún lugar en la tierra está más cerca de Él que otro. Por lo tanto, sin importar dónde vivas, tienes el mismo acceso a Él a través del Espíritu Santo.
Referirse a la iglesia en términos de Israel, entonces, es hablar de ella en relación con Jesucristo. Así, si bien el Apocalipsis usa el lenguaje del Antiguo Testamento para referirse a Israel y sus vecinos, su significado no es ni étnico ni geográfico. No debemos entender Babilonia, el río Éufrates, Jezabel, David, Egipto y Sodoma en el antiguo sentido étnico o geográfico. Más bien, tienen que ver con Jesús, la iglesia y los desafíos que esta enfrenta a lo largo de la historia cristiana.
Espiritual y mundial
El libro de Apocalipsis usa el lenguaje del Antiguo Testamento, pero su significado es diferente. Juan aplica las cosas físicas que involucran a Israel y sus vecinos en un sentido espiritual y mundial. El nuevo Israel no se encuentra en un lugar específico ni está compuesto por un pueblo en particular. Cualquier persona, en cualquier lugar, que esté relacionada con Jesucristo puede formar parte de ese nuevo Israel.
Si esto es cierto, tiene importantes implicaciones para la interpretación del Apocalipsis. Quien no entienda este punto tendrá tantas dificultades para comprender el libro como quienes desconocen el Antiguo Testamento. Por lo tanto, debemos ser honestos y decir que muchos cristianos sinceros no leen el Apocalipsis correctamente. Creen que no está escrito para cristianos, sino para judíos étnicos que viven al final de los tiempos. Por lo tanto, en realidad no tiene nada que ver con la iglesia, aunque tanto el principio (Apocalipsis 1:11, 19) como el final (Apocalipsis 22:16) parecen indicar que sí.
Si bien respeto a todos los cristianos piadosos que difieren, creo que el punto no es difícil de demostrar, comenzando con Apocalipsis 5:9, 10. Allí, Juan toma el lenguaje del pueblo de Dios del Antiguo Testamento, un grupo étnico que se dirige a un lugar geográfico, y lo aplica a aquellos que fueron redimidos por la cruz, a personas de toda tribu, lengua y nación. El Israel del Apocalipsis no tiene límites étnicos ni geográficos.
Apocalipsis 7:4-8 describe un grupo de 144.000 personas, compuesto por 12.000 de cada una de las 12 tribus de Israel. Pero Juan nunca ve a este grupo. En cambio, observa una gran multitud incontable, compuesta por personas de todas las tribus, lenguas y naciones (versículos 9, 10). Por lo tanto, cuando oye hablar de 144.000 israelitas, no piensa en Israel desde una perspectiva étnica. Israel tiene características espirituales y mundiales en su libro.
Pero pongamos a prueba esta tesis examinando un término geográfico específico en Apocalipsis 16:12: «El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates, y el agua se secó para preparar el camino a los reyes del Oriente» (NVI). Si tomamos el lenguaje de Apocalipsis literalmente, el río Éufrates debe referirse a un punto geográfico real en el Medio Oriente (en el actual Irak). Pero ¿es eso lo que el libro de Apocalipsis tiene en mente? Si tuviera que elegir entre una respuesta que alguien le dio y una que el propio autor proporciona, ¿cuál elegiría? Obviamente, el autor de un libro debería tener el privilegio de decirnos qué quiere decir con cualquier símbolo que use. Y eso es exactamente lo que hace Juan en este caso. Exploremos esta pregunta analizando Apocalipsis 17:1.
Uno de los siete ángeles que tenían las siete copas vino y me dijo: «Ven, te mostraré el castigo de la gran prostituta, que está sentada sobre muchas aguas » (NVI). Quiero que noten dos cosas en este texto. Primero, uno de los ángeles de las copas del capítulo 16 ha venido a explicar algo, y segundo, que tiene que ver con “muchas aguas”. Entonces, ¿cuál de los siete ángeles de las copas es este? ¿Cuál de las siete copas tiene algo que ver con el agua? Sería el segundo (Apocalipsis 16:3 — cae sobre el mar), el tercero (versículos 4-7 — ríos y manantiales) y el sexto (versículo 12 — río Éufrates). Por lo tanto, los ángeles serían el segundo, el tercero o el sexto. Pero seamos más específicos.
“Y en su frente estaba escrito este título: MISTERIO: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA” (Apocalipsis 17:5, NVI). ¿Qué es Babilonia? Era una ciudad antigua ubicada a orillas del río Éufrates. Así que, cuando se habla de una mujer que está sentada sobre muchas aguas (versículo 1) y cuyo nombre es Babilonia (versículo 5), no hay duda de qué son exactamente las aguas de Apocalipsis 17:1: el río Éufrates (véase “muchas aguas” en Jeremías 51:13). El ángel que se acerca a Juan en Apocalipsis 17 es el ángel de la sexta copa. Ha venido a decirle algo sobre el río Éufrates, una explicación que aparece en Apocalipsis 17:15.
“Entonces el ángel me dijo: ‘Las aguas que viste donde la prostituta se sienta son pueblos, multitudes, naciones y lenguas’” (NVI). ¿Qué son las “aguas que viste”? Son las aguas del versículo 1, las aguas del río Éufrates. ¿Qué representa el río Éufrates? En el versículo 15, el ángel nos dice exactamente: “pueblos, multitudes, naciones y lenguas”. El río Éufrates es un símbolo de muchas naciones: los poderes políticos, seculares y económicos de nuestro mundo. En el Antiguo Testamento, el río Éufrates era una masa de agua literal y local, pero en el libro de Apocalipsis es un símbolo de un concepto espiritual mundial.
El principio de “espiritual y mundial” no es difícil de demostrar a lo largo del libro de Apocalipsis. En Zacarías 12:10, los “habitantes de Jerusalén” lloran por aquel a quien traspasaron. Luego, en Apocalipsis 1:7, “todo ojo” llorará, en el lenguaje de Zacarías. Lo que los jerosolimitanos hacen en Zacarías, el mundo entero lo hace en Apocalipsis. Isaías 34:9, 10 describe la tierra de Edom (una pequeña nación en el Antiguo Testamento) como ardiendo para siempre, con su humo ascendiendo, mientras que en Apocalipsis 14:10, 11 esta es la experiencia de todos en el mundo que reciben la marca de la bestia. Joel 3:12, 13 establece el pequeño “Valle de Josafat” a las afueras de Jerusalén como el escenario de la batalla final entre Judá y sus enemigos, mientras que en Apocalipsis 14:14-20, “fuera de la ciudad” claramente se refiere a todo el mundo.
Así trata el libro de Apocalipsis a Israel, a sus vecinos e incluso a Babilonia y su río en un sentido espiritual y mundial. La clave del lenguaje es la relación con Jesucristo. Quienes están del lado del Cordero se clasifican con Israel. Pero quienes se oponen a Dios son Babilonia, Egipto, Edom y el río Éufrates. Así como debemos entender a Israel como espiritual y mundial, la Babilonia del Apocalipsis también es espiritual y mundial.
Espiritual y mundial en Apocalipsis
Literal y local (AT)
Espiritual y mundial (Rev.)
Río Éufrates
Pueblos, naciones y lenguas (Ap. 17:15)
Habitantes de Jerusalén (Zac. 12:10)
“Todo ojo” (Apocalipsis 1:7)
Edom (Isaías 34:8-10)
Todos los que tienen la Marca de la Bestia (Apocalipsis 14:9, 10)
Israel en el Sinaí (Éxodo 19:5, 6)
Algunos de cada tribu, lengua y nación (Apocalipsis 1:5, 6; 5:9, 10)
Valle de Josafat (Joel 3)
Tierra (Apocalipsis 14:14-20)
Este principio es crucial para interpretar el Apocalipsis. Si se interpreta el Antiguo Testamento desde una perspectiva literal y local, se malinterpretará el propósito y la intención del libro. Será muy difícil encontrar a Jesucristo en el Apocalipsis, y Jesucristo es el tema central del libro. El Apocalipsis no es «la revelación del Medio Oriente» ni «la revelación del Israel moderno». Más bien, es «la revelación de Jesucristo» (Apocalipsis 1:1) y de su iglesia (Apocalipsis 22:16), acerca de Jesús y de las personas que se relacionan con él (Apocalipsis 17:14).
Si un método de interpretación no nos permite comprender mejor a Jesús, no nos ayuda a comprender el libro de Apocalipsis. En el libro de Apocalipsis se unen todos los demás libros de la Biblia. Este libro hace que el Antiguo Testamento cobre vida porque bautiza sus enseñanzas en Jesucristo y las aplica a quienes viven en los últimos días. Por lo tanto, el libro de Apocalipsis puede hacer que el Antiguo Testamento sea relevante para el pueblo de Dios hoy.
Encontrando a Cristo en las plagas de las trompetas
Pero siento que aún tienes dudas. Por ejemplo, ¿cómo pueden las plagas del libro ser una revelación de Jesucristo? ¿Cómo pueden los horribles sucesos de los sellos y las trompetas arrojar alguna luz sobre el evangelio? Quizás puedas encontrar a Cristo en otras partes del libro, te estarás preguntando, pero ¿qué pasa con todo lo que tiene de terrible?
Bien, aceptemos el reto. Para concluir este libro sobre el método, vayamos al pasaje más horrible, desconcertante y difícil del libro: la quinta trompeta (Apocalipsis 9:1-11). Si puedes encontrar a Jesús allí, puedes encontrarlo en cualquier lugar.
El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que había caído del cielo a la tierra. A la estrella se le dio la llave del pozo del abismo. Cuando abrió el abismo, subió humo como el de un horno gigante. El sol y el cielo se oscurecieron por el humo del abismo. Y del humo descendieron langostas a la tierra, y se les dio poder como el de los escorpiones de la tierra. Se les ordenó no dañar la hierba de la tierra, ni ninguna planta ni árbol, sino solo a quienes no tuvieran el sello de Dios en la frente. No se les dio poder para matarlos, sino solo para torturarlos durante cinco meses. Y la agonía que sufrieron fue como la picadura de un escorpión cuando hiere a un hombre. En aquellos días, los hombres buscarán la muerte, pero no la encontrarán; ansiarán morir, pero la muerte los eludirá. (Apocalipsis 9:1-6, NVI)
A primera vista, ¿es esta una presentación típica del evangelio? ¿Parece Jesús visible en algún lugar? ¿O es este pasaje más como una película de terror? Una vez cometí el error de intentar dramatizar este pasaje para un cuento infantil en la iglesia (¡mi esposa no siempre responde por mi cordura!). Les conté a los niños sobre la trompeta, la estrella fugaz y el Abismo (o pozo sin fondo). Después de describir la oscuridad, representé langostas gigantes volando con enormes aguijones que se acercaban sigilosamente a la gente y los apuñalaban en los cojines de los asientos. Antes de que pudiera terminar, noté a un par de niñas de unos 12 años con aspecto terriblemente asustado. Tomé nota mental de disculparme con ellas y sus padres después de la iglesia. Cuando terminó el servicio, pregunté por ellas y me enteré de que se habían enfermado y tenían que irse a casa temprano. ¡Y nunca las volví a ver! ¡No hay mucho evangelio en la superficie de este texto! Trátelo con cuidado.
Entonces, ¿dónde está Jesucristo en las plagas de la quinta trompeta? ¿Dónde está Jesús en el abismo o en la oscuridad? ¿Y dónde está Jesús en las picaduras de las langostas/escorpiones? Si lo encuentras en este pasaje, ¡debe estar en todas partes del libro! Sigamos el método descrito anteriormente y veamos qué aprendemos. Compararemos este pasaje de las trompetas con textos paralelos del Nuevo Testamento y veremos si aclaran el significado evangélico de estas imágenes.
En primer lugar, el pasaje menciona un abismo. En el versículo 1, una estrella caída recibe una llave del cielo para abrir el pozo que conduce al abismo. Lucas 8:30-32 nos da una idea del abismo. Es el pasaje sobre el encuentro de Jesús con un endemoniado y los demonios dentro de él: «Jesús le preguntó: “¿Cómo te llamas?”. “Legión”, respondió, porque muchos demonios habían entrado en él. Y le rogaron repetidamente que no los mandara al abismo» (NVI). Sea cual sea el significado de “abismo”, es claramente un lugar donde los demonios no quieren ir, donde están confinados y se les impide el tipo de actividad que prefieren. Por lo tanto, abrir el abismo prepararía el camino para un ataque demoníaco contra los habitantes de la tierra. Pero la llave del abismo desciende del cielo, lo que sugiere que tal ataque demoníaco de alguna manera cumple el propósito de Dios.
En el segundo versículo, la plaga se centra en la oscuridad. Humo sube del abismo como el humo de un gran horno (Sodoma—Génesis 19). Y el humo del abismo oscurece el aire y el cielo. El Nuevo Testamento tiene un tema constante de luz y oscuridad. Jesús es la luz del mundo (Juan 8:12; 9:5). Dondequiera que Él va, la luz inunda el mundo (Juan 3:18-21). La forma en que las personas responden a esa luz determina su relación con Jesús y su destino final. La oscuridad, por otro lado, significa la ausencia de Jesús y del evangelio. Así que en la quinta trompeta, esta plaga demoníaca borra la visión de Jesús y el conocimiento del evangelio del mundo. Sea cual sea el tema de la quinta trompeta, resulta en una falta de la presencia de Jesús y de la verdad sobre Él.
¿Hay alguna buena noticia en este pasaje? Sí, la hay. En Apocalipsis 9:3, 4, el humo se transforma en langostas con aguijones de escorpión. Aunque pueda parecer aún más horroroso, en realidad trae la primera señal de buenas noticias. A las langostas/escorpiones se les impone una restricción, una limitación: «No hagan daño a la hierba de la tierra, ni a ninguna planta ni árbol, sino solo a las personas que no tienen el sello de Dios en la frente» (NVI). ¡Qué langostas tan extrañas! Normalmente, las langostas se alimentan de la vegetación y dejan a las personas solas. Estas langostas simbolizan los juicios de Dios sobre los seres humanos. Pero esos juicios solo afectan a quienes no están del lado de Dios. Por lo tanto, esta plaga demoníaca no puede dañar a quienes Dios ha sellado.
Un texto del Nuevo Testamento utiliza más este lenguaje que cualquier otro: Lucas 10:17-20. Resalto el lenguaje que refleja palabras y temas griegos que también se encuentran en la quinta trompeta:
Los setenta y dos regresaron con alegría y dijeron: «Señor, hasta los demonios se someten a nosotros en tu nombre». Él respondió: «Vi a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer todo el poder del enemigo; nada les hará daño . Sin embargo, no se alegren de que los espíritus se sometan a ustedes, sino alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo» (Lucas 10:17-20, NVI).
Los dos textos comparten siete u ocho palabras clave. Si bien no podemos estar seguros de que Juan haya visto alguna vez una copia de Lucas, debió estar familiarizado con este dicho de Cristo. Los discípulos de Jesús recibieron su poder sobre los demonios, y sus nombres fueron escritos en el cielo. Y gracias a esa seguridad, descubrieron que todo el poder del enemigo no podía hacerles daño. Para quienes tienen una relación con Jesús, el aguijón demoníaco del escorpión no tiene poder para herir. Lucas 10 confirma que los escorpiones son un símbolo del poder satánico en la tierra.
El pasaje también nos ayuda a ver a Jesús en Apocalipsis 9. En algún momento de la historia (dejando los detalles para otro libro), Dios permite que se abra el abismo. El resultado de esa acción es un ataque demoníaco masivo contra nuestro mundo. Atacará el conocimiento de Dios y buscará borrar de la tierra las buenas nuevas del evangelio. Cuando llegue ese asalto, Jesús será refugio y consuelo para su pueblo. El ataque demoníaco no tendrá poder sobre ellos. Satanás solo podrá herir a quienes le han permitido controlar sus vidas. El león puede rugir. Puede sacudir las ventanas e intentar bloquear el camino de la gente. Pero su poder para herir y matar está sujeto a la autoridad de Jesús. El discípulo no tiene por qué temer.
El mensaje de la quinta trompeta resulta ser aproximadamente el mismo que el de Romanos 8:35-39:
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿ Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: «Por tu causa nos enfrentamos a la muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero». No, en todas estas cosas somos más que vencedores.
Por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni lo presente ni lo futuro, ni ningún poder, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro .
Ver a Cristo en el libro de Apocalipsis
1. Recopilar posibles textos paralelos del Nuevo Testamento.
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Comentarios
Concordancias
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2. Copie el pasaje de Apocalipsis y los posibles textos paralelos en letra grande.
3. Utilizando un bolígrafo de color o un resaltador, marque todas las palabras paralelas significativas.
4. Utilice una concordancia para buscar paralelos temáticos y ecos de la teología del Nuevo Testamento.
5. A través de un enfoque de lectura amplio, mejore constantemente su comprensión de los temas principales del Nuevo Testamento.
6. Trate de determinar cómo el evangelio de Jesucristo afecta cada pasaje del Apocalipsis.
Conclusión
Es difícil imaginar horrores mayores que los que se describen en el libro de Apocalipsis. La visión acumula imágenes terribles una tras otra. Pero el propósito del libro no es entretener ni intimidar. La intención de los horrores de Apocalipsis es resaltar la gracia de Dios en Jesucristo. No importa cuán mal se pongan las cosas, el evangelio sigue triunfando. No importa cuán descontrolados parezcan los acontecimientos, Dios sigue en control. Nuestros ojos y oídos nos dicen que todo se está desmoronando, que no hay seguridad en ninguna parte. Pero el libro de Apocalipsis dirige nuestra atención más allá de la realidad que podemos percibir. Apocalipsis nos señala a un Dios que envió a su Hijo a morir por nosotros, para que tuviéramos vida, una vida más abundante. Y el Cordero que fue inmolado (Apocalipsis 5:5, 6) vive de nuevo para siempre (Apocalipsis 1:17, 18). Quienes tienen una relación con Él pueden vencer por la sangre del Cordero y el testimonio de su Padre Celestial. (Apocalipsis 12:11, 12). Y al final, cesarán el mal, el terrorismo, el odio, la guerra y el abuso (Apocalipsis 21:3, 4). Veremos el rostro de Jesús (Apocalipsis 22:4). Y Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos (Apocalipsis 7:16, 17).
Era el año 1984, una fecha que el novelista George Orwell calificó de ominosa. Sin embargo, para mí, varios acontecimientos positivos marcaron ese año, como mudarme a la casa donde aún vivimos y ser contratado para enseñar en el seminario, donde aún permanezco. Pero quizás el momento más inolvidable de ese año ocurrió durante uno de los debates previos a las elecciones que devolvieron a Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos.
La contienda por la nominación del Partido Demócrata se libraba principalmente entre Walter Mondale y Gary Hart. Gary Hart se haría famoso posteriormente por sus aventuras amorosas con mujeres que no eran su esposa. Pero en el momento de este debate, él era el candidato principal a la nominación, y su oponente estaba considerando medidas desesperadas para cambiar el rumbo. Nadie podría haber anticipado que todo el proceso de nominación giraría en torno a una simple frase.
Durante el debate, Gary Hart habló de su visión para mejorar el país. Walter Mondale tuvo la oportunidad de rebatir. Dijo que su oponente tenía mucho que decir, pero que la cuestión realmente decisiva era «¿Dónde está la carne?». A primera vista, parecería que Mondale pensaba que el voto sobre agricultura cambiaría la situación a su favor. Pero, en realidad, su comentario no tenía nada que ver con la industria cárnica.
Verán, justo antes de este debate, una importante cadena de hamburguesas comenzó a emitir un encantador anuncio de televisión que se burlaba del tamaño de las porciones de su principal competidor. Una «ancianita» estaba sentada en la mesa de la cadena rival y alguien le puso una hamburguesa delante. El pan era generoso, prometiendo una comida abundante. Pero cuando la mujer levantó la mitad superior del pan, solo se veía un trocito de carne diminuto, no mucho más ancho.
Más de una cuarta parte. Con una mirada de asombro, dijo con la voz temblorosa de una anciana: «¿Dónde está la carne?». La campaña fue un éxito rotundo. En todo el país, la gente recitaba las líneas del anuncio de televisión. La mujer se convirtió en estrella de la noche a la mañana a los 85 años.
¿Cuál era el mensaje del anuncio? No importaba qué tipo de promesas hiciera la otra cadena sobre su hamburguesa. Lo que importaba era la comida que uno recibía. Los anuncios de televisión invitaban al espectador a comparar las ofertas de las cadenas rivales y descubrir los beneficios de cambiar de restaurante. Al citar la frase del anuncio de hamburguesas, Mondale planteó con destreza la pregunta de si las promesas de Hart eran sustanciales o meras palabras.
Con esta frase, Mondale comunicó mucho más que un simple mensaje sobre la agricultura estadounidense. Con una simple alusión al anuncio de televisión, puso en duda la credibilidad de su oponente. La percepción de su oponente cambió de la noche a la mañana, a pesar de que el propio Mondale había aportado pocos argumentos para promover ese cambio. Con una simple frase, el candidato logró convertir a su oponente en el hazmerreír nacional, incluso antes de que sus indiscreciones maritales salieran a la luz pública y arruinaran para siempre su carrera política. Tal es el poder de una simple frase. Lo que quizá no sea tan obvio son las implicaciones que esta historia tiene para nuestro estudio del Apocalipsis. Esto se hará evidente en las próximas páginas.
La importancia del Antiguo Testamento en Apocalipsis
Si alguna vez ha leído el Antiguo Testamento o incluso una colección de cuentos infantiles basados en él, no tardará en comprender la importancia del Antiguo Testamento para el mensaje del Apocalipsis. William Milligan, un destacado comentarista del libro del Apocalipsis hace unos 100 años, quedó tan impresionado con este punto que hizo la siguiente declaración:
El libro del Apocalipsis está profundamente impregnado de los recuerdos, los incidentes, el pensamiento y el lenguaje del pasado de la iglesia. A tal punto que cabe dudar de si contiene una sola figura que no provenga del Antiguo Testamento, o una sola frase completa que no esté basada en materiales de la misma fuente.
Así que, si usted estudiara el libro de Apocalipsis sin hacer referencia al Antiguo Testamento, el significado genuino del libro permanecería en gran medida intacto.
Un misterio para ti. Se podría argumentar, como lo hace Milligan, que prácticamente toda palabra, frase e idea tiene su origen en el Antiguo Testamento. Y Milligan no es el único que opina lo mismo. Más recientemente, un importante comentarista en alemán, Heinrich Kraft, dijo lo siguiente (traducido del alemán):
“Podemos decir, de manera general, que hasta que no hayamos logrado exponer la fuente del Antiguo Testamento para una profecía apocalíptica, no habremos interpretado ese pasaje”.
Así que creo que es muy claro que si no entendemos el Antiguo Testamento, tampoco comprenderemos el Apocalipsis. El libro contiene unas 2000 referencias de un tipo u otro al Antiguo Testamento. Esto significa que el estudio del Apocalipsis nos conecta con el Antiguo Testamento de muchas maneras. Incluso se podría decir que el Antiguo Testamento es «la clave del código» en el que Juan escribió el Apocalipsis. Según mi cálculo, entre el 80 y el 85 por ciento de los cientos de símbolos del Apocalipsis se entienden mejor con referencia al Antiguo Testamento.
Pero nos enfrentamos a un grave problema. La mayoría de estas «referencias» al Antiguo Testamento son simplemente una palabra, una frase, a menudo apenas un leve indicio de conexión. Este uso alusivo del Antiguo Testamento deja mucho espacio para la duda y la especulación. Sin un estudio y una comparación cuidadosos, es fácil malinterpretar el uso que el Revelador hace del Antiguo Testamento. Por lo tanto, necesitamos trazar un camino hacia la comprensión de las cuestiones más profundas en la relación del autor con las Escrituras Hebreas.
Tipos de uso
En general, parece haber cuatro maneras básicas en que los escritores del Nuevo Testamento reflexionan y emplean el Antiguo Testamento. Podemos describir cada una de ellas con una sola palabra: cita, cita textual, alusión y eco. Definamos brevemente los términos y luego veamos cómo se aplican al libro de Apocalipsis.
Citación
El primer tipo de uso se llama «cita». Una cita se da cuando alguien cita otra obra literaria de forma bastante extensa y luego indica dónde se puede encontrar la cita. Un buen ejemplo de esto en el mundo actual es el uso de notas a pie de página en la literatura académica. Se cita algo que se lea y luego proporcione la referencia para que todos sepan de dónde la obtuvo. Citar es la manera más fácil de identificar referencias a material anterior, ya que el autor es claro sobre lo que se cita y su procedencia.
Cotización
Una «cita» es muy similar a una cita textual en el sentido de que implica una cantidad significativa de material citado. La diferencia en este caso es la ausencia de una «nota a pie de página». El autor no indica de dónde proviene la cita y simplemente da por sentado que la reconocerá. El material contiene suficientes palabras seguidas como para que un lector culto o alguien que conozca personalmente al autor no tenga dudas sobre su procedencia, incluso sin una referencia. Por ejemplo: «Oh, dime, ¿puedes ver, a la luz temprana del amanecer, lo que tan orgullosamente saludamos, al último resplandor del crepúsculo?» Casi todos los estadounidenses reconocen de inmediato las primeras palabras del himno nacional de los Estados Unidos. La mera lectura de las palabras me recuerda una melodía. Con una cita como esta, no es difícil determinar la fuente, si se está familiarizado con ella.
Alusión
La tercera forma en que los escritores del Nuevo Testamento emplearon el Antiguo Testamento se llama «alusión». Aludir a la literatura previa es mucho más misterioso que citar. Una alusión también es un intento serio de dirigir al lector a una fuente comúnmente reconocida, pero la referencia puede limitarse a una sola palabra, frase o idea. Con la alusión, el lector debe completar los espacios en blanco. Las alusiones al Antiguo Testamento en el Apocalipsis son más complejas que las citas textuales porque es difícil descubrir adónde se dirige el autor, especialmente después de 1900 años. Dado que el autor pretende que el lector capte la conexión con el Antiguo Testamento, algunos eruditos prefieren el término «alusión directa» para definir esa intención.
Eco
La cuarta forma en que los escritores del Nuevo Testamento utilizan el Antiguo Testamento se conoce como «eco». Los ecos son similares a las alusiones en que simplemente implican una palabra, una frase o una idea del Antiguo Testamento. Pero hay una diferencia importante. Como se ha dicho, una alusión directa es una alusión seria.
Intentan dirigir a los lectores a una fuente comúnmente reconocida, pero con un eco, el autor no pretende dirigirlos a una fuente específica, literaria o de otro tipo. Un escritor puede «hacerse eco» del lenguaje de la literatura anterior sin ser consciente de ello. El lenguaje le llega al escritor «en el aire» del mundo en el que vive. Se espera que el lector comprenda el significado del término, pero no que lo vincule con ningún predecesor literario en particular.
Una distinción importante
Lo frustrante del libro de Apocalipsis es que nunca cita el Antiguo Testamento. Si lo hiciera, nuestra tarea sería más fácil. Pero en ningún punto del libro encontramos un uso tan extenso del Antiguo Testamento que podamos saber con certeza de dónde proviene esa cita. Lo más cercano a una cita se encuentra en Apocalipsis 15, que introduce el Cántico de Moisés junto al mar. Los eruditos lo reconocen de inmediato como una referencia a Éxodo 15. Pero si comparamos Apocalipsis 15 con Éxodo 15, descubrimos que Juan no cita el Cántico de Moisés. En cambio, extrae las palabras del cántico de Apocalipsis 15 de un collage de ocho o nueve pasajes del Antiguo Testamento, ninguno de ellos del libro de Éxodo. Por lo tanto, el «cántico de Moisés» en el capítulo 15 no es una verdadera cita del Antiguo Testamento. El libro de Apocalipsis nunca cita el Antiguo Testamento. Se requiere que el lector reconozca las referencias de su experiencia previa o realice suficiente trabajo de fondo para descubrirlas.
La mayoría de los lectores de Juan probablemente habrían captado de inmediato sus alusiones al Antiguo Testamento. Estaban familiarizados con Juan, sus enseñanzas y el Antiguo Testamento. Tras años de relación, estarían listos para captar las indirectas que dejaba caer aquí y allá. Pero hoy en día, podemos pasar por alto fácilmente las alusiones, y en el proceso, el mensaje del libro se distorsiona. Pero pasar por alto los mensajes no es el único problema posible. Los intérpretes demasiado entusiastas pueden encontrar alusiones que Juan o Jesús nunca pretendieron. A veces, Juan alude al Antiguo Testamento, esperando que el lector reconozca la fuente y considere su significado para lo que dice. En otras ocasiones, Juan simplemente repite el lenguaje del Antiguo Testamento y no pretende referirse a las Escrituras Hebreas. Distinguir entre ambos es extremadamente importante.
La función de las alusiones
El propósito de una alusión es llevar al lector a considerar un pasaje específico del Antiguo Testamento y aplicar su significado al pasaje del Apocalipsis en cuestión. Juan pretende que el lector reconozca la alusión y sea consciente de su contexto más amplio. Ese contexto, en cierto sentido, se convierte en un contexto extendido para el propio Apocalipsis. Una palabra, una frase o un símbolo puede convertirse en una imagen que reemplaza mil palabras. Al leer el Apocalipsis, es necesario hacerlo a la luz de los pasajes del Antiguo Testamento a los que se alude en su contexto. Reconocer una alusión directa abre nuevas perspectivas sobre el significado del autor. Pasar por alto la alusión deja en duda la intención del autor.
La historia de Mondale al principio del capítulo ilustra bien el proceso. Al usar la frase «¿Dónde está la carne?», Mondale contaba con que la audiencia del debate conociera no solo la frase, sino también todo el contexto del anuncio de hamburguesas. Muchos que, por alguna razón, no captaron la referencia, se volvieron hacia su vecino y preguntaron: «¿De qué se ríen todos?». Necesitaban una explicación. Comprender el contexto general fue crucial para comprender correctamente el argumento de Mondale.
La función de los ecos
Un eco, por otro lado, no se basa en una intención consciente. Juan puede usar el lenguaje del Antiguo Testamento sin ser consciente de su origen. Un eco es un uso que está «en el aire», algo que la gente simplemente capta del entorno en el que vive. Sería particularmente fácil hacer eco del Antiguo Testamento si crecieras en una sinagoga judía donde constantemente escucharas citas y referencias al Antiguo Testamento de diversas maneras. Sería natural que usaras lenguaje del Antiguo Testamento, pero no siempre serías consciente de que el Antiguo Testamento era la fuente de las expresiones que usabas.
Cómo funcionan los ecos
Permítanme darles un ejemplo de cómo funcionan los ecos: ¿Qué es un limón? Bueno, sin duda es un cítrico con un sabor bastante ácido. Pero el término tiene un significado amplio en la cultura estadounidense. Un limón es un coche nuevo que no cumple lo que promete. Aunque sea nuevo, es disfuncional, no cumple con todas las funciones que se supone que debe cumplir. Es un vehículo de transporte nuevo y reluciente que no cumple con su función (¡lo siento!). Como resultado, un limón le da demasiados problemas a su dueño y pasa demasiado tiempo en el taller.
Si vives en Estados Unidos, estarás familiarizado con el uso simbólico de «limón». En el contexto automovilístico, un limón es un coche en mal estado, y el término existe desde principios del siglo XX. Pero su popularidad aumentó enormemente cuando Ralph Nader publicó en 1970 un libro titulado » Qué hacer con tu coche en mal estado». La portada del libro era blanca y mostraba la imagen de un limón con cuatro ruedas de plástico. Leer el título y ver la foto tuvo un impacto inmediato. El «limón» como símbolo con significado automotriz se popularizó.
Pero la mayoría de los estadounidenses no necesitan conocer ese fragmento específico de historia para comprender el significado extenso de «limón». Recoge esa información «en el aire» de la cultura estadounidense. Y si escribe o habla sobre limones, su público lo entenderá automáticamente, haya oído hablar o no de Ralph Nader. Pero supongamos que han pasado 2000 años y la raza humana ha olvidado la civilización estadounidense. De repente, alguien descubre en un montón de basura futurista un libro que usted escribió, lo lee y ve un uso simbólico de la palabra «limón». ¿Qué concluirá? Si piensa en «cítricos», no entenderá nada. Pero si luego desentierra el libro de Ralph Nader, lo entenderá mejor. Se dará cuenta de que está hablando de un coche en mal estado, no de un cítrico ni de nada más.
Juan a menudo repite el lenguaje del Antiguo Testamento. En esos momentos, puede que ni siquiera sea consciente de que lo está usando. Tampoco está señalando al lector un texto específico del Antiguo Testamento. Pero el significado del término aún aparece en el Antiguo Testamento, y necesitamos retroceder y profundizar en el significado de esos ecos. Comprenderemos el eco estudiando el Antiguo Testamento, pero no debemos importar el contexto más amplio de ningún pasaje del Antiguo Testamento en el que aparezca la «palabra eco». El contexto del Antiguo Testamento en el que aparece un eco no afecta el significado del texto del Apocalipsis.
Descifrando alusiones
Aquí está la cuestión crucial. ¿Cómo saber cuándo Juan alude intencionalmente al Antiguo Testamento, incluyendo un pasaje específico en su descripción de la visión que tuvo? ¿Qué evidencia busca? El proceso de detectar una alusión se basa en determinar probabilidades. La única manera en que podría estar absolutamente seguro de los antecedentes del Antiguo Testamento de Juan lo que tengo en mente sería preguntarle yo mismo. Pero no tengo esa opción, así que solo me baso en los escritos que dejó. Aunque a veces no estemos seguros, con un poco de esfuerzo podemos hacernos una idea razonable de la intención de Juan. Solo tenemos que recopilar la evidencia en el texto. Permítanme mostrarles cómo. Pero antes, debo hacer una salvedad.
Es crucial que no solo leas sobre este proceso, sino que lo pruebes tú mismo para dominarlo. Verás, he aprendido trabajando con estudiantes que si les doy el siguiente método y no hago nada más, no tiene un efecto a largo plazo. Así que les pido que hagan una tarea que requiere que profundicen en un pasaje del Apocalipsis para determinar dónde están las alusiones. Si examinan la evidencia de su pasaje durante, digamos, 20 a 40 horas, todo encaja de forma espectacular. Llega el día en que llegan a clase con los ojos brillantes y una sonrisa diciendo: «¡Lo he conseguido! ¡De verdad funciona! ¡Es la primera vez en mi vida que he aprendido directamente de la Biblia!».
Verá, la mayoría de las personas, incluso los ministros, tienden a aprender más de los libros sobre la Biblia que del estudio directo de la Escritura misma. El siguiente método, aunque algo difícil al principio, ayuda a las personas a interactuar con el texto bíblico de una manera que abre su significado de maneras sorprendentes. Y después de cierta práctica detectando alusiones, se vuelve cada vez más hábil para reconocer cómo el libro de Apocalipsis usa el Antiguo Testamento. Después de 30 o 40 horas de práctica, el libro de Apocalipsis parece estar lleno de brazos que agitan los brazos diciendo: «¡Soy del Génesis! ¡Soy del Éxodo! ¡Soy de Isaías!». Cuando esto sucede, Apocalipsis se convierte en un libro completamente nuevo lleno de significado que antes no tenía. Esto es lo que tiene que hacer.
