El leproso


Introducción
«El que no ama, no conoció a DIOS, porque DIOS es amor.» (BTX4 1Jn 4:8)

«El último mensaje de clemencia que debe darse al mundo es una revelación de su carácter de amor» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 344)


Textos
Marcos 1:40-45


Contexto
La tradición sostiene que Juan Marcos fue registrando las predicaciones de Pedro. Marcos escribió para gentiles (probablemente romanos). Tiene un estilo de acción y de rapidez.

¿Por qué Marcos escribe un evangelio con tantas repeticiones de la palabra «inmediatamente» y tanta acción?
El mundo romano evaluaba a alguien por el poder demostrado. No se impresionaban con discursos filosóficos abstractos como los griegos. Lo romano era la acción, el resultado y la autoridad que se ve en lo que alguien hace.

¿Qué demuestra esto sobre el carácter de Dios?
Su carácter de amor no cambia, pero se adapta al público que va a recibir su mensaje. ¿Necesitás milagros? Tiene ¿Necesitás argumentos teológicos? Tiene ¿Necesitas evidencia científica? Tiene

¿Cómo era la vida de un leproso?
Para poder sacar el mayor provecho al meditar esta historia, tenemos que ejercitar la empatía, es decir, ponernos en el lugar del personaje. ¿Cómo nos sentiríamos? ¿Somos nosotros el leproso? ¿Tratamos a otros como si lo fuesen? ¿Somos indiferentes ante los leprosos modernos? Estemos atentos a todo pensamiento que venga al corazón mientras leemos esto.

«Y el leproso, en quien está la llaga: que sus vestidos sean desgarrados y su cabeza descubierta y se ponga algo alrededor de su boca, y será llamado impuro. Permanecerá impuro todo el tiempo que tenga la llaga. Siendo impuro, morará solo. Su morada estará fuera del campamento.» (BTX4 Lv 13:45-46)

Médicamente, la lepra cubría un amplio espectro de condiciones de la piel: psoriasis, vitiligo, hongos, eccemas, y la enfermedad de Hansen (lepra médica). Lo determinaba un sacerdote siguiendo los lineamientos de Levítico 13.

En el aspecto religioso, la persona era excluida del Templo y de la sinagoga.

En el aspecto familiar, no podía tocar ni estar con su esposa, hijos, padres, parientes.

En el aspecto laboral y económico, no podía trabajar ni tampoco ir al mercado.

En el aspecto social, no podia tener vida en comunidad de ningún tipo.

En el aspecto teológico, vemos la erradísima concepción del carácter de Dios de la época. La enfermedad prolongada y visible era considerada un castigo de Dios. A la persona no solo se la consideraba despreciada por Dios, sino alguien de quien Dios también se había alejado.

En el aspecto psicológico y neurocientífico está la peor parte. Era el único grupo en Israel obligado por ley a autohumillarse públicamente y de forma permanente.

1 – El rechazo social activa las mismas regiones cerebrales que el dolor físico, como cuando te quemás o golpeas. Para el leproso esto no ocurría una vez, sino que era constante y todos los días, durante años.

2 – Cuando alguien vive en exclusión permanente la amígdala queda en hipervigilancia crónica. Esto causa interpretación constante del entorno como hostil, dificultad para confiar, y estrés que, con el tiempo, daña el sistema inmune, la memoria, la regulación emocional, y el descanso. El leproso vivía así.

3 – La narrativa interna, es decir, lo que nos decimos a nosotros mismos, cambia nuestro cerebro. Se generan estructuras mentales que filtran toda experiencia nueva a través de una creencia consolidada. Un gesto amable se interpreta como lástima. Una oportunidad se descarta porque no soy merecedor de ella. La humillacion de Satanas es repetirse a uno mismo que no valés, que nadie te quiere, que no servís para nada, que no sos amado por nadie, que si no estuvieras sería lo mismo. El leproso se repetía a sí mismo que era inmundo, que todos lo despreciaban, y lo peor de todo, creía no solo que Dios no lo amaba, sino que también lo había abandonado.

La mayor enfermedad de este hombre no era la física, sino la psíquica, mental, espiritual.

Miremos hacia afuera: ¿Hace cuanto que a las personas de tu círculo de influencia (amigos, familia, etc) no les decís lo importante que son para vos, les das un abrazo, o les haces un regalo, ya sea material o en tiempo de calidad?

