El librito abierto – Apocalipsis 10:1–11

Apocalipsis 10–11:14 está insertado entre la sexta y la séptima trompetas como una especie de interludio. En la visión de los siete sellos, ocurre un interludio entre el sexto y el séptimo sellos, describiendo el sellamiento del pueblo de Dios y la gran multitud redimida delante del trono de Dios. La serie de las siete trompetas sigue el mismo esquema. El interludio entre la sexta y la séptima trompetas describe al ángel fuerte con el librito abierto (un rollo pequeño, 10:1–11) y los dos testigos (11:1–14). Así como Apocalipsis 7 responde a la pregunta planteada en la escena del sexto sello (6:17), el interludio entre la sexta y la séptima trompetas parece proporcionar la respuesta a una pregunta, como sugiere G. R. Beasley-Murray: “¿Cuál es la tarea de la iglesia en estos tiempos turbulentos?”1 Así, Apocalipsis 10–11:14 describe la experiencia del pueblo de Dios en el mundo y su rol con referencia a la predicación del evangelio al acercarse los días finales de la historia de la tierra.

Apocalipsis 10 contiene dos partes: una descripción de un ángel fuerte con el librito abierto (10:1–7) seguida por la comisión que le da el ángel a Juan de profetizar con respecto a las naciones (10:8–11).


El Librito (10:1–7)

Se completó la descripción de la plaga de la sexta trompeta. Los ángeles junto al río Éufrates—donde se retienen los cuatro vientos para que se selle al pueblo de Dios (cf. Apoc. 7:1–3)—se sueltan (9:14); es tiempo ahora de la gran reunión para la batalla del Armagedón. El lector, en forma intuitiva espera escuchar el sonido de la séptima trompeta. En cambio, la secuencia de las dos últimas trompetas se interrumpe. La atención del lector pasa a una escena que es de carácter bastante diferente del resto de las trompetas.

1Y vi otro ángel fuerte que descendía del cielo, vestido de una nube y el arcoíris estaba sobre su cabeza, y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego, 2y tenía en su mano un librito [“rollito”] abierto. Y puso su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, 3y clamó en voz alta como un león que ruge. Y cuando clamó, los siete truenos expresaron sus voces. 4Y cuando hablaron los siete truenos, yo estaba por escribir; y oí una voz del cielo que decía: “Sella las cosas que hablaron los siete truenos, y no las escribas”. 5Y el ángel a quien vi parado sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano derecha hacia el cielo 6y juró por el que vive para siempre, quien creó el cielo y las cosas que hay en él, y la tierra y las cosas que hay en ella, y el mar y las cosas que hay en él, que ya no habrá tiempo,7pero en los días del toque del séptimo ángel, cuando esté por tocar, entonces el misterio de Dios se completará, como lo proclamó a sus siervos los profetas.

Notas

10:1 Otro ángel fuerte. Este “ángel fuerte” parece corresponder al “ángel fuerte” de Apocalipsis 5:2; de ambos se dice que son “fuertes” o “poderosos” (gr. isjurós) y están asociados con los libros celestiales. Parece que la designación del ángel de 10:1 como “otro” denota que no es uno de los siete que tocó las trompetas. Tiene una misión diferente. En el Antiguo Testamento, el ángel enviado por Dios actúa con la autoridad de Dios (cf. Gén. 31:11–13; Éxo. 3:2–6; Juec. 13:6, 21–22). La descripción de este ángel fuerte es paralela en algunos detalles a la descripción del Cristo glorificado en Apocalipsis 1:13–15, llevando a algunos comentadores a considerarlo como Cristo mismo.2 Aunque la apariencia de este ángel se describe en términos de la deidad, parece que no es Cristo mismo. Esta afirmación se basa en el hecho de que Cristo en el Apocalipsis nunca es mencionado como un ángel. Así uno puede preguntarse por qué deberíamos considerar a este ángel fuerte como Cristo y no el otro ángel fuerte de Apocalipsis 5:2. Lo que parece claro en el libro, sin embargo, es que un ángel comisionado por Cristo actúa como Cristo mismo. Por ejemplo, en Apocalipsis 22:6–16 el ángel articula las palabras de Jesús. Así con frecuencia es difícil distinguir entre la apariencia de un ángel enviado y comisionado por Cristo y la apariencia de Cristo mismo. Es razonable suponer que la figura similar a la de Cristo de Apocalipsis 10 es un ángel especial de rango exaltado, que actúa con plena representación y autoridad de Cristo.3

10:2 Un librito. La palabra griega biblarídion denota un rollo pequeño de papiro (ver Notas sobre Apoc. 5:1). Originalmente la palabra biblíon se usaba para un rollo pequeño (como un diminutivo de bíblos). Más tarde, este significado diminutivo de biblíon desapareció, y en el tiempo de Juan se usaba la palabra biblarídion para un rollo de tamaño menor. Bíblos y biblíon gradualmente llegaron a tener el mismo significado; se usaban como sinónimos y a menudo en forma intercambiable con referencia a un rollo, sin importar su tamaño. Un análisis cuidadoso de bíblos, biblíon biblarídion en el Apocalipsis muestra que Juan el Revelador no tiene un uso consistente de esas palabras. Por ejemplo, en Apocalipsis 20 bíblos y biblíon se usan para el libro de vida; en 20:12 es el biblíon de vida (cf. 13:8; 17:8; 21:27), pero en 20:15 es el bíblos de vida (cf. 3:5). Es especialmente interesante que en Apocalipsis 10:2 el librito es llamado biblarídion, y en el versículo 8 se lo llama biblíon. Esto muestra claramente que en el Apocalipsis no hay un uso consistente y con propósito de una u otra forma para la palabra “rollo”. La razón probable para el uso del diminutivo biblarídion en Apocalipsis 10, es el énfasis en el hecho de que estaba abierto, tal vez para contrastarlo con el rollo de Apocalipsis 5, que era grande y estaba cerrado y sellado.