Recopilación de posibles paralelismos
El primer paso del método es recopilar posibles paralelismos con el texto de Apocalipsis que estás estudiando. Puedes hacerlo de varias maneras. Una es consultar las referencias impresas en los márgenes de la Biblia. Muchas Biblias contienen listas de textos paralelos en el margen lateral o central, o a veces al final de la página. Otra fuente de posibles paralelismos son los comentarios sobre Apocalipsis. Los autores de comentarios suelen sugerir textos del Antiguo Testamento que, según ellos, se encuentran detrás del pasaje de Apocalipsis. Las concordancias, tanto impresas como digitales, ofrecen un medio para recopilar posibles alusiones al Antiguo Testamento en Apocalipsis. También puedes encontrar paralelismos con una computadora utilizando las funciones de búsqueda de un programa bíblico. Cuando se trata de en cuanto a los márgenes o comentarios, ciertamente no conviene tomar ninguna de estas fuentes como «evangelio». Deberá examinar cada pasaje en busca de evidencia de la intención de Juan, o la falta de ella.
¿Cómo se hace? En primer lugar, conviene hacer copias del pasaje de Apocalipsis que se está estudiando y de los diversos textos del Antiguo Testamento que puedan ser paralelos. De esta manera, se pueden subrayar, resaltar y tomar notas directamente en las páginas. Se coloca el pasaje de Apocalipsis junto a cada posible alusión al Antiguo Testamento. Luego, se buscan paralelismos verbales, temáticos y estructurales.
Paralelismos verbales
En primer lugar, busca paralelismos verbales. Sospechas, por ejemplo, que Apocalipsis 9:1-6 podría estar basado en Génesis 19. Así que haces fotocopias de ambas páginas de tu Biblia con el tamaño de letra más grande posible y colocas los dos pasajes uno al lado del otro. Léelos con atención y marca cada palabra importante que aparezca en ambos. ¿A qué me refiero con «palabras importantes»? Bueno, incluyen prácticamente todo excepto «el», «y», «pero» y palabras similares. Estas palabras comunes tienen poca importancia para un paralelismo. Pero las palabras importantes son lo suficientemente distintivas como para que su uso llame la atención del intérprete. Los paralelismos verbales ocurren donde hay al menos dos palabras importantes en común entre los dos textos. ¿Por qué dos? Por razones prácticas. Si intentaras seguir todos los paralelismos de una sola palabra en la Biblia, nunca terminarías de estudiar un solo capítulo de Apocalipsis, y mucho menos todo el libro. Limitarte a paralelismos de dos o más palabras ahorra el 95 % del esfuerzo sin una pérdida significativa de precisión.
Sigamos con ese ejemplo. En Génesis 19, tres desconocidos visitaron a Abraham. Finalmente, él descubre que uno de ellos es el Señor mismo. Los otros dos, ángeles, van a investigar Sodoma, una ciudad vecina conocida por su libertinaje y violencia. Sabiendo que tiene un sobrino allí, Abraham le ruega al Señor que no destruya la ciudad e incluso logra obtener algunas concesiones. Pero Sodoma perece de todos modos, y cuando Abraham se levanta a la mañana siguiente para ver qué ha sucedido, ve el humo subiendo de Sodoma “como el humo de un gran horno” (Génesis 19:28). Pero esa no es la última vez en la Biblia que se puede ver la misma frase: “Cuando abrió el abismo, subió humo de él como el humo de un horno gigantesco” (Apocalipsis 9:2).
Apocalipsis 9:2 contiene un paralelo verbal con Génesis 19:28. Observamos tres palabras principales en común entre los dos textos: «humo», «grande» y «horno». ¿Significa eso que Juan definitivamente estaba aludiendo a Génesis 19 en Apocalipsis 9? No necesariamente. Los paralelos verbales son solo parte de la evidencia que se utiliza para determinar si el autor está haciendo una alusión intencional o no. Sin embargo, los paralelos verbales son una evidencia sólida. Cuantas más palabras tengan en común entre dos textos, más probable es que un autor esté citando a otro. De hecho, si su paralelo verbal es extenso (15-20 palabras seguidas), probablemente no debería hablar de una alusión, sino de una cita. Sin embargo, ese nivel de certeza rara vez ocurre en Apocalipsis, si es que ocurre.
Así que, al comparar textos, se empieza por observar todos los paralelismos verbales entre ellos. Con un bolígrafo o un resaltador, se marcan todas las palabras principales que aparecen en ambos textos. Anote todos los paralelismos verbales, como «humo de un gran horno», que probablemente sea un paralelismo muy significativo. Los paralelismos verbales constituyen una parte importante de la evidencia para determinar cuándo Juan alude a un texto específico del Antiguo Testamento.
Detectando paralelismos verbales
1. Recopilar posibles textos paralelos.
Márgenes de la Biblia
Comentarios
Concordancias
Programas bíblicos informáticos
2. Copie el pasaje de Apocalipsis y los posibles textos paralelos en letra grande.
3. Utilizando un bolígrafo de color o un resaltador, marque todas las palabras paralelas significativas.
Paralelos temáticos
Una segunda evidencia que se debe buscar son los paralelismos temáticos. Estos pueden darse en conexión con paralelismos verbales, pero también pueden darse sin paralelismos verbales. Se buscan temas, asuntos e ideas comunes, independientemente de si los dos pasajes utilizan las mismas palabras. En sí mismos, los paralelismos temáticos son muy débiles. Cuando un autor tiene un texto anterior, teniendo presente el texto, normalmente se hará eco tanto del lenguaje como de los temas. Pero a veces la alusión actúa como un código secreto, como si un guiño o un gesto se cruzaran entre el autor y el lector. En tales ocasiones, tanto el autor como el lector pueden reconocer un tema común, aunque solo una palabra, o a veces ninguna, delate un elemento común entre dos textos.
Por lo tanto, los paralelismos temáticos pueden ser difíciles de detectar. El intérprete llega al posible texto paralelo a partir de su conocimiento del Apocalipsis, el Antiguo Testamento y una comprensión de cómo Juan trabaja con dicho texto. A medida que se adquiere experiencia, este difícil proceso se vuelve cada vez más sencillo. Si bien los paralelismos temáticos son evidencia débil por sí mismos, en combinación con paralelismos verbales y estructurales, la presencia de un paralelismo temático aumenta la probabilidad de que un pasaje aluda a otro.
Quizás la mejor manera de enseñar este proceso sea con un par de ejemplos. Ezequiel 9:1-7 presenta una descripción visionaria, una de las más aterradoras de toda la Biblia. El profeta ve a seis hombres de porte temible acercarse a Jerusalén con armas en la mano. Entre ellos hay un séptimo hombre con un tintero de escribano a su lado. Al entrar los siete hombres en el Templo de Jerusalén, la gloria de Dios se eleva desde su lugar sobre el arca (en el Lugar Santísimo) y se desplaza hasta la puerta del Templo. El Señor ordena al hombre del tintero que vaya de persona en persona por toda la ciudad y coloque una marca en la frente de todos aquellos que comparten la actitud de Dios hacia las abominaciones que ocurren en la ciudad y en el Templo.
El hombre con el tintero va de persona en persona, examina cada rostro y luego marca la frente o no. Es una imagen aterradora del juicio. Sin duda, cada persona contiene la respiración mientras se acerca el séptimo hombre, porque si no deja la marca en la frente, los seis hombres armados detrás de él lo matan de inmediato. Es una masacre de todos los que no reciben la marca. El resultado es que los muertos llenan el Templo y la ciudad, y el profeta cae de bruces en agonía en la escena (Ezequiel 9:8). Ezequiel aprende que la carnicería es necesaria porque la tierra está llena de violencia, abuso y perversión (versículo 9). Pero el juicio también incluye misericordia. Perdona a quienes «gimen y lloran» por la maldad en la tierra. Así que un tema principal del pasaje de Ezequiel 9 es una marca en la frente de las personas que las protege del juicio divino.
En Apocalipsis 9:4 (¡la misma referencia numérica que la marca en Ezequiel!) encontramos un sello colocado en la frente de las personas que sirven a Dios. Los protege contra las langostas y los escorpiones en la quinta trompeta. Ezequiel y Apocalipsis usan diferentes palabras para «marca». No existe un paralelo verbal entre los textos (la única palabra en común es «frente» y una sola palabra no es un paralelo verbal), pero sí hay un paralelo temático. La idea de marcar la frente para proteger a las personas de los juicios de Dios crea una correspondencia interesante y significativa. Es posible que el autor de Apocalipsis 9 tuviera en mente Ezequiel 9 incluso si los pasajes solo tienen una palabra en común. Normalmente, sin embargo, las alusiones se basan en más que un simple paralelo temático.
Otro ejemplo de un paralelo temático aparece en Apocalipsis 14:6, 7:
Luego vi a otro ángel volando por el aire, que tenía el evangelio eterno para proclamarlo a los habitantes de la tierra: a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Dijo a gran voz: «Teman a Dios y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren a aquel que hizo los cielos, la tierra, el mar y las fuentes de las aguas» (NVI).
Observará tres frases en cursiva en el pasaje: “evangelio eterno”, “la hora de su juicio” y “adorar a aquel que lo creó”. Si bien no existen paralelismos verbales entre estas frases y los Diez Mandamientos, las frases en cursiva expresan las tres motivaciones para la obediencia incluidas en la primera tabla de mandamientos. Los Diez Mandamientos comienzan con el tema de la salvación: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de Egipto, de la casa de servidumbre” (Éxodo 20:2, NVI). La acción salvadora de Dios es la razón principal para obedecer todos los mandamientos. La siguiente motivación es el aspecto del juicio en el segundo mandamiento, “visitar la iniquidad” (versículo 5). La tercera es el elemento de la creación: “Yo te hice; por lo tanto, santifica el día de reposo” (versículos 8-11). La triple motivación de la salvación, el juicio y la creación se encuentra en los pasajes en cursiva de Apocalipsis 14:6, 7.
El proceso de encontrar paralelos temáticos es bastante similar al de buscar paralelismos verbales. Se comienza recopilando posibles textos paralelos de márgenes, comentarios y otras fuentes. Al comparar los textos del Antiguo Testamento con el pasaje del Apocalipsis en estudio, es necesario buscar cuidadosamente temas comunes. Dado que los paralelismos temáticos suelen abarcar grandes bloques de texto, es útil comparar el contexto general.
El pasaje del Apocalipsis con el contexto más amplio de posibles alusiones al Antiguo Testamento para ver si se esconden paralelismos temáticos tras la historia principal. Cuanto mejor se conozca el Apocalipsis y el Antiguo Testamento, más fácil será detectar paralelismos temáticos genuinos.
Paralelos estructurales
El tercer tipo de evidencia de alusiones se denomina paralelo estructural. Un paralelo estructural con el Antiguo Testamento en Apocalipsis ocurre cuando se comparte una serie completa de palabras e ideas. Un paralelo estructural puede limitarse a uno o dos párrafos en Apocalipsis, o puede abarcar grandes secciones del libro. Un buen ejemplo de paralelo estructural es el que se da entre la quinta trompeta (Apocalipsis 9:1-11) y Joel 2:1-11. Observe los numerosos paralelismos entre ambos textos: un toque de trompeta, oscuridad, langostas, vegetación, caballos, carros, angustia y un líder. El autor de Apocalipsis parece seguir Joel 2:1-11 versículo a versículo y punto por punto.
Existen otros paralelismos estructurales significativos en el libro de Apocalipsis. Por ejemplo, Apocalipsis 4 tiene un fuerte paralelismo estructural con Ezequiel 1. En una clase de doctorado, les di a los estudiantes tanto el griego de Ezequiel 1 (la traducción de la Septuaginta del hebreo original) como el de Apocalipsis 4. Descubrieron que casi un tercio de Apocalipsis 4 se había extraído de Ezequiel 1. Es una relación poderosa. Otros ejemplos de paralelismos estructurales incluyen Daniel 7 como un paralelo estructural detrás de Apocalipsis 13 y 17; Ezequiel 26 y 27 detrás de Apocalipsis 18; y Ezequiel 40-48 detrás de toda la historia de la Nueva Jerusalén en Apocalipsis 21, 22. Y ya se podría sospechar el paralelismo estructural más grande. El libro de Apocalipsis en su conjunto parece seguir bastante de cerca el libro de Ezequiel.
Sin embargo, los paralelismos estructurales no se limitan a referencias a textos específicos del Antiguo Testamento. También pueden implicar referencias repetidas a una idea general. Las trompetas del Apocalipsis, por ejemplo, parecen estar claramente basadas en el Éxodo. Pero el paralelismo estructural no se limita simplemente al libro del Éxodo. Las trompetas aluden repetidamente al tema del éxodo, que también aparece en Levítico, Números y Deuteronomio, así como en el resto del Antiguo Testamento, incluyendo los Salmos y los profetas. Las plagas de las trompetas son paralelas a las del Éxodo: agua convertida en sangre; granizo y fuego cayendo del cielo; oscuridad; muerte de personas y animales; etc.
Además, encontramos muchos paralelismos con el tema de la creación en las trompetas. Los Diez Mandamientos, en principio, parecen ser un concepto fundamental en Apocalipsis 12-14 (y este paralelismo no se limita a las referencias a Éxodo 20). Gran parte de Apocalipsis 14-19 parece estar inspirada en el tema de la caída de Babilonia de Isaías 44-47, Jeremías 50-51 y Daniel 5, entre otros. Por lo tanto, al buscar paralelismos estructurales, no se debe limitar la búsqueda a textos paralelos con paralelismos verbales y temáticos. Temas más amplios del Antiguo Testamento también se mencionan repetidamente en Apocalipsis.
Así pues, el libro del Apocalipsis presenta claramente numerosos paralelismos estructurales con el Antiguo Testamento, tanto en textos específicos como en temas y acontecimientos principales. Estos paralelismos estructurales constituyen una prueba contundente de las alusiones al Antiguo Testamento en el Apocalipsis. Por ejemplo, siempre que se encuentre un paralelismo verbal con el tema del Éxodo en las trompetas, la probabilidad de una alusión directa es mucho mayor de lo que sería en otras circunstancias.
Sopesando la evidencia
En definitiva, cuantos más paralelismos verbales, temáticos y estructurales se encuentren, mayor será la probabilidad de que un pasaje específico del Antiguo Testamento estuviera en la mente del autor. Los paralelismos estructurales suelen ser los más seguros debido a su claridad, pero los paralelismos de múltiples palabras también son extremadamente significativos. Si se encuentra un paralelismo verbal de seis, siete u ocho palabras, probablemente se trate de una alusión directa. Si hay más de ocho palabras en el mismo orden, probablemente se deba hablar de una cita en lugar de una alusión.
Un problema que puede surgir al evaluar posibles alusiones es qué hacer cuando una frase o idea en particular se presenta tan ampliamente en el Antiguo Testamento que podría apuntar a 10 o 12 textos diferentes del Antiguo Testamento. En momentos como ese, se vuelve particularmente difícil determinar cuál era exactamente el que Juan tenía en mente. Es más probable en tales circunstancias que se trate de un eco que de una alusión. La repetición frecuente de ciertas palabras o ideas las mantuvo en el aire de la conciencia de Juan. En tales momentos, probablemente no tenía en mente una fuente específica del Antiguo Testamento. Por otro lado, si el tema o paralelo se limita a un solo lugar en el Antiguo Testamento, aumenta la probabilidad de que el autor del Apocalipsis lo haya pensado al escribir.
Evalúo las posibles alusiones al Antiguo Testamento en cinco categorías de probabilidad: ciertas, probables, posibles, inciertas y no alusiones. Supongamos que una referencia al margen de la Biblia sugiere una alusión a Daniel 6 en Apocalipsis 6. Pero al comparar los textos no se encuentra ni un solo paralelo verbal, temático o estructural. Eso sería lo que yo llamo una no alusión. Por otro lado, al igual que con Apocalipsis 4 y Ezequiel 1, si se encuentra un paralelo verbal tras otro, muchos paralelos temáticos y uno o dos paralelos estructurales sólidos, se tiene una alusión cierta, o al menos probable.
Sopesando la evidencia
Una de las principales tareas del intérprete de cualquier pasaje del Apocalipsis es evaluar la probabilidad de que el autor del Apocalipsis tuviera en mente pasajes específicos del Antiguo Testamento. Si el intérprete considera cierto o probable que Juan tuviera en mente un texto del Antiguo Testamento, dicho texto y su contexto deben considerarse en la interpretación del pasaje del Apocalipsis. Si la alusión solo es posible, dicho texto y su contexto pueden usarse como evidencia para sustentar una conclusión sobre el texto del Apocalipsis, pero no deben constituir la base principal. Si la posible alusión se considera incierta o no alusión, debe ignorarse a efectos de la interpretación.
Definiciones
Cierta alusión
Paralelismos verbales, temáticos y estructurales muy fuertes; o citas virtuales (de ocho a doce paralelos verbales)
Probable alusión
Fuertes paralelismos verbales, temáticos y/o estructurales; paralelos verbales de cuatro a siete palabras sin un paralelo estructural
Posible alusión
Algunos paralelismos verbales (dos o tres palabras) y temáticos, pero sin apoyo estructural
Alusión incierta
Paralelismo verbal o temático débil, sin apoyo estructural
No alusión
No hay evidencia de paralelismos verbales o temáticos
Recuerde, con las alusiones, es imperativo volver a examinar cuidadosamente el contexto del Antiguo Testamento. Si encuentra paralelismos claros, probablemente haya algo en el contexto de ese texto del Antiguo Testamento que el autor del Apocalipsis quiere que tenga presente. Si, por otro lado, es solo una posible alusión y observa algunas palabras comunes, pero no son exactamente si no está seguro de las intenciones de Juan, puede usar esos textos para interpretarlos, pero solo como evidencia que respalde algo que ya está claro con fundamentos más sólidos. No debe usar alusiones posibles o inciertas como evidencia principal para respaldar ninguna interpretación del Apocalipsis.
¿Qué diferencia hay?
Los temas que hemos abordado en este capítulo pueden parecer muy laboriosos. Nadie invertiría tanto esfuerzo en algo a menos que rinda grandes frutos. Y los hay. Detectar alusiones es más que un simple esfuerzo. Es muy divertido. Al igual que los videojuegos, resolver problemas difíciles no es aburrido. Una vez que te familiarices con este método, descubrirás que el proceso es muy placentero. Y lo mejor de todo, este método abre ventanas de comprensión que ningún otro enfoque del Apocalipsis puede ofrecer.
La mejor manera de aprender a detectar alusiones en el Apocalipsis es practicarlo. Al principio, la tarea puede parecer abrumadoramente difícil, pero después de 10, 20 o 30 horas de práctica, se vuelve cada vez más fácil a medida que uno se familiariza con la forma en que Juan usó el Antiguo Testamento. Por eso, cuando enseño el libro del Apocalipsis a los ministros, siempre les pido que tomen un pasaje del libro y lo apliquen ellos mismos. Al principio, suelen quejarse del proceso (los ministros también son personas). Pero luego, quizás a mitad del semestre, empiezo a ver caras radiantes llegar a clase. Los estudiantes se me acercan y me dicen: «¡Funciona! ¡De verdad funciona! ¡Es la primera vez que aprendo directamente de la Biblia!». Y la recompensa es claramente mayor que el esfuerzo invertido.
Permítanme ilustrar el valor de este método examinando uno o dos pasajes de considerable interés para la mayoría de los estudiantes adventistas de Apocalipsis. Comenzaremos con Apocalipsis 14:7, que parece ser el texto clave de la parte central del libro. Comparémoslo con Éxodo 20:11:
Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero descansó en el séptimo día. Por eso el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó (Éxodo 20:11, NVI).
Dijo a gran voz: «Teman a Dios y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas» (Apocalipsis 14:7, NVI).
Observe la gran cantidad de paralelismos verbales entre Apocalipsis 14:7 y el cuarto mandamiento: Dios creó los cielos, la tierra y el mar. Desde entonces «El Señor» y «Él» no son exactamente lo mismo; podríamos decir que son cuatro palabras y media en común entre ambos pasajes. En ambos pasajes, Dios es quien participó en la creación e hizo los cielos, la tierra y el mar. Por lo tanto, existe un fuerte paralelismo verbal, suficiente para considerar una alusión posible, si no probable. También observamos paralelismos temáticos en el contexto general de cada pasaje: salvación, juicio y creación (mencionados con más detalle anteriormente). Por lo tanto, tenemos evidencia sólida de que el autor del Apocalipsis tenía en mente el cuarto mandamiento al escribir Apocalipsis 14:7.
Sin embargo, esta conclusión presenta un problema. El Salmo 146:6 contiene exactamente las mismas palabras paralelas que Éxodo 20:11 y Apocalipsis 14:7. De hecho, en griego, la redacción del Salmo 146:6 es idéntica a la de Apocalipsis 14:7. Además, el Salmo 146 también contiene los temas de la salvación, el juicio y la creación, al igual que Éxodo 20 y Apocalipsis 14. ¿Podría el autor de Apocalipsis estar aludiendo al Salmo 146 en lugar de Éxodo 20:11?
No. Existe una diferencia fundamental entre Éxodo 20 y el Salmo 146 en lo que respecta al Apocalipsis. Apocalipsis 12-14 contiene un importante paralelismo estructural con los mandamientos de Dios. Los «santos» son aquellos que guardan los mandamientos de Dios (Apocalipsis 12:17; 14:12). En contraste, la bestia que sube del mar ordena adoración para sí misma, contrariamente al primer mandamiento (Apocalipsis 13:4, 8; cf. Éxodo 20:3). La bestia que sube del mar ordena adorar una imagen, contrariamente al segundo mandamiento (Apocalipsis 13:15; cf. Éxodo 20:4-6), y así sucesivamente. Este fuerte paralelismo estructural inclina la balanza a favor de Éxodo 20 como el contexto decisivo del mensaje del primer ángel en Apocalipsis 14:7. Indica una clara intención del autor de presentar el cuarto mandamiento en el contexto del llamado final de Dios a la obediencia.
El Salmo 146, en cambio, no se considera una alusión segura o probable porque carece de un paralelo estructural y porque Éxodo 20 es una fuente mucho más probable del lenguaje. Si Apocalipsis 14:7 aludía al Salmo 146, sería el único lugar en esa parte del libro que lo hace. El panorama general del Salmo 146 simplemente no es crucial para comprender el libro de Apocalipsis. Por lo tanto, cuando un lector antiguo que conocía el Antiguo Testamento leía Apocalipsis 14:7, esa persona habría reconocido una alusión al mandato del sábado de Éxodo 20, no al lenguaje similar del Salmo 146.
Esta idea afecta poderosamente la interpretación de Apocalipsis 13 y 14. (Quizás le interese leer mi libro Lo que la Biblia dice acerca del fin de los tiempos ) .
Permítanme compartir un ejemplo más de la diferencia que las alusiones directas pueden marcar en la comprensión de Apocalipsis. ¿Cuál es el tema clave de Apocalipsis 4 y 5? Si estudian el pasaje con atención, notarán que la palabra «trono» aparece más de 15 veces en tan solo dos capítulos. Es claramente el punto central. Todo lo que sucede se relaciona con el trono. Por lo tanto, el tema clave de Apocalipsis 4 y 5 debe tener que ver con el poder, la autoridad y el derecho a gobernar. «¿Quién es digno» de abrir el libro y sentarse en el trono con Dios? El Cordero que fue inmolado (Apocalipsis 5:1-12).
Una segunda mirada a Apocalipsis 4 y 5 revela varios paralelismos estructurales del Antiguo Testamento en este pasaje: la visión del trono de Dios en Ezequiel 1; el Anciano de Días en el trono en Daniel 7; la visión de Isaías del santuario celestial (Isaías 6); la visión de Micaías del tribunal celestial de Dios (1 Reyes 22); y la experiencia de Israel en las cercanías del Monte Sinaí (Éxodo 19). En resumen, encontramos cinco paralelismos estructurales importantes con Apocalipsis 4 y 5.
Al observar con atención estos cinco paralelismos estructurales en el pasaje, se descubre que incluyen todos los grandes pasajes del trono del Antiguo Testamento. Lea cada uno de los pasajes del Antiguo Testamento a la luz de Apocalipsis 4 y 5, y luego pregúntese: ¿Qué tienen en común todos estos pasajes del Antiguo Testamento con Apocalipsis? La respuesta es: «El trono de Dios». La referencia al trono de Dios (en Éxodo 19, ese trono es el mismo Monte Sinaí) es el denominador común que une todos estos textos de fondo. Así, el tema principal de Apocalipsis 4 y 5 se centrará en el trono, el lugar donde el Cordero se une al Padre para recibir la adoración del universo.
Reconocer ecos también puede ser muy beneficioso. Un eco en el libro de Apocalipsis es el concepto de la vegetación como símbolo del pueblo de Dios (Apocalipsis 8:7; 9:4). Apocalipsis menciona repetidamente la vegetación, pero no define su significado. Juan retoma el concepto del Antiguo Testamento de la vegetación como símbolo del pueblo de Dios (Salmo 1:3; 52:8; Jeremías 2:21; Isaías 5:1-7).
Otro eco del Antiguo Testamento en Apocalipsis es la trompeta. Ciento treinta y cuatro veces en el Antiguo Testamento se tocan las trompetas: en la adoración, en la batalla, en las coronaciones, etc. Sorprendentemente, el uso principal del Antiguo Testamento, las trompetas no se usan para la batalla, sino para la adoración y la oración (Núm. 10:8-10). Para comprender las trompetas del Apocalipsis, es fundamental saber cómo se usaban en la antigüedad. Y por más aterradoras que sean las imágenes en los pasajes sobre las trompetas, la adoración es parte integral de la visión (Apocalipsis 8:2-6; 11:15-18).
Conclusión
En el siguiente capítulo abordaremos la que quizás sea la clave más importante para interpretar el Apocalipsis. Es útil tener una sólida base del Antiguo Testamento al abordar el Apocalipsis, pero eso por sí solo no responde a la pregunta de cómo el autor emplea el material del Antiguo Testamento en el libro. Juan es un escritor cristiano: cuando lee el Antiguo Testamento, ve a Cristo como el centro y la esencia de todo. El evangelio marca una gran diferencia en la forma en que abordamos el Apocalipsis. En el siguiente capítulo descubriremos cómo leer tanto el Antiguo Testamento como el Apocalipsis como cristianos.
En la mayoría de los libros del Nuevo Testamento, la estructura fluye continuamente de principio a fin. El contexto principal de cualquier pasaje es el material que aparece justo antes y después. En Apocalipsis, sin embargo, la situación es diferente. Encontramos una complejidad entrelazada en la estructura del Apocalipsis que resulta asombrosa. El contexto principal de un pasaje dado puede encontrarse en una parte totalmente distinta del libro. Por lo tanto, en Apocalipsis, el contexto inmediato no siempre es tan crucial como lo es para otros libros del Nuevo Testamento. Debemos considerar el contexto principal de la mayoría de los pasajes del Apocalipsis como el libro en su conjunto. Las palabras, ideas y estructuras paralelas en los extremos opuestos del libro pueden ser tan vitales para comprender un pasaje como su contexto inmediato.
Así pues, la estructura del Apocalipsis es aún más importante que la que suele tener el Nuevo Testamento. En este capítulo, descubrimos algunas estrategias literarias especiales que el autor introdujo para ayudar al lector a comprender mejor el libro. Las estrategias que exploraremos aquí son las estructuras repetitivas, la duodireccionalidad, los paralelos quiásticos y el uso del santuario del Antiguo Testamento como mecanismo estructurador. Descubrir estas estrategias no será un mero ejercicio académico, sino que ayudará a desentrañar la profundidad del libro.
Estructuras repetitivas
El libro del Apocalipsis contiene varias estructuras repetitivas. Entre otras cosas, encontrará varias agrupaciones de siete: siete iglesias, siete sellos, siete trompetas y siete copas (a menudo conocidas como las «siete últimas plagas»). Juan también tiene siete bienaventuranzas («Bienaventurados») esparcidas a lo largo del libro. Al descubrir estructuras paralelas, es útil observar tanto los paralelismos como los contrastes. Si una de las estructuras paralelas es más clara que la otra, la clara puede ayudar a explicar la ambigua. Esta es una herramienta invaluable para estudiar algunos de los pasajes más difíciles. Por ejemplo, veamos las trompetas (Apocalipsis 8-11) y las copas (Apocalipsis 16).
El primer ángel tocó la trompeta, y cayó granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron arrojados sobre la tierra . La tercera parte de la tierra se quemó, la tercera parte de los árboles se quemó y toda la hierba verde se quemó (Apocalipsis 8:7, NVI).
Compare la primera trompeta con la primera copa de ira:
“El primer ángel fue y derramó su copa sobre la tierra, y aparecieron llagas malignas y feas en los que tenían la marca de la bestia y adoraban su imagen” (Apocalipsis 16:2, NVI).
Según la Nueva Versión Internacional, la primera trompeta cae sobre la tierra y la primera copa sobre el terreno. Sin embargo, ambos términos traducen la misma palabra griega. Por lo tanto, tanto la primera trompeta como la primera copa afectan a la tierra. Pero el paralelismo entre las trompetas y las copas va mucho más allá.
El segundo ángel tocó la trompeta, y algo como una enorme montaña, en llamas, fue arrojado al mar . La tercera parte del mar se convirtió en sangre, la tercera parte de los seres vivientes que había en el mar murió, y la tercera parte de las naves fue destruida (Apocalipsis 8:8, 9, NVI).
Compare la segunda trompeta con la segunda copa.
“El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser viviente que había en el mar” (Apocalipsis 16:3, NVI).
Observe que la segunda trompeta y la segunda copa caen sobre el mar y, en ambos casos, el agua se convierte en sangre. Aunque la traducción lo oculta, ambos versículos usan la palabra griega para «alma» para describir a las criaturas del mar. Por lo tanto, observamos un paralelismo muy marcado entre estos dos pasajes. Observe también el interesante contraste. En las dos trompetas que hemos examinado, la plaga cae sobre una tercera parte de la tierra. Una tercera parte de la tierra se quema (Apocalipsis 8:7), una tercera parte del mar se convierte en sangre (versículo 8), una tercera parte de los barcos es destruida (versículo 9), y así sucesivamente. Pero en las siete copas, las plagas afectan a toda la tierra. Todo aquel que tiene la marca de la bestia sufre de la primera copa (Apocalipsis 16:2). Todo ser viviente en el mar muere (versículo 3). Por lo tanto, hay paralelismos y contrastes. Las trompetas y las copas son muy similares, pero también muy diferentes.
Si se continúa con la comparación, la tercera trompeta y la copa caen sobre las fuentes de agua, la cuarta, en cada caso, golpea los cielos, la quinta trompeta y la copa producen oscuridad, la sexta afecta al Éufrates, y la séptima resulta en la consumación de todas las cosas. Si bien existen diferencias, las trompetas y las copas son deliberadamente paralelas en cuanto a su lenguaje y contenido. Esta perspectiva puede ser muy útil para un intérprete.
La mayoría de quienes estudian el libro de Apocalipsis creen que las siete copas son más fáciles de entender que las siete trompetas. Si es así, la información que se obtiene al estudiar las copas se puede aplicar a la exploración de las trompetas. Al comparar pasajes separados por ocho capítulos, se puede obtener información que funciona en ambos sentidos. Algo que parece obvio en la sección de las copas es que estas se refieren exclusivamente a los enemigos de Dios y su pueblo. El paralelismo entre las trompetas y las copas confirma que estas también se centran exclusivamente en los malvados. Por lo tanto, las estructuras repetitivas ofrecen pistas sobre los significados más profundos que el autor ha dado al libro.
Encontrar estructuras repetitivas
1. Elija una versión de la Biblia que sea fiel a la gramática del original.
Versión King James
Versión estándar americana
Nueva Biblia Estándar Americana
2. Al utilizar una concordancia o los márgenes de la Biblia, busque posibles textos paralelos en Apocalipsis.
3. Cuando encuentras un número significativo de palabras e ideas que son claramente paralelas, tienes una estructura paralela potencial.
4. Observe también los puntos de contraste entre los pasajes paralelos.
5. Evalúe el impacto teológico de ambos pasajes.
6. Cuando un pasaje sea más claro que el otro, pase del claro al confuso.
Hay un par de estructuras paralelas importantes que quisiera mencionar en este punto. Otras aparecerán en el análisis de las estructuras quiásticas. Un paralelo sorprendente surge al comparar lo que Apocalipsis declara sobre la Babilonia del fin en los capítulos 17, 18 y 19 con lo que dice sobre la Nueva Jerusalén en los capítulos 21 y 22. Juan compara la ciudad de oro con la ciudad de la perdición, a la novia con la prostituta. La Nueva Jerusalén demuestra ser todo lo que Babilonia no logró ser. Por lo tanto, los ciudadanos de Babilonia quedan excluidos de la Nueva Jerusalén. Otro paralelo sorprendente surge al comparar a los dos testigos de Apocalipsis 11:3-6 con la bestia terrestre de 13:11-18.
Duodireccionalidad: mirar en ambos sentidos
Esto nos lleva a un segundo tipo de táctica estructural en el libro del Apocalipsis, que, a falta de una mejor descripción, he llamado duodireccionalidad. Es un término sofisticado que significa que los pasajes de transición en el libro del Apocalipsis a menudo miran tanto hacia adelante como hacia atrás (quienes estudian mucho desarrollan términos sofisticados para comprenderse rápidamente). Estos pasajes duodireccionales resumen lo sucedido, pero al mismo tiempo apuntan hacia lo que está por venir.
Quizás podría decirlo de otra manera. En la mayoría de los libros, el escritor introduce un capítulo, añade el contenido principal y luego coloca una conclusión al final del capítulo. Luego, el escritor coloca una introducción al principio del siguiente capítulo, y así sucesivamente. Pero el autor del Apocalipsis, ya sea que pensemos en Dios o en Juan en ese papel, parece haber desarrollado una táctica especial para presentar la visión. En el libro del Apocalipsis, la introducción a lo que sigue a menudo está incrustada en la conclusión que lo precede. Notar esto es encontrar la propia explicación del autor de lo que sigue oculta en lo que precede. Pero ignorarlo es perder el propio comentario o interpretación del autor de lo que sigue. Descubrir este principio, por lo tanto, marca una gran diferencia en nuestra comprensión de las cosas profundas del texto. Veremos un par de ejemplos aquí.
