2. Desarrollar un cerebro saludable

Necesita un Cuerpo Saludable

Una vejez confortable es la recompensa de una juventud bien vivida. En lugar de traer perspectivas tristes y melancólicas de decadencia, debería darnos esperanzas de una juventud eterna en un mundo mejor.
—Ray Palmer (1808–87), clérigo y poeta estadounidense

Cuando hablamos de envejecimiento, ¿a qué nos referimos? ¿Estamos hablando simplemente de envejecer cronológicamente o queremos decir algo más? Si bien una definición común de envejecimiento en los diccionarios es la duración de tiempo que algo o alguien vive o existe, en este libro, cuando hablamos de envejecimiento, no nos referimos únicamente al número de años vividos, sino también al lento declive de la vitalidad, la salud y la capacidad que ocurre a medida que envejecemos. La mayoría de las personas estaría encantada de vivir eternamente si supiera que conservaría su salud, vitalidad, fuerza y capacidades. El envejecimiento, en este contexto, se refiere al envejecimiento funcional: la pérdida lenta de vitalidad y capacidad.

Aunque el tiempo pasa a un ritmo constante para todos, no todas las personas envejecen al mismo ritmo. Las experiencias de vida y las decisiones que tomamos afectan nuestro paso por el tiempo y pueden ralentizar o acelerar nuestro envejecimiento: esa pérdida gradual de vitalidad y capacidad.

En este libro identificaremos múltiples factores que aceleran el envejecimiento, así como intervenciones que podemos realizar para desacelerarlo. Aunque descubriremos muchos factores involucrados, esto no tiene por qué abrumarnos. Pensemos por un momento en los factores que contribuyen a que un auto se averíe o tenga un accidente. Estos factores son análogos a lo que puede suceder en nuestro cuerpo:

  • Mala construcción (por ejemplo, fallas en el encendido que causan accidentes): vulnerabilidades genéticas o epigenéticas al envejecimiento
  • Malas condiciones: falta de ejercicio o nutrición inadecuada
  • Frenos defectuosos: incapacidad para calmarse o frenar
  • Neumáticos desgastados: personas muy emocionales que no están centradas en la realidad o que resbalan fácilmente con los cambios emocionales
  • Distracciones (como enviar mensajes o cambiar la radio): adicciones al entretenimiento, alcohol o drogas que impiden atender la salud
  • Visibilidad deficiente: falta de educación, comprensión o perspectiva
  • Condiciones resbaladizas (lluvia, nieve): toxinas, contaminación y exposición industrial que aceleran el envejecimiento
  • Sabotaje intencional: abuso físico y emocional, guerra y crimen
  • Dormido al volante: ignorar consejos saludables y negarse a aprender

Así como cada uno de estos factores puede contribuir a que un auto se arruine, también cada uno de los factores corporales correspondientes contribuye a nuestro riesgo de discapacidad con el envejecimiento. Abordar uno o más no garantiza que evitaremos un accidente o problema, pero cuantos más factores negativos existan, mayor es la probabilidad de problemas. Cada factor que abordamos reduce el riesgo. Del mismo modo, mientras más factores que aceleran el envejecimiento logremos modificar, más vitalidad conservaremos y menor será nuestro riesgo de demencia.


Un Cerebro Saludable Requiere un Cuerpo Saludable

El primer principio para mantener un cerebro joven es mantener un cuerpo sano. ¿Por qué es importante la salud física si uno quiere un cerebro sano? Porque el propósito principal de cada sistema de órganos del cuerpo es servir al cerebro: los pulmones respiran y el corazón late para proveer oxígeno y nutrientes al cerebro. Las piernas mueven el cerebro de un lugar a otro, y los brazos le permiten interactuar con el mundo. Los ojos y oídos recogen datos para el cerebro.

El sistema gastrointestinal (GI) absorbe nutrientes que brindan energía y materiales para todo el cuerpo, pero especialmente para el cerebro. Aunque el cerebro pesa solo 1–2% del cuerpo, consume el 20% de su energía. Además, el sistema GI protege al cerebro de toxinas. Lo que comemos y bebemos se absorbe en la sangre, que pasa por el hígado antes de llegar al cerebro. El hígado identifica y neutraliza toxinas para proteger el cerebro. Por ejemplo, el hígado tiene enzimas que desintoxican el alcohol. Si alguien bebe poco, el hígado lo elimina antes de que llegue al cerebro. Solo grandes cantidades lo saturan y causan embriaguez.

Esto demuestra que lo que perjudica la salud del cuerpo inevitablemente perjudica la salud del cerebro. No es sorprendente que enfermedades como anemia, diabetes y problemas cardiovasculares aumenten el riesgo de demencia. Lo que es menos conocido es que la salud dental deficiente también lo hace. De hecho, estudios muestran que quienes tienen menos dientes tienen mayor riesgo de demencia. Así que una acción simple para reducir este riesgo es mantener una buena higiene bucal.


Ley del Diseño

Un concepto clave para tomar decisiones saludables es vivir en armonía con la ley del diseño. ¿Qué es esto? Son principios, protocolos y parámetros sobre los que se basa la vida, también conocidos como leyes de la salud. Por ejemplo, no le ponemos agua al tanque de un auto porque no fue diseñado para funcionar con agua, aunque sea más barata que la gasolina.

Estas leyes incluyen la gravedad, la termodinámica, la física y la salud. Los seres humanos no crean el espacio, el tiempo ni la vida; solo podemos respetar sus leyes. Sin embargo, los humanos suelen confundir leyes diseñadas (naturales) con leyes humanas, que requieren castigo para hacerlas cumplir.