Pero como Jesús nos pidió amar al prójimo como a uno mismo, miremos adentro: ¿Qué narrativa interna tenés? ¿Qué cosas te decís a vos mismo? ¿Sos compasivo, te mimas, te das una palmada en la espalda, o sos autoexigente, autoflagelante, e hiriente con vos mismo?

¿Cómo puedo ver el amor en Levítico 13:45-46?

«Nadie ha visto jamás a DIOS; el Unigénito DIOS (que está en el seno del Padre), Él lo explicó.» (BTX4 Jn 1:18)

Cuando hay tensión entre una ley del Antiguo Testamento y el carácter que Jesús revela, no descartamos la ley, pero la leemos a través del carácter de Jesús.

La ley del Levítico tiene una función de salud pública primitiva: aislar al afectado para proteger al grupo. No es muy distinto a una cuarentena.

El problema no era la intención original de la norma — era lo que la cultura y la teología popular hicieron con ella: convirtieron una medida de protección comunitaria en una declaración sobre el valor de la persona y sobre la actitud de Dios hacia ella. Una mentira de Satanás que leudó toda la masa.


«Y se le acerca un leproso rogándole, y le dice: Si quieres, puedes limpiarme.» (BTX4 Mr 1:40)

¿Por qué le dice «si quieres»?
El leproso no dudaba del poder de Jesús, de su omnipotencia, como sí sucedió en el caso del padre que llevaba a su hijo endemoniado para que sea sanado.

«y muchas veces hasta lo echaba al fuego y al agua para matarlo. Pero, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos. JESÚS le dijo: ¿Si puedes? ¡Todo es posible para el que cree!» (BTX4 Mr 9:22-23)

Al leproso quizás hacian años que nadie le hablaba en ninguno de sus lenguajes del amor. Años sin abrazos. Años sin palabras de afirmación sino de desprecio. Años sin tiempo de calidad con nadie. Años sin regalos. Años sin actos de servicio. Conocía al Dios omnipotente pero no concebía la posibilidad de ser amado por Él, ni por nadie.

¿Hay algún área de tu vida donde también sabés que Dios tiene el poder para resolver, pero no estás seguro de que Dios quiera ocuparse de vos?

Testimonio personal
Yo me había quedado solo tras confesar mis infidelidades a mi pareja anterior. Le decía a Jesús que no merecía ser amado. ¿Quién me iba a amar con mi pasado? ¿Quién se iba a fijar en mí, si los métodos de seducción del mundo ya no los usaba? Recuerdo que una vez que fui a una médica que conocía mi nueva amistad con Jesús, me preguntó como estaba mi pareja. Yo le dije que habíamos terminado. Y una frase que dijo ella me quedó rumiando en la mente: «Vida nueva, novia nueva». Jesús me regaló un corazón nuevo, nuevos amigos, una esposa, y una familia.  ¿Será que muchas veces nos sentimos indignos de recibir amor y no nos dejamos amar por Dios?


«Jesús, profundamente conmovido, extendió la mano, le tocó y le dijo: —Quiero, sé limpio. Tan pronto terminó de hablar, le desapareció la lepra y quedó limpio.» (RV’20 Mc 1:41-42)

Lo primero que registra Marcos no es lo que Jesús dijo ni lo que Jesús hizo. Es lo que Jesús sintió.

En el mundo helenístico y hebreo, las emociones profundas se localizaban no en la cabeza sino en el vientre. Este término describe una emoción que viene desde adentro. No es una decisión compasiva. Es una respuesta visceral. Jesús se conmueve en las entrañas ante este hombre. Por ejemplo: Cuando un hijo o una pareja te dice «Te amo» y uno se conmueve por dentro, así es. Mi papá es una persona muy sensible, y algo que yo solía hacer era ir y decirle: «Te amo papá», porque él se quebraba siempre que lo escuchaba y me encantaba ver eso.

Este tipo de emociones se manifiestan en lo gestual. Finalmente, el leproso seguramente ve quizás la primera manifestación de verdadera compasión por él. Esta es la primera señal que percibe indicándole que a Jesús le interesaba su persona.

¿Por qué Jesús lo tocó?
Jesús sanó muchas veces sin tocar a las personas (por ejemplo, en todo el evangelio de Juan).

