14. El camino de la muerte

“Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos está la muerte” (Proverbios 14:12, DHH).

Como lo hemos visto repetidamente, el problema con el pecado es que destruye. Las violaciones a las leyes de Dios del amor y la libertad conllevan, como resultado natural, la destrucción de nuestra capacidad de razonar y pensar. Perdemos la habilidad de discernir entre lo que es bueno y lo que es malo, lo correcto de lo incorrecto.

Cuando escogemos comportamientos destructivos gradualmente debilitamos la conciencia, y así disminuye su sensibilidad para percibir cuándo se están quebrantando las leyes de Dios del amor y la libertad. Al perder nuestra capacidad moral, llegamos a ser como animales que no piensan, llevados por la pasión y la lujuria.

Si persistimos en nuestra rebelión, llegaremos a dañarnos tanto, que seremos insensibles a cualquier cantidad de verdad que recibamos, porque el pecado ha destruido irrevocablemente nuestras facultades de la razón y la conciencia. El objetivo de Satanás es destruir nuestras facultades mentales superiores, destronando la razón, distorsionando o destruyendo la conciencia, y controlando la voluntad por medio de pasiones y sentimientos. Este es el camino de la muerte.

Cuando perecen nuestras facultades mentales capaces de responder a la verdad, Dios ya no puede hacer nada más para salvarnos. Estamos lejos de su alcance y, con tristeza, nos dejar ir, para que cosechemos las consecuencias de nuestras decisiones. Nos deja seguir el camino de la muerte.

La verdad entra en la mente por medio de la razón y la conciencia

Cristo dijo: “La verdad os hará libres” (Juan 8:32). Al no tener la verdad de su parte, Satanás hace todo lo que está en su poder por evitar que la verdad acerca del carácter de Dios alcance nuestra comprensión. Lo hace de diferentes maneras. Primero, intenta destruir la razón y la conciencia, ya que solamente a través de ellas la verdad puede entrar en nuestra mente. Sin la razón y la conciencia, somos incapaces de comprender la verdad y, por lo tanto, quedamos indefensos en la lucha por nuestra libertad.

Aceptar dos creencias opuestas destruye nuestra razón

Uno de los métodos que Satanás usa para destruir la razón es convencer a la gente de que crea en cosas que son contradictorias y que no tienen sentido. Para lograr esto, influye sobre ellos para hacer caso omiso de la razón, de forma tal que acepten dos cosas que no pueden ser verdad al mismo tiempo.

Por ejemplo, Satanás contrarresta la verdad de que Dios es amor al alentarnos a creer que Dios escoge quién será salvo y quién se perderá, insistiendo en que no tenemos libertad de elección. Como lo hemos visto anteriormente, el amor no puede existir sin libertad; por lo tanto, las dos creencias son mutuamente excluyentes. Las dos no pueden ser verdad al mismo tiempo, y la única manera de creer en ambas es renunciando a la razón. En estas situaciones, racionalizamos la contradicción diciendo: “Yo lo creo por fe”. Esto, como lo hemos visto, no es fe en absoluto.

El pastor de jóvenes y el hombre de malvavisco

Un pastor de jóvenes hizo lo mejor que podía para describir las maravillas del cielo durante un retiro espiritual. Dio gloriosas descripciones de las inimaginables maravillas que nos esperan en el cielo y del eterno amor de Dios por nosotros. Entonces, como contraste, mostró un hombrecito de malvavisco suspendido de una cuerda. Al acercar el muñeco de malvavisco al fuego, el pastor de jóvenes describió con horrible detalles el dolor y el sufrimiento que Dios ha de infligir sobre todos aquellos que rehúsen ser salvos. Dijo a los jóvenes que el Señor ha hecho enormes esfuerzos por demostrar su amor por nosotros, pero que si rehusamos rendir nuestras vidas a él se verá forzado a torturarnos y destruirnos.

La demostración del pastor de jóvenes representa una creencia antagónica. Si utilizamos nuestra razón, nos daremos cuenta de que Dios no puede ser un Padre amante y amenazarnos con destruirnos al mismo tiempo. Si nos llegara a abordar con métodos intimidantes, entonces nuestra respuesta hacia él no sería dada libremente, sino que sería resultado de la coerción, del miedo. Esta relación no puede ser cierta, ya que violaría la ley de Dios del amor y la libertad, y traería como consecuencia rebelión. Solo eliminando la razón podemos creer en la posición de aquel pastor de jóvenes.

Cuando el Dador de la vida nos deja ir

Si Dios no está amenazando con destruir a aquellos que no se arrepienten, entonces, ¿qué es lo que hará con aquellos que lo rechazan? Es muy simple: él toma la única decisión amorosa que puede tomar: los deja ir. Y cuando el Dador de la vida los deja ir, ellos mueren.

Imagina a un esposo que llega a la casa después del trabajo y queda destrozado cuando su esposa le dice que lo va a dejar por otro hombre. ¿De qué manera puede reaccionar el hombre?

