Meditación: Método Bíblico vs Método Oriental

Artículo Original

¡Oh, cuánto amo tu diseño, tu ley viviente, arraigada en la realidad! Medito en ella todo el día. Tus leyes me hacen más sabio que mis enemigos; me iluminan continuamente. Tengo mayor comprensión de la realidad que todos mis maestros, pues contemplo humildemente tu ley de amor. Salmo 119:97-99, The Remedy.

Existe un amplio debate en el mundo sobre qué constituye la meditación bíblica en comparación con otras formas de meditación, en particular la meditación oriental. El propósito de esta guía es documentar las diferencias entre la meditación bíblica y la oriental, los distintos métodos de meditación, y su impacto en la función cerebral y el desarrollo del carácter, y mostrar cómo las personas pueden practicar una meditación bíblica saludable. También ofrece una prueba sencilla para ayudarle a diferenciar qué práctica de meditación se está utilizando.

Definiciones de meditación

La meditación general es la práctica del pensamiento enfocado, prolongado y contemplativo, y puede aplicarse a cualquier tema. Se puede meditar sobre un problema de física, o contemplar técnicas quirúrgicas innovadoras. Por lo tanto, la palabra «meditación» puede tener un significado genérico de pensamiento profundo, contemplativo, y enfocado.

La meditación bíblica es la contemplación reflexiva, enfocada, extendida y activa de Dios, Su carácter, leyes, métodos, principios, preceptos, acciones, propósitos, planes y creación, con un esfuerzo voluntario de la mente para conectarse con Dios para la iluminación, la comprensión, el crecimiento, la sabiduría, el entendimiento y la unión personal en humilde entrega al Creador.

La meditación oriental es la concentración autodirigida de la mente en un solo punto, frase o mantra repetitivo, con el objetivo de aquietar la mente, disminuir el pensamiento contemplativo, y experimentar un estado de vacío mental y relajación corporal.

Leyes de diseño subyacentes para la meditación bíblica

Dios es el Creador de toda la realidad: espacio, tiempo, energía, materia, y vida. Sus leyes son los protocolos que Él estableció e incorporó a la realidad, y que rigen el funcionamiento de todas las cosas (leyes de la física, leyes de la salud, y leyes morales: la ley del amor, la ley de la libertad, la ley de la adoración, etc.). La vida está diseñada para existir solo en armonía con las leyes del diseño de Dios, pues son los protocolos que rigen la vida y la salud. Desviarse de las leyes de Dios trae dolor, sufrimiento, destrucción y muerte. Por eso, la Biblia enseña: «El que sigue la justicia y el amor halla la vida» (Proverbios 21:21), porque la vida solo existe en armonía con la ley del amor de Dios.

El amor no hace daño al prójimo. Por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley (Romanos 13:10; véase también Gálatas 5:14; Santiago 2:8; Proverbios 12:28; Proverbios 21:21; Salmo 19:7).

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer y más grande mandamiento. El segundo es semejante: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se basan en estos dos mandamientos (Mateo 22:37-40).

Este amor no es meramente emocional, sino también funcional: es un principio sobre el cual se construye la vida. El apóstol Pablo lo describe así: El amor «no busca lo propio» (1 Corintios 13:5).

Si el amor no se busca a sí mismo, ¿qué busca? ¡A los demás! El amor es generoso, bondadoso y benéfico. Y Dios, que es amor, creó la realidad para que funcionara en armonía con su naturaleza y carácter de amor. Como dice Pablo en Romanos 1:20.

“Porque las cualidades invisibles de Dios, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas creadas, de modo que no tienen excusa.”

En toda la naturaleza, vemos que la ley del amor —el principio de la generosidad— es la ley sobre la que se construye la vida. Con cada respiración, entregamos dióxido de carbono a las plantas, y ellas nos devuelven oxígeno: un círculo infinito de generosidad, que es el fundamento de la vida. Si alguien elige transgredir la ley y atarse una bolsa de plástico a la cabeza, acaparando el dióxido de carbono para sí mismo (egoísmo), el precio de su decisión es la muerte.

Respecto a la meditación, hay dos leyes de diseño directamente involucradas, y comprender estas dos leyes dará una idea de por qué la meditación bíblica es saludable para el alma, pero la meditación oriental no lo es.

La ley de la adoración

En las Escrituras, la ley de adoración se describe como que al contemplar somos transformados (2 Corintios 3:18). Nos transformamos tanto neurobiológica como caracterológicamente según lo que meditamos y adoramos. Por eso la Biblia siempre nos instruye a meditar en algún aspecto de nuestro Dios infinito:

  • Nunca se aparte de tu boca este libro de la ley; de día y de noche meditarás en él, para que guardes y cumplas todo lo que en él está escrito (Josué 1:8).
  • Pero en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche (Salmo 1:2).
  • En tu templo, oh Dios, meditamos en tu amor inagotable (Salmo 48:9).
  • Medito en tus preceptos y considero tus caminos (Salmo 119:15).
  • Hazme entender la enseñanza de tus preceptos, Y meditaré en tus maravillas (Salmo 119:27).
  • Alzo mis manos a tus mandamientos, los cuales amo, Y medito en tus estatutos (Salmo 119:48).