Apocalipsis 3:21
Apocalipsis 3:21 es el versículo que me llamó la atención sobre el principio de duodireccionalidad hace más de 10 años. «Al que venza, le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, así como yo vencí y me senté con mi Padre en su trono» (NVI). Este pasaje es claramente el clímax de las cartas a las siete iglesias. Cada una de las siete iglesias recibe una promesa para el «vencedor». Quien venza recibirá recompensas específicas. Lo que encuentro especialmente interesante es que las promesas para el vencedor son progresivas. La primera iglesia (Éfeso) recibe una promesa (Apocalipsis 2:7), la segunda (Esmirna) dos (Apocalipsis 2:10, 11), y así sucesivamente, hasta que la sexta iglesia (Filadelfia) recibe seis promesas completas (Apocalipsis 3:10-12). Por lo tanto, hay una clara intensificación a medida que se avanza en las siete promesas para el vencedor.
La séptima promesa de la victoria, en el versículo 21, es claramente la promesa que culminará con todas las demás. No solo es la séptima de la secuencia de siete, sino que es el clímax y la conclusión de todas las demás. Después de todo, una vez sentado en el trono de Dios, ¡tienes todo lo que Dios puede dar! La séptima promesa a las iglesias resume e incluye todas las demás promesas. Por lo tanto, Apocalipsis 3:21 es claramente el punto culminante de las siete cartas de Apocalipsis 2 y 3.
Pero al igual que Apocalipsis 1:19, este pasaje es más que una simple conclusión de lo anterior. También contiene ideas que preparan el terreno para la siguiente sección: la visión del trono celestial que conduce a la apertura de los siete sellos (Apocalipsis 4:1-8:1). Analicemos Apocalipsis 3:21 de nuevo, pero esta vez con mi propia traducción, que expresa más los matices del griego original. «Al que venza, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono».
El «así como» (subrayado) divide el versículo en dos partes: la primera se centra en la victoria del creyente y la segunda en la victoria de Jesucristo. El texto relaciona claramente la experiencia del creyente con la de Jesús. Ambos atraviesan un período de victoria y reciben una recompensa en el trono (los cuatro elementos están en cursiva en el texto). Pero es particularmente interesante que la sección de Apocalipsis que sigue a este versículo presente cada elemento de forma única.
¿Dónde se encuentra el trono del Padre en el libro de Apocalipsis? Está en el capítulo 4. Jesús se une al Padre en su trono en el capítulo 5 , y los redimidos se unen a Jesús en su trono en el capítulo 7 (versículos 15-17). Cada aspecto es una pieza crucial de la siguiente sección, una de las más difíciles de entender de todo el libro de Apocalipsis. Apocalipsis 3:21 contiene, en resumen, la esencia de lo que sigue en los capítulos 4, 5 y 7. Es como si Juan hubiera enterrado la llave de los siete sellos en el clímax de las siete iglesias.
¿Qué parte de los siete sellos resume la frase «el que venza»? Parece apuntar al capítulo 6 , que abre los sellos uno a uno. La revelación de los sellos se centra en la victoria del pueblo de Dios a lo largo de la historia cristiana. Así, en la conclusión de las siete iglesias encontramos una breve sinopsis de los temas clave de los capítulos 4-7.
Según Apocalipsis 3:21, la trama principal de los sellos se centra en el pueblo de Dios y el proceso mediante el cual vencen aquí en la tierra. Juan modela la victoria del pueblo de Dios basándose en la victoria de Jesús (Apocalipsis 5:5). Y así como su entronización con el Padre (Apocalipsis 5:6-14) sigue a la victoria de Jesús, la victoria del pueblo de Dios recibirá como recompensa un lugar seguro en el templo de Dios para siempre (Apocalipsis 7:15-17).
El principio de duodireccionalidad, por lo tanto, revela una estrategia literaria fundamental del autor del Apocalipsis. Al final de la sección anterior, el autor ha incluido un resumen conciso de los siete sellos. Una de las razones por las que las personas han tenido tantas dificultades para comprender los siete sellos es porque han pasado por alto las claves que el propio autor ofrece sobre el significado de esa visión. Al examinar con atención el material de las secciones anteriores del Apocalipsis, obtendremos mucha información sobre las visiones que siguen.
El quinto sello (Apocalipsis 6:9-11)
Veamos otro ejemplo interesante de duodireccionalidad. El quinto sello (Apocalipsis 6:9-11) funciona como clímax de los cuatro caballos de Apocalipsis 6:1-8 y resume su efecto general. Los caballos expresan gráficamente el sufrimiento del pueblo de Dios:
Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido asesinados por causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían mantenido. Clamaron a gran voz: «¿Hasta cuándo, Señor Soberano, santo y verdadero, no juzgarás a los habitantes de la tierra y vengarás nuestra sangre?» (Apocalipsis 6:9, 10, NVI).
En el contexto de los cuatro jinetes, el pueblo de Dios ha sufrido mucho. Su experiencia resultó en los numerosos mártires representados bajo el altar. Plantean la conmovedora cuestión de cuánto tiempo demorará Dios su juicio sobre quienes los han perseguido. Nótese que la causa de su sufrimiento son «los habitantes de la tierra». Parecen estar diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, te abstendrás de juzgar con justicia a quienes nos martirizaron? Una vez más, un pasaje resumido anticipa lo que sigue en el libro del Apocalipsis. El clamor de los santos encuentra eco en Apocalipsis 8:13:
Mientras observaba, oí a un águila que volaba en el aire gritar a gran voz: “¡Ay! ¡Ay! ¡Ay de los habitantes de la tierra, a causa de los toques de trompeta que están a punto de dar los otros tres ángeles!” (Apocalipsis 8:13, NVI). “Los habitantes de la tierra” es la frase clave de Apocalipsis 6:10, ¡el clímax de los cuatro jinetes! Al parecer, en el libro de Apocalipsis, “los habitantes de la tierra” es una forma de describir a quienes perturban y persiguen al pueblo de Dios. El clamor se escucha en Apocalipsis 6:10 y recibe respuesta en Apocalipsis 8:13. Las trompetas de Apocalipsis 8 y 9 se refieren a lo que Dios está haciendo para juzgar a quienes han perseguido a sus santos.
Una mirada a la introducción a las trompetas (Apocalipsis 8:3, 4) hace que la conexión entre las trompetas y el quinto sello sea aún más firme:
Otro ángel, con un incensario de oro, llegó y se detuvo ante el altar. Se le dio mucho incienso para ofrecerlo, junto con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. El humo del incienso, junto con las oraciones de los santos, subió a la presencia de Dios de la mano del ángel (NVI).
De nuevo encontramos mención del altar, presumiblemente el mismo que aparece en el quinto sello. ¿Dónde en Apocalipsis encontramos las oraciones de los santos? ¡En el quinto sello! Esas oraciones comienzan a ascender a medida que los santos claman en Apocalipsis 6:9, 10. Luego, en Apocalipsis 8:3, las oraciones se elevan desde la tierra y llegan al altar celestial. Observe cómo Dios las responde.
Entonces el ángel tomó el incensario, lo llenó con fuego del altar y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto. Entonces los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas (Apocalipsis 8:5, 6, NVI).
La respuesta de Dios a las oraciones de los santos consiste en preparar a los siete ángeles trompetero para que lancen juicios sobre la tierra. Esta secuencia es de suma importancia. Las siete trompetas constituyen quizás el pasaje más difícil del Apocalipsis, y sin duda uno de los más desafiantes de la Biblia. Pero el principio de bidireccionalidad abre una ventana a la propia comprensión del autor de esta compleja visión. Independientemente de su significado, las trompetas son claramente una respuesta a las oraciones de los santos por justicia en relación con las persecuciones que han tenido lugar durante el curso de la historia cristiana. En las siete trompetas, Dios reconoce el clamor de las almas bajo el altar al enviar juicios sobre sus enemigos. Por lo tanto, hemos aprendido algo muy importante sobre las trompetas. No debemos interpretarlas principalmente como desastres naturales o eventos fortuitos, sino como juicios dirigidos a los malvados. Son la manera en que Dios asegura a los santos que Él todavía tiene el control de nuestro mundo, incluso cuando todo parece sumido en el caos.
El principio de duodireccionalidad, entonces, es una herramienta maravillosa para descubrir algunas de las profundidades del Apocalipsis. Ofrece al lector una ventana al propósito y la comprensión del autor, ya sea que lo considere como el ser humano llamado Juan o como la fuente divina de las visiones, Jesús.
Estructura quiástica
El principio de duodireccionalidad
“La clave de la intención del autor en los pasajes difíciles del Apocalipsis a menudo se encuentra en una declaración anterior, generalmente en el clímax de la sección anterior del libro”.
1. Preste atención cuidadosa a las “costuras” del Apocalipsis (pasajes en el punto de transición entre visiones principales).
Ejemplos:
Apocalipsis 1:19
Apocalipsis 3:21
Apocalipsis 6:9, 10
Apocalipsis 11:18
Apocalipsis 12:17
Apocalipsis 15:1-4
Apocalipsis 17:1-6
Apocalipsis 21:1-8
2. Observe las palabras, frases e ideas que recuerden la visión o sección anterior.
3. Observe las palabras, frases e ideas que anticipan la siguiente visión o sección.
4. Determinar el impacto teológico del número 3.
Una tercera estrategia literaria importante del autor del Apocalipsis parece ser la estructuración del libro en un quiasmo. Si nunca lo has oído, «quiasmo» suena a una palabra rebuscada que no deberías conocer. En realidad, la palabra se basa en la letra griega «X», que se pronuncia «kai» (una letra dura).
El quiasmo describe una forma de pensar y escribir bastante típica del pueblo hebreo, pero ajena a nosotros hoy en día. Por ejemplo, un esquema típico actual va de A a B y de ahí a C. Sin embargo, en un esquema quiástico, las cosas suceden de manera diferente. Se va de A a B y de vuelta a A. Pero la segunda «A» se realza, como en una escala musical. En una escala musical, se vuelve una y otra vez a las mismas tonalidades, pero en un tono más agudo.
A diferencia del pensamiento occidental, que avanza hacia una conclusión que suele ser bastante diferente del punto de partida, en el pensamiento quiástico se completa el círculo y se regresa al punto de partida. Es un tipo de lógica diferente, otra forma de razonamiento. La «X» (chi) es un buen ejemplo porque se mueve del punto A al centro («B») y regresa a un punto A en el
Fin. Las palabras e ideas del principio son paralelas a las del final. La segunda parte se repite a la segunda desde el final, y la tercera parte a la tercera desde el final, etc., hasta llegar al centro. Ahora en griego.
En la lógica hebrea (el enfoque ABC), el clímax se produce al final. Pero en la lógica hebrea (el enfoque ABA), el clímax se produce en el centro. Tras exponer la idea principal, el autor repasa cómo llegó a ella, ayudando al lector a resumir las cosas de forma sencilla.
¿Qué nos hace sospechar que el autor construyó el libro de Apocalipsis como un quiasmo gigante? Mi profesor de Apocalipsis en la Universidad Andrews, allá por la década de 1970, Kenneth Strand, fue quien primero notó la estructura quiástica del libro de Apocalipsis. Comenzó analizando el Prólogo, los primeros ocho versículos del libro, y comparándolo con el Epílogo, los últimos quince aproximadamente. Observe la siguiente lista de «paralelismos quiásticos» como punto de partida para verificar las observaciones de Strand. Dado que los paralelismos son mucho más extensos en el texto mismo, los ejemplos son solo selectivos.
El prólogo y el epílogo
Observe primero la lista de textos paralelos bajo “Prólogo y Epílogo”. Aquí encontrará que Apocalipsis 1:1 y Apocalipsis 22:6 se reflejan mutuamente.
La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que pronto deben suceder. La dio a conocer enviando a su ángel a su siervo Juan (Apocalipsis 1:1, NVI).
El ángel me dijo: «Estas palabras son fieles y verdaderas. El Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, envió a su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto» (Apocalipsis 22:6, NVI).
Aunque la traducción de las palabras en cursiva difiere ligeramente, el griego original de ambos textos utiliza exactamente la misma redacción. Tanto el principio como el final del libro de Apocalipsis mencionan «las cosas que deben suceder pronto». Este es solo uno de los casi doce sorprendentes paralelismos verbales entre el Prólogo y el Epílogo de Apocalipsis. Observe cómo Apocalipsis 1:3 se hace eco de Apocalipsis 22:7, 10:
“Bienaventurado el que lee las palabras de esta profecía, y bienaventurados los que la oyen y guardan en su corazón lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca” (Apocalipsis 1:3, NVI).
“¡Mira, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”. […] Luego me dijo: “No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca” (Apocalipsis 22:7-10, NVI).
No hace falta decir que existen otros paralelismos entre Apocalipsis 1:3 y Apocalipsis 22:7-10. Un estudio cuidadoso del Prólogo y el Epílogo muestra una simetría consistente e intencional entre ellos.
Las siete iglesias y la Nueva Jerusalén
Una situación similar existe cuando se comparan las cartas a las siete iglesias con la sección de la Nueva Jerusalén del libro. El contenido de la segunda parte del Apocalipsis coincide con el de la penúltima parte. Por ejemplo, en Apocalipsis 2:7 Jesús promete al vencedor en Éfeso el derecho al árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios. Apocalipsis 22:2 describe el árbol de la vida en la Nueva Jerusalén, ahora disponible para los redimidos. De manera similar, Apocalipsis 2:11 asegura a los vencedores que la segunda muerte no les hará daño, Apocalipsis 20:14 y 21:8 describen la muerte siendo arrojada al lago de fuego, y Apocalipsis 21:4 anuncia que Dios enjugará toda lágrima de sus ojos porque no habrá más muerte en la Nueva Jerusalén. Strand ha señalado más de una docena de paralelismos importantes entre las siete cartas y la porción de la tierra nueva del Apocalipsis.
En los versículos que acabamos de mencionar, encontramos la base para otra observación de Strand. Notarán que, en las cartas a las siete iglesias, las promesas de Jesús se hacen realidad en el contexto de la Nueva Jerusalén. Esto llevó a Strand a concluir que la primera parte del quiasmo del Apocalipsis se relaciona con el panorama general de la historia de la tierra, desde los días del autor hasta la Segunda Venida. La segunda mitad del Apocalipsis, en cambio, trata sobre los eventos finales de la historia de la tierra.
Ya hemos analizado el paralelo entre las trompetas y las copas, y examinaremos a continuación el paralelo «B» entre los sellos y Apocalipsis 19 y 20. El centro del quiasmo («D»), que resulta ser los capítulos 12-14 (aquí difiero un poco con Strand), es el clímax, la clave de todo el rompecabezas. En el centro del libro de Apocalipsis se cierne la gran batalla final entre el dragón y el remanente. Esta sección, con sus mensajes de los tres ángeles, es hacia donde se dirige y se aleja toda la estructura. Es la clave para comprender todo el libro. Y el centro del centro son los mensajes de los tres ángeles (Apocalipsis 14:6-12). Aquí Dios establece su agenda para los eventos finales de la historia de la tierra.
Así pues, el Apocalipsis, en su conjunto, funciona como un quiasmo gigantesco compuesto por siete partes principales, con un prólogo y un epílogo. Ilustro el panorama general de este esquema en el siguiente recuadro. El esquema completo del libro aparece al final de este capítulo.
Los Sellos y Apocalipsis 19-20
Antes de concluir nuestra breve exploración del quiasmo de Apocalipsis, quisiera demostrar la utilidad de la estructura quiástica de Strand. Compararemos los sellos (capítulos 4, 5, 6 y 7) con Apocalipsis 19, la contraparte quiástica de los sellos. Refiérase a la parte del diagrama anterior titulada «Los Sellos y la Consumación». Es interesante comparar los capítulos 4 y 5 con el capítulo 19. Ambos son similares como escenas de adoración. De hecho, los únicos lugares en Apocalipsis donde aparecen ancianos, cuatro seres vivientes, el trono y escenas de alabanza y adoración son en los sellos y en Apocalipsis 19. Por lo tanto, el material presenta un marcado paralelismo. Pero observe también la interesante diferencia: ¿Por qué Dios recibe alabanza en los capítulos 4 y 5? En el capítulo 4, Dios es alabado por ser el Creador y en el capítulo 5, el Cordero recibe alabanza por su sacrificio en la cruz. Por lo tanto, la Creación y la cruz son motivos de alabanza en estos pasajes. ¿Cuál es el motivo de alabanza en Apocalipsis 19? La conquista de la Babilonia del fin.
¿Qué nos revela este paralelo sobre Apocalipsis 4:5? Nos dice que Apocalipsis 4:5 no es un pasaje del fin de los tiempos, como muchos han pensado. En cambio, los dos capítulos marcan la pauta para todo el libro de Apocalipsis al construir sobre la creación y la cruz, el fundamento de la teología cristiana. Apocalipsis 4 y 5 ocurren, por lo tanto, al comienzo de la era cristiana. Por otro lado, Apocalipsis 19, en la última parte del libro —la sección del fin de los tiempos— celebra los eventos del fin de los tiempos y la consumación de la destrucción de Babilonia. Estas perspectivas llevaron a Strand a ver la primera mitad del quiasmo como principalmente histórica y la segunda mitad como principalmente escatológica o del fin de los tiempos. Una cuidadosa comparación de Apocalipsis 6:10 con Apocalipsis 19:1-2 confirma esto. En el texto anterior, las almas bajo el altar claman: «¿Hasta cuándo, oh Señor, no juzgarás ni vengarás?» Luego, Apocalipsis 19 describe la celebración porque Dios ha juzgado y vengado . Si continúa leyendo Apocalipsis 4-6 y Apocalipsis 19, verá quizás una docena o más de ejemplos de este tipo de paralelismos.
Así pues, un aspecto estructural fundamental del Apocalipsis es la comparación entre el material del comienzo del quiasmo y el del final. La primera mitad del Apocalipsis se centra en la gran historia cristiana, con especial énfasis en sus inicios con la cruz y la exaltación de Jesús a su rol y estatus celestiales. La segunda mitad se centra en los acontecimientos finales de la historia terrenal. La primera mitad anticipa los grandes actos finales de Dios en la controversia, mientras que la segunda mitad narra la culminación de esos actos y, finalmente, los trata como si ya fueran cosa del pasado.
El santuario hebreo en el libro del Apocalipsis
Me gustaría abordar ahora la última estrategia estructural importante del Apocalipsis que examinaremos en este capítulo. Una investigación cuidadosa sugiere que el santuario hebreo del Antiguo Testamento y sus rituales desempeñan un papel fundamental en la organización del libro del Apocalipsis. Una comprensión completa del Apocalipsis requiere el conocimiento del santuario del Antiguo Testamento, su mobiliario y las diversas fiestas y sacrificios que allí se celebraban. El mobiliario principal del santuario hebreo aparece en el gráfico a continuación con los capítulos del Apocalipsis que los mencionan.
El complejo del santuario del Antiguo Testamento era un rectángulo formado por dos cuadrados. El cuadrado occidental albergaba el tabernáculo (tienda) o templo, y el cuadrado oriental ocupaba el atrio exterior. En el centro del atrio exterior se encontraba el altar del holocausto, mientras que en el centro del otro cuadrado se encontraba el arca del pacto. El tabernáculo (tienda) era un rectángulo más pequeño ubicado en el cuadrado occidental (izquierda). Consistía en un área cuadrada (en realidad un cubo, ya que la altura era igual al largo y al ancho) llamada el Lugar Santísimo, en cuyo centro descansaba el arca del pacto. El lugar santo ocupaba el resto del tabernáculo y su forma era la misma que la del recinto mayor, un rectángulo de 2 x 4 pulgadas. El lugar santo contenía tres muebles: el candelabro de siete brazos (al sur de la habitación), la mesa de los panes de la proposición (al norte) y el altar de oro del incienso (al oeste). El resto del mobiliario principal era la fuente (representada por el círculo) en el atrio exterior.
Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, el santuario es rico en simbolismo cristiano. Tanto el mobiliario como las actividades que se realizan en él apuntan a la persona y la obra de Jesucristo (véase Hebreos 8-10, por ejemplo). El santuario mismo, en la mitad izquierda del recinto, representa el aspecto celestial de la obra salvífica de Dios, incluyendo la intercesión, el juicio y la autoridad divina. El atrio, en la mitad derecha, representa el aspecto terrenal de la obra salvífica de Dios, incluyendo el bautismo de Cristo y su muerte en la cruz (Apocalipsis 11:1, 2).
La encarnación de Jesús implicó un movimiento desde su posición en el trono celestial (representado por el arca en el Lugar Santísimo—Apocalipsis 11:19) descendió a la tierra (la mitad derecha del recinto del santuario). La pieza central de su obra terrenal fue la cruz (representada por el altar del holocausto). En su ascensión al cielo, Jesús fue de derecha a izquierda en el diagrama del santuario. El recinto del santuario también representa el camino que las personas toman de regreso a Dios. La cruz (altar del holocausto) atrae a las personas a través de la puerta, pasan al bautismo (lavatorio), entran en la comunión de los lugares celestiales en la iglesia (Apocalipsis 1:12-20), y mediante el juicio se les concede una relación íntima con Dios por la eternidad (Apocalipsis 11:18, 19).
Como se indica en el gráfico anterior, muchos aspectos del santuario se cumplen, de una forma u otra, en el libro de Apocalipsis. Comenzaremos nuestro análisis del papel del santuario en Apocalipsis con un análisis de las escenas introductorias de las siete visiones principales del libro.
Las escenas introductorias
El libro de Apocalipsis parece estructurarse, en cierta medida, en torno al santuario del Antiguo Testamento y sus servicios, festividades y mobiliario. Como señalamos en la estructura quiástica anterior, el libro de Apocalipsis consta de siete divisiones principales. Al comienzo de cada una se encuentra una sección introductoria que contiene recuerdos del santuario. Por ejemplo, Apocalipsis 1:12-20, la introducción a las siete cartas de Apocalipsis 2 y 3, presenta a Jesús entre los candeleros del santuario. Apocalipsis 8:3-5, la introducción a las trompetas, presenta una vista del altar del incienso. A lo largo del libro de Apocalipsis, cada una de las siete visiones tiene una introducción que nos recuerda el santuario o templo del Antiguo Testamento. Examinaremos brevemente cada una de las introducciones al santuario.
Introducciones al Santuario
Introducción
Visión principal
1. Apocalipsis 1:12-20
1. Siete Iglesias (Apocalipsis 2; 3)
2. Apocalipsis 4:1–5:14
2. Siete Sellos (Apocalipsis 6:1–8:1)
3. Apocalipsis 8:2-6
3. Siete Trompetas (Apocalipsis 8:7–11:18)
4. Apocalipsis 11:19
4. La ira de las naciones (Apocalipsis 11:19–15:4)
5. Apocalipsis 15:5-8
5. Las siete copas (Apocalipsis 16:1–18:24)
6. Apocalipsis 19:1-10
6. El fin del mal (Apocalipsis 19:11–20:15)
7. Apocalipsis 21:1-8
7. La Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:9–22:5)
Apocalipsis 1:12-20. La visión introductoria de las siete iglesias presenta a Jesucristo entre siete candeleros de oro (Apocalipsis 1:12-20). Esto nos recuerda un poco al Templo de Salomón, que contenía diez candeleros de oro en el Lugar Santo. Aquí, en Apocalipsis, uno como un hijo de hombre se encuentra en medio de los candeleros, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y un cinto de oro, prendas típicas del sumo sacerdote. ¿Esta escena ocurre en el santuario celestial o en la tierra?
Claramente, en esta visión, Cristo no está en el santuario celestial, sino en Patmos. Juan mismo estaba en Patmos al comienzo de la visión (Apocalipsis 1:9). Oye detrás de él una fuerte voz que suena como una trompeta (versículo 10). Cuando se da la vuelta para ver la voz, experimenta una visión de Cristo (versículos 12, 13). Así que esta visión es en la tierra y no en el cielo. Los candeleros no son piezas del mobiliario celestial, sino que representan las iglesias en la tierra (versículo 20). Y si aún teníamos alguna duda, se disipa al descubrir que no es hasta Apocalipsis 4:1 que Juan es llamado a los lugares celestiales. Así que esta escena no es una visión del santuario celestial, sino que usa una imagen del santuario para describir lo que Jesús está haciendo en la tierra entre las iglesias.
Pero ¿de qué manera es apropiado que los cristianos apliquen la imagen del santuario celestial a la iglesia en la tierra? Mateo 18:20 da una pista de la respuesta: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (NVI). Esta es prácticamente una cita de un dicho común entre los rabinos: “Donde dos se sientan juntos a estudiar la Torá, la gloria de la Shekinah reposa entre ellos” (Mishná, Pirke Aboth 3:2). Jesús aludía a esta tradición rabínica del primer siglo para comunicar un mensaje poderoso sobre sí mismo. Reemplaza la gloria de la Shekinah con sí mismo. En su persona, la gloria del santuario está presente siempre que dos o tres se reúnen en su nombre. Así, en Mateo 18, la presencia de la Shekinah de Cristo está en medio de la iglesia. Ese es también el mensaje de Apocalipsis 1. Es el santuario terrenal y no el celestial lo que el capítulo tiene en mente. Además, es el santuario de la iglesia. Y la iglesia se encuentra donde dos o tres se reúnen en el nombre de Jesús.
Apocalipsis 4, 5. En la visión de Apocalipsis 4, 5, nos adentramos claramente en el santuario celestial. Una voz llama a Juan a través de una puerta abierta hacia la sala del trono celestial (Apocalipsis 4:1). El pasaje contiene abundantes imágenes del santuario; de hecho, más que el resto del libro en conjunto.
Por ejemplo, las tres piedras mencionadas en relación con el trono de Dios (versículo 3) forman parte del pectoral del sumo sacerdote en el santuario terrenal (Éxodo 28:17-21). Los 24 ancianos evocan los 24 turnos sacerdotales del santuario del Antiguo Testamento (1 Crónicas 24). Las lámparas (Apocalipsis 4:5) nos recuerdan las lámparas del santuario de Apocalipsis 1. Los cuatro seres vivientes alrededor del trono (versículos 6-8) aluden al Templo de Salomón, con sus dos ángeles más pequeños sobre el arca y dos más grandes extendiendo sus alas sobre ella en el Lugar Santísimo (1 Reyes 6:23-28). Este pasaje también menciona al Cordero inmolado, el incienso que asciende y una trompeta. Así que encontramos una mezcla completa de imágenes de todo el santuario en Apocalipsis 4 y 5. Esto plantea la pregunta: ¿Qué aspecto del santuario está en vista aquí, ya que observamos imágenes de todo el santuario?
Dos ocasiones en los antiguos servicios del tabernáculo involucraban todo el santuario. La primera consistía en la inauguración del santuario mismo. El servicio de inauguración abarcaba cada mueble y cada detalle de una forma u otra. La otra ocasión era el Día de la Expiación. ¿Es posible saber qué evento se refiere aquí? ¿Debe el lector ver en Apocalipsis 4 y 5 la inauguración del santuario celestial o el Día de la Expiación?
Un análisis cuidadoso de la evidencia sugiere la inauguración. La imaginería del Día de la Expiación aparece claramente en la segunda mitad del libro de Apocalipsis, pero la evidencia aquí es débil. Por ejemplo, en el Día de la Expiación, el animal especial para el sacrificio era el macho cabrío. Sin embargo, el capítulo 5 se centra en un cordero en lugar de un macho cabrío. Los sacerdotes sacrificaban corderos durante la dedicación del Templo, pero no machos cabríos (1 Reyes 8:63). Por lo tanto, la aparición de un cordero en esta visión sugeriría un enfoque en la inauguración más que en el Día de la Expiación. Esto se confirma por el hecho de que todo lo que ocurre aquí responde directamente a lo que sucedió en la cruz. Es el sacrificio el que dedica el templo. Además, no encontramos ninguna referencia al juicio en Apocalipsis 4 y 5, lo cual esperaríamos si se tratara del Día de la Expiación. En lugar del juicio, se centra en la intercesión, con el incienso elevándose continuamente (Apocalipsis 5:8). Así que la escena de Apocalipsis 4 y 5 parecería ser una descripción simbólica de la inauguración del santuario en el cielo.
Apocalipsis 8:3-5. Dado que este pasaje es bastante más corto que el anterior, lo citaremos aquí:
“Otro ángel, que tenía un incensario de oro, vino y se paró ante el altar. Se le dio mucho incienso para ofrecerlo, junto con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. […] Entonces el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto (Apocalipsis 8:3-5, NVI).
Aquí vemos tres imágenes del santuario: el altar de oro del incienso, el incienso y el incensario. Parece claro que el enfoque de esta introducción en particular es la intercesión. En el santuario, Dios intercede por su pueblo. Las oraciones de los santos se combinan con el incienso para aumentar su eficacia ante Dios.
Apocalipsis 11:19. En el centro mismo del libro y sus introducciones del santuario viene Apocalipsis 11:19: “Entonces el templo de Dios en el cielo se abrió, y dentro de su templo se vio el arca de su pacto. Y vinieron relámpagos, voces, truenos, un terremoto y una gran tormenta de granizo” (NVI). Al pasar de Apocalipsis 8 a Apocalipsis 11, pasamos del lugar santo del santuario al Lugar Santísimo, el sitio del arca del pacto. La palabra para “templo” aquí es el término griego naos . Es un término especial reservado especialmente para el Lugar Santísimo del Templo. Esto era cierto no solo en la Biblia, sino también en los antiguos templos griegos que todavía se pueden ver en Egipto hoy. Cuando el guía turístico lo lleva al santuario interior de un templo, anunciará: “Este es el naos, la parte más sagrada del templo”. Entonces, este pasaje tiene un enfoque claro en el arca y el Lugar Santísimo. El versículo 18 también menciona el juicio final:
Las naciones se enfurecieron, y tu ira ha llegado. Ha llegado el tiempo de juzgar a los muertos, de dar el galardón a tus siervos los profetas, a tus santos y a los que temen tu nombre, tanto a los pequeños como a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra (Apocalipsis 11:18, NVI).
Apocalipsis 11:18 es el primer versículo del Apocalipsis que describe el juicio como una realidad presente (en Apocalipsis 6:10 aún no ha comenzado). En el contexto de ese juicio, vemos el arca en el Lugar Santísimo. Por lo tanto, concluyo que Apocalipsis 11:19 contiene el tema del juicio, así como Apocalipsis 8 implica el tema de la intercesión.
Apocalipsis 15:5-8. La siguiente introducción al santuario aparece en Apocalipsis 15:5-8:
Después de esto miré, y en el cielo se abrió el templo, es decir, el tabernáculo del Testimonio . Del templo salieron los siete ángeles con las siete plagas. Estaban vestidos de lino limpio y resplandeciente y llevaban cintos de oroalrededor de sus pechos. Entonces uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro llenas de la ira de Dios, que vive por los siglos de los siglos. Y el templo se llenó de humo por la gloria de Dios y por su poder, y nadie podía entrar en el templo hasta que se cumplieran las siete plagas de los siete ángeles (Apocalipsis 15:5-8, NVI).
Este pasaje contiene una gran cantidad de imágenes del santuario. Ya hemos mencionado el término naos, la palabra griega que designa el Lugar Santísimo del Templo. Aparece de nuevo aquí, traducida como «templo». Los ángeles de la escena visten vestiduras blancas y doradas, que nos recuerdan las que usaban los sacerdotes. La frase «tabernáculo del testimonio» aparece en Números 17 y se refiere al Lugar Santísimo. Pero quizás el contexto principal de esta introducción sean las imágenes que encontramos en Éxodo 40 y 1 Reyes 8, los relatos de las dedicaciones del tabernáculo y del Templo, respectivamente.
Apocalipsis 15:5-8, por lo tanto, incorpora imágenes relacionadas con la inauguración del santuario del Antiguo Testamento. Pero aquí notamos una diferencia. En Apocalipsis 15 y 16, el templo es vaciado y nunca más se vuelve a usar. El poderoso mensaje parece ser que el templo celestial está abandonado y la intercesión ya no está disponible. Inaugurado en Apocalipsis 4 y 5, el santuario pasó luego por fases de intercesión y juicio, y aquí es clausurado, cesando los servicios.
Apocalipsis 19:1-10. La escena de Apocalipsis 19:1-10 presenta muchos paralelismos notables con Apocalipsis 5. Representa celebración y alabanza, y menciona la adoración, el trono, el Cordero y los 24 ancianos, entre otras cosas. Por lo tanto, es la contraparte quiástica de la escena de adoración de Apocalipsis 4 y 5. Sin embargo, observamos una diferencia muy interesante: carece por completo de imágenes explícitas del santuario: no hay incienso, ni altar, ni arca del pacto, ni puertas ni ningún otro mueble del tabernáculo del Antiguo Testamento. La adoración se lleva a cabo, tal como en Apocalipsis 5, pero no hay ninguna referencia directa al santuario ni a su mobiliario.
Apocalipsis 21:1-8. La introducción final del santuario en Apocalipsis ocurre en el capítulo 21, versículos 1-8. Los versículos 2 y 3 contienen una declaración notable:
Vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, preparada como una novia hermosamente ataviada para su esposo. Y oí una gran voz desde el trono que decía: «Ahora la morada de Dios está con los hombres, y él morará con ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos y será su Dios» (NVI).
¿Dónde está el santuario en este texto? El término original para «morada» (versículo 3) es en realidad «tabernáculo» o tienda. El tabernáculo de Dios (la misma palabra que en Apocalipsis 15:5-8) ha descendido a la tierra. Pero el versículo 2 deja claro que este «tabernáculo» es en realidad la Nueva Jerusalén, la ciudad santa misma. Así, en Apocalipsis 21 y 22, la Nueva Jerusalén se convierte en el santuario. Tiene la forma de un cubo, al igual que el Lugar Santísimo del santuario. De hecho, los únicos cubos perfectos en la Biblia son el Lugar Santísimo y la Nueva Jerusalén. Este cubo perfecto tiene como fundamento las piedras que están en el pectoral del sumo sacerdote. Así, la Nueva Jerusalén, en esencia, se convierte en el Lugar Santísimo. Dios y el Cordero mismos se convierten en el templo de la ciudad.
Ese templo también ofrece servicios sacrificiales. «Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus siervos le servirán» (Apocalipsis 22:3, NVI). La palabra «siervos» refleja una palabra griega que no es la habitual para siervo o esclavo. Se refiere, en cambio, al servicio sacerdotal, incluso sacrificial, en el santuario. Le servirán en la ciudad que se ha convertido en el templo escatológico.
En conclusión, vemos que cada una de las siete introducciones visionarias del Apocalipsis tiene un tema relacionado con el santuario. El recuadro adjunto enumera los temas.
El significado del Santuario Introducciones
Introducción
Significado
1. Apocalipsis 1:12-20
1. Iglesia = Templo
2. Apocalipsis 4:1–5:14
2. Inauguración
3. Apocalipsis 8:2-6
3. Intercesión
4. Apocalipsis 11:19
4. Sentencia
5. Apocalipsis 15:5-8
5. Desinauguración
6. Apocalipsis 19:1-10
6. Ausencia
7. Apocalipsis 21:1-8
7. Ciudad = Templo
Al examinar estos temas en su conjunto, se hace evidente que tenemos un ciclo completo que va desde el templo terrenal en el capítulo 1 (las siete iglesias) hasta el templo terrenal en los capítulos 21 y 22 (la Nueva Jerusalén). En el siguiente gráfico podemos observar un patrón tierra-cielo-tierra. Cuando la Nueva Jerusalén descienda del cielo, la tierra celestial, el santuario regresa a la tierra (Apocalipsis 21:2, 3). La Nueva Jerusalén en la tierra es la contraparte quiástica de la escena de Jesús entre los candeleros del capítulo 1. En ambos casos, la escena tiene lugar en la tierra. Pero las escenas 2 a 6 —las cinco introducciones del santuario en la mitad del libro— ocurren todas en el cielo y están relacionadas con el santuario celestial.
