Mes: enero 2024
-
¿Qué capítulo de Daniel da más información concerniente al juicio investigador?
Creo que la mayoría respondería: Daniel 8. En ese capítulo se encuentra el texto clave: «Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado» (Daniel 8:14).
No obstante, esa respuesta está equivocada. Aunque Daniel 8 revela información valiosa, su importancia radica en que nos da la fecha del juicio. En realidad, la mayor cantidad de referencias al juicio investigador en Daniel, se encuentra en el capítulo 7. Si sólo tuviéramos Daniel 7, podríamos probar la existencia del juicio de los creyentes previo al advenimiento, y también podríamos deducir el tiempo aproximado de ese juicio.
Daniel 7 repite Daniel 2, sólo que agrega detalles adicionales. En este capítulo, Daniel mismo sueña acerca de cuatro grandes bestias que salen del mar. La primera bestia era como un león; la segunda bestia como un oso; la tercera bestia como un leopardo, aunque tenía cuatro alas y cuatro cabezas; y la cuarta bestia era «espantosa, terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos grandes dientes de hierro; devoraba y desmenuzaba, pisoteaba las sobras con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que había visto antes de ella; y tenía diez cuernos» (versículos 4-7).
¿Qué significan esas bestias? En la explicación de la visión, Daniel se entera de que representan cuatro reyes o reinos que surgirán, y que «la cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra» (versículo 23). La primera bestia, el león, es Babilonia. La segunda bestia, el oso, simboliza a Medo-Persia. El que estuviese alzado de un costado más que del otro, muestra la diferencia de poder entre las dos naciones de ese imperio. Las tres costillas que llevaba entre los dientes (versículo 5) se cree que son Lidia, Babilonia y Egipto, tres naciones que fueron aplastadas por el poder Medo-Persa. El leopardo era el próximo gran imperio mundial, y simbolizaba a los griegos bajo la dirección de Alejandro Magno. La cuarta bestia, desde luego, era el último gran imperio: el romano.
Durante siglos, numerosos eruditos de la Biblia, judíos y cristianos, han estado de acuerdo en cuanto al significado de esta secuencia exacta de naciones. Esta interpretación no es exclusivamente adventista.
Note también, que la profecía de Daniel 7 es similar a Danie1 2. Daniel 7 brinda más detalles que Daniel 2, y provee el fundamento para el resto de las profecías que estudiaremos.
En Daniel 2 y 7, se pone énfasis en el cuarto reino. Y en ambos capítulos, aunque el cuarto reino es simbolizado por cosas diferentes, se observan similitudes. La primera, desde luego, es que se trata del cuarto poder en las dos visiones. En ambas sucede a Grecia. En ambos lugares se 10 describe como «fuerte» (Daniel 2:40; 7:7). Los dos pasajes tienen la palabra hierro en sus descripciones. Vea Daniel 2:40; 7:7 y 19. Ambos reinos desmenuzan a otros poderes. Vea Danie12:40; 7:19 y 23. Y ambos poderes son divididos entre «reyes» o reinos (Daniel 2:41 y 44; 7:24). Es claro que se describe al mismo poder.
Sin embargo, en Daniel 7 aparece otro poder. Este poder no se separa de la cuarta bestia, Roma pagana; más bien, surge directamente de entre los diez cuernos que son parte de la cuarta bestia. Este poder es el cuerno pequeño. «Mientras yo contemplaba los cuernos, otro cuerno pequeño salió entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros. Este cuerno tenía ojos como de hombre y una boca que hablaba con gran insolencia» (versículo 8).
Más adelante se menciona nuevamente que el cuerno pequeño surge de la cuarta bestia, «de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, ante el cual habían caído tres. Este mismo cuerno tenía ojos y una boca que hablaba con gran insolencia, y parecía más grande que sus compañeros. Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos y los vencía» (versículos 20 y 21).
Más adelante se explica lo que son la cuarta bestia y el cuerno pequeño. «La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. Los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y derribará a tres reyes. Hablará palabras contra el Altísimo, a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la Ley; y serán entregados en sus manos hasta tiempo, tiempos y medio tiempo» (versículos 23-25).
En Daniel 2 vimos que el hierro era el poder que surgiría después de Grecia, y aunque cambió de forma, todavía tenía hierro hasta el final. Todavía era el mismo poder. En Daniel 7 teníamos una bestia que representaba a Babilonia, otra bestia para Medo-Persia, otra para Grecia y otra para Roma. El poder conocido como el cuerno pequeño era parte de la cuarta bestia que surgió después de Grecia, pero hacia el fin del tiempo pasa a la etapa de cuerno pequeño. Lo importante es que en Daniel 7, al igual que en Daniel 2, el poder que surge después de Grecia permanece hasta el fin del tiempo, aunque en una forma diferente.
Notamos que la cuarta bestia, y el cuerno que surge de ella, ocupan un lugar central en Daniel 7. Se dedica más tiempo a ellos que al resto de las bestias combinadas, y se describe con mayor detalle el cuerno pequeño que cualquier otra bestia, incluso la cuarta. Obviamente, la identificación del cuerno pequeño es de importancia clave.
Por varios siglos, los estudiosos de la Biblia han comprobado, sin dejar lugar a dudas, que el cuerno pequeño simboliza el poder papal. Y con toda razón: se ajusta perfectamente.
La mayoría de los adventistas han entendido esta identificación. Sin entrar en detalles (hay mucho material disponible sobre el tema), hagamos un repaso:
- Primero, el cuerno pequeño surgió de la Roma pagana. El papado también surgió de la Roma pagana.
- El cuerno pequeño surgió de entre las diez tribus bárbaras que sucedieron al Imperio Romano pagano. El papado surgió entre las diez tribus, haciendo caer a tres de ellas, tal como el versículo 24 dijo que sucedería («Y derribará a tres reyes»).
- Se dice que el cuerno pequeño es «diferente» de los otros cuernos, e indudablemente el papado, un poder único en su clase, difería de las tribus bárbaras.
- El pequeño cuerno habría de ser más recio que los otros, y evidentemente el papado fue más poderoso que las tribus bárbaras; si no hubiera sido así, no podría haber derribado a tres de éstas.
- El cuerno pequeño hablaría «palabras contra el Altísimo». Las aseveraciones papales concernientes a la función y al poder del Papa son «grandes palabras» contra Dios.
- El cuerno pequeño «hacía guerra contra los santos», y la historia muestra cómo el papado guerreó contra los hijos de Dios.
- Este poder «pensará en cambiar los tiempos y la Ley».
Cuando estudié esta profecía por primera vez, fui a la escuela católica, pedí un catecismo y busqué los Diez Mandamientos. Tal como se me había enseñado, el mandamiento que prohíbe la adoración de ídolos había sido eliminado. ¡Eso sí que es cambiar la Ley! Desde luego, todos los adventistas conocen las numerosas aseveraciones del Papa, acerca del cambio de la observancia del sábado al domingo, tales como: «La iglesia católica por más del mil años antes de la existencia de un protestante, por virtud de su divina misión, cambió el día de reposo del sábado al domingo» (The Catholic Mirror [El Espejo Católico], 23 de septiembre de 1893).
La señal definitiva de identificación, quizá la más importante, es que se da una profecía de tiempo concerniente a la actividad del papado. Los santos serían entregados en su mano «hasta tiempo, tiempos y medio tiempo» (versículo 25). En la descripción del cuerno pequeño, encontramos la primera profecía apocalíptica de tiempo en el libro de Daniel.
«Tiempo, tiempos y medio tiempo» es una frase reconocida por eruditos judíos y gentiles, con el significado de tres años y medio. Un tiempo es igual a un año, tiempos se refiere a dos años, y medio tiempo es la mitad de un año. En Apocalipsis 12 se hace referencia a este mismo período de tiempo y se iguala con «1260 días». En la profecía, tres años y medio es igual a 1260 días.
Daniel 7, entonces, señala un período de tiempo del cuerno pequeño, equivalente a tres años y medio o 1260 días. Durante muchos años, los adventistas y otros han aplicado el principio de día por año a esta profecía.
Si aplicamos el principio de día por año a los 1260 días, tendremos 1260 años. ¿Se ajusta esto a un período de tiempo para el papado?
En 1698, Drue Cressner, un estudioso británico de la Biblia que estudiaba las profecías en Daniel 7 y Apocalipsis, llegó a las siguientes conclusiones: el cuerno pequeño de Daniel se refería al papado; el principio de día por año debe ser aplicado a estas profecías; y algo de naturaleza drástica sucedería al papado alrededor del año 1800. En sus propias palabras: «El tiempo de la bestia termina alrededor del año 1800» (citado por LeRoy Froom, The Prophetic Faith of Our Fathers [La fe profética de nuestros padres], tomo 2, página 595).
Sabemos que en el 538 d.C. el último poder arriano (uno de los tres cuernos derribados) fue expulsado de Roma, dándosele al papado la autoridad total sobre la ciudad. Exactamente 1260 años después, en 1798, el general francés Berthier tomó preso al Papa. Usted puede leer acerca de este suceso en publicaciones católicas que describen el cautiverio del Papa, quien murió en el exilio a manos de los franceses. (Sabemos que aunque el papado recibió una herida mortal, más tarde revivió. Daniel 7, que cubre miles de años en unos pocos versículos, no tiene espacio para detalles. Más adelante, en el Apocalipsis, especialmente el capítulo 13, se nos brinda un enfoque más detallado de lo que sucedió al final del período de 1260 años y la recuperación del papado.)
Drue Cressner, al aplicar las profecías al papado, predijo que algo sucedería «cerca del año 1800». ¡Su predicción sería como si alguien en 1888 hubiera predicho quién sería el presidente de los Estados Unidos en 1988!
«La razón por la que él pudo ser tan exacto, es que el papado cumple esta profecía perfectamente. Por siglos, los protestantes unánimemente aplicaron esta profecía al papado. Lutero, Zwinglio, Calvino, Melanchton y todos los reformadores, durante los siguientes tres siglos, entendieron que el cuerno pequeño de Daniel 7 se refería al papado. (Para un estudio limitado de por qué pocos protestantes aplican esta profecía al papado actualmente, vea mi librito «Manos sobre el Abismo», Pacific Press, 1988). Aun antes de la Reforma, un erudito judío llamado Isaac Abravanel, después de estudiar Daniel 7, escribió: «He llegado a la conclusión privada de que el cuerno pequeño se refiere al dominio del papado» (citado por LeRoy Froom, La fe profética de nuestros padres, tomo 2, página 228)».
Hasta el momento hemos visto, en orden cronológico, a Babilonia, Medo-Persia, Grecia, Roma pagana y Roma papal. Esta es la secuencia exacta de Daniel 7:
Babilonia
Medo-Persia
Grecia
Roma pagana
Roma papal
Pero ¿qué viene después de Roma papal en la profecía? «Mientras yo contemplaba los cuernos, otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros. Este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba con gran insolencia. Estuve mirando hasta que fueron puestos unos tronos, y se sentó un Anciano de días. Su vestido era blanco como la nieve; el pelo de su cabeza, como lana limpia; su trono, llama de fuego, y fuego ardiente las ruedas del mismo. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; miles de miles lo servían, y millones de millones estaban delante de él. El Juez se sentó y los libros fueron abiertos… y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino es uno que nunca será destruido» (versículos 8-14).
El versículo 8 describe el poder del cuerno pequeño. ¿Qué viene inmediatamente después en los versículos 9 y 10? Vemos tronos que fueron «puestos». Vemos al «Anciano de días», a quien reconocemos como Dios. Vemos ríos de fuego; vemos «millones de millones» delante de él, y finalmente: «El Juez se sentó y los libros fueron abiertos». ¡Indudablemente, esta escena describe un juicio en el cielo!
¡Lea los versículos 8 hasta el 10 nuevamente! Se trata de una típica escena de juicio, y obviamente, considerando el contexto, este juicio ocurre en el cielo.
¿Y qué sucede después de esta escena de juicio celestial? Dios establece su reino, un reino «que nunca será destruido» (versículo 14). ¿Cuándo es que Dios finalmente establece su reino? En ocasión de la segunda venida de Jesús.
Observe el orden específico de eventos en estos pocos versículos. Esta parte es crucial. Tenemos este cuerno pequeño (el que surge de la cuarta bestia, según las tres descripciones citadas), luego una escena de juicio en el cielo, y finalmente Dios establece su reino.
Cuerno pequeño. Juicio en el cielo. Dios establece su reino. Lea estos versículos nuevamente hasta que pueda notar esta secuencia. Es importante que lo entienda.
Esta secuencia es tan crucial, que se repite nuevamente en el mismo capítulo. «Y veía yo que este cuerno [papado] hacía guerra contra los santos y los vencía; hasta que vino el Anciano de días, y se hizo justicia a los santos del Altísimo [juicio]; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino [el reino de Dios]» (versículos 21 y 22).
Nuevamente, en el mismo orden cronológico que antes: cuerno pequeño (papado), el juicio, y el reino de Dios.
Esta secuencia es tan importante, que la tenemos por tercera vez en el mismo capítulo. «Hablará contra el Altísimo, a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la Ley; y serán entregados en sus manos hasta tiempo, tiempos y medio tiempo. Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio, para que sea destruido y arruinado hasta el fin, y que el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo sean dados al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios lo servirán y obedecerán» (vs.25-27). Aquí tenemos una descripción del cuerno pequeño que termina con la primera profecía de tiempo en Daniel, lo que destaca una fase de la obra de este cuerno pequeño. Después del cuerno pequeño tenemos el juicio. Finalmente, Dios establece su reino. La secuencia, que se encuentra tres veces en Daniel 7, es esta:
- Roma papal (cuerno pequeño)
- Juicio en el cielo
- El reino de Dios establecido
Veamos la secuencia que tenemos en el capítulo 7 en comparación con el capítulo 2:
DANIEL 2 – Babilonia
DANIEL 7 – Babilonia
DANIEL 2 – Medo-Persia
DANIEL 7 – Medo-Persia
DANIEL 2 – Grecia
DANIEL 7 – Grecia
DANIEL 2 – Roma (pagana)
DANIEL 7 – Roma (pagana)
DANIEL 2 – Roma (Europa/papal)
DANIEL 7 – Roma (papal)
DANIEL 7 – Juicio en el cielo
DANIEL 2 – Reino de Dios
DANIEL 7 – Reino de Dios
Vemos en el diagrama anterior que todo lo que ocurre en Daniel 2 y Daniel 7 es cronológico. Se mueve a lo largo de una línea temporal, desde el pasado hasta el futuro. ¿Dónde es que este diagrama localiza al juicio en el cielo?
Primero fue Babilonia. Después de Babilonia estaba Medo-Persia. Después de Medo-Persia estaba Grecia. Después de Grecia estaba Roma, pagana y papal. Después de la Roma pagana y papal, viene el juicio en el cielo. Y finalmente, Dios establece Su reino.
Claramente, el juicio ocurre después de esta fase final del poder del cuerno pequeño, representado en la profecía del «tiempo y los tiempos y el medio tiempo» en Daniel 7, la primera profecía de tiempo apocalíptica en el libro. ¿Cuándo terminó esta fase del poder del cuerno pequeño?
Babilonia terminó en el año 539 a.C. Después de Babilonia, después del 539 a.C., vino Medo-Persia. Medo-Persia terminó en el 331 a.C. Después de Medo-Persia, después del 331 a.C., vino Grecia. Grecia terminó en el año 168 a.C. Después de Grecia (después del 168 a.C.) vino la Roma pagana y papal. El fin de esa segunda fase de Roma terminó en 1798 d.C. ¡Después de Roma, después de 1798 d.C., viene la escena del juicio en el cielo!
¿Puedes ver este punto? Después de Babilonia (539 a.C.) vino Medo-Persia. Después de Medo-Persia (331 a.C.) vino Grecia. Después de Grecia (168 a.C.) vino Roma. Después de Roma (1798 d.C.) vino el juicio en el cielo. Y después de ese juicio en el cielo. ¡Dios establecerá Su reino! Babilonia (539 a.C.) Medo-Persia (331 a.C.) Grecia (168 a.C.) Roma Pagana/Papal (1798 d.C.) Juicio en el cielo El reino de Dios
Lo repito para enfatizar: después del tiempo, los tiempos y la división del tiempo, la profecía del cuerno pequeño, que terminó en 1798, tenemos la escena del juicio en el cielo. ¡El juicio, por lo tanto, debe ocurrir después de 1798!
Podemos ver solo en Daniel 7, que un juicio en el cielo ocurre después de 1798, pero antes de la segunda venida de Jesús. Y estos criterios se ajustan a nuestra comprensión del juicio investigador de 1844, o lo que a veces llamamos el juicio previo a la venida. De hecho, encajan perfectamente.
¿Quién está involucrado en este juicio? El versículo 22 dice que «fue dado juicio a los santos del Altísimo». Otras versiones dicen que el juicio fue dado «en nombre de» los santos. o «a favor» de los santos. Obviamente, este juicio involucra a los santos; de lo contrario, ¿cómo podría dictarse sentencia a su favor o a su favor? Ellos están involucrados. ¿Se entiende? No pueden estar juzgando, porque aún no están en el cielo (Cristo aún no ha regresado). Vimos que el pueblo de Dios será juzgado en algún momento después del año 31 d.C. (el juicio de Daniel 7 se ajusta a ese criterio). Vemos que este juicio es a su favor, y como resultado de este juicio obtienen el reino. Parece que ellos mismos están siendo juzgados ante el universo que los observa. Y el resultado de esa sentencia es a su favor.
¿Suena familiar? Un juicio en el cielo de los creyentes, ante el universo que los observa, que ocurre cerca del fin de los tiempos (después de 1798). Debería, porque esta escena describe el juicio investigador.
¿Qué hemos aprendido hasta ahora?
1 – El juicio del pueblo de Dios ocurre después del 31 d.C.