Qué tal si la toma de un brazo, la arrastra hasta la habitación, la ata a la cama, le apunta con una pistola en la cabeza y le dice: “Todo lo que quiero es tu amor. Pero si te rehúsas a amarme, me veré forzado, por el amor que te tengo, a matarte”. ¿Cómo crees que reaccionaría ella? ¿Sentiría un amor más grande o un deseo mayor de salir corriendo?

Este trato claramente violentaría la ley de la libertad y traería, como resultado, una rebelión aun mayor, no un amor mayor. Dado que el esposo no puede recuperar a su esposa con estas tácticas, ¿qué puede hacer? Al pedirle que se quede, puede demostrar su amor hacia ella por medio de hechos. Puede, incluso, pedir a alguien que vaya a hablar con su esposa, y trate de convencerla de que se quede. Pero si después de todos sus esfuerzos ella insistiera en dejarlo, ¿cuál es la única opción justa que puede tomar? Dejarla ir.

Si insistimos en dejar a Dios, teniendo en cuenta todos sus esfuerzos por recuperarnos, la única cosa amorosa y justa que él puede hacer es dejarnos ir. Y cuando el Dador de la vida hace esto, morimos…

Al dejarnos ir, Dios permite que cosechemos las consecuencias de nuestras elecciones. Eso es a lo que la Biblia se refiere como la “ira de Dios”. En Romanos, Pablo afirma tres veces (vers. 24, 26, 28) que la ira de Dios es “entregarnos” a nuestras decisiones. Cuando consideré esta posibilidad por primera vez, fue muy difícil para mí aceptarla porque toda mi vida se me había enseñado que Dios un día usaría su poder para castigar y destruir. El diluvio, Sodoma y Gomorra, la muerte de los primogénitos de Egipto y muchas otras historias del Antiguo Testamento apoyaban esa idea de que Dios castigaría.

Pero lo que no entendía entonces era que lo que Dios realmente había dicho a Adán y a Eva fue: Si comes del fruto del árbol que está en medio del Jardín del Edén, “ciertamente morirás” (ver Gén. 2:17). En otras palabras, les dijo: “Si desobedeces, tus acciones te cambiarán tanto, que traerán como resultado tu muerte. Si insistes en dejarme, tendré que dejarte ir. Y dado que yo soy la fuente de la vida, cuando estés separado de mí perecerás. La consecuencia natural de violar mi ley de amor y libertad es la autodestrucción”.

También había olvidado que solo una Persona en toda la historia había sufrido la muerte de la que Dios habló a Adán y Eva, la muerte que es la paga del pecado y que resulta en la separación de Dios; la muerte de los pecadores. Todos los ejemplos que he usado previamente para entender esto (el diluvio, Sodoma y Gomorra, los primogénitos de Egipto) no se aplican, porque cada una de esas personas resucitará un día, ya sea para la resurrección de la vida o la resurrección de la muerte (Mat. 5:28; Apoc. 20:4-6).

Tuve que dar un vistazo a la Cruz para descubrir lo que sucedió con Cristo. Tuve que ver cómo trató Dios al que se hizo pecado, aunque él no conocía el pecado (ver 2 Cor. 5:21). En la Cruz, Dios trató a su Hijo como alguien que no se hubiese arrepentido, como un pecador incurable.

Cristo tomó el lugar del pecador en la Cruz, y experimentó del Padre lo que la persona que no se arrepiente enfrentará en el Juicio Final. ¿Y qué fue lo que Dios hizo a su Hijo en la Cruz? ¿Qué fue lo que Cristo clamó al Padre? “¿Dios mío, Dios mío, por qué me estás torturando? ¿Porque me golpeas? ¿Por qué haces caer fuego sobre mi desde el cielo?” ¡No! Jesús clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado, por qué me dejas ir?” (ver Mat. 27:46; Rom. 4:25).

La evidencia lo apoya, y es extremadamente razonable creer que un Dios de amor dejaría ir a aquellos que libremente escogen separarse de él. Les permite irse porque han persistido en su rebelión por tanto tiempo, que están lejos del alcance de la curación que él ofrece. Al rehusar utilizar las facultades que responden a la verdad, estas personas se destruyen a sí mismas. Perecen como resultado de sus propias decisiones, no como víctimas de un Dios vengativo que desea torturarlos por la eternidad.

El fraude masivo de Satanás

Satanás es un mentiroso tan convincente, que ha perpetrado un fraude masivo sobre la mayoría de la cristiandad en este aspecto. Isaías 33:14 nos dice que “los pecadores se asombraron en Sion, espanto sobrecogió a los hipócritas. ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?” Muchos cristianos concluyen que este texto se refiere al infierno.

Pero ¿quién dice la Biblia que podrá estar ante la presencia de Dios? Aunque en clave profética, el siguiente versículo nos da alguna pauta: “El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala” (vers. 15).

¿Deberíamos, simplemente, basarnos en la “fe” al abordar el texto? “Dios lo dijo, yo lo creo; eso es suficiente”. ¿O deberíamos plantear algunas preguntas?

Si tomamos la Biblia como un todo, empezando desde el Génesis y estudiando todos los otros libros, descubriremos algo sumamente interesante. En Éxodo 3, cuando Dios habló a Moisés desde la zarza, esta ardía. Entonces, en Éxodo 24:16, cuando Dios se apareció en el Sinaí, la gloria de Dios se asemejaba a un “fuego consumidor”.

