Lección 4. El papel de la Biblia

por Nico Bertoa


«Porque la Palabra de DIOS es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta dividir el alma y el espíritu, y hasta las coyunturas y los tuétanos, y es capaz de discernir los pensamientos y las intenciones del corazón, y no hay criatura escondida en su presencia. Antes bien, todas las cosas están desnudas y expuestas a los ojos de Aquél a quien tenemos que dar cuenta.» (BTX4 He 4:12-13)

Si ya tenían las Escrituras y eran hiperestudiosos, ¿por qué no cambiaban?

«Escudriñáis las Escrituras porque os parece que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de Mí, ¡y no queréis venir a Mí para tener vida!» (BTX4 Jn 5:39-40)

Los líderes religiosos usaban las Escrituras para:

  • Confirmar lo que ya creían sobre Dios (lectura deductiva en lugar de inductiva)
  • Establecer autoridad sobre otros (debates)
  • Construir identidad grupal («nosotros somos los que conocemos la Ley»)
  • Defenderse de la incomodidad de ser cambiados (conducta vs nueva naturaleza)

Lo acusaban a Jesús de haber quebrantado el sábado pero, Jesús no argumenta con ellos sobre el sábado. Les habla del problema más profundo.

Tenían 4 testigos de quién Jesús decía ser y no veían ninguno: Juan el Bautista, las obras de Jesús, el Padre mismo y las Escrituras.

Jesús usa lo que ellos ya aman (las Escrituras) para invitarlos a una relación personal. Las Escrituras no son el problema, el problema es convertirlas en el objeto de adoración (bibliolatrismo) cuando apuntan a Jesús. La luz mayor es Jesús y la luz menor las Escrituras. La luna refleja la luz del Sol de Justicia.

¿Cuándo fue la última vez que algo en las Escrituras te incomodó genuinamente, que te tocó algo que preferirías no tocar?

¿Qué cosas te cuestan de tu vida devocional?

¿Qué herramientas te sirven en tu vida devocional?

  • Tener un diario donde anoto lo que me llamó la atención cuando oro o medito en las Escrituras.
  • Lectura meditativa de las Escrituras, no solo lectura de libros que otros escribieron o de la lección de Escuela Sabática.

La pregunta más honesta antes de «¿qué herramientas uso?» es: ¿para qué quiero acercarme al texto? ¿Para conocer más sobre Dios o para estar con él? Eso no significa que las herramientas sean malas. Significa que son medios, no fines.


«ya que desde niñito conoces las Sagradas Escrituras, las cuales pueden hacerte sabio en la salvación que por la fe hay en CRISTO JESÚS. Toda la Escritura es inspirada por DIOS, y es útil para la enseñanza, para la refutación del error, para la corrección, para la instrucción en la justicia, a fin de que el hombre de DIOS esté capacitado, completamente equipado para toda buena obra.» (BTX4 2Ti 3:15-17)

¿En qué te hacen sabio las Escrituras?

Las Escrituras no producen sabiduría en abstracto. La producen en la medida en que llevan a la fe en una Persona, es decir, a la confianza en Jesús. Las Escrituras apuntan a Cristo, y es en esa dirección donde opera su poder transformador.

«Santifícalos en la verdad; tu Palabra es verdad.» (BTX4 Jn 17:17)

¿A qué tipo de santificación se refiere el texto?

La santificación no es un proyecto de «automejora» para coleccionar medallas morales, sino el proceso de ser apartados para un uso exclusivo: la misión de Dios. No podés separar el carácter de la tarea porque el carácter es el «envase» que hace creíble el mensaje; de nada sirve tener la Verdad en los labios si la vida no refleja la naturaleza de quien la pronunció. En este sentido, la santificación es consagración misional: Dios no nos limpia para que nos quedemos admirando nuestra propia pureza en el espejo, sino para que seamos herramientas afiladas y funcionales.

¿Qué es la verdad?

«JESÚS le dice: Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por Mí.» (BTX4 Jn 14:6)

Jesús está diciendo: «Padre, consagrálos por medio de mí.» La verdad en Juan es una persona, no un conjunto de datos.