Este es el punto que quiero que noten en particular: En conjunto, las introducciones del santuario 2 a 6 presentan una historia completa del santuario celestial a lo largo de la era cristiana. El santuario comienza su función con una ceremonia de inauguración. Esa historia continúa con una fase de intercesión, seguida de juicio, abandono y, finalmente, ausencia. Durante la era cristiana, Dios establece el santuario, este pasa por sus fases de intercesión y juicio, luego concluye su obra y ya no es necesario en la Nueva Jerusalén. Por lo tanto, las introducciones del santuario en Apocalipsis ofrecen una hermosa imagen del papel del santuario celestial a lo largo de la era cristiana de la historia terrenal.
Es interesante cuánto del Apocalipsis depende del santuario y cómo este incluso contribuye a estructurarlo. Las imágenes del santuario en el Apocalipsis parecen ser elegidas a propósito, no colocadas al azar.
Conclusión
El libro de Apocalipsis es desafiante y difícil, pero sus profundidades comienzan a revelarse cuando aplicamos las propias estrategias del autor para comprender su significado y propósito. En cuanto a la estructura, la atención minuciosa a los detalles en Apocalipsis ayuda a comprender el libro y a ver aspectos que de otro modo pasaríamos por alto. La estructura de Apocalipsis contiene muchas pistas mediante las cuales el autor ha buscado revelar su significado. Al observar estas características especiales de Apocalipsis, obtenemos una comprensión más clara de lo que sucede en el libro.
En el próximo capítulo abordaremos otra clave fundamental para descubrir la profundidad de Dios en este libro: la forma en que el autor alude al Antiguo Testamento y se basa en su simbolismo. Descubrir el contexto antiguotestamentario de los pasajes del Apocalipsis abre una nueva dimensión de comprensión.
Hace aproximadamente una década, recibí un paquete de un pastor (llamémosle George) a quien respetaba mucho. Contenía una carta pidiéndome que leyera el cuaderno adjunto sobre un pasaje muy difícil del Apocalipsis. George quería mi opinión sobre su investigación. Como recibo muchas más solicitudes de este tipo de las que puedo atender, dejé el cuaderno a un lado en casa con la esperanza de poder leerlo algún día.
Un par de noches después, daba vueltas en la cama, completamente incapaz de dormir. No solo no podía dormir, sino que tenía la mente despejada, ¡como si estuviera completamente despierta y caminando bajo el sol! No hay nada más aburrido que estar completamente despierta en la oscuridad total. ¡Me sentía como en un confinamiento solitario! Así que decidí levantarme, ir al otro lado de la casa y aprovechar ese tiempo en silencio.
Al salir a la sala, recordé el cuaderno de George. Al bajar a mi oficina en casa, lo subí, donde no hacía tanto frío. Al leer su explicación del pasaje, su presentación lógica me fascinó. Si no hubiera dedicado veinte años a ese pasaje, me habría convencido por completo. George escribía con claridad y pasión. Sin embargo, por alguna razón, veía algo en cada símbolo y en cada versículo que mi investigación indicaba que no era posible. Me parecía que estaba encadenando una serie de ceros, creyendo que sumaban algo. Pensé que no sería difícil aclararle las cosas.
A diferencia de otros momentos de aparente genialidad a las 3:00 de la mañana, la luz del día no cambió mi opinión sobre el cuaderno de George. Así que unos días después me senté y le escribí una carta de 15 páginas a espacio simple. Cuando respondió después de una semana más o menos. ¡No se creyó nada de lo que dije! Las cartas se intercambiaron (es curioso cómo uno puede encontrar tiempo cuando el tema es suficientemente interesante). Escribiéramos lo que escribiéramos, ¡no coincidíamos en nada del texto!
Finalmente, un día comprendí lo que estaba pasando. Yo leía el libro del Apocalipsis como si hubiera sido escrito alrededor del año 90 d. C. ¡Y él lo abordaba como si hubiera sido escrito en 1990! Como parecía bastante obvio que Juan había escrito el Apocalipsis en el año 90 d. C., pensé que tenía la prueba irrefutable que le ayudaría a comprender mi punto de vista. Así que se lo expliqué por carta. Cuando respondió, fue la primera vez que coincidimos en algo. ¡Pero qué sorpresa!
Me explicó su creencia de que, como adventista, estaba obligado a leer el libro de Apocalipsis como si estuviera escrito directamente para los adventistas. Como si Juan conociera los escritos de Elena de White y hubiera dedicado tiempo al Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día y otros libros adventistas. Y como si Juan todavía fuera un profeta viviente, que abordaba directamente los problemas que impulsan a los adventistas en el mundo actual.
Debo confesar que sigo fascinado por su lógica y honestidad. Si bien los participantes de la conferencia bíblica de 1919 y la mayoría de los líderes de pensamiento adventistas desde entonces habrían rechazado rotundamente su postura, él ha mantenido su convicción y continúa expresándola con claridad y pasión. Sin embargo, sigo convencido de que tal postura es la raíz de la mayoría de los malentendidos sobre el libro del Apocalipsis.
No importa cuánto se embellezca la situación, la realidad es que el libro de Apocalipsis no se escribió en la última década, ni siquiera en el siglo pasado. Juan lo compuso en el primer siglo, y habla poderosamente de ese tiempo y lugar. Todo lo que hemos cubierto hasta ahora en este libro nos dice que leerlo como si abordara directamente nuestra situación personal es una forma segura de malinterpretar su propósito y mensaje. Y he notado a lo largo de los años que los adventistas que han adoptado la postura de George sobre Apocalipsis rara vez están de acuerdo entre sí. Leer el Apocalipsis desde el propio punto de vista es terminar donde se comenzó: con ideas de propia creación. En el capítulo que sigue, comenzaré a delinear el camino que llevará a una comprensión del libro de Apocalipsis en el contexto de su propio tiempo y lugar.
Introducción del propio Apocalipsis
Quisiera comenzar preguntando: «¿Qué nos dice el Apocalipsis sobre sí mismo?». El mejor método para estudiar el Apocalipsis es el que surge naturalmente del texto. Podemos aprender mucho sobre el libro a partir de sus primeros cuatro versículos.
La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos lo que debe suceder pronto, y la manifestó enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, quien dio testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo que vio. Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas que en ella están escritas, porque el tiempo está cerca.
“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, de aquel que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono” (Ap. 1:1-4).
El pasaje contiene varias pistas sobre cómo el propio autor hubiera querido que interpretáramos el libro de Apocalipsis. Permítanme recordarles que la exégesis implica dos cosas: intentar comprender lo que el escritor intentaba decir y mantener abierta la posibilidad de que podamos aprender algo del texto. El texto mismo debe regir lo que vemos en él. ¿Qué nos dicen estos cuatro versículos sobre una exégesis adecuada del Apocalipsis?
Un libro cristiano
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio” (versículo 1, NVI).
Es evidente desde la primera frase (“la revelación de Jesucristo”) que se trata de un libro cristiano. Jesucristo está presente en todas partes, tanto explícitamente (Apocalipsis 1:1, 2, 5, 9; 11:15; 12:10, 17; 14:12; 17:6; 19:10; 20:4, 6; 22:16, 20, 21) como simbólicamente (Apocalipsis 1:12-16; 5:5ss.; 7:17; 12:5, 11; y 14:1ss., etc.). El libro contiene referencias a las iglesias (Apocalipsis 1-3 y 22:16) y a la cruz (Apocalipsis 1:18; 5:6, 9, 12; 11:8; 12:11). El lector atento también se da cuenta de que el libro contenía decenas, si no cientos, de ecos de los temas, el vocabulario y la teología del Nuevo Testamento. Como resultado, aunque el Apocalipsis tiene un estilo, un vocabulario y una temática diferentes a los del resto del Nuevo Testamento, no debemos esperar que su teología sea radicalmente distinta a la que encontramos allí. Es la conclusión natural del Nuevo Testamento, la colección de libros que constituye la base de la fe cristiana.
Permítanme darles un ejemplo rápido: Apocalipsis 9:2-6 contiene una descripción increíblemente extraña de langostas y escorpiones que atormentaron a la gente durante cinco meses. Pero si comparan Apocalipsis 9 con Lucas 10:17-20, descubrirán que el mensaje de ambos pasajes es el mismo: Dios cuida de su pueblo ante una plaga demoníaca. Así que, aunque el lenguaje es bastante diferente al del resto del Nuevo Testamento, la teología concuerda con los otros 26 libros del Nuevo Testamento. El libro que estamos estudiando es una revelación de Jesucristo, y debemos comprender todo desde esa perspectiva.
Una revelación divina
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró” (Ap. 1:1).
La segunda lección de Apocalipsis 1:1-4 es que el libro es una revelación divina (“Dios dio”). Juan señala repetidamente el origen sobrenatural de las escenas narradas en su libro (Apocalipsis 1:10-20; 2:7, 11, etc.; 4:1; 10:11; 17:1-3; 19:9, 10; 22:6-10). Se considera profeta y su obra, una profecía. El libro de Apocalipsis es más que la obra de un escritor humano; también es la intención de un autor divino. Es Dios, a través de Jesucristo, quien no solo da las visiones, sino que también selecciona los símbolos para este libro (“y lo manifestó”). El Apocalipsis es más que la intención de un escritor humano. La visión proviene de Dios; por lo tanto, las palabras que Juan selecciona también son palabras de Dios.
Si el libro proviene de Dios, el significado del Apocalipsis a menudo trascenderá lo que el autor humano pudo haber entendido. Sin embargo, esto no autoriza a los intérpretes a buscar indiscriminadamente todo tipo de significados ampliados en el texto bíblico. Así como Dios se limitó al asumir la naturaleza humana en la encarnación, hizo lo mismo al elegir expresarse mediante el lenguaje de los autores humanos en las Escrituras. Por lo tanto, cualquier intención divina que podamos ver en un pasaje debería ser un desarrollo natural del lenguaje y el propósito del autor humano. En el texto, la intención divina y la intención humana se encuentran. Habiendo discernido en la medida de lo posible el significado del lenguaje del autor humano, nos vemos obligados por las afirmaciones divinas del libro a preguntarnos qué significado ampliado pudo haber colocado Dios también en el texto, para ser revelado por la historia y la revelación posterior.
Relación con Daniel
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan” (versículo 1).
En su monumental comentario sobre el libro de Apocalipsis, GK Beale demuestra que la desconcertante frase “lo que debe suceder pronto” es una alusión deliberada a Daniel 2.1 Allí, el profeta le dice a Nabucodonosor que el sueño le llegó porque Dios quería mostrarle lo que debe suceder en los últimos días (Dan. 2:28, traducción del autor del Antiguo Testamento griego). Al aludir a este texto, Apocalipsis 1:1 parece indicar que los acontecimientos que Daniel prometió que ocurrirían en un futuro lejano ya estaban en marcha y se aclararían en el libro de Apocalipsis. Para Beale, esto significa que el lector debe comprender el contenido de Apocalipsis en el contexto de Daniel 2 y sus profecías apocalípticas paralelas, como Daniel 7.
El autor del Apocalipsis parece creer que existe una estrecha relación entre el fin de los tiempos de Daniel y las profecías del Apocalipsis. El lector debe comparar ambos libros. Sus temas fundamentales son similares. Gracias a la muerte y resurrección de Jesús (Apocalipsis 1:5, 6; 3:21; 5:5), la gran consumación de los planes de Dios descritos en Daniel y Apocalipsis ya está asegurada; la obra final de Dios está en marcha. Leer el Apocalipsis sin un profundo conocimiento de las profecías de Daniel sería un error.
El lenguaje del simbolismo apocalíptico
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan” (Ap. 1:1).
El primer versículo del Apocalipsis es una clara indicación del simbolismo en el libro (“y lo manifestó”). En el resto de la Biblia, el procedimiento habitual es interpretar las cosas literalmente, a menos que resulte evidente que se pretende simbolismo. Estudiar el Apocalipsis, en cambio, exige la estrategia opuesta. En el Apocalipsis, uno aborda las cosas simbólicamente, a menos que los pasajes requieran una interpretación literal.
Pero incluso una lectura superficial del Apocalipsis revela que el simbolismo del libro es fuera de lo común. A veces, incluso es bastante extraño.
El libro describe animales que no se parecen en nada a los que se encuentran en el bosque. Además, contiene numerosos símbolos y conceptos ajenos a la vida cotidiana. Por ejemplo, menciona bestias con siete cabezas y diez cuernos. Si alguna vez vieras algo así en el bosque, ¡sabrías que habías estado bebiendo! Una de las bestias de siete cabezas y diez cuernos incluso tenía patas de oso, cuerpo de leopardo y boca de león. Un animal así no existe en el mundo real.
Aunque tal simbolismo pueda parecernos extraño al principio, era bastante común en el mundo antiguo. Un libro llamado 1 Enoc (o Enoc etíope), escrito quizás 100 años antes de la época de Jesús, presenta siete arcángeles, incluyendo a Gabriel y Miguel. El libro del Apocalipsis también presenta arcángeles, y suelen ser siete. Enoc también presenta una ciudad celestial con doce puertas, tres en cada uno de los cuatro lados. Otro libro, llamado el Apocalipsis de Sofonías, un escrito judío del siglo I, contiene una descripción notable similar a la del libro del Apocalipsis:
Entonces me levanté y me puse de pie, y vi a un gran ángel de pie ante mí, con el rostro resplandeciente como los rayos del sol en su gloria, pues su rostro es como el que se perfecciona en su gloria. Estaba ceñido como un cinto de oro sobre el pecho. Sus pies eran como bronce fundido en fuego. Y cuando lo vi, me regocijé, pues pensé que el Señor Todopoderoso había venido a visitarme. Caí sobre mi rostro y lo adoré. Él me dijo: «Presta atención. No me adores. Yo no soy el Señor Todopoderoso, sino el gran ángel Eremiel, que está sobre el abismo y el Hades, aquel en el que están prisioneras todas las almas desde el final del Diluvio, que vino sobre la tierra, hasta el día de hoy» (Apocalipsis de Sofonías 6:11-15).
Varios elementos de esta descripción me recuerdan la visión de Jesús que se encuentra en Apocalipsis 1. El apocalíptico era un estilo de escritura en el mundo antiguo, que se comunicaba con gran claridad en aquellos días. Así que, si bien el lenguaje del Apocalipsis suele ser extraño, el lector del primer siglo tenía un contexto para interpretarlo. Lo que me parece emocionante es que este estilo apocalíptico se está volviendo cada vez más popular en el mundo actual. Películas como El Rey León, Armagedón y Matrix aplican temas e imágenes apocalípticas a la vida tal como la conocemos. Esto me sugiere que el libro del Apocalipsis nunca ha sido tan relevante como lo es hoy.
Las iglesias de Asia
“Juan, a las siete iglesias que están en Asia” (Ap. 1:4).
El tercer punto que se desprende de Apocalipsis 1:1-4 es que el libro se ambienta en Asia Menor y que las iglesias pertenecen a la provincia romana de Asia. Esto no debería sorprendernos, ya que en el primer capítulo nos centramos en el contexto del libro. La pregunta es: ¿Se escribió Apocalipsis para una época posterior o su autor pretendía que su público original también lo comprendiera? La respuesta aparece en el versículo 3.
Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca. Las palabras en énfasis traducen una expresión griega que implica «oír con entendimiento». En otras palabras, Dios y su autor humano, Juan, pretendían que el libro de Apocalipsis fuera comprendido. Esto difiere del libro de Daniel, en el cual una parte significativa del libro fue sellada, no para ser comprendida.
Yo, Daniel, estaba exhausto y enfermo durante varios días. Luego me levanté y me puse a atender los asuntos del rey. La visión me dejó atónito; era incomprensible. (Dan. 8:27, NVI)
“Pero tú, Daniel, cierra y sella las palabras del rollo hasta el tiempo del fin. Muchos irán de aquí para allá para aumentar el conocimiento” (Dan. 12:4, NVI).
Así pues, el libro de Daniel contenía algunas cosas que ni el autor ni el público original comprendían. Pero ese no es el caso del Apocalipsis.
El verbo griego para «oír» (Apocalipsis 1:3) tiene dos posibles implicaciones: se puede oír sin entender o se puede oír con entendimiento. Apocalipsis 1:3 combina el verbo «oír» con un objeto («las palabras») en acusativo, lo que significa que el entendimiento acompaña al «oír». En otras palabras, el libro de Apocalipsis no fue sellado para un tiempo futuro, sino que estaba destinado a ser escuchado y comprendido incluso por sus primeros lectores.
Así pues, el libro de Apocalipsis concuerda con el concepto que aprendimos en el capítulo 2 : Dios se encuentra con las personas donde se encuentran. Dios trató con Juan donde él se encontraba. En el proceso, utilizó algunos de los símbolos vivos de su época. El libro se ambienta en el Asia Menor del siglo I y cobra mayor sentido en ese contexto.
Permítanme darles un ejemplo de lo que quiero decir con un «símbolo vivo». Apocalipsis 1 presenta una imagen gloriosa de Jesús. La fuente de todo lo que Juan recibe en su visión: Él tiene las llaves del infierno y de la muerte, es el Principio y el Fin, el Primero y el Último, envía a sus ángeles para guiar a Juan, etc. Existe una sorprendente conexión entre estas imágenes y el antiguo entorno de Asia Menor.
Una antigua diosa llamada Hécate gozaba de gran popularidad en el oeste de Asia Menor. En aquellos tiempos, la gente creía que el universo era un edificio de tres pisos: el cielo estaba arriba, el infierno abajo y, en medio, la tierra, donde vivía la gente. Hécate tenía las llaves del cielo y del infierno. Podía viajar entre los tres «pisos», informando a la tierra de lo que sucedía en los otros dos. También era conocida como «El Principio y el Fin» y se valía de ángeles para transmitir sus mensajes. ¿Puedes ver el paralelismo entre Hécate y Jesús? Juan parece estar diciendo a los paganos de Asia Menor que la verdadera fuente de la revelación, el verdadero poseedor de las llaves, no era Hécate, sino Jesús. Todo lo que habían buscado en Hécate, lo encontrarían en Él.
Parece claro, entonces, que el libro del Apocalipsis reflejó lo que sucedía en el mundo real de Asia Menor. El Apocalipsis no fue aislado de su entorno, sino que fue escrito en el idioma de la época y el lugar. Surge naturalmente la pregunta: «¿Por qué un escritor inspirado usaría conceptos paganos? ¿Qué propósito tendría describir a Jesús en el lenguaje de una diosa pagana?»
Creo que hay dos razones. En primer lugar, dado que formaba parte de su pensamiento, dicho lenguaje se comunicaba con personas que vivían en una cultura pagana. Tenía sentido para ellos. En segundo lugar, los escritores inspirados podían usar lenguaje pagano para combatir la teología pagana. Si uno va a oponerse a las ideas que le rodean, necesita hablar el idioma en el que surgen esas ideas. Así pues, el libro del Apocalipsis es más que una simple carta a las iglesias; también entabla un diálogo con el antiguo mundo no cristiano. El libro aborda la época y el lugar de Asia Menor en el siglo I.
La gramática del Apocalipsis
“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, de aquel que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono” (versículo 4).
Mi traducción del versículo 4 intenta mostrar cómo la gramática del Apocalipsis habría impactado a los lectores originales. El saludo al principio del libro proviene de Aquel que es, que era y que ha de venir. Pero en griego, el lenguaje es una combinación antinatural de participios con un verbo finito. Por eso lo traduje: «Del que es, y del que era, y del que ha de venir». Esa no es una buena gramática inglesa, y es aún peor en griego. Así que, justo al principio del libro, te encuentras con esta increíble construcción que paralizaría a cualquier persona de habla griega. ¿Qué está pasando aquí? ¿Acaso el escritor del libro es inculto? ¿Está traduciendo mentalmente de algún otro idioma? ¿O se trata de algún tipo de «lenguaje celestial»?
En la introducción, examinamos brevemente varias posibilidades. Probablemente la mejor explicación sea que Juan no era de origen griego y no tuvo acceso a ayuda editorial experta durante su estancia en Patmos. El griego del Apocalipsis da la impresión de ser una escritura inmadura en una tablilla escolar infantil. Sin embargo, la buena noticia es que Dios puede usar a cualquiera, aunque no sea un experto en el idioma de la época. El Apocalipsis trajo un mensaje poderoso al pueblo de Dios, aunque su estilo a veces sea gramaticalmente incorrecto.
Uso del Antiguo Testamento
Más allá de Apocalipsis 1:1-4, una lectura atenta de todo el libro revela la importancia del Antiguo Testamento para las visiones que contiene. Citando a William Milligan, comentarista del libro:
El libro del Apocalipsis está profundamente impregnado de los recuerdos, los incidentes, el pensamiento y el lenguaje del pasado de la iglesia. A tal punto que cabe dudar de si contiene una sola figura que no provenga del Antiguo Testamento, o una sola frase completa que no esté basada en materiales de la misma fuente. 2
Observamos este punto en el capítulo 2 , cuando examinamos brevemente Apocalipsis 13. Unas 2000 palabras, conceptos e ideas de Apocalipsis se relacionan con el Antiguo Testamento de una forma u otra. El conocimiento del Antiguo Testamento se convierte en la clave del código del Apocalipsis. Si no conoces el Antiguo Testamento, tendrás pocas posibilidades de comprender el Apocalipsis.
Pero el uso que hace Juan del Antiguo Testamento es un poco complicado. El libro del Apocalipsis nunca cita las Escrituras Hebreas. Solo las alude con alguna insinuación o frase. Por ello, debemos examinar con mucho cuidado el uso del Antiguo Testamento en el Apocalipsis. Es importante no pasar por alto los pasajes del libro donde el autor pretende que los lectores los relacionen con algún pasaje del Antiguo Testamento. Por otro lado, es crucial no inventar paralelismos donde no los hay. Por lo tanto, cualquier método que desarrollemos para el estudio del Apocalipsis debe prestar mucha atención a cómo se determinan las alusiones al Antiguo Testamento.
Estructura repetitiva
Otra cosa que resulta bastante obvia al leer Apocalipsis es su estructura altamente repetitiva. Así, observamos siete iglesias, siete sellos, siete trompetas y siete copas. Además, al comparar las trompetas y las copas, se observan enormes paralelismos entre ellas. La primera trompeta afecta la tierra (Apocalipsis 8:7), mientras que la primera copa también tiene un impacto en la tierra (Apocalipsis 16:2). La segunda trompeta afecta el mar (Apocalipsis 8:8, 9), al igual que la segunda copa (Apocalipsis 16:3). Tanto la sexta trompeta como la sexta copa tratan sobre el río Éufrates (Apocalipsis 9:14; 16:12), y así sucesivamente. Además, encontramos numerosos paralelismos entre la sección inicial de Apocalipsis y los versículos finales (Apocalipsis 1:1-8; 22:6-21). Por lo tanto, cualquier método que pretenda desvelar los secretos del libro de Apocalipsis deberá prestar cuidadosa atención a la estructura del libro.
Escenas de adoración
Finalmente, un aspecto sorprendente del libro de Apocalipsis es la constante referencia a la adoración. A pesar de todas las bestias extrañas, la violencia y el lenguaje militar, el libro de Apocalipsis nunca está completo sin alguna mención de la adoración divina. Es casi imposible leerlo completo sin notar la centralidad de la adoración. Apocalipsis está lleno de himnos, imágenes del santuario y escenas de adoración. Observe este glorioso ejemplo de adoración celestial.
Y cuando lo tomó, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos. Y cantaron un cántico nuevo:
“Eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fueron inmolados, y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Los hiciste un reino y sacerdotes para servir a nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra.
Entonces miré y oí la voz de muchos ángeles, en número de millares y millares, y millones de millones. Rodeaban el trono, los seres vivientes y los ancianos. Cantaban a gran voz:
“El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y las riquezas y la sabiduría y la fortaleza y la honra y la gloria y la alabanza”.
“Entonces oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, cantar:
“‘Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.’
“Los cuatro seres vivientes dijeron: ‘¡Amén!’. Y los ancianos se postraron y adoraron” (Apocalipsis 5:8-14, NVI).
Estrategias exegéticas básicas
El objetivo de las observaciones que hemos estado realizando es ayudarnos a comprender cómo el autor del Apocalipsis pretende que interpretemos el libro. Lo que me gustaría hacer aquí, y en los capítulos siguientes, es desarrollar estas observaciones en pasos prácticos que extraigan el significado del Apocalipsis. En el resto de este capítulo, abordaremos brevemente el primer paso principal: realizar una exégesis básica del texto. Su objetivo es determinar, en la medida de lo posible, la intención del autor al escribirlo. La exégesis básica es el tipo de enfoque que se seguiría con cualquier parte de la Biblia. Incluye procedimientos como los siguientes.
Buscando palabras clave
Es útil comenzar leyendo el pasaje elegido varias veces en diversas traducciones. Después de todo, el libro de Apocalipsis bendice a quienes lo leen (Apocalipsis 1:3). A medida que avance en el pasaje, haga una lista de las dificultades que necesita resolver. En particular, deberá identificar las palabras que requieren un estudio especial. Observe aquellas que tienen un significado teológico importante en otras partes de la Biblia o las que no son claras a primera vista. Preste especial atención a las palabras que aparecen repetidamente en el pasaje. Es fundamental para cualquier exégesis de un texto comprender los términos clave que utilizó el escritor.
Cuando haya identificado las palabras importantes del pasaje, querrá descubrir el rango de significados que puede tener cada una. Para empezar, puede consultar diccionarios o léxicos bíblicos para descubrir su rango semántico. Si no sabe griego, puede familiarizarse con el idioma original buscando la palabra en un léxico griego-inglés. Use una Biblia interlineal o una concordancia analítica (como la de Young o la de Strong) para determinar la forma de la palabra griega; luego búsquela. Las concordancias también pueden ser útiles en este caso. Puede descubrir cómo otras partes de la Biblia usan una palabra clave y cómo funcionaba en diversos contextos. Preste especial atención a cómo el mismo autor emplea la palabra en otros lugares. Este proceso es similar a aprender el lenguaje bíblico en contexto, como un niño adquiere el lenguaje. Veamos un ejemplo de este tipo de estudio de palabras.
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que pronto deben suceder. La manifestó enviando su ángel a su siervo Juan” (Apocalipsis 1:1, NVI). Esta es una ocasión en la que la traducción no nos ayuda. La frase “la manifestó” refleja una palabra que también podemos traducir como “manifestó”. “La manifestó enviando su ángel a su siervo Juan”.
Si buscas la palabra griega para «significado» en otras partes del Nuevo Testamento (Hechos 11:28; Juan 12:33, 18:32 y 21:19), encontrarás que tiene una connotación muy particular. Significa algo así como «un dicho o acción críptico que apunta a un evento futuro». Así pues, el Apocalipsis es un libro significado, un volumen lleno de dichos y acciones simbólicas que apuntan a eventos futuros. El autor del Apocalipsis define aquí todo el libro en una sola palabra.
La Nueva Versión Internacional nos decepciona al ofrecer una frase interpretativa que, aunque útil, deja al lector sin idea de la palabra original. Por lo tanto, este es uno de esos momentos en que usar diversas traducciones puede ayudarle a ver que la traducción es más interpretativa que literal. Luego, puede usar un léxico o una concordancia para desarrollar su propia comprensión de la palabra. Una vez que haya establecido el rango de significados que podría tener, deberá determinar qué connotación pretendía el autor en el contexto del pasaje que está estudiando.
Examinar la palabra «significado» ha aportado una importante recompensa. Mucha gente cree que, al estudiar la Biblia, siempre se debe interpretar el texto literalmente, a menos que sea evidente que se pretende un símbolo. Y esto suele ser cierto, en el caso de los Evangelios o las cartas de Pablo. Pero en Apocalipsis parece ocurrir lo contrario. No es un libro literal, sino un libro significado. En la mayoría de los casos, debe interpretarse simbólicamente.
Buscando palabras clave
1. Lea el pasaje que está examinando varias veces.
2. Determinar las palabras clave.
Palabras inusuales
Palabras de significado incierto
Palabras cruciales para la comprensión
Palabras utilizadas repetidamente
3. Descubra el rango de significados de cada palabra clave.
Determinar la palabra original con una concordancia interlineal o analítica.
Busque la palabra en un léxico o diccionario bíblico.
Utilice una concordancia para ver cómo otros textos usan la palabra.
4. Determine el significado específico en el contexto de su pasaje.
Cómo se relacionan las palabras entre sí
El segundo paso en la exégesis básica es lo que los eruditos llamarían «sintaxis». Esta palabra no tiene nada que ver con los impuestos a la prostitución ni al alcohol. Más bien, la sintaxis se centra en cómo los pares de palabras influyen mutuamente en su significado. Cuando relacionamos dos palabras, su significado suele cambiar. Por lo tanto, es importante considerar cómo las palabras principales de un pasaje se influyen mutuamente.
Así que, de nuevo, lee el pasaje varias veces. Identifica las palabras y combinaciones de palabras que requieren una decisión entre dos o más opciones. Considera esas opciones a la luz de usos similares en otras partes del libro y en otros escritos del autor. Veamos un par de ejemplos de cómo funciona esto.
El libro de Apocalipsis comienza con la frase “la revelación de Jesús” (Apocalipsis 1:1). ¿Qué significa exactamente esta frase? ¿Es una revelación que viene “de” Jesús? ¿O es “acerca de” Jesús? Este es un ejemplo de una pregunta sintáctica. Ambas opciones son posibles según la gramática de la frase. Los intérpretes pueden tomar una decisión arbitraria sobre el pasaje sin considerar otras opciones. Pero eso limita las posibilidades del texto. Una respuesta arbitraria puede ser satisfactoria, pero sin embargo puede ser errónea.
¿La revelación de Jesús proviene de Jesús o nos habla de Jesús? Ambas posibilidades pueden ser ciertas. Pero en el caso de Apocalipsis 1:1, el énfasis parece estar en una revelación «de» Jesús. El texto ofrece una cadena de revelación que va de Dios a Jesús, de Juan a las iglesias. El punto central del pasaje es el origen de la visión más que su contenido.
Otro ejemplo. ¿Qué es el testimonio de Jesús? ¿Es un testimonio que Jesús da? ¿O es uno que otra persona presenta sobre Jesús? Tras estas sencillas preguntas se esconden grandes tesoros de significado. En el caso del Apocalipsis, la erudición indica que el uso normal del genitivo subjetivo-objetivo de «testimonio» es subjetivo. En otras palabras, el testimonio de Jesús es el que Jesús da, así como «la palabra de su testimonio» (Apocalipsis 12:11) es un testimonio dado por los vencedores; no se trata de ellos.
En resumen, una vez identificadas y definidas las palabras clave de un pasaje, deberá determinar qué alternativas a la comprensión de las diversas combinaciones de palabras ofrecen a nuestra interpretación del texto. Deberá considerar las opciones a la luz de frases similares en otras partes del libro o incluso en la Biblia en su conjunto. Luego, deberá decidir, en la medida de lo posible, cómo debemos interpretar la frase en el pasaje específico que está estudiando. A menudo, estas relaciones entre palabras pueden ser bastante claras en un contexto específico. En otras ocasiones, puede que nunca lo sepamos con certeza.
Oraciones y su contexto
Un tercer paso en la exégesis básica es la gramática. La gramática, en sentido estricto, es el estudio de cómo las palabras y los grupos de palabras se relacionan entre sí en las oraciones y, en última instancia, en los párrafos. ¿Son los sustantivos en un pasaje el sujeto o el objeto del verbo? ¿Cuál es la oración principal? ¿Qué palabras o frases están en una relación subordinada a la oración principal? ¿El verbo principal está en presente, pasado o futuro, y qué diferencia hay entre esto y la oración? ¿Qué papel juegan los adjetivos y adverbios en la oración? Para quienes han aprendido la habilidad, diagramar oraciones puede ser una herramienta eficaz para la comprensión bíblica. Algunos libros recomiendan lo que se llama una «exhibición sintáctica». Consulte la bibliografía al final del capítulo para obtener más recursos.
No hace falta decir que, cuanto más fiel y exacta sea la traducción con la que se trabaja, más productivo será este paso. En inglés, las Biblias más fieles a la gramática del texto original son la King James Version, la American Standard Version y la New American Standard Bible. Trabajar con la gramática puede ser difícil para muchas personas, pero la práctica desarrolla la habilidad. Cuanto más nos familiarizamos con las herramientas gramaticales, mejor comprendemos las intenciones de los autores bíblicos.
Al trabajar con un texto bíblico, es útil determinar sus límites. ¿Dónde comienzan y terminan los párrafos? Un párrafo es un grupo de oraciones centradas en una sola idea principal. Generalmente, se puede marcar un párrafo donde una nueva oración comienza con un tema o idea diferente. Al usar diversas traducciones, se puede comparar cómo otros han marcado los párrafos del pasaje elegido. Cuando todas las traducciones concuerdan, hay una certeza razonable. Pero si encuentra desacuerdo entre las traducciones, deberá analizar las opciones por sí mismo. Una frase como «después de estas cosas» (Apocalipsis 4:1) o «y vi» (Apocalipsis 5:1; 6:1) puede marcar las escenas más importantes del libro. Nuevamente, la división de capítulos y secciones de las principales traducciones puede servir de guía para una evaluación preliminar de los límites. Un trabajo exegético adicional por su cuenta puede ayudarle a llegar a una decisión más definitiva.
Oraciones y su contexto
1. Elija una versión de la Biblia que sea fiel a la gramática del original.
Versión King James
Versión estándar americana
Nueva Biblia Estándar Americana
2. Determina el sujeto, el objeto y las cláusulas subordinadas en cada oración.
3. Intente diagramar oraciones o utilizar una “exhibición sintáctica” (ver bibliografía).
4. Determina los límites de cada párrafo.
Compare sus conocimientos con una variedad de traducciones.
5. Determinar los límites de escenas más grandes.
El trasfondo antiguo del texto
Finalmente, y quizás lo más difícil para el erudito profano, es determinar el contexto histórico, literario y cultural del libro. En el caso del Apocalipsis, la ambientación en Asia Menor, los símbolos vivientes que habrían afectado a la gente de allí, el lenguaje apocalíptico, los dioses que adoraban, etc., son ejemplos de los elementos que subyacen en el contexto de cualquier escrito antiguo. Pero muchos asumen que estos temas son dominio de especialistas. ¿Cómo puede una persona promedio comprender estos temas sin obtener una formación especializada en la historia y la cultura del mundo del primer siglo?
