Lección 5. Cómo estudiar la Biblia


¿Cómo le damos gloria al Padre?

«En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos.» (BTX4 Jn 15:8)

¿Cómo doy fruto?

«Permaneced en Mí, y Yo en vosotros. Como el pámpano no puede producir fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí.» (BTX4 Jn 15:4)

Esta parábola fue dada por Jesús al final de su ministerio para explicarle a los discípulos la relación espiritual que iban a tener que tener con Él una vez que ya no esté.


¿Qué diferencia hace la permanencia?

La ley de la adoración o contemplación: Nuestro carácter cambia para llegar a ser como aquello que admiramos, adoramos y pasamos tiempo observando, pensando, reflexionando y asimilando.


¿Qué significa «permanecer»?

Permanecer es volver la atención a Jesús constantemente — en la conversación, en el trabajo, en lo cotidiano. No es un esfuerzo de producción sino un esfuerzo de orientación. Como el girasol que no fabrica el sol pero se mueve hacia él todo el día. No tengo que usar mi fuerza de voluntad para portarme bien sino para contemplar a Jesús.


¿Qué relación tiene el estudio de la Biblia con la permanencia?

El estudio de la Biblia es uno de los métodos o medios de permanecer en Jesús, pero para eso debo invertir tiempo.

¿Qué significa decir «no tengo tiempo» para hacer tal cosa?
Significa decir que hay una lista de cosas para hacer que considero más importantes, prioritarias y urgentes, que toman todo mi tiempo disponible.

Analogía de llegar tarde al trabajo
Si llego tarde al trabajo, puedo quizás no desayunar en casa, no cepillarme los dientes y quizás no peinarme, porque el trabajo es prioritario, pero hay una cosa segura, no voy a haber ahorrado tiempo y salir en ropa interior. ¿Y eso por qué? Porque es más prioritario, urgente e importante no salir en ropa interior que llegar tarde al trabajo. Es innegociable. ¿Está Dios en nuestra lista de prioridades innegociables?

Analogía del hijo comprando tiempo al padre
Un hijo le pregunta a su padre cuánto le pagan por hora en su trabajo. El padre le dice que 1 dólar la hora. El hijo se va y vuelve al rato con 3 dólares, y le dice: ¿Papá, puedo comprar 3 horas de tu tiempo? Este es otro ejemplo donde podemos estar descuidando con nuestro tiempo lo que realmente importa. El hijo quería tiempo de relación con el padre, no dinero, no información. ¿Será que Jesús quiere lo mismo con nosotros? Como dice Juan 15:15:

«Ya no os llamo esclavos, porque el esclavo no sabe qué hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las di a conocer.» (BTX4 Jn 15:15)

Jesús y el día especial
Jesús diseñó el sábado para tener un día especial para descansar y pasar tiempo con Él y en familia, y muchas veces lo cargamos de miles de actividades que nos hacen estar más cansados incluso que en la semana.


¿Por qué es importante estar a solas con Jesús?

La intimidad con una persona no se construye en grupo, se construye pasando momentos de 1 a 1. Con mi hijo he festejado cumpleaños, navidades, actos escolares, y eso es parte de la relación pero la intimidad con él fluyó al pasar tiempo contándonos cosas, jugando videojuegos y juegos de mesa, leyendo juntos. A veces la iniciativa surgía de él, otras surgía de mí. Así sucede con Jesús. Muchas veces sentimos en nuestro corazón su llamado a que abramos la puerta y le contemos todo, y otras veces por iniciativa nuestra vamos y lo buscamos para lo mismo.

¿Cómo describirías honestamente tu relación con Jesús en este momento? ¿Se parece más a un pámpano en la vid o a una rama que visita la vid de vez en cuando?


¿Cómo era el hábito de oración de Jesús?

«Y la noticia acerca de Él se difundía más y más, y grandes multitudes concurrían para oír y ser sanadas de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a lugares solitarios y oraba.» (BTX4 Lc 5:15-16)

Literalmente podría traducirse: «seguía apartándose… seguía orando». Esto sugiere un patrón habitual, no un episodio único.

Jesús no ora porque el ministerio lo agota y necesita recargarse. Ora porque vivir desde el Padre es su modo natural de existencia.


¿Cuánto tiempo buscar a Dios?

A veces pensamos en la comunión con Dios como la batería de litio del celular: «Si paso suficiente tiempo a la mañana con Jesús, tengo batería espiritual para todo el día». Pero la relación con Jesús es como una computadora de escritorio. A menos que el cable de la fuente de alimentación «permanezca» conectado a la corriente eléctrica (fuente de energía), la computadora no puede funcionar. Como dice el versículo:

«Buscad a YHVH y su fortaleza; Buscad su rostro continuamente.» (BTX4 1Cr 16:11)

La búsqueda es en tiempo presente — no un logro del pasado ni una meta del futuro.

¿En qué momentos de la semana pasada estuviste genuinamente orientado hacia Jesús — no necesariamente en oración formal, sino con la atención vuelta hacia él en medio de lo cotidiano? ¿Y qué fue lo que más frecuentemente cortó esa conexión?


¿Con la lectura de la Biblia basta?

«Solo se obtiene un beneficio muy escaso de una lectura precipitada de las Sagradas Escrituras. Uno puede leer toda la Biblia y quedarse, sin embargo, sin captar su belleza o comprender su sentido profundo y oculto» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 133).

