La Mujer de la Fe Informada


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«El que no ama, no conoció a DIOS, porque DIOS es amor.» (BTX4 1Jn 4:8)

«El último mensaje de clemencia que debe darse al mundo es una revelación de su carácter de amor» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 344)


Textos

Primarios

Marcos 7:24-30
Mateo 15:21-28
El Deseado de Todas las Gentes, Capítulo 43, Ellen White

Secundarios

Marcos 5:1-20
El Deseado de Todas las Gentes, Capítulo 35, Ellen White


«Y levantándose de allí, fue a la región de Tiro. Y entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido.» (BTX4 Mr 7:24)

¿Cuál es el contexto previo?

Jesús venía de enfrentarse con los líderes religiosos de Jerusalén. El tema era la pureza ritual. Los fariseos y escribas lo cuestionaron porque sus discípulos comían sin lavarse las manos según la tradición de los ancianos.

El sistema de pureza judío del siglo I organizaba toda la realidad en categorías de puro e impuro: alimentos, personas, lugares, tiempos. Jesús lo desmanteló de un golpe. Se levantó y fue a territorio gentil, a Tiro en Fenicia.


«Al momento, una mujer cuya hijita tenía un espíritu inmundo, luego que oyó acerca de Él, fue y se postró a sus pies. Y la mujer era griega, de nacionalidad sirofenicia, y le rogaba que echara fuera el demonio de su hijita.» (BTX4 Mr 7:25-26)

¿Cómo era el lugar donde vivía esta mujer?

Fenicia era una franja costera estrecha al norte de Galilea, sobre el Mar Mediterráneo, en lo que hoy es el Líbano.

Sus dos ciudades principales eran Tiro y Sidón. Los profetas las habían condenado. Ezequiel les dedicó capítulos enteros. Isaías las llamó símbolo del orgullo y la riqueza pagana. Jezabel era fenicia.

Fenicia no era un lugar marginal ni atrasado. Era exactamente lo contrario. Los fenicios habían sido el pueblo comerciante por excelencia del mundo antiguo — desarrollaron rutas marítimas por todo el Mediterráneo siglos antes de que Roma existiera, fundaron Cartago, y le transmitieron el alfabeto a Grecia. El alfabeto que usamos hoy tiene raíces fenicias. En el siglo I, Tiro seguía siendo una ciudad próspera, cosmopolita, profundamente helenizada. Había teatros, templos, mercados, una vida urbana sofisticada.

La religión de Fenicia era el culto a Baal y Astarté — las mismas divinidades contra las que Elías combatió en el Monte Carmelo, en ese mismo territorio.

Tiro tenía un templo famoso dedicado a Melqart — el Baal de Tiro — que era uno de los más importantes del mundo mediterráneo. Alejandro Magno había sitiado Tiro precisamente porque los tirios se negaron a dejarle entrar a ese templo a ofrecer sacrificios. El templo era el centro económico, político y religioso de la ciudad.

¿Por qué Marcos la llama griega y siro-fenicia?

No porque hubiera nacido en Grecia, sino porque era de cultura y lengua griega. Era una mujer de ciudad con acceso a las redes de información que circulaban en esa región comercial.

Fenicia estaba dentro de la provincia romana de Siria. Mujer sirofenicia significa literalmente mujer fenicia de la provincia de Siria.

¿Por qué la mujer va a Jesús teniendo dioses propios?

Si su hija estaba poseída por un demonio, la respuesta natural de su cultura era ir al templo de Melqart, consultar a un sacerdote, hacer ofrendas, buscar un exorcista local. Probablemente ya había acudido a los dioses paganos de su región, pero no había obtenido sanación para su hija.

¿Por qué la mujer fue sola?

Probablemente era viuda, sino hubiese ido con el marido y hubiese hablado él, no ella.

¿Cómo oyó esta mujer hablar de Jesús?

Ellen White nos dice que había judíos viviendo en Fenicia y ella escuchó hablar de Jesús por ellos. Pero hay algo más probable aún.

En Marcos 5:1-20 Jesús libera a un hombre de una Legión de demonios en Gadara. Este hombre quiso seguir a Jesús, pero Él le dijo que fuera a los suyos y proclamara lo que hizo por él.