Una cantidad de estudios recientes han alegado en forma persuasiva que el rollo de Apocalipsis 5 y el rollito del capítulo 10 son idénticos.4 El hecho de que ambos rollos están asociados con un “ángel fuerte” sugiere que los dos libros están estrechamente relacionados. Además, el libro sellado puede ser abierto solo después que todos los sellos se quebraron. Los eventos de la apertura de los siete sellos y los juicios de las siete trompetas son así preliminares y preparatorios para la apertura del rollo sellado. La exposición del contenido del rollo debe ocurrir después de Apocalipsis 10. La mención del arca del pacto a la conclusión del toque de la séptima trompeta en Apocalipsis 11:19 y al comienzo de una nueva visión que comienza en Apocalipsis 12 sugiere que Apocalipsis 12–22:5 es una divulgación del contenido real del rollo pequeño (ver “Panorama: Apocalipsis 12–22:5”). Sin embargo, el librito mencionado en Apocalipsis 10 se lo llama un biblarídion, lo cual sugiere que puede ser una porción del biblíon más grande del capítulo 5. Esto sugeriría además, que el librito abierto de Apocalipsis 10 sostenido por un ángel fuerte, es solo una divulgación parcial de la revelación divina que había sido sellada (cf. Isa. 8:16; 29:9–14; Dan. 12:4, 9) y que se describe figuradamente en la imagen del rollo con siete sellos de Apocalipsis 5.

El estrecho vínculo entre los dos rollos y el libro del Apocalipsis ya ha sido analizado en detalle (ver “El contenido del rollo sellado de Apocalipsis 5”, en “Panorama: Apocalipsis 4–11:19”) y no lo repetiremos aquí. Apocalipsis 4–10 parece estar dispuesto para seguir una cadena de trasmisión descrita en Apocalipsis 1:1–3 donde Jesús recibe la revelación de Dios (cap. 5). Jesús divulga este mensaje a Juan por medio de su ángel (10:1—10). Finalmente, se le ordena a Juan que comunique a las iglesias la revelación entregada a él como la palabra de profecía (10:11), el contenido del cual se da en Apocalipsis 12–22:5 (ver “Retrospección sobre Apocalipsis 1:1–8”). Algunos comentadores han interpretado el rollo abierto de Apocalipsis 10 como el libro de Daniel que fue sellado a la comprensión humana “hasta el tiempo del fin” (Dan. 12:4, 9).5 Como se describe en Notas sobre Apocalipsis 10:6, una cantidad de paralelos comunes entre Daniel 12 y Apocalipsis 10 sugiere un estrecho vínculo entre el contenido de los dos capítulos, incluyendo los juramentos del ángel en Daniel 12:7 y del ángel fuerte en Apocalipsis 10:5–7, respectivamente. Esto sugiere una vinculación estrecha entre el librito abierto con la porción sellada de Daniel con referencia al tiempo del fin. Se lo revela al pueblo de Dios del tiempo del fin en Apocalipsis 12–22:5, con el propósito de ayudarles a prepararse para los eventos del tiempo del fin que han de suceder sobre la tierra. Sin embargo, el contenido del librito de Apocalipsis 10 no está limitado a la porción profética del libro de Daniel, porque su contenido es más amplio que el del libro de Daniel.

Abierto es el participio perfecto pasivo. El tiempo perfecto indica que el librito ha sido abierto en algún momento anterior. La forma pasiva aquí actúa muy probablemente como un pasivo divino (ver Notas sobre Apoc. 9:1), lo que sugiere que la apertura del rollo fue un acto divino. El hecho de que el ángel más tarde levanta su mano derecha hacia el cielo y profiere un juramento sugiere que él tiene el librito en su mano izquierda.

10:3 Los siete truenos. El concepto de los siete truenos de Apocalipsis 10 es uno de los más misteriosos del libro del Apocalipsis. El artículo definido usado (“los siete truenos) sugiere que el concepto era familiar para los cristianos de los días de Juan. Parece que el Salmo 29 es el texto clave del trasfondo para la imagen de los siete truenos, cuando la séptuple voz de Dios puesta en acción se refiere como la voz de truenos (29:3–9). Una tradición judía posterior sostiene que “la voz de YHWH en Sinaí fue oída como siete truenos”.6 En el Antiguo Testamento, cuando Dios habla y actúa con poder, a menudo se lo describe como voz de truenos (Job 26:14; 37:5; Sal. 18:13; cf. 1 Sam. 7:10). Antes de la cruz en Juan 12:28–29, la voz de Dios que le habló a Jesús le pareció a la multitud como el sonido de un trueno. Es especialmente interesante que “este pasaje es seguido por una referencia al juicio del mundo y a la expulsión de su gobernante”, Satanás mismo (12:30–31).7 En el resto del Apocalipsis, el trueno actúa como una revelación que advierte previamente con respecto a las actividades divinas en el juicio: el trueno actúa como la advertencia previa a la apertura de los siete sellos (4:5; 6:1), a las plagas de las trompetas (8:5), a la guerra entre el dragón y la mujer que conduce a las siete plagas (11:19), y a la conclusión de la historia de la tierra, que conduce al juicio final (16:18).