2 – El juicio del pueblo de Dios ocurre después de 1798
3 – El juicio del pueblo de Dios ocurre antes de la segunda venida.
Esto fue publicado originalmente como capítulo 4 del libro «1844 Hecho Simple» de Clifford Goldstein. Usado con el consentimiento del autor.
-
He aquí uno de los textos favoritos del diablo. Él ha resaltado este pasaje con su marcador amarillo por mucho tiempo. Aparentemente, muchas personas han crecido en el camino cristiano como yo lo hice, con sus mentes encerradas bajo llave en la típica interpretación de Apocalipsis 3:5, es decir, la interpretación del comportamiento. De esa manera, prestemos atención a este texto y entremos en el corazón del asunto; tratemos de entender lo que está diciendo y lo que no está diciendo Apocalipsis 3:5.
He aquí el texto: «El vencedor será vestido de vestiduras blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles». En una primera lectura, suena como que debemos vencer nuestros pecados con el fin de ser vestidos con vestiduras blancas, no ver borrados nuestros nombres del libro de la vida, y para que Jesús confiese nuestro nombre delante de su Padre y delante de sus ángeles. Justamente aquí está la gran piedra en el camino. «No estoy venciendo mis pecados lo suficiente, Señor, de modo que probablemente no alcance a hacer tiempo para conseguir la vestidura blanca e impedirte que borres mi nombre».
Esto puede llevar a una persona al desánimo, porque cualquier condición que tengamos que enfrentar, que no podamos enfrentar, va en camino a llevarnos al desánimo.
De modo que, comencemos adecuadamente por la primera frase del Apocalipsis 3:5, y veamos si podemos entender este texto. «El vencedor… » ¿Qué venció? El texto no puede estar hablando acerca de vencer nuestros pecados. Eso es algo que el texto no dice. Porque si tenemos que vencer nuestros pecados para mantener nuestros nombres en el libro, somos semejantes a la persona cuya bocina del auto no funciona, y aproximándose a la puerta del taller mecánico, encuentra un cartelito que dice: «¡Toque bocina para que lo atendamos!» ¡Estaríamos sin esperanza y sin ayuda! Y sin embargo muchos de nosotros gastamos tiempo y esfuerzo tratando de vencer nuestros pecados.
Cuando recuerdo todos los esfuerzos para vencer que he practicado en el pasado, desde mis años de adolescente en adelante, me resulta fatigoso siquiera pensar en ello. Tenía siete pecados al mismo tiempo. Y estaba trabajando duramente con ellos, cuando alguien me envió una lista de cien más para vencer. Esto es lo que puede desanimarnos.
Por lo tanto, algo que no está diciendo el texto, es que tengamos que vencer los pecados de las siete iglesias a las cuales se refiere. Supongo que contextualmente, podríamos decir: «Bien, está hablando de todas esas manifestaciones del mal en las siete iglesias del Apocalipsis». No, nosotros no venceremos al mal. Nosotros nunca lograremos vencer al mal en cualesquiera de sus manifestaciones. Santiago 4:7 dice: «Resistid al diablo». Pero nos dice cómo. Resistimos al diablo por «acercarnos a Dios» y someternos a Dios. Pero nosotros, porque sí, nunca venceremos al mal en alguna de sus manifestaciones.
De modo que de lo que el texto está hablando es acerca de vencer el problema real del pecado: vivir separados de Dios. Y se refiere a la persona que puso a Jesús como prioridad máxima en su vida diaria. Por favor note en el texto, la diferencia entre una interpretación centrada en el comportamiento (vencer nuestros pecados o malos comportamientos), y una centrada en la relación (venciendo el problema de relación en vivir una vida aparte de Dios).
Ahora bien, si por la gracia de Dios respondo a su invitación para vencer el Pecado, singular (una vida vivida aparte de Dios), y comienzo a acercarme a Dios y a permanecer con Dios día tras día, entonces recibo una promesa. Este texto incluye algo por lo cual deberíamos estar verdaderamente agradecidos: «Será vestido de vestiduras blancas». De manera que aquí hay buenas nuevas: Si sé lo que significa dejar de vivir aparte de Jesús, día a día, estoy en camino de ser vestido con vestiduras blancas.
Lo cual nos conduce a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que no dice el texto? En su interior descansa un problema, porque es sorprendente cuánta gente identifica esta vestidura blanca inmediatamente como la justicia de Cristo para nosotros, la justificación. Leí no hace mucho tiempo atrás, en un libro conocido, que la vestidura blanca es la justicia de Cristo para nosotros. La llamamos justicia imputada.
Pero esto no es lo que se menciona aquí. Esto no es lo que el texto está diciendo. Está hablando de la justicia de Cristo en nosotros, la justicia impartida de Cristo, la santificación. Permítame darle una evidencia escritural para esto: Apocalipsis 19:7 y 8. Hablando de la novia, la esposa del Cordero viniendo a las bodas, dice: «Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente (pues el lino fino significa las acciones justas de los santos)». Esto en la versión Reina Valera. En otras versiones, como lo hemos visto en el capítulo anterior, también se enfatiza la idea de actos, hechos buenos. Obviamente, este texto se está refiriendo a la justicia de Cristo obrando en la vida, en hechos y acciones, lo cual llamamos justicia impartida. Esto es poderosamente bíblico.
El libro «Palabras de Vida del Gran Maestro» lo clarifica en el capítulo llamado «Ante el tribunal supremo». Notemos un puñado de líneas: «El vestido de boda de la parábola [se refiere a Mateo 22] representa el carácter puro y sin mancha que poseerán los verdaderos seguidores de Cristo» (página 252). No dice «tendrán que» o «deben» poseer. Dice: «El carácter puro y sin mancha que poseerán los verdaderos seguidores de Cristo». (Aquí hay una promesa). «Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana» (página 311). Ninguna de nuestras obras están mezcladas en todo el tejido. Es totalmente un manto de Dios.
El pasaje pasa a describir, en detalle, lo que es el manto: «Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia» (página 253).
Así, poniendo Apocalipsis 3:5 junto con esto, podemos concluir que el asunto real es tratar de vivir una vida victoriosa separados de Dios, día tras día. Pero si vencemos sobre dicha tendencia humana, la promesa es que seremos vestidos con su justicia impartida, la cual obrará en la vida. Esto claramente se refiere a un cambio de carácter. Si la primera parte del texto se estuviera refiriendo a que nosotros vencemos nuestros pecados, entonces nunca conseguiríamos llegar a la segunda parte y al manto blanco. Porque ser vestido con vestiduras blancas es la manera como vencemos nuestros pecados.
Hay un interesante texto en Apocalipsis 16:15, el cual realiza una apelación muy personal. Jesús está hablando acerca de su segunda venida y dice: «Yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus vestiduras, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza». De nuevo, en el Apocalipsis, las vestiduras son la justicia de Cristo obrando en la vida. A esto necesitamos prestar atención: qué estamos permitiendo que Dios haga para vencer nuestra tendencia a vivir separados de él, y para proveernos de este manto celestial de manera que no estemos desnudos y no seamos avergonzados.
Otro texto que incluye el mismo pensamiento se encuentra en 1 Juan 2:28: «Ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él, avergonzados» ¿Cuál es la clave? ¿Cuál es el secreto para no ser avergonzados en su venida? Habitar en él. ¿Qué significa esto? Mantenernos en relación con él, día tras día. y esto es lo que está involucrado en vencer, de modo que podamos ser vestidos de blanco. De esto habla Apocalipsis 3:5.
La siguiente parte de Apocalipsis 3:5 dice: «Y no borraré su nombre del libro de la vida». Lo cual indica que en algún momento fueron ingresados nuestros nombres en el libro de la vida. He oído decir que nuestros nombres están escritos en el libro de la vida desde el día en que nacimos. Pero no pienso así. La evidencia es que nuestros nombres son registrados en el libro de la vida cuando aceptamos a Cristo, o cuando profesamos aceptarlo. He aquí un par de líneas del libro «El Conflicto de los Siglos», las cuales indican cuándo se escriben nuestros nombres en el libro de la vida: «El libro de la vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios» (página 534). En las páginas 537 y 538 del mismo libro se clarifica que aquellos nombres que serán dejados o borrados del libro de la vida son los de quienes creyeron en Jesús. Y en la página 481 se hace referencia a la investigación de los casos «de los que en todos los siglos han profesado ser discípulos de Cristo». ¡Incluso los que meramente profesaron ser cristianos están registrados en el libro de la vida! Es muy interesante que Dios irá hasta las últimas consecuencias en su preocupación por conseguir que cada uno entre a su reino.
Que nuestros nombres estén escritos en el libro de la vida, involucra mucho más que el hecho de que nuestros nombres lo estén en los registros de la iglesia. Justamente aquí entramos en un territorio interesante. Recientemente nuestra congregación fue convocada a una reunión administrativa. Estábamos tratando de aceptar lo que algunos de los feligreses ya nos habían dicho: que ya no estaban más interesados. No nos habían mantenido informados de su dirección, su número telefónico, cómo ubicarlos o cualquier otro dato. Por lo general, tales personas suelen clasificarse como miembros extraviados, y finalmente, son borrados como miembros de iglesia. Bien, en el proceso de considerar estos nombres en la reunión, encontramos que quienes habían confeccionado la lista de miembros habían cometido algunos errores. Habían listado al menos a una mujer como extraviada cuando ella había sido la que nos dio la bienvenida a la iglesia, esa misma mañana. Estoy contento de que tuviéramos la reunión y la encontráramos. Algunas veces nos movemos demasiado apresuradamente para quitar los nombres de la gente de los registros de la iglesia. ¡Pero Dios no comete errores! ¡Y él no desea quitar nuestros nombres del libro de la vida!
En otros tiempos hemos sido demasiado apresurados para ingresar nombres en los registros de la iglesia. Leí un libro que alguien me alcanzó los otros días. En efecto, lo leí de un tirón. Y realmente tuve sentimientos encontrados, porque el libro es pertinente. Se llama «Ten Who Left» [Diez que apostataron] (escrito por Fred Comforth y Tim Lale [Boise, Pacific Press, 1995]), y presenta la historia de diez personas que abandonaron nuestra iglesia. Hacia el final, el libro dice: «Este libro podrá dejarlo enojado, triste, confundido o temblando». Me identifiqué con todo lo de arriba. Mientras leía el libro, me destrocé en pedazos. Tenía un prefacio escrito por el secretario de nuestro presidente de la División Norteamericana, y estaba casi totalmente centrado en la iglesia. El libro reconoce, por lo que los autores han dejado traslucir, que muchos ven a la iglesia sólo como más que un club social, y la dejan porque alguien no fue simpático con ellos. El libro señala que en esa línea puede haber tanto como dos millones de ex adventistas en Norteamérica. ¡Dos millones! Nuestra membresía actual es de 10 millones de miembros, y sólo el 50% de ellos asiste a la iglesia una vez al mes.
El libro ilustra que muchos adventistas miran su religión, como extremadamente centrada en el comportamiento. Este libro demuestra uno de nuestros problemas más grandes: simplemente tratar de conseguir que más personas entren en la iglesia. Algunas veces, en nuestro apresuramiento, llevamos gente a la iglesia por razones equivocadas. Para los diez interrogados estaba esta pregunta entre otras: «¿Qué piensa usted cuando oye la palabra ‘salvación’?»
Una persona respondió: «Ser salvado».
«¿Cómo consigue salvarse?»
«No lo sé» (23 años).
Mientras leía el libro, me dolía el corazón al darme cuenta de que por demasiado tiempo, nuestro énfasis primario ha estado en ridiculizar a los católicos, conseguir que todos guarden los diez mandamientos, vayan a la iglesia el sábado y luego bautizarlos. Sin embargo nos maravillamos de que haya dos millones de ex miembros, y de por qué muchos de los borrados sienten que fueron manipulados para unirse a la iglesia.
Estábamos examinando el problema de los miles de borrados de la iglesia en nuestras reuniones administrativas. Y voy a asumir una posición firme. No pienso que la mayoría de quienes dejaron la iglesia estuvieran adentro. No creo que alguna vez hayan estado adentro, porque pienso que una vez salvado, casi siempre salvado (verifique esto en su Biblia). Por favor, incluya la palabra casi. Creo que alguien que realmente viene a Cristo, alguien verdaderamente convertido y que entra en una relación con Jesús, encontrará muy, pero muy difícil dejarlo. Creo que una persona que no conoce esa experiencia encuentra muy fácil dejarlo, porque para él, la iglesia no es nada más que un club social.
Entonces la pregunta que debemos hacemos es: Estos borrados, ¿son la clase de gente que respondía a la religión centrada en el comportamiento, quienes gustan de ver a los católicos calcinados, y quienes piensan que deben guardar los mandamientos por su propia rígida disciplina? Después de un tiempo, esa clase de religión es desabrida. Si nuestro propósito primario es conseguir gente que guarde todos los mandamientos, sea autodisciplinada, la gente responderá con una voluntad de hierro. Pero ellos se cansarán después de algún tiempo. Debe haber algo más que eso. La gente débil tratará de responder, pero abandonarán rápidamente porque no pueden estar por mucho tiempo agregando hipocresía a las fallas.
Si usted lee este libro, «Ten Who Left», encontrará representada una sección de gente semejante a algunos que usted ha conocido. Ellos nunca estuvieron adentro. Sus parientes nunca lo estuvieron, y muchos de los educadores a donde ellos fueron a estudiar nunca lo estuvieron.
¿Qué significa vencer el Pecado de vivir la vida aparte de Cristo? Significa entrar en relación con Dios, con Jesús, lo cual es todo a lo que se refiere la experiencia cristiana. Si esta no es la verdad primaria del mensaje de nuestra iglesia, entonces no somos nada más que un club social. Y eso explica por qué hemos perdido más miembros de los que hemos conservado.
¿Que esto lo pone triste? Sí. ¿Que lo deja confundido? Sí. ¿Que lo hace temblar? Sí. ¿Que le da rabia? Sí. ¿Cuándo iremos al encuentro del llamado a despertar?
Y luego, hacia el final del libro, leí: «Tenemos un grupo especial al cual alcanzar: las personas que alguna vez conocieron el gran mensaje del adventismo, pero se alejaron del compañerismo». ¿Quién alguna vez conoció el gran mensaje del adventismo? ¿Qué es eso? Si eso no es Jesús y su justicia, en lugar de la nuestra, entonces todos estamos muertos. Y uno de los grandes misterios es por qué seguimos trayendo gente a la iglesia, de la misma forma año tras año, año tras año. Deberíamos haber salido del desierto y estado un poco más allá de la línea que eso. ¡Un poco más allá!
No debemos obsequiar el evangelio y el evangelismo, mientras pensamos que somos una súper organización de venta. No debemos usar las súper técnicas de venta, para manipular a la gente para que entre a la iglesia. Eso no los llevará a permanecer.
Pero lo interesante es que quienes pudieron haber sido manipulados, quienes nunca vinieron a Cristo, quienes vinieron a la iglesia sólo para hacer profesión de fe, también están escritos en el libro de la vida. Aparentemente, esos nombres están escritos en el cielo. Dios está tan ansioso por conseguir que todos entren, que incluso escribió el nombre de quienes sólo profesan creer en él. ¡Asombroso! ¡Realmente admirable!
Entonces, por supuesto, viene el juicio preadvenimiento. Durante ese juicio, Dios descubre quiénes realmente han aceptado a Cristo y han permanecido con él. Y sus nombres no son borrados.
La siguiente parte de Apocalipsis 3:5 dice: «Y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles». Jesús dice en Mateo 10:32: «A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos». ¿Usted quiere decir que él opera sobre el principio de «si me rascas la espalda, te rascaré»? Suena semejante a eso. «A cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos».
Así de simple. Lo que no significa que Dios tenga estropeados sus sentimientos. Es el principio de quien va a ser feliz en el cielo.
¿A qué se puede comparar el tener a Jesús de pie, y confesándome delante de su Padre y delante de todos los ángeles? ¡Esto es terrible! Cuando nuestros nombres vengan a juicio, y no estemos allí (porque el juicio preadvenimiento acontece antes de que entremos allí, y Jesús vaya a nuestro lugar y diga: «Yo les dije a ellos que no tendrán que estar aquí hoy, porque son mis amigos, y yo soy su amigo, y yo estoy aquí representándolos». ¡Qué pensamiento aterrador! Algún día chequearemos los «videos» de ese juicio en el reino, y observaremos esos videos para siempre.
Bien, volvamos al vencer. ¿Qué es lo que vencemos en Apocalipsis 3:5? Vencemos la autodependencia por responder a la amante atracción de Dios. Vencemos el tema real del Pecado: vivir una vida aparte de Jesús. (Juan 16:9 nos dice lo que es pecado: no confiar en Jesús. También lo dice Romanos 14:23.) ¿Cómo comenzamos? Comienza con la conversión (el gran tópico descuidado en todas las iglesias evangélicas, incluyendo la nuestra). Comienza con la conversión cuando estamos crucificados con Cristo (vea Gálatas 2:20). ¿Qué significa esto? Esto significa que estoy muerto. Vengo a darme cuenta de que cuando enfrento las cosas del tiempo y la eternidad, estoy muerto. Es demasiado grande para mí. He llegado al final de mis propios recursos. Esta es una obra difícil para gente terca, pujante, autodisciplinada. Pero todos tendremos que ir allí, ya sea que seamos débiles o fuertes: al punto donde nos damos cuenta de que no somos lo suficientemente grandes como para manejar el tiempo, mucho menos la eternidad. Y le pedimos a Jesús que sea nuestro Salvador, Señor y Amigo. Este es el momento cuando realmente comienza la vida cristiana.
