Oración en Voz Audible

Fundamentos bíblicos

“Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo.» (RV’60 Sal 3:4)

«Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.» (RV’60 Sal 5:2-3)

«En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó «delante de» él, a sus oídos.» (RV’60 Sal 18:6)

«Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; Ten misericordia de mí, y respóndeme.,» (RV’60 Sal 27:7)

«Oye la voz de mis ruegos cuando clamo, a ti, Cuando alzo, mis manos hacia tu santo templo.» (RV’60 Sal 28:2)

«Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba.» (RV’60 Sal 31:22)

«Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz.» (RV’60 Sal 55:17)

«Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor del enemigo.» (RV’60 Sal 64:1)

“Con mi voz clamé a Dios, A Dios clamé, y él me escuchará» (RV’60 Sal 77:1)

«Con mi voz clamaré a Jehová; Con mi voz pediré a Jehová misericordia. Delante de él expondré mi queja; Delante de él manifestaré mi angustia.» (RV’60 Sal 142:1-2)

«Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.» (RV’60 He 5:7)

«Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.» (RV’60 Hch 7:60)

«Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (RV’60 Mt 27:46)

«Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.» (RV’60 Lc 23:46)

«Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.» (RV’60 Jn 11:41-42)

Fundamentos en el Espíritu de Profecía

“Finalmente Cristo les dice que no han de ir más lejos. Apartándose un poco de ellos, el Varón de dolores derrama sus súplicas con fuerte clamor y lágrimas. Implora fuerzas para soportar la prueba en favor de la humanidad” (SSJ 7.4)

“Nuestro Salvador dio dos veces el Padrenuestro: la primera vez, a la multitud, en el Sermón del Monte; y la segunda, algunos meses más tarde, a los discípulos solos. Éstos habían estado alejados por corto tiempo de su Señor y, al volver, lo encontraron absorto en comunión con Dios. Como si no percibiese la presencia de ellos, él continuó orando en voz alta. Su rostro irradiaba un resplandor celestial. Parecía estar en la misma presencia del Invisible; había un poder viviente en sus palabras, como si hablara con Dios.” (DMJ 87)

“Aprended a orar en voz alta cuando únicamente Dios puede oíros” (NEV 132)

“Daniel no procuró esconder su lealtad a Dios. No oró en su corazón, sino que con su voz y en un tono alto, con sus ventanas abiertas hacia Jerusalén, ofreció sus peticiones al Señor” (RH 3 de Mayo de 1892)

“Zacarías había expresado duda acerca de las palabras del ángel. No había de volver a hablar hasta que se cumpliesen. “He aquí—dijo el ángel, —estarás mudo hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.” El sacerdote debía orar en este culto por el perdón de los pecados públicos y nacionales, y por la venida del Mesías; pero cuando Zacarías intentó hacerlo, no pudo pronunciar una palabra.” (DTG 74.1)

¿Si oro en voz audible, Satanás tiene ventaja al escucharme?

“Satanás no puede soportar que se recurra a su poderoso rival, porque teme y tiembla ante su fuerza y majestad. Al sonido de la oración ferviente, toda la hueste de Satanás tiembla. Él continúa llamando legiones de malos ángeles, para lograr su objeto. Cuando los ángeles todopoderosos, revestidos de la armadura del cielo, acuden en auxilio del alma perseguida y desfalleciente, Satanás y su hueste retroceden, sabiendo perfectamente que han perdido la batalla” (1JT 122)

¿Y qué acerca de las siguientes citas del Espíritu de Profecía o la Biblia?

Cita 1

“Si trabajáramos para reprimir los pensamientos y sentimientos pecaminosos, sin darles expresión en palabras o acciones, Satanás sería derrotado, pues no podría preparar sus engañosas tentaciones adecuadas para el caso.” (1MS 143)

Veamos el contexto de la cita:

“¡Pero con cuánta frecuencia abren la puerta al adversario de las almas los profesos cristianos por su falta de dominio propio! En las iglesias son frecuentes las divisiones y aun las amargas disensiones que deshonrarían a cualquier colectividad mundana, porque se hace muy poco para dominar los malos sentimientos y para reprimir cada palabra de la que pueda aprovecharse Satanás. Tan pronto como hay algún motivo de discordia, el asunto es presentado delante de Satanás para que lo revise, y se le da la oportunidad de usar su sabiduría de serpiente y su habilidad para dividir y destruir la iglesia. Hay una gran pérdida en cada disensión. Los amigos personales de ambas partes toman el bando de sus respectivos favoritos y así se amplía la brecha. No puede permanecer una casa dividida contra sí misma. Se producen y multiplican los reproches y recriminaciones. Satanás y sus ángeles trabajan activamente para lograr una cosecha de la semilla así sembrada.” (1MS 143.2)

Elena G. White no habla de la oración privada en voz audible sino de las quejas, chismes, rumores y expresiones de debilidad en el círculo social de la iglesia, es decir, en público, frente a otros creyentes.