Ese hombre no había sido tocado en años. El toque no fue para sanar al leproso, sino para que se sienta amado y no despreciado. El toque no lo necesitaba Jesús, lo necesitaba el leproso.

Testimonio Personal

Mis lenguajes del amor son el toque físico y las palabras de afirmación. Una vez le dije a Jesús que todavía Él no podía abrazarme pero que me gustaría que me dijera algo lindo. A las horas me fui a caminar y agarré un camino distinto. Luego de un rato, apareció delante mío una pared con un mural que decía «Te Amo» y un corazón con mi color favorito que es el violeta. Cuando lo vi, vino el flechazo al corazón.

¿Qué efecto tiene la frase: «Quiero, sé limpio»?
Esa palabra deshace, en un instante, todo lo que años de sistema religioso y exclusión construyeron en la psique de este hombre. Es la frase que arranca la mentira de Satanás acerca del carácter de Dios, y restaura la imagen correcta.


«Entonces Él, enfurecido, extendió su mano y lo tocó, y le dice: Quiero, ¡sé limpio! Y al instante la lepra salió de él y fue limpiado.» (BTX4 Mr 1:41-42)

¿Por qué hay versiones que dicen enfurecido?
Ambas lecturas son válidas y revelan aspectos diferentes del carácter de Dios.

– Jesús estaba enfurecido con la enfermedad que tanto sufrimiento le produjo al hombre.

– Jesús estaba enfurecido con el sistema religioso que había convertido una medida sanitaria en una declaración de abandono de Dios (se creyeron la mentira de Satanás).


«Y airado con él, enseguida lo echó, diciéndole: Mira, a nadie digas nada, sino ve, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que Moisés ordenó, para testimonio a ellos.» (BTX4 Mr 1:43-44)

¿Por qué Jesús le pide que no diga nada al público general?
Porque la gente en lugar de recibir una visión más clara del verdadero carácter de Dios, iba a oscurecerla aun más: Un libertador político y militar — alguien que expulsara a Roma, que restaurara el reino davídico, que demostrara poder sobre los enemigos visibles.

Si la noticia de sus milagros se esparcía sin control, las multitudes iban a intentar coronarlo rey antes de que llegara la cruz.

¿Pero por que sí, en el caso de los sacerdotes?
La Biblia registra 4 leprosos antes de este episodio (Miriam, Naaman, Uzías y Giezi).
Miriam — sanación después de siete días.
Naamán — sanación después de siete inmersiones en el Jordán.
Uzías — sin sanación, murió leproso.
Giezi — sin sanación, y su descendencia también quedó leprosa.

El rabinismo tenía un dicho: curar a un leproso es tan difícil como resucitar a un muerto. Era considerado prácticamente imposible — algo que solo Dios podía hacer directamente, no a través de un hombre.

Este testimonio era una llave para poder abrir corazones, justamente en el corazón del sistema religioso.

¿Por qué dice que Jesús estaba airado cuando se lo dijo?
Describe el resoplido de un caballo de guerra, ese sonido gutural que hace un animal grande cuando está tenso, cargado de energía contenida. En sentido humano describe una emoción intensa e interna que se expresa físicamente.

Jesús seguramente sabía que el hombre iba a declarar públicamente el milagro, y además que los sacerdotes no iban a recibir su testimonio.

A Jesús le duele tanto que malinterpreten el verdadero carácter de Dios (mentiras sembradas por Satanás), como que se nieguen a querer conocerlo (evitar que la mentira se arranque y se siembre la verdad).


«Pero él, saliendo, comenzó a pregonar en alto y a divulgar el asunto, hasta el punto que Él no podía entrar públicamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares despoblados, y acudían a Él de todas partes.» (BTX4 Mr 1:45)

Ironía: El proclamador termina en el desierto, y el curado termina proclamando.

La desobediencia de este hombre no nace de rebeldía sino de desborde. Y Marcos lo registra sin juzgarlo — porque Jesús tampoco lo juzgó.

El Reino de Dios no depende de la obediencia perfecta de sus beneficiarios para avanzar.

¿Hubo algún momento en tu vida donde la experiencia de encontrarte con Jesús te resultó imposible de guardar solo para vos?


Conclusión
«El que no ama, no conoció a DIOS, porque DIOS es amor.» (BTX4 1Jn 4:8)

«El último mensaje de clemencia que debe darse al mundo es una revelación de su carácter de amor» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 344)