¿Cómo se la mantiene? «Pues aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado» (Hebreos 12:4). Jesús es nuestro ejemplo aquí. Y Jesús nunca disputó contra los pecados. Por favor, subraye esto. Jesús no tuvo la tribulación de desear cometer pecados. Si usted investigara esto cuidadosamente, encontrará que esos pecados (nosotros usualmente lo llamamos pecado) eran del disgusto de Jesús. Él sentía repulsión por ellos. Él no batalló con pecados, pero sí con el Pecado, hasta la sangre. Y el diablo lo apremió todo el camino, tratando de conseguir que se separara de su Padre, el cual es el tema concreto con el Pecado. La esencia de las tentaciones de Satanás es: «Tú eres lo suficientemente grande como para vivir por ti mismo. Después de todo, también eres Dios. ¿Por qué no te separas y dependes de ti mismo?» A lo largo de toda su vida, el diablo trató de hacer entrar a Jesús en este tema, el asunto del Pecado. Pero nada separaría a Jesús de su Padre. No tenemos idea de la estrecha intimidad de Jesús y su Padre cuando él estuvo aquí en la Tierra. Y él resistió hasta la sangre para permanecer en esa relación. De esto es lo que se está hablando. ¿Ha resistido hasta la sangre? Más aún, ¿ha resistido hasta la sangre, esforzándose contra la tentación de vivir la vida apartado de Jesús día a día? ¿Lo ha hecho? ¿O está contento con leer un texto rápidamente por la mañana, con su mano sobre el picaporte de la puerta, listo para enfrentar la vida con su propia fortaleza?
En 1 Juan 2:28 se menciona este punto tan importante muy claramente: «Ahora, hijitos, permaneced en mí». Morar con él. Permanecer en una relación con él día a día. Y si usted lo hace, no será avergonzado cuando venga, porque tendrá puesta la vestimenta. Es una promesa. Si venzo sobre el vivir la vida aparte de Jesús, el vestido blanco estará allí. Es una promesa. Es la vestimenta que tendrá el pueblo de Dios. Usted dice: «Sin embargo, no la tengo». La tendrá. Es una promesa. Si supero la vida separada de Jesús, la vestidura blanca estará allí. Es una promesa. Es la vestidura que tendrá el pueblo de Dios. Dices: «Aún no lo tengo». Vas a tenerla. Es una promesa. Por eso estoy agradecido por Apocalipsis 3:5. Estábamos en lo alto del World Trade Center en la ciudad de Nueva York. Estaba mirando hacia abajo y mi estómago daba vueltas. Y descubrí lo que la Biblia quería decir con «lomos revueltos». Fue horrible. Pregunté a qué altura estábamos sobre la calle de abajo. Luego hice un poco de cálculo, y realmente me sentí mal del estómago. Porque comencé a pensar en mi hijo. Había escalado la roca llamada Middle Cathedral en el Parque Nacional Yosemite. ¡La Catedral del Medio es una aguja dos veces más alta que el edificio en el que estaba parado! Él y su compañero de escalada, un médico un poco mayor que mi hijo, se habían quedado toda la noche colgados de cuerdas desde la pared del acantilado. Ese día habían perdido sus cantimploras, por lo que no tenían agua, y les esperaba otro día de escalada. Cuando finalmente llegaron a la cima al día siguiente, el hombre mayor estaba completamente mareado. Cayó de bruces y dijo: «¡Tráeme agua! El dinero no es problema». Nuestro hijo tropezó hasta un arroyo a cierta distancia, enterró la cara en el agua y bebió. Y le devolvió agua a su amigo.
Estaba pensando en ello. «Dame agua.» Jesús es el agua de la vida. «Dame agua, para que nunca más tenga sed». ¿Tiene problemas para intentar superar los acantilados de la vida? ¿Se les han caído las cantimploras terrenales que no valen ni un centavo? ¿Estás boca abajo? ¿Estás listo para decir: «Señor, dame agua, el dinero no es problema?» Jesús dijo: «Si vienes a mí, y bebes, nunca más tendrás sed»… Eso es si sigues viniendo.
Ahí es donde me gustaría estar y ahí es donde los invito a estar.
-
«Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.» (Romanos 5:10-11). Si estás interesado en leer todo sobre la expiación, per se, en el Nuevo Testamento, ¡Acabas de hacerlo! Este versículo en Romanos es el único versículo en el Nuevo Testamento que menciona la expiación directamente. Suena como si la expiación estuviese completa: «Ahora hemos recibido la expiación». ¿Crees en una expiación completa? ¿O crees en una expiación incompleta, o estás ocupado tratando de recordar lo que significa la palabra expiación?
La expiación es un término teológico, el tipo de cosas que podrías pasar semanas o meses estudiando en el seminario. Pero los cristianos evangélicos a veces nos han acusado de no creer en una expiación completa, y las discusiones y el diálogo dentro de nuestra propia iglesia en cuanto a lo que creemos sobre la expiación lo han convertido en un tema muy pertinente para hoy.
Quizás lo primero que deberíamos hacer es obtener una definición clara y buena de lo que significa la palabra expiación. Por supuesto, es una combinación de las palabras «expiación». En el Diccionario de Teología Cristiana de Richardson, la expiación se define de la siguiente manera: «Para deshacer las consecuencias de un acto incorrecto con miras a la restauración de la relación rota por el acto incorrecto». ¿Cuál fue el acto equivocado? Fue la entrada del pecado allá en el jardín. Observa las palabras clave, con miras a la restauración de la relación rota por el acto incorrecto. ¿Cuál fue la relación que fue rota por el pecado? Fue una relación donde la humanidad pudo caminar en el jardín, en el frescor del día, y hablar con Dios cara a cara. No tenemos ese tipo de relación con Dios hoy. Entonces, ¿La expiación está completa o no?
Completa, pero no completada
En la sesión de la Asociación General en Dallas, los delegados estaban teniendo una intensa discusión en el salón de la convención sobre la declaración de creencias de nuestra iglesia. Hablaron sobre la expiación y, finalmente, W. G. C. Murdock, quien fue el decano de nuestro seminario teológico durante años, se acercó al micrófono. Dijo: «Los adventistas del séptimo día siempre han creído en una expiación completa que no se completa».
Hay un sentido en el que la expiación debe ser completa, debe haber sido completada en la cruz. Pero también hay un sentido en el que la expiación aún no se ha completado. El mundo cristiano evangélico quiere asegurarse de que lo que Jesús hizo en la cruz, cuando tomó nuestro lugar, sea suficiente. Y es cierto que Su sacrificio fue completo.
Pero la expiación implica más que el sacrificio de Jesús en términos de deshacer las consecuencias del acto incorrecto, en términos de restaurar la relación rota por el acto incorrecto. Porque si la expiación se hubiera completado en la cruz, entonces no habría habido más pecado, enfermedad, dolor, tristeza, separación, niños maltratados, hospitales, coches fúnebres, lápidas o corazones rotos desde entonces.
No podemos agregar nada a lo que Jesús ya ha hecho por nosotros. Cuando Jesús murió por nuestros pecados, según las Escrituras, fue suficiente para comprar nuestra salvación. Todo lo que podemos hacer es aceptarlo. Pero aunque no hay nada que podamos agregar a lo que Cristo hizo en la cruz, ¡Esto no significa que no haya nada que Él pueda agregar! El proceso de redención, la restauración de la relación rota, no se completó en la cruz. La obra del Espíritu Santo es esencial para el proceso de restauración, porque sin la obra del Espíritu en nuestras vidas, no podríamos aceptar el sacrificio de Jesús por nosotros. La obra de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote es esencial para la restauración de la relación rota. Sin su ministerio sacerdotal, la restauración estaría incompleta. Y es esencial para la restauración de la relación rota que Él regrese, para limpiar el mundo del pecado y vindicar Su nombre y Su ley ante todo el universo. Hay mucho más involucrado en la expiación, hay mucho más involucrado en la restauración de la relación rota entre Dios y el hombre, que el sacrificio de Jesús, tan esencial como fue ese sacrificio para el plan de salvación.
El día de la expiación
Para entender más claramente lo que está involucrado en la expiación, volvamos al Antiguo Testamento para examinar las raíces del concepto de expiación. El libro de Levítico habla de un día de expiación, Levítico 23:26-28: «También habló Jehová a Moisés, diciendo: A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis, santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo, a Azazel al desierto.» (Levítico 16:8-10). Aquí habla de los dos machos cabríos sobre los que Aarón echó suertes, al comienzo del Día de la Expiación. Uno de ellos era el macho cabrío del Señor, y el otro era el chivo expiatorio. Algunos han hecho la acusación de que hemos hecho de Satanás nuestro Salvador al confundir al chivo expiatorio en la expiación. Pero no hay nada más bíblico que la idea de que el chivo expiatorio esté involucrado en la expiación. Está claramente establecido en Levítico 16:8-10.
«Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del, pueblo, y llevará la sangre «detrás» del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas.» (Levítico 16:15-16). Aquí dice claramente que el sacerdote hizo la expiación. ¡La cabra no hizo la expiación! Había dos factores involucrados en la expiación: Un animal y un sacerdote que ofrecía el sacrificio. De modo que la obra del sacerdote es esencial para la expiación. «Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos, así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.» (Levítico 16:21-22). Aquí llega la finalización del Día de la Expiación con el chivo expiatorio, que representa al diablo, enviado al desierto para nunca más ser visto. Entonces, los servicios de expiación en el antiguo Israel incluían todo el día. Cuando se ofrecía el sacrificio en el patio, como holocausto, al comienzo del día, el Día de la Expiación aún no se había completado. El sacrificio fue completo. Pero el Día de la Expiación no se completó. No fue hasta que el chivo expiatorio fue enviado al desierto que se completó el Día de la Expiación.
La buena noticia del sacrificio completo
La integridad del sacrificio expiatorio es una buena noticia. Pablo dijo: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.» (2 Corintios 5:21). Debido a la plenitud del sacrificio de la expiación, Jesús puede venir a ti personalmente, hoy, y mirarte con Sus ojos amistosos. Él puede venir a ti con las buenas nuevas de que Él tomará todos tus pecados y te dará toda Su justicia. Él ofrece esto hoy. ¿Estás interesado?
Quizás digas: «Eso es lo que Jesús hizo por mí hace veinte años, cuando me convertí en cristiano. Pero ha pasado mucha agua debajo del puente desde entonces.
He fallado, caído y pecado, una y otra vez. Terminé mis 490 veces de perdón hace mucho tiempo.»
Pero también hay buenas noticias para ti. Debido al completo sacrificio de la expiación, ese versículo es tan bueno para ti hoy como cuando te convertiste en cristiano. Jesús todavía te está ofreciendo hoy, sin importar quién eres o dónde has estado, Su justicia a cambio de tu pecado. Puedes aceptar esto nuevamente hoy, y estar nuevamente ante Dios, más que simplemente perdonado, ¡Súper perdonado! Porque puedes estar delante de Dios como si nunca hubieras pecado. Jesús pagó todo, y desde entonces ha sido una buena noticia para nuestro mundo y para nuestro universo.
¡También es una buena noticia que la expiación completa aún no se haya completado! Es una buena noticia para Lloyd Funkhouser, que era miembro de mi iglesia. Puede que hayas leído el libro Funky, la historia de su vida escrita por Bárbara Herrera. Perdió ambas piernas como resultado de un accidente automovilístico. Lo he visto enseñar la lección de Escuela Sabática desde su silla de ruedas. Lo he visto en la plataforma en su silla de ruedas, cantando una música especial: «Te necesito, precioso Jesús, porque soy muy pobre; forastero y peregrino, no tengo nada terrenal. Necesito el amor de Jesús para animarme en mi camino, para guiar mis pasos dubitativos, para ser mi fuerza y mi apoyo «. Si se completa la expiación, la noticia es mala para Lloyd Funkhouser. Porque ha estado esperando el día en que pueda correr, saltar y saltar como un ciervo. Vamos a correr la carrera de 100 yardas con él un día y nos alegraremos de verlo ganar.
Es una buena noticia que la expiación completa aún no se haya completado. Es una buena noticia para Eldene Childs, quien yace en un asilo de ancianos año tras año cansada. Está paralizada del cuello para abajo. Sería una mala noticia para ella si se completara la expiación, ya que espera poder alimentarse, vestirse y moverse libremente a donde quiera ir. ¡Es posible que no quiera volver a acostarse por toda la eternidad!
Leí un relato en un periódico de un hombre en California que golpeó a su pequeña hija de seis años. Ella no lloraba. Así que siguió golpeándola durante media hora. Al cabo de media hora, preguntó: «Papá, ¿Puedo beber un poco de agua?». Y luego murió. Nunca habría sucedido si se hubiera completado la expiación. Puedes caminar por las calles de Bombay, India, sobre los cuerpos de personas durmiendo que encuentran en las calles su único hogar.
Padre, madre, hijos y abuela, todos juntos, muriéndose de hambre. Nunca sucedería si se hubiese completado la expiación.
El pecado, el sufrimiento y la tristeza continúan. Sería una mala noticia si se hubiese completado la expiación y no hubiera nada más que ofrecer. Sin embargo, se nos dan las buenas nuevas, la esperanza, la promesa de que llegará el momento en que se completará la expiación y el universo entero será liberado de la tragedia del pecado.
La buena noticia para hoy es que la culminación de la expiación está cerca de nosotros. No tenemos mucho más que esperar. La revelación nos asegura que ha llegado la hora del juicio de Dios. ¡De eso se trata todo el asunto del Día de la Expiación! Nos regocijamos, porque nos damos cuenta de que nuestra custodia terrenal está por terminar. Jesús, nuestro Sustituto y Salvador, nuestro Sumo Sacerdote e Intercesor, nuestro Juez y nuestro Rey, casi ha terminado Su obra. La expiación pronto se completará.
Debido a esta tremenda verdad, todos los detalles de los eventos finales también se convierten en buenas noticias, ya que cada uno es un paso adicional más hacia el momento en que la expiación finalmente se completará y la restauración de la relación rota será completa. En conclusión, me gustaría compartir una parábola para ilustrar el hecho de que la expiación, aunque aún no se ha completado, se acerca rápidamente a su finalización. ¡Y eso es una buena noticia!
Buenas y malas noticias
Tom era un criminal, uno realmente malo, no solo un delincuente común y corriente de un pueblo pequeño. Era un tramposo, mentiroso, ladrón, jugador, adúltero y asesino. Vendería a su propia madre si pensara que podría conseguir lo que quería. Se enorgullecía de no tener escrúpulos, de haber hecho todo lo que hizo. Pero lo habían atrapado.
Ahora estaba sentado en la cárcel tratando de averiguar cuál sería su próximo movimiento. Pensó desesperadamente en escapar. Pensó en el suicidio. Tampoco fue posible. Estaba demasiado vigilado. Practicó todo tipo de discursos negando sus actividades ilegales, pero ninguno de ellos le pareció convincente, ni siquiera a él. Estaba en un gran problema y Tom lo sabía. Cuanto más tiempo permanecía sentado, obligado a pensar, más abatido se volvía. Todo el futuro parecía negro. Parecía que las cosas no podían ser peor. Realmente estaba al final de su cuerda.
Entonces, un día, un funcionario de la prisión llegó a la celda de Tom y le dijo: «Tom, tenemos buenas noticias para ti y malas noticias». Tom miró malhumorado. Sin embargo, en el fondo se sentía ansioso por cualquier cambio en la miseria de estar sentado allí día tras día, indefenso. Se preparó para lo peor. «La buena noticia es que le han asignado un abogado a su caso, y es el mejor abogado del mundo». Tom guardó silencio. Sabía que había una trampa en alguna parte. Y efectivamente, lo había. El funcionario continuó: «La mala noticia es que el fiscal también ha sido asignado, y es el mejor fiscal del mundo». Tom permaneció en silencio. El funcionario de la prisión negó con la cabeza. “Debe estar loco para pensar en defenderte. Pero de todos modos, vendrá a verte mañana». Y se volvió y se alejó.
Al día siguiente, una especie de caballero tranquilo llegó a la celda de Tom y llamó. Tom miró sorprendido y luego se rio amargamente. «Tienes la llave, hombre», dijo. «¿Por qué tocar?»
«Solo voy a donde me invitan», respondió el visitante.
«Bueno, entra», dijo Tom. «No iba a ir a ninguna parte».
El visitante abrió la puerta, entró y se sentó.
«Entonces, ¿Quién eres tú, de todos modos?» Preguntó Tom. «Soy abogado. Tengo entendido que estás buscando un abogado para llevar tu caso».
«Sí», dijo Tom. «Ya es hora de que finalmente me envíen a alguien. Pero háblame de tus calificaciones. El hombre de aquí dijo que se supone que eres bueno. Pero si eres tan bueno, es posible que no pueda pagar tu precio. Sea sincero conmigo para saber qué esperar.»
«Bueno», dijo el abogado, «tengo buenas noticias para ti y malas noticias. La buena noticia es que nunca he perdido un caso. Puedo garantizar el resultado del juicio, si te colocas en mis manos.» «Y la mala noticia es el precio, ¿Verdad?» dijo Tom. El abogado asintió.
«Está bien, déjamelo a mí. ¿Cuánto va a costar?»
«Es gratis.»
«¿Le ruego me disculpes?»
«Es gratis», repitió el abogado.
«Oye, no soy un hombre rico, pero no necesito tu caridad «, dijo Tom con rigidez. «Si puedo salir de este basurero, puedo reunir el dinero».
¡Toda la expiación es un regalo!
El abogado sonrió amablemente. «No, si quieres mi ayuda, debes aceptarla como un regalo. No puedes pagarme. Es total y gratis. Es una de las condiciones para que tome tu caso». Tom guardó silencio durante unos minutos y luego preguntó: «¿Cuáles son las otras condiciones para recibir tu ayuda?»
«Bueno», respondió el abogado, «tengo más buenas y malas noticias para ti. La buena noticia es que todo lo que tienes que hacer, si quieres que tome tu caso, es simplemente preguntarme. Y lo tomaré de inmediato. La mala noticia es que si acepto tu caso, tendrás que declararte culpable».