Los seres humanos somos la obra cumbre de la creación de Dios, y no hay nada en la Tierra que podamos adorar que nos ennoblezca. Solo contemplando a nuestro Dios infinito nos desarrollamos en piedad, y somos transformados para ser como Él. Cuando adoramos a la creación en lugar del Creador, la mente se oscurece, se deprava y se vuelve inútil (Romanos 1:18-31), o como dice Jeremías 2:5: «Siguieron ídolos vanos y se hicieron vanos ellos mismos». Nos asemejamos al Dios que admiramos y adoramos. Así, al meditar en la Biblia, cooperamos con Dios, no solo para crecer en nuestro conocimiento de Él, sino que, al ponernos en armonía con la ley de adoración, también experimentamos la transformación que Dios diseñó para nuestras almas.

La ley del esfuerzo

Si quieres fortalecer algo, debes ejercitarlo, porque, como todos sabemos, «si no lo usas, lo pierdes». Esto aplica no solo a la fuerza física, sino también al desarrollo mental y espiritual. Si quieres una buena habilidad matemática, debes resolver problemas; si quieres buenas habilidades musicales, debes practicar tu instrumento. De igual manera, si queremos fortalecer nuestro conocimiento de Dios, o nuestra capacidad para discernir el bien del mal y madurar en carácter, entonces debemos ejercitar nuestras habilidades en la búsqueda de Dios y sus verdades. Como enseña la Escritura, los maduros son aquellos que, mediante la práctica, han desarrollado la capacidad de discernir el bien del mal (Hebreos 5:14).

Cuando practicamos la meditación bíblica, ejercitamos los circuitos cerebrales de la razón, la contemplación reflexiva, y la admiración por Dios. Nos enfrentamos a conceptos que van más allá de nuestra comprensión actual, ampliando nuestras capacidades, que desarrollan circuitos cerebrales cada vez más complejos. Estas regiones corticales superiores se fortalecen, al igual que nuestra sabiduría y nuestra capacidad de autogobierno y de manifestar los frutos del Espíritu.

Al practicar la meditación bíblica, actuamos en armonía con las leyes de la adoración y el esfuerzo, y nos desarrollamos en armonía con Dios y su reino de amor. Pero si practicamos la meditación oriental, no contemplamos nada o una idea autoconjurada, y no crecemos ni nos desarrollamos según los patrones de nuestro Creador. Restringimos la mente, debilitamos el alma, y nublamos nuestra comprensión de la realidad.

La meditación oriental ejercita los circuitos neuronales de la atención, la concentración, y la supresión del pensamiento activo, entrenando así la mente para evitar la contemplación profunda, y la lucha con las realidades que contribuyen al malestar emocional. Así, desarrolla la capacidad de inducir la calma emocional sin llegar a confrontar ni resolver las causas de la angustia.

La meditación oriental, al suspender la actividad de los circuitos de razonamiento crítico, y al no conectar activamente la mente con Dios —su carácter, métodos, designios, principios y creación—, está en desacuerdo tanto con la ley de la adoración como con la ley del esfuerzo. Por lo tanto, el individuo no contempla al Dios infinito para ser transformado, ni ejercita los circuitos de razonamiento crítico para desarrollar redes neuronales complejas capaces de procesar las verdades espirituales.

Técnicas de meditación

Meditación oriental

La meditación oriental consta de cuatro elementos clave:

  1. Postura corporal relajada con los ojos cerrados.
  2. Respiración lenta y rítmica
  3. Enfoque mental único, generalmente en un mantra repetitivo
  4. Alejamiento en forma paulatina de otros pensamientos y vuelta al mantra.

La meditación oriental guiada, que a menudo se aproxima a la hipnosis grupal, tendrá un líder que guiará al grupo a través de la meditación, y puede verse así:

Con una voz tranquila, monótona e hipnótica, el líder dirá algo como lo siguiente:

  • “Todos, por favor relajen su cuerpo, encuentren una posición cómoda, y cierren los ojos…”
  • “Ahora, toma una respiración lenta y profunda… inhalando… y… exhalando…”, haz una pausa, “inhalando… y… exhalando…”, repite esto varias veces.
  • Ahora, imagina que estás en un ascensor o una escalera mecánica, y respira profundamente… inhalando… y… exhalando… imagina que el ascensor o la escalera mecánica baja y, al bajar, sientes que la tensión abandona tu cuerpo. Te estás relajando más, inhala… y… exhalando…
  • Al llegar a la planta baja, la escalera mecánica te relaja por completo, y sales a una hermosa playa o pradera, o a alguna otra imagen mental relajante. Inhalas… y… Exhalas…
  • “Ahora, simplemente concentra tu mente en el sonido del viento, o de las olas, o del arroyo, Inhalas… y… Exhalas…”

Esto puede continuar de 5 a 15 minutos, y luego se le indicará que regrese mentalmente a la escalera mecánica o al ascensor. Se le indicará que, al regresar a la planta principal, experimentará mayor energía, frescura, lucidez y bienestar. Luego, se le indicará que abra los ojos. Y he aquí que acaba de pasar por un proceso de hipnosis que lo llevó a un trance de meditación oriental.