¿Hay áreas donde buscás «la verdad» en las Escrituras de manera abstracta, separada del contacto con Jesús mismo? ¿Qué pasaría si cada vez que abrís la Biblia preguntaras: ¿dónde veo a Jesús en esto?


Agur dice: «En verdad soy el más ignorante de los hombres y no tengo inteligencia humana.» (BTX4, Proverbios 30:2)

«Toda Palabra de Eloah es limpia; Él es escudo a los que lo esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso.» (BTX4, Proverbios 30:5-6)

Agur confiesa su ignorancia antes de hablar sobre la pureza de la Palabra. ¿Con qué postura te acercás vos a las Escrituras? ¿Como alguien que ya sabe lo que va a encontrar, o como alguien que reconoce que hay más de lo que puede ver?

El orgulloso «deduce» (impone su idea), el humilde «induce» (deja que el texto hable). Nadie llega al texto «vacío»; siempre tenemos presuposiciones. El éxito no es no tenerlas, sino rendirlas ante el texto.

Si vamos con humildad a las Escrituras y el deseo de aprender, e incluso reaprender, estamos mejor predispuestos para hallar joyas nuevas, como dice la siguiente cita: «Hay minas de verdad que ha de descubrir todavía el investigador ferviente» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 659)


«Y por esto damos gracias sin cesar a DIOS, porque habiendo recibido de nosotros la Palabra del mensaje de DIOS, la acogisteis, no como palabra de hombres, sino tal como es en verdad, Palabra de DIOS, la cual también os energiza a vosotros, los que creéis.» (1 Tesalonicenses 2:13)

¿A qué se refiere Pablo con «Palabra de DIOS»?

Pablo no dice «las Escrituras» aquí. Dice la Palabra de Dios, refiriéndose al mensaje oral que predicó, antes de que existiera ningún texto neotestamentario canónico. Esto es teológicamente significativo: la Palabra de Dios no es idéntica al texto escrito. El texto escrito es una de sus formas — la forma que permite la transmisión a través del tiempo y que es normativa para toda la humanidad. Pero la comunicación viva de Dios puede llegar también a través de la predicación, la enseñanza y el testimonio personal.

Lo que hace que algo sea Palabra de Dios no es el medio sino el origen y el aliento que lo anima. Y aquí vale una distinción importante: la Escritura contiene la voluntad general de Dios para todo ser humano — su carácter, sus propósitos, los principios que gobiernan la vida. Pero no contiene la voluntad particular de Dios para cada decisión concreta de cada persona — cuándo, con quién, hacia dónde. Para eso está el Espíritu, que toma lo general y lo aplica a lo particular. Uno norma. El otro guía. Y ninguna dirección del Espíritu va a contradecir el carácter de Dios tal como está revelado en Jesús y en la Escritura — porque es el mismo Espíritu el que inspiró ambos.

Los tesalonicenses recibieron la Palabra reconociendo su origen, y eso fue lo que activó su poder. ¿Con qué postura concreta llegás vos a las Escrituras hoy? ¿Cómo información sobre Dios o como comunicación de Dios dirigida a vos?


«En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra Ti.» (BTX4 Sal 119:11)

¿Qué significa «guardar» en este versículo?

No es el almacenamiento pasivo de información. Es el acto intencional de poner algo precioso en el lugar más protegido que existe.

En la antropología hebrea, el corazón no es el centro de las emociones como en occidente. Es el centro de la voluntad, el pensamiento y la identidad. El corazón es donde una persona realmente es quien es, donde se toman las decisiones más profundas, donde se forman las convicciones que gobiernan la conducta.

¿A qué dichos se refiere?

No a «la Palabra de Dios en general», sino a cada cosa particular que Dios dijo. El salmista no está hablando de una actitud general hacia las Escrituras. Está hablando de palabras específicas, dichos concretos, que tomó uno por uno y fue colocando en su corazón. Es un proceso particular y acumulativo, no una experiencia religiosa global sino una práctica deliberada de incorporación.

¿Cuál es el pecado al que se refiere el versículo?

El pecado aquí no es principalmente una transgresión de un código. Es una ruptura de relación. El salmista guarda la Palabra de Dios en su corazón porque lo que más le importa es no dañar su relación con Aquel que habló esas palabras.

