Embracing or Denying the Power of God – Come And Reason Ministries
¿Alguna vez cantaste el antiguo himno cristiano Hay Poder en la Sangre? Considerá la primera estrofa y el coro:
¿Quieres ser libre del peso del mal?
Hay poder en la sangre, poder en la sangre;
¿Quieres vencer todo espíritu hostil?
Hay maravilloso poder en la sangre.
Coro:
Hay poder, poder, sin igual poder,
En la sangre que él vertió;
Hay poder, poder, sin igual poder,
En la sangre que él vertió.
¿Alguna vez tuviste que explicarle a alguien que no fue criado como cristiano qué significan estas letras?
¿Hay poder en la sangre de Jesús? Si respondiste “sí”, ¿te referís a los glóbulos rojos?
Si pudiéramos encontrar un pedazo de la mortaja de Cristo (que algunos afirman que es el Sudario de Turín) manchado con su sangre seca, ¿obtendríamos poder divino para vencer el pecado? ¿Está el poder de Dios en células sanguíneas muertas?
Jesús dijo lo siguiente a los judíos en Capernaúm:
“Ciertamente les aseguro que, si no comen el cuerpo del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen vida. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él. Así como me envió el Padre viviente y yo vivo por el Padre, también el que come de mí vivirá por mí. Este es el pan que bajó del cielo. Sus antepasados comieron el maná y murieron, pero el que come de este pan vivirá para siempre.” (Juan 6:53-58, NVI84)
Cuando Jesús dijo estas palabras, ¿se refería al canibalismo? Al parecer, los judíos pensaron que sí y se ofendieron.
¿Y hoy en día? ¿Qué entendemos que quiso decir Cristo?
La Metáfora
¿Está el poder en la sangre literal, o está en Aquel que derramó su sangre? Y si el poder no está en la sangre literal, ¿qué representa entonces la sangre? ¿Cómo accedemos a ese poder?
La carne y la sangre son simbólicas de otra cosa, y si no entendemos la realidad a la que Jesús apuntaba con ese lenguaje simbólico, corremos el riesgo de creer en la “idea” de Jesús, participar de una religión y una iglesia, pero carecer del poder real de Dios. El apóstol Pablo advirtió que esto ocurriría al final de los tiempos:
“Pero ten en cuenta esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; será jactanciosa, arrogante, blasfema, desobediente a los padres, ingrata, impía, insensible, implacable, calumniadora, libertina, despiadada, enemiga de todo lo bueno, traicionera, impulsiva, vanidosa, y amará más los placeres que a Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente, ni te metas!” (2 Timoteo 3:1-5, NVI84)
Personas que aparentan piedad, pero niegan su poder… ¿Qué significa esto? Significa que no niegan las formas—los rituales, ceremonias, símbolos, sacramentos—pero sí niegan el poder. No niegan la “sangre” simbólicamente hablando; no rechazan la ceremonia de comunión, la Eucaristía ni cantar el himno. Pero sí rechazan la verdad, la realidad, la experiencia viva, la internalización de la vida de Cristo, porque la Biblia dice que la vida está en la sangre (Levítico 17:11). El poder que hay en la sangre es el poder de la vida de Cristo, no de sus glóbulos rojos. Y la vida de Cristo es la verdad vivida de Dios que desenmascara las mentiras de Satanás y nos gana nuevamente para la confianza. Eso está representado por la carne:
“En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. … Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:1, 14 NVI84)
Jesús es Dios en forma humana, y en Él se revela la verdad sobre Dios. Él es la Palabra viva de Dios. Comer su carne significa recibir en nuestro corazón y mente la verdad sobre Dios que disipa las mentiras y nos lleva a confiar. Esta es la buena noticia eterna, que Dios no es como Satanás lo ha pintado: no es un dictador imperial que inventa reglas para luego usar su poder infinito para castigar a quienes las infringen. En Jesús vemos la majestad y gloria de Dios reveladas: aunque tenía todo el poder, nunca lo usó para beneficio propio, sino siempre para servir. Aun cuando sufría la injusticia más atroz, no usó su poder para quitar la libertad a sus criaturas inteligentes.