Y debido a la ley del esfuerzo, cuanto más hagas esto, más fácil será entrar en un trance hipnótico en el futuro; en otras palabras, más vulnerable será uno a ser hipnotizado.

Meditación bíblica

Ya sea autodirigida o dirigida en grupo, la meditación bíblica se ve así:

  • Encuentra una posición cómoda para tu cuerpo.
  • Tome un par de respiraciones profundas para relajarse.
  • Fije o enfoque su mente en alguna verdad digna de meditación; por ejemplo, un versículo de la Biblia, una acción de Dios al tratar con la humanidad, algún elemento de la naturaleza, algún aspecto de la ley de Dios o el diseño de la vida, algún principio o propósito de Dios.
  • Cierra los ojos y considera, contempla y examina activamente esta idea, buscando nuevas perspectivas sobre su significado, aplicación, propósito, uso, lo que revela sobre Dios, y cómo esta verdad se conecta con otras verdades en el reino de Dios. Abre tu mente y tu corazón activamente, invitando la presencia de Dios a tu mente para iluminar, enseñar, e inspirar. O puedes tomar el elemento (por ejemplo, un texto o un aspecto de la naturaleza) y regocijarte en la belleza de lo que Dios ha hecho o revelado, conectando con tu corazón, y entrando en intimidad con nuestro Creador, adorándolo por lo que ha hecho, como se revela en la «etapa de enfoque» de la meditación.
  • Termine la meditación dando gracias a Dios por su bondad.

Puntos en común entre la meditación bíblica y la oriental

Ambos tipos de meditación, la bíblica y la oriental, pueden tener los siguientes elementos en común:

  1. Imágenes guiadas: usar la imaginación para imaginar una escena relajante; por ejemplo, playa, arroyo, calles de la Nueva Jerusalén, prado, bosque, caminar con Dios, inclinarse ante el trono de Dios, etc. Sin embargo, las formas orientales son siempre una escena relajante y calmante, mientras que la meditación bíblica sólo a veces es calmante; en otras ocasiones, la meditación bíblica puede ponernos cara a cara con un problema en nosotros mismos que nos provoca ansiedad, y que necesitamos resolver con Dios.
  2. Cuerpo relajado: la meditación oriental siempre promueve esto; la meditación bíblica puede promover la relajación corporal, pero si la meditación bíblica nos lleva a una confrontación personal con el egoísmo o las deficiencias del corazón, entonces el cuerpo puede experimentar mayor tensión hasta que el problema se resuelva (pensemos en la lucha de Jacob con el ángel). El objetivo de la meditación oriental es experimentar calma a pesar de la realidad desagradable; por ejemplo, los defectos de carácter. El objetivo de la meditación bíblica es sanar la condición pecaminosa mediante una relación personal con Dios.

Las filosofías de la meditación bíblica y oriental

La meditación bíblica y la oriental no sólo difieren en su técnica y su consiguiente impacto sobre el cerebro, la mente y el carácter, sino que también tienen comprensiones bastante disímiles de la realidad.

La meditación bíblica considera que el universo fue creado por un Dios inteligente, que opera según leyes de diseño que emanan de Dios y que se sustenta gracias a su cuidado constante. El budismo —la filosofía oriental establecida por Gautama Buda— no tiene un creador inteligente que haya construido y gobernado la realidad, y enseña que lo que la Biblia llama «la ley del pecado y de la muerte» es necesario para la vida.

En la cosmovisión bíblica:

Dios es amor, y cuando construyó su universo, lo hizo para que funcionara en armonía con su naturaleza y carácter. La ley de Dios, entonces, es el protocolo de construcción sobre el que se construye el universo y es el principio de la generosidad o la beneficencia, según el cual la vida está diseñada para funcionar. (Timothy Jennings, God Shaped Brain: Cómo cambiar tu visión de Dios transforma tu vida, Edición ampliada, pág. 222).

Cuando Adán y Eva creyeron las mentiras de Satanás, quebrantaron la ley de amor y confianza diseñada por Dios, y se llenaron de temor y egoísmo. Esto se conoce hoy como “la supervivencia del más apto” o “la ley del pecado y la muerte”. El temor impulsa a las personas a protegerse a expensas de los demás (en lugar de amarlos). Este temor y egoísmo introdujeron discordia. Donde antes había unidad y paz, ahora existe desunión, conflicto y tensión. Este no es solo un conflicto externo entre uno mismo y los demás, sino también interno, que ocurre en el corazón y la mente de cada persona. Este conflicto tiene sus raíces en dos principios antagónicos: el amor en guerra contra el egoísmo, la ley de Dios en guerra contra la ley del pecado y la muerte. Este estado se conoce como un “estado dual del ser”, donde tanto el amor como el egoísmo existen al mismo tiempo en el corazón y la mente de una persona.

No solo la humanidad fue transformada por el pecado; el pecado transformó el mundo entero. La creación, tal como Dios la diseñó, estaba en perfecta unidad con su Creador, operando según la ley del amor. Fue solo después del pecado que el planeta Tierra se contagió del principio satánico de priorizarse a uno mismo, lo que causó el estado dual en el que coexisten la ley divina del amor, y la ley satánica del pecado y la muerte.