A continuación podemos ver otro texto en el que Elena G. White se refiere a lo mismo:

“Satanás no puede leer nuestros pensamientos, pero puede ver nuestras acciones, oír nuestras palabras; y por su antiguo conocimiento de la familia humana, da a sus tentaciones la forma necesaria para sacar partido de los puntos débiles de nuestro carácter. Y con cuánta frecuencia le hacemos saber el secreto de cómo obtener mejor la victoria sobre nosotros. ¡Ojalá pudiéramos dominar nuestras palabras y acciones! Cuán fuertes seríamos si nuestras palabras fuesen tales que no tuviésemos que avergonzarnos de ellas cuando se nos presente su registro en el día del juicio. Y en el día de Dios, cuán diferentes parecerán de lo que parecen cuando las pronunciamos. (RH 27 Febrero 1913)” (MJ 232.3)

Cita 2

“La oración secreta es frecuentemente desvirtuada y sus suaves propósitos perdidos, por la oración en voz alta. En lugar de calma, serena confianza y fe en Dios, con el suplicante persistiendo en acentos bajos y humildes, la voz se levanta en altos tonos, produciendo agitación, y la oración secreta pierde su suave y sagrada influencia. Hay una tempestad de sentimientos y palabras, tornando imposible discernir la voz mansa y delicada (1 Reyes 19:12) que le habla al corazón cuando está en su secreta, real y sincera devoción.» (2TS 189)

Elena G. White no está hablando de voz audible y pensamiento, pero sí de voz alta (volumen fuerte) y voz baja (acentos bajos). Ambas voces son audibles.

Cita 3

“Nuestras oraciones no tienen por qué ser largas ni decirse en voz alta. Dios lee los pensamientos ocultos. Podemos orar en secreto, y el que ve en secreto oirá y nos recompensará en público” (MJ 245.2)

Veamos el contexto de esta cita:

“La fuerza adquirida por la oración a Dios nos preparará para nuestros deberes cotidianos. Las tentaciones a que estamos diariamente expuestos hacen de la oración una necesidad. A fin de ser mantenidos por el poder de Dios mediante la fe, los deseos de la mente debieran ascender continuamente en oración silenciosa. Cuando estamos rodeados por influencias destinadas a apartarnos de Dios, nuestras peticiones de ayuda y fuerza deben ser incansables” (MJ 246.2)

Elena G. White no está diciendo que “no podemos” orar en voz alta, sino que la oración no es “solamente”, “necesariamente”, u “obligatoriamente” en voz alta. Ella dice que “también” podemos orar de forma silenciosa y constante, en todo tiempo, en todo momento, de continuo, y en cualquier lugar.

El siguiente texto muestra el mismo contraste anterior: “No pueden estar constantemente de rodillas, pero pueden elevar sus corazones a Dios. Ésta es la forma como Enoc anduvo con Dios” (Ev 493)

Es decir, arrodillarse para orar no es obligatorio o exclusivo, sino que es tan válido arrodillarse como no hacerlo.

Cita 4

«La red del evangelio recoge todo tipo de gente. Hay quienes creen que su experiencia religiosa no sería genuina se no fuese caracterizada por clamores ruidosos y efusivos de gloria a Dios, oraciones en voz alta, como emocionantes y vigorosos “amén”. Aquí nuevamente la Iglesia en su experiencia inicial recibió una nota de alerta, exigiendo decoro y solemnidad en la adoración a Dios.» (PE 301.7)

Aquí ella está hablando de “desorden”, de “oraciones ruidosas y sin sentido”. También se refiere a la oración en voz alta que “obstaculiza”, que perjudica la solemnidad del culto o comunión con Dios. Pero no está diciendo que no se puede orar en voz alta cuando estamos solos.

Cita 5

“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensara en público” (Mateo 6:5-6)

No está hablando de orar en “voz alta” o en “silencio”, sino que está hablando de orar “escondido”, orar “secretamente” en relación con las personas, no con el diablo. El objetivo era no ser visto y escuchado por los hombres.

Otro ejemplo similar al contraste anterior es el siguiente: “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que en lo secreto te recompensara en público” (Mateo 6:16-18)

Mark Finley

«Aprenda a orar en voz alta.

La oración secreta no es necesariamente silenciosa. Durante nuestras actividades diarias, a menudo resulta apropiado enviar al Cielo peticiones silenciosas. Pero, durante nuestros momentos de devoción, orar en voz alta mantiene la mente concentrada en Dios. Jesús oraba en voz alta.

Los discípulos quedaron tan impresionados cuando escucharon al Salvador orar en voz alta que le pidieron que les enseñara a orar (Luc. 11:1). En el Getsemaní, Jesús determinó hacer la voluntad del Padre sin importar el costo. El Evangelio de Mateo registra que Jesús cayó tres veces sobre su rostro, a la vez que decía: “No sea como yo quiero, sino como tú”. Es obvio que Jesús estaba orando en voz alta (ver Mat. 26:36-44).

El libro de Hebreos nos dice que Jesús, “ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (Heb. 5:7).

Elena de White nos indica que debemos “aprender a orar en voz alta cuando únicamente Dios puede oír” (Nuestra elevada vocación, p. 132).

No necesitamos temer que Satanás de alguna manera escuche nuestras oraciones, sepa lo que pedimos y prepare estrategias para engañarnos, porque “al sonido de la oración ferviente, toda la hueste de Satanás tiembla”. Y Dios responde a nuestras peticiones enviando a legiones de ángeles que hacen retroceder a las huestes de Satanás (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 122).

Siga el ejemplo de Jesús, y ore en voz alta durante sus momentos de devoción. Al principio le resultará un poco difícil; pero, al continuar, el Espíritu Santo lo conducirá a una rica experiencia con el Maestro». (Reavívanos, Capítulo 1, Mark Finley)