Tom jadeó.
«¿No eres culpable?» preguntó el abogado.
«Uh, sí. Pero si me declaro culpable de todos los cargos hechos en mi contra, no tendré la menor oportunidad. Me arrojarán el libro. ¿Cómo es posible que pienses que podrás ayudarme si me declaro culpable?»
«Tengo una mala noticia para ti y una buena noticia», dijo el abogado. «La mala noticia es que si te declaras culpable, por supuesto que serás condenado. Y si no te declaras culpable, el fiscal tiene pruebas suficientes de que serás condenado de todos modos. De cualquier manera, no hay duda de que obtendrás la sentencia de muerte».
«Entonces, ¿Por qué incluso tener un juicio?» dijo Tom.
«Has olvidado que tengo una buena noticia», dijo el abogado. «Estoy dispuesto a aceptar tu sentencia y dejarte en libertad.»
«De ninguna manera», gritó Tom. «Tú no eres el que ha vivido la mala vida. Yo soy el indicado. No he hecho nada bueno. No merezco nada más que la muerte. La horca es demasiado buena para mí. No hay forma de que pueda dejarte pagar por mis crímenes».
El abogado respondió amablemente: «Pero, Tom, ya he pagado. Todo lo que queda es que aceptes mi sustitución en tu nombre. Es tuya, si la aceptas, y está completa. Cubrirá completamente tus crímenes.»
Después de un largo momento, Tom preguntó en voz baja: «¿Hay algo más que deba saber antes del juicio?»
El abogado asintió. «Sí, tengo buenas noticias para ti y malas noticias. La buena noticia es que se te perdonará. No hay duda de eso. Podrás estar ante Dios y el hombre como si nunca hubieras pecado. Pero puede haber malas noticias para ti».
«¿Qué es eso?» Preguntó Tom.
«Es esto, ya no serás un criminal».
«¿Qué quieres decir?»
«Serás una persona nueva. Tendrás una nueva dirección. Hay más en mi trabajo que simplemente pagar la pena por tus fechorías. Tengo aún más para completar en tu vida. Mientras esperas que tu juicio tome lugar, no continuarás mintiendo, engañando, robando y matando. Te volverás puro, honesto y digno de confianza. Trabajaremos juntos de cerca, tú y yo. Nos convertiremos en buenos amigos. Llegarás a odiar las cosas que alguna vez amaste, y amarás las cosas que una vez odiaste. Te convertirás en una persona completamente nueva».
«No estoy tan seguro de eso», dijo Tom. «La perspectiva del perdón me parece bastante buena, pero ¿Y si quiero seguir mi propio camino? ¿No podemos arreglarlo para que pueda ser liberado de la pena de mis acciones? ¿No es eso lo suficientemente completo? ¿De verdad tengo que dejar de ser un estafador?»
«El perdón sólo sirve para aquellos que están dispuestos a que yo les dé una nueva vida», dijo el abogado.
Tom miró al suelo mientras el abogado esperaba pacientemente su decisión. Por fin, Tom levantó la cabeza. «Me gustaría pedirte que lleves mi caso», dijo. «Admito que soy culpable. Y realmente no quiero seguir siendo un estafador. Acepto tu ayuda». El abogado se levantó y le tendió la mano. Tom lo tomó con firmeza y el contrato quedó sellado.
«¿Hay algo más que deba saber antes de que te vayas?»
¡Pero aun así, la expiación no se ha completado¡
«Sí, hay una última cosa», respondió el abogado. «Tengo una última noticia buena y mala para ti».
Tom sonrió. «Dame las malas noticias primero y acaba con esto. ¡Aunque de repente no parece que ninguna de tus malas noticias haya sido tan mala!»
El abogado también sonrió. «Está bien. La mala noticia es que hemos fijado la fecha para tu juicio».
«Vaya, eso no es una mala noticia», exclamó Tom. «Con un abogado como tú, ¿Crees que me gustaría quedarme aquí en este lugar para siempre y ni siquiera que mi caso llegue a los tribunales? ¡Las noticias del juicio venidero son excelentes noticias! Y sus buenas noticias deberían ser bastante buenas para superar eso.»
El abogado miró a Tom a los ojos por un momento antes de decir gentilmente: «La buena noticia es esta: Cuando vengas al juicio, no solo seré tu abogado. Seré tu juez también».
-
¿Has jugado alguna vez al juego llamado «sigue al líder»? Los niños lo han jugado durante años. Recuerdo haber conducido a los otros niños del vecindario a través de la piscina con la ropa puesta, a través del barro y bajar los escalones más altos de la galería, y cualquier otro lugar ridículo que se me ocurriera. Llegaron justo detrás, porque estábamos jugando a seguir al líder. Y aunque seguir al líder se considera un juego de la infancia, la mayoría de nosotros continuamos jugando de una forma u otra. Toda la industria de la publicidad se basa en esta tendencia de los seres humanos a seguir al líder, a hacer lo que ven que hace otra persona, algún líder.
Las ovejas son conocidas por seguir al líder. En un matadero de la ciudad de Nueva York, se entrenó a una cabra para que saltara al conducto tan pronto como se abriera la puerta. La oveja la siguió. Justo antes de la sección de matanza, había una pequeña puerta lateral. Cuando la cabra llegó a ese punto, saltó, la puerta lateral se cerró de golpe detrás de ella y la oveja siguió su camino. La cabra regresó por otro grupo. La gente del matadero había inventado un nombre apropiado para la cabra: ¡Judas! Y el juego de seguir al líder terminó trágicamente, al menos para las ovejas.
Siguiendo a los líderes religiosos
En la época de Cristo, la gente seguía a los líderes religiosos. Había dos grupos principales, los fariseos y los saduceos. Los líderes se desviaron del rumbo y la gente los siguió. Tanto los líderes como la gente se extraviaron. Jesús contó una parábola sobre este síndrome de seguir al líder, quizás una de las parábolas más cortas que jamás haya contado. Se encuentra en Lucas 6:39-40. «Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.» (Lucas 6:39-40). La NVI dice: «Un estudiante no está por encima de su maestro, pero todos los que están completamente capacitados serán como su maestro». Quizás podríamos parafrasearlo de esta manera: «Los seguidores invariablemente serán como sus líderes, y rara vez un seguidor se elevará por encima de su líder».
Podríamos mencionar un nombre, Hitler, para dar un ejemplo clásico, del peligro de que las personas sigan ciegamente el liderazgo de otras personas. Y el pueblo alemán no es más crédulo que el resto de nosotros. Todos somos propensos a seguir a los líderes. A veces, el líder más egocéntrico es el que atrae a los seguidores más egocéntricos. La tragedia en los días de Cristo fue que una nación entera pereció porque siguieron ciegamente a sus líderes religiosos en lugar de estudiar las Escrituras por sí mismos.
El gran peligro que enfrentamos como iglesia hoy es que dependemos de otras personas. Esta es una de las principales razones de la desunión. No tenemos el hábito de estudiar las Escrituras por nosotros mismos. Muchos estudian muchas de las enseñanzas de varios líderes, pero no muchos estudian el cuadro por sí mismos.
Uno de los peligros de hablar de líderes es que algunas personas piensan inmediatamente en Washington D.C. Me gustaría asegurarles que esto no es un ataque al liderazgo oficial de la iglesia. La gente a menudo elige como líderes a aquellos que no tienen una posición oficial de liderazgo en la estructura de la iglesia organizada. Esta es más bien una advertencia para no seguir a nadie, independientemente de su ocupación. Debemos ser seguidores de Cristo. Ningún líder debe ser seguido ciegamente, aunque la mayoría de las personas que lo hacen no admitirían su ceguera. La función adecuada de un líder es ayudar a las personas a ver por sí mismas.
Necesitamos líderes. Dios cree en el liderazgo. Según las Escrituras, incluso el cielo tiene su sistema de liderazgo. Pero la función del líder es llevar a la gente a conocer a Jesús por sí mismos. El propósito del liderazgo no es entregar la verdad a las personas para que la acepten sin más investigación. Hay un viejo refrán que dice: «Puedes darle un pescado a un hombre y lo alimentarás durante un día. Puedes enseñarle a pescar y lo alimentarás toda la vida». Y aunque esa no es una ilustración muy vegetariana, aún dice la verdad. Pablo fue un líder poderoso en la iglesia primitiva. No era ciego y enseñó la verdad que recibió de Dios. Pero los bereanos lo comprobaron por sí mismos. Tenían la combinación perfecta. Su lección para nosotros es la siguiente: Si tenemos el hábito de verificar la verdad por nosotros mismos, no nos engañarán.
¿Quiénes eran los fariseos y saduceos?
Los fariseos y saduceos en la época de Cristo eran solo representantes de toda la nación. Las personas que siguieron a los saduceos se volvieron como sus líderes. Las personas que seguían a los fariseos se volvieron fariseos. No solo estamos teniendo una lección de historia cuando miramos a estos líderes religiosos de la época de Cristo, porque sus características todavía están presentes en la iglesia hoy, tanto en líderes como en seguidores, para aquellos en todos los niveles de la iglesia que están espiritualmente ciegos.
En términos de comportamiento, los fariseos eran los conservadores y los saduceos los liberales. Los fariseos observaron muchos más ritos, ceremonias y tradiciones que los saduceos. Pero ambos grupos eran legalistas porque ambos tenían su atención en su desempeño en lugar de en Dios.
Los fariseos eran tradicionalistas, según Marcos 7 y Mateo 15, y eran muy leales en su apoyo a lo que había sido heredado de los padres. Los saduceos eran intelectuales a los que les encantaba discutir cuestiones difíciles, como el estado del matrimonio en el cielo. Los fariseos eran perfeccionistas. Los saduceos eran imperfeccionistas.
Los saduceos no creían en la resurrección de entre los muertos, ni física ni espiritualmente. No creían en el poder de Dios obrado en la vida. No aceptaron el juicio y creyeron que solo los primeros cinco libros de la Escritura fueron inspirados. Entre los saduceos se encontraban algunos de los peores enemigos de Jesús.
Los fariseos y los saduceos se oponían violentamente entre sí. La nación judía en la época de Cristo tenía mucha discordia teológica. La gente se alineó detrás de los líderes, algunos siguiendo a los fariseos, algunos siguiendo a los saduceos.
Ningún grupo, fariseos o saduceos, se convirtió a Cristo. Ningún grupo podía ofrecer una esperanza realista de salvación a la persona débil. Ninguno de los dos grupos tuvo tiempo para las rameras, los ladrones y los publicanos. Ambos grupos malinterpretaron las Escrituras, malinterpretaron la ley, malinterpretaron la profecía y malinterpretaron el reino de los cielos que Jesús enseñó. El principio de que el hombre puede salvarse a sí mismo por su propia justicia fue el principio de ambos grupos, aunque tenían una gran teoría de la justificación y la sangre de los corderos fluía libremente en sus servicios de sacrificio.
Jesús llamó a ambos grupos hipócritas debido a su religión externa. La esencia de la enseñanza de Cristo, que era la auto entrega, no encontró aceptación en su pensamiento o experiencia. Ninguno de los grupos había experimentado la obra sobrenatural del Espíritu sobre el corazón. Nunca habían experimentado la nueva capacidad de conocer a Dios, que ni siquiera está presente en el corazón inconverso. Es por eso por lo que hubo tan poco estudio significativo de las Escrituras, tan poca oración verdaderamente privada, tan poca relación con Dios. La capacidad ni siquiera estaba allí.
Y aunque estos hipócritas eran meticulosos observadores del sábado, pagadores de diezmos y reformadores de la salud, había tan poco en el interior que respondiera a las verdades de la Palabra de Dios, que terminaron atando las Escrituras a sus muñecas y frentes en un intento de sustituir lo que les faltaba por dentro. No había lugar para la Palabra de Dios en sus corazones. El yo era el centro de su enfoque. Nadie es más egoísta que un fariseo. Y el nuevo nacimiento, que habría provocado la muerte del fariseo, porque cambia el corazón, era una amenaza para los que estaban interesados solo en cambiar el exterior.
A los fariseos y saduceos no les gusta Jesús
A los líderes religiosos no les agradó Jesús porque recibió a los pecadores, los pecadores abiertos, a quienes despreciaban. No les agradaba Jesús porque estaba más interesado en el verdadero significado del sábado que en las regulaciones externas que habían inventado. No les agradaba Jesús porque no observaba sus tradiciones, ayunos, lavados y ceremonias. No les agradaba Jesús porque no estaba impresionado con su bondad externa. No les agradaba Jesús debido a su enseñanza de la auto entrega, la misma cosa que temían más que cualquier otra cosa.
No les agradaba Jesús porque no estuvo a la altura de sus expectativas como Mesías. No les agradaba Jesús porque no los trataba con el respeto que ansiaban. Y, sobre todo, no les agradaba Jesús por la condenación que sentían en su presencia. Los fariseos y saduceos fueron víctimas de la salvación por obras y, a pesar de la apariencia meticulosa que intentaron mantener ante la multitud, todos tenían sus problemas detrás del granero. Esto los inquietaba ante la presencia de Jesús, cuya pureza era un reproche a sus pecados. No les agradaba Jesús, porque no querían renunciar a la idea de salvarse a sí mismos.
Otra razón por la que no les agradaba Jesús era la forma en que venía. Habían esperado que los líderes religiosos fueran los primeros en anunciar la venida del Mesías. Ser ignorado, ser informado de su nacimiento por pastores ignorantes y paganos de otro país, era más de lo que su orgullo podía soportar. Se negaron a aceptar que Dios pudiera estar tratando de comunicarse con ellos a través de estos canales. Una vez que hicieron pública su posición, estaban demasiado orgullosos para retractarse y continuaron hasta el final negando el testimonio de sus propios sentidos.
Su motivación para ser religiosos fue un intento de obtener las bendiciones temporales que venían como resultado de una vida moral. Les gustaba ver a los saltamontes detenidos en la cerca de la línea cuando habían pagado su diezmo. Les gustó el respeto de la gente. Y aunque estaban en punta de espadas entre sí, finalmente se unieron al final en la crucifixión de Jesús. Ambos grupos eran legalistas, ambos grupos estaban en contra de Jesús y ambos grupos estaban equivocados.
Es cierto que tenían una aceptación limitada de Jesús, seamos sinceros. No lo rechazaron por completo, a pesar de que no les agradaba. Creían que Él era un profeta. Lo aceptaron como hacedor de milagros y sanador. Lo aceptaron como un gran maestro. Pero no aceptaron a Jesús como Salvador, Señor y Dios. Señoría es donde trazaron la línea. Y su aceptación limitada llevó al final al rechazo total. La gente, que seguía a ciegas, también terminó rechazando a Jesús, a pesar de la tremenda evidencia de que Él era exactamente quien decía ser. La gente a veces se asombraba de la falta de aceptación que Jesús encontraba entre sus líderes, pero al final continuaron siguiendo a los líderes que habían elegido.
¿Podría ser posible estar en el campamento del fariseo o del saduceo hoy? ¿Es posible todavía ser un legalista conservador, que espera llegar al cielo por sus propias obras? ¿Es posible ser un gran defensor de las tradiciones heredadas de los padres y aún perder el reconocimiento y la aceptación del Cristo vivo? ¿O es posible ser un saduceo hoy, que encuentra su seguridad en un estándar liberal de conducta, que no cree en la resurrección de estar espiritualmente muerto y que no acepta que Dios tiene poder para vencer el pecado? ¿Es posible hoy unirnos a aquellos que descartan su fe en el juicio y que son selectivos en cuanto a cuál de los escritos inspirados aceptarán? ¿Es posible sostener una teoría de la justicia por la fe en Jesús cuando se trata de la justificación, pero rechazar la justicia por la fe que se desarrolla en la vida, a favor de esforzarse con sus propias fuerzas?
Ya sea que hoy seas fariseo o saduceo, la imagen se ve bastante negra. Parece que son malas noticias en el futuro. Pero hay buenas noticias para los fariseos y saduceos de hoy, así como hubo buenas noticias para los fariseos y saduceos en los días de Jesús.
¡Jesús ama también a los fariseos!
La buena noticia para los fariseos y saduceos es que Jesús los ama tanto como a cualquier otro pecador de este mundo. Mientras Jesús ministraba a todos los que iban a Él, anhelaba bendecir a los que no iban. “Mientras atraía a los publicanos, a los paganos y a los samaritanos, deseaba llegar a los sacerdotes y maestros que estaban encerrados por los prejuicios y la tradición. No dejó sin probar ningún medio por el cual alcanzarlos.” (DTG 265). Cristo puede salvar a los fariseos y saduceos y a todas las personas que han sido seguidores de estos líderes y han participado de su espíritu. Jesús todavía está buscando que cada uno lo conozca personalmente, que vaya a Él personalmente y que acepte personalmente Su regalo de salvación.
¿Cuáles son las buenas nuevas para los fariseos? La buena noticia es que ser fariseo no es un pecado imperdonable. La enfermedad de la hipocresía no es incurable. Jesús tiene el poder disponible para cambiar incluso al fariseo y al saduceo para que sean justos tanto por dentro como por fuera. Puede unir las excepciones a la regla. Puedes unirte a uno de los principales fariseos que vino a visitar a Jesús durante la noche para discutir el tema de la religión, pero que se fue para experimentar el nuevo nacimiento del que Jesús le habló en su entrevista. Encontró la relación vital con Dios y dio de sus riquezas para apoyar a la iglesia primitiva después de la crucifixión de Jesús.
Podrías unirte a un hombre llamado Simón, que celebró una fiesta para pagarle a Jesús por sanarlo de su lepra. Pero terminó aceptando a Jesús en su propia fiesta y se convirtió en un seguidor de Cristo.
