¿Cómo pudo Salomón, después de haber tenido una relación tan profunda con Dios, terminar alejándose de Él?
En 1 Reyes 3:3 leemos que Salomón amaba a Dios. Y cuando Dios se le apareció y le preguntó qué deseaba recibir, Salomón no pidió riquezas, poder ni una larga vida. Pidió sabiduría para gobernar al pueblo.
Reconocía que necesitaba a Dios.
Dios le concedió esa sabiduría y también le dio riquezas y honores que no había pedido.
Entonces, ¿qué pasó?
¿Puede alguien confiar tanto en la sabiduría que Dios le dio que termine dejando de confiar en Dios?
Deuteronomio 17 advertía que los reyes no debían acumular caballos, esposas ni riquezas excesivas. Salomón terminó haciendo las tres cosas.
¿Acaso no conocía esas instrucciones?
El Talmud, en Sanedrín 21b, presenta una explicación interesante: Salomón creyó que podía tener muchas esposas sin que desviaran su corazón.
Me parece que el hombre que había reconocido que necesitaba la sabiduría de Dios pudo terminar confiando en la suya para evitar las consecuencias de desobedecerlo. Ahí pudo comenzar parte de su problema: confiar tanto en lo que había recibido de Dios que empezó a depender menos de Él.
¿Se puede seguir haciendo cosas para Dios mientras nos alejamos de su compañía?
Salomón construyó un templo extraordinario para Dios. Durante su dedicación, pidió que Dios inclinara el corazón de todos hacia Él, el suyo incluido, y los ayudara a obedecer sus mandamientos (1 Reyes 8:58).
Sin embargo, años después, el relato dice que su propio corazón se había apartado de Dios (1 Reyes 11:9).
¿Cómo pudo alguien construir un templo para la presencia de Dios y terminar levantando también lugares de culto para otros dioses?
No sabemos cómo era la relación cotidiana de Salomón con Dios durante esos años. No sabemos si dejó de orar o si seguía buscando su presencia.
Pero sí sabemos que terminó tomando decisiones contrarias a su voluntad.
Y esto me hace pensar en algo: ¿es posible seguir haciendo grandes cosas para Dios y, al mismo tiempo, dejar de hacerlo parte de nuestra vida cotidiana?
¿Qué encontró Salomón después de tenerlo prácticamente todo?
Eclesiastés, tradicionalmente atribuido a Salomón, aunque su autoría es discutida, presenta a un hombre que examina la sabiduría, las riquezas, los placeres, las construcciones y los grandes logros.
En el capítulo 2 cuenta que no se privó de aquello que deseaban sus ojos. Y reconoce que disfrutó de muchas de esas experiencias.
Pero cuando examinó todo lo que había conseguido, descubrió que nada podía darle una satisfacción permanente.
¿Entonces era malo disfrutar de esas cosas?
No parece ser esa su conclusión.
En Eclesiastés 2:24-26 reconoce que incluso la capacidad de disfrutar de la comida, el trabajo y las cosas buenas de la vida proviene de Dios.
Me parece que ahí está una de las enseñanzas más importantes del libro: podemos tener muchas cosas y, sin embargo, olvidarnos de disfrutar de la compañía de quien nos las dio.
¿Y si el mayor disfrute siempre hubiera estado disponible?
El hermano Lawrence, en La práctica de la presencia de Dios, descubrió que podía disfrutar de una relación continua con Dios incluso mientras trabajaba en una cocina.
No necesitaba grandes riquezas, un palacio ni experiencias extraordinarias.
Hablaba con Dios mientras trabajaba, le pedía ayuda, le ofrecía sus tareas y le agradecía.
Y cuando se equivocaba, volvía a buscar su compañía.
Me resulta llamativo comparar su experiencia con la historia de Salomón.
Un rey que llegó a tener prácticamente todo y descubrió los límites de aquellas satisfacciones. Y un hombre que encontró una profunda alegría en las tareas más sencillas, porque había aprendido a vivirlas acompañado por Dios.
¿No será que el verdadero disfrute de la vida tiene mucho más que ver con quién la compartimos que con todo lo que conseguimos?
¿Qué nos enseñó Jesús sobre la verdadera alegría?
En Juan 15, Jesús invita a sus discípulos a permanecer en su amor, así como Él permanece en el amor del Padre.
Y en el versículo 11 explica para qué les dice esas cosas: para que su alegría esté en ellos y sea completa.
No les promete riquezas, poder ni una vida llena de comodidades.
Los invita a permanecer en una relación de amor con Él.
Creo que Salomón pudo haber ido perdiendo de vista precisamente eso.
No porque las cosas buenas que tenía fueran malas, sino porque sus deseos y decisiones terminaron ocupando un lugar que competía con su relación con Dios.
Y creo que el hermano Lawrence nos ayuda a comprender algo que Jesús ya había enseñado: no necesitamos dejar de disfrutar de la vida para disfrutar de Dios.
¿Con quién disfrutas hoy lo que ya tienes?