Vemos esta coexistencia actual del bien y el mal en el mundo que nos rodea. Las plantas producen hermosas flores, frutos, y nueces, pero también espinas, cardos, y venenos. Las lluvias refrescan la tierra, pero las tormentas destruyen. Los déspotas pueden asesinar a millones y aun así amar a sus familias, lo cual es la manifestación de nuestros corazones en conflicto, llenos de miedo y egoísmo, pero también hechos para amar. El cristianismo mismo enseña nuestro dualismo interno con su batalla entre la naturaleza espiritual y la carnal.

Las religiones orientales enseñan un dualismo cósmico de la existencia eterna del bien y el mal, en el que tanto el bien como el mal son necesarios para el equilibrio del universo: el yin y el yang. Como explicó el budista Lama Anagarika Govinda: «Así, el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, lo sensual y lo espiritual, lo mundano y lo trascendental, la ignorancia y la iluminación, el samsara y el nirvana, etc., no son opuestos absolutos, ni conceptos de categorías completamente diferentes, sino dos caras de la misma realidad». Esta es la esperanza de Satanás: que el bien y el mal coexistan eternamente. El egoísmo, al estar en desacuerdo con el diseño de Dios para la vida, ha causado nuestro estado dual, y es la fuente de nuestro miedo a la muerte. Los místicos orientales experimentan el miedo a la muerte inducido por el pecado, pero al aceptar la premisa errónea de la coexistencia eterna del bien y el mal, no buscan la liberación del mal con su omnipresente miedo a la muerte. Esto les deja solo con dos opciones posibles:

  1. Consignación a ciclos eternos de renacimiento en reinos superiores o inferiores dependiendo del karma de cada uno.

o

  1. Escape —trascendencia— tanto del bien como del mal a través de la meditación oriental.

Podemos rastrear la base motivacional de la meditación oriental hasta Buda, quien, atormentado por el miedo a la muerte, finalmente encontró paz en la meditación, donde trascendió la vida y la muerte, el bien y el mal, y experimentó lo que Oriente llama nirvana, sartori, iluminación, y lo que los cristianos, utilizando las mismas prácticas, llaman el Encuentro con Dios. Las filosofías orientales buscan escapar de la ansiedad de nuestro estado dual ascendiendo, mediante la meditación, a otro «reino». En el hinduismo y el budismo, este reino se describe como un «estado no dual» en el que uno siente unidad con el cosmos y con los demás. Así, en la mente del practicante de meditación oriental, el tormento de estar en un estado dual se evita mediante una euforia artificial autoimpuesta, y una desconexión transitoria de la realidad individual. Sin embargo, la condición real de egoísmo y miedo, existente en el carácter del practicante oriental, no cambia, ya que no se realiza ninguna intervención para enfrentarla y superarla. En otras palabras, las prácticas orientales crean una ilusión en la que uno se siente sanado y transformado en un estado no dual, unificado, y saludable, cuando en realidad permanece infectado por el miedo y el egoísmo. Su condición permanece en desarmonía con el designio de Dios y, por lo tanto, terminal. (Timothy Jennings, God Shaped Brain: Cómo cambiar tu visión de Dios transforma tu vida, Edición ampliada, págs. 222, 223).

Pero la meditación bíblica conduce a la sanación real del corazón y la mente, y a la restauración de la perfección de Dios en el creyente; en otras palabras, a la erradicación de la infección del miedo y el egoísmo, a la eliminación de la dualidad y al retorno a la unidad con Dios y con los demás. Mediante la obra del Espíritu Santo en el corazón, la victoria de Cristo puede experimentarse en el creyente. Obtenemos un nuevo corazón y un espíritu recto (Salmo 51:10), la ley de Dios está escrita en nuestro corazón y mente (Hebreos 8:10), nos convertimos en participantes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4) y somos transformados en una nueva creación (2 Corintios 5:17).

Apocalipsis 12:11 describe a estas personas sanadas con estas palabras: «No amaron sus vidas hasta el punto de rehuir la muerte». ¡Piénsenlo! Las personas ya no viven impulsadas por el miedo a morir, ni controladas por el afán de sobrevivir; en cambio, viven para amar a Dios y al prójimo.

El impacto de cada tipo de meditación en el cerebro

El cerebro humano tiene dos hemisferios principales: izquierdo y derecho. El hemisferio izquierdo es donde reside nuestra individualidad: nuestro sentido de identidad, nuestra identidad única. Es donde realizamos razonamiento crítico, examinamos evidencias, planificamos, elaboramos estrategias, y discernimos la verdad de la falsedad.

El hemisferio derecho del cerebro es donde percibimos el mundo que nos rodea y procesamos la visión global. No percibimos conscientemente la información que captamos en el hemisferio derecho hasta que esta se traslada al hemisferio izquierdo, donde reside nuestra identidad.

Algunos sugieren que nuestro “instinto visceral” o intuición (la sensación de que algo no está bien en una situación) es cuando nuestro cerebro derecho detecta algo en el entorno, que nuestro cerebro izquierdo aún no ha identificado objetivamente.