10:6 Que ya no habrá tiempo. Esta frase es una traducción literal del griego, hoti jrónos oukéti estai. La lengua griega tiene dos palabras básicas que se traducen como “tiempo”: kairós y jrónos. Hablando en general, kairós denota un punto de tiempo, un período fijo o definido, una estación (cf. Mat. 11:25; 12:1; Hech. 3:19; Rom. 3:26; 5:6). Jrónos, por otro lado, implica la duración de un período, un espacio de tiempo (cf. Mat. 25:19; Hech. 13:18; Gál. 4:4; Apoc. 20:3), aunque los dos términos se superponen y son sinónimos.8 (La Biblia de Jerusalén traduce jrónos y kairós de Hech. 1:7 y 1 Tes. 5:1 como “tiempo” y “momento” respectivamente.) Muchos eruditos entienden la frase como “ya no habrá más demoras”. Esta traducción ha sido discutida por David Aune, quien alega que “demora” es una traducción no apropiada de jrónos aquí porque “supone que los eventos escatológicos han sido pospuestos”; más bien, la frase significa que “‘el tiempo se terminó’ y que los eventos escatológicos comenzarán a desenvolverse”.9

Un parecido notable entre Apocalipsis 10:1–7 y Daniel 12:4–7 sugiere que el jrónos del Apocalipsis debería entenderse a la luz de Daniel 12:4–9, que dice lo siguiente, en la traducción de la NVI:

“Tú, Daniel, guarda estas cosas en secreto y sella el libro hasta la hora final, pues muchos andarán de un lado a otro en busca de cualquier conocimiento. Yo, Daniel, vi ante mí a otros dos hombres; uno de ellos estaba en una orilla del río, y el otro en la orilla opuesta. Uno de ellos le dijo al hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: “¿Cuánto falta para que se cumplan estas cosas tan increíbles?” Yo pude ver y oír cuando el hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, levantó las manos al cielo y juró por el que vive para siempre: “Faltan tres años y medio”. Todo se cumplirá cuando el poder del pueblo santo no vuelva a ser destruido”. Aunque escuché lo que dijo ese hombre, no pude entenderlo, así que le pregunté: “Señor, ¿en qué va a parar todo esto?” Y él me respondió: “Sigue adelante, Daniel, que estas cosas se mantendrán selladas y en secreto hasta que llegue la hora final”.

Existen varios paralelos aquí, sugiriendo que Apocalipsis 10 sigue a Daniel 12. Primero de todo, hay una orden de sellar las palabras del libro hasta el tiempo del fin (Dan. 12:4; cf. Apoc. 10:4). Luego, hay una pregunta: “¿Cuánto falta para que se cumplan estas cosas increíbles? Sigue luego el levantar el brazo al cielo y jurar con un juramento por el que vive para siempre, de que será por tres años y medio”, el tiempo de la “abominación desoladora” (Dan. 12:11; cf. Apoc. 10:5–6), es decir, la persecución que hace el Anticristo a los santos. A Daniel se le dijo que el fin ciertamente vendría cuando este tiempo profetizado se complete. En Apocalipsis 6:9–11, los mártires bajo el altar claman por liberación y vindicación: “¿Hasta cuándo, oh Señor, no vengarás nuestra sangre?” Se les dice que esperen un tiempo breve (eti jrónon mikrón). En Apocalipsis 10:6, sin embargo, al pueblo de Dios se le da la promesa de que ya no habrá más tiempo (o “demora”, como en Mateo 24:48; 25:5; Heb. 10:37). El tiempo viene cuando al tocar la trompeta del séptimo ángel, “el misterio de Dios se completará, como lo proclamó a sus siervos los profetas” (Apoc. 10:7), Daniel dice específicamente: Dios está por cumplir su promesa de vindicar y liberar a su pueblo sufriente pero fiel.

Los adventistas del septimo día a menudo se refieren a la declaración de Elena G. de White, acerca de su comprensión del jrónos de Apocalipsis 10:6, que está en armonía con las observaciones anteriores: “Este tiempo, el que el ángel declara con un solemne juramento, no es el fin de la historia del mundo ni del tiempo de gracia, sino del tiempo profético que precederá al advenimiento de nuestro Señor; es decir, la gente no tendrá otro mensaje acerca de un tiempo definido. Después de este lapso que ahora abarca desde 1842 a 1844, no puede haber ningún cómputo definido de tiempo profético. El cálculo más prolongado llega hasta el otoño de 1844”.10

10:7 El misterio de Dios. El “misterio de Dios” en la Biblia se refiere al propósito de Dios con referencia al futuro, que él reveló por medio de sus agentes especialmente elegidos, los profetas. En Daniel 2, Dios reveló misterios al rey Nabucodonosor con referencia a lo que sucedería en los últimos días (Dan. 2:28–29) para terminar la historia de la tierra y establecer su reino eterno en el mundo (Dan. 2:44–45). Estos misterios fueron escondidos de los sabios en Babilonia (2:27). Amós también declara que Dios revela sus misterios con respecto al futuro por medio de los profetas: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (3:7). En el Nuevo Testamento, “el misterio de Dios” representa el propósito de Dios de establecer en el mundo su reino eterno. Pablo explicó que el misterio de Dios “se ha mantenido oculto desde tiempos eternos”, pero ha sido dado a conocer por medio de la predicación del evangelio (Rom. 16:25–26; Efe. 3:4–12; Col. 1:26–27). Este misterio se revela al pueblo de Dios (Mat. 13:11; 1 Cor. 2:6–8; Efe. 1:9), que ahora son “administradores de los misterios de Dios” (1 Cor. 4:1; Efe. 3:7). Sin embargo, sigue siendo un misterio cerrado a los incrédulos, quienes están fuera del reino.