Puedes unirte al amable escriba que vino a Jesús con el propósito de atraparlo y humillarlo ante la gente, pero que vio en las palabras de Jesús una sabiduría más allá de la suya. Y Jesús le dijo: «No estás lejos del reino de Dios» (Marcos 12:34).
Al final del ministerio de Jesús aquí en la tierra, cuando los fariseos y saduceos finalmente se unieron en su enemistad contra Él, el Sanedrín se reunió para determinar cómo deshacerse de este Jesús. Y después de que las discusiones hubieran continuado durante algún tiempo, «Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.» (Juan 11:49-52)
Esas son las buenas nuevas para los fariseos en una sola línea: Les conviene que un hombre muera por el pueblo. Escucha, amable escriba que viene a acosar a Jesús con preguntas, te conviene que un hombre muera por el pueblo. Escucha, Nicodemo, que viene al amparo de las tinieblas: Te conviene que un hombre muera por el pueblo. Escucha, Simón, el leproso: Te conviene que un hombre muera por el pueblo. Escucha, fariseo, saduceo, dondequiera que estés hoy. Puedes renunciar a la doble vida, renunciar a tu actuación externa que cubre tu vacío interior e ir a Jesús por el regalo gratuito de la salvación. Es conveniente para ti, es una buena noticia para ti, que un solo Hombre muera por el pueblo. Y un hombre murió. Desde entonces, ha sido una buena noticia. Si juegas a seguir al líder, te perderás las buenas noticias. Pero puedes ser una excepción y seguir a Jesús hoy.
-
“En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en ese mismo día llegaron al desierto de Sinaí. Porque partieron de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto, y acampó allí Israel delante del monte. Y Moisés subió a Dios, y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: Ustedes vieron lo que hice a los egipcios, y cómo los tomé sobre alas de águilas, y los he traído a mí. Ahora entonces, si obedecieren mi voz, y guardaren mi pacto, ustedes serán mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Y ustedes me serán un reino de sacerdotes, y nación santa. Éstas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces, vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y propuso en presencia de ellos, todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová”. (Éxodo 19:1-8).
Esta no es la única vez, que aparece tal declaración en la historia del pueblo del Éxodo. Una y otra vez, con confianza en sí mismos, dijeron: “Todo lo que el Señor ha dicho, haremos”. Aquellos que han debatido los pactos, han tratado de decidir si era la respuesta adecuada para ellos. Algunos afirman que no se podría pedir uno mejor. Si el Señor descendiera hoy a la montaña más cercana, y te diera el mensaje: “¡De ahora en adelante no quiero que peques más!”, ¿Qué responderías? “Está bien, lo prometo. Nunca cometeré más errores. Prometo no volver a pecar nunca”. ¿Sería esa una buena respuesta?
Supongamos que Dios bajó, y no solo anunció Sus Diez Mandamientos, sino que también agregó instrucciones específicas, sobre cómo tratar a los sirvientes, esclavos, viudas, huérfanos, extraños y pobres, cosas que no habíamos estado haciendo. Y supongamos, que pasó tanto tiempo explicando exactamente lo que quiso decir, como lo hizo en el resto de Éxodo, Levítico y Deuteronomio.
Dios reveló una gran cantidad de cosas a su pueblo, en el Sinaí. Les reveló los principios de una vida sana y de organización. Es interesante, que finalmente los haya agrupado de manera similar a los militares de hoy. El Señor les dijo algo sobre las finanzas: Que una décima parte de sus posesiones, le pertenecían a Dios. Aprendieron sobre el tiempo, que una séptima parte era de Dios, en un sentido especial. Dios les enseñó acerca de la honestidad, los votos y el testimonio verdadero y falso. Los hebreos aprendieron sobre las normas de vestir, y los principios del matrimonio y el divorcio. ¿Si el Señor viniera personalmente hoy, y nos diera instrucciones tan detalladas, diríamos: “Está bien, aceptamos esto. ¡Todo lo que has dicho, lo haremos!”? Parece que sería mucho mejor, decir algo como lo hizo Isaías, cuando estuvo en la presencia de Dios: “¡Ay de mí! que soy muerto, porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”. (Isaías 6:5).
¿Todo lo que el Señor ha dicho, lo haremos? ¡Es un pedido demasiado grande! Mirándonos a nosotros mismos, no hay ninguna posibilidad en el mundo, de que podamos cumplir eso. La única forma posible en que podríamos hacerlo, sería si de alguna manera, Dios escribiera Su ley en nuestro propio ser. Estamos en problemas y necesitamos ayuda. Debemos tener un poder que no tenemos.
“Dios los trajo al Sinaí, manifestó Su gloria, les dio su ley, con la promesa de grandes bendiciones a condición de obedecer… la gente no se dio cuenta de la pecaminosidad de su propio corazón, y que sin Cristo, era imposible para ellos guardar la ley de Dios, y entraron fácilmente en un pacto con Dios. Sintiendo que podían establecer su propia justicia, declararon: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”. (Éxodo 24:7). Habían presenciado la proclamación de la ley con espantosa majestad, y habían temblado de terror ante el monte, y sin embargo, solo habían pasado unas pocas semanas antes…” ¿Qué pasó? Todo lo que el Señor había dicho, no lo hicieron. “…rompieron su pacto con Dios y se postraron para adorar una imagen tallada. No podían esperar el favor de Dios, mediante un pacto que habían roto, y ahora, al ver su pecaminosidad y su necesidad de perdón, fueron llevados a sentir su necesidad del Salvador, revelada en el pacto abrahámico, y reflejada en las ofrendas de sacrificio. Ahora, por fe y amor, estaban unidos a Dios, como su libertador de la esclavitud del pecado. Ahora, estaban preparados para apreciar las bendiciones del nuevo pacto”. (PP 371 y 372)
Los teólogos han debatido el tema. ¿Les dio Dios un Antiguo Pacto que no podían cumplir, para jugar con ellos? ¿Un Dios bueno y bondadoso haría eso?
No estoy seguro de que necesitemos responder esta pregunta. Lo único que podemos precisar, es que cuando decimos: “Todo lo que el Señor ha dicho, lo haremos”, estamos en problemas, y hemos caído en una relación incorrecta con los pactos.
Después de que el Señor habló los Diez Mandamientos, desde el monte Sinaí, Moisés subió a la montaña. Estaba oscuro, con truenos, relámpagos, terremotos, oscuridad. Estuvo fuera por casi seis semanas. La multitud mixta, que intentó viajar a Canaán mientras sus corazones permanecían en Egipto, inició la campaña para regresar. La rebelión se extendió por todo el campamento. Con la ayuda del hermano débil de Moisés, Aarón, la gente pronto bailó alrededor de un becerro de oro.
Aarón había estado de acuerdo con la idea, diciéndose a sí mismo: “La gente realmente no tiene que adorar a este becerro de oro. Simplemente, puede representar al Dios verdadero que los liberó”. Nabucodonosor razonó de la misma manera. “Ustedes tres, dignos de ser hebreos, no tienen que adorar mi imagen. Arrodíllate y haz una oración a tu propio Dios. Eso será suficiente. No arruines la fiesta”. Así ha sido siempre. Lutero habló en contra de la misma excusa. Las personas que se inclinan ante las imágenes, utilizan la misma racionalización hoy. “No estamos adorando las imágenes en sí. Las usamos solo para ayudarnos a visualizar al Dios verdadero”.
Mientras la gente bailaba alrededor del becerro, Moisés regresó. Rompió las tablas de piedra que Dios había cortado. Arrancó el becerro de oro de su posición, lo molió hasta convertirlo en polvo, lo vertió en el agua, e hizo que la gente bebiera a su dios. Luego, se paró en medio de la congregación, y pidió que todos los que estaban del lado del Señor, se reunieran a su derecha. Llegó toda la tribu de Leví, y otros de todas las tribus. Pero algunos, a pesar de todo, aún se quedaron allí y dijeron: “Nos rebelamos”. Moisés le dijo a la gente que se había arrepentido, que tomaran sus espadas, y mataran a tres mil hermanos, vecinos, y compañeros.
Podría preguntarme: “¿Dónde está la misericordia? ¿Por qué no pudieron dejar que los tres mil regresaran a Egipto? Querían volver. ¿Por qué no haberles dado a elegir?” Inmediatamente, yo empiezo a descubrir mi actitud hacia Dios.
Si ya sospecho de Él, entonces la sangrienta historia, me da un lugar para colgar mis dudas. Pero si ya he aprendido a amar y confiar en Dios, y sé que Él es todo sabio, sigo confiando en Él, a pesar del episodio.
Así, con la apostasía en el Sinaí. A menos que se hubiera castigado rápidamente la transgresión, se habrían vuelto a ver los mismos resultados. La tierra se habría vuelto tan corrupta, como en los días de Noé. Si estos transgresores hubieran sido perdonados, habrían seguido males mayores, que los resultantes de perdonar la vida de Caín. Fue la misericordia de Dios que miles sufrieran, para evitar la necesidad de castigar a millones. Para salvar a muchos, debió castigar a unos pocos. Además, como el pueblo había abandonado su lealtad a Dios, había perdido la protección divina, y se lo había privado de su defensa, entonces toda la nación estaba expuesta al poder de sus enemigos. Si el mal no hubiera sido rápidamente eliminado, pronto habrían caído presos de sus numerosos y poderosos enemigos.
“Era necesario por el bien de Israel, y también como una lección para todas las generaciones venideras, que el crimen debiese ser debidamente castigado. Y no fue menos misericordioso para los pecadores mismos, que fueran truncados en su mala conducta. Si se les hubiera salvado la vida, el mismo espíritu que los llevó a rebelarse contra Dios, se habría manifestado en odio y contienda entre ellos, y eventualmente, se habrían destruido unos a otros. Fue por amor al mundo, por amor a Israel, e incluso por los transgresores, que el crimen fue castigado con rápida y terrible severidad”. (PP 325 y 326).
Una parábola habla de un viajero, que quería atravesar la Selva Negra. Para encontrar su camino, necesitaba un guía. En el borde del bosque, se encontró con un ermitaño, que estaba dispuesto a llevarlo al otro lado. Al final del viaje del primer día, llegaron a un claro, y se encontraron con un hombre que los invitó a pasar la noche en su casa. “Estoy tan feliz de que vengan y se regocijen conmigo”, dijo. “Hoy me reconcilié con mi peor enemigo, y para demostrar nuestra reconciliación, me dio esta copa que está en la repisa de la chimenea”.
Cuando el ermitaño y el viajero se marcharon a la mañana siguiente, el ermitaño sacó la taza de la repisa de la chimenea, y se la llevó. El viajero preguntó: “¿Por qué hiciste eso?”
“Solo hago lo que Dios hace”, dijo el otro.
Al final del segundo día, llegaron a otro claro, donde un hombre malvado e inhóspito, les ordenó salir de su propiedad. No tuvo tiempo para ellos. Continuaron su camino, pero cuando se fueron, el ermitaño le entregó la copa del primer hombre. “¿Por qué hiciste eso?”, preguntó el viajero.
“Solo hago lo que Dios hace”, respondió el ermitaño.
Pero al final del viaje, el ermitaño hizo algo que Dios no siempre hace, ya que explicó sus acciones. El enemigo del primer hombre, no se había reconciliado con él. Lo había fingido, y le había dado una taza que tenía veneno. Entonces, el ermitaño se la dio al hombre que necesitaba una taza con veneno. Cuando el viajero escuchó la historia completa, pudo entender.
Si tuviéramos suficiente información, podríamos aceptar un poco mejor la sangre y el tormento del Antiguo Testamento. Todas las razones de Dios, no son evidentes en todos los casos, pero hemos recibido suficiente información, para permitirnos esperar pacientemente para ver más plenamente.
Mientras tanto, tenemos evidencias de misericordia y perdón. Después de la matanza de los tres mil, Moisés volvió a subir al monte, esta vez como intercesor del pueblo.
Un viernes por la tarde, al ponerse el sol, el Dr. Siegfried H. Horn y nuestro grupo, que estaban recorriendo Tierra Santa, se registraron en el Monasterio de Santa Catalina, al pie del Monte Sinaí. Durante nuestro culto al atardecer, en el techo plano afuera, uno de nuestro grupo, un líder de la conferencia de jóvenes de la costa este, dijo: “Nunca podré enfrentar a mi grupo de Conquistadores, si no acampo durante la noche en la cima del Monte Sinaí”. Había contratado a un guía beduino llamado Faraj, y tres de nosotros, decidimos ir con él, a la cima del Sinaí, esa noche. Es un viaje espantoso hasta el Monte Sinaí después del anochecer, especialmente, si te encuentras recordando, ineludiblemente, toda la actividad que ha tenido lugar allí.
Seguimos a Faraj montaña arriba, hasta un lugar no muy lejos de la cima llamado Wadi Musah, que significa “el valle de Moisés”. Esa noche, nos acostamos con un saco de dormir entre nosotros, tratando de mantenernos calientes. Aunque dejamos a Faraj para buscar comida, él tenía un plan mejor que nosotros.
En medio de la noche, nos despertamos y descubrimos que la zarza ardiente había vuelto. Faraj había traído cerillas con él, y para mantenerse caliente, encendía un arbusto y se enroscaba a su alrededor. Cuando ese arbusto se apagase, encendería otro. Cuando el resto del grupo llegó a la mañana siguiente, Wadi Musah estaba en ruinas ennegrecidas.
Desde Wadi Musah, fuimos a la cima de Safsaf, donde trepamos a través de la hendidura de la roca y miramos hacia abajo, hacia el valle en el desierto del Sinaí. Si es o no la misma hendidura donde Moisés se escondió de la gloria de Dios, solo Dios lo sabe.
Pero Moisés, pasó cuarenta días y cuarenta noches en algún lugar de la cima del Sinaí, y allí suplicó a Dios. ¿Cuánto tiempo hemos pasado intercediendo ante Dios, por nuestros seres queridos, nuestros amigos, los miembros de la iglesia, las personas obstinadas? ¿Cuánto tiempo hemos pasado, orando por aquellos que nos aplastarían la cabeza si tuvieran la oportunidad? ¿Cuánto tiempo hemos pasado con personas, cuyos corazones todavía están en Egipto? ¿Hemos orado alguna vez por un día o una noche? Podemos jugar, o viajar, o hablar todo el día, pero ¿Cómo sería orar todo el día? Moisés lo hizo, para las personas que ni siquiera lo amaban a cambio.
Éxodo 32 presenta a Moisés intercediendo ante Dios. Dios había dicho: “Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz: Ahora entonces, déjame que se encienda mi furor contra ellos, y los consuma, y a ti yo te pondré sobre gran gente”. (Éxodo 32:9-10). “Moisés, estoy harto y cansado de esta gente. ¡Voy a empezar de nuevo contigo!”
¿Qué pasaría si Dios le hiciera ese tipo de oferta hoy, a una persona disgustada con la iglesia, porque otros miembros le dieron un mal trato? ¿Nos resultaría fácil decir: “¡Dios, realmente estás pensando! Si empiezas de nuevo conmigo, tendrás algo valioso sobre lo que construir”? ¿Y si Moisés hubiera dicho: “¡Esta banda de salvajes analfabetos! Porque todo en lo que pueden pensar es en ajo, cebollas, ollas y Egipto. Ahora estás en el camino correcto. ¡Empieza de nuevo conmigo!”?
En cambio, Moisés se arrodilló y dijo: “Por favor Dios, perdona a esta gente. Han pecado mucho. Aunque se hayan hecho dioses de oro, perdónalos”. Y continuó implorando a Dios.
La evidencia sugiere, que Dios realmente no tenía la intención de destruirlos en ese momento. Cuando dijo: “Déjame, Moisés”, lo que realmente quiso decir, fue: “Sigue, Moisés. Necesito un intercesor humano. Sigue suplicando”. Y Dios tuvo un buen intercesor en Moisés. “Por favor Señor, perdona a esta gente por su transgresión, y si no… Si no, borra mi nombre del libro que has escrito”.
Los seres humanos han dado su vida física por otros, pero Moisés, estaba dispuesto a cambiar su vida eterna por un pueblo, que aparentemente no tenía futuro. Rogó por un pueblo que se había quejado todo el tiempo, un pueblo que no tenía tiempo para él. Pero Moisés, sabía que su nombre estaba en el libro de la vida, y estaba dispuesto a ponerlo en juego por ellos.
Una persona puede obtener un amor así, en un solo lugar: Donde Moisés lo obtuvo. El mismo hombre que dirigió el castigo de los rebeldes, fue el que intercedió por las personas que se arrepintieron. Un eco anticipado, por favor, del Calvario, donde Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34). No es de extrañar, que las Escrituras vinculen el nombre de Jesús y el de Moisés, a lo largo de la eternidad.
El movimiento adventista moderno, tuvo su experiencia en el monte Sinaí. Joseph Bates entró en la pequeña ciudad de Battle Creek, y preguntó: “¿Quién es el hombre más honesto de la ciudad?”. Le notificaron que era David Hewitt. Joseph Bates lo encontró, y le dijo a Hewitt que la última noticia era que el séptimo día es sábado. Hewitt era un hombre honesto y aceptó la verdad. La próxima vez que Bates pasó por la ciudad, bautizó a David Hewitt. ¡Y la palabra vuela! “El pueblo adventista ha llegado al monte Sinaí”. Encontramos los mandamientos de Dios, junto con el poder de Dios para guardarlos. La gracia está disponible en el Sinaí, no solo la ley. Dios reveló el evangelio tanto a la generación del Éxodo, como a la gente decepcionada después de 1844.
Pero Dios nunca da su ley, sin el evangelio. Siempre presenta el evangelio, como una solución a cómo cumplir con las demandas de la ley. En el Monte Sinaí, con la gente del Éxodo, y en los tiempos modernos, con el movimiento adventista, el evangelio se desarrolló en una forma ilustrada que la gente podía entender. El santuario describió el evangelio, tanto para los que estaban en el Sinaí, como para los que vivieron después de 1844.
