Introducción

Quizá a usted pueda parecerle blasfemo el título de este libro. Indudablemente, los inmaduros lo interpretarán mal. Algunos podrían usarlo como pretexto para vivir una vida licenciosa y disipada; otros, como una razón para criticar al autor. Pero si leen el libro, obtendrán el mensaje correcto.

Los cristianos maduros pueden hacer lo que gusten, porque lo que a ellos les agrada hacer, le agrada también a Dios. Escuchen las buenas nuevas en palabras mejores que las mías:

“Y si nosotros consentimos, se identificará de tal manera con nuestros pensamientos y fines, amoldará de tal manera nuestro corazón y mente en conformidad con su voluntad, que cuando le obedezcamos estaremos tan sólo ejecutando nuestros propios impulsos” (DTG 621).

“Si moramos en Cristo, si el amor de Dios está en nosotros, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestros designios, nuestras acciones, estarán en armonía con la voluntad de Dios” (CC 61).

“Mirando a Jesús obtenemos vislumbres más claras y distintas de Dios, y por la contemplación somos transformados. La bondad, el amor por nuestros semejantes, llega a ser nuestro instinto natural”. (PVGM 289-290)

“Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a Él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia”. (PVGM 312)

Necesitamos decir más?