Mateo 6

Asegúrate de no vivir tu vida para aparentar, actuando como justo con el fin de impresionar a los demás. Ese comportamiento se basa en el egoísmo e impide el beneficio que resulta de vivir en armonía con tu Padre celestial.

Cuando ayudes a alguien necesitado, no lo conviertas en un espectáculo ni en una propaganda para ganar la admiración de la gente, como hacen los políticos, tanto dentro como fuera de la iglesia. Te digo con claridad que ya recibieron la recompensa que sus corazones egoístas desean. Cuando ayudes a otros, hazlo con discreción, sin buscar ser el centro de atención, sino motivado por el amor. Entonces la intención secreta de tu corazón estará en sintonía con tu Padre, y recibirás la recompensa que surge de estar en unidad con él.

Cuando ores, no seas como esos hipócritas que aparentan piedad espiritual y que aman orar en público para llamar la atención. Te aseguro que ya recibieron la recompensa que sus corazones egoístas anhelan. Pero cuando hables con Dios, ve a un lugar privado donde puedas ser íntimo y genuino con tu Padre, y ábrete a él. Entonces experimentarás la recompensa de compartir los secretos de tu corazón con él.

Recuerda que orar es conversar con Dios, como hablar con tu amigo más cercano. No ores como los paganos, que recitan mantras, repiten oraciones memorizadas una y otra vez, o simplemente hacen todo el monólogo pensando que, si hablan lo suficiente, obtendrán lo que quieren. No te dejes engañar por esas artimañas. Ten presente que estás hablando con tu Padre, y él ya sabe lo que necesitas y anhela hacer todo para tu bien eterno, aun antes de que se lo pidas.

Este es un ejemplo de cómo hablar con Dios: Padre nuestro que estás en los cielos, tu carácter es hermoso y santo; revelanos más de ti. Que venga tu reino de amor y que tu perfecta voluntad se cumpla en la tierra así como se cumple en el cielo. Danos hoy lo que necesitamos, y perdona nuestras faltas, así como nosotros perdonamos a quienes nos han ofendido. Guíanos lejos de la tentación y líbranos del mal. Porque tuyo es el reino del amor, y el poder del amor, y la gloria del amor, por los siglos de los siglos. ¡Que así sea siempre!

Porque es cuando perdonas a otros sus faltas que tu corazón queda abierto para recibir el poder de perdón y sanidad que tu Padre celestial extiende hacia ti. Pero si endureces tu corazón y te niegas a perdonar las ofensas de los demás, tu corazón permanecerá cerrado e incapaz de recibir el perdón que tu Padre celestial quiere darte.

Cuando ayunes, no lo publiques como hacen los charlatanes espirituales: ellos gimen, se quejan y hasta usan maquillaje para aparentar flacura, con el fin de que la gente note que están ayunando. Te digo con claridad que ya recibieron la recompensa que sus corazones egoístas buscaban. En cambio, cuando ayunes, dúchate, arréglate y preséntate con normalidad, de modo que nadie lo note; pero tu Padre celestial conoce los secretos de tu corazón, y experimentarás la recompensa de su presencia activa en tu vida.

No gastes tu energía acumulando riquezas terrenales que pueden ser robadas, corroídas por el óxido o que simplemente pierden valor con el tiempo. Más bien, utiliza tu energía para construir un tesoro celestial de amor y bondad, que no puede ser robado ni se deteriora. Porque lo que más atesores será lo que capture la devoción de tu corazón, y allí es donde querrás estar.

Tus ojos son las ventanas de tu mente. Si tus ojos están abiertos y eres honesto con la evidencia, tu mente se llenará de luz y verdad. Pero si miras a través de ojos nublados por el egoísmo, distorsionarás la evidencia y tu mente se oscurecerá; y aun la luz que entre se deformará en un mayor autoengaño, ¡y la oscuridad será profunda!

Nadie puede ser leal y verdadero a dos principios antagónicos. Si abrazas el egoísmo, odiarás la generosidad; y si amas la beneficencia, odiarás la avaricia. No puedes servir al Dios de amor y al dios del dinero al mismo tiempo.

Por eso te digo: no te preocupes por cómo resultará el futuro, ni de dónde vendrá tu próxima comida, ni por lo que vestirás. La vida no está diseñada para funcionar bajo el principio de la supervivencia del más apto, buscando constantemente alimento o las últimas modas. Observa las aves: no se preocupan por sembrar, cosechar ni almacenar en graneros, porque tu Padre celestial les provee continuamente. ¿Acaso no tienes mucho más valor que las aves? ¿Quién de ustedes, por preocuparse, ha mejorado su vida o añadido siquiera una hora a ella?

¿Y por qué desperdiciar energía preocupándose por la ropa? Mira los lirios del campo: no hilan ni tejen, y sin embargo te digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vistió como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba del campo, que hoy existe y mañana se quema, ¿no hará mucho más por ti? ¡Qué poca confianza tienes en él! Así que deja de inquietarte diciendo: “¿Dónde conseguiremos alimentos? ¿Qué habrá para beber? ¿Con qué nos vestiremos?”. Los paganos, que no conocen a Dios, están constantemente obsesionados con sobrevivir y obtener para sí mismos. Pero tu Padre celestial conoce todas tus necesidades y anhela suplirlas. Quiere que abraces su reino de dar, así que busca primero vivir en armonía con el reino de la generosidad y toda su justicia, y todas tus necesidades también serán satisfechas. Deja de angustiarte por el futuro, no te sobrecargues con problemas imaginarios que ni siquiera han sucedido, y confía tu futuro a Dios.