¿Por qué no lo hizo? Porque lo que Dios desea es nuestro amor, confianza, lealtad, devoción y amistad, y eso no se logra con leyes ni castigos, sino con verdad, amor y libertad. De hecho, todo intento de promover el amor por medio de la imposición externa destruye el amor y provoca rebelión. Por eso, el poder de Dios—el poder en la sangre—es el poder del amor y la verdad de Dios plenamente revelados y vividos en la persona de Jesucristo. Esa es la buena noticia, el evangelio, y es el poder de Dios que podemos recibir gratuitamente, tal como escribió Pablo:
“A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles. Porque en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, como está escrito: ‘El justo por la fe vivirá.’” (Romanos 1:16-17, NVI84)
El poder está en la buena noticia sobre Dios, que destruye las mentiras y nos gana para confiar. Esto es participar de la carne, representada por el pan. Y cuando participamos de la verdad y confiamos, abrimos nuestro corazón, y el Espíritu Santo nos entrega la vida de Cristo, simbolizada por la sangre. Recibimos una nueva vida, una nueva identidad, un nuevo poder animador: una vida pura, santa, justa, llena de amor por Dios y por los demás—la vida (sangre) de Jesús. Como escribió Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). Llegamos a ser participantes de la naturaleza divina—la naturaleza del amor (2 Pedro 1:4).
Aplicando la Metáfora
Entonces, ¿cómo funciona esto en la vida práctica de cada día? El Espíritu Santo trae verdad al corazón y mente humanas de maneras comprensibles—verdades esenciales para nuestra sanación y salvación, que nos alejan del pecado y nos conducen de nuevo a Jesús para vida eterna. Esta verdad siempre incluirá la verdad sobre Dios, lo que hizo Jesús, los métodos y principios de Dios, pero también incluirá acciones concretas y prácticas que cada uno de nosotros debe tomar para experimentar la sanidad del corazón y la mente.
Primero debemos saber que Dios es amor, que nos ama, y que a través de Cristo nos provee todo lo necesario para nuestra sanación y restauración—y que con Jesús, nunca estamos sin esperanza. Luego, en ese amor, el Espíritu de verdad nos revelará también la verdad sobre nosotros mismos: qué aspectos de nuestra vida están en desacuerdo con Dios, qué personas o cosas son destructivas, y qué elecciones nos pueden armonizar con lo bueno, lo correcto y lo sano.
Nos encontraremos en diversas circunstancias en las que una verdad se nos hará clara, sabremos cuál es nuestro deber, cuál es la acción correcta y saludable, y luego el Espíritu Santo nos dejará completamente libres para decidir qué haremos, qué creeremos, qué verdad internalizaremos.
Y esta es la clave para acceder al poder de Dios: no recibimos el poder divino hasta que elegimos decirle sí a la verdad y aplicarla a nuestra vida.
Sin embargo, no basta con comprender la verdad intelectualmente; lo que importa es aceptarla en el corazón y aplicarla con la voluntad. Solo entonces se abre la puerta para recibir el poder transformador de Dios.
Los demonios creen quién es Jesús, pero no lo aman ni confían en Él. Por eso, su conocimiento de la verdad no tiene poder salvador.
Muchos adictos reconocen que tienen una adicción y que sería mejor dejarla, pero no han decidido rendirse a Jesús. Piden liberación, pero en realidad están pidiendo que Dios los cambie sin soltar lo que aún aman en el corazón. Quieren que Dios les cambie los sentimientos mientras siguen aferrados al pecado. No han elegido morir a su viejo yo. El poder llega después de la elección. Y cuando elegimos seguir la verdad, nunca estamos solos: Dios siempre nos da poder a través del Espíritu Santo. Pero ese poder solo se activa cuando elegimos actuar según la verdad.
Por eso te animo a pasar tiempo con Jesús cada día, a internalizar Su Palabra en tu mente y corazón, y a invitar al Espíritu Santo a que te llene con la vida, el amor, la motivación y el poder de Cristo. Y momento a momento, elegí actuar según lo que sabés que es verdadero, correcto y saludable. Porque el poder está en la verdad y el amor que solo vienen de Jesús, y ese poder lo recibimos cuando elegimos confiar y actuar con fe en la verdad que conocemos.