En 2 Crónicas 5:13 y 14, se nos dice que cuando el Templo de Salomón fue dedicado, Dios descendió y los sacerdotes no pudieron entrar en el Templo por el resplandor de su gloria. Ezequiel 28 declara que, antes de su caída, Lucifer caminaba en medio de piedras de fuego ante la presencia de Dios (vers. 14).

Se declara en 2 Tesalonicenses 1 que el resplandor de la segunda venida de Cristo aniquilará a los impíos. 1 Timoteo 6:16 describe a Dios como luz inaccesible. Hebreos 12:29 anuncia que “nuestro Dios es fuego consumidor”. Y en Apocalipsis 21:23 aprendemos que el cielo nuevo y la Tierra Nueva no tendrán necesidad de sol ni de la luna para iluminar la Tierra, porque la presencia de Dios será su luz. ¿Qué significa todo esto?

El gran fraude de Satanás –que la vasta mayoría de cristianos ha aceptado– es que el lugar adonde no quieres ir y donde no quieres estar es el lugar de las llamas del fuego eterno y del fuego consumidor. Pero ese lugar es la presencia misma de Dios.

La gloria de Dios consume todo aquello que no está en armonía con él, pero da vida y cura a quienes sí están en armonía. Su gloria transformará al justo, como lo hizo con Moisés cuando estuvo en el monte en la presencia de Dios. Cuando Moisés bajó del monte Sinaí, irradiaba tanto la gloria de Dios, que los Israelitas le rogaron que usara un velo, porque no podían resistir verlo (Éxo. 34:35).

Cristo demostró la misma realidad justo antes de su crucifixión. Demostró que el fuego no es el que destruye. Caminó en medio del fuego consumidor en el Monte de la Transfiguración. Allí, la ardiente gloria de Dios envolvió a Cristo. ¿Y qué sucedió? ¿Fue consumido por el fuego? ¡No! El fuego fue inofensivo porque Cristo estaba sin pecado. Cristo reveló que el fuego no es el que destruye; es el pecado el que destruye. Es el pecado el que aniquila al pecador, no Dios.

La verdad que presenta la Biblia es simple. Dios da libre albedrío a todos. Si escogemos rechazar sus métodos, lentamente destruimos nuestra capacidad de razonamiento, debilitamos nuestra conciencia y perdemos la habilidad de gobernarnos a nosotros mismos. Llegamos a preferir los métodos del egoísmo, la fuerza, la explotación, el engaño y el secretismo, a cambio de la verdad, el amor, la sinceridad y la libertad. En el proceso, nos alejamos tanto de la armonía con Dios, que su presencia llega a ser fuego consumidor.

Los impíos morirán como resultado de no estar aptos para vivir en la presencia de la gloria de Dios, y no a causa de un castigo impuesto por Dios. Pero aquellos que han cooperado con Dios para restaurar su imagen en sus vidas (operando de nuevo bajo los principios del amor, la verdad, la sinceridad y la libertad), serán transformados por su presencia y vivirán por siempre ante su gloria vivificante, la llama eterna y el fuego consumidor.

Dios quiere que creamos basándonos en la evidencia

Dentro del cristianismo, encontramos muchas creencias que son mutuamente excluyentes y que contribuyen a la destrucción de la razón y la conciencia. Dios no quiere que aceptemos nada sin antes darnos suficiente evidencia; evidencia que apela a nuestra razón. Creer sin evidencia es irracional, y puede hacerse solo cuando la razón no está en funcionamiento.

Pero las creencias que son mutuamente excluyentes no son la única manera para destruir la razón y la conciencia. Uno de los logros más grandes de Satanás es hacer que los cristianos enseñen como virtuosas aquellas actividades que debilitan la razón. Tuve la oportunidad de experimentar esta situación de una manera muy personal.

Tres días de confusión

Varios años atrás, fui invitado a asistir a un seminario auspiciado por un grupo interdenominacional de cristianos. Entre los organizadores, estaban varios amigos míos bien cercanos, y por esta razón decidí asistir al seminario. Pero el aura del secretismo alrededor de este evento me hizo sospechar.

Antes de describir los métodos empleados durante ese fin de semana, debo decir que realmente creo que las personas que dirigieron ese seminario no entendían completamente lo que estaban haciendo. Los organizadores locales eran un grupo de cristianos sinceros, amables, educados y entusiastas. Pero no fueron ellos quienes establecieron las pautas para guiar el seminario, si no que seguían las pautas establecidas por la organización madre. Por lo tanto, creo que no pensaron en el verdadero significado de lo que estaban haciendo.

Estoy completamente convencido de que cada una de las personas involucradas en ese fin de semana era sincera en su deseo por exaltar el nombre de Jesucristo. Sin embargo, la sinceridad no siempre es suficiente…

Antes de su experiencia en el camino hacia Damasco, Saulo de Tarso buscó sinceramente ganar adeptos al judaísmo, pero empleó métodos de fuerza e intimidación. Cuando Pablo evangelizaba para Cristo luego de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco, escribió Romanos 14, en que da su opinión concerniente a asuntos religiosos diciendo: “Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente” (Rom. 14:5). Pablo había aprendido que el método de Dios incluye la verdad que es revelada con amor y que deja a otros libres para llegar a sus propias conclusiones. Todo método que restringe la libertad individual de pensar y escoger está en guerra contra Dios, no importa cuán sincera sea la persona que lo utiliza.