El testimonio del endemoniado gadareno fue proclamado por toda Decápolis. La Decápolis era una región de ciudades helenizadas con rutas comerciales activas hacia Fenicia. Es posible que el testimonio haya viajado por esas mismas redes hasta llegar a oídos de la mujer sirofenicia.


«Pero le decía: Deja primero que los hijos queden satisfechos, porque no está bien quitar el pan de los hijos y echarlo a los perros.» (BTX4 Mr 7:27)

¿Jesús mintió?

Jesús no mintió. Lo que dijo era teológicamente correcto. Había un orden de misión real — Israel primero, luego los gentiles. Pablo lo confirmaría décadas después: «el evangelio es poder de Dios para salvación para todo el que cree, para el judío primeramente y también para el griego» (Ro 1:16).

El problema es que la interpretación dominante de la época convertía ese orden en exclusivismo salvífico. Este mensaje no era para la mujer siro-fenicia, era para Israel. Jesús no dijo «solo los hijos deben comer». Dijo «primero».

Hay un orden, no un muro. De hecho, Jesús, en la sinagoga de Nazaret, mencionó dos casos del Antiguo Testamento donde la gracia de Dios cruzó las fronteras de Israel: Elías fue a una viuda de Sarepta de Sidón, en Fenicia. Eliseo sanó a Naamán de Aram. Jesús mismo ya había mostrado lo mismo con la mujer samaritana, el centurión y el endemoniado gadareno.

¿Jesús fue rudo?

Hay otro detalle. La palabra que usa Jesús para «perros» no es el insulto crudo que los judíos usaban habitualmente para referirse a los gentiles — perro callejero, animal despreciado. Jesús usa el diminutivo: kynarion. Perrito. El animal doméstico que vive dentro de la casa con la familia. Está en la casa. Todavía no es su turno de comer, pero está adentro.


«Pero ella respondió diciendo: Señor, también los perros debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos.» (BTX4 Mr 7:28)

¿Por qué ella en lugar de ofenderse, molestarse, o pedirle respeto, sabía que Jesús no la estaba despreciando?

Ella sabía que Jesús sanó a un endemoniado. Entonces, si tuvo poder esa vez, ¿por qué ahora no?

Ella sabía que el endemoniado era de Gadara, es decir, un gentil. Entonces, ¿por qué no iba a ayudar a una viuda de Fenicia?

Ella sabía que el endemoniado tenía muchos demonios, porque se llamaban a ellos mismos Legión. Entonces, ¿cómo no iba a poder sacar a uno solo de su hijita?

Ella sabía que Jesús echó los demonios con su palabra, no con su toque. Entonces, ¿para qué llevar a su hija a su presencia, si con su palabra era suficiente?

Ella sabía que el endemoniado ni siquiera pidió ser sanado. Entonces, ¿cómo no iba a escucharla a ella si le rogaba?

Ella sabía que el gadareno quiso seguir a Jesús después de ser liberado. Jesús no lo dejó. Le dijo: «Andá a los tuyos y contales lo que el Señor hizo contigo» (Mr 5:19). Entonces, ¿para qué le pidió que cuente el testimonio si no es para que otros casos como el de él vayan a Jesús?

Ella llegó con humildad, rogando, no exigiendo, no queriendo los primeros lugares en el Reino, sino con una necesidad despertada por amor a su hija.

Esta mujer tenía una confianza en Jesús basada en evidencia, una fe informada. El testimonio del gadareno sentó un precedente. Ella llegó al encuentro sabiendo quién era Jesús, conociendo su carácter de amor antes de que Jesús abriera la boca.

¿Por qué una mujer siro-fenicia entiende todo y tiene una fe más grande que los discípulos e Israel?

El humilde que quiere aprender y que es una tabula rasa puede ser enseñado fácilmente. El problema no son los de afuera, sino los de adentro.

El orgulloso espiritual cree saberlo todo y prefiere enseñar y corregir. No solo debe admitir primero su condición, sino estar dispuesto a aprender, e incluso más difícil, debe estar dispuesto a reaprender o desechar verdades que pensaba tenerlas muy claras y correctas, y que quizás eran mentiras sembradas por el enemigo.