Si suprimimos la actividad del hemisferio izquierdo, perdemos la noción del yo, y experimentamos una mayor consciencia y conexión con el mundo que nos rodea. Este es el objetivo de la meditación oriental: cambiar cómo nos sentimos, independientemente de nuestra condición real.

Meditación oriental

El cerebro humano cambia y se reconfigura según las decisiones que tomamos y los pensamientos que tenemos. Nuestra elección de meditación tendrá un impacto significativo, tanto en la función cerebral como, con el tiempo, en su estructura.

El cerebro es un órgano bioeléctrico, lo que significa que no solo tiene señales químicas, sino también eléctricas. Los cambios en la actividad eléctrica cerebral pueden alterar la dominancia hemisférica. Cuando los circuitos cerebrales se activan juntos de diferentes maneras, crean diferentes patrones de señales eléctricas. Las señales eléctricas del cerebro, u ondas cerebrales, se clasifican en cuatro categorías generales: ondas alfa, beta, theta, y delta. Las ondas alfa se producen cuando el cerebro está en reposo o durante el sueño REM, el estado de sueño. Cuando estamos despiertos, leyendo, dando un discurso, participando en una actividad de concentración, pensando o resolviendo problemas, el cerebro produce ondas beta. Las ondas cerebrales theta se producen cuando uno se distrae, sueña despierto, o permite que la mente divague libremente. Y las ondas delta se producen en el sueño profundo, el estado sin sueños.

Las técnicas de meditación orientales aumentan la frecuencia de las ondas alfa y theta, suprimiendo las ondas beta, y provocando una mayor secreción de dopamina, una sustancia química cerebral que mejora la visualización. Esto provoca un predominio de la actividad del hemisferio derecho del cerebro, y altera la consciencia. Esto causaría una pérdida de autoconciencia, una sensación de unidad con el cosmos, una mayor intensidad de las imágenes mentales, y una menor percepción del tiempo y el espacio. También reduciría la capacidad de discernir verdades basadas en la evidencia. (Timothy Jennings, God Shaped Brain: Cómo cambiar tu visión de Dios transforma tu vida, Edición ampliada, pág. 225)

La meditación oriental se centra en la nada o en un mantra repetitivo, lo que ralentiza o disminuye la actividad en la corteza cerebral izquierda. Mediante la ley de la adoración, la mente, al no estar centrada en nuestro Dios infinito, sino en la nada o en un solo mantra, no logra desarrollarse ni crecer en la semejanza divina. Además, la actividad cerebral en el hemisferio izquierdo se reduce; por lo tanto, mediante la ley del esfuerzo, el cerebro no logra desarrollar circuitos de razonamiento crítico avanzados y complejos.

Meditación bíblica

La Biblia describe al Espíritu Santo como el Espíritu de verdad y amor. La verdad se procesa en el hemisferio izquierdo del cerebro, mientras que el amor, que busca la unidad con Dios y el prójimo, activa el hemisferio derecho. Por lo tanto, la meditación bíblica no induce un cerebro desequilibrado que evita la verdad en busca de euforia emocional, sino un cerebro unido a Dios, y firme en la búsqueda de la verdad para superar nuestras deficiencias reales, de modo que podamos experimentar la sanación del corazón y la mente, y estar unidos con Dios y el prójimo.

Mediante la ley de la adoración y la ley del esfuerzo, la meditación bíblica activa el cerebro para utilizar los circuitos de la razón, la contemplación, la reflexión profunda, y la admiración, asimilando la verdad y entrando en una experiencia con una Inteligencia Real, que eleva, ennoblece, expande, desarrolla, y transforma al individuo. Estos cambios ocurren tanto a nivel neurobiológico como caracterológico.

El propósito de la meditación bíblica y oriental

Meditación oriental

El propósito principal de la meditación oriental es superar el miedo a la muerte, alcanzar un estado de nirvana, o experimentar una sensación de paz y unidad con el mundo y el universo. Este es un estado en el que uno pierde su sentido del yo, con su preocupación por la preservación, y siente la pacífica unidad de ser parte de un universo incomprensible. Las prácticas de meditación oriental calman los circuitos cerebrales del miedo, y brindan una experiencia emocional relajada, pero no logran resolver realmente la causa subyacente de nuestro miedo: nuestro egocentrismo y nuestra condición mortal; no proporcionan un remedio que sane verdaderamente el alma y proporcione la vida eterna.

Meditación bíblica

El propósito principal de la meditación bíblica es unir el corazón y la mente con Dios y, así, crecer en piedad e intimidad con Él, y experimentar la transformación del carácter para asemejarnos cada vez más a nuestro Creador. En otras palabras, la meditación bíblica es la participación con Dios en la sanación de la condición pecaminosa, y la restauración del alma a su ideal original. Esta sanación resulta en la liberación del miedo a la muerte al experimentar la recreación interna del diseño de Dios para la vida (un «corazón nuevo y un espíritu recto»). Este proceso de sanación necesariamente resultará en períodos de confrontación en áreas del yo que son desagradables de admitir y abordar, lo que resultará en períodos transitorios de mayor ansiedad y agitación emocional, mientras se trabaja en áreas que necesitan transformación. Pero a medida que uno sana, crece, y se desarrolla, experimenta un mayor bienestar con el tiempo.

