La Suegra de Pedro y Otros Curados a la Puesta de Sol

Fecha: Junio del año 29

Lugar: Capernaúm

«E inmediatamente después de salir de la sinagoga, fueron a la casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. Y la suegra de Simón yacía con fiebre, y enseguida le hablan acerca de ella. Y acercándose, la levantó tomándola de la mano, y la fiebre la dejó, y los servía.» (Marcos 1:29-31)

«Y por la tarde, cuando se puso el sol, le traían todos los enfermos y los endemoniados, y la ciudad entera estaba agolpada ante la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas dolencias, y echó fuera muchos demonios; pero no dejaba hablar a los demonios, porque lo conocían.» (Marcos 1:32-34)

«Y cuando JESÚS llegó a la casa de Pedro, vio a la suegra de este postrada en cama y con fiebre, y tocando su mano, la fiebre la dejó; y fue levantada, y lo servía.» (Mateo 8:14-15)

«Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y con una palabra echó los demonios y sanó a todos los enfermos, para que así fuese cumplido lo dicho por el profeta Isaías, cuando dice: Él tomó nuestras debilidades y llevó las enfermedades.» (Mateo 8:16-17)

«Y levantándose de la sinagoga, entró en la casa de Simón, y la suegra de Simón estaba enferma con una fiebre muy alta, y le rogaron por ella. E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre, y la dejó; e inmediatamente, habiéndose levantado, los servía.» (Lucas 4:38-39)

«Y cuando el sol se estaba poniendo, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias los llevaron a Él, e imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También salían demonios de muchos, vociferando y diciendo: ¡Tú eres el Hijo de DIOS! Pero reprendiéndolos, no les permitía hablar estas cosas, porque sabían que Él era el CRISTO.» (Lucas 4:40-41)

Mientras que la congregación que se hallaba en la sinagoga permanecía muda de asombro, Jesús se retiró a la casa de Pedro para descansar un poco. Pero allí también había caído una sombra. La suegra de Pedro estaba enferma de una “grande fiebre.” Jesús reprendió la dolencia, y la enferma se levantó y atendió las necesidades del Maestro y sus discípulos. DTG 224.2

Las noticias de la obra de Cristo cundieron rápidamente por todo Capernaúm. Por temor a los rabinos, el pueblo no se atrevía a buscar curación durante el sábado; pero apenas hubo desaparecido el sol en el horizonte, se produjo una gran conmoción. De las casas, los talleres y las plazas, los habitantes de la ciudad se dirigieron hacia la humilde morada que albergaba a Jesús. Los enfermos eran traídos en sus camas; venían apoyándose en bastones o sostenidos por amigos; y se acercaban tambaleantes y débiles a la presencia del Salvador. DTG 224.3

Durante horas y horas, llegaban y se iban; porque nadie sabía si al día siguiente encontrarían al Médico todavía entre ellos. Nunca antes había presenciado Capernaúm un día como ése. Llenaban el aire las voces de triunfo y de liberación. El Salvador se regocijaba por la alegría que había despertado. Mientras presenciaba los sufrimientos de aquellos que habían acudido a Él, su corazón se conmovía de simpatía, y se regocijaba en su poder de devolverles la salud y la felicidad. DTG 224.4

Jesús no cesó de trabajar, hasta que el último doliente hubo quedado aliviado. Ya era muy avanzada la noche cuando la muchedumbre se fue, y el silencio descendió sobre el hogar de Simón. Había terminado el largo día lleno de excitación, y Jesús buscó descanso. Pero mientras la ciudad estaba aún envuelta por el sueño, el Salvador “levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.” DTG 225.1

Así transcurrían los días de la vida terrenal de Jesús. A menudo despedía a sus discípulos para que visitaran sus hogares y descansasen, pero resistía amablemente a sus esfuerzos de apartarle de sus labores. Durante todo el día, trabajaba enseñando a los ignorantes, sanando a los enfermos, dando vista a los ciegos, alimentando a la muchedumbre; y al anochecer o por la mañana temprano, se dirigía al santuario de las montañas, para estar en comunión con su Padre. Muchas veces pasaba toda la noche en oración y meditación, y volvía al amanecer para reanudar su trabajo entre la gente. DTG 225.2