¿Qué es lo interesante de su argumentación?

Ella no estaba limitando a Dios — estaba confiando en que su abundancia era tal que incluso las migajas de amor eran suficientes para sanar a su hija.

Una legión de demonios expulsada con una palabra. Ella solo pedía expulsar a uno. Si eso era una migaja para Jesús, con eso le alcanzaba.

No llegó pidiendo mucho. Llegó confiando en que poco, viniendo de donde venía, era más que suficiente. El 1 y el 5000, comparados con el infinito, son migajas.


«Y le dijo: Por esta respuesta, anda, el demonio ha salido de tu hija.» (BTX4 Mr 7:29)

¿Jesús le concedió el milagro por su poder argumentativo?

No, sino que ese argumento reveló la confianza total que ella tenía en Jesús basada en el testimonio del gadareno. Su argumento exterior demostró su fe interior basada en evidencia, no era fe ciega.

De la abundancia del corazón habla la boca. En otro caso, un padre con su hijo endemoniado reveló con sus palabras una confianza parcial en el poder de Jesús:

«y muchas veces hasta lo echaba al fuego y al agua para matarlo. Pero, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos. JESÚS le dijo: ¿Si puedes? ¡Todo es posible para el que cree!» (BTX4 Mr 9:22-23)


«Y al llegar a su casa, halló que el demonio había sido echado fuera y a la niña acostada en la cama.» (BTX4 Mr 7:30)

¿Cómo supo Marcos el final, si no la acompañaron a la casa?

El milagro del gadareno produjo un testimonio que generó la fe de ella. Y el milagro de su hija produjo otro testimonio que llegó hasta los apóstoles y terminó en el Evangelio de Marcos. La cadena de gracia no se cortó — se extendió.


Lecciones Prácticas

Importancia de testificar. El testimonio del gadareno llegó a oídos de la mujer sirofenicia. Seguramente el gadareno nunca supo el alcance de su relato y se enterará recién cuando en el Cielo le pregunte a Jesús. No hay testimonio que sea pequeño si es con el Rey del Universo. ¿Hace cuánto que no le contás a alguien una experiencia personal acerca de Jesús y su carácter de amor?

Fe basada en evidencias. La mujer creyó en el carácter de amor de Dios, eso hizo la diferencia en su confianza al pedir. A una fe tal no le importa lo que opinen los demás y no cambia según lo que otros digan acerca de Dios, porque se lo conoce personalmente, de primera mano. ¿Lo que crees acerca del carácter de Dios, lo crees porque te lo contaron, porque lo escuchaste predicar, porque lo leíste de una publicación o en la Escuela Sabática, por lo que escuchaste en la iglesia o en la opinión pública, o por las experiencias personales que has tenido con Él?

El motor que impulsa el pedido. La mujer fue impulsada por amor a su hija a pedir, no quería un puesto de enaltecimiento como los discípulos, quería sanación por amor. ¿Estás buscando amar a otros a través de tus pedidos a Dios o estás buscando reconocimiento? ¿Buscás a Dios por quién es Él, o por lo que puede darte?

Hambre constante de aprendizaje. Como dice Ellen White: «A medida que los hijos de Dios crezcan en la gracia, obtendrán cada vez más clara comprensión de su Palabra, y discernirán nueva luz y belleza en sus verdades sagradas. Esto ha venido sucediendo en la historia de la iglesia a lo largo de todas las edades, y así seguirá siendo hasta el fin» (Elena G. de White, El otro poder, p. 32). ¿Seguís con hambre de encontrar nuevas pepitas de oro en las historias que leíste mil veces? ¿Te molesta cuando alguien trae algún punto de vista diferente a una creencia ya establecida por el status quo eclesiástico? ¿Cómo te sentís cuando te das cuenta que una verdad que creías era en realidad una mentira de Satanás, te alegra que Jesús te haya abierto los ojos, o aparece el orgullo de no querer ser enseñado o de no querer equivocarse?


Conclusión

«El que no ama, no conoció a DIOS, porque DIOS es amor.» (BTX4 1Jn 4:8)

«El último mensaje de clemencia que debe darse al mundo es una revelación de su carácter de amor» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 344)