Este misterio de Dios es simbólicamente representado en la imagen del rollo sellado de Apocalipsis 5. Su divulgación ocurrirá al toque de la trompeta del séptimo ángel: “Cuando esté por tocar, entonces el misterio de Dios se completará, como lo proclamó a sus siervos los profetas”. Esta divulgación del “misterio de Dios” se describe en Apocalipsis 20:11–15, en la escena de la apertura final del libro del destino en el juicio escatológico que llevará la historia de este planeta a su previamente ordenada conclusión.

Exposición

10:1–2a Juan ve ahora otro ángel fuerte que descendía del cielo. La magnífica apariencia de este ángel indica que viene de la misma presencia de Dios. Está vestido de una nube. Las nubes en la Biblia están asociadas con la aparición de Dios; en Apocalipsis, la nube se asocia con la venida de Jesús (1:7; 14:14–16). El ángel también tiene un arcoíris sobre su cabeza como señal del pacto de Dios (Gén. 9:12–17), que es una parte de la gloria del trono de Dios (Eze. 1:28; Apoc. 4:3). El arcoíris es muy probablemente creado por la luz del rostro del ángel que resplandece a través de la nube.11 La frase su rostro era como el sol es la descripción de la cara de Jesús en el monte de la Transfiguración (Mat. 17:2; cf. Apoc. 1:16). Pies como columnas de fuego recuerda los del Cristo glorificado que eran “como bronce bruñido como refinado en fuego” (Apoc. 1:15; cf. Dan. 10:6). Los pies del ángel como columnas de fuego recuerdan la columna de fuego que condujo a Israel durante su viaje por el desierto en camino a la tierra prometida (Éxo. 14:19). Finalmente, la voz del ángel es como el rugido de un león (10:3), que en la Biblia es la voz de Dios (Jer. 25:30; Ose. 11:10; Joel 3:16; Amós 1:2; 3:8). Este mensajero celestial semejante a la divinidad es una representación legítima de Cristo, enviado y comisionado directamente por él con un mensaje especial.

Este ángel fuerte parece corresponder al “ángel poderoso” de Apocalipsis 5:2 quien llamó a alguien para que abriera el rollo sellado con siete sellos (la designación de “otro” ángel parece tener el propósito de distinguirlo de los siete ángeles de las trompetas, lo mismo que en 8:3). En Apocalipsis 5:2 se lo ve en el cielo, y ahora está abajo sobre la tierra, sosteniendo en su mano un librito abierto. Varias cosas se pueden notar aquí. Primero, el librito que Juan ve ya está abierto cuando el ángel descendía del cielo y le apareció a él. Muy probablemente fue abierto en el cielo antes de que el ángel fuera enviado con el mensaje a la tierra.12 Segundo, dado el énfasis de que el rollito se ve abierto implica que anteriormente estuvo cerrado y sellado y oculto su contenido (ver Notas sobre Apoc. 5:1). Finalmente, el texto griego sugiere que la apertura del librito fue un acto divino. No fue el ángel quien abrió el rollo, porque el rollo le fue dado por Cristo después que éste lo había abierto.

Parece que el rollito de Apocalipsis 10 está relacionado con el rollo sellado de Apocalipsis 5 que Cristo fue digno de tomar del lado derecho de Dios y abrir sus sellos.13 El hecho de que se lo llame “pequeño” sugiere que puede contener solo una porción del rollo sellado, la porción que es esencial y beneficiosa para el pueblo de Dios al aplicarse a los eventos finales de la historia de la tierra. Este rollito es evidentemente muy importante, porque más tarde conocemos que su contenido tiene que ver con la experiencia del pueblo de Dios en el mundo, en los últimos días. Esta experiencia se presenta en vívido lenguaje en la segunda mitad del libro del Apocalipsis (capítulos 12–22). La divulgación del contenido del rollo se produce después de Apocalipsis 10. Apocalipsis 12–22:5 demuestra así ser una divulgación de la revelación divina que ha sido solo parcialmente desvelada a Juan en símbolos y que él más tarde trasmitió a la iglesia. La apertura final del rollo sellado y la divulgación de su contenido pertenece al período escatológico futuro que llevará a la conclusión ordenada previamente de la historia, como se describe en Apocalipsis 20:11–15.

10:2b–4 El ángel pone su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra. La tierra y el mar tomados en conjunto pueden representar la tierra entera. Esto sugiere la universalidad y dimensión mundial del mensaje que debe ser proclamado por el ángel. Es de interés especial que, en Apocalipsis 13, las bestias salen del mar y de la tierra, causando una apostasía y una rebelión universales contra Dios.

El ángel entonces clama en alta voz que suena como el rugido de un león. En la Biblia, la voz de Dios que habla en profecía del juicio inminente es comparada con el rugido de un león (Jer. 25:30; Ose. 11:10; Joel 3:16; Amós 1:2; 3:4). De significación especial es el texto de Amós: “Ruge el león ; ¿quién no temblará de miedo? Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?” (3:8, NVI). En Apocalipsis, cuando un “ángel fuerte” anuncia un mensaje divino, siempre se hace en voz alta (cf. 5:2; 7:2; 14:7, 9, 15; 18:2). Esto lleva a la conclusión de que el ángel fuerte de Apocalipsis 10 es una representación de la voz de Dios con un mensaje especial para su pueblo.