El pueblo adventista, acampó en su monte Sinaí por un tiempo, al igual que el pueblo de Israel, mientras recibían más instrucción. Entonces, Dios les dijo: “Han recorrido esta montaña lo suficiente. Vuélvete hacia el norte”.
-
Jesús enseñó el juicio investigador. Si las profecías de Daniel y Apocalipsis parecen complicadas, si estás de acuerdo con Pedro en que los escritos de Pablo son difíciles de entender, si tu conocimiento del griego comienza y termina con el simple hecho de que “ágape” es una especie de amor, ¡Entonces hay buenas noticias! El Maestro más grande que el mundo haya conocido jamás enseñó el juicio investigador de manera tan sencilla que incluso un niño puede comprenderlo. Las enseñanzas de Jesús están tan actualizadas como las noticias de hoy. Y si deseas información sobre cualquiera de los problemas actuales dentro de la iglesia hoy o mañana, las enseñanzas de Jesús van al grano.
Mateo 22:1 es donde comenzaremos para este vistazo a una de las enseñanzas de Jesús sobre el tema del juicio investigador. «Y respondiendo Jesús, les habló de nuevo por parábolas». Nota nuevamente el método de instrucción favorito de Jesús: Las parábolas. En Marcos 4:34 llega incluso a decir que «sin parábola no les habló».
Continuando con el versículo 2 de Mateo 22: «El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo». ¿Qué significa la frase «reino de los cielos»? Es otro término para la salvación por fe. En “El Conflicto de los Siglos”, página 347, se nos dice: «En muchas de sus parábolas, Cristo usa la expresión ‘el reino de los cielos’ para designar la obra de la gracia divina en el corazón de los hombres. Así que una cosa importante a tener en cuenta en esta parábola es lo que enseña acerca de la salvación por fe.
Y el reino de los cielos es semejante a cierto rey que contrajo matrimonio para su hijo. Si deseas saber más sobre este matrimonio, consulta Apocalipsis 19:9: «Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.» En el contexto de Apocalipsis 19 tienes el tiempo predicho cuando el Cordero, Jesús, se reúne con Su esposa, la iglesia y el matrimonio que tiene lugar, se refiere a los últimos eventos justo antes de que Jesús regrese y al tiempo de Su venida.
Ahora volvamos a Mateo 22. «Y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.» (Mateo 22:3-6). Aquí tienes, en el contexto del día de Jesús, el recordatorio para el pueblo judío de que sus padres habían tratado a los profetas con rudeza. Ser profeta era una ocupación de alto riesgo, y las tumbas de los profetas estaban allí para recordar ese hecho.
«Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.» (Mateo 22:7). ¿A qué se refería Jesús aquí? Era una predicción de la destrucción de Jerusalén, que se produjo en el año 70 d.C. «Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.» (Mateo 22:8) Aquí tienes el evangelio yendo a los gentiles y al resto del mundo en los días de la iglesia apostólica.
Invitaciones para el bien y para el mal
«Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.» (Mateo 22:10) Esas son buenas noticias para todos, ¿No es así? Nadie es dejado fuera. Ya sea que seas fariseo o publicano, Jesús está decidido a hacer todo lo posible para instarte a que asistas a la boda. Jesús hizo todo lo posible cuando estuvo aquí para alcanzarlos a todos: Alcanzó a María Magdalena y la levantó Su vida de pecado. Llegó a Simón el Fariseo y le mostró su necesidad de salvación. Amaba a los fariseos, los saduceos, las rameras, los ladrones y la clase trabajadora. Envió la invitación a todos, malos y buenos, y que debería incluir a todos uno de nosotros hoy también. La boda fue llena de invitados.
Pero ahora la trama se complica. En los días de Cristo, era costumbre que una persona rica, un rey en particular, cuando organizaba una boda para su hijo, enviara no solo una invitación, sino también un traje de boda para que la persona lo usara. Eso resolvió muchos problemas. ¿Te imaginas recibir una invitación a la boda del hijo de un rey? ¿Qué sería lo primero que diría tu esposa? «¿Qué me voy a poner?» Para ellos, ese problema ya estaba resuelto. Así que no importaba si eras rico o pobre, si estabas en el palacio o en la calle. Incluso los más pobres que recibían una invitación a la boda del hijo del rey podían ir vestidos de millonarios.
El rey hizo un gran gasto para proporcionar los vestidos de boda. Si alguien se presentara a la boda sin el traje de boda puesto, sería un insulto para el rey, sería un insulto para el hijo del rey y, en cierto sentido, todo el reino sentiría el aguijón.
Con eso en mente, vayamos al versículo 11. «Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.» (Mateo 22:11) Evidentemente, el rey entra a ver a los invitados antes de que se celebre la cena de bodas del hijo del rey. El rey entra a ver a los invitados, a examinar a los invitados, ¿Podríamos ir tan lejos como para decir que investigó a «los invitados»? Y cuando el rey entró a ver a los invitados, vio allí a un hombre que no tenía puesto. vestido de boda.
Bueno, dices, probablemente tenía puesto su traje de sábado. O quizás un traje de jogging. O sudadera y Levis. No, estaba desnudo. Ve a Apocalipsis 3:17. Las personas que carecen de la justicia de Cristo son desdichadas, miserables, pobres, ciegas, ¿Y qué? Desnudas. Así que este hombre tuvo la audacia de presentarse desnudo en la boda.
Lo máximo que podrías hacer, escrituralmente, sería que él se pusiera unos trapos de inmundicia, porque todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia (Isaías 64:6) Pero observa cómo lo trató el rey. Versículo 12: «Y le dijo: Amigo». ¿No son buenas noticias? Él dijo: «Amigo, ¿Cómo entraste aquí sin un traje de boda?» ¿Hubo algún malentendido? Debes haber recibido la invitación, porque estás aquí. Pero, ¿Qué pasa con el traje de boda? ¿No llegó el paquete? ¿Tienes una explicación? ¿Te gustaría decir algo? Lo trató con dignidad.
Él estaba sin palabras
Pero la Biblia dice que el hombre se quedó sin habla. La razón por la que las personas se quedan sin habla es generalmente porque no tienen nada que decir. «Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.» (Mateo 22:13) Y el rey debe haber estado llorando también. «Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.» (Mateo 22:14)
Todos hemos sido invitados a la cena de las bodas del Cordero. Los brazos amistosos de la cruz todavía señalan el camino hacia el país celestial, y Jesús pagó todo. Cuando Jesús inclinó la cabeza y murió, compró el derecho a perdonar a cualquiera que haya nacido en este mundo y que acepte Su perdón. La invitación está hoy, para la cena de las bodas del Cordero.
La invitación, y nuestra aceptación de esa invitación, es lo que implica la justificación por la fe. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.» (Efesios 2:8-9)
Sin embargo, la invitación a la boda y la aceptación de esa invitación no es la única parte de la historia. También está el vestido de boda. No es suficiente que el rey use un traje de boda. Ni siquiera es suficiente que el hijo del rey tenga puesto un traje de boda. Todos y cada uno de los invitados deben usar un traje de boda, o se encontrarán en la oscuridad exterior en lugar de en la cena de bodas. ¡Y eso sería una mala noticia! El examen, la investigación del rey, incluye más que comprobar quién ha respondido a la invitación. También está buscando a los que llevan el traje de boda.
Regresemos a Apocalipsis 19:6-8 para averiguar qué es el vestido de boda. «Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.» Y otras versiones dicen, con precisión, «El lino son las buenas obras del pueblo de Dios» (TEV), «El lino fino representa las obras justas de los santos» (NVI), «Porque el lino fino son las obras justas de los santos» (RSV).
Pero espera un minuto. ¿Puede alguien, santo o no, producir justicia? ¿Pueden los santos producir buenas obras? Jeremías 23:6 dice que el Señor es nuestra justicia. Así que cualquier tipo de buenas obras o justicia en los santos es el Señor obrando. Pero ten en cuenta que esta justicia en Apocalipsis 19 no es Su justicia en mi lugar. No es una justicia sustituta, es Su justicia vivida en la vida. Entonces, este vestido de boda representa la segunda fase de la salvación por fe solamente, el área de la santificación, de vivir la vida cristiana, de la obra que Dios quiere hacer en nosotros.
Por el honor del rey
Entonces, cuando el rey entró para examinar a los invitados, vio allí a un hombre que no se había puesto el traje de boda. Evidentemente el hombre quería la invitación, quería estar en la boda, pero aun así se había negado a ponerse el traje de boda.
«De los que aceptaron la invitación, hubo algunos que sólo pensaron en beneficiarse a sí mismos. Vinieron a compartir las provisiones de la fiesta, pero no tenían ningún deseo de honrar al rey.» (PVGM 309). Parafraseemos eso. Hay algunos que están interesados en llegar al cielo, pero no desean aceptar la justicia de Cristo en sus vidas, para honrarlo. «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» (Mateo 5:16) ¿Me conduce por sendas de justicia por amor de quién? Por amor a su Nombre.
Si tu propósito principal para ser cristiano es llegar al cielo, es posible que nunca llegues. Por supuesto, deberíamos estar interesados en llegar al cielo. Pero una vez que hemos aceptado a Jesús, es seguro que llegaremos al cielo. Ahora hay un asunto más importante: Traer honor y gloria al Rey y a Su Hijo.
«Por el vestido de boda en la parábola se representa el carácter puro e inmaculado que poseerán los verdaderos seguidores de Cristo». «Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene ni un hilo de invención humana» (PVGM 310 y 311). Por favor, nota que la santificación (Cristo viviendo Su vida en mí a través del Espíritu Santo), la obediencia, la victoria y la superación no tienen en ellos ni un hilo de invención humana. Todo lo que podemos hacer es aceptarlos como regalos. «Por su perfecta obediencia, Él ha hecho posible que todo ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une a Su corazón, la voluntad se fusiona con Su voluntad, la mente se vuelve una con Su mente, los pensamientos le son llevados cautivos a Él; vivimos Su vida. Esto es lo que significa estar revestidos con el manto de Su justicia.» (PVGM 312).
El poder de vivir como vivió Jesús, en dependencia de Dios, está disponible para nosotros hoy. Es posible que nos vistamos con el traje de bodas, aceptemos la justicia de Cristo en nuestras vidas y, por lo tanto, traigamos honor y gloria al Rey del cielo.
Una vez salvo, siempre salvo mientras te quedes salvo
Hace algunos años estaba enamorado de una hermosa chica. Ella vivía en San Francisco y yo vivía en Los Ángeles. Llegó el día en que acordamos convertirnos en marido y mujer. Conduje hasta San Francisco, donde sus padres estaban organizando la boda. Cuando estábamos de pie ante el predicador, dijo: «¿Tú?»
Y yo dije: «Acepto».
Y él le preguntó: «¿Tú?»
Y ella dijo «Acepto».
Y él dijo: «Los declaro marido y mujer».
Después de la boda, se fue a casa con sus padres y yo regresé a Los Ángeles. Dos años después, alguien dijo: «¿Estás casado?»
Y dije: «Sí».
Dijeron: «Nunca vemos a su esposa».
Y le respondí: «Yo tampoco la he visto, desde hace dos años.»
¿Le escribes? «No»
«¿La llamas por teléfono?»
«No.»
«¿Y estas casado?»
Dije: «Sí, dije ‘Sí, quiero’. Tengo un certificado para probarlo».
Y ellos dijeron: «¡Será mejor que lo compruebes!»
¡Esta es una parábola, por cierto! Pero si alguien hubiera investigado mi matrimonio en tales condiciones, podría encontrar que el matrimonio ya no existía. Hay personas que se han unido a la iglesia hace veinte años, que han aceptado a Jesús, pero que no han hecho nada al respecto desde entonces. Una investigación muy bien podría revelar que su salvación sería seriamente cuestionada. Creemos en una vez casados, siempre casados, siempre y cuando sigamos casados. Y creemos en una vez salvo, siempre salvo, siempre y cuando te mantengas salvo.
El matrimonio se basa en una relación. Cuando no hay más relación, no hay más matrimonio. La salvación también se basa en una relación, y sin esa relación y comunicación, la salvación ya no está presente (Juan 17:3; Mateo 7:23).
Eres cristiano hoy si tienes una relación en tiempo presente con Jesús. Y para aquellos que perseveren hasta el final en su relación con Cristo, es seguro que también serán vencedores. Entonces, cuando el Rey entra para examinar a los invitados, viene para revelar quién ha resistido hasta el final y quién se ha convertido en un vencedor.
Pero todavía no soy un vencedor
«Bueno», dices, «no me está yendo muy bien en eso. Todavía no me he convertido en un vencedor. Todavía caigo y fracaso». Me gustaría recordarles que vencer es el departamento de Dios, no es tuyo. La obediencia es el departamento de Dios. Viene solo por la fe en Jesucristo. No es algo que logremos, es algo que recibimos. La victoria no es algo por lo que nos esforzamos, intentamos o trabajamos por conseguir. Es algo que surge como un subproducto de la relación de fe. Ponerse el traje de boda es simplemente aceptar el regalo que Dios nos ha dado, la santificación, de la misma manera que recibimos el regalo de la justificación. E incluso el mundo cristiano de hoy todavía está esperando escuchar esas buenas noticias. Es parte de nuestro mensaje especial como pueblo remanente.
Sin embargo, la mayoría de nosotros continuamos trabajando duro, tratando de ser vencedores. Esa es la razón por la que no nos superamos, porque no puedes trabajar por un regalo. Tratar de ganar un regalo es un insulto para quien lo da. El vestido de boda es gratis. El Rey mismo nos lo ha proporcionado. Todo lo que tenemos que hacer es aceptarlo.
Jesús dijo, hablando del Espíritu Santo, que es la avenida por la cual aceptamos su don de vencer: «En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.» (Juan 7:37-38)
¿Tienes sed del agua de vida? Quizás puedas identificarte con el hombre de esta parábola.
Si alguno tiene sed
Ed no se sintió muy bien. Tenía la boca terriblemente seca. Le dolía la garganta. Su piel estaba caliente. Y sus labios comenzaban a agrietarse. Tampoco parecía tener mucha energía. Incluso el más mínimo esfuerzo lo hacía sentir aturdido y mareado, y varias veces al día se volvía tan débil que se caía. Siempre que eso sucedía, realmente se desanimaba.
Un día, mientras Ed yacía acurrucado al pie de los escalones de la galería donde acababa de caer, tomó una decisión. Seguramente no tengo que ser así por el resto de mi vida. Voy a intentar conseguir ayuda».
Así que fue a visitar al Dr. Smith. El Dr. Smith escuchó atentamente todos sus síntomas y luego asintió con la cabeza. «Ed, tu problema es que tienes sed. Es una dolencia bastante común. De hecho, en los últimos años parece que hay más y más personas sedientas que nunca».
Ed se sintió aliviado. «Gracias, doctor», dijo. «¿Qué debo hacer al respecto?»
El Dr. Smith se reclinó en su silla. «Bueno, antes que nada, trata de decidir qué es lo que más te molesta. ¿Es la boca seca, los labios agrietados o qué? Digamos, por ejemplo, que tus labios agrietados te molestan más que nada. Entonces ve para trabajar en esos labios agrietados. Dales todo lo que tienes. Una vez que se hayan curado, quizás empieces a trabajar en tus mareos. No trates de hacer todo de una vez. Superar estos síntomas es un proceso de por vida. Utiliza su fuerza de voluntad. Elige trabajar en estas cosas y mantente firme».
«Gracias, Dr. Smith», dijo Ed. Pero cuando volvió a casa se quedó perplejo. «Debería haber preguntado más exactamente cómo hacerlo», pensó. Después de varios días de repetir una y otra vez, «Elijo no marearme, elijo no marearme», estaba más mareado que nunca. Así que volvió al consultorio. «Dr. Smith, lo intenté, pero tal vez haya algo que no entendí. Todavía tengo tanta sed como siempre», dijo Ed con tristeza.
«¿De verdad lo has intentado? Tienes que dar todo lo que tienes, ya sabes», dijo el Dr. Smith con severidad. «Bueno, tal vez no me he esforzado tanto como podría haberlo hecho», admitió Ed. «¿Pero no hay algo más tangible que pueda hacer?»
El Dr. Smith sonrió. «Sí, supongo que sí. La ciencia ha estado descubriendo una conexión muy estrecha entre la salud y el ejercicio. ¿Por qué no intentas hacer 200 flexiones al día?»
Ed volvió a casa, pero después de solo siete flexiones se derrumbó y tuvo que pasar el resto del día en la cama. A la mañana siguiente llamó al Dr. Smith.
«Si no haces lo que te digo, ¿Por qué perder tu tiempo y el mío volviendo?», preguntó el Dr. Smith.
«Pero, doctor, ¿No hay nada más?» Ed insistió.
«Bueno», respondió el Dr. Smith de mala gana, «para algunos casos extremos, un spa de salud es la respuesta. Si no haces los ejercicios tú solo, tal vez la estimulación de un grupo te ayude».
Así que Ed pagó cien dólares para unirse al spa, pero después de la primera sesión, cuando se desmayó por hacer solo cuatro flexiones, estaba demasiado avergonzado para regresar. Aun así, su sed no mejoró. Entonces probó con otro médico.
¡Cuando tienes sed, necesitas agua!
El Dr. Jones escuchó la historia de Ed y dijo alegremente: «¿Por qué Ed? ¡Qué desafortunado! ¿No te lo explicó el Dr. Smith? Estoy seguro de que lo sabes. Lo que necesitas cuando tienes sed es agua».
«¿Agua?», preguntó Ed, con la esperanza comenzando a parpadear en sus ojos. «Eso suena atractivo. ¿Dónde puedo encontrar agua?»
«Viene de un pozo. Así que te recomiendo que consigas una pala y caves un pozo».
