La Gran Prueba

Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados ingleses y estadounidenses fueron entrenados para el espionaje y el contraespionaje. Pasaron por un programa de entrenamiento tan riguroso, que al poco tiempo resultó evidente que los comandantes, en realidad, estaban tratando de cambiar su identidad. Los soldados estadounidenses e ingleses se estaban «convirtiendo en alemanes». Aprendieron a pensar, comer, y vestirse como alemanes.

Luego vino la gran prueba. Salieron y realizaron una agotadora marcha hasta bien entrada la noche. Finalmente, muy cansados, se les permitió hundirse exhaustos en sus tiendas de campaña. En medio de la noche, de repente los despertaron con una luz brillante en los ojos, y alguien les gritaba: «¿Quién eres?». Éste fue el momento crucial. Si respondían: «Soy Henry Smith». «¿De dónde eres?» «Canadá.» «¿Adónde vas?» «Me voy a casa con mamá», no pasaría mucho tiempo hasta que regresaran a casa con mamá. Pero si, con las luces brillantes en sus ojos, respondieran gritando: «Mein Namen ist Heinrich Schmidt». «¿De dónde eres?» «Hamburgo». «¿Adónde vas?» «Frankfurt.», no pasaría mucho tiempo antes de que se dirigieran a Hamburgo o Frankfurt.

Un día de estos, el foco de los últimos grandes acontecimientos brillará en nuestras caras. Nos despertaremos, como de un sueño profundo, y alguien gritará: «¿Quién eres?». Si hemos escuchado los dichos de Jesús, entonces podemos responder: «Soy un seguidor de Jesús». «¿De dónde eres?» «Soy un extraño y peregrino en la tierra». «¿Adónde vas?» «Voy a una ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y hacedor es Dios».

Éstos han venido para que vuestra fe, de mayor valor que el oro que perece, aunque sea refinada por el fuego, se pruebe genuina y resulte en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo se manifieste. 1 Pedro 1:7