Al clamor rugiente del ángel le sigue inmediatamente el sonido de siete truenos. El sonido de truenos en la Biblia es símbolo de la voz de Dios manifestada en actos poderosos y advertencias de sus actividades dirigidas a la gente que mora sobre la tierra. La pluralidad de truenos en Apocalipsis 10, siete, debe entenderse frente al concepto bíblico del número siete como una expresión simbólica de plenitud o totalidad divinas (ver Notas sobre Apoc. 5:1). Los siete truenos, sea lo que fueren, parecen simbolizar la plenitud de la advertencia divina con referencia a las acciones divinas que están por suceder antes del tiempo del fin.

El sonido de los siete truenos no es solo un tronar, porque Juan les oye hablar en forma articulada.14 El contenido parece muy importante para la iglesia, pues Juan está a punto de escribirlo. Sin embargo, se le prohíbe hacerlo, pues una voz del cielo le da otra instrucción: Sella las cosas que hablaron los siete truenos, y no las escribas. Esta voz puede ser tanto la del Padre como la de Cristo mismo, que le ordena a Juan a no escribir lo que los siete truenos expresaron y no comunicarlo a las iglesias. Esta prohibición parece extraña, porque en otras partes del libro Juan recibe la instrucción de escribir lo que ve y lo que oye (Apoc. 1:11, 19; 14:13; 19:9; 21:5) y no “selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca” (Apoc. 22:10). Así, esta prohibición debe ser muy poco usual, pero significativa.

La Biblia enseña que algunas cosas son relevantes y de importancia especial para el pueblo de Dios; son reveladas y divulgadas a ellos con el propósito de advertirles y ayudarles a prepararse para eventos futuros (cf. Apoc. 1:1–3). Sin embargo, algunas cosas siguen siendo un misterio; Dios no las reveló a su pueblo, porque el conocimiento de ellas pertenece solo a Dios. “Las cosas secretas pertenecen a YHWH nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deut. 29.29). Pablo tuvo una experiencia similar cuando fue arrebatado al tercer cielo y “oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2 Cor. 12:4). Como declara Richard Bauckham, “los siete truenos no son revelaciones proféticas dadas a él [a Juan] para comunicar, mientras el contenido del librito sí lo es”.15

10:5–7 En ese momento, el ángel levanta su mano derecha y pronuncia su juramento por Dios el Creador de que ya no habrá tiempo. Al describir este acto de levantar la mano para hacer un juramento, Juan se refiere claramente a Daniel 12, que proporciona un indicio para entender este concepto de tiempo. Allí, en Daniel 12:5–7, al responder a la pregunta con respecto a cuánto tiempo habrá antes que se complete la persecución de los santos, el mensajero celestial levanta sus manos hacia el cielo y jura por el que vive para siempre de que será por “tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo” (Dan. 12:7). Hasta que llegue ese tiempo, el pueblo de Dios debe esperar con paciencia. Apocalipsis 10 claramente es un eco de Daniel 12 con la excepción de que la frase “ya no habrá tiempo” remplaza el período de “tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo”.

En el libro del Apocalipsis, hay una súplica permanente del pueblo oprimido de Dios que clama por vindicación: “¿Hasta cuándo, oh Señor, santo y verdadero, no juzgarás y vengarás nuestra sangre sobre los que moran en la tierra?” (Apoc. 6:10). Se les dice que esperen un tiempo breve (Apoc. 6:11). Ahora, en Apocalipsis 10:7, el pueblo de Dios recibe la seguridad por medio de un juramento hecho delante del eterno Dios Creador, de que “ya no habrá tiempo”. El autor de Hebreos declara que la promesa de Dios, confirmada con un juramento, es inmutable y segura (Heb. 6:17–18). Significa que Dios es fiel a su promesa y ciertamente la cumplirá. El ángel que jura proporciona a la iglesia una sólida certeza de que Dios es firmemente fiel a su promesa. No hay más demoras; el tiempo del fin, profetizado por Daniel, está ahora “irrevocablemente puesto en movimiento”.16 Dios está por liberar y vindicar a sus santos fieles y concluirá la historia de la tierra.

Más adelante en su juramento, el ángel anuncia que en los días del toque del séptimo ángel, cuando esté por tocar, entonces el misterio de Dios se completará, como lo proclamó a sus siervos los profetas. Este anuncio se introduce con un adversativo fuerte “pero”. El tiempo del fin de Daniel está por ponerse en movimiento, pero el fin del mundo no llegó todavía. Es al sonido de la trompeta del séptimo ángel que vendrá el fin. Las profecías de tiempo selladas de Daniel serán abiertas y “el misterio de Dios” se revelará como fue proclamado por los profetas, especialmente por Daniel.

El misterio al que se refiere aquí es con respecto al evangelio del reino; el término en el Nuevo Testamento se refiere a todos los propósitos de Dios en el mundo, su plan de redención, y su trato con el problema del pecado. Este misterio ha desconcertado a todas las criaturas del universo y fue presentado en la descripción simbólica del libro sellado en Apocalipsis 5. El contenido del rollo fue sellado por tiempos eternos (Rom. 16:25–26; Col. 1:26–27), y nadie en todo el universo, sino Cristo, era capaz de abrirlo y leerlo. En virtud de su muerte triunfante como sacrificio en la cruz, Cristo ha sido encontrado capaz de abrir el misterio sellado y cumplir el propósito de Dios con respecto a la tierra y la humanidad.

