Los Primeros Discípulos: Juan y Andrés

Fecha: Noviembre-Diciembre del año 27

Lugar: Junto al Jordán

«Al día siguiente, estaba nuevamente Juan con dos de sus discípulos, y viendo a JESÚS pasando, dice: ¡He ahí el Cordero de DIOS! Y sus dos discípulos lo oyeron hablando, y siguieron a JESÚS. Y volviéndose JESÚS, y viéndolos que lo siguen, les dice: ¿Qué buscáis? Ellos entonces le dijeron: Rabbí (que traducido significa Maestro), ¿dónde moras? Les dice: Venid y veréis. Fueron, pues, y vieron dónde posaba y se quedaron con Él aquel día, porque era como la hora décima.» (Juan 1:35-39)

Al día siguiente, mientras dos discípulos estaban cerca, Juan volvió a ver a Jesús entre el pueblo. Otra vez se iluminó el rostro del profeta con la gloria del Invisible, mientras exclamaba: “He aquí el Cordero de Dios.” Las palabras conmovieron el corazón de los discípulos. Ellos no las comprendían plenamente. ¿Qué significaba el nombre que Juan le había dado: “Cordero de Dios”? Juan mismo no lo había explicado. DTG 112.1

Dejando a Juan, se fueron en pos de Jesús. Uno de ellos era Andrés, hermano de Simón; el otro Juan, el que iba a ser el evangelista. Estos fueron los primeros discípulos de Cristo. Movidos por un impulso irresistible, siguieron a Jesús, ansiosos de hablar con él, aunque asombrados y en silencio, abrumados por el significado del pensamiento: “¿Es éste el Mesías?” DTG 112.2

Jesús sabía que los discípulos le seguían. Eran las primicias de su ministerio, y había gozo en el corazón del Maestro divino al ver a estas almas responder a su gracia. Sin embargo, volviéndose, les preguntó: “¿Qué buscáis?” Quería dejarlos libres para volver atrás, o para expresar su deseo. DTG 112.3

Ellos eran conscientes de un solo propósito. La presencia de Cristo llenaba su pensamiento. Exclamaron: “Rabbí, … ¿dónde moras?” En una breve entrevista, a orillas del camino, no podían recibir lo que anhelaban. Deseaban estar a solas con Jesús, sentarse a sus pies, y oír sus palabras. DTG 112.4

“Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con él aquel día.” DTG 112.5

Si Juan y Andrés hubiesen estado dominados por el espíritu incrédulo de los sacerdotes y gobernantes, no se habrían presentado como discípulos a los pies de Jesús. Habrían venido a él como críticos, para juzgar sus palabras. Muchos cierran así la puerta a las oportunidades más preciosas. No sucedió así con estos primeros discípulos. Habían respondido al llamamiento del Espíritu Santo, manifestado en la predicación de Juan el Bautista. Ahora, reconocían la voz del Maestro celestial. Para ellos, las palabras de Jesús estaban llenas de refrigerio, verdad y belleza. Una iluminación divina se derramaba sobre las enseñanzas de las Escrituras del Antiguo Testamento. Los multilaterales temas de la verdad se destacaban con una nueva luz. DTG 112.6

Es la contrición, la fe y el amor lo que habilita al alma para recibir sabiduría del cielo. La fe obrando por el amor, es la llave del conocimiento, y todo aquel que ama “conoce a Dios.” DTG 113.1

El discípulo Juan era de afectos sinceros y profundos, aunque de naturaleza contemplativa. Había empezado a discernir la gloria de Cristo, no la pompa mundanal, ni el poder que se le había enseñado a esperar, sino la “gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” Estaba absorto en la contemplación del maravilloso tema. DTG 113.2