Puedes comenzar con una enciclopedia general, una enciclopedia bíblica o enciclopedias del mundo romano, aprendiendo todo lo que puedas sobre el Imperio Romano y el Asia Menor del siglo I. Es recomendable comenzar con el panorama general. Por lo tanto, los diccionarios bíblicos suelen contener artículos que abordan diversos aspectos de este contexto. Comentarios críticos, como el de
El trasfondo antiguo del texto
1. Lea artículos sobre el mundo romano en enciclopedias y diccionarios bíblicos.
2. Busque el pasaje que está estudiando en uno o dos comentarios críticos.
David Aune: Comentario bíblico de Word
GK Beale: Comentario del Nuevo Testamento Griego Internacional
RH Charles: Comentario crítico internacional
Ranko Stefanovic: su comentario de Andrews University Press
Artículos introductorios del Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día en los volúmenes 5-7
3. Utilice las bibliografías y referencias anteriores como guía para una mejor comprensión.
4. Familiarícese con las traducciones de algunos de los apocalipsis no bíblicos.
Enoc etíope (1 Enoc)
4 Ezra (2 Esdras)
El Apocalipsis de Sofonías
2 Baruc
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David Aune en el Comentario Bíblico Word, conectará el pasaje que estás estudiando con información sobre la diosa Hécate o pasajes paralelos en libros antiguos como 1 Enoc y El Apocalipsis de Sofonías.Aunque nunca se debe tratar los comentarios como la voz de Dios, un cierto conocimiento de los antecedentes le ayudará a tomar decisiones acertadas sobre el texto y su contexto. Los artículos introductorios del Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día ofrecen otra buena fuente de información sobre el mundo antiguo.
Finalmente, le resultará útil utilizar las fuentes a su disposición para intentar responder preguntas sobre el contexto histórico, literario y cultural del libro, como las siguientes: ¿A qué tipo de público iba dirigido originalmente? ¿Cuál era el propósito del autor para el libro en su conjunto? ¿Qué podemos saber sobre el paisaje y el clima, y cómo influye esto en la forma en que el autor pudo haber compuesto el libro? ¿Cuál era la situación política y religiosa de los destinatarios del libro? ¿Qué otros escritos de la época podrían darnos pistas sobre el mensaje del Apocalipsis? ¿Y cómo vivía y se mantenía la gente de la época?
Conclusión
Los procedimientos que acabamos de describir son típicos del enfoque que se debe adoptar ante cualquier texto bíblico. Si se desea comprender lo que un autor intentaba decir, los pasos básicos incluyen: examinar las palabras y las relaciones entre ellas; examinar la estructura general de oraciones y párrafos; y luego plantear preguntas sobre el contexto y tratar de comprender la importancia del texto dentro de él. Este tipo de enfoque permitirá comprender la mayor parte de la Biblia. Si se logra comprender lo que Pablo intentaba decir en Romanos, por ejemplo, se habrá comprendido a Pablo.
Pero este enfoque no funciona tan bien en el libro de Apocalipsis. De hecho, no es difícil entender lo que el autor quería decir. El problema es que, incluso sabiendo lo que dijo Juan, casi no se tiene idea de lo que quiso decir. Un ejemplo clásico de esto es la primera trompeta (Apocalipsis 8:7): «El primer ángel tocó la trompeta, y vino granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron arrojados sobre la tierra. La tercera parte de la tierra se quemó, la tercera parte de los árboles se quemó y toda la hierba verde se quemó» (NVI).
No es difícil entender lo que el autor afirma aquí. Dijo que un ángel tocó su trompeta y que fuego mezclado con sangre fue arrojado a la tierra, quemando la tercera parte de la tierra, los árboles y toda la hierba verde. El problema es que, si bien se sabe lo que quería decir, aún se desconoce su verdadero significado. Por lo tanto, las estrategias básicas de la exégesis son insuficientes por sí solas para desvelar el significado del Apocalipsis.
Basándonos en las características extraídas del Apocalipsis al comienzo de este capítulo, comprender el libro requiere un método de exégesis más amplio y teológico. No podemos limitarnos a métodos que podrían funcionar perfectamente para Mateo o Romanos. En cambio, necesitamos desarrollar un método de exégesis apropiado para el libro del Apocalipsis. El Apocalipsis no revelará sus secretos sin tres pasos adicionales que abordaremos en los tres últimos capítulos de este libro. Estos pasos incluyen una cuidadosa atención a (1) la estructura del Apocalipsis, (2) su contexto en el Antiguo Testamento y (3) a cómo el evangelio transforma las imágenes del Antiguo Testamento a la luz de lo que Jesús hizo. El siguiente capítulo ofrece una mirada apasionante a la estructura del Apocalipsis y cómo ayuda a desentrañar los secretos del libro.
Recursos sobre el “cómo” de la exégesis bíblica
Bock, Darrell L. “Análisis de palabras del Nuevo Testamento”. En Introducción a la interpretación del Nuevo Testamento. Ed. Scot McKnight. Guías para la exégesis del Nuevo Testamento. Grand Rapids: Baker Book House, 1989. Págs. 97-113.
Gugliotto, Lee J. Manual para el estudio bíblico. Hagerstown, Maryland: Review and Herald Publishing Association, 1995.
Heard, Warren. “Antecedentes del Nuevo Testamento”. En Introducción a la Interpretación del Nuevo Testamento. Ed. Scot McKnight. Guías para la Exégesis del Nuevo Testamento. Grand Rapids: Baker Book House, 1989. Págs. 21-51.
Fee, Gordon D. Exégesis del Nuevo Testamento: Un manual para estudiantes y pastores, ed. rev. Louisville: Westminster/John Knox Press, 1993.
Kaiser, Walter C., Jr. Hacia una teología exegética: Exégesis bíblica para la predicación y la enseñanza. Grand Rapids: Baker Book House, 1981.
Liefeld, Walter L. Exposición del Nuevo Testamento. Grand Rapids: Pub Zondervan. Casa, 1984.
McKnight, Scot. “Análisis gramatical del griego del Nuevo Testamento”. En Introducción a la interpretación del Nuevo Testamento. Ed. Scot McKnight. Guías para la exégesis del Nuevo Testamento (Grand Rapids: Baker Book House, 1989. Págs. 75-97).
Michaels, J. Ramsey. Interpretación del Apocalipsis. Ed. Scot McKnight. Guías para la exégesis del Nuevo Testamento. Grand Rapids: Baker Book House, 1992. Págs. 89-94.
1 GK Beale, El libro del Apocalipsis, ed. por I. Howard Marshall y Donald A. Hagner, New International Greek Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 1999), págs. 153, 154.
2 William Milligan, Lecciones sobre el Apocalipsis (Londres: MacMillan and Co., 1892), pág. 72.
3 Estos libros y muchos otros han sido traducidos al inglés en James H. Charlesworth, The Old Testament Pseudepigrapha: Apocalyptic Literature and Testaments (Garden City, NY: Doubleday, 1983), vol. 1.
Todos nos enfrentamos a un gran problema al abrir la Biblia: el autoengaño. Un pasaje bíblico aborda directamente este peligro: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas e incurable. ¿Quién lo comprenderá?» (Jeremías 17:9, NVI). El problema descrito aquí es el autoengaño. Tu corazón es engañoso. Mi corazón es engañoso. De hecho, nuestros corazones son tan perversos que ni siquiera nos damos cuenta de cuánto nos engañamos a nosotros mismos. Esto tiene importantes implicaciones en nuestra forma de abordar la Biblia. Como mencioné anteriormente, el enfoque alejandrino es la forma «natural» de leer la Biblia. Nos resulta fácil proyectar nuestras propias ideas, conceptos y necesidades en las Escrituras y convertir la Biblia en un libro que se lee exactamente como creemos.
Cuando practico teología sistemática —preguntándome qué es la verdad para mí—, mis mecanismos de defensa (¿los recuerdan?) se activan. Los seres humanos, por naturaleza, incluso inconscientemente, tendemos a evitar ideas y situaciones que nos resulten dolorosas. Por eso, cuando nos enfrentamos a la Biblia, sabiendo que buscamos la verdad, los mecanismos naturales de defensa del pecado nos impiden hacerlo. Si vemos algo en la Biblia que nos llame equivocados —pecadores—, tratamos de evitarlo lo más posible. Por eso, es natural leer la Biblia de tal manera que evitemos tener que aprender lo que no queremos saber.
Pero hay una salida a este dilema. El mejor remedio contra el autoengaño es la exégesis. La exégesis nos ayuda a eludir los mecanismos de defensa que nos llevan a malinterpretar la Biblia. He desarrollado una definición de exégesis bastante divertida. Dice así: «La exégesis es el arte de aprender a leer la Biblia de tal manera que se deje abierta la posibilidad de aprender algo». A menudo estudiamos la Biblia, pero no asimilamos nada porque no queremos descubrir que lo que hacemos está mal y que quizás tengamos que cambiar. Por eso, como señala Jeremías 17:9, es natural que nos engañemos, incluso mientras estudiamos la Biblia.
Pero la exégesis puede ayudarnos a lidiar con el autoengaño porque invita a un enfoque descriptivo de la Biblia. Un enfoque descriptivo significa que la presión interna para distorsionar el significado de la Biblia se desactiva. Si describo lo que Juan les dice a las iglesias de Asia Menor en el primer siglo, no tengo por qué sentirme presionado, porque no soy miembro de una congregación de Asia Menor ni vivo en el primer siglo. Así que la exégesis nos permite afrontar la realidad de la Palabra de Dios. Puedo describir lo que Juan les decía sin que me afecte necesariamente. Al eliminar la presión interna, puedo ser más honesto con el texto de lo que sería de otra manera.
Pero aquí está la mejor parte. Una vez que hemos interpretado un texto bíblico, nunca podremos volver a leerlo de la misma manera. No podemos evitar las implicaciones más profundas de ese pasaje como lo hubiéramos hecho antes. La exégesis abre el camino para que la Biblia toque nuestros corazones con justo lo que necesitamos saber y comprender.
El papel de las lenguas originales
La mejor protección contra el autoengaño es una exégesis basada en los idiomas originales, el griego y el hebreo. La exégesis descriptiva genuina me resulta más difícil en inglés (mi lengua materna), porque el inglés está lleno de asociaciones con mi propio pasado personal. De niño, oía hablar inglés en casa. Cada palabra de ese idioma me llegaba en el contexto de un tiempo, lugar y circunstancia determinados. Así pues, para mí, cada palabra de la Biblia me evoca asociaciones con mi propia historia personal. Evoca los acontecimientos y las situaciones en las que me encontré con esas palabras y los significados que esas palabras tenían en esos contextos. Por ello, es casi imposible no proyectar mis propias ideas en la Biblia cuando la leo en inglés. Proyectarse en la Biblia es perfectamente natural hasta que uno se da cuenta de la necesidad de aprender una mejor manera de leer las Escrituras.
Sin embargo, aprender a leer el Nuevo Testamento en griego permite romper con las ataduras del pasado y experimentar el texto tal como el autor lo concibió al escribirlo. El griego bíblico se enseña en función de su contexto original. Los estudiantes de griego bíblico utilizan léxicos y diccionarios para descomponer palabras en el contexto del mundo del primer siglo. Aprender el griego del Nuevo Testamento implica romper con las asociaciones habituales que impiden a los intérpretes ver las conexiones más profundas del texto. Cuando los intérpretes desarrollan un conocimiento lector del Nuevo Testamento griego, comienzan a surgir conexiones entre palabras, frases y textos que no habrían visto en la traducción.
Algunos se preguntan: «Bueno, si ese es el caso, ¿no tendrían los griegos modernos una ventaja especial sobre nosotros al leer el libro del Apocalipsis?». No, en realidad estarían en desventaja. Los griegos de hoy aprenden su idioma de la misma manera que tú y yo aprendemos inglés o cualquier otra lengua materna. Para los griegos, es una tendencia natural ver significados modernos en el idioma antiguo del Nuevo Testamento griego.
Sin embargo, reconozco que la mayoría de quienes lean este libro nunca tendrán la oportunidad de aprender griego ni de especializarse en la época, el lugar y las circunstancias antiguas del Apocalipsis. Aun así, ¿es posible realizar una exégesis seria y honesta? Creo que sí. Me gustaría sugerir seis medidas de seguridad para el estudio que ayudarán a cualquiera a interpretar el texto bíblico, evitando las interpretaciones erróneas y extrañas que son tan naturales en la condición humana. Estos seis principios proporcionan a los intérpretes el equilibrio bíblico necesario para abordar un libro tan complejo como el Apocalipsis.
1. Comienza con la oración auténtica y la desconfianza en ti mismo.
Al abrir la Biblia, es importante hacerlo con mucha oración y desconfianza. Si el corazón humano es excesivamente perverso y engañoso, la mayor barrera para la comprensión bíblica es la falta de un espíritu dócil. Sin un espíritu dócil, no importa cuánto griego sepas ni cuántos doctorados acumules. Tu aprendizaje no te abrirá la Palabra. El verdadero conocimiento de Dios no proviene de la mera búsqueda intelectual ni del estudio académico. Surge de la disposición a recibir la verdad cueste lo que cueste.
Los textos que subrayan este principio son:
“El hombre sin Espíritu no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Cor. 2:14, NVI).
“Perecen porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tes. 2:10, NVI).
“Si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5, NVI).
El conocimiento de Dios proviene de la disposición a recibir la verdad de Dios pase lo que pase. Pero puede costarte la vida, tu familia, tus amigos y tu reputación. Entonces, ¿cuánto anhelas realmente conocer a Dios? Si deseas la verdad, cueste lo que cueste, la recibirás. Dios está dispuesto a que la encuentres si estás dispuesto a que te enseñe.
Así que me gustaría sugerirte que comiences tu estudio del libro de Apocalipsis con lo que yo llamo oración auténtica. Esto significa orar por un espíritu dócil. Orar para que Dios abra tu corazón, supere tus mecanismos de defensa y te enseñe lo que necesitas saber. La oración auténtica es algo así: «Señor, quiero la verdad sobre el libro de Apocalipsis sin importar lo que me exija personalmente». Es una oración difícil de ofrecer. Pero ese tipo de oración abrirá el camino a una nueva comprensión de la Palabra.
2. Utilice una variedad de traducciones
Si no está familiarizado con el griego y el hebreo, una excelente alternativa es consultar diversas traducciones. Cada traducción tiene sus limitaciones y debilidades, y hasta cierto punto refleja los sesgos del traductor o traductores. Por lo tanto, la mejor opción para un cristiano que no conoce los idiomas originales es comparar varias traducciones.
Supongamos que compara un texto con cinco traducciones diferentes. Si las cinco coinciden, el texto griego subyacente debe ser razonablemente claro. Ese es el tipo de texto en el que puede basar su fe con confianza. Por otro lado, si las cinco traducciones difieren, indica que el idioma original es ambiguo. Deberá ser cauteloso al insistir en que una traducción específica del texto refleje el original. Y será reacio a basar su sistema de creencias en un texto poco claro.
Pero ¿qué pasa si cuatro traducciones dicen aproximadamente lo mismo, pero la quinta está muy lejos de la realidad en otro país? Esto suele ser una pista para determinar la tendencia de esa traducción en particular. Toda traducción tiene algún sesgo, y mediante una comparación cuidadosa se puede desarrollar una idea al respecto. La autoridad que usted, como intérprete, otorga a cualquier traducción de un texto dependerá del grado de certeza de que se base en la precisión del original. Consultar diversas traducciones puede ofrecer a cualquiera una visión más clara del texto original.
Usar diversas traducciones, por supuesto, nos ayuda a superar las lecturas favoritas del texto. Todos tenemos pasajes favoritos que significan ciertas cosas para nosotros. Cuando elegimos una nueva traducción, es divertido ir directamente a esas traducciones específicas para ver cómo la ha traducido esa versión. A menudo nos decepcionamos al hacerlo. El traductor simplemente no vio lo que nosotros sí. Pero la honestidad nos obligará a reconocer que a menudo tergiversamos el significado real de un versículo para mantener una lectura favorita. Debido a que preferimos cierta lectura del texto, no podemos ver su verdadero significado en su contexto original. Sin embargo, estar abiertos a diversas traducciones nos permite ser más honestos con el pasaje.
3. Favorecer los textos claros
Si desea que las Escrituras hablen por sí mismas, dedique la mayor parte de su tiempo a las secciones que sean razonablemente claras. La Biblia contiene muchos puntos en los que los cristianos están de acuerdo. Muchas partes son extremadamente fáciles de entender, mientras que otras son extremadamente difíciles. Una gran protección para su estudio de las Escrituras es dedicar la mayor parte de su tiempo a las secciones inequívocas. Los textos claros de las Escrituras establecen al lector en el terreno común de la Biblia y las grandes verdades de su mensaje, protegiendo al intérprete del uso inapropiado de textos más crípticos.
Los adventistas, en particular, parecen gravitar hacia los textos ambiguos de la Biblia: pasajes difíciles de entender porque pueden apuntar en más de una dirección. Quienes hacen un mal uso de la Biblia tienden a trabajar con textos vagos, tratándolos como si fueran claros y luego basan su teología en su lectura particular. Cuando las personas se detienen en los textos difíciles de las Escrituras, generalmente terminan distorsionando textos no controversiales porque el mensaje de los textos claros contradice la teología que han desarrollado a partir de los oscuros. Esa es una de las razones de las muchas lecturas extrañas del Apocalipsis. El libro atrae a quienes disfrutan jugando con los límites de las Escrituras, a quienes tienen una necesidad malsana de encontrar algo nuevo, fresco y emocionante para compartir con los demás.
Sin embargo, si pasas la mayor parte de tu tiempo de estudio en pasajes como Daniel 11, los sellos y las trompetas, probablemente te volverás loco espiritualmente, si no psicológicamente. Estos pasajes son extremadamente difíciles, y es fácil distorsionarlos y darles un peso que nunca debieron soportar. Pero si dedica la mayor parte de su tiempo a los textos claros de la Biblia, estos le protegerán de un uso inapropiado de los sellos, las trompetas o cualquier otra cosa. La inmersión en las partes inequívocas de la Biblia le impide aplicar textos menos claros de maneras que contradigan las enseñanzas centrales de la Biblia.
4. Favorecer la lectura general
Un cuarto principio, y el más vital, es comparar los resultados de su estudio bíblico con una lectura general de las Escrituras para que la obsesión por los detalles no lo desvíe del tema central de la Biblia. Las personas a menudo abordan la Biblia de forma fragmentada. Estudian un versículo a la vez y luego lo comparan con todo tipo de textos que se encuentran en una concordancia. De alguna manera, la concordancia se convierte en su verdadera Biblia. Toman una palabra, examinan fragmentos de 300 a 400 textos y seleccionan aquellos que parecen expresar lo que quieren que la Biblia enseñe. Este método puede incluso tentar a los predicadores.
A veces llegan la noche anterior a un sermón y se dan cuenta, a las 10:00 o 11:00 p. m., de que no están listos para el sermón que deben presentar al día siguiente. Así que se despiden de la familia y se retiran al estudio. Primero piensan en la congregación y en el tipo de mensaje que la animaría y fortalecería. Para las 12:30 a. m., comienza a formarse un bosquejo. En poco tiempo, el mensaje pinta bastante bien. Pero antes de irse a dormir, estos predicadores buscan una concordancia. ¿Con qué propósito? Para encontrar algunos textos bíblicos que parezcan respaldar su tema.
¿Qué hacen? Encubren sus propias ideas con la parafernalia de las Escrituras. El sermón no surgió de la Biblia, sino de su reflexión sobre una situación real. Al enriquecer el sermón con diversos textos extraídos de una concordancia, intentan sustentar sus ideas con la aparente autoridad de la Biblia. La mejor protección contra este mal uso involuntario de las Escrituras es una lectura extensa y general de la Biblia. Una inmersión profunda en la Biblia te sensibiliza a las estrategias literarias de los autores bíblicos. El uso de una concordancia, por otro lado, te pone a cargo del proceso, en lugar del escritor bíblico.
Utilizando una concordancia y la comparación de escritura con escritura tiene su lugar. A medida que avancemos en el libro de Apocalipsis, haremos mucho de esto. A veces compararemos Apocalipsis con el Antiguo Testamento, a veces con otras partes del Nuevo y, ocasionalmente, con fuentes externas a la Biblia. Todo esto nos ayudará a comprender cuál era la intención original de Juan para Apocalipsis. Pero cuando uno dedica todo su tiempo a comparar un pasaje con otro, puede perderse de vista el bosque. La lectura general de la Biblia, por otro lado, nos hace sensibles al contexto más amplio de las Escrituras.
Para una lectura general, recomiendo una traducción moderna fácil de seguir. Si bien la versión King James, por ejemplo, es muy útil para un estudio profundo, me cuesta mucho seguir el hilo de la historia o el pensamiento de un capítulo a otro. La lectura general ayuda a tener una visión global y a relacionar textos aislados con sus contextos para que el significado se aclare. Con una concordancia, en cambio, tendemos a aislar los versículos de sus contextos. El estudio de la concordancia, sin el control de una lectura amplia, es como extraer cincuenta textos de la Biblia, mezclarlos como una ensalada en un bol, y finalmente extraerlos uno por uno y decir: «Esta es la Palabra del Señor».
El proceso es aún más peligroso cuando se realiza en una computadora. Las computadoras tienen programas bíblicos maravillosos que permiten introducir una o dos palabras y descubrir todos los textos que contienen esa palabra o combinación de palabras. Yo mismo tengo un programa similar y lo encuentro extremadamente útil. Pero los programas bíblicos facilitan tanto la manipulación de las ideas de la Biblia que es posible que nunca llegues a leerla. Los significados que extraes de los textos de la computadora pueden no tener nada que ver con la intención original del autor bíblico.
La lectura general de la Biblia permite al intérprete obtener una visión global de las Escrituras. Protege al lector de interpretaciones insólitas de sus partes aisladas. Además, esta lectura general le ayuda a desarrollar un espíritu de enseñanza y le permite ver el texto como Dios y el autor bíblico lo quisieron. De ahí la recomendación: «Dedica la mayor parte de tu tiempo a leer la Biblia en lugar de estudiarla».
5. Preste atención a las críticas de los compañeros
Un principio vital para el estudio del Apocalipsis es prestar mucha atención a los consejos y críticas de colegas. Un colega es cualquiera que haya dedicado al texto la misma atención que tú. Lo más valioso de hecho, los pares son quienes discrepan contigo o quienes tienen un talento especial o experiencia con las herramientas de la exégesis. Como mencioné antes, uno de los mayores problemas para comprender la Biblia es que todos tenemos una tendencia natural al autoengaño (Jer. 17:9). Ese autoengaño es tan profundo que, a veces, incluso orando, usando diversas traducciones y concentrándonos en los textos claros y la lectura general, podemos malinterpretar la Biblia por nuestra cuenta. Por lo tanto, el mejor antídoto contra este tipo de autoengaño es someter constantemente nuestra propia comprensión a la evaluación de otros que se esfuerzan igualmente por comprender esos mismos textos.
Me recuerda a Alcohólicos Anónimos y al proceso llamado «intervención». En lo que respecta al alcohol, los alcohólicos suelen ser los últimos en enterarse de que tienen un problema. Por lo tanto, los profesionales recomiendan el proceso de intervención en el que familiares, amigos, conocidos y figuras de autoridad se reúnen y dicen: «Sí, eres alcohólico y te vi hacer esto o aquello».
Al confrontar al alcohólico una y otra vez con los hechos, es más probable que finalmente reconozca que tiene un problema y busque ayuda. Me gustaría sugerir que la intervención también suele ser necesaria con la exégesis de la Biblia. Necesitamos las críticas de otros que dicen: «He analizado este texto con atención y simplemente no veo lo que tú ves. Para mí, el texto dice algo totalmente diferente».
Puede ser doloroso escuchar ese tipo de críticas. Pero es la única manera de evitar lo que yo llamo el síndrome de Saddam Hussein. Verán, ninguno de los asesores de Saddam Hussein estuvo jamás en desacuerdo con él, porque todos los que lo hicieron murieron pronto. Como resultado, solía recibir muy malos consejos. Me lo imagino preguntándoles a sus asesores antes de las dos Guerras del Golfo: «¿Qué opinan? ¿Podemos vencer a la coalición que se está formando contra nosotros?». Sin duda, la respuesta unánime fue: «Si ustedes están al mando, no podemos perder». ¡Mal consejo! Pero eso es lo que se obtiene cuando no se escucha a quienes no están de acuerdo.
Verás, no aprendo mucho de quienes están de acuerdo conmigo, porque ya vemos las cosas de la misma manera. Son quienes no están de acuerdo conmigo, quienes ven el texto de forma diferente a mí, quienes pueden enseñarme algo sobre el pasaje. Cuando me enfrento a alguien muy diferente a mí —alguien de otra cultura o incluso de otra religión— me encuentro con realidades en el texto que nunca habría visto por mi cuenta. Puede que no termine estando de acuerdo con las conclusiones católicas sobre el Apocalipsis, pero un católico romano notará cosas en el texto que yo pasaría por alto (y viceversa). Así, las perspectivas de otros profundizan mi propio conocimiento de la Palabra de Dios.
Las personas con las que discrepo rotundamente verán cosas en el texto que yo jamás notaría debido a mis puntos ciegos y a mis mecanismos de defensa. Puede que la otra persona esté tan trastornada como yo, pero si tiene mecanismos de defensa y puntos ciegos diferentes a los míos, aun así observará cosas en el texto que yo pasaría por alto, y yo veré cosas que ella pasará por alto. Juntos podemos ver con mucha más claridad que por separado. Incluso al estudiar la Biblia, necesitamos escuchar a los demás, en particular a quienes también han explorado las Escrituras con detenimiento y han llegado a conclusiones diferentes a las nuestras.
6. Utilice a Elena White apropiadamente
Los Adventistas del Séptimo Día necesitan abordar un asunto adicional. Los comentarios de Elena G. de White sobre el libro de Apocalipsis estimulan una perspectiva muy productiva, pero podemos usar sus escritos de una manera que oscurezca el significado del texto bíblico y lo ponga al servicio de los intereses del intérprete.1 Los comentarios improvisados en diversos contextos pueden universalizarse o aplicarse de maneras que contradicen las implicaciones del propio texto bíblico. Este uso constituye un abuso y resulta en una disminución de su autoridad en lugar de fortalecerla.
La inspiración se maneja con verdadero respeto cuando permitimos que la intención de un escritor inspirado surja del texto en su contexto original (exégesis). Como señalamos en el capítulo anterior, los mensajes de los profetas vivientes pueden aclararse fácilmente si se les solicita. Pero una vez que el profeta ha fallecido, estamos en terreno más seguro cuando permitimos que la intención de cada texto inspirado surja mediante una exégesis cuidadosa.2
El papel de la inspiración es particularmente problemático en cuanto al uso que Elena de White hace de las Escrituras. Un intérprete con fuertes ideas preconcebidas puede fácilmente utilizar sus citas bíblicas de tal manera que desvirtúe el significado claro del texto en su contexto bíblico.3 Las inferencias extraídas del texto del Apocalipsis a veces se combinan creativamente con deducciones extraídas del Espíritu de Profecía para producir un resultado que no puede demostrarse claramente con ninguna de las dos fuentes. Aunque generalmente con buenas intenciones, esto desvía al pueblo de Dios de la atención cuidadosa al significado claro del texto y, por lo tanto, fomenta métodos de interpretación descuidados que pueden perjudicar la causa de Dios. Con el fin de salvaguardar su intención inspirada, a continuación se presentan seis pautas tentativas para el uso de Elena de White en el estudio del Apocalipsis.
1. ¿Cita o eco?
Primero, es importante determinar si Elena de White pretendía citar un texto bíblico en particular o si simplemente se hacía eco de él. Si cita el pasaje y proporciona una referencia, el asunto queda bastante claro. Pero a menudo usa palabras o frases bíblicas de forma aislada y sin referencia aparente a su contexto original. En tales casos, no queda claro de inmediato si era consciente de que estaba usando lenguaje bíblico o si ese vocabulario simplemente fluía naturalmente de su experiencia previa con la Biblia.
El procedimiento para determinar las alusiones que explicamos en el capítulo 7 también será útil para determinar su intención. Si concluimos que no está citando un texto bíblico, sino simplemente repitiendo su lenguaje, no debemos asumir que está expresando un juicio sobre la intención del escritor bíblico para ese pasaje en particular. Puede que esté extrayendo una lección espiritual válida al repetir las Escrituras, pero no es necesariamente la misma que el escritor bíblico intentaba transmitir a los lectores.
2. ¿Exegético, teológico u homilético?
En segundo lugar, cuando Elena de White remite claramente al lector a un pasaje bíblico, debemos preguntarnos cómo lo utiliza. ¿Lo usa exegéticamente, afirmando el significado original del pasaje en el contexto del autor? ¿Lo usa teológicamente, analizando las implicaciones que tiene para una teología más amplia basada en la Escritura en su conjunto y centrándose particularmente en la voluntad de Dios para sus lectores? ¿O lo usa homiléticamente, aprovechando el poder del lenguaje bíblico en una predicación? 4
Interpretar un uso homilético como si fuera una declaración exegética distorsionaría no solo su intención, sino también el significado de la declaración bíblica. Si bien se necesita más estudio sobre esta cuestión, en mi opinión, Elena de White rara vez usa la Escritura exegéticamente (es decir, preocupándose principalmente por la intención del escritor bíblico).5 Como era el caso de los profetas clásicos del Antiguo Testamento, su principal preocupación era hablar de su situación contemporánea. Normalmente utiliza la Escritura teológica y homiléticamente, más que exegéticamente.
Decir esto no implica limitar la autoridad de Elena de White. Siempre debemos tomar con la máxima seriedad su intención en cualquier declaración. Al mismo tiempo, debemos tener cuidado de no limitar la autoridad del escritor bíblico. Nunca debemos negar la intención de un escritor bíblico basándonos en el uso homilético de un pasaje bíblico. Lo que pido aquí es que aprendamos a respetar la propia intención de Elena de White al usar el material bíblico. Dado que a menudo emplea la Escritura de maneras distintas a la exegética, debemos examinar con sumo cuidado las declaraciones que citan el Apocalipsis antes de aplicarlas dogmáticamente en la exégesis del libro bíblico.6
3. ¿Publicado o no publicado?
En tercer lugar, la propia Elena White hace una distinción entre sus escritos publicados y otros materiales.7 Podemos comprender mejor su intención teológica en los escritos que redactó y editó con el mayor cuidado. Comentarios improvisados, en cartas o reproducciones estenográficas de sermones, pueden no reflejar su opinión firme sobre temas atemporales. Las compilaciones de sus escritos realizadas por otros deben utilizarse con mayor cautela, ya que la selección y el orden del material pueden, en sí mismos, constituir una declaración teológica. Si algo aparece solo en cartas y manuscritos, sobre todo si aparece solo una vez, el intérprete debe demostrar que refleja fielmente su intención meditada y coherente.
4. ¿Central o periférico?
En cuarto lugar, deberíamos preguntarnos: «¿Es el uso que Elena de White hace de un texto bíblico determinado crucial para su conclusión en una declaración dada?». Si su aplicación de un pasaje bíblico es periférica a su tema central, puede que no represente una exégesis bien pensada. Al igual que con las Escrituras, estamos en terreno más seguro cuando nos referimos a declaraciones cuyo propósito principal es abordar el tema que nos preocupa.
En lo que respecta al libro de Apocalipsis, sus declaraciones serán más útiles cuando la interpretación de un pasaje completo fue el motivo de su escritura. Si desea conocer su perspectiva sobre Apocalipsis 13, consulte las declaraciones donde analiza sistemáticamente el capítulo. Por otro lado, gran parte del libro de Apocalipsis nunca es central en ninguno de sus análisis. Debemos ser muy cautelosos al aplicar declaraciones superficiales y periféricas a nuestra propia interpretación del Apocalipsis.8
5. ¿Antes o después?
En quinto lugar, debemos permitir que los escritos posteriores de Elena de White expliquen las posturas adoptadas en escritos anteriores. A medida que su habilidad para escribir mejoró, su capacidad para expresar con precisión los pensamientos que recibía de Dios aumentó en consecuencia. Y a medida que declaraciones anteriores se volvían objeto de controversia, ella ofrecía aclaraciones para dejar clara su intención. Un ejemplo bien conocido de esto es Primeros Escritos, páginas 85-96, donde ofrece una serie de aclaraciones de declaraciones anteriores y descripciones visionarias.9 Por eso es importante permitir que las declaraciones posteriores sobre el texto bíblico definan su significado en las anteriores.
6. ¿Uso singular o frecuente?
Finalmente, ¿con qué frecuencia utilizó un pasaje bíblico de una manera particular? En igualdad de condiciones, la cantidad de veces que los escritores repiten un concepto específico es directamente proporcional a su pasión por comprenderlo con claridad. Normalmente no es prudente basar una interpretación en un solo pasaje. Una idea que reaparece en diversas circunstancias y mediante diversas expresiones no es fácil de malinterpretar ni de usar incorrectamente.
Elena White y la exégesis
La razón principal para sugerir estas directrices básicas es el problema de la ambigüedad en los escritos de Elena de White. Sus declaraciones suelen ser susceptibles de más de una interpretación.Esto no se debe necesariamente a confusión o falta de claridad por su parte, sino más bien a que a menudo no abordó directamente las cuestiones que más nos preocupan hoy. Un lector imparcial encontrará repetidamente afirmaciones que responden a nuestras inquietudes con menos claridad de la que preferiríamos. Los lectores sesgados, en cambio, ante una afirmación ambigua, eligen la opción que mejor se ajusta a sus ideas preconcebidas y la reiteran a quienes podrían discrepar.
La realidad es que no podemos aclarar muchas cuestiones exegéticas a partir de los escritos de Elena de White. Lo más prudente es evitar usar declaraciones ambiguas como prueba definitiva para demostrar un punto. Siempre es apropiado, por supuesto, señalar las posibilidades inherentes a tales declaraciones.
Conclusión
Lo bueno de las estrategias interpretativas que hemos analizado en este capítulo es que cualquiera puede practicarlas. No se necesita un doctorado ni una formación especializada para leer la Biblia con precisión. Si se siguen estos principios, no se cometerán los errores de David Koresh y sus seguidores. Estos principios benefician a todos, incluso a los estudiosos de la Biblia. De hecho, si se sabe griego y hebreo, pero no se practica la exégesis descriptiva, la oración, la comprensión de textos claros y la lectura general, ni se escucha a otros, es muy probable que se malinterprete la Biblia, independientemente de la pericia con la que se utilicen los procedimientos.
En los siguientes capítulos, aplicaremos estos principios de exégesis de forma práctica. Mostraré paso a paso cómo descubrir el significado del Apocalipsis. Este proceso será más que una simple descripción general de los métodos. Los textos de muestra cobrarán vida a medida que apliquemos los métodos. En el proceso, descubriremos algunos de los secretos mejor guardados del Apocalipsis.
