Cuando tratamos de entender lo que significa «estar listos» para la venida de Jesús, descubrimos que cuanto más maduros seamos como cristianos, ¡menos preocupados estaremos con este tema!
Moisés, uno de los cristianos más maduros de la historia, después de los golpes y magulladuras de sus experiencias anteriores, estuvo dispuesto a renunciar a su propia vida eterna, por el bien de los demás. En su discusión con Dios acerca de salvar a dos millones de analfabetos de Egipto que olían a ajo, puso en juego su propio destino eterno (Éxodo 32:31-32). De la misma manera, al cristiano maduro le preocupa mucho más que los demás estén listos, que si él lo logrará o no.
Hay otra razón por la que no queremos dedicar una eternidad a este tema. El diablo, a menudo, lleva a muchos cristianos concienzudos a pensar en sus propias imperfecciones y debilidades. Y al separarlos así de Cristo, espera obtener la victoria. Nunca debemos convertirnos en el centro y dejarnos llevar por la ansiedad y el miedo de si seremos salvos. Todo esto aleja al alma de la fuente de nuestra fuerza.
En otras palabras, si pasamos todo nuestro tiempo hablando sobre cómo estar preparados para la venida de Jesús, ¡eso en sí mismo podría convertirse en un factor que contribuye a no estar preparados! Debemos encomendar la custodia de nuestras almas a Dios, y dejar que el yo se pierda en Él.
Sé a quién he creído, y estoy convencido de que él es capaz de guardar lo que le he confiado para ese día. 2 Timoteo 1:12