Esto revela una verdad innegable: una vez que se produce una fractura, no hay opciones sin dolor. Si uno se fractura una pierna, y rechaza el tratamiento porque manipular el hueso le dolerá, continúa con dolor y permanece discapacitado. Si se permite una férula, una cirugía, y luego fisioterapia, no se evita el dolor, sino que se participa activamente en el camino que sana y restaura el bienestar. Cuando se recupera la salud, el dolor remite.

Debido a la caída de Adán, la humanidad está quebrantada de corazón y mente, separada del diseño de Dios. No podemos evitar el dolor; solo podemos elegir participar o no en el plan sanador de Dios. La meditación oriental busca simplemente evitar el dolor: el dolor del miedo, la vergüenza, y la culpa que trae el pecado. La meditación bíblica busca guiarnos de regreso a Dios, para confrontar y luego eliminar toda desviación del diseño divino del corazón, la mente, y el carácter, y así restaurar al creyente al diseño de Dios para la vida.

Este es el pacto [acuerdo de sanidad] que haré con la casa de Israel después de aquel tiempo —declara el Señor—: Pondré mis leyes en sus mentes y las escribiré en sus corazones (Hebreos 8:10).

Lo que impulsa a las personas a practicar cualquier tipo de meditación es el miedo y la ansiedad inherentes que causa el pecado: el miedo a la muerte:

Y por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es decir, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (Hebreos 2:14,15).

Mediante la meditación oriental, Buda simplemente buscaba evitar esta sensación incómoda. A continuación, se explican con más detalle las diferencias entre ambos métodos de meditación:

Jesucristo contrasta marcadamente con Buda. En lugar de evitar el miedo a la muerte, la enfrentó, la venció, y la destruyó ejercitando su mente humana en un amor perfecto y abnegado (2 Timoteo 1:9-10). Jesucristo se humilló para compartir nuestra condición terminal, y en su mente, el amor, el miedo, y el egoísmo la vencieron. Jesucristo experimentó la tentación de todas las maneras en que nosotros la experimentamos, pero lo hizo sin pecar (Hebreos 4:15). Y como sabemos que somos tentados por nuestros propios malos deseos (Stg. 1:14), sabemos que en la mente humana de Jesús, los principios del amor lucharon contra el miedo humano a la muerte y su afán de supervivencia. La humanidad de Jesús fue tentada por poderosas emociones humanas para temer a la muerte y actuar para salvarse.

En Getsemaní, Jesucristo experimentó una terrible angustia emocional que le provocó una tentación insoportable, lo que llevó al Salvador a suplicar, si era posible, evitar la cruz (Mt 26:36-39). Jesús experimentó, en su humanidad, la atracción interna de nuestra naturaleza caída; sin embargo, a diferencia de Buda, no buscó escapar de esta condición mediante un estado de alteración de la función cerebral inducido por la meditación, lo que le causó una euforia ilusoria. En cambio, superó este poderoso temor a la muerte mediante un amor perfecto a Dios y a la humanidad; en verdad, nadie tenía un amor más grande que este (Jn 15:13).

En la humanidad de Jesucristo, ¡la dualidad que trajo consigo el pecado fue erradicada! Jesús purificó a la humanidad eliminando el poderoso impulso del miedo y el egoísmo cuando, por amor, se entregó voluntariamente a la muerte (Jn 10:17-18). Así, resucitó al tercer día en una humanidad que purificó y restauró al designio original de Dios. Porque, si en algún momento de la cercanía de la muerte, Cristo hubiera ejercido su poder para impedir que se lo llevara, habría actuado por interés propio, para salvarse a sí mismo, y la humanidad no se habría librado de la infección del miedo y el egoísmo.

Como resultado, cada ser humano tiene el privilegio de recibir, a través del Espíritu Santo, todo lo que Cristo ha logrado. Podemos experimentar la purificación de nuestro carácter, de modo que entramos en un estado genuino y no dual de unidad con Dios, en el que nuestros corazones se unen al suyo. Morimos a nosotros mismos, y vivimos una nueva vida de amor. Esto es lo que Dios espera: un pueblo que haya superado el miedo a la muerte mediante su unidad con Cristo. El Apocalipsis describe a estas personas como aquellos que «no amaron sus vidas tanto como para temer la muerte» (Apocalipsis 12:11). Piensen en esto: un pueblo ya no vive impulsado por el miedo a morir. Ya no vive dominado por el afán de supervivencia. Ya no vive enfocado en protegerse. Vive para amar a Dios y al prójimo.