La diferencia entre el fariseo y el salmista no es la cantidad de texto que conocían. Es el lugar donde lo pusieron y la razón por la que lo guardaron. Uno lo puso en la mente para argumentar. El otro lo puso en el corazón para no herir a Aquel que lo dijo.

¿Qué beneficio tiene guardar los dichos en mi corazón?

El Salmo 119:11 — esconder la Palabra en el corazón — no es solo para tener doctrina correcta. Es para formar el oído interno que aprende a reconocer la voz de Dios en lo concreto. Cuanto más reflexionás en la Escritura, más conocés el carácter de quien habla. Y cuanto más conocés el carácter de quien habla, más fácil es reconocer su voz cuando dice algo que no está escrito.

La Escritura forma el oído. El Espíritu habla al oído formado. Y la vida devocional sostenida es lo que hace que ese oído se afine con el tiempo.

Testimonio de guardar una promesa en el corazón y ver los beneficios de confiar en ella

Jesús dijo buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás será añadido. Hace cinco años tomé la decisión de guardar en mi corazón esa promesa. Soy desarrollador de software, con deadlines y clientes que esperan resultados, y sin embargo dedico la primera parte del día a estar con Jesús. ¿Cómo llego con el tiempo si además de las entregas también paso tiempo capacitándome? Cuando empiezo el día habiendo estado con mi mejor amigo, no calculo ni administro ansiosamente el tiempo, simplemente confío y el tiempo alcanza y sobra.

¿Desde qué lugar te acercás vos habitualmente a las Escrituras, desde el deseo de no cometer errores, o desde el deseo de no herir a Alguien que amás?


«Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de DIOS, porque para él son necedad, y no puede entenderlas porque se han de discernir espiritualmente.» (1 Corintios 2:14)

¿Qué es el hombre natural?

No es una palabra peyorativa en sí misma. Describe al ser humano funcionando exclusivamente con sus propios recursos naturales como la razón, experiencia, intuición, cultura, filosofía. La persona puede ser brillante, culta, moralmente seria. Simplemente opera sin el Espíritu de Dios como factor activo en su comprensión.

¿Por qué no puede entenderlas?

No es que no quiera, es que le falta la capacidad. Es como pedirle a alguien que vea colores en la oscuridad total, no es cuestión de esfuerzo sino de ausencia de la luz necesaria.

Los fariseos tenían las Escrituras. Las habían memorizado. Las estudiaban con toda la capacidad intelectual disponible. Y no vieron nada. Ahora tenemos el diagnóstico completo: operaban como «naturales». No porque fueran malos, sino porque aplicaban criterios humanos para evaluar algo que solo puede ser discernido espiritualmente. La Palabra estaba ahí. El problema no era el texto. Era el instrumento de evaluación.

Este texto explica por qué hay personas inteligentes, cultas y moralmente serias que leen la Biblia y no encuentran nada. ¿Cambia esto tu manera de relacionarte con personas cercanas que no creen, menos frustración por su «resistencia», más comprensión de su condición?

Si el hombre natural no puede entender las cosas del Espíritu, entonces para creer necesita entender primero, pero para entender necesita el Espíritu, y para tener el Espíritu necesita creer. ¿No hay una trampa lógica?

«Así que la fe viene por lo que se oye, y lo que se oye a través de la Palabra de CRISTO.» (Romanos 10:17)

El acto de oír — la experiencia auditiva, el sonido que llega al oído. El mensaje oído — el contenido que fue recibido, lo que quedó después de oír.

Pablo está usando ambos sentidos a la vez deliberadamente. La fe no viene solo del acto físico de oír sonidos. Viene de recibir el mensaje que esos sonidos transportan. Y ese mensaje tiene un origen específico — la Palabra de Cristo.

La fe no viene de la Escritura como texto guardado en un estante. Viene de la Escritura vocalizada, predicada, leída en voz alta, conversada, testimoniada. Viene de la Palabra de Cristo sonando en el mundo a través de labios humanos.

Hay que comenzar exponiéndose al texto. No entenderlo primero. No resolverlo. Simplemente estar en su presencia, porque el Espíritu usa la Palabra como el medio por el cual sopla. La Palabra es el viento visible del Espíritu invisible.