por Nico Bertoa
«Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» (BTX4 Lc 14:11)
Lo que el ser humano busca por sus propios medios (honor, estatus, reconocimiento), Dios lo otorga precisamente a quienes no lo buscan.
El Orgullo
El orgullo surge del deseo de demostrar que somos valiosos (origen psicológico)
El orgullo consiste en considerarse más importante o mejor que los demás (expresión relacional)
El orgullo consiste en no tributar a Dios la gloria por lo que él hace en nuestra vida (dimensión teológica).
El orgullo es la consecuencia inevitable de buscar en el mundo lo que solo se encuentra en Dios.
¿Por qué vale la pena estudiar este tema con tanta profundidad?
«No hay nada que ofenda tanto a Dios, o que sea tan peligroso para el alma humana, como el orgullo y la suficiencia propia. De todos los pecados es el más pernicioso, el más incurable» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 122, Ellen White).
¿Qué significa enaltecerse?
La actitud del corazón que busca ser reconocido, visto y valorado por los demás. No es necesariamente que la persona diga «yo soy el mejor». Puede ser más sutil: el que se esfuerza por ser visto, el que maniobra socialmente para quedar bien posicionado, el que necesita que los demás lo validen.
¿Cuál es la humillación de Satanás?
«No valés nada, nadie te quiere, no sos importante, nunca vas a cambiar, no servís para nada»
El orgulloso piensa todo el tiempo en cómo ser visto. El que se autohumilla también piensa todo el tiempo en sí mismo, pero en versión negativa.
Si me humillo para que Dios me exalte, no me estoy humillando; estoy negociando.
¿Cuál es la humillación bíblica?
Es una disposición genuina del corazón que no necesita el reconocimiento humano para sentirse segura, que puede ocupar el último lugar sin ansiedad, porque su identidad no depende del aplauso, sino de su relación íntima con Dios.
La humildad bíblica es en cierto sentido un olvido del yo —la persona libre no está obsesionada con su imagen ni hacia arriba ni hacia abajo. La persona se olvida de sí misma para pensar en Jesús.
La humildad bíblica no es un acto de valentía sino un acto de confianza — y la confianza requiere conocer el carácter de aquel en quien confías.
¿Quién es el que enaltece o humilla?
El que enaltece o humilla es Dios.
Cuando dejamos de «gestionar» nuestro propio honor, le permitimos a Dios ser quien nos defina.
«No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo: la pasión de la carne, la codicia de los ojos y la soberbia de la riqueza, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo está pasando, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de DIOS permanece para siempre.» (BTX4 1Jn 2:15-17)
¿Qué es el mundo al que no hay que amar?
Es el sistema de valores, deseos y prioridades que opera independientemente de Dios, organizado alrededor del yo y no del Creador.
¿Cuál es el origen del enaltecimiento?
La concupiscencia de la carne, de los ojos y la jactancia de la vida.
¿Qué es la concupiscencia de la carne?
El deseo desordenado de satisfacción sensorial e inmediata. No se refiere solo a lo sexual —abarca todo lo que busca el placer o el alivio por fuera de Dios. La pregunta de fondo es: ¿qué uso para calmar mi ansiedad o llenar mi vacío?
¿Qué es la concupiscencia de los ojos?
El deseo desordenado de poseer lo que se ve. Es la codicia, la envidia, el querer tener lo que otro tiene. Pero también es algo más sutil: el mundo moderno lo llama lifestyle, la necesidad de proyectar una imagen de éxito, de vivir de una manera que los demás vean y admiren.
¿Qué es la jactancia de la vida?
Es la fanfarronería, la actitud del que presume de lo que tiene o de lo que es. No es simplemente tener recursos o posición —es usarlos para construir una imagen pública, para ser reconocido, para que otros sepan cuánto valés.
¿Cómo conocerme mejor? ¿Cómo saber si soy orgulloso o me gusta enaltecerme?
«Hay una sola forma en que podemos obtener un conocimiento verdadero de nosotros mismos. Debemos contemplar a Cristo. La ignorancia de su vida y su carácter induce a los mortales a exaltarse en su propia justicia» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 126, Ellen G. White).
«A unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los demás, les contó esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: el uno fariseo y el otro publicano. El fariseo, de pie, oraba consigo mismo estas cosas: Oh DIOS, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; o aun como este publicano. Ayuno dos veces a la semana y pago el diezmo de todo lo que gano. Pero el publicano, a distancia, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh DIOS, sé propicio a mí, pecador! Os digo: «Este bajó a su casa justificado en vez de aquel, porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla a sí mismo será enaltecido.» (BTX4 Lc 18:9-14)
¿Por qué el fariseo denota enaltecimiento y orgullo espiritual?
Su oración no es realmente una conversación con Dios —es un informe de méritos. Lucas dice que «oraba consigo mismo». La oración era dirigida hacia sí mismo, no hacia Dios.
¿Por qué el publicano denota humillación y humildad?
Se queda lejos (último lugar), no entra al Templo (primer lugar).
El publicano no tiene logros que presentar. Su única carta es la misericordia de Dios.
Su única referencia es Dios, no los demás hombres. Por eso está fuera del juego comparativo.
«Por fe Moisés, ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes padecer aflicción con el pueblo de DIOS, que tener el gozo temporal del pecado, considerando mayor riqueza el vituperio de CRISTO que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en el galardón.» (BTX4 He 11:24-26)
¿Por qué Moisés es un ejemplo de que la relación con Dios transforma al punto de rechazar al mundo y a lo que hay en él?
Moisés tenía en sus manos las tres concupiscencias en su versión máxima:
- La concupiscencia de la carne → todos los deleites del palacio real.