El objetivo del seminario era mejorar la relación personal con Dios, y a la vez crear mayor unidad entre los hermanos cristianos; un objetivo que apoyé con todo mi corazón. Pero ya antes de que empezaran las reuniones, algunas preocupaciones aparecieron en mi mente. Cuando hice preguntas acerca de lo que se había planeado, recibí respuestas evasivas y se me pidió no preguntar, y en cambio me alentaron a esperar y ver.

La ambigüedad me preocupó, porque yo sabía que Dios funciona mediante un gobierno claro y abierto. Recordé el primer capítulo de Job, donde Dios expresó lo que le estaba sucediendo a Job a la luz de todo el universo que observaba. También pensé en la respuesta de Jesús durante su juicio ante el Sanedrín, cuando el sumo sacerdote le preguntó acerca de su trabajo, y Jesús respondió: “Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto” (Juan 18:20).

Yo sabía que Dios nos insta a ser sinceros y a hacer preguntas, porque cuando tienes la verdad de tu lado no tienes nada que esconder. También me di cuenta de que Satanás utiliza las herramientas del secretismo y la evasión. Dado que él no tiene la verdad, tiene que esconder lo más que pueda.

Pero mis amigos y aquellos que conocía en el seminario eran personas buenas, decentes y amorosas, y yo estaba convencido de que no tenían malos motivos. Así que, dejé mis preocupaciones a un lado y seguí adelante con mis planes de asistir al evento.

Este seminario en particular fue organizado con reglas bien específicas, que fueron aplicadas estrictamente. Los hombres se reunían secretamente un fin de semana, y las mujeres se reunían al siguiente. Los participantes llegaban en autobuses y viajaban aproximadamente 100 kilómetros hasta un colegio abandonado, en una zona alejada que se utilizaba para estos retiros. Los participantes no podrían traer sus automóviles, celulares o computadoras.

Después de llegar, tenían que entregar sus relojes. Entonces, tenían que seguir una agenda en la que se esperaba que completaran ciertas tareas específicas y cumplir requerimientos explícitos. El programa para el grupo masculino incluían actividades como oraciones en pareja con un compañero. Adicionalmente, los participantes recibían un libro que incluía recitaciones específicas, versículos y mantras, que cada uno debía recitar antes de cada reunión.

Las horas de comidas eran controladas y el sueño era regulado. Como nadie tenía relojes, pronto muchos perdieron la noción del tiempo. De hecho, sus relojes biológicos se vieron afectados. También se les quitó su espacio personal. Los participantes dormían en camarotes en grupos de veinte personas por habitación, y compartían los baños. Los organizadores nunca permitieron que nadie estuviera solo o que hubiera tiempo para el estudio o la reflexión personal.

Los organizadores dividieron a los participantes en pequeños grupos y les asignaron mesas de ocho a diez personas para sentarse. Aunque el grupo asumía que cada uno compartía su mesa con otros participantes, dos de los miembros organizadores fueron colocados de incógnito en cada mesa. Estos buscaron dirigir el curso de la conversación en la dirección que los organizadores habían determinado que era la mejor, llevando a los participantes a creer que estaban discutiendo cosas entre ellos mismos, cuando realmente estaban hablando con organizadores que se hacían pasar por participantes.

Los organizadores del seminario justificaron este engaño, diciendo a los miembros organizadores encubiertos: “Si alguien les pregunta si forman parte de la organización del evento, no mientan”. Pero el seminario hizo un gran esfuerzo para hacer parecer a tales individuos como si fueran participantes, de forma tal que nadie cuestionara el asunto.

Los organizadores disfrazados de participantes se mezclaron con el grupo, dentro del que rápidamente se desarrolló confianza y camaradería. Pero esta confianza estaba basada en premisas falsas y ponía a los participantes en una posición de gran vulnerabilidad a las sugerencias introducidas por los organizadores encubiertos que estaban presentes en cada grupo. El seminario había sido diseñado de este modo para romper con cualquier potencial resistencia que se presentara, y lograr tener la capacidad de moldear sus creencias desde el interior de la confianza que tenía el grupo.

Se presentaron sermones espirituales, simples, pero basados en la Biblia, que ocultaron aún más lo que los organizadores estaban haciendo. Todo el ambiente era confuso para mí, porque estaba acostumbrado a examinar las doctrinas y las enseñanzas para detectar cualquier potencial peligro. Pero al examinar los contenidos del retiro, encontré muy poco para comentar.

Debido a que me concentré en los testimonios y los sermones, que eran inspiradores y motivadores, fallé al no percibir claramente el cuadro completo del proceso. De hecho, los métodos utilizados fueron tan sutiles, que recién después de varios años de estudio y reflexión he sido capaz de identificar los métodos perjudiciales que fueron empleados durante ese fin de semana.