1 “Quienes no andan a la luz del mensaje pueden tomar de mis escritos declaraciones que les agraden y que concuerden con su juicio humano, y, separando estas declaraciones de su conexión y colocándolas al lado de los razonamientos humanos, hacer parecer que mis escritos confirman lo que ellos condenan” (Ellen G. White, carta 208, 1906).
2 Muchos de entre nuestra gente me escriben, solicitando con ferviente determinación el privilegio de usar mis escritos para reforzar ciertos temas que desean presentar al pueblo de tal manera que les causen una profunda impresión. Es cierto que hay una razón para que algunos de estos asuntos se presenten; pero no me atrevería a aprobar el uso de los testimonios de esta manera, ni a sancionar la presentación de un tema, que es en sí mismo bueno, de la manera que proponen.
Las personas que hacen estas propuestas, por lo que sé, podrían llevar a cabo la tarea de la que escriben con sabiduría; sin embargo, no me atrevo a concederles la menor licencia para usar mis escritos de la manera que proponen. Al considerar tal tarea, hay muchos aspectos que deben tomarse en cuenta; pues al usar los testimonios para reforzar algún tema que pueda impresionar la mente del autor, los extractos podrían dar una impresión diferente a la que darían si se leyeran en su contexto original. (“La Redacción y el Envío de los Testimonios para la Iglesia”, pág. 26, en Arthur L. White, Ellen G. White, Mensajera del Remanente, pág. 86).
3 Cuando aplicó la frase «no toques, no gustes, no manejes» al consumo de té, café, alcohol y tabaco ( El Ministerio de Curación, p. 335), sin duda se hacía eco del lenguaje de Colosenses 2:21, ¡pero no de la manera en que Pablo lo usó! Para ella, la frase tenía un uso positivo en relación con la debida abstención de sustancias nocivas, pero para Pablo, en contexto, representaba un ascetismo malsano que desviaba la atención de Cristo (Col. 2:18-23).
O cuando aplicó la frase «Dios hizo al hombre recto» a la necesidad de una buena postura ( Educación, pág. 198), nunca pretendió insinuar que el autor de Eclesiastés estuviera hablando de la postura en Eclesiastés 7:27-29. Pero en Patriarcas y Profetas, pág. 49, usó la frase en armonía con la intención moral del autor bíblico.
4 Véase la ilustración en la nota al pie anterior para su uso de Colosenses 2:21.
5 Como se mencionó en el capítulo anterior, un alto porcentaje de sus declaraciones exegéticas probablemente se encuentran en Los Hechos de los Apóstoles, que contiene análisis específicos de los libros del Nuevo Testamento en su contexto original. Muchas declaraciones exegéticas también aparecen en las Palabras de vida de Cristo y Pensamientos desde el Monte de la Bendición. Cf. los comentarios de Robert Olson en Ministry (diciembre de 1990, pág. 17).
6 Cuando Elena de White parece emplear un texto exegéticamente, pero persiste una tensión entre su uso del texto y la aparente intención del lenguaje del autor bíblico, debemos tener en cuenta dos posibilidades. 1. Es posible que el intérprete haya malinterpretado la intención del escritor bíblico, de Elena de White o de ambos. 2. Una persona inspirada puede aplicar un pasaje bíblico a su situación contemporánea en un sentido local sin agotar la intención última del escritor original. (Obsérvese el uso que Pedro hace de Joel 2:28-32 en Hechos 2:16-21, y el uso que Jesús hace de Daniel 7:13, 14 en Mateo 9:6).
7 Testimonios para la Iglesia, tomo 5, pág. 696; cf. Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 66; Testimonios para los Ministros, pág. 33.
8 El Apocalipsis ocupa el lugar más central en su análisis del capítulo 57 (págs. 579-592) de Los Hechos de los Apóstoles y en gran parte de la última parte de El conflicto de los siglos.
Un ejemplo teológico de su creciente claridad de expresión es su comprensión de la deidad de Cristo. Nadie puede confundir su clara creencia en la plena deidad de Cristo, expresada en declaraciones posteriores como Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 296; El Deseado de Todas las Gentes, pág. 530; Review and Herald, 5 de abril de 1906; y Señales de los Tiempos, 3 de mayo de 1899. Sin embargo, declaraciones anteriores a 1888, como El Espíritu de Profecía, vol. 1, págs. 17 y 18, son lo suficientemente ambiguas como para interpretarse como arrianas si ignoramos las declaraciones posteriores (actualiza y aclara El Espíritu de Profecía, referencia en Patriarcas y Profetas, págs. 37 y 38). Utilizar El Espíritu de Profecía, vol. 1, págs. 17 y 18 para demostrar su perspectiva sobre el tema, ignorando las declaraciones aclaratorias posteriores, es distorsionar irremediablemente su intención.
10 Un excelente ejemplo de una declaración ambigua se encuentra en Testimonios para los Ministros, pág. 445. Allí afirma que el «sellamiento de los siervos de Dios [en Apocalipsis 7] es el mismo que se le mostró a Ezequiel en visión. Juan también había sido testigo de esta revelación tan sorprendente». Continúa con una serie de puntos comunes a ambos libros. Dado que las visiones de Juan y Ezequiel son análogas, pero ciertamente no idénticas, surgen dos posibilidades de interpretación. 1. Los acontecimientos de alrededor del año 600 a. C. participaron de los mismos principios que se manifestarán en la crisis final retratada en Apocalipsis 7. 2. Ezequiel no describe los acontecimientos del año 600 a. C., sino el fin de los tiempos. Si bien una u otra interpretación se considerará más probable según las suposiciones previas que el lector aporte al texto, cualquiera de las dos es posible según el lenguaje que ella elija utilizar en el contexto.
En diciembre de 1974, un hombre llamado Donald Yost encontró dos grandes paquetes envueltos en papel en la sede de la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo Día en Takoma Park, Maryland. Los paquetes, polvorientos y olvidados, habían permanecido intactos durante más de 50 años. Contenían unas 2400 páginas de notas mecanografiadas y taquigráficas de una extensa conferencia bíblica celebrada en la Conferencia General entre julio y agosto de 1919. Aunque incluso los historiadores casi habían olvidado la serie de reuniones después de 50 años, los documentos sugerían que había sido uno de los momentos cruciales en la historia de los Adventistas del Séptimo Día.
Verán, la presencia de un profeta viviente marcó las primeras décadas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Los adventistas creían que las visiones y los testimonios de Elena G. de White se originaron en su conexión directa con Dios. De 1844 a 1915, sus libros, artículos, sermones y cartas privadas proporcionaron una corriente constante de comprensión de cómo Dios veía el movimiento en desarrollo. Respondió a preguntas contemporáneas, y sus recomendaciones sentaron las bases para la ubicación y el establecimiento de instituciones denominacionales. Su obra a veces confirmó los diversos resultados del estudio bíblico adventista y en otras ocasiones los desmintió.
La presencia de un profeta viviente representó un gran desafío, pero también brindó gran seguridad. Mediante la interacción con el profeta, los líderes adventistas pudieron percibir con claridad la guía directa de Dios en las numerosas dificultades que enfrentaba el movimiento incipiente. Los problemas teológicos y políticos pudieron resolverse consultando la voz del profeta. Quienes se comprometieron plenamente con la autoridad de Elena de White experimentaron una certeza que pocos tienen en esta vida.
Pero en 1915, Elena de White falleció, acallando la voz viva. La iglesia ya no podía abordar los problemas del momento con la guía directa y específica de Dios. Si bien los líderes y miembros aún podían consultar sus escritos, era fácil cuestionar su aplicabilidad a asuntos específicos. Una iglesia acostumbrada a la voz viva de Dios en su seno ahora tenía que lidiar con los escritos de un profeta fallecido, una realidad con la que la mayoría de los cristianos siempre han tenido que convivir.
Para 1919, la cuestión de qué hacer con un profeta fallecido se estaba convirtiendo en una cuestión de vida o muerte para el joven movimiento. Así, al concluir la Conferencia Bíblica del 1 al 21 de julio de 1919, la Asociación General convocó un Consejo de Profesores de Biblia e Historia que se prolongó desde el 21 de julio hasta bien entrado el mes de agosto. Del 30 de julio al 1 de agosto de 1919, el tema de la profeta fallecida y su relación con la educación adventista y la Biblia fue el tema central de los aproximadamente veinte delegados, entre los que se encontraban muchos de los principales directivos de la propia Asociación General. Fue un acontecimiento trascendental.1
AG Daniells, presidente de la Conferencia General, provocó controversia al describir el libro de Elena White, La vida de Pablo, como «mal escrito». «Nunca podríamos afirmar que el pensamiento y la estructura del libro fueran inspirados», continuó. WW Prescott recordó entonces una controversia en la iglesia sobre Daniel 8 y recordó al grupo la carta de Elena White, advirtiéndoles que no resolvieran una controversia tan pública sobre la interpretación de la Biblia basándose en sus escritos. Daniells respondió contándoles al grupo sobre una conversación personal con Elena White sobre un tema exegético en Daniel 8 (el «continuo»), afirmando que ella negó haber tenido revelación alguna sobre el tema, ¡a pesar de que ambas partes la citaron para apoyarla!
El presidente de la Asociación General y otros afirmaron que Elena de White tampoco era experta en detalles históricos. Con la aprobación de Daniells, HC Lacey resumió: «En nuestra apreciación del ‘espíritu de profecía’, ¿no reside su valor más en la luz espiritual que proyecta en nuestros corazones y vidas que en la precisión intelectual en asuntos históricos y teológicos? ¿No deberíamos tomar esos escritos como la voz del Espíritu en nuestros corazones, en lugar de como la voz del maestro en nuestras mentes? ¿Y no es la prueba definitiva del ‘espíritu de profecía’ su valor espiritual, más que su precisión histórica?»
Las cosas se tornaron aún más radicales, al menos para algunos adventistas de hoy. Daniells abogó por el sentido común en el uso de los escritos de Elena White. El vegetarianismo es un buen principio en general, pero no es para todos en todos los lugares. Las manzanas pueden ser un alimento excelente, ¡pero el propio Daniells enfermó al comer una al final del día! El presidente de la Conferencia General recordó que Elena White le sirvió carne a su esposo cuando él estaba enfermo. Todo el grupo intercambió anécdotas sobre lo equilibrada que era la profetisa. Concluyeron que sus escritos deben usarse con cautela en la vida diaria y en la interpretación bíblica.
A primera vista, durante la discusión, todos parecían estar de acuerdo en que la «inspiración verbal» no era un concepto útil en relación con los escritos de Elena de White. Coincidieron en que se requería mucho cuidado y sentido común para interpretar correctamente sus escritos, especialmente los relacionados con la Biblia y su interpretación. Pero después del concilio, un par de los presentes comenzaron a difundir la noticia de que Daniells y otros líderes clave habían abandonado la verdadera fe en la profeta. Tres años después, Daniells fue destituido de la presidencia contra su voluntad. La muerte de un profeta puede dejar a los creyentes con más preguntas que respuestas. Y el problema de qué hacer con los escritos de un profeta fallecido no disminuye con el paso del tiempo.
¿Cómo extraer lecciones vivas de los escritos de un profeta fallecido? En definitiva, la respuesta a esa pregunta es la misión de este libro. Para abordar correctamente los escritos de un profeta fallecido como Juan, es necesario comenzar por tomar en serio el tiempo, el lugar y las circunstancias en que el autor bíblico produjo el documento en estudio. Esto es fundamental para la comprensión de cualquier profecía bíblica. Pero también debemos abordar algunas preguntas relacionadas: ¿Cómo se vuelve relevante el texto bíblico para la actualidad? ¿Cómo podemos aplicar una profecía bíblica a nuestros días, cuando fue escrita para otra persona en un tiempo y lugar diferentes, reflejando una diferencia de cultura, ideas e idioma?
Tres enfoques de la Biblia
Hay tres maneras legítimas de abordar la Biblia, que llamaré «exégesis», «teología bíblica» y «teología sistemática». Más adelante en este capítulo, aparece un cuadro titulado «Tres maneras de abordar las Escrituras». Definiremos cada procedimiento con cierto detalle, pero primero una breve definición de cada uno. La exégesis consiste en descubrir qué intentaba comunicar un escritor en esa situación original, determinando su intención para el texto. Plantea la pregunta «¿Qué intentaba decir el escritor?». La teología bíblica, por otro lado, busca determinar el panorama teológico general que se encuentra entre líneas y detrás de lo escrito por el autor. Plantea la pregunta «¿Qué creía el escritor sobre… Dios, el fin del mundo, cómo reconciliarse con Dios, etc.?». En contraste, la teología sistemática intenta determinar qué es la verdad en el sentido más amplio. Plantea preguntas como «¿Qué debo creer?» y «¿Cuál es la voluntad de Dios para mí (para nosotros)?». Los tres enfoques de la Biblia son válidos, pero cada uno la ve de una manera ligeramente diferente.
Tres maneras de abordar las Escrituras
Exégesis bíblica
Para la exégesis bíblica , la pregunta fundamental es: «¿Qué quería decir el escritor bíblico?». Dado que Dios se encuentra con las personas donde se encuentran, la intención original del autor es vital para la comprensión bíblica. Esto sitúa el tiempo de referencia del libro de Apocalipsis exactamente en el siglo I. Juan vivió en esa época y, bajo inspiración, tenía algo específico que decir a iglesias específicas en una parte específica del mundo. Por lo tanto, al describir lo que Juan intentaba decir, es útil usar «categorías bíblicas». En otras palabras, el intérprete debe emplear el lenguaje y los significados propios de Juan para explicar su libro.
Notarás también que la exégesis es por definición “inmutable”. Nuestra comprensión de ese texto y su tradición manuscrita puede cambiar. Pero lo que Juan realmente escribió hace más de 1900 años no ha cambiado. Esto significa que tenemos una base inmutable para probar varias afirmaciones de verdad fuera de la Biblia. La exégesis también está «orientada al pasaje», es decir, se va versículo por versículo y texto por texto. Se intenta comprender línea por línea lo que un escritor intentaba comunicar. Además, la exégesis también es «comprensiva» en el sentido de que es un procedimiento que se puede realizar en cualquier texto escrito. Incluso lo hago en trabajos de estudiantes, porque la exégesis es el proceso de intentar comprender la intención del escritor en el momento en que escribió. La realidad es que todos tenemos alguna dificultad para comunicarnos. (Me costó mucho encontrar la redacción de este libro). «Comprensiva» significa que cualquier cosa escrita está sujeta a exégesis.
Si profundizas más en el diagrama, verás que la exégesis es un «proceso descriptivo». Es un método para describir, lo mejor posible, lo que crees que el escritor bíblico intentaba transmitir al lector. Hacerlo te da una visión del lado humano de la Biblia. Los escritores bíblicos fueron inspirados y recibieron mensajes de Dios. Pero también eran seres humanos que tenían amigos, familia y los asuntos cotidianos de la vida que afrontar. Viajaron a diversos lugares, escucharon las noticias, se encontraron con gente en los negocios, compraron y vendieron cosas, comieron y bebieron, y hablaron con la gente. La exégesis plantea preguntas de tipo humano como: «¿Qué pretendía decir realmente el autor? Cuando Juan escribió a las iglesias, ¿qué quería que comprendieran esas iglesias? ¿Cuál entendió que era el propósito del libro?»
El proceso de exégesis es mucho más relevante de lo que parece a primera vista. Por naturaleza, los humanos protegemos nuestras ideas favoritas malinterpretando textos que podrían parecer amenazantes (consciente o inconscientemente). Los psicólogos llaman a esta tendencia «mecanismos de defensa». Los mecanismos de defensa se remontan a Adán y Eva, quienes se escondieron de Dios entre los arbustos. Una de las mejores maneras de evitar tales reacciones en el estudio bíblico es la exégesis. Verán, un enfoque descriptivo de la Biblia no me amenaza. Por ejemplo, Pablo escribió una carta a los romanos. No soy romano, así que no me estaba atacando. Mi amigo Sam Bacchiocchi puede que sea romano, pero yo no. Y ni Sam ni yo vivimos en el primer siglo, ¡así que incluso él está libre de culpa en lo que respecta a Romanos!
La recompensa es esta: al aprender a leer la Biblia de forma descriptiva, puedo ser completamente honesto y abierto con el texto. Puedo describir lo que Pablo dice.
A aquellos romanos del primer siglo. No representa una amenaza para mí ni para mis ideas favoritas. Pero entonces ocurre algo interesante. Una vez que he estudiado un libro de la Biblia exegéticamente, nunca puedo volver a leerlo de la misma manera. Habré visto y pensado cosas que nunca habría notado ni imaginado si me hubiera tomado el texto personalmente. Si bien una lectura descriptiva de la Biblia no es suficiente por sí sola, es una ayuda maravillosa para la autenticidad en el estudio bíblico.
Teología bíblica
Como método, la teología bíblica se basa en lo que el escritor bíblico intentaba decir para indagar en sus creencias. El enfoque se centra en el primer siglo y en el uso de categorías bíblicas. La teología bíblica también es inmutable. ¿Por qué? Bueno, ¡no creo que Juan ni Pablo hayan tenido un pensamiento nuevo en los últimos 2000 años! Como ya no están, ya no piensan, escriben ni teologan. Por lo tanto, lo que Juan y Pablo creían es algo exclusivo del primer siglo. En sus escritos tenemos una fuente sólida e inmutable de información sobre Dios.
Hasta este punto, la exégesis bíblica y la teología bíblica son idénticas en su enfoque básico. Sin embargo, existen diferencias entre ellas. Al hacer teología bíblica, en lugar de estudiar pasajes, se exploran temas e ideas. Se hacen preguntas como: «¿Qué creía Juan sobre el fin del mundo?». En cuanto se abordan los temas, también se vuelve selectivo. Si se preguntara, por ejemplo, «¿Cuál era la perspectiva de Juan sobre la salvación?», se podrían considerar algunos pasajes del Apocalipsis, pero no otros. No se examinaría cada parte del libro por igual, ya que el tema es la «salvación», y los textos que no tienen nada que ver con la salvación no serían de interés en ese momento. Si se preguntara «¿Cuál era la perspectiva de Jeremías sobre la salud?», probablemente se encontraría muy poco sobre ese tema en el libro de Jeremías, porque no lo aborda. Por lo tanto, las preguntas temáticas sobre las creencias de un escritor son muy selectivas. Se selecciona solo el material que aborda la pregunta.
¿Es la teología bíblica un proceso descriptivo? Sí y no. Por un lado, la teología bíblica es descriptiva, porque intenta representar lo que Juan y Pablo creían. Pero también es normativa, porque lo que Juan o Pablo creían como profetas inspirados es una norma para tu vida siempre que tus circunstancias sean similares a las de quienes se abordan. En otras palabras, ante situaciones similares, lo que era cierto entonces también lo es ahora.
Supongamos que el profeta dijera algo sobre la salud o cierto estilo de vida. Tal principio probablemente no cambiaría mientras nuestros cuerpos sean bastante similares a los de entonces. Las circunstancias varían, pero cuando son análogas, los principios tienen la misma autoridad ahora que en vida del profeta.
¿Es la teología bíblica humana o divina? Nuevamente, la respuesta debe ser sí y no. En parte, es un proceso humano porque Pablo y Juan eran seres humanos. Pero, por inspiración, esos seres humanos también hablaron en nombre de Dios (1 Pedro 1:18).
Teología sistemática
En la teología sistemática, por el contrario, todo parece cambiar. Cuando preguntas qué deberías creer, cuál es la voluntad de Dios para ti, cambias el enfoque del siglo I al XXI. Ahora, en lugar de las categorías bíblicas de la exégesis, estás haciendo tus preguntas en tu propio idioma. El lenguaje de la teología sistemática no es «bíblico», sino «filosófico». ¿Qué quiero decir con eso? Cada persona tiene una filosofía; algunas personas la conocen y otras no. Pero la filosofía es más que simplemente una visión del mundo. Es lo que piensas sobre cómo se organizan las cosas, de dónde venimos, adónde vamos, por qué estamos aquí, etc. Todos tenemos cierta filosofía de vida. Cuando haces preguntas filosóficas, estás haciendo las preguntas personales que arden en tu corazón.
Las preguntas filosóficas, por definición, incluyen temas que Juan nunca escuchó o que la Biblia nunca aborda. Un ejemplo: «¿Debe fumar un cristiano?». La Biblia no aborda en ningún lugar el tema del tabaco. Los pueblos del Viejo Mundo no descubrieron el tabaco hasta aproximadamente el siglo XVI. Por lo tanto, sabemos que la Biblia no aborda directamente el tema del tabaquismo.
¿Puede, entonces, abordar la cuestión del tabaco solo desde la Biblia? Yo diría que no. En definitiva, la razón por la que muchos cristianos rechazan el tabaco no es bíblica, sino científica. Sí, se puede hablar del principio bíblico de que Dios quiere que seamos administradores de nuestros cuerpos, los cuales creó con tanto amor. Sin embargo, desde una perspectiva científica, los cristianos han llegado a comprender que los productos del tabaco dañan el cuerpo humano. Más allá de la ciencia, muchas personas experimentan sus efectos nocivos del tabaquismo de primera mano. Presentan sibilancias, tos, molestan a los demás y experimentan problemas de salud relacionados con el tabaquismo. Por lo tanto, en lo que respecta al tabaquismo, la evidencia parece clara, aunque la Biblia no aborda el tema directamente.
La teología sistemática, entonces, no siempre depende directamente de la Biblia para obtener respuestas. Cuando preguntas cuál es la voluntad de Dios para ti, no estás limitado a lo que dice la Biblia. Las posibilidades para el estudio teológico son casi infinitas. ¿Puedes encontrar la voluntad de Dios mediante el estudio de la psicología? Sí. ¿Por qué? Porque la Biblia dice que todos somos creados a imagen de Dios. Si eso es cierto, entonces al estudiar la mente, puedes aprender algo sobre el Dios que la creó. La sociología puede enseñarnos cómo se relacionan entre sí los grupos de seres humanos creados a imagen de Dios. La historia puede mostrarnos los éxitos y los fracasos de quienes han intentado, o no, llevar a cabo la voluntad de Dios. La historia, la sociología, la ciencia, los dones espirituales, la experiencia, los escritos de Elena de White: todos son maneras de descubrir la voluntad de Dios para nosotros. La teología sistemática no se limita a la Biblia. Plantea preguntas abiertas: «¿Qué es la verdad? ¿Cuál es la voluntad de Dios para mí? ¿Cuál es la voluntad de Dios para todos nosotros?»
Permítanme ilustrar la diferencia entre la teología sistemática y los enfoques bíblicos. Un estudiante vino a mí una vez y quería hacer una disertación sobre el tema de «La santificación en el Apocalipsis». Le dije que no podía hacerlo.
«¿Cómo es que no puedo hacer eso?», protestó.
“Quieres estudiar teología bíblica, estudiar lo que Juan creía sobre la santificación”, le expliqué. “Solo hay un pequeño problema: Juan nunca usó esa palabra. Tendrías que ir más allá del Apocalipsis, o incluso de la Biblia, para abordar la cuestión. Así que sería como mezclar peras con manzanas. Si quieres saber lo que Juan creía sobre el crecimiento del carácter, la vida cristiana y el desarrollo cristiano, no lo encontrarás en la palabra ‘santificación’”.
Le sugerí, en cambio, que hiciera una disertación sobre las «buenas obras» en el libro de Apocalipsis. Apocalipsis sí usa la palabra «obras». Juan se interesa por cómo se comportan las personas después de convertirse al cristianismo, pero no emplea la palabra «santificación» para describirlo. Le sugerí a este estudiante que, si quería hacer una disertación sobre el libro de Apocalipsis, debería usar las palabras de Juan con el significado que pretendía. Hacer lo contrario llevaría a un resultado interminable y confuso.
Al estudiar la Biblia, no debemos mezclar nuestro propio uso filosófico del lenguaje con el de la Biblia. Si nos preguntamos «¿Cuál es la perspectiva bíblica de la santificación?», debemos dejar que los escritores bíblicos definan los términos y no asumir que la palabra significaba lo mismo para ellos que para nosotros. Lutero empleó la palabra «santificación» de una manera que Pablo no lo hizo. Cuando usamos las definiciones de Lutero para estudiar a Pablo, lo distorsionamos. Y cuando aplicamos nuestras definiciones contemporáneas al estudiar Apocalipsis, podemos distorsionar el significado del libro bíblico. Juan no lo escribió en el siglo XXI, sino en el año 95 d. C. Es a ese tiempo y lugar a donde debemos ir para comprender correctamente la intención del autor. Y como Jesús se encontró con Juan donde él estaba, también discerniremos su intención para nosotros en esa situación original.
Observe en el gráfico anterior que el tiempo de referencia para la teología sistemática es el siglo XXI, su terminología es filosófica y el estado de sus resultados cambia constantemente. ¿Por qué la teología sistemática es cambiante por definición? Porque las preguntas que nos planteamos cambian constantemente. Nos planteamos nuevas preguntas que no se plantearon en siglos pasados y que los escritores bíblicos nunca abordaron, como: «¿Deberían ordenarse las mujeres? ¿Deberían fumar los cristianos? ¿Qué papel deberían desempeñar la televisión e internet en la vida cristiana?».
A medida que las preguntas cambian, se deben desarrollar nuevas respuestas para responderlas. Así, podríamos decir que las circunstancias cambian los casos. A medida que las circunstancias cambian, la voluntad de Dios a veces se adapta para ayudarnos a lidiar con situaciones diferentes. Esto no significa que Dios esté cambiando de opinión en el sentido definitivo, sino que se encuentra con las personas donde se encuentran. Hemos visto este principio una y otra vez en las Escrituras. A medida que las circunstancias y las preguntas cambian, Dios puede adaptarse de tal manera que se comunica en el lenguaje vivo de la gente.
Tenga en cuenta que la teología sistemática, al igual que la teología bíblica, es temática y selectiva. Al plantearnos nuestras preguntas filosóficas, establecemos un tema y, en el proceso, elegimos automáticamente nuestras fuentes. En cuanto al tabaco, como hemos visto, encontramos un principio básico en la doctrina bíblica del cuidado del cuerpo, pero solo descubriremos cómo aplicar ese principio en detalle mediante el estudio científico. Si alguien inventara un cigarrillo que fuera bueno para nosotros, no hay ninguna razón bíblica para no fumarlo . Es solo por razones científicas que aceptamos el hábito de masticar espinacas y rechazan el masticado de tabaco.
En la parte inferior del gráfico, verá las palabras «normativo» y «divino». La teología sistemática se relaciona con las verdades normativas. La palabra «normativo» significa «una regla de vida»: cómo debe vivir la gente. Ejemplos de preguntas normativas son: «¿Debería fumar un cristiano?», «¿Cuál es el plan de Dios para mi vida?» y «¿Es apropiado el sexo prematrimonial para un cristiano?». Cuando recibimos una respuesta clara de Dios (independientemente de la fuente) a cualquiera de estas preguntas, se convierte en una ley para nuestro ser. «Normativo» se relaciona con la forma en que se espera que vivamos.
La teología sistemática, tal como la defino, también es divina, ya que asume que existe un Dios y que Él tiene una opinión sobre un tema en particular. Buscamos comprender cómo Él quiere que vivamos. En este sentido, la teología sistemática es muy personal y práctica. Puede desempeñar un papel similar para la iglesia en general: «¿Qué es la verdad?», «¿Cuál es la voluntad o el plan de Dios para nosotros?».
De entonces a ahora
El cuadro con el que comenzamos resume tres maneras de abordar las Escrituras. Los cristianos a veces intentan combinarlas. Una iglesia puede afirmar, por ejemplo, que sigue la Biblia y solo la Biblia. Pero si esa iglesia enseña que los cristianos no deben fumar, ¿es 100% correcto decir que sigue la Biblia y solo la Biblia? ¿No es cierto también que la ciencia ha influido en esa decisión? Al plantearnos preguntas sobre si ordenar o no a las mujeres, por ejemplo, ¿no estamos argumentando también desde la psicología, la sociología, la historia y la experiencia, así como desde la evidencia de los pasajes bíblicos?
Aunque los adventistas intentan someter todas las creencias a la prueba de las Escrituras, no debemos considerar las 27 creencias fundamentales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día como teología bíblica. Podemos entenderlas con mayor precisión como teología sistemática. Expresan lo que la iglesia en su conjunto cree que Dios quiere que la gente crea y practique en el mundo actual. Los temas que se abordan en los fundamentos van mucho más allá de los que se abordan en la Biblia. Quizás el 30% de los fundamentos adventistas necesita respaldo científico, histórico, experiencia, los escritos de Elena de White y otras fuentes externas a la Biblia. Otros fundamentos se basan en textos entendidos en términos de un significado contemporáneo más amplio, no solo exegético.
La importancia de ese texto. Y no hay nada de malo en ello. No queremos limitarnos solo a interpretaciones exegéticas. La Escritura necesita aplicarse de manera creativa a los problemas del mundo actual.
¿Qué hay de los escritos de Elena de White? ¿Debemos entenderlos como exégesis, teología bíblica o teología sistemática? Muchos han asumido que el uso que Elena de White hizo de las Escrituras fue exegético. A menudo se empeñan en limitar la exégesis de los textos bíblicos a las limitaciones de sus comentarios improvisados sobre ellos. Sin embargo, un análisis minucioso a lo largo del tiempo ha llevado al Patrimonio White a concluir que Elena de White rara vez intentó realizar una exégesis en la línea que hemos abordado en este capítulo.Menos del 1 % de las veces intenta responder a la pregunta: «¿Qué quería decir el escritor bíblico?». Creo que un alto porcentaje de sus declaraciones exegéticas aparecen en los libros Pensamientos desde el Monte de la Bendición, Palabras de Vida del Gran Maestro y Los Hechos de los Apóstoles. Las declaraciones exegéticas son extremadamente escasas en los Testimonios y en la mayoría de sus otros escritos.
Como la mayoría de los profetas bíblicos, mostró un relativo desinterés por el significado original de los textos bíblicos que utilizaba. Le preocupaba más extraer los principios y perspectivas fundamentales de las percepciones obtenidas en su conexión directa con Dios. Por lo tanto, no necesitó realizar una exégesis de la Biblia para obtener dichas percepciones. Sospecho que la mayoría de sus declaraciones exegéticas no se basaron en sus visiones, sino en libros sobre el mismo tema que leyó y decidió incorporar a su propia obra (esto es, sin duda, cierto en el caso de Los Hechos de los Apóstoles ). Abordaremos estas cuestiones con más detalle en breve.
¿Qué hay del método de prueba textual, tan popular en los estudios bíblicos y las presentaciones evangelísticas? ¿Se trata de exégesis, teología bíblica o teología sistemática? En su mejor expresión, prefiero considerarlo teología bíblica. Consiste en el intento de recopilar todas las referencias bíblicas sobre un tema específico con el fin de determinar la enseñanza general de la Biblia sobre dicho tema. Si se aplica correctamente, el método de prueba textual debe utilizar citas bíblicas de manera que no contradigan su significado exegético; sin embargo, al comparar pasaje por pasaje, el método tenderá a ofrecer una visión más amplia de la que los autores individuales de la Biblia pudieron haber comprendido.
Al abordar el libro de Apocalipsis, los adventistas tienden naturalmente a plantear preguntas que su autor nunca intentó responder. Si tratamos de encontrar en él el resultado del conflicto israelí-palestino o si cierto presidente estadounidense será quien precipite la crisis final de la historia de la Tierra, con el tiempo descubriremos que la Biblia no aborda la cuestión. Si la Biblia no aborda el tema, nuestro intento de extraer esa información del Apocalipsis solo distorsionará la intención del libro.
Por lo tanto, al abordar el Apocalipsis, creo que es fundamental comenzar con el método de exégesis: «¿Qué intentaba decir Juan al escribir el libro del Apocalipsis?». Debemos descubrir el significado de sus palabras en su tiempo y lugar. Y debemos intentar comprender al Dios que se encuentra con las personas donde se encuentran. Tras completar el trabajo básico, podemos pasar a explorar el panorama teológico más amplio del Apocalipsis, incluyendo el significado que debería tener para nosotros hoy.
Implicaciones prácticas
Quizás se pregunte por qué tenemos que hacer exégesis cuando Pablo y Elena de White no la tuvieron. Creo que hay una muy buena razón. Usted y yo estamos en una situación muy diferente a la de cualquiera de ellos. Verá, los profetas no necesitan hacer exégesis. Es una cuestión de autoridad. Permítame explicarlo.
La fuente de autoridad
La autoridad, en el sentido fundamental, reside en Dios y solo en Él. Cualquier otra persona tiene autoridad espiritual solo en la medida en que habla en nombre de Dios. Por ejemplo, supongamos que te digo: «Anoche tuve un sueño, y en ese sueño Dios me dijo: ‘Deberías vender todo lo que tienes y mudarte a África’». ¿Lo harías? Eso depende, supongo, de si crees o no que Dios realmente me dio ese sueño.
Ahora bien, si crees que soy profeta (y no lo soy) y que mi sueño vino directamente de Él (recuerda, esto es solo una hipótesis), podrías tomártelo muy en serio, ¿no? Incluso podrías empezar a preguntar por vuelos y oportunidades de trabajo en África. Pero si no creyeras que hablé en nombre de Dios o que Él me envió ese sueño, no debería tener ninguna autoridad en tu razonamiento, ¿verdad?
La autoridad del profeta reside en que tiene una línea directa con Dios. El profeta genuino recibe revelaciones de Dios, a menudo en visiones y sueños, así que cuando da mensajes a la gente, es como si vinieran directamente de Dios mismo. Si Dios le dice directamente a alguien que lo venda todo y mudarse a África, más le vale hacerlo. Ese mensaje tiene autoridad normativa.
Contigo y conmigo es diferente. No tenemos una conexión directa con Dios como la tiene un profeta. Por eso la exégesis es tan importante. Como no profetas, necesitamos hacer exégesis porque la única ventana absolutamente confiable que tenemos para acceder a la mente de Dios es comprender correctamente su Palabra. Sin acceso directo a Dios ni a un profeta vivo, debemos basar nuestra comprensión de la verdad en un análisis profundo y minucioso de las palabras de inspiración.
Pablo no tuvo que hacer exégesis del Antiguo Testamento para conocer la verdad sobre Dios. La base de la autoridad del apóstol no residía en la solidez de su estudio, sino en la autenticidad de su acceso directo a Dios. A veces, Pablo aplica los escritos de los profetas del Antiguo Testamento de maneras que ellos no habrían reconocido o a circunstancias que el profeta anterior no habría previsto. Pero eso está bien mientras actúe bajo la dirección de Dios. Dios ayudó a Pablo a utilizar los escritos de profetas fallecidos para crear un mensaje vivo para su tiempo y lugar. La autoridad que se transmite en las cartas de Pablo es la de Dios. Pero yo no tengo la misma autoridad que él tenía. Él estaba inspirado. Sus conclusiones tienen su propia autoridad. Pero mis conclusiones solo tienen autoridad si reflejan fielmente el contenido bíblico.