- La concupiscencia de los ojos → los tesoros de los egipcios, que el texto menciona explícitamente.
- La jactancia de la vida → el título de nieto del Faraón, el estatus más alto imaginable.
Si el galardón es abstracto, el palacio de Egipto siempre va a ganar. Si el galardón es real y concreto, la elección de Moisés deja de parecer heroica y empieza a parecer simplemente lógica.
«Hubo también entre ellos una contienda sobre quién de ellos parecía ser el mayor. Él entonces les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que tienen autoridad sobre ellas son llamados bienhechores. Pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros hágase como el menor; y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor, el que se reclina, o el que sirve? ¿No es el que se reclina? Y yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.» (BTX4 Lc 22:24-27)
¿Qué nuevas enseñanzas sacamos de este texto?
- El orgullo no se cura solo por estar cerca de Jesús. Los discípulos estaban en la última cena —el momento más sagrado— y aun así disputaban por el mayor. La proximidad a lo sagrado no garantiza la transformación del corazón. Esto es un diagnóstico sobrio y necesario.
- El servicio puede ser una forma de orgullo disfrazado. Los reyes paganos se llamaban a sí mismos bienhechores. El antídoto no es simplemente servir más —es servir desde un corazón que ya no necesita ser reconocido por servir.
¿Pero no es que si estoy cerca de Jesús soy transformado?
La proximidad sin contemplación deja el corazón donde estaba. La contemplación sin proximidad física transforma.
La ley de la contemplación no dice que la transformación viene de estar cerca de Jesús. Dice que viene de contemplarlo —que es una actividad deliberada, sostenida y orientada del corazón y la mente. Es una mirada que se detiene, que estudia, que deja que lo que ve le hable.
Los discípulos en la última cena no estaban haciendo eso. Estaban físicamente sentados con Jesús, pero su atención estaba puesta en sí mismos —en su posición, en su estatus, en quién merecía más honor. Estaban contemplándose a sí mismos, no a Jesús.
Por eso alguien puede leer la Biblia todos los días y no cambiar —si la lee para confirmar lo que ya cree, para acumular conocimiento, para tener argumentos. Y por eso alguien puede meditar profundamente en la vida de Cristo y salir siendo una persona diferente —porque se expuso genuinamente a lo que vio.
«Nada hagáis por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, considerándoos los unos a los otros como superiores a vosotros mismos. No mirando cada cual por su propio interés, sino aun por el de los demás. Tened entre vosotros este sentimiento que hubo también en CRISTO JESÚS: El cual, existiendo en forma de DIOS, no consideró aprovecharse de ser igual a DIOS, sino que se vació a sí mismo tomando forma de esclavo, haciéndose semejante a los hombres; y mostrándose en apariencia como hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.» (BTX4 Fil 2:3-8)
¿Qué significa considerar a los demás como superiores a uno mismo?
No significa que debés creer que todos son literalmente mejores que vos en todo. Significa algo más preciso: orientar la atención hacia las necesidades, méritos y valor de los demás en lugar de hacia los propios.
«No busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás»
Los discípulos en la última cena estaban buscando sus propios intereses —su posición, su estatus, su lugar en la jerarquía del Reino. Jesús les dice que el modelo del Reino invierte exactamente eso.
Preguntas de Reflexión
¿Cuándo fue la última vez que te ensalzaste a ti mismo? ¿Cómo afectó eso tu relación con Dios y con quienes lo presenciaron?
¿Hay algún área donde estés usando la humildad como estrategia — esperando en el fondo que alguien lo note, o que Dios te recompense por ello?
¿Cuándo oro y leo la Biblia, estoy contemplando a Cristo o estoy contemplándome a mí mismo a través de él —buscando confirmar que soy bueno, que tengo razón, que soy mejor que otros?
¿A qué privilegio, posición o imagen estás aferrándote hoy que Jesús, siendo Dios, eligió soltar?
Práctica: ¿Cómo fijar los ojos en Cristo?
En mi tiempo devocional hago lo siguiente para practicar la contemplación de Jesús:
(1) Tomo un personaje, parábola o historia de los evangelios.
(2) Tomo 1 versículo de lo elegido.
(3) Lo medito e imagino y anoto lo que se me viene a la mente. Si lo hacés de forma manuscrita, aun mejor.
(4) Utilizo una IA como Gemini o Claude para obtener mayor información sobre el contexto, personajes, etc.
(5) Anoto lo que tocó mi corazón de lo que la IA me dio.
(6) Converso con Jesús sobre lo anotado. Muchas veces cuando hago esto, Él trae nuevas preguntas y reflexiones a la mente para anotar.
(7) Itero este proceso hasta terminar la historia, sin importar si toma horas, días o semanas.
(8) Por último, lo comparto en un blog personal para que otros se nutran, y de paso me queda armada una predicación para la iglesia.
Testimonio: Mi pasado con el orgullo
En un momento de la relación con Jesús, le dije que tenía miedo de ser orgulloso espiritualmente y terminar siendo como Satanás. En este episodio del podcast «Jesús y yo», te cuento cómo fue todo.
Conclusión
El orgulloso piensa en sí mismo hacia arriba, el autohumillado satánicamente piensa en sí mismo hacia abajo, y el humilde bíblico simplemente mira a Jesús. Y quien mira a Jesús, como Moisés, empieza a ver el palacio de Egipto por lo que realmente es: algo que pasa.
El orgullo puede ser uno de los mayores obstáculos para crecer en una relación con Dios. Si nos sentimos autosuficientes y no somos conscientes de nuestra necesidad de esta relación, simplemente no la buscaremos.