Con lo que Cristo hizo en la cruz, una parte de ese misterio ha sido revelado al pueblo de Dios por medio del evangelio (Rom. 16:25–26; Efe. 1:9; 3:4–12; Col. 1:26–27). Del mismo modo, las cosas que se refieren al futuro—aquellas que son útiles para el pueblo de Dios—son reveladas por medio de Juan en la descripción simbólica del librito, cuyo contenido está descrito en Apocalipsis 12–22. Las cosas que sucederán en el futuro se muestran al pueblo de Dios, no para satisfacer su curiosidad, sino para ayudarles a prepararse para los eventos del día final. El cumplimiento pleno del misterio de Dios se reserva para el futuro: “Pero en los días del toque del séptimo ángel, cuando esté por tocar, entonces el misterio de Dios se completará” (cf. Apoc. 11:15–18). Entonces todo lo que tiene que ver con el establecimiento completo del reino eterno de Dios, incluyendo sus habitantes y los que serán excluidos17, se abrirá ante el universo entero (Apoc. 20:11–15). Dios entonces “aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Cor. 4:5). Todos los propósitos de Dios con referencia al establecimiento del reino, como lo proclamaron los profetas, llegará a su conclusión.


Comer El Rollo (10:8–11)

Siguiendo al solemne anuncio del ángel (10:5–7), la atención pasa al profeta mismo. Es interesante que en esta sección, Juan, quien ha sido un espectador más bien pasivo, comienza a ocupar un lugar más activo en las visiones que recibió.

8Y la voz que había oído del cielo me habló otra vez, diciendo: “Ve, toma el rollo abierto en la mano del ángel que está parado sobre el mar y sobre la tierra”. 9Y fui al ángel, diciéndole que me diera el librito. Y él me dijo: “Tómalo, cómelo, y te amargará el estómago, pero en tu boca será dulce como la miel”. 10Y tomé el librito de la mano del ángel y lo comí, y fue dulce como la miel en mi boca; y cuando lo comí, mi estómago se amargó. 11Y ellos me dijeron: “Debes profetizar otra vez con respecto a muchos pueblos y naciones y lenguas y reyes”.

Notas

10:10 Dulce como miel en mi boca[…]mi estómago se amargó. La experiencia agridulce de Juan es paralela a las experiencias de visiones de Jeremías y Ezequiel. Jeremías le dijo a Dios: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría en mi corazón” (Jer. 15:16). Sin embargo, cuando el profeta digirió el mensaje divino, experimentó su efecto amargo: “Cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día” (20:7b–8; cf. 15:17–18). En forma similar, Ezequiel vio en su visión un rollo en la mano de Dios. Se le dijo que lo tomara y lo comiera y que fuera y hablara a la gente. Al consumir el rollo, el profeta descubrió que en su boca era “dulce como miel” (Eze. 2:10–3:4). El profeta recibió la instrucción adicional de que al proclamar el mensaje, él experimentaría su efecto amargo (Eze. 3:5–11). En ambos casos, el comer el rollo simbolizaba la comisión de proclamar un mensaje dado por Dios a un pueblo rebelde e insensible. El efecto amargo de eso que comió simboliza un chasco que el profeta experimentó al dar el mensaje que resultó en una oposición constante.

10:11 Con respecto a muchos pueblos. La palabra traducida aquí “con respecto” es la preposición griega epí; cuando se la usa con el caso dativo (como aquí), generalmente significa “acerca de”, “con respecto a”, “con referencia a”, “por” (cf. Juan 12:26; Hech. 26:6; Heb. 11:4), y “contra” (cf. Luc. 12:52–53). Los eruditos generalmente sostienen que el significado de la preposición aquí es “con respecto a”. Recuerda Jeremías 46:1, donde la palabra de Dios vino a Jeremías “contra [“acerca de”, NVI] las naciones”.

Pueblos y naciones y lenguas y reyes. Esta clasificación recuerda el libro de Daniel (3:4, 7, 29; 4:1; 5:19; 6:25; 7:14). La mención de “pueblos y naciones y lenguas y tribus” aparece varias veces en Apocalipsis (5:9; 7:9; 11:9; 13:7; 14:6; 17:15), que enfatiza la naturaleza y el ámbito universal del mensaje proclamado. En 10:11, se incluye a “reyes” en vez de “tribus”, lo que sugiere que la palabra de Dios es superior a los de más alto rango en la autoridad humana.18

Exposición

10:8–11 La misma voz del cielo que ordenó a Juan anteriormente que sellara el mensaje de los siete truenos (10:4) ahora lo instruye a tomar el librito de la mano del ángel. Cuando Juan lo hace, el ángel le dice además que coma el rollo. Antes que Juan pudiera comunicar el mensaje que Dios le había comisionado a predicar, tenía que asimilarlo completamente.19 Solo entonces podría proclamar el mensaje con plena convicción.

El rollo en la boca de Juan es dulce como miel, pero es amargo en su estómago, como el ángel le había dicho que sería. La dulzura del mensaje de la palabra dada de Dios es un concepto recurrente en la Biblia. Para el salmista, los juicios de Dios son “dulces más que miel, y que la que destila del panal” (Sal. 19:10). “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (119:103). Jeremías exclamó: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jer. 15:16).

De un modo similar, el rollo que comió Ezequiel fue en su boca “dulce como miel” (Eze. 3:3). Cuando se la recibe, la palabra de Dios es dulce, y da gozo y deleita el corazón. El evangelio siempre es las “buenas noticias” acerca del Dios que ama, cuida y está en el control. A menudo llega a ser amarga para el mensajero de Dios, ya que de alguna manera puede experimentar chascos al proclamar el mensaje.