Si una exégesis cuidadosa es importante en los evangelios o las cartas de Pablo, cuánto más lo es en el estudio del Apocalipsis, un libro que evoca tantas opiniones como intérpretes. Así que, en el capítulo anterior, analizamos detenidamente el panorama general de la Biblia. De ahí, extrajimos algunos principios básicos sobre los cuales basar nuestro estudio del Apocalipsis. Un trabajo bíblico cuidadoso es necesario porque no tengo autoridad de Dios para escribir un libro sobre el Apocalipsis a menos que maneje correctamente los textos que Él ya ha dado. Tengo autoridad solo en la medida en que refleje con precisión lo que realmente contiene el texto bíblico.
Profetas muertos
Lo que tú y yo enfrentamos es un problema que la mayoría de las generaciones enfrentan: el problema del profeta fallecido. Como indica el título de este capítulo, nos interesan las «Lecciones Vivas». Pero el lugar donde debemos buscar esas lecciones vivas es en los escritos de los profetas fallecidos. Dios dio sus revelaciones en el contexto de otro tiempo, otro lugar y otras circunstancias.
Sin embargo, vamos allí para escuchar una palabra del Señor para nosotros, para nuestro tiempo y nuestro lugar.
¿Cómo, entonces, encontramos lecciones vivas en los profetas fallecidos sin leer en la Biblia nuestros propios prejuicios e ideas favoritas? Mediante una aplicación cuidadosa de los tres enfoques sugeridos anteriormente. 1. Si deseamos una lección viva que tenga la autoridad de Dios como respaldo, debemos estar preparados para comprender primero cuál era la intención de Juan y cuál era la intención de Dios al obrar a través de él. 2. El siguiente paso es ir más allá del texto para comprender la filosofía de vida básica de Juan, el panorama general de su teología que aplicó en ese texto. 3. Finalmente, debemos plantearnos las preguntas de hoy. Necesitamos descubrir cómo los grandes principios reflejados en el texto se aplican a los problemas reales de la vida en el mundo contemporáneo.
Pero por muy importante que sea la exégesis, no podemos detenernos ahí. La intención de Dios para la Escritura no se limita al propósito del autor humano original, sino que se expresa a través de él. La teología sistemática compara las Escrituras con las Escrituras y ve cosas que el escritor original nunca tuvo en mente. La historia y las revelaciones posteriores pueden revelar significados más amplios presentes en la intención de Dios, pero no en la del autor humano.
Pero ¿cómo sabemos que un significado tan extenso del texto es válido y cuenta con la autoridad de Dios? Solo si dicho significado es una expansión natural del significado llano del texto original. Solo podemos confiar en el significado extenso cuando conocemos el significado y la intención originales del pasaje. La teología sistemática puede confundirnos si no se basa en una exégesis cuidadosa del texto bíblico.
¿Siempre debemos hacer exégesis al leer la Biblia? No. Muchas veces, durante una experiencia devocional, Dios toca el corazón de la persona con una idea de lo que es correcto. Para uso personal en nuestra vida, Dios a menudo puede pasar por alto el significado exegético del texto para enseñarnos algo. Pero la exégesis no es un enfoque devocional. Se trata de la búsqueda conjunta de la verdad por parte de los cristianos. Si un grupo de personas busca una comprensión común de la Biblia, es importante que todos lean el mismo texto. Si cada miembro del grupo aporta sus propias ideas, sentimientos e impresiones a un pasaje y luego insiste en que esas impresiones son la palabra de Dios, nunca podrán tener unidad de entendimiento.
Antioquía y Alejandría
¿Cómo podemos encontrar con seguridad lecciones vivas en los escritos de los profetas fallecidos? Históricamente, los cristianos han empleado dos maneras de intentar que el texto bíblico sea relevante para la actualidad. Estos dos enfoques a veces se asocian con dos ciudades antiguas: Antioquía y Alejandría. Cada uno se identificó con un método de lectura de la Biblia. El enfoque de Alejandría se llama «alegoría». El método de Antioquía se acercaba a lo que hemos llamado exégesis.
La alegoría parece haber comenzado con Platón, filósofo que vivió unos cuatro siglos antes de Jesús. Según Homero (800 a. C.), cuyos escritos constituyeron la «Biblia» de los antiguos griegos, los dioses griegos eran de carácter similar al de los seres humanos, pero tenían poder absoluto. Sin embargo, la idea no impresionó a Platón. Dios no es así, pensó. El Dios verdadero es mucho más grande. Platón tenía una visión de Dios más clara que la de la mayoría de los griegos, pero su propio maestro, Sócrates, había sido martirizado por enseñar tales ideas. No deseoso de sufrir un destino similar, Platón desarrolló el enfoque alegórico de los escritos de Homero. A través de la alegoría, logró reformular las enseñanzas de Homero de tal manera que el escritor griego pareciera presentar lo que Platón intentaba enseñar. Así, la alegoría salvó la vida de Platón al reducir la tensión entre sus ideas y las escrituras sagradas de los antiguos griegos.
La gente también ha aplicado con frecuencia la alegoría a la Biblia, comenzando con la obra de Filón y Orígenes en el mundo antiguo. Un ejemplo clásico de alegoría es la interpretación que Orígenes hizo de la parábola del buen samaritano. Orígenes no se preguntó cómo funcionaba la historia en el propósito original de Jesús. En cambio, para Orígenes, la historia se convirtió en una parábola que enseñaba su propia teología del siglo III. La víctima en la historia es Adán; Jerusalén representa el cielo; y Jericó, el mundo. El viajero es Adán que va del cielo al mundo. Los ladrones son Satanás y sus ángeles. El sacerdote representa la ley; el levita, los profetas; y el samaritano, Cristo. El burro es el cuerpo de Cristo que carga a Adán caído. La posada representa la iglesia y las dos monedas pagadas por el samaritano son el Padre y el Hijo. Su promesa de regresar y pagar las cuentas en el futuro representa la promesa de Jesús de regresar: la Segunda Venida.
Orígenes de Alejandría sin duda añadió una nueva dimensión a la historia. Sin duda, su interpretación la hizo más interesante para su público. Pero, ¿Tiene algo que ver con el significado original de esa parábola? Para nada. Orígenes ha alegorizado la historia incorporando ideas y conceptos de su época. Al interpretar las ideas de la historia desde su propia perspectiva, la ha utilizado para lograr algo completamente distinto a lo que Jesús pretendía. De hecho, esta es la forma natural en que los humanos abordamos la Biblia. La mayoría de nosotros leemos el texto bíblico a la luz de nuestras propias necesidades, ideas y preguntas.
La antigua ciudad de Antioquía, por otro lado, tenía un enfoque exegético de las Escrituras, insistiendo en que el texto bíblico mismo debe regir el contenido de lo que un intérprete ve en él. Debemos tener en cuenta el contexto original. Solo después de comprenderlo podemos aplicarlo a nuestro propio tiempo y lugar. Por lo tanto, los conceptos básicos de la exégesis tienen una historia casi tan larga como la alegoría.
La alegoría triunfó durante la Edad Media. La iglesia medieval la utilizaba para confirmar sus propias enseñanzas bíblicas, por muy ajenas que fueran al evangelio. Esto alejó a la gente de las Escrituras y de la voluntad de Dios. Sin embargo, con la llegada de la Reforma Protestante, el espíritu de la exégesis antioquena revivió. La Biblia volvió a ser la última palabra en la búsqueda de la verdad. La Reforma promovió un retorno a la Biblia y a sus significados inherentes.
Sin embargo, Alejandría está lejos de estar muerta, incluso en las iglesias protestantes. La alegoría es muy intrigante, por lo que los predicadores la usan para aplicar la Biblia a las necesidades, preocupaciones y problemas de sus iglesias. Al hacerlo, inconscientemente imponen estas necesidades e inquietudes al contexto original de la Biblia. Por lo general, no es algo que se haga conscientemente. De hecho, se podría argumentar que la alegoría es la forma «natural» de leer la Biblia. No es necesariamente peligrosa si la teología del intérprete es sólida. Pero las conclusiones de la alegoría dicen más sobre la teología del intérprete que sobre el significado del texto bíblico. Si queremos comprender un libro complejo como el Apocalipsis, debemos examinar cuidadosamente cómo lo leemos.
En la segunda mitad de este libro, explico con gran detalle lo que significa realizar una exégesis del libro de Apocalipsis. He extraído el método de la evidencia del propio texto. Se trata del método de Antioquía, que permite que el texto mismo rija lo que vemos en él. En el futuro, planeo aplicar este enfoque de forma coherente a los 22 capítulos de Apocalipsis.
En el próximo capítulo examinaré algunas pautas y salvaguardas para pastores y laicos que quizás no tengan algunas de las herramientas académicas, pero quienes deseen estudiar y enseñar el libro del Apocalipsis de forma exegética. Las pautas que presento ofrecen un recorrido práctico por la ciudad de Antioquía. Mediante estas herramientas, las personas de la vida cotidiana pueden superar la tendencia natural a alegorizar la Biblia. Pueden adquirir una comprensión genuina del texto bíblico que les ayudará a profundizar en el conocimiento de Dios.
1 En mi resumen de los debates del concilio estoy particularmente en deuda con las transcripciones y la introducción que se encuentran en Spectrum 10, no. 1 (1979): 23-57.
2 Cf. los comentarios de Robert Olson en Ministry, diciembre de 1990, pág. 17.
Los profetas están resurgiendo en el mundo actual. El periódico sensacionalista National Enquirer está lleno de ellos. Quizás haya oído hablar de Nostradamus, el médico y chef francés del siglo XVI, de ascendencia judía. Nacido de un padre que se vio obligado a convertirse al catolicismo alrededor de 1501, Nostradamus se hizo famoso por sus predicciones que parecían cumplirse poco tiempo después de haberlas hecho. Envalentonado por su éxito prediciendo el futuro cercano, Nostradamus intentó predecir grandes acontecimientos que se extenderían a lo largo de los próximos 2.000 años aproximadamente. Expuso sus predicciones en 1.000 poemas de cuatro versos, o cuartetas, divididos en «siglos» de cien cada uno. Muchas de sus predicciones incluso contenían fechas específicas.
La más famosa de las predicciones fechadas de Nostradamus se refería al año 1999:
“El año 1999, siete meses,
Del cielo vendrá un gran Rey del terror,
Para resucitar al gran rey de Angoulmois;
Antes, después, Marte reinará por la buena suerte”.*
El lenguaje es claramente ambiguo. Muchos esperaban su cumplimiento en términos de una lluvia de meteoritos o algún otro evento celestial. La mayoría de estas personas también anticipaban que algún conflicto significativo podría estallar durante el año, si no en el mismo mes de julio. Pero la fecha llegó y pasó, y la gente no observó nada que encajara.
A mediados de la década de 1960, conocí a otra supuesta profetisa llamada Jeane Dixon. Afirmaba tener una visión detallada de los acontecimientos futuros. Dos de sus predicciones parecían lo suficientemente verificables como para que las anotara y estuviera pendiente de su cumplimiento. Una de ellas eran las opiniones impopulares…
La promesa de Barry Goldwater (¿lo recuerdan?), un candidato republicano a la presidencia que perdió en 1964, se reivindicaría en la década siguiente. No tengo constancia de que esto ocurriera. Otra predicción suya afirmaba que la cancelación de un proyecto de misil militar en miniatura resultaría ser un grave error para finales de los años setenta. Que yo sepa, nadie echó de menos el arma. El concepto de profetas es algo a lo que estamos acostumbrados. Pero los profetas exitosos son otra historia.
Una de las primeras cosas que se notan en el libro de Apocalipsis es su afirmación de ser una profecía escrita (Apocalipsis 1:3 y 22:10). Para quienes conocen la Biblia, este concepto evoca el Antiguo Testamento, que contiene numerosos ejemplos de escritos proféticos: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Zacarías y Malaquías, entre otros. La Biblia ofrece muchos ejemplos de cómo es la profecía. Al examinar estos ejemplos, comprendemos mejor cómo interpretar las profecías del Apocalipsis.
Lo fascinante del libro de Apocalipsis es que contiene numerosas predicciones sobre el futuro. Muchas de ellas aún no se han cumplido. Esto nos lleva a preguntarnos cómo podemos comprender con precisión las profecías incumplidas. ¿Qué podemos aprender del Apocalipsis sobre nuestro futuro? ¿Cómo podemos evitar los errores de interpretación del pasado? La única manera segura de interpretar las profecías incumplidas es comprender cómo se cumplieron en el pasado. La Biblia contiene muchas profecías que se cumplieron dentro del contexto bíblico. Al estudiar estas profecías cumplidas, podemos aprender a manejarlas responsablemente.
En este capítulo, analizaremos los patrones de la profecía bíblica. Al hacerlo, observaremos cómo funciona la profecía a lo largo de las Escrituras. Veremos cómo el lenguaje usado para describir el futuro se compara con los eventos reales que corresponden a ese lenguaje. En este capítulo no examinaremos el Apocalipsis en sí, sino que descubriremos las bases bíblicas generales para nuestra comprensión del libro. Al examinar todo el testimonio bíblico, observaremos patrones proféticos que persisten en el libro del Apocalipsis.
Cuatro actos poderosos de Dios
Al observar el panorama general del Antiguo Testamento, se descubre que todo se centra en cuatro actos principales de Dios: la Creación, el Diluvio, el Éxodo y el regreso del exilio babilónico. La mayoría de las profecías en el Antiguo Testamento se ocupó de uno o más de estos cuatro grandes acontecimientos. A primera vista, podría parecer que esto no tiene mucha relación con el Apocalipsis. Sin embargo, nos proporcionará la base para una comprensión sólida del Apocalipsis. Empecemos por el principio.
La creación y el diluvio
El hebreo original del Génesis describe el Diluvio (Gén. 6-9) como la destrucción de la Creación (Gén. 1; 2). Al comparar ambas historias, se observa que el Diluvio es una inversión gradual de la creación. Luego, una recreación que recompone el mundo le sigue. Si bien esto es obvio para el lector del hebreo, también se puede apreciar en gran medida al examinar más detenidamente el texto en español.
En la Creación, por ejemplo, Dios siguió un proceso de separación y distinción. Usó la atmósfera para separar las aguas de arriba de las de abajo (Génesis 1:7), y luego separó las aguas de la tierra seca (versículo 9). Y eso no es todo. «Y vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas» (versículo 4, NVI). «Y dijo Dios: “Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y que sirvan de señales para las estaciones, los días y los años”» (versículo 14, NVI). La separación y la distinción, entonces, son el cómo del proceso de la creación.
Comparemos ahora los textos anteriores con la descripción que Génesis hace del Diluvio. «En el año seiscientos de la vida de Noé, el día diecisiete del segundo mes, aquel día brotaron todas las fuentes del gran abismo, y se abrieron las cataratas de los cielos, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches» (Génesis 7:11, 12, NVI). Según este pasaje, las aguas subterráneas subieron y las aguas sobre la tierra se desbordaron. Lo que Dios había separado en la creación se unió, y lo distinto volvió a unirse. El Diluvio fue una inversión de la separación y distinción que tuvo lugar en la Creación.
“Las aguas subieron y cubrieron los montes hasta una profundidad de más de seis metros” (versículo 20, NVI). En la Creación, Dios separó las aguas de la tierra seca. Durante el Diluvio, esas aguas volvieron a cubrir la tierra seca. En otras palabras, la destrucción del Diluvio devuelve la tierra a la condición en que se encontraba antes de la Creación: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas” (Génesis 1:2, NVI; cf. 8:1). Así que el autor de la Biblia describe el Diluvio como una destrucción gradual de la Creación.
Pero la Creación no solo tuvo sus distinciones, sino también sus unidades. Estas unidades incluían la relación entre Adán y Dios, entre Adán y Eva, y entre la pareja humana y su entorno. El relato del diluvio también invierte estas unidades. El Diluvio ocurre debido a una ruptura en la relación humana con Dios (Génesis 6:5-7, 12, 13). Las personas también comienzan a odiarse y a asesinarse mutuamente (Génesis 4:8, 23, 24; 6:13). El medio ambiente se desmorona y la capacidad humana para controlarlo se destruye (Génesis 6:17; 7:10, 11, 23). Así, en el relato del Diluvio, lo que la Creación había separado ahora se une, y lo que estaba unido se desgarra.
El punto decisivo es este: el lenguaje del relato del Diluvio es el lenguaje de la Creación. El relato del Diluvio utiliza el mismo vocabulario y las mismas palabras que se usaron en la descripción de la Creación original. Luego, cuando termina la destrucción del Diluvio y las aguas bajan, Génesis 8:9 describe la recreación del mundo. «Pero Dios se acordó de Noé y de todos los animales salvajes y del ganado que estaban con él en el arca, y envió un viento sobre la tierra, y las aguas retrocedieron» (Génesis 8:1, NVI).
Con este “viento” (la misma palabra hebrea que “espíritu” en Génesis 1:2) comenzó el proceso de recreación tras el Diluvio. El lenguaje de la recreación es similar al de la Creación original. De nuevo aparece la tierra seca (Génesis 8:13); Dios renueva las estaciones (versículo 22); y el texto habla de seres humanos a imagen de Dios (Génesis 9:6). Y esta vez, Dios garantiza las distinciones que ha creado: “Establezco mi pacto con ustedes: Nunca más será exterminada toda vida por las aguas de un diluvio; nunca más habrá un diluvio para destruir la tierra” (versículo 11, NVI).
Lo que espero que quede claro en este punto es que el lenguaje del segundo acto poderoso de Dios —el Diluvio— es paralelo al del primer acto poderoso —la Creación—. Pero los paralelismos no terminan ahí. El relato bíblico describe a Noé, la figura principal del Diluvio, como un «segundo Adán». En la Creación, Dios trajo los animales a Adán, y en el Diluvio los condujo a Noé. «De dos en dos, de todos los seres vivientes que tienen aliento de vida, vinieron a Noé y entraron en el arca» (Génesis 7:15, NVI). Dios también prescribe la dieta de Noé, tal como lo hizo con la de Adán en la creación original. Observe la similitud del lenguaje en las instrucciones que Dios da a Adán y a Noé:
Génesis 1:26-30, NVI
Génesis 9:1-3, NVI
“Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree en los peces del mar, en las aves del cielo, en los animales domésticos, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. . . . Dios los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla. Dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. Luego dijo Dios: “Les doy toda planta que da semilla sobre la faz de toda la tierra y todo árbol en que hay fruto con semilla. Serán para su alimento. Y a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo y a todo animal que se mueve sobre la tierra, en que hay vida, les doy toda planta verde para alimento”. Y así fue”.
Entonces Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles: «Sean fructíferos y multiplíquense y llenen la tierra. El temor y el pavor de ustedes caerán sobre todas las bestias de la tierra y todas las aves del cielo, sobre todo animal que se arrastra por la tierra y sobre todos los peces del mar; están en sus manos. Todo lo que vive y se mueve les servirá de alimento. Así como les di las plantas verdes, ahora les doy todo».
Por lo tanto, las Escrituras presentan a Noé como un segundo Adán, un nuevo Adán. De hecho, el mismo lenguaje hebreo es paralelo. El nombre “Adán” significa “tierra”. Usando el mismo término hebreo, Génesis 9:20 dice: “Noé, un hombre de la tierra [adamah], procedió a plantar una viña (NVI)”. Noé era un hombre de la tierra. ¿Fue Adán un hombre de la tierra? “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente” (Génesis 2:7, NVI). Además, así como Adán cayó en pecado y vergüenza al comer del fruto de un árbol (Génesis 3:5-10), Noé se avergonzó al beber del fruto de la vid (Génesis 9:20-23). Génesis dice de Adán que cuando comió del fruto, se le abrieron los ojos (Génesis 3:10; 3:5,7). En cuanto a Noé, después de emborracharse, despertó y se dio cuenta de lo que le había sucedido (Gén. 9:24).
Encontramos paralelismos asombrosos y significativos entre la historia de la Creación y la historia del Diluvio. Cuando el autor bíblico describe el Diluvio, el texto emplea el lenguaje de la Creación. Y cuando la Escritura describe la nueva creación después del Diluvio, vemos nuevamente el uso del vocabulario de la Creación. En otras palabras, Dios empleó el lenguaje del pasado para describir su obra en el presente:
Creación
El diluvio
Las aguas cubren la tierra
Las aguas cubren la tierra
El espíritu eclipsa las aguas
El viento sopla sobre las aguas
Aguas divididas
El arca pasa por las aguas
Aparece tierra seca
Imagen de Dios
Aparece tierra seca
Dominio sobre la tierra
Los animales le temen a Noé
Fructificad y multiplicaos
Fructificad y multiplicaos
Adán
Segundo Adán (Noé)
Formado a partir de la tierra
El hombre de la tierra
Hacer dormir
Mujer formada
Se formó una nueva tierra
Avergonzado por el fruto del árbol
Avergonzado por el fruto de la vid
Paraíso
Árbol de la vida
Prueba
Serpiente
Pacto implícito
Pacto renovado
Al comparar las dos historias, se hace evidente que, en estos dos actos poderosos, Dios actuó según un patrón consistente. Podría decirse que sus acciones en la historia de la Creación prefiguraron sus obras durante el Diluvio. Dado que Dios es consistente, sus acciones pasadas predicen sus acciones futuras.
Pero si bien el patrón entre ambos relatos es claro, existen diferencias entre el Diluvio y la historia de la Creación. La historia de Noé no tiene serpiente, ni árbol de la prueba, ni árbol de la vida, y ninguna mujer desempeña un papel destacado. Por lo tanto, el relato del Diluvio no repite todos los elementos de la historia de la Creación. Dios es coherente, pero no de forma irreflexiva. Usa el lenguaje del pasado para describir sus acciones posteriores, pero la correspondencia no es punto por punto. Por lo tanto, si bien Dios es coherente, no es predecible . Veremos este patrón de nuevo en el tercer acto poderoso de Dios en el Antiguo Testamento: el Éxodo.
La historia del Éxodo
El relato de la Creación comienza con una tierra informe cubierta de agua (Gén. 1:2). El relato del Diluvio comienza con el caos del pecado (Gén. 6:5-7) y luego describe el retorno de la tierra a su estado anterior a la Creación (Gén. 1:2; 7:18-20; 8:1). Pero el relato del Éxodo contiene una diferencia significativa. En lugar de que las aguas cubran toda la tierra, representan una masa de agua limitada llamada Mar Rojo. Las aguas no son universales. Por lo tanto, a primera vista, el relato del Éxodo parecería ser muy diferente del de la Creación o el Diluvio.
La versión hebrea del cruce del Mar Rojo, sin embargo, refleja el vocabulario tanto de la Creación como del Diluvio. El uso de dicho lenguaje es tan claro que podemos observarlo incluso en inglés: «Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y durante toda esa noche el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este y lo convirtió en tierra seca. Las aguas se dividieron y los israelitas atravesaron el mar en seco , con un muro de agua a su derecha y a su izquierda» (Éxodo 14:21, 22, NVI).
El escritor bíblico eligió cuidadosamente las palabras en cursiva en el pasaje anterior para evocar el relato de la Creación. Podría haber seleccionado otras palabras hebreas para describir el acontecimiento histórico con precisión. Pero el vocabulario empleado, específica e intencionalmente, nos recuerda la Creación. «Y la tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas» (Génesis 1:2, NVI). En hebreo, la palabra para «espíritu» y la palabra para «viento» son la misma. Un «viento de Dios» se mueve sobre las aguas en la creación original, y un «viento de Dios» barre las aguas del Mar Rojo. El resultado en ambos casos es que las «aguas se dividieron», el mismo hebreo que en Génesis 1:6, 7.
Éxodo 14 también nos dice que los israelitas atravesaron el mar en “tierra seca”. El autor podría haber elegido muchas palabras hebreas para presentar el hecho. La palabra usada en Éxodo 14 es la misma que se emplea en Génesis 1 para referirse a la tierra firme de la creación original (Gén. 1:9, 10). Dado que se podrían haber usado otras palabras hebreas para describir el Éxodo, el autor claramente lo interpreta como un acto poderoso de Dios según el modelo de la Creación (y también del Diluvio). En otras palabras, Dios usa el lenguaje de la Creación y el Diluvio para representar el Éxodo.
Tras observar el patrón, empezamos a ver muchos otros paralelismos entre el Éxodo y las acciones previas de Dios. «Entonces dile a Faraón: “Así dice el Señor: Israel es mi hijo primogénito”» (Éxodo 4:22, NVI). ¿Quién fue el primogénito de Dios en relación con toda la raza humana? Adán. Pero en Éxodo 4, Dios describe a toda la nación de Israel como su primogénito. Así como el Adán original tenía dominio sobre la tierra (Génesis 1:26, 28), Israel recibe el dominio sobre la tierra de Canaán (Éxodo 6:4; Levítico 25:38).
Y así como Dios creó a Adán y Eva en la Creación original, ahora crea un pueblo: Israel. En el jardín original, Dios les dio a Adán y Eva un árbol de la vida para mantenerlos vivos y sanos (Génesis 2:9; 3:22), y en la historia del Éxodo, Dios provee el equivalente del árbol de la vida. Usa pan milagroso (maná, Éxodo 16) para sustentarlos en el desierto. Finalmente, así como el árbol del conocimiento del bien y del mal probó a Adán (Génesis 2:15-17; 3:3, 11-13), en la historia del Éxodo probó a su pueblo varias veces para ver si le serían fieles (Éxodo 16:4; 20:20; Deuteronomio 8:2, 16).
Recuerda cómo el Señor tu Dios te guió por el desierto durante estos cuarenta años, para humillarte y ponerte a prueba, para saber qué había en tu corazón y si guardarías o no sus mandamientos. Te humilló, te hizo pasar hambre y luego te alimentó con maná, que ni tú ni tus padres conocieron, para enseñarte que el hombre no solo vive de pan, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor (Deuteronomio 8:2, 3, NVI).
Podemos observar aún otros paralelismos. Así como tanto el Edén como el desierto tuvieron una prueba, también ambos contenían una serpiente (Gén. 3:1ss.; Núm. 21:5-9). Dios hizo pactos con el Adán original y con Noé (Gén. 1:26-30, cf. Gén. 9:1-3), y también estableció un pacto con Israel (Éx. 19, 20). Existen paralelos tras paralelos entre la obra de Dios en el relato del Éxodo y su actividad en el relato de la Creación y el Diluvio.
Pero una vez más observamos algunas diferencias entre los relatos. El relato del Éxodo, en muchos sentidos, es una espiritualización de rasgos del relato de la Creación y el Diluvio. Por ejemplo, el caos de las aguas que rodeaban la Tierra es paralelo no solo al Mar Rojo, sino también a la esclavitud de los israelitas. La situación de los israelitas era un caos espiritual (Éx. 1:8-22). Necesitaban el poder creador de Dios para salir de Egipto (Éx. 3:7-10). Por lo tanto, el caos de la condición de Israel era espiritual. La historia del Éxodo espiritualiza los aspectos literales de la Creación para mostrar la coherencia de las acciones de Dios en ambos relatos. La contraparte de Adán y Eva es Israel. El Jardín del Edén se convierte en Canaán o Palestina. En el Éxodo, Dios los conduce a una tierra que mana leche y miel, bien regada, como el Jardín del Edén (Éx. 3:8,17; Núm. 13:27).
Al igual que en el caso del Diluvio, no todos los detalles de la Creación original se repiten en el relato del Éxodo. La boda de Adán y Eva (Gén. 2:23-25; 4:1), el árbol del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2:9, 16, 17; 3:11), el sueño de Adán que dio lugar a la creación de Eva (Gén. 2:21, 22) y la creación del sol, la luna y las estrellas (Gén. 1:14-19) son elementos de la historia de la Creación que parecen no encontrar paralelo en el Éxodo.
Al mismo tiempo, la historia del Éxodo contiene nuevos detalles que preparan el escenario para las obras posteriores de Dios. Moisés, siendo niño, escapa de los intentos del Faraón de matarlo (Éx. 2:1-10; cf. Mt. 2:13-18). La sangre de la Pascua lo salva junto con el pueblo de Israel (Éx. 12:1-30; 1 Cor. 5:7). Dios prueba a los israelitas durante 40 años en el desierto (Nm. 14:34-35; Mt. 4:1-10). Adán y Eva no pasan ellos mismos por las aguas divididas de la Creación (Gn. 1:7-9), pero Israel en realidad pasa por las aguas divididas. Y la narrativa del Éxodo en realidad contiene dos divisiones de las aguas: la primera cuando viajan a través del Mar Rojo y la segunda en el Río Jordán. Así que vemos en el relato del Éxodo algunas similitudes y diferencias fascinantes con los relatos originales de la Creación y el Diluvio. Si bien las acciones salvadoras de Dios siguen un patrón claro, Él no está atado a él ciegamente.
Aprendiendo del patrón
Te animo a poner a prueba las observaciones anteriores. Consulta los textos que he enumerado. Luego, lee los libros de Génesis y Éxodo. Compara las historias de las tres obras poderosas de Dios. ¿Ves cómo el escritor bíblico adapta el lenguaje de una historia a otra?
Entonces, ¿qué podemos aprender de esta serie de patrones? ¿Qué tiene que ver este estudio con la profecía? Y, en particular, ¿qué relevancia tiene para el libro de Apocalipsis? Creo que cinco ideas principales sobre Dios han surgido de nuestro breve estudio de la Creación, el Diluvio y el Éxodo. Estas ideas proporcionan una clave fundamental para comprender las profecías de Apocalipsis.
1. Dios es coherente. Sus acciones pasadas predicen lo que hará en el futuro. Lo que hizo en la Creación marca el patrón de lo que hizo en el Mar Rojo. Ambos eventos son muy diferentes, pero el mismo Dios obra en ambos casos. Lo que hace ahora nos recuerda lo que hizo entonces. Y lo que hace ahora indica lo que hará más adelante. Él es fiel a sus promesas. Puedes confiar en Dios, porque es coherente. Pero necesitamos matizar esta idea con una segunda.
2. Dios no es predecible. Si bien Dios es constante, a veces nos sorprende. Hay que dejar que Dios sea Dios. Él sigue un patrón definido en su manera de abordar a las personas, los acontecimientos y las circunstancias, pero sus actividades posteriores no ejecutan cada detalle del modelo. La consistencia de Dios no es una insensata, punto por punto. A veces, la gente asume que Él debe ejecutar cada detalle de Su pasado exactamente de la misma manera en el futuro. Así, asumen que, en las profecías incumplidas, Dios hará con todo lujo de detalles lo que ha dicho. Pero debemos tener cuidado de no encasillarlo. Debemos permitirle su libertad creativa. Según la Biblia, la actividad posterior de Dios ejecuta gran parte del modelo, pero no todo .
3. Dios es creativo. Sus acciones posteriores, si bien siguen el patrón general de las anteriores, a menudo las enriquecen y las desarrollan más plenamente. La revelación que Dios hace de sí mismo crece a medida que su pueblo la comprende. El antitipo no se limita a reproducir el tipo como una correspondencia punto por punto. Dios puede trascender lo que ha hecho antes. No se limita a los detalles de sus patrones previos.
Al comparar la profecía y el cumplimiento en la Biblia, se descubre, por lo tanto, a un Dios creativo que opera libremente dentro de los límites de su coherencia general. No está obligado a cumplir cada detalle, ni se le impide introducir algo nuevo. A veces, una profecía que pudo haber cumplido de una manera en un momento dado, la completa de otra manera en otro momento. Las circunstancias cambian. Con el paso del tiempo, vemos a Dios operando de maneras creativas para cumplir su palabra.
4. Dios se encuentra con las personas donde se encuentran. Siempre que Dios se revela, lo hace en el tiempo, lugar y circunstancias de quien recibe la revelación. Cuando Dios habla a los profetas, lo hace en su propio vocabulario, un lenguaje que han aprendido naturalmente de su pasado. Y, francamente, ¿podrían los profetas entender un mensaje de Dios si lo recibieran en un idioma que no entendían? Claro que no.
Verás, el lenguaje se basa en la suma total de nuestras experiencias pasadas. El único lenguaje que conocemos es el que aprendemos desde la infancia. Un niño de dos años camina y escucha a alguien decir «apreciar». El niño memoriza ese sonido durante un par de semanas y luego lo vuelve a encontrar. Para la tercera o cuarta vez, el niño pequeño comienza a comprender el significado de esa palabra a través de su contexto y la forma en que la gente generalmente la expresa. Así que el lenguaje que todos hablamos es el vocabulario de nuestro propio pasado personal. Por eso Dios habló a los escritores de la Biblia con la terminología y las experiencias de su pasado. Las revelaciones de Dios siempre llegan dentro del tiempo, el lugar y las circunstancias en que vivieron los destinatarios.
Lo que quiero decir es que el lenguaje abarca más que solo español, francés, inglés y suajili. Incluso quienes hablan inglés tienen grandes diferencias en la forma en que definen las cosas y en cómo se expresa su cultura. El inglés de la generación del baby boom es muy diferente del inglés del joven posmoderno. Así que, aunque hablen el mismo idioma, la experiencia única de cada persona influye en lo que entienden y cómo lo entienden. La manera más sensata de aplicar la profecía incumplida es, entonces, interpretar su significado en función de su idioma y contexto originales. Por lo tanto, si se desea comprender el Apocalipsis, la manera más sensata de abordar el libro es en el lenguaje del pasado de Juan, tal como él lo habría entendido alrededor del año 95 d. C.
Sin embargo, la evidencia bíblica nos dice que «leer el Apocalipsis como si hubiera sido escrito para nuestro tiempo y lugar no es apropiado para el estudio de un libro antiguo en el que Dios se encuentra con los escritores donde se encuentran. No debemos abordar el libro bíblico como si Juan conociera a Elena de White. Tampoco debemos leer el Apocalipsis como si el autor hubiera estudiado el Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día. El mensaje que Dios nos ha dado en el libro del Apocalipsis se encontrará en el lenguaje y la perspectiva de la situación original en la que Dios se encontró con Juan».
5. Existe una espiritualización de tipo bíblico. A partir del Éxodo, observamos una espiritualización de algunos tipos. En otras palabras, el lenguaje de las sucesivas acciones de Dios cambia de literal a espiritual o simbólico (del Diluvio a la esclavitud, por ejemplo). También pasa de global a más localizado (del Diluvio universal al Mar Rojo). Dios puede usar el vocabulario del pasado en términos literales a veces (como en las reminiscencias de la Creación en el relato del Diluvio), pero también puede emplear el mismo lenguaje para describir algo más espiritual y local (como en el relato del Éxodo). El escenario y el lenguaje básicos se repiten, pero Él usa ese vocabulario de forma figurativa y espiritualizada, pasando de Adán a Israel o del Edén a Palestina. Las Escrituras emplean el mismo lenguaje, pero el significado de las palabras ahora se expande de manera espiritual.
Reconocer los patrones en la actividad de Dios es vital para nuestro estudio del libro de Apocalipsis. Al ver cómo Dios cumplió las promesas y profecías del pasado, obtenemos una imagen más clara de su obra en nuestro presente y futuro. Y a medida que avanzamos en el libro de Apocalipsis, examinaremos a continuación a los profetas del Antiguo Testamento, cuyos escritos abarcan desde Isaías a Malaquías en la Biblia. Los cinco principios que hemos desarrollado se verán confirmados en esta siguiente etapa del trato de Dios con su pueblo Israel.
