La iglesia no necesita maquinaria nueva, ni métodos nuevos, ni mejores edificios,
necesita hombres que el Espíritu Santo pueda usar —
hombres de oración,
hombres poderosos en oración.
— E. M. Bounds
La necesidad más urgente de la iglesia no es más tecnología, ni más recursos, ni más programas.
Es más hombres de oración.
Hombres que vivan en el secreto con Dios,
hombres que conozcan su voz,
hombres que carguen la carga de su corazón.
Podemos tener el mejor sistema organizativo,
la mejor formación teológica,
las mejores estrategias de alcance…
y seguir siendo estériles si no hay hombres de oración.
La iglesia crece, avanza y vence cuando sus líderes oran.
Cuando los púlpitos están calientes de oración.
Cuando los salones de culto son precedidos por aposentos de clamor.
Cuando las decisiones nacen en el altar y no en la reunión de comité.
El poder de la iglesia no está en sus números,
sino en su contacto con el cielo.
Y ese contacto lo mantienen los hombres que oran.
Moisés no liberó a Israel por astucia,
sino por intercesión.
Elías no trajo fuego por espectáculo,
sino por comunión con Dios.
Nehemías no reconstruyó Jerusalén con influencias,
sino con lágrimas.
Jesús no enfrentó la cruz con valentía humana,
sino con sudor de sangre en oración.
Los grandes hombres de Dios han sido, sin excepción,
hombres de oración.
La oración forma el carácter.
La oración discierne la voluntad de Dios.
La oración prepara el camino.
La oración sostiene la obra.
La oración multiplica el fruto.
¡Oh, qué tragedia es tener iglesias llenas de actividad,
pero vacías de oración!
¡Qué tragedia tener predicadores expertos en homilética,
pero inexpertos en doblar las rodillas!
¡Qué tragedia tener líderes que planifican sin consultar al cielo,
que se mueven sin depender del Espíritu,
que hablan sin haber oído a Dios!
La iglesia no necesita grandes hombres,
sino hombres de rodillas.
No necesita hombres que se impongan,
sino hombres que se humillen.
No necesita hombres con ideas brillantes,
sino con corazones ardientes.
Un solo hombre de oración puede hacer más por la iglesia que cien activistas.
Porque la oración conecta con Dios.
Y donde Dios actúa, todo lo demás se alinea.
Si queremos ver un nuevo mover de Dios,
no debemos buscar nuevas fórmulas.
Debemos buscar nuevos intercesores.
O mejor dicho, debemos serlo.
La pregunta no es:
¿Dónde están las estrategias?
sino:
¿Dónde están los hombres de oración?
Dios no busca mejores planes.
Dios busca mejores hombres.
Hombres de oración.