Para mi mayor confusión y distracción, los organizadores llenaron el fin de semana con regalos de todo tipo: comida, tarjetas, cartas y múltiples símbolos del amor de Cristo, tales como palomas o cruces. Parecía que los regalos no tenían fin. Nos llenaron de regalos, con la explicación de que demostraban la abundancia del eterno amor de Dios.

Tiempo después, con mayor información, recordé que Dios no utiliza métodos como el secretismo, la falsedad, el ocultamiento y el control, y menos aún cuando son disfrazados de amabilidad superficial y regalos.

El seminario había sido organizado para generar una presión de grupo extrema, y lograr la conformidad de las personas sin su consentimiento. Por ejemplo, el retiro no informó a nadie cuál sería la agenda. Cada evento era una sorpresa. No había oportunidad de considerar si querían o no participar de determinadas actividades, sino que las personas se hallaban en medio de la actividad antes de poder decidir esto. Para cuando llegaba el momento, era difícil retirarse, ya que salir generaría un trastorno para el resto. La presión de grupo aseguraba conformidad. Más aún, si alguien decidía saltarse alguna actividad, dos o tres miembros de los organizadores se acercaban y lo persuadían para que regresara. Se hicieron todos los esfuerzos posibles para evitar que los participantes tuvieran algún momento a solas.

Al meditar sobre la experiencia, me di cuenta de que esos métodos son similares a aquellos usados en los cultos o las sectas para eliminar cualquier pensamiento individual y generar conformismo. Estos métodos están diseñados para socavar la identidad personal, la razón y la conciencia. Y en cambio, se promueve que las personas entreguen su libertad de elección al grupo, para que el grupo pueda pensar por el individuo. Esto es destructivo, no importa cuán cristiano parezca ni cuán sinceros sean los organizadores. De nuevo, pienso en Saulo antes de su encuentro con Dios en el camino a Damasco. Él era sincero en su deseo de complacer a Dios, sin embargo, los métodos que usó eran realmente satánicos y perseguían a Cristo. Fue recién después de que Pablo cambiara sus métodos que llegó a ser una poderosa herramienta en la causa de Dios.

Los participantes se encontraron confrontados con decisiones constantemente, pero nada relacionado con lo que era correcto o incorrecto. La mayoría de las decisiones requerían que los participantes escogieran entre un comportamiento que mantendría la aceptación o generaría el rechazo del grupo.

Para el último evento de la semana, los participantes fueron llevados rápidamente a un cuarto donde se encontraron con “graduados” de seminarios previos. Se instruyó a cada uno de ellos que tendría que pararse en frente de la audiencia y compartir sus reflexiones personales de lo que el seminario había significado para ellos. No se dio tiempo para pensar en negarse, y de hacerlo, hubiera generado una situación incómoda solo para evitar tener que dar un testimonio público.

Además, varios cientos de personas en la audiencia esperaban con altas expectativas los testimonios; disminuyendo aún más la posibilidad de presentar un reporte sincero y libre de coerción e intimidación.

Cuando la ley de la libertad es violada, aparece la rebelión como consecuencia predecible. Pero aquellos participantes del seminario no mostraron ni hostilidad ni ira. Ninguna evidencia de desacuerdo o de rebelión salió a la superficie. Si la ley de la libertad fue violada, entonces, ¿por qué no se presentó la rebelión como un resultado obvio? Aquí es donde el engaño llega a ser extremadamente sutil, y por lo tanto, aún más peligroso.

Cada participante con el que hablé sintió un deseo de rebelarse, resistir y retirarse. Algunos estaban claramente más disconformes que otros, pero aparentemente todos sintieron lo mismo.

Sin embargo, debido a que las estrategias usadas eran presentadas como si fueran extremadamente cristianas, los participantes fueron llevados a pensar que su resistencia era una rebelión en contra del Espíritu Santo. Esta justificación, por supuesto, no podría estar más alejada de la verdad. Las personas que fueron al seminario ese fin de semana, habían ido porque querían buscar una relación más profunda con el Señor. Cuando el seminario empleó los métodos del secretismo, el engaño, el control y la presión de grupo, cada participante tuvo una reacción guiada por Dios para rebelarse contra estas tácticas. Debido al hecho de que los métodos usados estaban disfrazados con una apariencia cristiana, era muy difícil identificar exactamente qué era a lo que estaban resistiendo. Esta incapacidad de identificar la verdadera naturaleza de la rebelión (contra los métodos incorrectos, no contra Dios) los dejó expuestos al engaño de tal forma, que cualquier resistencia aparentaba ser en contra de Dios mismo.

Tanto los organizadores reconocidos como aquellos que estaban encubiertos en los grupos, promovieron este engaño para que los participantes fueran fácilmente convencidos de suprimir su búsqueda de libertad y, a cambio, se conformaran con el objetivo del grupo. Consecuentemente, el seminario no produjo una rebelión abierta, sino solo una lenta erosión de la individualidad, junto con una habilidad deteriorada de razonar y pensar.

Los organizadores del seminario, sin duda, intentaban con su programación difundir el evangelio e incrementar el amor cristiano. Pero no tuvieron éxito porque –aun cuando el seminario estuvo lleno de música cristiana, oración, sacramentos y testimonios– utilizaron los métodos de secretismo, manipulación, engaño, coerción y control.