Ed se fue a casa con alegría. Consiguió una buena pala y empezó a cavar, pero después de cavar sólo cinco minutos se desmayó. Cuando volvió en sí, su vecino de al lado estaba inclinado sobre él. «Ed, ¿Qué estás haciendo?»
«Estoy cavando un pozo. Necesito agua», dijo.
«¿Pero no te has enterado? Ya hay un pozo cavado. Todo lo que tienes que hacer es ir a buscarlo. El dueño del pozo te dará, gratis, toda el agua que necesites. De hecho, te garantiza que si vas y bebes de su pozo, todos los días, nunca más tendrás sed».
«¿De Verdad?»
«Sí, ¿Por qué no lo intentas?»
«Bueno», dijo Ed, «será mejor que primero consulte con mi médico».
Así que tropezó con el Dr. Jones y le contó la noticia. El Dr. Jones negó con la cabeza. «He oído hablar de ella, Ed. Pero no la recomiendo. Yo mismo creo que si cavas tu propio pozo, apreciarás el agua mucho más que si te la hubieran dado. Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos».
Ed volvió a cavar, pero pronto se hizo evidente que iba a morir antes de que pudiera cavar lo suficientemente profundo. Pues, después de varios días solo había cavado un hoyo de siete centímetros de profundidad. Y estaba fallando rápido.
Así que, completamente desamparado, dejó de cavar su propio pozo y fue al Dueño del pozo y le dijo: «A menos que me des agua, moriré».
El Dueño del pozo dijo suavemente: «Todo el que venga a Mi pozo puede tener toda el agua que quiera para saciar su sed. Nunca más tendrás sed».
Ed aceptó el primer regalo de agua del pozo e inmediatamente algo comenzó a suceder dentro de él. Su boca ya no estaba tan seca. Su garganta estaba aliviada. Día a día, mientras regresaba al pozo para beber, sus síntomas comenzaron a desaparecer.
Ahora corre por el campo y les cuenta a todos los que conoce las buenas noticias: Que el agua es gratis.
-
La Biblia dice bien claramente que nadie podría jamás decir que está sin pecado. «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros» (1 Juan 1:8). Cuando hablamos de vencer pecados conocidos, no estamos hablando de estar sin pecados. Si una persona fuera capaz de dejar de pecar hoy, todavía no estaría sin pecado por causa de su naturaleza pecaminosa.
Pero he oído a la gente decir, que jamás alguien realmente vence el pecado, porque el apóstol Pablo, uno de los más grandes cristianos que alguna vez vivió, dice: «Yo soy el primero de los pecadores» (vea 1 Timoteo 1:15). Ellos asumen, por esta declaración, que Pablo está diciendo: «Yo me mantengo pecando todo el tiempo». Pablo ofrece plenitud de evidencias, en otros lugares, de que él conoce la victoria a través del poder de Dios. Pero él no pretende impecabilidad, y nadie hoy día lo podrá pretender, si realmente conoce el poder de Dios en su vida para vencer el pecado. «Nadie que pretende santidad es realmente santo. Quienes están registrados como santos en los libros del cielo, no están enterados del hecho, y son los últimos en hablar de su bondad» (The Faith I Live By, página 140).
Aunque jamás pretenderemos estar sin pecado, todavía tenemos la oportunidad disponible para vencer los pecados conocidos. Es posible, es necesario, es nuestro privilegio y es el propósito de Dios para nosotros.
Permítame darle un ejemplo acertado de una lógica y un razonamiento simples, escrito por Meade McGuire, uno de los santos de antaño.
«Hay muchos pecados de los cuales creemos que deben ser interrumpidos. Todos afirmamos que el borracho, el adúltero, el asesino o el ladrón deben vencer esos pecados o se perderán. No les permitimos dejar de cometerlos gradualmente, o les damos muy pocos años o meses, en los cuales ganar la victoria, sino que decimos: Usted debe parar de una buena vez. La pregunta es: ¿Puede parar de una buena vez? Si es así, ¿por qué no puede cualquier pecado, y todos los pecados, dejar de ser cometidos de una buena vez? Sin embargo, por lo general son los así llamados pecados menores los que persisten. Pero si los más grandes pueden dejar de ser cometidos de una buena vez, ¿por qué no los más pequeños? Miles de personas están agotadas de pecar habitualmente y suspiran por dejar de hacerlo. Pero no saben cómo».
Pienso que la mayoría de nosotros concuerda en que sería ridículo decirle al asesino: «Bien, en realidad usted nunca vencerá esto, pero mientras más lo odie, todo estará bien». Y, ¿debería haber algún modelo diferente para otros?
¿Cómo hacer para vencer pecados conocidos? ¿Cuánto tiempo requerirá? Supongo que en este punto podríamos unirnos al rango de las personas poderosas, y decir: «Bien, si usted sabe que es pecado, ¡quítelo!» Pero la persona débil dice: «He tratado, pero no puedo quitarlo». La persona fuerte replica: «Puedes si eres realmente sincero en desear quitarlo». Y de esta manera, a la persona débil se le da la carga adicional de ser considerado no sincero, así como también pecaminoso. Me gustaría recordarle que si la religión de Jesucristo, y el poder de Dios, no es lo suficientemente bueno para la persona más débil del mundo, no es bueno para nada.
Se nos dice en 1 Juan 5:4 que «esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe». Y en el libro «Patriarcas y profetas», páginas 712 y 713, dice que toda falla de parte del pueblo de Dios, se debe a su falta de fe. De modo que la fe, debe ser de importancia primaria en la comprensión de cómo vencer los pecados conocidos. Lo que necesitamos recordar es que la fe nunca es algo en lo que nos ocupamos, o algo que elaboramos. Nunca se autogenera. Es una cualidad espontánea que resulta de conocer a Dios. Por lo tanto, no ponemos nuestra atención en conseguir fe, prestamos atención en conocer a Dios, y la fe llega naturalmente. La fe siempre fluye a partir de la relación de fe. La fe es un don (vea Efesios 2:8), y la forma de recibir un don consiste en entrar en relación con el único que es dador del don. Si sigue este razonamiento a todo lo largo de su conclusión lógica, entonces usted ya no estará involucrado en un esfuerzo por guardarse de pecar. Su atención no estará en su comportamiento, menos aún en tratar de hacer que usted tenga fe. Usted mirará totalmente a Jesús, en la relación de fe con él, y el resto vendrá como cosa natural.
Dentro de esa relación de fe, me gustaría sugerirle varias cosas, que suceden en la vida de la persona a quien Dios está conduciendo para vencer el pecado. Para aquellos que desean saber cuánto tiempo lleva todo esto, puedo recordarles que eso no puede ser respondido por medio del calendario. El «cuánto tiempo» de vencer el pecado es dependiente, no del tiempo, sino de las condiciones en la vida cristiana, y estas varían con cada individuo.
1 – La primera condición para vencer el pecado conocido es admitir y reconocer que es pecado. Nadie más puede hacer eso por mí. ¿Alguna vez has visto a personas intentar ahogar sus convicciones en otra persona? Pero ¿alguna vez has notado que cada uno tiene un horario distinto, que sin duda Dios mismo conoce mejor? Hasta que llegues al punto en que el Espíritu Santo te convenza de que algo está mal para ti, nunca podrás renunciar a ello.
En el Salmo 51 dice: «Reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí». Dios no opera en el vacío. Él no elimina el pecado de nuestras vidas, mediante algún tipo de cirugía indolora. Él opera a través de la comprensión inteligente de cada individuo, y nos revela, poco a poco, una por una, las áreas problemáticas de nuestra vida. ¿No te alegra que Él lo haga de esta manera, en lugar de abrir la persiana veneciana en un instante cegador? ¿No es una buena noticia, que Él recuerde la debilidad de nuestra humanidad y abra la persiana veneciana lama por lama?
2 – La segunda condición para vencer el pecado conocido es darnos cuenta de nuestra impotencia para hacer algo al respecto, excepto una cosa: rendirnos. ¿Renunciar a qué? Renunciar a nosotros mismos y a cualquier pensamiento de que podemos hacer algo con respecto a nuestros pecados, excepto venir a Jesús, tal como somos. «El Camino a Cristo», página 18, nos dice: «Nuestros corazones son malos y no podemos cambiarlos… La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su ámbito propio, pero aquí son impotentes». ¿Dónde está el problema del pecado? ¿Hacia afuera o hacia adentro? Está en nuestros corazones. En el interior es donde realmente radica el problema. Y somos incapaces de hacer nada con respecto a nuestra vida interior. Pablo reconoció esto, cuando dijo en Romanos 7: «El querer está presente en mí, pero no encuentro cómo hacer el bien». Admite su impotencia.
3 – La tercera condición para vencer el pecado conocido es descubrir cómo participar en la pelea correcta, y pelear la batalla donde hay batalla, en lugar de donde no está. Romanos 8 habla del espíritu y la carne, y dice en el versículo 3: «Porque lo que la ley no podía hacer, por ser débil por la carne, envió Dios a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y por el pecado, condenó el pecado en la carne, para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu».
Ves a un niño de tres años en el bosque. Tiene un hacha. Con todas sus fuerzas, recupera el hacha y la fuerza contra el árbol. Y el hacha ni siquiera golpea directamente el árbol. El hacha se debilita a través de la carne. Llega un leñador gigante. Él mueve el hacha y se nota la diferencia, son el día y la noche.
Cualquier otra cosa que incluya Romanos 8, incluye este pensamiento: si estás tratando de vencer en tu propia carne, en tus propias fuerzas, no habrá nada más que debilidad. Pero si como dice el versículo 9, no estáis según la carne sino según el espíritu, y el Espíritu de Dios está en vosotros, hay una gran diferencia. Aprender la diferencia entre la lucha de la fe (caminar en el espíritu) y la lucha del pecado (tratar de luchar en tu propia carne, en tus propias fuerzas), es un punto crucial. Y nadie jamás vencerá el pecado, hasta que comprenda la diferencia entre la lucha de la fe y la lucha del pecado. Testimonios para la Iglesia, tomo 5, página 513, dice: «Si peleas la batalla de la fe con toda tu fuerza de voluntad, vencerás». Esto significa que si estoy usando toda mi fuerza de voluntad en la relación de fe, no me queda fuerza de voluntad para luchar contra el pecado o el diablo.
Un pequeño libro escrito por W.W.Prescott, llamado «Victoria en Cristo», nos da las siguientes perspectivas para pelear la batalla correcta:
«Por un largo tiempo traté de obtener la victoria sobre el pecado, pero fallaba. Hasta que no hace mucho aprendí la razón. En lugar de hacer la parte que Dios esperaba que yo hiciera, la cual podía hacer, estaba tratando de hacer la parte de Dios, la cual él no esperaba que yo hiciese, y que no podría hacer. Primeramente, mi parte no consiste en obtener la victoria, sino en recibir la victoria que ya ha sido ganada para mí, por Jesucristo».
«‘Pero’, preguntará usted, ‘¿no habla la Biblia acerca de soldados, guerras y batallas?’ Sí, ciertamente que lo hace. ‘¿No se nos dice que debemos esforzarnos por entrar en ella?’ Seguramente lo estamos haciendo. ‘Bien, ¿entonces qué?’ Sólo esto: deberíamos estar seguros de qué batalla estamos peleando, y por qué cosa nos estamos esforzando».
«Como hombre, Cristo peleó la batalla de la vida, y conquistó. Como mi representante personal, él ganó esta victoria para mí, y de ese modo su palabra para mí, es: ‘Confiad, yo he vencido al mundo’ (Juan 16:33). Por lo tanto, puedo decir con profunda gratitud: ‘Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (1 Corintios 16:57). Mi dificultad se debía a esto: que yo no le prestaba atención al hecho de que la victoria es un don, ya ganado y listo para ser otorgado a todos los que deseen recibirlo. Yo asumía la responsabilidad de tratar de ganar lo que él ya había ganado para mí. Eso me hacía fallar».
«Esta victoria es inseparable de Cristo, de él mismo, y cuando aprendí a cómo recibir a Cristo como mi victoria a través de la unión con él, entré en una nueva experiencia. No quiero decir que no tenía algunos conflictos, y que no he cometido algunos errores. Lejos de ello. Pero mis conflictos han sucedido, cuando las influencias fueron desplegadas para llevarme e inducirme a perder mi confianza en Cristo como mi Salvador personal, y a separarme de él. Mis errores han sido cometidos cuando he permitido que algo se interpusiera entre mí y él, para impedirme mirar a su bendito rostro con la mirada de la fe. Cuando fijo mis ojos sobre el enemigo, o sobre las dificultades, o sobre mí mismo y mis fallas pasadas, me desanimo y fallo en recibir la victoria. Por lo tanto, ‘Mirar a Jesús’ es mi lema. La batalla que estoy peleando es ‘la buena batalla de la fe’, pero las armas de esta guerra no son carnales. No creo en mí mismo, y por lo tanto no tengo confianza en mi propio poder para vencer el mal. Me oigo diciéndome a mí mismo: ‘Mi poder se perfecciona en la debilidad’, y de esa manera someto mi ser entero a su control, permitiéndole obrar en mí ‘tanto el querer como el hacer’. Y cuando actúo en base a la fe de que él hará esto en el camino de la victoria, no me defrauda. Por vivir su vida de victoria en mí, él me da la victoria» (páginas 25,27).
Jesús dijo la misma cosa en Mateo 23: «¡Hipócritas!, porque limpiáis lo de afuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia» (versículo 25).
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es» (2 Corintios 5:17). Lo que a menudo hemos hecho, ha sido tratar lo más arduamente posible de ser nuevas criaturas, antes de tratar de estar en Cristo. «Todo el que permanece en él, no peca» (1 Juan 3:6). Pero nosotros hemos estado gastando tiempo y energía, tratando de «no pecar», cuando se supone que el tiempo, el esfuerzo y la energía, debería estar dirigido a habitar en él. ¿Lo seguirá en todo?
¡Qué verdad fantástica! Y sin embargo parece ser un punto muy difícil de atrapar por la mente humana, y realizamos esfuerzos desesperados, parcialmente por causa del odio del corazón humano, mientras acariciamos la idea de que podemos hacerlo por nosotros mismos.
No es verdad que Jesús lo hace todo, porque Jesús no puede buscarse a sí mismo por nosotros. Aquí es donde nuestra voluntad, nuestra fuerza de voluntad, y nuestro esfuerzo humano tienen que dirigirse en busca de Jesús, y en el logro de una creciente relación con él, día tras día. Él no lo hace todo. Él no puede buscarse a sí mismo por nosotros. Pero Jesús ha prometido que si buscamos relacionarnos con él, él obrará para guardamos de caer. Y lo que Jesús ha prometido, es capaz de concretar. Él no necesita mi ayuda para eso. De modo que es crucial, al llegar al punto de vencer el pecado, que entendamos claramente la diferencia entre la batalla de la fe, y la batalla del pecado.
4 – La cuarta condición para vencer pecados conocidos, es darnos cuenta de que la relación de fe continua requiere servicio y superación. «La fuerza para resistir al mal se obtiene mejor mediante el servicio agresivo» (Los hechos de los apóstoles, página 86). «Los que sirvan a otros serán servidos por el príncipe de los pastores. Ellos mismos beberán del agua de la vida y serán satisfechos. No desearán diversiones excitantes, o algún cambio en su vida. El gran tema de su interés será cómo salvar las almas que están a punto de perecer» (El Deseado de Todas las Gentes, página 596). «El esfuerzo por hacer bien a otros se tornará en bendiciones para nosotros mismos. Este fue el designio de Dios, al darnos una parte que hacer en el plan de la redención» (El Camino a Cristo, página 78). «Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará» (Marcos 8:35). Si no estoy involucrado en la testificación, la superación y el servicio a otros, es inevitable que pronto o más tarde tenga que admitir que soy un cristiano derrotado, incluso en términos de vencer el pecado.
5 – Otro punto principal dentro de las condiciones para vencer los pecados conocidos, es saber que Dios nos justifica. No nos condena. «Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena?» (Romanos 8:33-34). A propósito, permítame responder esa pregunta. ¿Quién es el que condena? Es Satanás, aunque el hombre a menudo se une a él en su obra de condenación. ¿Alguna vez condenó a alguien, ya sea consciente o inadvertidamente? ¿Alguna vez se ha sentido condenado por alguien?
Se ha comprobado, incluso psicológicamente, que la condenación tiene dentro de sí, algo que mantiene a la persona atada en los mismos problemas, y casi lo fuerza a continuar dentro de ellos. Es la atmósfera de aceptación amante, lo opuesto de condenación, lo que da a la gente la habilidad para crecer más allá de sus propios problemas. Esto es algo que los padres tienen que aprender a menudo.
Algunas veces los cónyuges matrimoniales también tienen tribulaciones de aprendizaje. Pero la condenación casi fuerza a una persona a continuar lo que está haciendo. Esta es la razón por la cual Pablo, cuando vio la diferencia entre la batalla de la fe y la batalla del pecado, inmediatamente percibió la idea con la que comienza Romanos 8: «Ahora, pues, ninguna condenación hay». Ahora, cómo un Dios de justicia, quien odia el pecado, quien en la persona de Jesús podía estremecerse hasta el mismo pensamiento, y retroceder ante la presencia del pecado, todavía puede amar al pecador y no condenarlo, es quizás un misterio para el entendimiento humano. Pero él no condena. Así lo dice la Biblia.
6 – Otra condición es saber cómo habitar en Cristo; no solamente cómo ir a él en primer lugar, y descargar mis problemas sobre él, sino cómo permanecer en ese estado. «Todo el que permanece en él, no peca» (1 Juan 3:6). Es tan simple. No se complique con otros significados. Lea la Biblia como ella la lee. «Si moramos en Cristo, si el amor de Dios mora en nosotrós, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestros propósitos, nuestras acciones, tienen que estar en armonía con la voluntad de Dios» (El Camino a Cristo, páginas 60 y 61).