No es suficiente sólo oír o leer la Palabra; el que desea sacar provecho de las Escrituras debe meditar acerca de la verdad que le ha sido presentada. (Elena White, Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 39)


Entonces, si la permanencia en Jesús es la raíz, el estudio de la Biblia es uno de los medios más ricos para ejercerla. ¿Cómo hacerlo de manera que sea encuentro y no solo lectura?

Lo que vamos a dar ahora son diferentes herramientas para aplicar al estudio. Como toda herramienta, no necesariamente vas a usar todas, o todos los días las mismas.

  • Utilizá múltiples versiones de la biblia, tanto versiones más literales como paráfrasis. Recomiendo la Biblia Textual 4, la Nueva Reina Valera 2000 Actualizada y la Nueva Traducción Viviente.
  • Podes elegir un personaje, un libro, un tema o una historia de la Biblia y focalizarte en eso.
  • Priorizá la calidad por sobre la cantidad, la profundidad es lo más importante. Lo importante no es terminar rápido la historia, incluso podes volver a la historia en varios momentos del día, o pasar varios días o semanas en lo mismo.
  • Podés utilizar comentarios bíblicos o herramientas de IA como Gemini o Claude para conocer más del contexto, significado de palabras, etc.
  • Tomá un versículo por vez, no todo junto. Reflexioná en él hasta que hayas exprimido todo el jugo.
  • Hacete preguntas como: ¿qué? ¿quién? ¿cómo? ¿cuándo? ¿dónde?
  • Utilizá la imaginación para sumergirte en la historia.
  • Hacé preguntas usando ¿por qué? y ¿para qué?
  • Buscá paralelismos de la historia con tu vida, ejercitá la empatía poniéndote en el lugar de los personajes.
  • Lee la historia en voz alta, incluso dramatizala. También podés escuchar una audiobiblia como la Audiobiblia Dramatizada NTV.
  • Conversá con Dios acerca de lo leído y lo que aparece en tu mente.
  • Prestá atención a los pensamientos que se vengan: personas, ideas, respuestas, etc. No todo pensamiento que surge durante la lectura es Dios hablándote — pero sí vale preguntarle a Él qué hacer con lo que aparece.
  • Escribí de forma manuscrita tus propias reflexiones, no todo sino los mensajes que más tocaron tu corazón. Incluso si pensás que Dios está dirigiéndote en determinada dirección, anotarla sirve para identificar patrones en el tiempo. Dios repite lo que nos quiere decir.

¿Pero si ya leí la Biblia 20 veces, para qué continuar buscando?

«A medida que los hijos de Dios crezcan en la gracia, obtendrán cada vez más clara comprensión de su Palabra, y discernirán nueva luz y belleza en sus verdades sagradas. Esto ha venido sucediendo en la historia de la iglesia a lo largo de todas las edades, y así seguirá siendo hasta el fin» (Elena G. de White, El otro poder, p. 32).


¿Con qué actitud voy a las Escrituras?

Es importante ir con deseos de aprender o incluso reaprender cosas que pensé que las sabía perfecta y completamente. Si voy con mis conclusiones ya formadas voy a querer simplemente justificar lo que creo, y no ser enseñado (estudio deductivo). Pero si voy con mis prejuicios y preconceptos dispuesto a ver lo que el texto dice, no lo que yo opino, allí puedo ser enseñado (estudio inductivo).

Elena White nos deja una pregunta que vale hacerse honestamente antes de abrir el texto:

«¿Cómo investigaremos las Escrituras? ¿Hemos de clavar las estacas doctrinales una por una y luego procurar que la Escritura se ajuste a nuestras opiniones establecidas? ¿O tomaremos nuestras ideas y conceptos de la Escritura y mediremos nuestras teorías desde todo ángulo por la Palabra de verdad? Muchos que leen y enseñan la Biblia no comprenden la preciosa verdad que están estudiando o enseñando. […] Muchos dan a la Palabra de Dios un significado que se adecua a sus propias opiniones» (Elena G. de White, El otro poder, pp. 30, 31).

¿Hay alguna opinión preconcebida que debas abandonar para permitir que las Escrituras hablen por sí mismas?


¿Qué hago con lo que obtuve de ese tiempo de estudio?

«Adonai YHVH me dio lengua de sabios, Para saber sustentar con palabras al cansado. Cada mañana me despierta, Cada mañana despierta mi oído, para que escuche como discípulo.» (BTX4 Is 50:4)

El versículo te enseña que acercarte a la Biblia cada mañana no es principalmente un acto de disciplina tuya — es una respuesta a un Dios que ya tomó la iniciativa de despertar tu oído. El motor es Dios. Cuando abrís la Escritura, no estás iniciando vos la conversación. Estás respondiendo a alguien que ya te estaba esperando y ya había comenzado a hablar.

Esto no elimina la responsabilidad del Siervo — él escucha, él se presenta, él habla. Pero la iniciativa, la apertura, la capacidad misma de recibir vienen del Padre.

Antes de que puedas dar una palabra que sostenga a alguien, Dios tiene que haberte abierto el oído esa mañana. Lo que recibís en ese encuentro no es para vos solo, es para compartir. Al compartir, recordás en tu mente lo que Dios te dio y lo transformás en palabras que ayudan a otra persona. Ambos son beneficiados.