El evangelio (las Buenas Nuevas) de Dios es que él no emplea tales métodos. Sus métodos son la sinceridad, la verdad, el amor y la libertad, y estos resultan en la restauración de la imagen de Dios en nuestro interior, así como también el fortalecimiento de la razón, la purificación de la conciencia, el desarrollo del dominio propio y mayor libertad y autonomía. Pero los métodos que siguieron los organizadores del seminario, en lugar de promover la curación de la mente, desafortunadamente promovieron una mayor destrucción de la imagen de Dios, al violar las libertades individuales y erosionar sutilmente la identidad personal.

Los símbolos tienen significado

¿Cómo es posible que un ser inteligente se aferre de dos creencias que son mutuamente excluyentes? Una de las estrategias de Satanás es persuadir a las personas de aceptar el simbolismo como un hecho, en vez de buscar el verdadero significado de los símbolos mismos; aceptar la metáfora como la realidad, antes que explorar el significado de la metáfora.

El cristianismo está cargado de símbolos y lenguaje difícil, que motiva la aceptación de creencias que no tienen sentido. Piense en la palabra “justificación”. Pregúntele al pastor qué significa, y muy seguramente recibirá una explicación como la siguiente:

“Cuando la raza humana pecó, cayó bajo la condenación de la Ley de Dios. El castigo por romper la Ley divina es la muerte. Pero Dios nos amó tanto que no quiso que muriéramos, así que, envió a su Hijo para pagar el precio por medio del derramamiento de su sangre. Si usted acepta el pago de la sangre de Cristo en reemplazo suyo, entonces es justificado, o aceptado, por Dios. Usted es lavado en la sangre de Cristo y sus pecados son perdonados, no por sus propios méritos, sino basado en los méritos del sacrificio de Cristo”.

¿Es este el significado de justificación? Bajo el menú de mi programa Microsoft Word tengo la opción de “justificar” el texto, que puedo usar para alinear palabras y enderezar los márgenes. Cuando presiono esa opción, ¿qué creen que sucede? El margen izquierdo y el derecho quedan alineados. Todo lo que estaba fuera de la armonía es puesto en armonía, todo lo que estaba fuera de orden es puesto en orden, todo lo que estaba fuera de línea es llevado a la línea, todo lo que estaba mal es corregido. En nuestro mundo de pecado, ¿qué es lo que está “fuera de orden”, que necesita ser puesto nuevamente en orden? ¿Qué es lo que está mal, que necesita ser corregido?

Cuando Adán pecó, ¿fue Dios quien experimentó algún cambio que necesitara ser corregido? Por supuesto que no; Dios es el mismo ayer, hoy y siempre. Entonces, ¿necesitamos que Cristo muera a fin de calmar a Dios, es decir, a fin de que el Padre cambie su actitud hacia nosotros y convencerlo de que nos perdone? ¡No! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Cor. 5:19). “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom. 8:31). Cristo dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Cristo es “la imagen misma de su sustancia [del Padre]” (Heb. 1:3). Nunca ha existido un problema con Dios; siempre ha estado de nuestro lado.

Pero cuando Adán pecó, ¿no fue él quien cambio? ¡Sí! Su mente dejó de funcionar del modo apropiado. Dejó de confiar en Dios y de valorar sus métodos y principios de gobierno, y se volvió egoísta.

Lo que necesitaba ser corregido era el corazón y la mente humana. Justificar, simplemente, significa restaurar nuestros corazones y mentes, y “alinearlos” con el corazón y la mente de Dios para volver a amar y a confiar. Pero esto solo puede ocurrir por medio de la revelación de la verdad acerca del carácter de amor de Dios. Entonces, cada persona tiene la responsabilidad de pesar y decidir libremente si acepta o rechaza esta verdad.

Muchos símbolos en el cristianismo son malentendidos y, como resultado, debilitan la capacidad de razonar. Piensa en el significado de ser “lavado en la sangre” o “limpiado por la sangre”. ¿Somos realmente lavados en el líquido rojo que corre por nuestras venas? Obviamente no. Entonces, ¿qué es lo que este símbolo significa?

La sangre es símbolo bíblico de la vida (Lev. 17:11). La vida de Cristo revela la verdad acerca de Dios y expone las mentiras que Satanás ha dicho sobre él. Aquellos que entienden y aceptan esta verdad son “lavados”, y sus mentes son limpiadas de las distorsiones y los malentendidos sobre Dios.

¿Qué es lo que la sangre hace en el cuerpo? Trae vida (oxígeno y nutrientes) y remueve la muerte (dióxido de carbono y desechos). Considera el papel de la verdad acerca de Dios que ha sido revelada en la vida y la muerte de Cristo (la sangre de Cristo). Esta trae vida (verdad acerca de Dios) y remueve la muerte (mentiras acerca de Dios). Ser lavado por la sangre significa tener la mente restaurada por medio de la verdad revelada a través de Cristo.

Hebreos 2:14 nos brinda mayor información sobre este proceso: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. ¿Sabías que el diablo tiene el poder de la muerte? ¿Cuál es este poder?

