15. Saliendo de las sombras

Con unos grandes ojos verdes, piel color oliva y cabello café, Martina era hermosa y podría pasar fácilmente por una modelo famosa. Sin embargo, al observarla más atentamente, parecía infantil, insegura y temerosa, y emanaba una inocencia que enmascaraba un océano de heridas y dolor. Parecía comunicar sin palabras su deseo de ser amada y aceptada.

A los 19 años, Martina medía 1,73 metros y pesaba 51 kilogramos. Su ginecólogo la había derivado por su persistente pérdida de peso. Al hablar de lo que le pasaba, Martina me contó que se sentía “gorda”, y cuando se sentía gorda se sentía fea. Por lo tanto, dejaba de comer, porque odiaba sentirse fea.

Martina manifestó que su niñez había sido difícil, porque su madre siempre demandaba perfección de parte de ella, y creía que nunca podría alcanzar las expectativas de su madre. Me contó que esta era constantemente crítica; sin importar cuánto lo intentara, Martina nunca sintió su aprobación. También recuerda que su tío había abusado sexualmente de ella desde los cinco hasta los catorce años, pero no se lo había dicho a nadie por temor a lo que pudieran pensar.

Cuando Martina tenía aproximadamente 16 años, empezó a restringir su dieta, como una forma de tomar el control de su vida. Comer se convirtió en el eje de su interacción con sus padres, que incluía frecuentes discusiones con su madre, quien trataba de forzarla. Cuando ella no le hacía caso, su madre respondía criticándola con comentarios como: “No me importa si comes o no. No me importa si vives o te mueres”. Martina se sentía extremadamente herida y rechazada por su madre y, a pesar de eso, continuaba buscando su aprobación y su aceptación.

Preocupada por sus problemas sobre lo que pensara su madre, Martina dedicaba una gran parte de su tiempo y energía a tratar de complacerla. Aunque se daba cuenta de que su madre la controlaba por medio de la culpa y el ridículo, a Martina la aterrorizaba la idea de ser libre del control de su madre. Martina permitía que su madre tomara la mayoría de sus decisiones, y aceptaba su punto de vista en la mayoría de los temas. Ni una vez estuvo abiertamente en desacuerdo con su madre. Aunque era solo un poco más que la sombra de su madre, por dentro, Martina anhelaba tener su propia personalidad.

Durante el trabajo que realizamos juntos, Martina continuó perdiendo peso y llego a pesar 46 kilogramos. Sus períodos menstruales se detuvieron, y empezó a tener desmayos. Para prevenir que empezaran a fallar múltiples órganos en su cuerpo, fue hospitalizada en tres ocasiones. Realmente estaba luchando por su vida.

Martina sufrió de muchas creencias irracionales e ilógicas que estaban al borde del absurdo, tales como creer que estaba gorda cuando pesaba solamente 46 kilogramos. También aceptó que debido a algún problema que ella tuviera, nunca conseguiría la aceptación de su madre. Como resultado, encontraba con frecuencia fallas en sí misma, una consecuencia que simplemente aumentaba la falsa creencia de que no podía lograr nada en la vida.

Después de varias sesiones, llegué a algunas conclusiones sobre su situación. Era claro que la raíz del problema de Martina yacía en el destronamiento y la neutralización de su razón, la distorsión de su conciencia, que constantemente era bombardeada con una culpa ilegítima, y la adopción de un sistema de creencias sostenido por el dominio continuo de los sentimientos negativos de su madre y su completa vulnerabilidad a la opinión de otros. Martina nunca había aprendido cómo elaborar el balance correcto de su mente en el orden jerárquico correcto.

Dada la severidad de su enfermedad, teníamos que usar diferentes medicamentos para estabilizar su estado biológico, con el fin de permitirle recibir el máximo beneficio de la psicoterapia. El énfasis de la terapia fue fortalecer y restaurar su razón, purificar su conciencia y establecer sus facultades mentales como las agencias de gobierno en su mente. Llegó a ser extremadamente importante que aprendiera a examinar sus sentimientos a la luz de la verdad y la evidencia, y entonces valorar la verdad; sin importar como se sintiera ella. No fue una tarea fácil.

Martina fue capaz de reconocer que aunque se consideraba a sí misma “gorda”, no tenía evidencias que apoyaran tal opinión. De hecho, finalmente fue capaz de reconocer que la evidencia revelaba exactamente lo opuesto: que estaba seriamente por debajo de su peso normal.

El reconocimiento de la evidencia relacionada con su peso no eliminó el sentimiento de ser gorda. Sin embargo, le permitió darse cuenta de que cuando se sentía gorda, sus sentimientos no partían del hecho de tener sobrepeso sino que estaban conectados con algo más.

Llegó a entender que el “sentimiento de gordura” era el “sentimiento de ser fea” disfrazado. Entonces, utilizó su razón para explorar dónde se originaba el sentimiento de fealdad, y pronto se dio cuenta de que tenía sus raíces en el ridículo constante de su madre y el abuso de su tío. Lo siguiente que hizo fue explorar la verdad de que el “feo” comportamiento de su madre revelaba cuán “fea” era su madre, no Martina. De manera similar, el abuso que había sufrido por parte de su tío era en sí mismo “feo” y desagradable, pero ella no lo era.