Este pensamiento erróneo lleva a muchos a creer que si algo es legal, entonces no es dañino. Por ejemplo, algunos adolescentes piensan que fumar es malo solo porque es ilegal, pero aunque se legalice, seguirá violando las leyes de salud. Muchas personas adultas también actúan así: comen y beben lo que quieren y esperan que el médico lo arregle con una pastilla. Pero la vida no funciona así.

Volveremos a este concepto muchas veces en el libro. Por ahora, recordá esto: no es posible tener salud fuera de las leyes de la salud. Conocerlas y respetarlas es fundamental para ralentizar el envejecimiento y maximizar la vitalidad.

Reflexioná:
¿Estás haciendo algo que sabés que es perjudicial para tu salud? Si la respuesta es sí, preguntate por qué. Considerá el costo, no solo económico, sino para tu salud y energía. Si querés envejecer mejor, empezá por eliminar prácticas que sabés que no te hacen bien. No me refiero a indulgencias ocasionales, como una gran comida una vez al año, sino a hábitos continuos que te están dañando.


El Cerebro

El cerebro es un órgano asombroso con más de 100 mil millones de neuronas y más de un billón de células de soporte. Cada neurona puede tener hasta 10 mil conexiones, y estas interconexiones son críticas para la inteligencia.

¿Qué determina si una persona desarrolla un cerebro complejo o no? El momento más crítico es durante el desarrollo fetal y la infancia temprana. En ese momento, el cerebro produce células rápidamente, que luego deben organizarse correctamente. Por eso, el desarrollo fetal es un período muy vulnerable.

Por ejemplo, el virus del Zika daña el cerebro fetal al impedir la producción de neuronas, causando cerebros muy pequeños. Pero también lo hacen el alcohol, tabaco, toxinas, mala nutrición materna e infecciones. Aunque no podemos cambiar nuestro pasado prenatal, sí podemos compartir esta información con futuras generaciones.

Después del nacimiento, el cerebro sigue siendo moldeable. Los primeros 7–8 años son clave para formar las redes necesarias para el aprendizaje. De hecho, al nacer, el cerebro tiene muchas más neuronas de las que tendrá a los 8 años. Este es un período de conexión y poda neuronal, donde las habilidades, creencias e ideas se van consolidando.

¿Qué determina qué redes se conservan? Su uso. Este es otro principio de diseño: la ley del esfuerzo. Si querés fortalecer algo, tenés que usarlo. Músculos, instrumentos, habilidades… todo mejora con práctica. Lo mismo pasa con el cerebro: si usás una red neuronal, esta se refuerza y crece; si no, se pierde.

Las personas ciegas de nacimiento, por ejemplo, desarrollan una corteza visual que procesa el tacto, el oído o el olfato. El cerebro se adapta. Aunque sigue cambiando durante toda la vida, es mucho más fácil durante la infancia, cuando la “pizarra” está en blanco. Más adelante, para aprender algo nuevo, muchas veces hay que desaprender lo anterior.


¿Por qué hablar de la infancia en un libro sobre el envejecimiento?

Porque en la infancia se construye la base. Una de las cosas que ralentiza el envejecimiento cerebral es la educación. Aprender cosas nuevas es parte de la ley del esfuerzo. Las personas educadas tienen cerebros más complejos y más conocimiento para tomar decisiones saludables. Esto las hace más resistentes al paso del tiempo. De hecho, estudios demuestran que quienes completaron 16 años de educación viven más de una década más que quienes no terminaron la secundaria.

El cerebro produce sustancias llamadas neurotrofinas, que estimulan el crecimiento de neuronas y conexiones. Son como fertilizantes cerebrales: BDNF, VEGF y NGF. Estas sustancias se suprimen por factores como el miedo, el tabaco, el sedentarismo, el estrés, el dolor crónico y dietas poco saludables.

Lo más interesante es que solo el ejercicio físico estimula la producción de las tres neurotrofinas al mismo tiempo. Incluso en mayores de 65 años, caminar solo 15 minutos al día puede aumentar un 2% el volumen del hipocampo (la zona de la memoria), revirtiendo dos años de envejecimiento.


Conclusión

La infancia es un período de gran plasticidad cerebral. Las experiencias, educación, alimentación y espiritualidad vividas en esos años afectan el desarrollo del cerebro. Eventos adversos pueden dañar esa estructura aumentando el estrés, alterando los genes, y generando más riesgo de enfermedades y envejecimiento precoz.

No podemos cambiar nuestro pasado, pero sí nuestras decisiones actuales. El cerebro y el cuerpo están profundamente conectados. Cuidar el cuerpo es cuidar el cerebro.


PUNTOS CLAVE

  • El envejecimiento es la pérdida lenta de vitalidad y capacidad.
  • La vida opera según leyes de diseño: conocerlas y vivir en armonía con ellas es esencial.
  • Ley del esfuerzo: si no usás algo, lo perdés.
  • Cada sistema corporal existe para servir al cerebro. Por eso, mantener la salud física es clave para el cerebro.
  • El cerebro cambia según nuestras decisiones y experiencias. Podemos elegir acciones que ralenticen el envejecimiento y fomenten un cerebro sano.

PLAN DE ACCIÓN

  • Practicá una buena higiene dental: cepillate, usá hilo dental y hacete controles.
  • Tené un médico de cabecera y hacete controles físicos anuales.
  • Revisá tu vida y cambiá hábitos poco saludables.
  • Compartí con tus hijos y nietos la importancia del embarazo y la infancia en la salud del cerebro.
  • Participá en actividades que estimulen la mente: estudiá, debatí, aprendé algo nuevo.
  • Empezá a caminar 20 minutos por día.