Juan 17:3 nos da una respuesta, en palabras de Cristo mismo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Si la vida eterna es conocer a Dios, ¿qué puede ser la muerte eterna? ¡No conocer a Dios! Entonces, ¿cuál es el poder de Satanás? Las mentiras que dice acerca de Dios, para que las creamos y así mantenernos sin conocerlo.

La sangre de Cristo simboliza la verdad revelada en la vida y la muerte de Cristo, que destruye las mentiras de Satanás. La verdad nos hace libres. Sana nuestras mentes y restaura nuestra relación con el Padre.

Dentro del cristianismo, encontramos muchos otros ejemplos de simbolismos y lenguaje que han sido malinterpretados. Piensa en algunos de los ejemplos que te son familiares y luego busca su significado.

Seis señales de que la razón está siendo destruida

Dado que la razón puede ser debilitada de muchas maneras, vamos a explorar algunas de las señales que indican que la razón está siendo removida del rol para el cual fue creada. A continuación, se presentan seis señales comunes que frecuentemente surgen cuando la razón no está siendo utilizada.

1. Dios lo dijo, yo lo creo; eso es suficiente. Muchas personas muestran síntomas de haber permitido que su razón sea puesta a un lado, han perdido la capacidad de pensar por sí mismos. Quizás hayas escuchado a alguien decir: “Dios lo dijo, yo lo creo; eso es suficiente”. Aunque suena muy espiritual y sea un “camino que al hombre le parece derecho” (Prov. 14:12), su fin lleva a la muerte, porque debilita la razón y restringe la capacidad de la persona para reconocer la verdad. Abre la puerta para creer en cualquier cosa.

¿Es que Dios quiere que creamos simplemente porque él lo dice así? ¿O prefiere que creamos porque la verdad está de su lado y hemos llegado a entender la verdad? Cualquiera puede hacer afirmaciones, pero solo Dios tiene la verdad. Reflexiona sobre el texto de la Biblia que dice: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). ¿Cómo podemos saber que Dios es amor? ¿Porque la Biblia dice “Dios es amor”? Esta declaración es simplemente una afirmación, y Satanás podría hacer una afirmación similar.

Sabemos que Dios es amor no solamente por el hecho de que Dios dijo: “Yo soy amor”, sino por toda la evidencia que nos ha dado como muestra de su amor. Considera la multitud de historias que se encuentran en la Biblia que evidencian su misericordia, su gracia y su continuo cuidado por nuestro planeta, culminando en la muerte de Cristo en la cruz como una desbordante demostración del amor divino.

Dios no tiene que apoyarse en proclamas o eslóganes, porque él tiene la evidencia de su lado. En cambio Satanás, al no tener evidencias, intenta convencer a las personas por medio de declaraciones y afirmaciones.

¿Recuerdas cuando Bill Clinton se paró frente a toda la nación y proclamó: “Yo no tuve ninguna relación sexual con esa mujer”? Cuando Mónica Lewinsky trajo su vestido y fue sometido a una prueba de ADN, la evidencia reveló la verdad. Satanás no tiene la verdad, así que, se alegra cuando los cristianos practican métodos que se apoyan en declaraciones sin evidencia porque, de esa manera, los prepara para un engaño.

El Señor no quiere que creamos basados meramente en el peso de sus declaraciones personales. Luego de la resurrección de Cristo, dos individuos caminaban por el camino a Emaús cuando un tercero se les unió. Sabemos que ese tercero era Cristo, pero ellos no lo reconocieron entonces.

Desanimados por la crucifixión de Cristo, estos discípulos no se habían dado cuenta que él había resucitado. ¿Cómo manejó Cristo esa situación? Podía haber escogido mostrarles su identidad con gran poder y declarar: “Soy Yo, el Salvador resucitado: crean en mí”. En cambio, los condujo a través de la evidencia de las Escrituras del Antiguo Testamento, que predecían los eventos de su vida. Entonces, cuando estaban convencidos por el peso de la evidencia de las Escrituras, se reveló a ellos.

Dios no quiere que creamos basados en declaraciones personales y afirmaciones; más bien, quiere que creamos la verdad basados en la evidencia. En el libro de Isaías, se expresa: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isa. 1:18). El proceso de estudiar la evidencia y descubrir la verdad por nosotros mismos quita las mentiras de nuestras mentes y nos transforma para ser cada vez más parecidos a Cristo. Esto no puede ocurrir solo creyendo declaraciones. Aceptar declaraciones sin evidencia debilita la razón y la mente.