La conversión bíblica no es un proceso de meditación para calmar el circuito del miedo, sino más bien la confrontación y la superación del miedo y el egoísmo, cuando seguimos a nuestro Pastor al «valle de sombra de muerte», donde morimos a nosotros mismos, y nos renovamos con corazones de amor por los demás. … Este es un tiempo transitorio de gran angustia y ansiedad. No es un tiempo de paz ni de evitar el miedo, sino el tiempo en que nos mantenemos firmes, por la gracia de Dios, para superar nuestro miedo e inseguridad inherentes (por ejemplo, la noche de lucha de Jacob, Pedro después de su negación, David después de que Natán lo confrontara). Es en esta angustia, al confrontar la verdad con inteligencia, luchando con nuestro propio egoísmo y, finalmente, entregándonos a Cristo, que experimentamos su amor, una regeneración sobrenatural, una nueva motivación, y la liberación de una vida basada en el miedo. Somos llevados no a un universo de eterno bien y mal, sino a la unidad con Dios, quien es amor eterno, y a un futuro libre de miedo, sufrimiento, dolor, y muerte. (Timothy Jennings, God Shaped Brain: Cómo cambiar su visión de Dios transforma su vida, Edición ampliada, pág. 222.)

Diferencias entre la meditación bíblica y la oración

La oración es una conversación con Dios como con un amigo. La oración espontánea activa las mismas regiones cerebrales que al hablar con otra persona. Estas regiones se asocian con la anticipación, la consideración de la respuesta, las actitudes, los sentimientos, y la reacción del otro. Esto activa tanto el hemisferio izquierdo como el derecho del cerebro.

Recitar mantras repetitivos activa las mismas regiones que recitar rimas infantiles: regiones de evocación, memorización, y memoria, pero no la función cortical superior. De hecho, suprime las regiones del pensamiento crítico. (Neurociencia Social Cognitiva y Afectiva, DOI: 10.1093/scan/nsn050)

La meditación bíblica es más que la oración. Es la participación activa de la mente para crecer, expandirse, y desarrollarse mediante la contemplación profunda de las cosas de Dios. Es el deseo concentrado y la decisión deliberada de conectar con Dios, para participar con lo más profundo de nuestro ser en sus métodos y designios para la vida.

La meditación bíblica fluirá naturalmente dentro y fuera de la oración (conversación con Dios), la alabanza, y la adoración, a medida que uno experimenta mayores perspectivas, verdades, intimidad, y conocimiento de Dios. Se puede orar y alabar sin meditar; sin embargo, la meditación bíblica con frecuencia resultará en oración y alabanza espontáneas.

Resultados de ambos tipos de meditación

Resultados de la meditación bíblica

La meditación bíblica, gracias a las leyes de la adoración y el esfuerzo, resulta en el desarrollo de los circuitos de la corteza prefrontal, y en un crecimiento correspondiente de la sabiduría, la comprensión, la madurez del carácter, y la experimentación de los frutos del Espíritu. Como dice la Biblia:

¡Oh, cuánto amo tu diseño, tu ley viviente, plasmada en la realidad! Medito en ella todo el día. Tus leyes me hacen más sabio que mis enemigos; me iluminan continuamente. Tengo mayor comprensión de la realidad que todos mis maestros, pues contemplo humildemente tu ley de amor (Salmo 119:97-99, The Remedy).

Sin embargo, la meditación bíblica puede inicialmente resultar en un estado de mayor agitación, ansiedad e inquietud, ya que la verdad que se revela al ver a Dios y su ideal con mayor claridad saca a la luz nuestras deficiencias, las cuales necesitan sanación. Solo después de que uno se ha entregado a Dios (la crucifixión bíblica del yo o la conversión; p. ej., la noche de angustia de Jacob, David después de que Natán lo confrontara, Pedro en la noche de su traición) y la persona ha renacido con un corazón nuevo y un espíritu recto, se desarrolla la paz genuina. Antes de la conversión —la muerte al yo— hay inquietud y ansiedad continuas.

En contraste, la meditación oriental simplemente lleva a la persona a buscar suprimir esta sensación de ansiedad sin un cambio real en su corazón, mente, y carácter. La meditación bíblica guía al individuo a través del valle de sombra de muerte, donde muere a sí mismo, y renace en Cristo, con un corazón renovado, para caminar por el camino de la rectitud. En otras palabras, la meditación oriental trata los síntomas, pero la meditación bíblica colabora con Dios para curar el problema.

Una vez experimentada la conversión, el individuo:

  • Crece en la comprensión de la realidad: la verdad bíblica
  • Confía cada vez más en Dios
  • Ha reducido la ansiedad, particularmente la ansiedad existencial.
  • Experimenta una mejor salud física y mental (frecuencia cardíaca y presión arterial más bajas, etc.)
  • Tiene una mayor sensación de paz y bienestar con el tiempo.
  • Experimenta menos irritabilidad
  • Se relaciona con los demás de maneras más saludables.

Resultados de la meditación oriental

La meditación oriental produce una mayor sensación de paz emocional, la calma de los circuitos del miedo, con la consiguiente disminución del ritmo cardíaco, la presión arterial, y la sensación de ansiedad, pero también una disminución de la percepción espiritual genuina, un entumecimiento de la conciencia (convicción del Espíritu Santo de una conversión genuina), y una falsa sensación de que todo está bien con uno mismo, a pesar de permanecer en una condición espiritual terminal.