Cuando empezó a reconocer y a aplicar la verdad, y comprendió claramente lo que le pasaba, lentamente reemplazó las distorsiones y las falsas conclusiones. La verdad la empezó a liberar. Cuando Martina percibió la situación con más claridad, vio que los demás también cometían errores, y empezó a valorar la verdad por sobre la opinión de otros. Esto le permitió una mayor autonomía y el ejercicio de su voluntad.

Pero los problemas de Martina no ocurrieron aisladamente. Mientras luchaba por su bienestar y autonomía, encontró resistencia en su casa. La joven mujer contó que su madre continuaba dictando todas sus acciones. No tenía libertad para escoger su propia ropa, sus propias actividades, o incluso sus propias clases en la universidad.

Después de haber explorado los principios de la libertad, entendió que su individualidad y su libertad estaban siendo persistentemente atacadas por su madre. Martina aprendió que al someterse al control de su madre, perdió el respeto por sí misma y experimentó resentimiento hacia su madre. Se dio cuenta de que había llegado a ser la sombra de su madre. Más importante aún, Martina entendió que si no hacía algo al respecto, nunca llegaría a tener su propia personalidad.

Cuando invitamos a sus padres a unirse a ella para una terapia familiar, su padre estuvo dispuesto, pero su madre se negó a hacerlo. Martina se dio cuenta de la importancia de aprender a pensar por sí misma, y empezó de la manera más sencilla a ejercer su propia individualidad, escogiendo usar ropa que su madre no había escogido por ella. Su madre la acusó de ser una rebelde y de no apoyarla. Le dijo a su hija que la había decepcionado.

Martina fue capaz de reconocer que su madre era la que no la apoyaba, entonces hizo arreglos para salir de la casa de sus padres e irse a vivir con una amiga. Su madre se negó a ayudarla de cualquier manera.

Cuando llego el día de la mudanza, su padre le dio un abrazo, le dijo que la amaba y le dijo adiós, pero su madre rehusó salir de su cuarto, ni siquiera para decirle adiós. Aunque esto hizo que Martina se sintiera como si estuviera haciendo algo terriblemente malo, fue capaz de ejercitar su razón para examinar los hechos, que revelaron que sus acciones eran buenas y que su madre se estaba comportando equivocadamente. Vio que su madre nuevamente estaba tratando de controlarla por medio de la culpa, así que, escogió darle a su madre la libertad de hacer la escena.

El incidente confirmó que Martina había hecho un gran progreso. Aunque ella no estaba contenta por la forma en que su madre la había tratado, fue capaz de tolerar esos sentimientos y ejercer su voluntad para decidir actuar sobre la base de la verdad, en lugar de actuar sobre la base de sus sentimientos.

Durante el curso de varios meses, Martina continuó practicando un pensamiento independiente y ejerciendo su voluntad para decidir lo que ella determinara como lo mejor. Al continuar pensando y actuando por ella misma, su ánimo y su peso continuaron mejorando. Eventualmente, fue capaz de cortar con la conexión perjudicial con su madre y aceptarse por lo que era, no por lo que su madre le había enseñado.

Cuando nuestra terapia terminó, Martina pesaba 58 kilogramos, no usaba medicamentos y se había inscrito para iniciar la carrera de Derecho. Escuché de ella 18 meses después de terminar la terapia. Seguía pesando alrededor de 60 kilogramos, estaba obteniendo muy buenas notas académicas en la universidad y, lentamente, ella y su madre estaban desarrollando una relación más saludable.

¿Qué determinó la diferencia para Martina? El restablecimiento del equilibrio jerárquico apropiado de las facultades de la mente; aprender a usar su razón; limpiar su conciencia de las distorsiones; eliminar las falsas creencias de su mente; aprender a tolerar y examinar los sentimientos antes de aceptarlos como hechos; y valorar la verdad más que la opinión de otros. Martina comenzó a implementar la ley de la libertad, y dio a su madre la libertad de pensar lo que quisiera, sin tratar de cambiarle la opinión. Como resultado, fue capaz de reconocer y justipreciar la verdad, aun si su madre no lo hacía. Al salir de las sombras, Martina ahora permanecía con la individualidad completa que Dios da. Era un ser pensante, no un mero reflejo de alguien más.

Este es el proceso que la Biblia describe como el crecimiento en Cristo, como llegar a ser un cristiano maduro. Los cristianos maduros son aquellos que han desarrollado la capacidad de discernir entre la verdad y el error, pensar por sí mismos, tolerar sentimientos negativos, mantener el dominio propio y valorizar la verdad por sobre la aprobación de otros. Esta unidad restaurada con Dios es el enfoque central de la Biblia; es el plan de salvación de Dios.

Considera que la salvación se deriva de la raíz salvare, que significa “sanar”. El plan de salvación de Dios implica que él nos toma enfermos, débiles de mente y egoístas, y sana el daño de nuestra mente, restaurando la capacidad de pensar claramente, amar libremente y permanecer firmes por lo que es correcto. Y a partir de esto, ser transformados de enemigos de Dios en sus amigos.