El nuevo éxodo
Si lees la Biblia desde Isaías hasta Malaquías, descubrirás que el tema principal que recorre los profetas es el exilio de Judá a Babilonia y su posterior regreso. Si el patrón que hemos visto hasta ahora continúa en los profetas, ¿qué lenguaje usarían para describir el exilio? El del Éxodo, el acto más poderoso de liberación de Dios del cautiverio. Dios obraría en el cautiverio a Babilonia como lo hizo en el cautiverio egipcio. Por eso, cuando los profetas escriben sobre el exilio, lo hacen en términos del Éxodo. Describen el regreso del exilio como un «Nuevo Éxodo». Dios planea repetir el Éxodo una y otra vez. Dicho de otro modo, Dios es coherente.
Oseas. Comencemos nuestro estudio de este Nuevo Éxodo con el primer profeta escritor. Oseas profetizó alrededor del año 750 a. C. (Otro profeta bíblico que escribió durante esta época fue Amós). El Israel de David y Salomón se había dividido trágicamente, dando lugar a dos naciones: Israel y Judea, donde antes solo había una. Si bien los reinos duales nunca recuperaron la gloria plena del reinado de Salomón, la época de Oseas los encontró en la cúspide de su prosperidad. Jeroboam II era rey de Israel, y de todos los reyes israelitas del norte, probablemente fue el más poderoso y exitoso (2 Reyes 14:23-29). Pero cuando el pueblo de Dios prospera, tiende a olvidar que es su bendición la que permite a la gente enriquecerse. Eso fue lo que le sucedió a Israel.
“Ella [Israel] no ha reconocido que yo fui quien le dio el trigo, el vino nuevo y el aceite, quien le abalanzó sobre ella la plata y el oro que usaron para Baal” (Oseas 2:8, NVI).
En su prosperidad, Israel ignoró quién había provisto esa riqueza. Israel no recordaba quién ordenó a la lluvia que regara la tierra para proveer el grano, el vino nuevo y el aceite. En lugar de servir a Dios con la abundancia que Él les había dado, Israel usó su riqueza para alejarse de Él. El Señor decidió responder eliminando el lujo que se había convertido en un obstáculo para la relación de Israel con Él.
“Por tanto, yo tomaré mi trigo cuando esté maduro, y mi mosto cuando esté listo.
Tomaré de nuevo mi lana y mi lino, destinados a cubrir su desnudez.
Ahora pues, yo expondré su lascivia ante los ojos de sus amantes; nadie la arrebatará de mis manos.
Haré que cese todo lo que ha sido celebrado: sus fiestas anuales, sus lunas nuevas, sus días de reposo y todas sus fiestas solemnes.
Destruiré sus viñas y sus higueras, de las cuales ella decía que eran la paga de sus amantes;
Los convertiré en matorral, y las fieras del campo los devorarán.
“Yo la castigaré por los días en que quemó incienso a los Baales, se adornó con anillos y joyas, y fue tras sus amantes, y se olvidó de mí”, declara el Señor” (versículos 9-13, NVI).
Dios describe aquí el futuro exilio que Israel experimentaría. En ese momento, les quitaría el grano, el vino nuevo, el aceite, la tecnología, todo, incluso sus fiestas, los servicios del Templo y la adoración. Todo esto desaparecería al partir al exilio. Por haber abandonado a Dios, él no interviene para detener la decadencia y caída de la nación. Pero las buenas noticias se mezclan con las malas. Dios los envía al exilio, no como un rechazo definitivo, sino para recuperarlos.
“Por eso ahora voy a seducirla ;
La llevaré al desierto y le hablaré al corazón.
Le devolveré sus viñas, y convertiré el valle de Acor en puerta de esperanza.
Allí cantará como en los días de su juventud, como en el día que subió de Egipto” (versículos 14-15, NVI).
Fíjese en la palabra «seducción». Dios busca una relación con Israel en términos del afán con el que un joven podría cortejar a una joven. ¿De qué desierto habla aquí? Del desierto del Sinaí. Dios recuerda el Éxodo, una etapa anterior de su relación con Israel. Los consejeros familiares nos dicen que cuando un matrimonio está en problemas, lo mejor es recordar las primeras atenciones: retomar las actividades, conversaciones y relaciones que los enamoraron en primer lugar. Al renovar las primeras atenciones, el amor suele regresar con fuerza. Así que Dios describe aquí su relación con Israel como la de un esposo y una esposa. El Éxodo de Egipto fue como una etapa de cortejo en la que Dios se enamoró de Israel e Israel se enamoró de Él. Así que cuando la relación llega a una crisis, como relata Oseas, Dios recuerda el Éxodo de Egipto, el tiempo del cortejo y el primer amor.
Sin embargo, si Israel desea alejarse de Él, Dios le permitirá seguir su propio camino. Accederá al divorcio. Pero no dejará que termine ahí. En cambio, Dios comenzará de nuevo y la cortejará como si se hubieran conocido por primera vez. La traerá de vuelta al lugar donde se enamoraron por primera vez: el desierto del Sinaí. Y hará todo lo posible para restaurar la relación a una condición aún mejor que antes.
Este es el punto significativo para nosotros. En la profecía de Oseas sobre el exilio y el regreso, usa el lenguaje del Éxodo, el vocabulario de Egipto y el desierto. No encontramos aquí ninguna alusión a Babilonia ni al río Éufrates. En otras palabras, Dios describe el exilio a Babilonia en términos del Éxodo de Egipto. Emplea el lenguaje del pasado para describir el futuro.
Así que podemos añadir un sexto principio de interpretación profética a los cinco que descubrimos anteriormente en este capítulo. Cuando los profetas escritores del Antiguo Testamento hablan del exilio y del regreso de Babilonia, tienden a hablar en el lenguaje del Éxodo. Pero aquí la Escritura no emplea el lenguaje del pasado para describir el presente, sino que lo usa para representar el futuro. Dios profetiza el exilio en el lenguaje del Éxodo. O, dicho de forma más general: los profetas usan el lenguaje del pasado para representar el futuro.
Miqueas. Un contemporáneo de Oseas fue el profeta Miqueas. Profetizó al reino de Judá (justo al sur) poco tiempo después de la profecía registrada en Oseas 2. Él también sigue el patrón que vimos en Oseas. Al hablar del exilio, habla en el lenguaje del Éxodo.
“Como en los días cuando saliste de Egipto, les mostraré mis maravillas.
Las naciones verán y quedarán avergonzadas, privadas de todo su poder.
Se taparán la boca con las manos y se ensordecerán sus oídos.
Lamerán el polvo como una serpiente, como los animales que se arrastran por el suelo.
Saldrán temblando de sus guaridas, y se volverán temerosos hacia el Señor nuestro Dios, y temerán delante de vosotros.
¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad y olvida la rebelión del remanente de su heredad?
No te quedes enojado para siempre, sino que te deleitas en mostrar misericordia.
Volverás a tener compasión de nosotros, pisotearás nuestros pecados, y arrojarás a lo profundo del mar todas nuestras iniquidades.
Serás fiel a Jacob y mostrarás misericordia a Abraham, tal como lo juraste a nuestros padres en tiempos antiguos” (Miqueas 7:15-20, NVI).
¿Notaste la palabra «de nuevo» en el pasaje anterior? «De nuevo tendrás compasión de nosotros». La combinación de «de nuevo» y «como en los días en que saliste de Egipto» deja claro que el profeta se refiere a un «Nuevo Éxodo» inspirado en el primer Éxodo de Egipto.
El principio de «espiritualizar el tipo» es muy fuerte en este pasaje. El Nuevo Éxodo será tanto espiritual como literal. El propósito de Dios es perdonar a su pueblo y restaurar sus corazones hacia Él. No le interesa principalmente tener una nación con poder político de su lado, sino una relación espiritual con su pueblo. No se conforma con una simple relación de nombre, sino que busca una relación de corazón con una auténtica intimidad. En ese sentido, el Nuevo Éxodo trascenderá al anterior.
Así, Miqueas 7 también describe el exilio y el regreso como un nuevo éxodo. Pero en lugar del Mar Rojo, habla de las «profundidades del mar». Para él, el mar no es una barrera física que Dios dividirá físicamente, sino el lugar donde su pueblo dejará atrás sus pecados. Miqueas profetiza que abandonarán sus pecados y transgresiones en Babilonia, y que al regresar a casa, serán fieles a Dios. Así, la profecía del exilio se basa en el lenguaje del éxodo de forma espiritual.
Isaías. Isaías profetizó pocos años después de Oseas y Miqueas. Él también describe el exilio en el lenguaje del Éxodo.
“El Señor secará el golfo del mar de Egipto; con un viento abrasador extenderá su mano sobre el río Éufrates.
Lo dividirá en siete arroyos, para que los hombres puedan cruzar con sandalias.
“Habrá un camino para el remanente de su pueblo que quedó de Asiria, así como lo hubo para Israel cuando subió de Egipto” (Isaías 11:15, 16, NVI).
Aquí, el río Éufrates funciona como paralelo al Mar Rojo del Éxodo. Una ruta de regreso desde Asiria cruzaría el río Éufrates. Cuando Israel salga del cautiverio, atravesará el río Éufrates de forma similar a como Israel cruzó el Mar Rojo.
¿Recuerdas el principio de la coherencia de Dios? Lo que hizo por su pueblo en Egipto, lo repetirá cuando regresen del exilio. Isaías usa el lenguaje del pasado para describir el futuro. Pero eso no es todo lo que sucede aquí. Si bien podemos describir el exilio en términos del Éxodo, Dios no está atado a todo el patrón. ¿ Realmente regresó Israel de Asiria? No. Para el tiempo del exilio, Israel ya no existía. Solo quedaba Judá. Asiria también había sido destruida y Babilonia se había convertido en la nueva superpotencia. No solo eso, ¿realmente cruzó el remanente del pueblo de Dios el río Éufrates con sandalias? No, puentes cruzaban el río Éufrates justo en la ciudad de Babilonia. ¿Cómo explicas las anomalías en esta profecía? Dios se encuentra con las personas donde están. Cuando se escribió Isaías, Israel aún no había sido destruido y Asiria aún gobernaba el territorio de Babilonia. Así que dio la profecía en el contexto de tiempo, lugar y circunstancias de la época de Isaías. Cuando llegó el cumplimiento, las circunstancias habían alterado el caso.
Sin embargo, el río Éufrates se secó. Esto ocurrió cuando Ciro, rey de Persia, rodeó Babilonia. Dado que las murallas de la ciudad parecían demasiado difíciles de tomar mediante asedio, Ciro intentó encontrar la manera de sortear sus defensas. Lo logró desviando el río Éufrates —secando sus aguas— y haciendo marchar a sus soldados por el lecho del río, bajo las murallas, y entrando en la ciudad. En principio, el Éxodo se repitió, pero muchos detalles fueron diferentes esta vez. Dios es constante, pero no predecible. Se encuentra con las personas donde se encuentran en cada etapa del drama histórico.
Otro texto de Isaías se aleja ligeramente del anterior. Comienza nuevamente con el lenguaje del Éxodo, pero luego cambia a algo nuevo.
“Así dice el Señor, el que abrió un camino en el mar, una senda en las aguas impetuosas, el que sacó los carros y los caballos, el ejército y los refuerzos juntos, y allí quedaron, para nunca más levantarse, extinguidos, apagados como una mecha:
‘Olvidad las cosas pasadas; no os detengáis en el pasado.
Mira, ¡estoy haciendo algo nuevo! Ya está surgiendo; ¿no lo percibes?
“Yo abro un camino en el desierto, y ríos en la tierra yerma” (Isaías 43:16-19, NVI).
En este pasaje, el Éxodo sigue siendo el modelo para el regreso del exilio. Encontramos referencias al paso por las aguas y a la destrucción de carros, caballos y ejércitos. Pero el acontecimiento venidero también trascenderá el Éxodo. El pasado proporciona el lenguaje para el futuro, pero, una vez más, Dios es creativo y el cumplimiento no se limita al modelo en cada detalle.
Hago hincapié en estos principios porque proporcionan la base para realizar un análisis sólido de las profecías incumplidas. Muchas personas tratan las profecías incumplidas como si hubieran sido escritas directamente para ellas, para su propio tiempo y circunstancias. Olvidan que cuando Dios dio la profecía, no usan el lenguaje de su época, pero el del pasado del profeta. No puedo subestimar la importancia de este principio. Al estudiar un libro como el Apocalipsis, el contenido se refiere al futuro del profeta, pero el vocabulario pertenece a su pasado. No debemos esperar una correspondencia exacta entre cada detalle de la profecía y su cumplimiento.
Otro pasaje del libro de Isaías, utilizado a menudo junto con el libro de Apocalipsis, ilustra este punto.
“He aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra.
De lo pasado no habrá memoria, ni vendrá al pensamiento.
Pero estad alegres y regocijaos para siempre en lo que
Yo crearé, porque crearé a Jerusalén para que sea un deleite y su pueblo un gozo. Me alegraré por Jerusalén y me deleitaré en mi pueblo; no se oirán más en ella llantos ni clamores (Isaías 65:17-19, NVI).
La mayoría de la gente asume que el pasaje describe nuestro futuro. De hecho, el libro de Apocalipsis usa el texto para hablar de la Nueva Jerusalén que Dios ha preparado para su pueblo. Pero aquí, en Isaías, Dios se refiere al exilio y al regreso. Parte del lenguaje ha adquirido un significado más amplio con el tiempo (confirmado por la inspiración), pero cuando Isaías escribe, se refiere al exilio y al regreso. Si lees el capítulo en contexto, verás que no habla de la vida eterna en el cielo, sino de personas que viven vidas más largas en esta tierra.
“Nunca más habrá allí niño que viva pocos días, ni anciano que no complete sus años; el que muera a los cien años será tenido por joven, y el que no llegue a los cien será considerado maldito” (versículo 20, NVI).
¡Esta no es una descripción del cielo tal como lo ve el Revelador (Apocalipsis 21:4)! El cielo, tal como lo entendemos, no incluye la muerte. Pero como representación de las cosas poderosas que Dios planea hacer cuando regresen del exilio, el texto cobra sentido. En otros pasajes, Isaías ha descrito el exilio con el vocabulario del Éxodo. Pero aspectos de la futura obra poderosa de Dios son tan grandiosos que las Escrituras solo pueden retratarlos con el vocabulario de la Creación. ¿Recuerdan el principio de espiritualizar el tipo? Usar el lenguaje de la Creación no significa que Isaías esté describiendo el fin mismo de la historia de la tierra; el relato del Éxodo también empleó el lenguaje de la creación (Éxodo 14:21, 22). En este caso, el vocabulario de la creación describe lo que ocurrirá después del exilio a Babilonia.
Daniel. Quizás estés pensando: «Vale. Entiendo tu punto con respecto a Isaías». Pero ¿no es el Apocalipsis un libro apocalíptico, más parecido a Daniel? Sin duda, en este tipo de libros, el profeta habla directamente del futuro. No se refiere a su tiempo ni a su lugar, sino al nuestro. ¿No deberíamos leer esos libros de forma diferente a los demás profetas? Es una buena pregunta. Pero un análisis de la evidencia sugiere que incluso pasajes apocalípticos como Daniel 7 usan el lenguaje del pasado para hablar del futuro. La visión de Daniel describe la secuencia de reinos futuros en el vocabulario de la Creación.
Daniel dijo: «En mi visión nocturna miré, y he aquí que los cuatro vientos del cielo agitaban el gran mar» (Dan. 7:2, NVI). ¿Te suena familiar la imagen de los vientos soplando sobre el mar? Ya hemos visto un lenguaje similar en Génesis 1:2. La visión de Daniel 7 comienza con un eco de las aguas caóticas antes de la Creación. Después de la representación que Daniel hace de una serie de animales, llegamos a una declaración fascinante en los versículos 13 y 14:
En mi visión nocturna miré, y vi que entre las nubes del cielo venía alguien como un hijo de hombre . Se acercó al Anciano de Días y fue conducido a su presencia. Se le dio autoridad, gloria y poder soberano; todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua lo adoraron. Su dominio es eterno e inmutable, y su reino jamás será destruido.
El lenguaje en cursiva nos recuerda el dominio de Adán sobre las criaturas de la tierra (Gén. 1:26-28), autoridad que ejerció al nombrar a los animales (Gén. 2:19, 20). Así, Daniel 7, como en el caso de otros profetas del Antiguo Testamento, aplica el lenguaje de la Creación al futuro del profeta: vientos que agitan el mar, la aparición de animales y un hijo del hombre (un segundo Adán) que recibe el dominio sobre estos animales. De este modo, Daniel 7 describe la historia futura del mundo como una nueva creación de Dios. Una vez más, la Escritura utiliza el lenguaje del pasado para hablar del futuro.
Lo que me entusiasma de esta lectura de Daniel 7 es que esta profecía tenía pleno sentido cuando Daniel la escribía. El pueblo de Dios se encontraba en pleno exilio en ese momento, cautivo en Babilonia. ¿Cómo vería el profeta a los animales de Daniel 7? Representaban a las naciones que oprimían al pueblo de Dios. La visión retrata a estas naciones como bestias feroces y voraces.
Entonces, ¿cuál fue el mensaje de la visión para Daniel y su pueblo? Algo así: «Así como Adán dominó a los animales después de la creación, así también el Hijo del Hombre dominará a estas naciones que oprimen a ti y a tu pueblo». En otras palabras, el significado de Daniel 7 era que Dios aún tenía el control. El mundo parecía caótico porque las naciones malvadas le hacían mal al pueblo de Dios. Pero su pueblo no debía desanimarse. A pesar de las apariencias, el Señor no había perdido el control de la situación.
¿Recuerdan el principio de que Dios se encuentra con las personas donde se encuentran? Lo vemos muy claramente en Daniel 7. Dios le da un mensaje a Daniel sobre el futuro del mundo. Pero su propósito también era asegurarle al profeta que Él controlaba las circunstancias presentes. En Daniel 2, Nabucodonosor, rey de Babilonia, tuvo una visión similar a la de Daniel con una interpretación paralela. Pero tenía una diferencia importante. El sueño de Nabucodonosor simbolizaba a las naciones del mundo mediante un ídolo. Esto tiene sentido porque Nabucodonosor era un rey pagano. Para él, las naciones representaban ejemplos brillantes de los dioses que adoraban. Las naciones eran algo que los emocionaba. Pero para Daniel, esas mismas naciones eran bestias feroces y voraces que dañaban a su pueblo. Dios dio el mismo mensaje a cada «profeta» en términos que pudieran entender. Cuando Dios revela el futuro, lo hace a través del lenguaje del pasado del profeta. Dios se encuentra con las personas donde se encuentran. Por lo tanto, no debemos esperar un cumplimiento punto por punto de cada detalle, ni siquiera en la profecía apocalíptica.
Más ejemplos de cumplimiento profético
Después del regreso del exilio
¿Qué sucedió realmente cuando Israel regresó de Babilonia? Comparado con los textos que hemos estado leyendo, su cumplimiento fue decepcionante.
Pero recuerda el principio 2: Dios no es predecible. Muchos habitantes de Israel y Judá debieron haber leído las profecías de Oseas, Miqueas, Isaías y otros. Me los imagino haciendo diagramas para delinear con antelación lo que Dios iba a hacer. Pero su obra, cuando llegó, no fue exactamente la que esperaban los pronosticadores.
“El día veintiuno del mes séptimo, la palabra del Señor vino por medio del profeta Hageo:
‘Habla a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y al remanente del pueblo.
Pregúntenles: «¿Quién de ustedes ha quedado que haya visto esta casa en su antiguo esplendor? ¿Qué les parece ahora? ¿No les parece que no es nada?»
Pero ahora, Zorobabel, sé fuerte», declara el Señor.
«Sé fuerte, Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote.
«Esforzaos, pueblo todo de la tierra», declara el Señor, «y trabajad.
Porque yo estoy contigo», declara el Señor Todopoderoso.
“Este es el pacto que hice contigo cuando saliste de Egipto.
Y mi Espíritu permanece entre ustedes. No teman.
Así dice el Señor Todopoderoso:
Dentro de poco yo haré temblar otra vez los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca.
Yo haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones, y yo llenaré de gloria esta casa, dice el Señor Todopoderoso.
“Mía es la plata y mío es el oro ” , declara el Señor Todopoderoso.
«La gloria de esta casa actual será mayor que la gloria de la casa primera», dice el Señor Todopoderoso.
“Y en este lugar daré paz”, declara el Señor Todopoderoso” (Hageo 2:1-9, NVI).
En este pasaje, el Señor señala su decepción al ver el cumplimiento de las profecías del regreso del exilio. Sin embargo, afirma que es un verdadero cumplimiento, aunque tienen motivos para cuestionarlo. Esto es algo que debemos tener presente al abordar las profecías incumplidas, incluyendo el libro de Apocalipsis. Desde Münster hasta Waco, la gente ha intentado usar el material de Apocalipsis para obtener un conocimiento detallado del futuro que Dios no diseñó para ellos. Todos necesitamos recordar que el mismo Dios, que es constante, no es predecible.
Con el paso del tiempo, se hizo evidente que el regreso de Dios a su pueblo del exilio babilónico no sería el evento final de la historia de la tierra. La atención se centró cada vez más en su mayor acto: la llegada del Mesías. Pero esto plantea una nueva pregunta. Mucha gente asume que las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento tienen un cumplimiento más puntual que las profecías que hemos estado analizando. ¿Es realmente así? ¿Son las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento una excepción a la regla de que Dios usa el lenguaje del pasado para describir eventos futuros? ¿Son las profecías mesiánicas más predecibles que la tendencia general? Veamos algunos ejemplos.
Las profecías mesiánicas
«Vienen días», declara el Señor, «en que levantaré a David un renuevo justo, un Rey que reinará con sabiduría y practicará el derecho y la justicia en la tierra.
En sus días será salvo Judá, e Israel vivirá seguro.
“Y este será su nombre: Jehová, justicia nuestra” (Jer. 23:5, 6, NVI).
¿Qué aprendemos de este texto? Primero, el Mesías viene y será un rey como David. El reinado de David proporciona un modelo histórico de cómo será el Mesías, un ejemplo de gobierno sabio y justo. Pero, obviamente, no todas las acciones de David son un modelo para el Mesías justo. El Mesías será como David, pero su vida no es una repetición exacta del reinado de David. Por lo tanto, la línea entre la profecía y su cumplimiento no es totalmente predecible.
Un segundo aspecto de esta profecía aparece en el título dado al Mesías: “El Señor, nuestra justicia”. El rey que reinaba en Judá cuando Jeremías profetizó se llamaba Sedequías, que en hebreo significa “el Señor es mi justicia”. Jeremías nos dice que el Mesías, cuando venga, será un rey como Sedequías. Si bien Sedequías no hizo honor a su nombre, este sirvió como modelo de cómo sería el Mesías. El Mesías desempeñaría el papel que Sedequías debía cumplir. Él sería quien llevaría a cabo a la perfección la justicia de Dios. Así, la profecía mesiánica de Jeremías 23 utiliza el lenguaje del pasado y del presente para proyectar una imagen de cómo sería el Mesías en el futuro.
Volvamos a otra profecía de Isaías:
De nuevo el Señor le dijo a Acaz: «Pide al Señor tu Dios una señal, ya sea en lo más profundo de la tierra o en lo más alto». Pero Acaz respondió: «No la pediré; no tentaré al Señor». Entonces Isaías dijo: «¡Escuchen, casa de David! ¿No les basta con probar la paciencia de los hombres? ¿Acaso también probarán la paciencia de mi Dios? Por eso, el Señor mismo les dará una señal: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará Emanuel. Comerá cuajada y miel cuando sepa rechazar el mal y elegir el bien. Pero antes de que el niño sepa rechazar el mal y elegir el bien, la tierra de los dos reyes que ustedes temen será devastada» (Isaías 7:10-16, NVI).
Esta profecía habla de un rey llamado Acaz y un profeta llamado Isaías. Acaz está preocupado por dos naciones que buscan conquistar su reino. Isaías le ofrece una señal del Señor. Dios le envía un mensaje: una joven (en hebreo puede leerse como «joven» o «virgen») concebirá y tendrá un hijo. La buena noticia para Acaz es que antes de que el niño esté listo para comer alimento sólido y antes de que distinga el bien del mal, las dos naciones serán destruidas. Así que esta profecía del Mesías surge de una situación inmediata. Dios usa el lenguaje del presente para hablar del futuro. En el tiempo del Mesías, Dios liberará a su pueblo tal como lo hizo con Acaz en los días de Isaías (Isaías 9:1-7).
En Zacarías, un pequeño libro al final del Antiguo Testamento, vemos nuevamente el mismo principio en funcionamiento:
“¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita, hija de Jerusalén!
He aquí, tu Rey viene a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino, hijo de animal de carga.
Quitaré de Efraín los carros, y de Jerusalén los caballos, y el arco de guerra será quebrado.
Proclamará la paz a las naciones.
“Su dominio se extenderá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra” (Zac. 9:9, 10, NVI).
Aquí vemos referencias a Efraín, Jerusalén y el Éufrates (al que el texto se refiere simplemente como «el río»), lenguaje propio de la época y el lugar de los profetas, junto con una descripción del Mesías. Pero, usando tales textos, ¿podría alguien haber predicho el curso exacto de la vida de Jesús? No. ¿Debería sorprendernos que algunos interpretaran estos mismos textos para predecir que el Mesías sería un rey poderoso que dominaría las fuerzas políticas de su mundo? Incluso los propios discípulos de Jesús, tras abundantes indicios, no comprendieron su mesianismo hasta Pentecostés. Solo después de haber conocido a Jesús, haber caminado con él y haber recibido la interpretación de Dios a través del Espíritu, alguien pudo haber comprendido plenamente cómo la vida de Jesús fue el cumplimiento de estas mismas profecías.
El Nuevo Testamento
Esto nos lleva a un séptimo principio importante de la profecía bíblica que Jesús afirmó un par de veces: «Les he dicho esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean» (Juan 14:29, NVI; cf. 13:19). ¿Dijo Jesús: «Les diré con antelación para que conozcan el futuro? De hecho, les ayudaré a hacer un diagrama que ordene todos los eventos para que puedan identificar su lugar en la historia en todo momento»?
No, no lo hizo. Sin embargo, estaba diciendo que si prestas atención a sus palabras, reconocerás el momento del cumplimiento cuando llegue, no antes. Cuando ocurran los eventos profetizados, los discernirás y el cumplimiento será evidente. Estaba claro que Jesús era el cumplimiento de las profecías mesiánicas una vez que vivió su vida. Pero las profecías no permitieron predecir con antelación el curso exacto de su vida. Dios no es predecible. Esto significa que los cumplimientos proféticos se reconocen mejor después de que ocurren, no antes.
Cuando se trata de profecías incumplidas, es recomendable ser un poco cauteloso. Fue la falta de tal cautela lo que llevó a David Koresh a la destrucción. Creía saber exactamente lo que Dios quería que hiciera y cómo lograr el resultado que el Señor tenía en mente. Pero se equivocó. Es fundamental que escudriñemos la Palabra para comprender las profecías incumplidas. Al mismo tiempo, debemos mantener una prudencia santificada en nuestras conclusiones. Debemos permitirle a Dios la libertad de ser Dios.
El libro de Apocalipsis continúa el patrón que hemos visto desde Génesis. Cuando Juan escribió su libro, los eventos descritos en él eran casi en su totalidad futuros. Sin embargo, el lenguaje básico del libro de Apocalipsis es el del pasado de Juan. Apocalipsis está lleno del Antiguo Testamento. Por ejemplo, observe la última parte de Apocalipsis 13:
Realizó grandes señales milagrosas, incluso hizo descender fuego del cielo a la tierra a la vista de los hombres. Y por las señales que se le permitió realizar en nombre de la primera bestia, engañó a los habitantes de la tierra (Apocalipsis 13:13, 14, NVI).
Durante el Éxodo, los magos del Faraón lo engañaron mediante artes mágicas. El texto de Apocalipsis 13 también recuerda cómo Elías hizo descender fuego del cielo a la tierra en el Monte Carmelo.
Les ordenó erigir una imagen en honor de la bestia que, herida de espada, sobrevivió. Se le dio poder para infundir aliento a la imagen de la primera bestia, para que hablara e hiciera que todos los que se negaran a adorarla fueran asesinados (versículos 14, 15, NVI).
El pasaje nos recuerda a Daniel 3, en el que Nabucodonosor erigió una imagen y amenazó con matar a cualquiera que se negara a inclinarse y adorarla.
“También obligaba a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, a recibir una marca en la mano derecha o en la frente; y que nadie pudiese comprar ni vender, si no tenía la marca que es el nombre de la bestia o el número de su nombre” (versículos 16, 17, NVI).
En Deuteronomio 6, Dios le dice al pueblo que lleve los Diez Mandamientos en la frente y en la mano. Así que la marca es, de alguna manera, una falsificación de los Diez Mandamientos. Para comprender la marca de la bestia, es necesario comprender el contexto del Antiguo Testamento: el lenguaje del pasado que Juan usaba.
Esto requiere sabiduría. Si alguien tiene discernimiento, que calcule el número de la bestia, pues es número de hombre. Su número es 666 (Apocalipsis 13:18, NVI).
El número 666 también tiene un pasado en el Antiguo Testamento. La imagen de Daniel 3 medía 60 codos de alto, 6 codos de ancho y (presumiblemente) 6 codos de profundidad: 666. Además, 666 representa la cantidad de ingresos que Salomón recibió el año en que se apartó del Señor (1 Reyes 10:14). Para la mentalidad hebrea, el número 666 era un indicador de la apostasía de Salomón, hijo de David.
Así que, en lo que respecta al libro de Apocalipsis, debemos entender que Dios se encuentra con las personas donde se encuentran. Les da a los profetas lecciones sobre el futuro en el lenguaje —el vocabulario— del pasado. El libro de Apocalipsis, al igual que otros libros de la Biblia, se presenta en el idioma, la cultura y el contexto histórico del escritor inspirado.
Elena White
Finalmente, desde una perspectiva adventista, tenemos el ejemplo de Elena G. de White. Muchos adventistas han asumido que Dios escogió sus palabras de forma más directa, que ella veía imágenes claras de eventos reales en el futuro. Pero incluso con Elena G. de White, las descripciones del futuro llegaron en el lenguaje de su pasado. ¿Y cuál era ese? El inglés de los Estados Unidos del siglo XIX. Dios la encontró donde ella estaba y obró dentro de ese marco.
Si bien Elena de White abordó claramente el futuro, no encontrará una sola declaración en todos sus escritos que describa con claridad algo exclusivo del siglo XX o posterior. Buscará en vano una descripción de las computadoras, la guerra nuclear, los viajes espaciales, internet o cualquier descripción explícita de los detalles de la Segunda Guerra Mundial en sus escritos. Cuando describe eventos que se avecinan, lo hace con un vocabulario firmemente arraigado en su propio tiempo y lugar. Por ejemplo, cuando describe las fuerzas malvadas del mundo que avanzan para atacar a los santos al final de los tiempos, ¿qué armas llevan esos malvados en sus manos? ¡Espadas! Una descripción apropiada para mediados del siglo XIX, pero ya no para el mundo actual.
Alguien una vez me cuestionó sobre este punto. Me recordó a Ellen.
Los comentarios de White sobre las bolas de fuego que caían sobre la ciudad de Nueva York al final. Sugirió que podría ser una descripción de una guerra nuclear futura (más recientemente, algunos han intentado relacionar los sucesos del 11 de septiembre de 2001 con las declaraciones). Reflexioné un momento y luego le pregunté si conocía la canción: «Y el resplandor rojo del cohete, las bombas estallando en el aire, dieron prueba durante la noche de que nuestra bandera seguía allí». Indicó que conocía el himno nacional estadounidense.
“¿Sabes cuándo fue escrita esa canción?” Le pregunté.
Pensó por un momento. «¿1814?»
“Correcto”, dije, “incluso el lenguaje de las bolas de fuego, sea lo que sea que signifique cuando llegue el momento, es coherente con el lenguaje del pasado de Elena de White”. Así que nuestro conocimiento de un profeta más contemporáneo confirma la evidencia recopilada de nuestro estudio de profecías cumplidas a lo largo de la Biblia.
Conclusión
Para concluir, me gustaría compartir algunas advertencias prácticas sobre la interpretación profética:
1. Creo que los cristianos en general, y los adventistas en particular, tendemos a estar demasiado seguros de que entendemos exactamente lo que Dios planea hacer antes de que lo haga. Quizás esto surja de la tentación humana de jugar a ser Dios, quien solo conoce el futuro. Pero la historia de las interpretaciones del Apocalipsis debería ser una advertencia para nosotros. Una y otra vez, interpretaciones que tenían perfecto sentido en un momento dado han demostrado ser completamente erróneas cuando llegó el cumplimiento real. No debemos esperar una correspondencia exacta en todos los detalles entre la profecía y el cumplimiento. Los cumplimientos se reconocen mejor cuando ocurren y no antes.
2. El propósito principal de la profecía no es satisfacer nuestra curiosidad sobre el futuro, sino enseñarnos cómo vivir hoy. Dios usa una visión del futuro para animar y motivar a personas reales en las circunstancias reales de la vida cotidiana. Aunque la profecía es predictiva, su objetivo es enseñarnos algo sobre Dios y cambiar nuestra forma de vida mucho antes de que se cumpla.
3. Tendemos a leer el Apocalipsis como si hubiera sido escrito para nuestra época, lugar y circunstancias. Al hacerlo, evocamos asociaciones y conceptos que jamás se les habrían ocurrido a Juan ni a sus contemporáneos.
Tales lecturas conducen casi inevitablemente a una distorsión del texto y de su intención original. El lenguaje del Apocalipsis es el del pasado de Juan, no el nuestro.
Pero si el Apocalipsis fue escrito en el vocabulario de otro tiempo y lugar, esto plantea una pregunta importante: ¿Cómo puede el estudio del libro ser relevante para nosotros en nuestra situación cuando se dirige a personas de otros tiempos y lugares? ¿Cómo podemos salvar la brecha entre su época y la nuestra? ¿Y cómo podemos encontrar con seguridad una palabra del Señor para hoy en los escritos de quienes vivieron en un pasado lejano? Abordaremos estas preguntas en los próximos capítulos.
Principios de interpretación profética
Dios es consistente.
Dios no es predecible.
Dios es creativo.
Dios encuentra a las personas donde están.
Hay una espiritualización del tipo.
Dios usa el lenguaje del pasado para describir el futuro.
Los cumplimientos proféticos se reconocen mejor después de que ocurren.
* Traducción y análisis en Hillel Schwartz, Century’s End: A Cultural History of the Fin de Siècle From the 990s Through the 1990s (Nueva York: Doubleday, 1990). Véase pág. 101.