Una prueba sencilla para identificar la meditación oriental

Puedes realizar una prueba sencilla para identificar la meditación oriental, respondiendo las siguientes preguntas:

  • ¿Se centra en la nada —en un vaciamiento o en un mantra repetitivo— en lugar de centrarse en algún aspecto de Dios y Su reino?
  • ¿Restringe y estrecha el enfoque mental, en lugar de expandir y estirar la mente hacia temas más amplios?
  • ¿Causa una sensación emocional de pérdida de uno mismo, y de conexión con una fuerza no inteligente, en lugar de activar el pensamiento para conectarse con nuestro Dios inteligente?
  • ¿Aquieta, silencia, y suprime el pensamiento, en lugar de estimular la mente a pensar, contemplar, razonar, y considerar nuevas posibilidades e ideas?
  • ¿Provoca que uno huya de la ansiedad existencial, buscando alivio emocional al evitar la verdad y silenciar la mente, en lugar de llevarle a uno a confrontar sus propias deficiencias, y superarlas en unión con nuestro Creador?

Pautas para la meditación bíblica

  • Nunca entregues la mente a otro ser creado.
  • La visualización guiada debe ser siempre un proceso activo, no permitir pasivamente que otra criatura dirija tu mente. Un guía puede proporcionar el tema de la meditación, pero la persona debe elegir activamente involucrarse y dirigir su propia mente.
  • Concéntrese siempre en algún aspecto del carácter de Dios, la ley, la Escritura, la creación, etc.; el enfoque de la meditación bíblica nunca está en vaciarse del yo, o en un mantra repetitivo.
  • Asegúrate de participar en el proceso mental activo de pensar, contemplar, reflexionar, adorar, admirar, etc.
  • Sal de ti mismo, y conéctate con un ser real: nuestro Dios inteligente.
  • Comprométete con la intención activa y decidida de buscar la verdad combinada con el amor altruista.

Cómo hacer meditación bíblica

  • Establezca un intervalo de tiempo diario de 15 a 30 minutos para la meditación.
  • Elija un lugar tranquilo, y asegúrese de que todas las distracciones se minimicen (por ejemplo, la televisión y la radio estén apagadas, el teléfono esté en “no molestar”, etc.).
  • Elija un enfoque o tema para la meditación (por ejemplo, un versículo bíblico, un aspecto de la naturaleza, una acción de Dios, una de las leyes de diseño de Dios, etc.).
  • Concentra tu mente deliberadamente en contemplar, considerar, examinar, reflexionar, extrapolar, comprender, y apreciar el enfoque o tema. Pide activamente a Dios que ilumine tu entendimiento, y conecta tu mente con Dios en tus reflexiones.
  • Termine la sesión con una oración de alabanza, acción de gracias, y admiración a Dios, contando lo que ha aprendido, cómo ha crecido, o lo que todavía le cuesta comprender; pida comprensión e intervención, según lo que la providencia de Dios determine que es mejor.

Ejemplos de meditación basada en la Biblia

Meditando en la ley y el carácter de Dios

Durante su tiempo de meditación, lea este pasaje bíblico:

Que el malvado abandone su camino, y el hombre malvado sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, y él tendrá de él misericordia, y a nuestro Dios, que perdonará abundantemente. «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos», declara el Señor. «Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos» (Isaías 55:7-9).

Acércate a Dios, y pídele al Espíritu Santo que ilumine tu mente para que puedas comprender el significado y las implicaciones de este pasaje. Considera lo siguiente:

  • ¿Cómo son los caminos de Dios más altos que los caminos humanos?
  • Dios es Creador: ¿sobre qué tipos de leyes opera el universo de Dios?
  • ¿Pueden los humanos construir el espacio, el tiempo, la energía, la materia, o la vida? ¿Qué tipo de leyes crean los humanos?
  • ¿Qué le sucede a una persona si rompe una ley de diseño de Dios (por ejemplo, se ata una bolsa de plástico en la cabeza, rompiendo la ley de la respiración)?
  • ¿Qué sucede si alguien infringe una ley humana (por ejemplo, no paga sus impuestos)?
  • ¿En qué se diferencian los caminos de Dios de los nuestros?
  • ¿Cómo puede Dios perdonar gratuitamente?
  • ¿Qué significa este texto: “El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley?” (1 Corintios 15:56)
  • ¿Qué otras leyes de diseño de Dios están incorporadas en la naturaleza, y qué revelan acerca de Dios?

Concluye tu meditación dando gracias a Dios, entregándole tu corazón, y pidiéndole que restaure en ti su ley y sus métodos. Continúa tu día, considerando cómo las leyes de Dios impactan cada aspecto de tu vida.

Meditando sobre la creación de Dios

Elige una noche despejada para meditar, y sal a un lugar donde puedas ver las estrellas. Mira al cielo, y permítete apreciar la magnificencia del universo, la cantidad de estrellas, galaxias, y mundos. Luego, medita en el Dios que creó todas estas cosas:

  • Considere cómo Él lo sostiene todo, cada momento de cada día.
  • Consideremos cuán inmenso es, y lo que eso implica acerca de quién es Dios.
  • Considere la precisión y constancia con que las estrellas mantienen su curso.
  • Medita en un universo limpio de pecado, y considera viajar por él como representante de Dios, compartiendo lo que Él ha hecho por ti. Termina la sesión alabando a Dios por su grandeza, majestad, y bondad, y agradeciéndole su amor; pídele que restaure en ti su carácter de amor, y te permita compartir su amor con mayor eficacia.