Esta no es una condición que prevalezca al momento en que una persona se convierte en cristiana. No sucedió de la noche a la mañana para Abrahán o Elías el Tisbita, o para los discípulos o para muchos otros. Habitar en Cristo significa más que la experiencia inicial de la conversión. Estamos hablando acerca de aprender a confiar en su poder y su fortaleza, en lugar de nuestro propio poder y fortaleza. No podemos realizar esto. Sólo el Espíritu puede realizarlo por nosotros. No podemos librarnos a nosotros mismos de la autodependencia. Sólo podemos consentir en que Cristo haga el trabajo (vea Palabras de vida del gran Maestro, página 123), dando nuestro consentimiento para continuar la relación con Jesús día tras día. Pero mientras continuamos con él, él nos conducirá a una dependencia más y más constante de él, y menos y menos de nosotros mismos.
7 – Con el fin de experimentar y entender la victoria sobre los pecados conocidos, debemos conocer la amante presencia de Dios. Como un escudo contra la tentación y el pecado, nada es más grande que la sensación constante de la presencia de Dios. Veamos cómo obra esto en nuestra vida diaria. Digamos que tengo un problema con el alcohol, estoy sediento y tomo mi automóvil, y me voy al bar más cercano. Soy débil. No puedo evitarlo. Pero mientras manejo hasta el estacionamiento, veo por el espejo retrovisor que mi presidente de asociación viene en su auto detrás de mí. Yo pensaba que era débil, pero repentinamente soy fuerte. Giro y regreso a mi casa.
Usted ve a dos adolescentes en el parque. La luna está brillando. Están abriéndose paso en la difícil lucha contra la tentación. Son débiles. Repentinamente ven acercarse unas figuras que se recortan contra la luz, son su madre y su padre. Ellos pensaban que eran débiles, ¡ahora son fuertes! ¿Qué hace la diferencia? La presencia de alguien que cuida.
Quizás estos ejemplos están basados, en cierta medida, sobre el temor. Pero el amor es mucho más poderoso que el temor, así como los cielos son más altos que la Tierra. Si estoy casado y soy fiel a mi esposa sólo en base al temor, entonces si hago un viaje al otro lado del mundo, a 10000 kilómetros de mi casa, estaré libre del temor, porque su presencia no existe. Pero si tengo un matrimonio basado en una relación de amor, puedo alejarme 10000 kilómetros, y todavía seguir siendo fiel. El amor recorre una gran distancia.
El amor de Dios también obra a grandes distancias. Es la amante presencia de Dios, no su presencia condenatoria, lo que nos rodea y nos da el poder para vencer el pecado. En el libro «La Educación», página 255, dice: «Como escudo contra la tentación e inspiración para ser puros y sinceros, ninguna influencia puede igualar a la de la sensación de la presencia de Dios». «No hay lugar a donde podamos volar», dice un antiguo himno, «donde no esté la presencia de Dios». Y si nos damos cuenta de eso, habrá una gran diferencia, ¿no es verdad?
8 – Y finalmente, la última condición para vencer pecados conocidos es darnos cuenta de lo que el pecado hizo a Jesús. Si sólo pudiéramos darnos cuenta constantemente de lo que el pecado le hace a él, qué diferente obraríamos. Vea a Pedro maldiciendo y lamentándose al lado del fuego. Está tratando de defenderse. Está mirando más allá de Jesús. Pero repentinamente sus ojos son dirigidos hacia el rostro de Jesús, y cuando ve la mirada de piedad y desconsuelo en ese rostro, se da cuenta de que aparte de todas las espinas, los escupitajos y bofetadas, ha sido él quien más duramente ha tratado a Jesús, de toda la multitud. En la mirada de Jesús no hay censura, no hay condenación, no hay enojo. Y el corazón de Pedro se quebranta.
Recuerda qué maravilloso amigo ha sido siempre Jesús, cuán leal y verdadero. Recuerda cómo había prometido defender a Jesús, no mucho antes de este momento, y se da cuenta de que le ha fallado totalmente. Se da cuenta de lo que su pecado ha hecho con su mejor Amigo.
¿Le gustaría unirse a mí, en un clamor al cielo para que Dios nos ayude a ver lo que nuestros pecados le han hecho a Jesús? Y si eso no ocurre, nada lo hará.
No es extraño, que se nos haya dicho que deberíamos gastar una hora de profunda meditación, cada día, en la contemplación de la vida de Cristo, especialmente las escenas finales. Porque mientras veamos lo que nuestros pecados han hecho con Jesús, eso será lo que nos disuada poderosamente de pecar.
Me gustaría pedirle que haga una decisión, en su propio corazón, con respecto a lo que usted va a hacer con Jesús. ¿Se decidirá a buscar tener, por la gracia de Dios, una vida personal significativa con Dios, saber lo que significa caer sobre sus rodillas delante de la Palabra de Dios, día tras día, de manera que pueda aprender a conocer a Jesús, y darse cuenta de su presencia amante en su vida?
-
He aquí una cita de «El Conflicto de los Siglos», página 425, que bien merece que nos detengamos a leerla:
«Los que vivan en la tierra cuando cese la intercesión de Cristo en el santuario celestial, deberán estar en pie en la presencia del Dios santo sin mediador [en el santuario]. Sus vestiduras deberán estar sin mácula; sus caracteres, purificados de todo pecado por la sangre de la aspersión. Por la gracia de Dios y sus propios y diligentes esfuerzos [para continuar recibiendo la gracia de Dios] deberán ser vencedores en la lucha con el mal. Mientras se prosigue el juicio investigador en el cielo, mientras que los pecados de los creyentes arrepentidos son quitados del santuario, debe llevarse a cabo una obra especial de purificación, de liberación del pecado, entre el pueblo de Dios en la tierra. Esta obra está presentada con mayor claridad en los mensajes del capítulo 14 del Apocalipsis.
«Cuando esta obra haya quedado consumada, los discípulos de Cristo estarán listos para su venida».
Cuando usted hace la pregunta: «¿Puede alguien vivir sin pecar?», por lo general obtiene una respuesta negativa o un gran signo de interrogación. Tanto es así que existe un libro, disponible en las librerías religiosas, «How to Live the Victorious Christian Life» [Cómo vivir la vida cristiana victoriosa], ¡escrito por un cristiano anónimo! (esta es la forma en que se describe al autor). Toda vez que usted discuta si una persona puede vivir o no sin pecar, usualmente una de las primeras preguntas es: ¿Quién puede hacerlo? Quizá porque si no puedo pensar en alguien que alguna vez lo haya hecho, entonces eso me saca la presión.
En Apocalipsis 14:12 notamos que el grupo de gente que vive en tiempos de la segunda venida de Jesús, tiene paciencia y guarda los mandamientos de Dios. No dice que lo enseñan o que simplemente lo creen o lo aprueban. Dice que lo guardan. De manera que es importante para quienes vivan en el tiempo del fin, estudiar el tema de vencer el pecado.
Cuando discutimos de vencer el pecado, hablamos acerca de lo que le sucede a la naturaleza pecaminosa. No hablamos de pecados desconocidos. Esto es competencia del Espíritu Santo. Estamos discutiendo de vencer pecados conocidos. Recuerde que «ningún apóstol o profeta pretendió haber vivido sin pecado. Los hombres que han estado más cerca de Dios, los hombres que estuvieron dispuestos a sacrificar la vida antes de cometer a sabiendas un acto pecaminoso, los hombres honrados por Dios con luz divina y poder, confesaron la pecaminosidad de su naturaleza. No pusieron su confianza en la carne, no pretendieron poseer justicia propia, sino que confiaron plenamente en la justicia de Cristo» (Los hechos de los apóstoles, página 463). Aunque Juan dice que si nosotros decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, también dice: «Estas cosas os escribo para que no pequéis» (1 Juan 2:1). Es posible vencer pecados conocidos, incluso aunque todavía tengamos naturalezas pecaminosas, e incluso aunque aún podamos tener pecados desconocidos en nuestras vidas.
De modo que en nuestro estudio de vencer el pecado, limitamos nuestro pensamiento al área de los pecados conocidos.
Me gustaría darle algunas evidencias, de que debemos aceptar algo más que el perdón, de que también debemos aceptar el poder de Cristo. «El Deseado de todas las Gentes», en la página 509, dice: «La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta». ¿Le suena a algo semejante, en adición al perdón? El tomo 1 de Mensajes Selectos dice esto: «Nadie puede cubrir su alma con el manto de justicia de Cristo mientras practique pecados conocidos, o descuide deberes conocidos» (página 429). «El Deseado de todas las Gentes», página 278: «La intervención del tentador no ha de ser tenida por excusa para cometer una mala acción. Satanás se alegra cuando oye a los que profesan seguir a Cristo buscando excusas por su deformidad de carácter. Son estas excusas las que inducen a pecar. No hay disculpa para el pecado. Un temperamento santo, una vida semejante a la de Cristo, es accesible para todo hijo de Dios arrepentido y creyente». «Palabras de Vida del Gran Maestro», página 257: «Pero el amor de Dios no lo induce a disculpar el pecado. No lo disculpó en Satanás; no lo disculpó en Adán o en Caín; ni lo disculpará en ningún otro de los hijos de los hombres. Él no tolerará nuestros pecados, ni pasará por alto nuestros defectos de carácter. Espera que los venzamos en su nombre».
¿Son claras estas citas? Usted sabe, que de haber sido posible, nos habría sido mucho más confortable adoptar algunas de las excusas habituales para nuestros pecados, errores y problemas. Pero usted no puede hacerlo y enfrentar la verdad en la Palabra de Dios (vea Hebreos 13:20-21). No minemos el modelo de verdad de Dios hacia abajo, hacia nuestro nivel de realización.
¿Puede alguien vivir sin pecar? La respuesta es sí. Jesús lo hizo. De acuerdo con Hebreos 4:15, él «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado». Y 1 Pedro 2:22 dice que «él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca». Y la propia declaración de Jesús en Juan 16:33 es: «Confiad, yo he vencido al mundo». Esta no es una declaración pretenciosa, porque Jesús no se adjudicó el crédito por haber vencido. Dio el crédito a su Padre (vea Mateo 19:17).
Mateo 19 habla de un joven que vino a Jesús y dijo: «Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?» (versículo 16). Note lo primero que Jesús le dice: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno: Dios». Jamás olvidemos, que Jesús vino para vivir su vida gracias al poder de su Padre, no con su propia fortaleza. De modo que Jesús le recordó al joven, y a nosotros hoy, que vino para ser un ejemplo para nosotros de cómo vivir nuestras vidas.
La vida de victoria que Jesús vivió mientras estuvo en la tierra, fue vivida de la misma manera que nosotros la podemos vivir. Hemos sido advertidos contra tratar de especular sobre la naturaleza de Cristo, en dos formas: en tratar de imaginarnos cómo pudo haber nacido sin pecado siendo de parentesco humano, o sobre cómo pudo haber sido tentado en todo punto semejante a nosotros (¿TV? ¿Drogas? ¿Golpear a su esposa cuando ni siquiera tuvo una esposa?). No gaste su tiempo en estos puntos. Pero también se nos ha dicho que la humanidad de Cristo es un tópico extremadamente importante y maravilloso. ¿Qué hay de maravilloso en ello? Es maravilloso cuando podemos darnos cuenta de que Jesús vivió su vida como hombre, no como Dios. Aunque había nacido Dios, no usó su propio poder divino para vivir su vida. Él dijo: «No puedo yo hacer nada por mí mismo» (Juan 5:30). Vivió dependiendo de un poder superior, y nosotros podemos vivir de la misma manera.
No necesito que se me diga que no tengo algún poder dentro de mí, para vencer el pecado. Pero necesito darme cuenta de que el poder que Jesús tuvo de lo alto, también está disponible para mí. De modo que cuando Jesús dice que no hay nadie bueno sino sólo uno, y que ese uno es Dios (vea Lucas 18:19), estaba incluyendo en esa declaración la idea de que la bondad vista en su vida venía de su Padre, y que ese es el mayor indicio para responder a la pregunta de si se puede o no vivir sin pecar.
¿De qué modo se respondió a la pregunta de si alguien puede vivir sin pecar? Jesús lo hizo. ¿Podemos nosotros con el énfasis en nosotros mismos? La respuesta es no. Romanos 8:7 dice que la mente pecaminosa no se sujeta a la ley de Dios, ni siquiera puede. Romanos 3:23 dice que todos hemos pecado. De modo que no podemos vivir sin pecar. Romanos 3:10-12 declara que no hay justo ni siquiera uno; sí, ni uno. No hay nadie que haga el bien. Todos nos hemos descarriado del camino, y hasta que no nos demos cuenta de nuestra condición desesperada, no existen posibilidades para nosotros de vivir sin pecar.
De este modo llegamos a un extraño enigma, un misterio. En 2 Corintios 10:4 y 5 se dice que nosotros podemos obedecer (vea también Hebreos 13:20-21). De un modo u otro la gente que está sin esperanza e incapaz de producir obediencia, puede llegar a ser obediente. Jesús vivió sin pecar. Nosotros no podemos, ¡pero debemos poder! Apocalipsis 3:5 es justamente un ejemplo de un hilo dorado, que corre a todo lo largo del último libro de la Biblia: «El que venciere… » Vencer es una de las últimas cosas que vislumbramos, mientras miramos la Biblia. Es una de las últimas realidades concernientes al pueblo que vive justo antes de que Jesús venga otra vez.
¿Cómo es posible? Vea a la mujer arrastrada hasta Jesús y a los hombres con piedras, listos para hacer su perversa obra. Jesús le dice a ella: «Ni yo te condeno». Y en la presencia de su amor y comprensión, los fariseos desaparecen. Entonces le dice: «Vete, y no peques más». Jesús le otorga el equilibrio apropiado. Ella no necesita sentirse condenada, pero ya no necesita continuar pecando.
Es posible vivir sin pecar, y no necesitamos hundirnos en la desesperación, tratando de figurarnos quién lo ha hecho. Los hermanos Wright no decidieron que era posible sobre la base de quién lo había hecho. Si lo hubieran pensado, habrían continuado trabajando en su negocio de bicicletas.
Tratar de decidir la verdad sobre la base de la experiencia, es algo muy peligroso. Se llama «existencialismo», y lo conducirá al error. La verdad debe ser decidida sobre la verdad. Medimos nuestra experiencia por la Palabra de Dios: nunca medimos la Palabra de Dios por nuestra experiencia.
Si vivir sin pecar es posible para nosotros, ¿cómo es posible? Primero, sin Jesús no podemos hacer nada: Juan 15:5. Pero a través de él, podemos hacer todas las cosas: Filipenses 4:13. De manera que el gran paso sería ponerse en contacto con Jesús, para entrar en esa relación y compañerismo con él.
En 1 Juan 1:9 dice: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». De modo que debemos llegar al punto de admitir nuestra necesidad, o confesar que somos pecadores. Y Judas 24 dice: «A aquel que es poderoso para guardarnos sin caída, y presentarnos sin mancha». El poder está disponible para guardarnos de caer, como también para perdonarnos por las veces cuando no hacemos uso de ese poder, mientras estamos creciendo.
«Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:4-5). ¿No le suena bueno esto? ¿No son buenas nuevas que Dios tiene disponible algo más que sólo perdón, y que también desea darnos poder para obedecer, para vencer?
¿Puede alguien vivir sin pecar? Sí, Jesús lo hizo. ¿Podemos nosotros? No ¿Debemos? ¡Sí! ¿Es posible? ¡Sí! ¿Cómo? De la misma manera que Jesús lo hizo: dependiendo de él, como él dependió de su Padre.
Volvamos atrás y hagamos la misma pregunta, de una manera un poco diferente. ¿Jesús venció pecados conocidos? La respuesta es obviamente sí. ¿Puede Jesús vivir su vida en mí?
«Oh», dice alguien, «¡eso es panteísmo!» ¡No, no lo es! El panteísmo piensa que Dios está en el árbol, en la flor, en la roca. ¡Eso es panteísmo! Dios en usted no es panteísmo, sino una buena enseñanza bíblica. Juan 6:56: «El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él». De manera que Cristo puede habitar en nosotros. Juan 14:17: «El Espíritu de verdad… vive con vosotros y estará en vosotros». El Espíritu Santo puede habitar en nosotros. Juan 14:20: «En aquel día, vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros». Juan 15:5: «El que permanece en mí y yo en él.» Y Juan 15:7: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho». Esto nos da un indicio de cómo es que Cristo habita en nosotros. Es a través de su Palabra. Salmos 119:11: «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti». Y Mateo 26:41: «Velad y orad, para que no entréis en tentación». De modo que es a través del estudio de la Biblia, a través de la oración, que Cristo habita en nuestros corazones. Y cuando Cristo habita en nuestros corazones, entonces tenemos victoria y poder. Sólo mientras Cristo habita dentro, estamos capacitados para vencer el pecado.
Jesús es nuestro abogado con el Padre y es paciente con nosotros, mientras tratamos de entender lo que significa vencer el pecado. Pero también nos presenta el desafío: «Estas cosas os escribo, para que no pequéis. Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre» (1 Juan 2:1-2).
¿Puede alguien vivir sin pecar? Jesús lo hizo. ¿Podemos nosotros? No, no podemos. ¿Debemos? Sí. ¿Cómo? De la misma manera como Jesús lo hizo: confiando en un poder por encima de nosotros. Tan pronto como estemos dependiendo de él, se nos dará la victoria y el poder para obedecer. Y él nos conducirá exactamente tan firmemente como él es capaz, si continuamos en compañerismo con él, día a día, hasta el momento cuando dependeremos totalmente de su poder todo el tiempo. Y cuando llegue ese tiempo, viviremos sin pecar, porque Jesús estará viviendo en nosotras.