2. Si es bueno para mamá… Desafortunadamente, esta es una práctica bastante común en el cristianismo: el creer basados en lo que afirma una persona a la que amas o en la que confías. Recientemente, la Iglesia Anglicana cambió su creencia oficial acerca del infierno. Tradicionalmente, sostenían que el infierno era un lugar donde se atormentaba eternamente con fuego. Sin embargo, recientemente la Iglesia Anglicana modificó su posición y ahora enseña que los impíos en el tiempo del fin serán completamente aniquilados, argumentando que la doctrina del tormento eterno muestra a Dios como un “monstruo sádico”.22

Imagina un miembro de la Iglesia Anglicana preguntando acerca del infierno a alguien que cree en el tormento eterno. Si aquellos que mantienen el concepto del tormento eterno responden diciendo: “Yo creo en el fuego eterno del infierno porque eso es lo que creen mis padres”, estas personas ¿estarían demostrando que piensan por ellas mismas? Esta respuesta ¿revela el uso o el destronamiento de la razón? Y qué tal, si dijeran: “Bueno, eso es lo que mi pastor dice”, o “Yo he creído esto toda mi vida, no voy a cambiar ahora”. Estas respuestas revelan que la razón ha sido puesta a un lado, y que esos individuos han cerrado su mente a la revelación de toda verdad nueva.

3. Tantas personas no pueden estar equivocadas. Una de mis respuestas favoritas que indican que la razón ha sido puesta a un lado ocurre cuando alguien dice: “La mayoría de las iglesias enseñan esto. Tantas personas no pueden estar equivocadas”. Pero aquellos que usan este argumento para mantener desconectada la razón, olvidan que la mayoría de las personas en el tiempo de Noé y en los tiempos de Cristo estuvieron equivocadas. No, el voto de la mayoría no indica necesariamente que sea verdad.

4. Rechazo y enojo ante preguntas sobre lo que se cree. Una desafortunada pero igualmente cierta evidencia de que la razón ha sido paralizada aparece cuando las personas reaccionan con ira a preguntas acerca de lo que creen. La verdad puede darse el lujo de ser investigada; por lo tanto, aquellos que poseen la verdad no deben sentirse amenazados cuando surgen preguntas. Pero los puntos de vista que están basados en el error se desmoronarán al ser puestos bajo investigación. Por esta razón, muchas personas que no están seguras de la validez de lo que creen evitan examinar sus creencias siempre que sea posible. La ira y el rechazo a ser cuestionados son signos frecuentes de que no se está utilizando la razón.

Esto es cierto aun cuando las personas creen en la verdad, pero lo hacen porque alguien les ha dicho en qué creer, en vez de razonar el tema por sí mismos. Estos individuos experimentan enojo cuando se les pregunta por qué nunca han examinado la verdad por ellos mismos, y no conocen las evidencias o las razones de por qué creen lo que creen. Su razón está inactiva.

5. Fe ciega. Cuando se les pregunta por algo que no tiene sentido y para lo que no tienen evidencia, muchas personas responden que ellos “lo creen por fe”. Como ya lo hemos visto en nuestro capítulo acerca de la fe, la verdadera fe se apoya en la evidencia, de modo que no evita la investigación ni la búsqueda de evidencia. Solamente las falsedades de Satanás demandan ser aceptadas sin evidencia, porque él sabe que la búsqueda de evidencia destruirá la falsa creencia.

6. El logro más grande de Satanás: el espiritismo. Satanás se alegra cuando los cristianos emplean métodos que terminan en la lenta erosión de la imagen interior de Dios. Desafortunadamente, muchos de estos métodos perjudiciales han logrado entrar en los círculos cristianos.

Quizás el mayor logro de Satanás dentro del cristianismo sea la introducción del espiritismo. Como ya lo descubrimos al final de nuestro capítulo acerca de la fe, el espiritismo es la búsqueda del conocimiento sin la investigación de la evidencia o el uso de la razón.

En ciertos círculos cristianos, el engaño está sumamente difundido. De hecho, para muchos, las experiencias sobrenaturales sustituyen el estudio de las Escrituras, y basan su creencia en emociones volátiles antes que en una comprensión razonable de la verdad. Nada puede ser más peligroso que esta combinación. De este modo, se revierte el orden completo de la jerarquía que Dios dio a la mente, permitiendo que los sentimientos sirvan como evidencia, mientras la razón se paraliza con el engaño de que el trabajo del Espíritu Santo no se puede entender, sino que debe ser aceptado solamente por fe.

Algunos grupos religiosos creen que el Espíritu Santo ejerce su influencia sobre las personas haciéndolas sacudirse violentamente en el piso o reír descontroladamente. Pero la Biblia es clara, al mostrar que los frutos del Espíritu Santo incluyen amor, felicidad, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, gentileza y dominio propio (Gál. 5:22, 23).

Cuando el Espíritu Santo llega a nuestra vida, desarrollamos cada vez mayor dominio propio. Es Satanás quien quiere que los seres creados a la imagen de Dios se vuelvan como bestias irracionales, criaturas instintivas que se sacuden en el piso como un pescado, perdiendo su habilidad de razonamiento y discernimiento.

Pero debido a que muchas de estas experiencias nos hacen sentir muy bien, los que las experimentan con frecuencia las aceptan como que si fueran guiadas por el Espíritu de Dios. Si solamente estas personas volvieran a utilizar su razón y recordaran Santiago 1:14, que nos dice que somos tentados por nuestros propios sentimientos; si tan solo aquellas personas valoraran la verdad sin importar los sentimientos, entonces Dios podría completar su meta de recrear su imagen interior en ellos. Si tan solo…


22 The Mystery of Salvation: The Story of God’s Gift. A Report by the Doctrine Commission of the Church of England (London: Church House Publishing, 1995), p. 197