Después de la experiencia agridulce, lo comisionan a Juan a profetizar otra vez con respecto a muchos pueblos y naciones y lenguas y reyes. El contenido del rollo llega a ser una revelación profética dada a Juan que él ha de comunicar al pueblo de Dios.20 El revelador ya ha profetizado antes. Pensó que su ministerio había concluido. Esperaba la inmediata conclusión de la historia de la tierra con el toque de la séptima trompeta, creyendo que el misterio de Dios estaba completamente terminado. Sin embargo, se le dice que todavía no es el fin; hay una demora en la venida de Jesús. Antes que venga el fin, habrá un “profetizar” final, una proclamación, del mensaje eterno del evangelio (cf. Apoc. 14:6–12). Este profetizar llegará a muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes; es decir, es mundial en su amplitud. Tal comprensión está apoyada por Apocalipsis 14:6, en el que Juan ve en visión a un ángel simbólico volar en medio del cielo predicando el evangelio eterno “a los que moran en la tierra, y a cada nación y tribu y lengua y pueblo”. El concepto del profetizar con respecto a las naciones nos recuerda el sermón de Jesús acerca del tiempo del fin en el Monte de los Olivos. “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mat. 24:14). Esta proclamación final del evangelio evidentemente traerá el fin de todas las cosas y la conclusión de la historia del mundo (cf. Mat. 24:14; Apoc. 14:14–20).

Parece que Apocalipsis 11:1–14 provee la clave para lo que sucede en Apocalipsis 10. Hace claro que la experiencia visionaria, agridulce de Juan tiene la intención de explicar en una presentación simbólica, lo que el pueblo de Dios de los días finales experimentará al cumplir la tarea de predicar el evangelio al mundo en los últimos días. Primero, Apocalipsis 11:1–2 proporciona un indicio del contenido del mensaje final del evangelio que ha de ser profetizado a todas las naciones antes del toque de la séptima trompeta. Es el mensaje de restauración del templo celestial y sus servicios en el contexto del juicio. Esto podría explicar, tal vez hasta cierto punto, la razón de la amargura que experimentará el pueblo de Dios. Entonces, Apocalipsis 11:3–14 parece ilustrar la amarga experiencia del pueblo de Dios en la proclamación del mensaje final del evangelio en la presentación simbólica de los dos testigos que profetizan a “los que moran sobre la tierra” (11:10), a los pueblos y tribus y lenguas y naciones” (11:9). (La extensa descripción de lo mismo se da en Apoc. 14:6–12.) La suerte de los dos testigos parece ilustrar la amargura del comer el libro.

Esto confirma la idea de que el contenido del librito tiene que ver con la experiencia del pueblo de Dios en los últimos días. La iglesia vive en un mundo que es hostil al evangelio. Al proclamar el mensaje final del evangelio, el pueblo de Dios experimentará la amargura de la hostilidad y la persecución. Robert H. Mounce, quien alega que el contenido del librito es un mensaje para la iglesia, explica además: “Después de comer el libro se le dice a Juan que debe profetizar otra vez, esta vez con respecto a muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes (Apoc. 10:11). Esto comienza con el capítulo 12. El rollo dulce que se vuelve amargo en el estómago, es un mensaje para la iglesia. Antes del triunfo final los creyentes han de pasar por una prueba formidable. Como el rollo grande del capítulo 5 bosquejaba el destino de toda la humanidad, así el librito describe la suerte de los fieles en aquellos últimos días de la feroz oposición satánica”.21

Hay un sentido de compulsión divina en la tarea dada a Juan. El debe profetizar de nuevo. La profecía se relaciona con muchos pueblos y naciones. El significado de la historia llega a estar enfocado en forma clara en el punto final del tiempo. La misión de Juan es poner al descubierto las fuerzas del mundo sobrenatural que están en operación detrás de las actividades de hombres y naciones. Mounce declara: “Su profecía es la culminación de todas las profecías previas, porque conduce a la destrucción final del mal y la inauguración del estado eterno”.22

En esta etapa podemos concluir que Apocalipsis 10 tiene que ver con el tiempo del fin entre el fin de las profecías de Daniel y la Segunda Venida. Es el período entre el “ya no habrá tiempo” y cuando la séptima trompeta esté a punto de tocar. Ese período está marcado por la proclamación final del evangelio eterno. Como muestra Apocalipsis 12–14, ese período está marcado por la determinación decisiva de Satanás de ganar para sí mismo la lealtad de los habitantes de la tierra. Durante este período antes del fin, Dios hace por medio de la iglesia su esfuerzo final, de advertir a los habitantes de la tierra y llevarlos al arrepentimiento. Esta proclamación final del mensaje del evangelio está descrita en la presentación simbólica de los tres ángeles que vuelan en medio del cielo proclamando el evangelio eterno “a los que moran sobre la tierra” (Apoc. 14:6–12).


Retrospección Sobre Apocalipsis 10

Con Apocalipsis 10 la cadena de trasmisión de la revelación divina de Dios por medio de Juan a la iglesia ha concluido (cf. Apoc. 1:1). La revelación comenzó con el Padre que la entregó al recientemente entronizado Jesucristo en la forma simbólica de un rollo sellado (Apoc. 5). Después de sucesos adicionales, Cristo la comunica por medio de su ángel a Juan en la forma simbólica de un librito abierto (Apoc. 10:1–11). Esto sugiere que en el capítulo 10 tenemos una revelación de una porción del rollo sellado de Apocalipsis 5 como se aplica a los eventos finales de la historia de la tierra. Después de recibir el rollo abierto, Juan fue comisionado a comunicar su mensaje, las cosas que él vio en visiones (1:11, 19), a los pueblos como la palabra profética (10:11). Todo el propósito de la revelación divina es “mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto” (Apoc. 1:1); en otras palabras, es preparar al pueblo de Dios a comprender el propósito de Dios para ellos cuando la historia se acerca a su fin.

