Jesús. Sin duda ya han escuchado hablar de él en alguna ocasión, han leído sobre su persona y cantado acerca de él. Han meditado en las paradojas de su vida: cómo puede ser el Cordero de Dios y a la vez el León de la tribu de Judá. Es tanto Abogado como Juez. Es simultáneamente Hombre y Dios. Sus enseñanzas son las más sencillas, pero las más profundas de todos los tiempos.
Los niños más pequeños acudían a él sin temor. Sin embargo, cuando vino a esta tierra, los imperios del mundo y el reino de las tinieblas temblaron de miedo. El culpable de pecado encuentra aceptación y paz en su presencia, mientras que los que confían en su propia justicia se sienten incómodos. Vino a este mundo por primera vez envuelto en el manto de la pobreza y la ignominia, pero regresará con poder y gloria indescriptibles, para reinar como Rey de reyes para siempre jamás.
Ningún libro podrá pintar un cuadro completo de él. Todos los libros que se han escrito acerca de su persona jamás podrán describirlo cabalmente, puesto que las posibilidades de hallar nuevas dimensiones de su vida y carácter son tan infinitas como la misma eternidad.
Este libro ofrece otra perspectiva de la vida de Jesús, una que mantiene un énfasis específico en mente: cómo trató Jesús a las personas. Comienza al inicio de su ministerio, donde los evangelistas ofrecen descripciones detalladas de su interacción con toda clase de personas y grupos.
Dentro de este marco visualizamos nuevamente las paradojas de su vida. La gente común escuchaba contenta sus enseñanzas, pero los sacerdotes y dirigentes, aunque creían y temblaban, lo rechazaron hasta el final. Daba la bienvenida a los pecadores, a las rameras y los ladrones. Trataba a los grupos minoritarios de sus días con dignidad. Tenía compasión de los temerosos, los humildes y los sufrientes, sin embargo reprendía a los orgullosos y los engreídos.
Y el resultado de su misión de salvación fue tal, que ninguno de aquellos cuyas vidas él tocó, permaneció igual. Cada una de las personas con las cuales entró en contacto tuvo que tomar la decisión de aceptarlo o rechazarlo cuando reconocieron su identidad. Ubíquese usted mismo en el cuadro mientras seguimos estas escenas de la vida de Jesús. Visualícelo, y extiéndale sus brazos hoy y permítale derrumbar las barreras de su vida. Jesús ama a cada individuo, y tiene un lugar para usted en su corazón. Deseamos sinceramente que llegue a conocerlo y a confiar en él cada vez más. En estas páginas lo invitamos a meditar sobre la forma en que Jesús trató a las personas.