Una pregunta permanece sin responder: ¿Cuál es el contenido de la porción sellada del libro de Apocalipsis 5 que se divulga al pueblo de Dios en la presentación simbólica del librito en Apocalipsis 10? Los eruditos han expresado muchos conceptos diferentes de este tema. Una cosa que parece clara en el resto del Apocalipsis es que Apocalipsis 12:1 es un comienzo totalmente nuevo. El hecho de que este nuevo comienzo se introduce con la manifestación del arca del pacto por medio del cual ha sido guardado el rollo sellado (ver “Panorama: Apocalipsis 4–5”) sugiere que Apocalipsis 12–22:5 está compuesto por el contenido del librito (la parte del libro sellado que es desplegada al pueblo de Dios). Su contenido “consiste de todo un complejo de eventos” que conducen al establecimiento del reino de Dios23, que involucra la “derrota definitiva de la rebelión de Satanás, el juicio de la tierra y la salvación de los fieles”.24 La segunda mitad del libro presenta claramente la amargura que el pueblo de Dios experimentará en los últimos días por causa de su fidelidad a la proclamación del mensaje final al mundo. Esto concuerda con la conclusión alcanzada antes, de que el contenido del librito tiene que ver con la experiencia del pueblo de Dios en los últimos días. Esta información es revelada de modo que el pueblo de Dios se encuentre listo y preparado cuando estas cosas sucedan.

El resto del rollo sellado, las cosas que no son útiles para el pueblo de Dios, no se revelan hasta la consumación escatológica de la historia de la tierra (Apoc. 20:11–15). Entonces, al sonido de la trompeta del séptimo ángel que “el misterio de Dios se completará, como lo proclamó a sus siervos los profetas”. El rollo sellado finalmente será abierto y su contenido revelado ante el universo entero.

La historia muestra que siempre ha sido una tentación para muchos querer saber las cosas que Dios nunca tuvo la intención de revelarnos. Apocalipsis 10 deja claro, primero de todo, que algunas cosas son de importancia especial para el pueblo de Dios, las que Dios encuentra apropiado revelar a su pueblo. Todas las cosas con referencia al futuro que son provechosas para la salvación y el ingreso al reino, son reveladas al pueblo de Dios por medio de la palabra profética. Todo lo demás va más allá de la intención de Dios; los humanos son incapaces de penetrar en los secretos que Dios ha reservado para sí mismo. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deut. 29:29).

El segundo punto en Apocalipsis 10 es que hay algunas cosas que permanecen ocultas a los seres humanos y que sólo Dios conoce. Por ejemplo, Jesús dijo claramente que el momento exacto de su segunda venida solo lo conoce Dios (Mat. 24:36). Después de su resurrección, los discípulos le preguntaron a Jesús: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” Jesús dejó claro que “no os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hech. 1:6–7). Entonces les reveló que lo que importaba era que recibieran el Espíritu Santo y se involucraran de todo corazón en la difusión del evangelio.

Los cristianos deben saber que cualquier fijación de fecha para la Segunda Venida, o el preparar diagramas proféticos detallados con fechas y eventos en orden, es contrario a la voluntad de Dios. Si fuera necesario fijar fechas o diagramas proféticos, Dios lo hubiera provisto en la palabra profética. Sin embargo, Dios sabía en su sabiduría que eso nunca obra para bien, sino es más bien destructivo para la fe cristiana, y resulta en un abandono de la esperanza en el pronto regreso de Cristo y de su reino. Muchos intentos de hacer diagramas proféticos detallados deberían mejor ser remplazados por el análisis de diagramas geográficos con el propósito de alcanzar a quienes todavía no están alcanzados para Cristo (cf. Hech. 1:7–8). Lo que el pueblo de Dios debe recordar es que se le ha confiado y comisionado el proclamar el evangelio, porque “ya no habrá tiempo” (Apoc. 10:6).

Los cristianos adventistas del séptimo día han visto en Apocalipsis 10 una significación profética especial para su vida y su misión. En la experiencia agridulce de Juan han visto lo que se conoce como el gran chasco experimentado por el movimiento Millerita en 1844. Bajo la conducción de Guillermo Miller, un predicador laico bautista, un gran grupo reunido de diferentes denominaciones protestantes, llegaron a la conclusión equivocada de que la Segunda Venida ocurriría en el otoño [hemisferio norte] de 1844. La expectativa creció mientras los creyentes compartían el mensaje que creían, y se preparaban cuidadosamente para el fin. Cuando no ocurrió la venida de Cristo, los milleritas chasqueados experimentaron, de diferentes maneras, el gusto amargo del mensaje que creían y compartían. Aunque chasqueados, algunos de ellos encontraron en la experiencia visionaria de Juan la explicación de su chasco. En que Juan comiera el rollo vieron el símbolo, y aun la profecía, de su propia experiencia.

Desde entonces, en la comisión de Cristo a Juan de “profetizar otra vez” a muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes, los adventistas han visto que Dios comisionó a la iglesia de Dios del fin del tiempo a proclamar el mensaje de la Segunda Venida “a los que moran sobre la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo” (Apoc. 14:6). Cuando el mensaje del evangelio proclamado se haya oído en todo el mundo, entonces vendrá el fin y la historia de la tierra alcanzará su conclusión (Mat. 24:14).